Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 oct 2017

La transformación de Catherine Zeta-Jones

La transformación  de Catherine Zeta-Jones

La actriz sorprendió el lunes en los premios The Best con una imagen muy diferente de su rostro.

La esposa de Michael Douglas, en la entrega de los premios Oscar en 2013. 

La esposa de Michael Douglas, en la entrega de los premios Oscar en 2013.

La actriz Catherine Zeta-Jones, en Los Ángeles en una imagen de 2007.

La actriz Catherine Zeta-Jones, en Los Ángeles en una imagen de 2007.

La actriz en la gala benéfica a favor de United National Association en 2008.

La actriz en la gala benéfica a favor de United National Association en 2008.

 


La estrella de Hollywood, en California en marzo de 2009.

La estrella de Hollywood, en California en marzo de 2009.


La protagonista de 'Chicago', en la entrega de los Premios Globos de Oro de 2011 en Los Ángeles.

La protagonista de 'Chicago', en la entrega de los Premios Globos de Oro de 2011 en Los Ángeles.


La actriz en el estreno de la cinta 'La era del rock', en 2012.

 La actriz en el estreno de la cinta 'La era del rock', en 2012.


Más delgada, Zeta-Jones aparecía en 2014 en los premios Monte Cristo en Nueva York.

Más delgada, Zeta-Jones aparecía en 2014 en los premios Monte Cristo en Nueva York.

  

Con un rostro más relleno y redondo, además de sin arrugas, la actriz posó frente a las cámaras en abril de 2014.Con un rostro más relleno y redondo, además de sin arrugas, la actriz posó frente a las cámaras en abril de 2014.

Durante la entrega de los premios Globos de Oro, de 2015. Ese mismo año la actriz demostró que su rostro no solo se veía diferente según el maquillaje, sino también por los tratamientos de belleza que se aplicaba. El bótox es el más común.

 Durante la entrega de los premios Globos de Oro, de 2015. Ese mismo año la actriz demostró que su rostro no solo se veía diferente según el maquillaje, sino también por los tratamientos de belleza que se aplicaba. El bótox es el más común.

 

La intérprete durante un programa de 'Saturday Night Live', en 2015.

La intérprete durante un programa de 'Saturday Night Live', en 2015. 


La estrella de Hollywood en enero de 2016, en Londres.

La estrella de Hollywood en enero de 2016, en Londres. 

 


En su más reciente aparición en público, este lunes en la entrega de los premios The Best, Catherine Zeta-Jones sorprendió a los asistentes y a los fotógrafos con un rostro visiblemente cambiado. Los ojos más pequeños, los párpados más levantados al igual que sus pómulos no dejaron indiferentes a nadie.En su más reciente aparición en público, este lunes en la entrega de los premios The Best, Catherine Zeta-Jones sorprendió a los asistentes y a los fotógrafos con un rostro visiblemente cambiado. Los ojos más pequeños, los párpados más levantados al igual que sus pómulos no dejaron indiferentes a nadie.

La cotidianidad de Cézanne.............................Gloria Crespo

En el estudio que el padre de la pintura moderna tenía en la ciudad francesa de Aix-en-Provence se conservan algunas de las prendas, muebles y piezas del pintor.
 Más de 100 años después, el fotógrafo Joel Meyerowitz visita este refugio y detiene su mirada en los objetos que sirvieron de inspiración al artista.
EL ABRIGO DE Cézanne cuelga en la misma percha donde lo dejó hace más de 100 años, junto a su blusón y su sombrero. A través de los grandes ventanales del estudio de Aix-en-Provence,
 la luz del norte baña aquellos objetos mundanos que día a día, pincelada a pincelada, inmortalizó. 
Cuando Joel Meyerowitz (Nueva York, 1938) visitó el refugio del pintor, tuvo una revelación que consideró intrínseca al arte del gran maestro:
 “Cézanne pintó las paredes del estudio de color gris con una pizca de verde. 
Así todos los objetos parecían ser absorbidos por el color de fondo”. Quedaban eliminados los reflejos de los bordes, suprimiendo cualquier ilusión espacial.
  “La luz es algo que no puede ser reproducido, sino que debe ser representado utilizando algo más: el color”, decía el artista francés, enemigo del claroscuro tradicional. 
Así, el fotógrafo colocó los objetos uno a uno, con la pared de fondo, buscando reconocer ese rasgo poderoso que permanece oculto, a la espera de ese instante de revelación en el que el artista identifica aquello que da vida al objeto.
 “Creemos que un azucarero no tiene expresión, no tiene alma. Pero cambia cada día”, escribía Cézanne al poeta Joachim Gasquet. “Esos vasos, esos platos conversan entre ellos… Un azucarero nos enseña tanto sobre nosotros y nuestro arte como lo hace un chardin o un monticelli”.
 Cézanne’s Objects, publicado por la editorial Damiani, recoge esta serie de fotografías, así como las tomadas en distintos lugares de la casa.
 Un exquisito y revelador acercamiento al misterio del precursor del cubismo de la mano de uno de los grandes referentes de la fotografía de nuestro tiempo.
 
El sombrero de Cézanne, 2011. Joel Meyerowitz
 
 
 
 
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Dónde está ahora Martín Hache................... Manuel Jabois

Tenía nuestra edad, y tampoco estudiaba y trabajaba, ¿cómo no identificarse con él?

Escena de la película 'Martín (Hache)'.
Escena de la película 'Martín (Hache)'.
Hache (Juan Diego Botto) se recupera de una sobredosis que sus padres creen intento de suicidio. 
Vive en Buenos Aires con su madre.
 Al volver del hospital, la mujer, interpretada por Ana María Picchio, le dice a su exmarido recién llegado de Madrid, Martín (Federico Luppi), que Hache sobra en su vida, a la que ha llegado una recién nacida: Hache no tiene ni habitación en casa.
 “Y nadie”, dice sobre su propio chico, “va a arrebatarme todo lo que tengo”.
 El padre de Hache responde que se ha acostumbrado a la soledad y tiene un carácter difícil: es imposible que Hache viva con él.
-Y qué hacemos -dice la madre-, ¿le damos una 45 para que la próxima vez no falle?
Veinte años ya de la película de Aristarain.
 Se le puso cartel de generacional: puede ser. 
Yo entonces tenía 19 años y no estudiaba ni trabajaba; ni siquiera compraba lotería. ¿Qué había pasado?
 No tengo ni idea. Era el momento en que se estaba decidiendo nuestro futuro, así lo repetían nuestros padres y profesores, y pensé que eso era lo que me faltaba: hasta aquí habíamos llegado.
 Desaparecí de la facultad y no volví más.
 Oficialmente no valía para nada y me sentía bien así: era mi verdadera vocación.
 Pasé dos años tirado en mi cuarto sin hacer nada, durmiendo a deshoras y visitando la biblioteca municipal para leer a Fernanda Pivano.
 Mi trabajo era ir a buscar a mi novia al instituto y acompañarla a su portal; era el mejor trabajo del mundo, no le pedía nada más a la vida, y prueba de ello es que fui en varias ocasiones empleado del mes.



Escena de la película 'Martín (Hache)'.
Escena de la película 'Martín (Hache)'.

Un amigo que estaba como yo, sin ganas de nada y asomándose al mismo abismo, el de perder todos los trenes, me invitó a ver Martín (Hache);
 en casa nunca tuvimos vídeo: para mí ver una película que no estaba en la Teleindiscreta era algo tan delictivo que bajaba un poco las persianas.
 Así fue cómo los dos nos quedamos absortos en la pantalla. ¿Cómo no íbamos a identificarnos con aquel desgraciado? Esa semana quedamos para verla otra vez. 
La vimos varias veces más a lo largo del año hasta acabar cantándonos los diálogos en las fiestas de La Madrila del sábado tarde; cuando no había internet se hacían estas cosas: las mismas gilipolleces, pero sin wifi.
Hache tenía nuestra edad, y tampoco estudiaba y trabajaba.
 No le interesan muchas cosas salvo su ex, tocar la guitarra eléctrica y drogarse.
 La ex de Hache tiene otro novio y le dice a Hache en las primeras escenas que le quiere pero no piensa “cagarse la vida” con él. 
 La chica no vuelve a aparecer en la película, pero la frase cruza el metraje dos horas y media hasta desembocar en una piscina en la que flota Alicia (Cecilia Roth).
 Ella, inteligente y libre, deja de nadar cuando comprende que cagó su vida entera por un hombre, Martín, padre de Hache, que se comunica con frialdad, desprecio o impotencia, implacable en el juicio porque debe pensar que la sinceridad absoluta es un valor en sí misma. 
Uno de esos hombres cultos tan comunes en la intelligentsia que creen que su integridad moral es un salvoconducto para comportarse de cualquier forma con quien sea.
  En 1997 me despertaba curiosidad ese tipo de gente; en 2017 ya sé que nadie va a cambiar el mundo aplastando su jardín.
 Con una filosofía particularmente obscena: la del que intenta no involucrarse en el amor para no sufrir después. 
También con su hijo: “Si se muere, te morís con él”, se lamenta. Pues claro, chico, qué quieres hacer, ¿un botellón?
Qué podía esperar Alicia de semejante paisaje. 
“Tu viejo dice que después de los 50 los amigos importan menos, las mujeres son bienvenidas y se van pronto, y que se disfruta de la soledad más que de cualquier otra cosa.
 Estuvo todo claro desde el principio. No hubo trampas. Hubo una imbécil que bajó la guardia y se enamoró.
 Ahí se me fue todo a la mierda: la libertad, la independencia, la edad, todo. 
La chica perdió la cabeza por el muchacho, pero él no”.
El personaje de Roth es el que mejor ha envejecido.
 Suyas son las dos mejores escenas. La primera ocurre tras ser humillada en la mesa por Martín, al que termina preguntando si la respeta.
 Él responde que tiene que ir al baño y se sujeta en el pasamanos de la escalera para no caerse; ella va hacia a él diciendo: “Ay, que se me mata”, y lo mete dentro de casa diciéndole, para que no piense que lo está ayudando a propósito, que tiene que ir al baño ella también.

Horas después, Alicia pasea por la playa con Hache. Antes Dante (Eusebio Poncela) había llamado al chico para advertirle: “Recuerda: ninguna mujer tiene dueño”. 
Ya ha amanecido.
 En la playa Hache y la novia de su padre se besan, se tocan, se abrazan, pero ella lo interrumpe. “No puedo hacerle esto a tu papá”, llora. “Yo no quería esto, yo quería ser tu mamá”.
 Hache asiste al espectáculo de su familia entre la piedad y el delirio. 
 Lo más digno que puede hacer es comprar heroína en unos futbolines.
 Probablemente sea el más maduro de todos, o al menos el que tiene las cosas más claras: no tiene ni de puta idea de qué va la vida, y cada vez que corre a saberlo vuelve peor de lo que fue. 
Su padre le da un folio con varias razones para no matarse y echa a correr para no estar presente mientras lo lee. 
Hache se despide de él con los problemas de comunicación heredados: grabando un vídeo.
 Me pregunto dónde estará ahora, qué estarán haciendo los que antes de llegar a los 20 bajaron los brazos y sólo volvieron a levantarlos para picarse o para llamar al mismo taxi en el que se habían subido todos con sus estudios y sus trabajos.
El suicidio de Alicia se sobrellevó sin grandes traumas entre ese grupito impasible: al entierro de la chica joven y brillante fueron unas diez personas.
 O no había dinero para extras o Martín vació la vida de su novia como un cajón de papeles viejos. 
Veinte años después el mensaje que deja la película es que quien amó hasta el final se destruyó, y quien no lo hizo, o no supo hacerlo, se quedó como hombre de valores por no rodar una superproducción si en ella no sale su amigo; para uno que tiene, por otro lado.
Hache se va de Madrid porque añora los horrendos tejados de Buenos Aires.
 Es una manera de protegerse: que las decisiones trascendentales se tomen por detalles incomprensibles para el resto de mortales. 
Nadie tiene por qué entenderte, nadie tiene por qué saber nada. “Tampoco me importa si me muero, mirá, me da igual estar vivo que estar muerto. Si estoy vivo, sigo”, dice en la película. Me gusta pensar que sigue.
 Vaya rollo de película, es de esas sudacas que se lian y lian a los demás, la vida es dura, ya lo sé, pero uno trata de no creerse el heroe en ella. implicarse si, matarse por un lio de ninis y padres que no parece que lo hagan mal porque nadie nos enseña a serlos tampoco, digamos que es de una Suficiencia imposible de volver a verla ni ninis ni nones.


Qué podía esperar Alicia de semejante paisaje. “Tu viejo dice que después de los 50 los amigos importan menos, las mujeres son bienvenidas y se van pronto, y que se disfruta de la soledad más que de cualquier otra cosa. Estuvo todo claro desde el principio. No hubo trampas. Hubo una imbécil que bajó la guardia y se enamoró. Ahí se me fue todo a la mierda: la libertad, la independencia, la edad, todo. La chica perdió la cabeza por el muchacho, pero él no”.
El personaje de Roth es el que mejor ha envejecido. Suyas son las dos mejores escenas. La primera ocurre tras ser humillada en la mesa por Martín, al que termina preguntando si la respeta. Él responde que tiene que ir al baño y se sujeta en el pasamanos de la escalera para no caerse; ella va hacia a él diciendo: “Ay, que se me mata”, y lo mete dentro de casa diciéndole, para que no piense que lo está ayudando a propósito, que tiene que ir al baño ella también.
Horas después, Alicia pasea por la playa con Hache. Antes Dante (Eusebio Poncela) había llamado al chico para advertirle: “Recuerda: ninguna mujer tiene dueño”. Ya ha amanecido. En la playa Hache y la novia de su padre se besan, se tocan, se abrazan, pero ella lo interrumpe. “No puedo hacerle esto a tu papá”, llora. “Yo no quería esto, yo quería ser tu mamá”.
Hache asiste al espectáculo de su familia entre la piedad y el delirio. Lo más digno que puede hacer es comprar heroína en unos futbolines. Probablemente sea el más maduro de todos, o al menos el que tiene las cosas más claras: no tiene ni de puta idea de qué va la vida, y cada vez que corre a saberlo vuelve peor de lo que fue. Su padre le da un folio con varias razones para no matarse y echa a correr para no estar presente mientras lo lee. Hache se despide de él con los problemas de comunicación heredados: grabando un vídeo. Me pregunto dónde estará ahora, qué estarán haciendo los que antes de llegar a los 20 bajaron los brazos y sólo volvieron a levantarlos para picarse o para llamar al mismo taxi en el que se habían subido todos con sus estudios y sus trabajos.
El suicidio de Alicia se sobrellevó sin grandes traumas entre ese grupito impasible: al entierro de la chica joven y brillante fueron unas diez personas. O no había dinero para extras o Martín vació la vida de su novia como un cajón de papeles viejos. Veinte años después el mensaje que deja la película es que quien amó hasta el final se destruyó, y quien no lo hizo, o no supo hacerlo, se quedó como hombre de valores por no rodar una superproducción si en ella no sale su amigo; para uno que tiene, por otro lado.
Hache se va de Madrid porque añora los horrendos tejados de Buenos Aires. Es una manera de protegerse: que las decisiones trascendentales se tomen por detalles incomprensibles para el resto de mortales. Nadie tiene por qué entenderte, nadie tiene por qué saber nada. “Tampoco me importa si me muero, mirá, me da igual estar vivo que estar muerto. Si estoy vivo, sigo”, dice en la película. Me gusta pensar que sigue.
 

 

El multimillonario duque de Westminster apuesta por la vivienda en España











Hugh Grosvenor, duque de Westminster.




En su último proyecto cuenta con Estudio Lamela para hacer pisos en la antigua sede de Forum Filatélico en Madrid

El dueño de gran parte del suelo del centro de Londres busca además inversiones en activos patrimoniales










Uno de los hombres más ricos de Reino Unido, Hugh Grosvenor (Londres,1991), séptimo duque de Westminster, ha decidido destinar sus recursos a España, tanto en el desarrollo de exclusivas viviendas como en inversiones patrimoniales.
 Lo hace a través de su empresa Grosvenor, uno de los mayores propietarios de suelo en Londres, fundamentalmente de los céntricos y caros barrios de Mayfair y Belgravia.




Grosvenor ha adquirido tres propiedades en Madrid para desarrollar viviendas destinadas a un segmento de alto poder adquisitivo. 
El diseño de la última de estas promociones en la calle Modesto Lafuente en Chamberí ha sido encargado a Estudio Lamela, del arquitecto madrileño Carlos Lamela.
 Se trata del edificio donde hasta hace unos años se ubicaba la sede de Forum Filatálico
La inmobiliaria ganó la liquidación concursal y va a transformar el inmueble en 12 pisos.
“Queremos tener mayor presencia en España.
 Hemos decidido invertir en proyectos residenciales, para desarrollar proyectos de viviendas exclusivas”, avanza Fátima Sáez del Cano, directora de Grosvenor Europe en España.
 La firma se ha focalizado en Madrid. “Nos encanta el barrio de Chamberí.
 Creemos que es el que más futuro tiene. 
No son viviendas de lujo, apostamos por casas exclusivas y especiales”.
La filial Europea de Grosvenor también ha adquirido un solar en la calle Jorge Juan, donde levantará un edificio diseñado por el estudio Ortiz Leon, con un jardín mediterráneo del paisajista Jesús Moraime
 Son únicamente siete pisos, que de momento no tienen precio conocido y se pueden adaptar a las demandas del comprador, incluso convertirlas en duplex.



duque de Westminster