Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 jul 2017

20 años de la liberación de Ortega Lara

20 años de la liberación de Ortega Lara: el pulso que ETA perdió camino hacia su derrota.

El 1 de julio de 1997 en plenas fiestas mayores de Burgos, el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara volvió liberado al barrio del que ETA le había secuestrado 532 días antes.

José Antonio Ortega Lara llega a su domicilio después de haber sido liberado por la Guardia Civil tras 532 días de cautiverio.
La liberación de José Antonio Ortega Lara tras el secuestro más largo perpetrado por ETA puso a prueba al Estado y a la Guardia Civil en el pulso que la banda les echó convencida de que lo iba a ganar.
 No lo consiguió.
 A cambio, recibió un fuerte mazazo en el avance imparable hacia su derrota.

Una liberación de la que este sábado se cumplen 20 años, como se cumplen también de la de Cosme Delclaux, abogado e hijo de un destacado empresario vizcaíno que en la madrugada del 1 de julio de 1997 fue liberado por sus captores 232 días después de su secuestro y tras supuestamente haber pagado la familia 1.000 millones de pesetas.
El secuestro de ambos coincidió en el tiempo con el del empresario José María Aldaya, que permaneció en cautiverio 341 días, el segundo encierro más largo de las acciones de ETA tras los 532 días que permaneció secuestrado Ortega Lara.
Dicen a Efe responsables de la lucha antiterrorista de la Guardia Civil que la liberación del funcionario de Prisiones, obra del instituto armado y, en especial, de los agentes de Intxaurrondo, no deja de ser un ejemplo del trabajo de esta fuerza de seguridad, de sus señas de identidad.
La perseverancia, no caer en el desaliento, la capacidad de resiliencia, su adaptación a las circunstancias... 
Son valores que la Guardia Civil llevó hasta el máximo exponente en su investigación del secuestro, que no fue nada fácil porque, en principio, "no había elementos tangibles" que permitieran vislumbrar una resolución rápida del caso.
Y es que la ausencia de pistas iniciales, el ambiente en el que se desarrolló el secuestro -la localidad guipuzcoana de Mondragón-, nada afín a las actuaciones de la Guardia Civil y con una masa social que en esa época no reprobaba públicamente acciones de ETA de este tipo, la labor de los agentes se tornó aún más compleja.
Porque ETA, subrayan las fuentes consultadas, hizo con este secuestro una importante apuesta, como se demostró al tener tanto tiempo retenido al funcionario.
 "Fue un pulso a nosotros y al Estado, convencida de que iba a ganarlo", añaden responsables del instituto armado.
Sin embargo, perdió esa batalla, en un "mazazo" que la Guardia Civil asegura estuvo a la altura de las desarticulaciones de las cúpulas de ETA.
 "La organización y sus simpatizantes comprueban en ese momento que van a perder irremediablemente su causa", resaltan los expertos.
La liberación de Ortega Lara y el secuestro y asesinato pocos días después del concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fueron un punto de inflexión para la banda, que no se esperaba la respuesta social que despertó ambos casos, en un importante salto cualitativo y cuantitativo.
 El País Vasco se sacudió su temor.
No fue fácil dar con la pista que condujera hasta la nave industrial de Mondragón donde llevaron a Ortega Lara, al que escondieron en un zulo de madera, húmedo y frío tras una máquina y de unas dimensiones casi increíbles: tres metros de largo, dos de ancho y 180 centímetros de alto.
Pero los servicios de la Guardia Civil no abandonaron esa pista y durante mucho tiempo vigilaron día y noche la nave. 
 Precisamente, las vigilancias no fueron fáciles.
 Y no sólo por la precaución de no ser vistos por las personas que podían trabajar en el polígono, sino por la propia orografía, la humedad del río sobre el que se encontraba la nave, lo escarpado del terreno...
Fueron muchos días con los ojos puestos en una nave donde no se producían importantes movimientos, con escasa o nula productividad, con dos personas que entraban y salían y poco más.
Sin embargo, los investigadores tenían sospechas fundadas de que Ortega Lara podía estar allí. 
Algunos indicios les permitían mantener la esperanza, como los desperdicios de comida que se arrojaban a la basura proveniente del fin de semana a pesar de que nadie había acudido a la nave en ese tiempo.

La Guardia Civil esperó a tener todo bien atado antes de entrar.
 No faltaron entre los agentes momentos de desilusión durante los dieciséis meses de cautiverio, pero siempre hubo "el arrojo y las ganas de levantarse para buscar nuevas líneas de investigación cuando la anterior no había dado resultado", relatan a Efe las fuentes.
La Guardia Civil esperó a tener todo bien atado antes de entrar. 
No faltaron entre los agentes momentos de desilusión durante los dieciséis meses de cautiverio, pero siempre hubo "el arrojo y las ganas de levantarse para buscar nuevas líneas de investigación cuando la anterior no había dado resultado", relatan a Efe las fuentes.
Unas ganas y tesón que se mantuvieron porque la Guardia Civil siempre tuvo el convencimiento de que Ortega Lara estaba vivo.
Cuando se decidió entrar en la nave, se preparó un dispositivo de 500 agentes coordinados por el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.
Entraron los primeros guardias, pero no vieron nada.
 Sin embargo, no había margen de error y volvieron a intentarlo. Movieron todas las máquinas, una cedió, se localizó el sistema hidráulico y la trampilla y un agente entró boca abajo.
 Allí estaba Ortega Lara, con 23 kilos menos, en un estado lamentable y resistiéndose a salir.
A los agentes que durante semanas y semanas habían vigilado la nave se les olvidó el frío, la lluvia, las pulgas, las miserias que pasaron. La alegría recorrió a todos.


La liberación de Ortega Lara y el secuestro y asesinato pocos días después del concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fueron un punto de inflexión para la banda, que no se esperaba la respuesta social que despertó ambos casos, en un importante salto cualitativo y cuantitativo. 
El País Vasco se sacudió su temor.

 Esos mismos agentes que se abrazaron satisfechos por el resultado de su trabajo, lloraron días después por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. 
 Eran los mismos que no descansaron ni un solo minuto por la desesperación de querer hacer más en esas tensas y largas horas que transcurrieron desde el secuestro hasta la muerte del concejal y que mantuvieron en vilo a toda España.

 

 

Borja Thyssen, pobre niño rico........................... Maite Nieto

La cercanía del juicio por fraude fiscal obliga al hijo de la baronesa a llevar una vida más discreta.

 Mientras, Carmen Cervera negocia con su colección privada.

Borja Thyssen durante sus vacaciones en Ibiza en el verano de 2016.
Borja Thyssen durante sus vacaciones en Ibiza en el verano de 2016. GTRESOLINE

 Tiene pasaporte suizo pero conocer dónde vive realmente Borja Thyssen requiere una investigación a la que le cuesta dar respuesta a la propia fiscalía del Estado español.

 En los últimos años ha afirmado vivir en Andorra, en Londres en 2016 y otra vez en Andorra desde principios de 2017, fecha en la que su mujer, Blanca Cuesta, y sus cuatro hijos, fijaron su residencia en la lujosa casa que la pareja posee en la exclusiva urbanización La Finca de Madrid.

 Hace tiempo que dosifica sus antes habituales exclusivas en la prensa rosa, no se prodiga en declaraciones y prefiere mantener un perfil público más discreto. 

Su madre, Carmen Thyssen, también calla: “No puedo hablar nada sobre su vida

. Probaré a llamarle y Borja verá si él quiere hacerlo”, manifestó a este periódico en conversación telefónica.

 Correcta pero lacónica.

Sin duda la cercanía del momento en el que su hijo tendrá que sentarse en el banquillo en el juicio abierto por fraude fiscal tiene mucho que ver en esta nueva actitud y en el trajín de mudanzas del heredero más joven del empresario y coleccionista de arte Heinrich von Thyssen. 

En su silencio también pesa que la baronesa se encuentra inmersa en negociaciones para renovar la permanencia de su colección privada en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, que ya alberga las valiosas obras que su marido cedió al Estado español. 

Respecto a los rumores de que el posible pacto debería incluir soluciones para su situación fiscal y la de su hijo, fuentes conocedoras de la negociación desmienten que los problemas fiscales de Borja Thyssen estén sobre la mesa.

 No se pronuncian, en cambio, con la misma rotundidad en lo que se refiere a Carmen Cervera. 

Cuando el 15 de febrero de 2002 Borja Thyssen-Bornemisza aceptó el acuerdo de reparto de la fortuna de su padre, tenía 21 años y cualquiera podría pensar que sus problemas se habían acabado para siempre.

 El conocido como pacto de Basilea distribuía entre sus herederos, incluidos sus cinco hijos, Georg, Francesca, Lorne, Alexander y Borja, un patrimonio estimado en más de 3.000 millones de euros, aunque su valor real fuera incalculable a tenor de las obras de arte que incluía y los récords de venta que este tipo de bienes siguen batiendo cada año en las subastas más selectas.

 

Borja Thyssen con su madre Carmen Cervera, su mujer y sus cuatro hijos en el bautizo de la más pequeña, Kala, en junio de 2015.
Borja Thyssen con su madre Carmen Cervera, su mujer y sus cuatro hijos en el bautizo de la más pequeña, Kala, en junio de 2015. GTresOnline
El niño que Heinrich von Thyssen adoptó en 1984 por amor a Carmen Cervera, quien se convirtió en su quinta esposa en 1985, se había confirmado como el nuevo e inesperado heredero para los otros hijos del barón. 
Pero además de dedicarse al dolce far niente —no se le conoce profesión a pesar de tener 36 años y cuatro hijos— y de no tener reparo en que su buena vida haya quedado profusamente probada en imágenes que le retratan en lujosas casas, fiestas y costosas vacaciones, sus embrollos de familia superan con creces la imaginación del mejor guionista de culebrones.

Se casó en 2007 con Blanca Cuesta sin que esa madre, a la que estaba tan unido y que le había defendido con uñas y dientes, acudiera a su boda, porque la novia no era de su agrado.
 Se reconcilió con ella cuando nació su primer hijo, Sacha. Volvió a enzarzarse en pleitos, dimes y diretes reclamándole bienes de la herencia del barón y cuadros que actualmente forman parte de la colección privada Carmen Thyssen, constituida por 430 obras de las cuales dos le pertenecen. 
Cambia continuamente de residencia en un ejercicio de funambulismo para intentar evadir al fisco.
 Un objetivo que le obliga a vivir al menos 183 días del año fuera de España.
¿Merece la pena esta cárcel dorada que le impide, al menos sobre el papel, vivir junto a su mujer y sus hijos gran parte del año? 
Nadie de su entorno quiere contestar a esta pregunta.
 La reconciliación familiar que llegó a través de abogados en el verano de 2014, tras siete años de desavenencias, bien merece el silencio de su madre.
 Aunque en ese pacto de paz negociado no haya logrado incluir, hasta el momento, que las dos hijas pequeñas de Tita Cervera, María del Carmen y Guadalupe Sabina —que llegaron al mundo gracias a una gestación subrogada— sean vistas en público junto a su hermano mayor.
Carmen Thyssen y Manuel Segura, padre biólogico de su hijo Borja, en Madrid el pasado mes de junio.
Carmen Thyssen y Manuel Segura, padre biólogico de su hijo Borja, en Madrid el pasado mes de junio. GTresOnline
La última entrega de este folletín colea desde 2013.
 El que llegó a ser el hijo más cercano del barón en la última etapa de su vida, hasta que falleció en 2002, ve acercarse el juicio por fraude fiscal. 
La Fiscalía le pide dos años de cárcel y 1,2 millones de euros por ocultar a Hacienda parte del dinero que ganó en 2007 por las exclusivas de su boda con Blanca Cuesta y el bautizo de su primer hijo en ¡Hola!.
 La acusación afirma que Borja Thyssen simuló una mudanza para eludir los impuestos de los 1,4 millones que la revista pagó a través de una empresa de Nevada y el Juzgado número 1 de Pozuelo de Alarcón ha fijado una fianza de 629.240 euros por fingir su residencia en Andorra.
 Además, tiene otra causa abierta por la renta de 2010 —que su letrado ha calificado en distintas ocasiones como “discrepancias de liquidación”— respecto a cinco millones de dólares recibidos como parte de la herencia del barón.

250.000 euros que Borja Thyssen recibe de su madre como paga anual, siete casas que no están a su nombre en el registro de la propiedad pero que le pertenecen aunque permanezcan ocultas a través de sociedades interpuestas según desveló El Confidencial, un piso de más de 400 metros en el barrio de Sarrià en Barcelona a nombre de Sacha, su hijo de nueve años, y que en 2015 se alquilaba por unos 7.500 euros mensuales o los 15 millones de dólares que ha recibido en tres entregas como herencia de su padre, no parecen ser suficientes para conseguir su paz de espíritu.

Ni él ni su abogado han respondido a la solicitud de este periódico para contar su versión sobre los pleitos abiertos con Hacienda.
 A veces la vida rosa de los ricos trae complicaciones que los ciudadanos de a pie ni siquiera son capaces de imaginar.

30 jun 2017

Orgullo Gay.......................................... Miguel Ángel Bargueño

Cómo las folclóricas se convirtieron en musas de la cultura gay sin pretenderlo.

Desde la teatralidad de las copleras añejas a cuando Rocío Jurado dijo aquel célebre: "Yo soy progay".

Orgullo Gay 2017
Rocío Jurado introdujo en sus canciones temáticas como el lesbianismo. En la imagen, en su domicilio madrileño en 1976. Getty
En 2003, durante una entrevista en Canal+, a Rocío Jurado le preguntaron cómo llevaba que los gays fueran grandes fans de su persona. “Estoy orgullosísima de que eso ocurra —respondió con ese aire solemne y ausente que le caracterizaba—, son personas de muchísima sensibilidad, con muchos valores. 
Para mí es muy importante”.
 Y rubricó: “Yo-soy-pro-gay”.
 Dejando aparte que la frase ha sido estampada hasta en camisetas, resulta innegable que la Jurado tuvo un gran predicamento entre el público homosexual, lo mismo que Sara Montiel, Marujita Díaz, Carmen Sevilla, Lola Flores, Isabel Pantoja y otras reinas de la bata de cola. Divas, pero en versión cañí.
Marujita Díaz durante un concierto en Madrid en 1976.
Marujita Díaz durante un concierto en Madrid en 1976. Getty
Para encontrar explicación a ese idilio hay que remontarse a los tiempos del franquismo.
 En la anodina cultura oficial de la dictadura, las copleras eran personajes excesivos, barrocos y frívolos.
 Como recuerda el periodista Carlos Primo, “en la España de los setenta la subcultura homosexual estaba siempre ligada a las folclóricas.
 Los travestis imitaban a Juanita Reina. Les fascinaba ese escapismo, muy teatral, muy femenino y muy exagerado”.
Resulta cuando menos curioso: aparentemente, las folclóricas eran unas señoras conservadoras que le bailaban el agua al régimen.
 (Por cierto, los entendidos prefieren llamarlas “copleras”, pues no interpretaban folclore, sino canciones de autores registrados y bien conocidos.)
 Pero los homosexuales supieron ver más allá. “Aunque de la copla se desprende una especie de conformismo con la realidad franquista, en el fondo subyace una rebelión constante de la mujer contra las circunstancias en las que se encuentra”, dice Pive Amador, músico y productor sevillano, autor de El libro de la copla (2013) y jurado del programa de televisión Se llama copla, de Canal Sur.
Las estrellas de la música de esos años son casi los únicos ejemplos de personalidad femenina fuerte, ajena a los estereotipos machistas. “Eran mujeres empresarias que dirigían habitualmente su propia carrera, que tenían un estilo de vida que no encajaba con la idea de madre abnegada, a pesar de que luego hicieran muchas portadas para intentar lavar esa imagen.
 Eran figuras provocadoras en un contexto muy rígido”, sostiene Carlos Primo.
 Las primeras copleras, dicho sea de paso, venían del cuplé, un género de canciones picantes que se representaba en tugurios de mala muerte "ante público exclusivamente masculino", como precisa Pive Amador.
Era lo mismo que había ocurrido en los albores de Hollywood, uno de los primeros ámbitos donde las mujeres eran más importantes que los hombres.
 “Los estudios se medían por tener en nómina a Greta Garbo o Ava Gardner más que por tener a Gary Cooper o a Clark Gable, que eran galanes a la medida de esas actrices”, añade Primo.
Paco España en la película 'La Carmen', de Julio Diamante (1977).
Paco España en la película 'La Carmen', de Julio Diamante (1977).
En los setenta, uno de los escasos reductos de irreverencia estaba en las canciones de la copla.
 No todos sabían leer entre líneas, lo que hizo de aquellos discos éxitos masivos: entre los 20 más vendidos de la historia en España hay dos de Rocío Jurado.
 Aunque pertenecen a su faceta más pop, sus letras no son aptas para mentes mojigatas.
 “Tratan una cantidad de temas (infidelidad, amantes juveniles, masturbación) con una libertad que en literatura habría sido un escándalo”, plantea Carlos Primo.
 Otro dato: cuando a Rocío Jurado le dieron el premio Shangay en 2004 se lo dedicó a "esas niñas del pelo corto", en clara alusión a su público gay.
Incluso antes, sus letras eran tan escandalosas que en ocasiones no pasaban la criba de la censura. 
“A Juanita Reina se le censuró Yo soy esa, de la película Aeropuerto (1953), porque hacía referencia a una ‘mujer de la vida’.
 A Concha Piquer la multaban cada vez que cantaba Ojos verdes, una copla de la República, porque decía ‘mancebía’ [prostíbulo], cosa que estaba prohibida, y ella no quería cambiar la letra”, explica Pive Amador.
 El público homosexual a menudo se identificaba con la sensibilidad que derrochaban las canciones, “las más memorables escritas por un homosexual, como era Rafael de León”, prosigue. 


Huracán Lola Flores en una actuación 1978.
Huracán Lola Flores en una actuación 1978. Getty
Y, por supuesto, está la imagen. 
En los setenta, transformistas como Paco España recorrían las salas de fiestas a golpe de abanico imitando a las tonadilleras. 
Sobre estas, Joaquín Hurtado, locutor de Radiolé y especialista en música española, dice que “llevan su estética al límite: el maquillaje, el mal gusto en el vestuario y los pelos supercardados son la precuela de las drag queens. 
Ese exceso no es tan frecuente, y todo lo que sea colorín y púrpura siempre llama la atención”, explica.
Para José Aguilar, autor del libro Divinas y humanas (2016), “son mujeres con personalidades muy marcadas, exacerbadas, con una gran belleza, personajes muy histriónicos, hasta en la manera de utilizar los maquillajes.
 Representan el cliché de lo que de alguna manera se puede imitar”. Un conjunto de razones que hacen que incluso hoy estas grandes damas de la canción española sigan levantando suspiros en España.


 

 

¿Por qué ella?................................. Rubén Amón

Simone Veil nunca se explicó por qué la indultó en Auschwitz la jefa del campo, y sostuvo que ser mujer fue su mejor fortuna.

Simone Veil, entonces ministro de Sanidad, en una imagen de noviembre de 1977. Reuters-Quality
Me contó Simone Veil que fue "aquel" un gesto de coquetería. Rociarse el pelo y el cuerpo con un perfume de Lanvin antes de quedarse desnuda en las duchas de Auschwitz.
 El frasco era de una amiga francesa. 
Sospechaban que iban a requisárselo las autoridades nazis en el campo de concentración.
 Lo compartieron como si fuera un ritual catártico, o embriagador, o inocentemente rebelde.
Les aguardaban la humillación y el maltrato
Soportar el hedor de la carne muerta. Contemplar, sin quererlo, el humo macilento que evacuaban las chimeneas de ladrillo.
 Podía haber muerto Simone Veil.
 La podrían haber despedazado y abierto en canal, igual que les ocurrió las pasajeras de otros vagones, pero vino a redimirla una prostituta polaca que ejercía con crueldad profesional las funciones de Kapo.

La deportaron a Veil al campo de concentración de Auschwitz recién cumplidos los 16 años.
 Tuvo la suerte de llegar cuando el invierno había sepultado decenas de miles de esqueletos, pero la primavera fue atroz. Simone Veil mencionaba la experiencia como si las lágrimas gotearan evocando el hallazgo del deshielo. 
Trenes de moribundos. Ejecuciones industriales. 
Y una prostituta polaca, Stenia, que se apiadó de ella porque la consideraba demasiado hermosa para amontonarla en el matadero.
Simone Veil, lúcida, erguida, no encontró nunca una respuesta demasiado convincente a su redención, y hasta maldijo su buena suerte. 
 ¿Por qué ella? Pensaba que Stenia hizo un gesto de piedad filantrópico.
 Cree que también ella, implacable en las instrucciones del genocidio, necesitaba demostrarse humana.
Los ingleses la colgaron de un árbol y la exhibieron como un monstruo de guerra.
 Veil tiene un recuerdo distinto, incluso entrañable. Sobre todo porque la jefa del campo, gritona, andrógina, cruel, también se avino a salvar sin condiciones ni matices la vida de su madre y de su hermana. 
Y Simone Veil nunca supo por qué.
Desde entonces no soportaba hacer una cola en la panadería de su barrio parisino ni se avenía a desnudarse con otras mujeres en un vestuario común. 
Le habían extirpado la intimidad. Le estremecía mirar de reojo el número azul con que la herraron.
 Echaba de menos a su madre, que agonizó a su lado de tifus en el campo germano de Mauthausen. 
Stenia, la meretriz polaca, les encontró acomodo allí para evitarles las duchas de gas. 
Trabajaban en las cocinas. Sustraían los mendrugos de pan y algunas sobras.
 Una mujer con suerte, decía de sí misma Veil. 
Ministra de Giscard, promotora y pionera de la despenalización del aborto.
 Símbolo del feminismo y de la discriminación, aunque matizaba ella misma que ser mujer le salvó la vida. 
Y se acordaba de su madre todas las noches. Y de Stenia todos los días, preguntándose por qué ella fue la elegida.