El
presentador ha asegurado que nunca le preguntó a la modelo quién era el
padre de su hijo y ha admitido su error de no hacerse la prueba de ADN.
Pocas veces una paternidad ha sido motivo de tanta atención mediática
durante tanto tiempo.
La cuestión debe generar gran expectación ya que
Telecinco, especialista en cuestiones que tienen que ver con el mundo de
los famosos, no ha dudado en dedicar su última entrega de Mi casa es la tuya a dar la palabra a Pepe Navarro
para que desmienta que es el padre del hijo de Ivonne Reyes.
Si el
programa de Bertín Orbone es largo —cerca de dos horas y media— más de
la mitad se fue en dejar al periodista que explicara lo que no ha
querido contar en los nueve años que lleva esta historia en
los medios de comunicación.
Y es que hasta anoche, Navarro no dio su
versión de los hechos.
"Con Ivonne tenía una relación paternofilial",
aseguró. "Cuando me dijo que estaba embarazada le pregunté si pensaba
tener el bebé.
Nunca le pregunté quién era el padre. Yo sabía que no lo
era".
El periodista indicó que ambos tuvieron una relación "intermitente y
esporádica" durante algún tiempo, pero que esta había acabado cuando Ivonne Reyes
se quedó embarazada.
Eso sí, desveló que tuvo una idea para
rentabilizar su estado: propuso a Antena 3 hacer un programa en el que
ella iría contando sus experiencias durante la gestación, según asegura
Navarro.
También arremetió contra la modelo cuando aseguró que ella no era "la
madre coraje" que pretendía dar a entender y habló sobre la exclusiva
que vendió sobre el embarazo y afirmó que Reyes mantiene una campaña
desde hace años contra él para desprestigiarle.
En ese momento del
programa, aparecieron en vídeo las dos madres de sus otros hijos.
El
presentador y su familia aseguraron ser víctimas de un ataque sin fin
por parte de Reyes.
Ivonne Reyes.GTRES
Bertín Osborne no actuó como figura imparcial, apoyó a su anfitrión. Pepe Navarro
recibió al cantante en su espectacular casa de Ibiza, pero lo hizo
antes de que el Supremo desestimara un recurso utilizando una prueba de ADN
de muestras recogidas por un detective privado contratado por la
familia Navarro para negar que el hijo de la artista venezolana fuese su
hermano. Por eso, el programa se vio obligado a poner un rótulo
aclarando que la grabación era anterior a la sentencia. La Sala Primera del Tribunal Supremo,
en un auto del que ha sido ponente Francisco Javier Orduña Moreno,
rechazó la demanda interpuesta por la hija mayor de Navarro, Andrea, que
pretendía revisar la sentencia firme dictada el 2 de febrero de 2012
por la Audiencia Provincial de Madrid -Sección 22ª- en virtud de la cual
se declaró que Pepe Navarro era padre biológico de un menor cuya madre era la entonces demandante Ivonne Reyes. "El mayor error que cometí fue no querer hacerme la prueba de paternidad", admitió Pepe Navarro
quien aseguró estar dispuesto a seguir luchando. "No tengo nada en
contra de ella que no sea el daño que le está haciendo a mi familia. Quiero solucionar esto y punto, me equivoqué en un momento determinado
de mi vida, no queriendo hacerme la prueba". No parece que la cosa vaya a quedar así. Ivonne Reyes se
prepara para responder. Nueve años de culebrón parece que no han sido
suficientes para zanjar este asunto, algo de lo que Telecinco debe
alegrarse porque mejora sus audiencias. El programa comenzó antes de derivar en el conflicto de la paternidad, con un repaso a la vida profesional de Pepe Navarro durante el cual dejó caer su deseo de volver a la televisión.
Ramona
Maneiro, la mujer que ayudó a morir al tetrapléjico gallego, denuncia la
inacción de las Administraciones el día que Barcelona declara su
compromiso con la muerte digna.
Ramona Maneiro, en una imagen de archivo.EFE
El equipo de Gobierno de Ada Colau
en el Ayuntamiento de Barcelona presentará mañana viernes en el pleno
una declaración institucional mediante la cual se compromete a hacer
todo lo posible para legalizar la muerte digna y despenalizar la
eutanasia. Una medida aplaudida por las diferentes entidades que la
apoyan, pero que todavía consideran muy insuficiente. La declaración
municipal llega 19 años después del suicidio filmado de Ramón Sampedro. El
gallego sigue siendo un referente de la lucha a favor de la eutanasia,
que reclamó judicialmente sin éxito, para conseguir una sentencia que le
permitiera legalmente acabar con su vida. Sampedro era tetrapléjico: no
podía suicidarse sin ayuda. Murió el 12 de enero de 1998 tras consumir
el cianuro que le suministró su compañera sentimental Ramona Maneiro. Desde entonces, ella se ha convertido en una de las principales activistas para conseguir la legalidad de la eutanasia. Maneiro tenía previsto acudir hoy al Ayuntamiento de Barcelona para
apoyar la iniciativa del Consistorio, pero al final no ha sido posible
su presencia. En conversación telefónica con EL PAÍS asegura que apoya
la medida del Consistorio barcelonés, pero se muestra escéptica. “Han
pasado casi 20 años de la muerte de Ramón y no hemos logrado nada. Nuestros políticos están más preocupados por robarnos que de la salud de
las personas”. Sampedro nació en 1943 y un accidente en unas rocas le dejó
tetrapléjico en 1968. En 1993 solicitó a los juzgados de Barcelona y
Noia (A Coruña) que los médicos pudieran recetarle fármacos que le
permitieran morir. Los juzgados y el Tribunal Constitucional denegaron
su petición. La declaración que realizará este jueves el Consistorio de
Barcelona denuncia que con la legislación actual también impediría la
última voluntad de Sampedro. El pasado 2 de abril José Antonio Arrabal,
enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) se quitó la vida ante
una cámara denunciando que la actual legislación le obligaba a morir
clandestinamente. “Las imágenes de José Antonio son iguales que las de
Ramón. No hemos avanzado nada. Arrabal tuvo que morir solo, sin su
familia, para no incriminarla. Da mucha pena”, denuncia Maneiro. Maneiro tiene ahora 56 años, “la edad que tenía Ramón cuando se fue"
hace 19 años. "Quedé muy marcada, no sé si para bien o para mal, pero
jamás conseguí un buen trabajo y siempre estoy sobreviviendo”. La
gallega sabe que es un referente en la lucha por la muerte digna. Su
activismo comenzó tras quedar literalmente enganchada a una imagen de
Sampedro: “Ramón apareció en mi televisión exigiendo el derecho a morir
con dignidad y yo fui a conocerle a su casa”. Maneiro mezcla sus reivindicaciones con un humor ácido. Asegura que
Sampedro, que acabó siendo su compañero sentimental, fue el que le
contaminó con esta manera de ver la vida. “A pesar de lo que pedía era
una persona viva, alegre y con mucho sentido del humor. Nos quisimos
muchísimo”. La amiga de Sampedro rememora de nuevo —lo confesó cuando el
delito había prescrito, en 2005 — que fue la persona que ayudó a morir a
su novio. “Yo fui sus manos. No tuvo que convencerme de nada. Ramón
sufría y su familia agravó todavía más la situación. Él sabía que se
estaba deteriorando y daba pena. Justo lo último que quería dar Ramón”,
recuerda.
El 12 de enero de 1998 Ramón Sampedro lo preparó todo para su
suicidio. “Las cosas no fueron como él me dijo. No se quedó dormido sino
que le dieron unas convulsiones que me hicieron mucho daño. Con el
tiempo las he intentado curar”, recuerda. “Me ordenó que no le besara en
la boca una vez muerto porque podía envenenarme con el cianuro que
acababa de consumir. Me entró el pánico y tiré el veneno por el
fregadero. Maté a todas las ratas de Boiro (La Coruña)”, ironiza. Una de las preguntas que más ha contestado la gallega a lo largo de
estos años es: “¿Por qué lo hizo?”. La pregunta la ofende. “Me dan ganas
de decir que fue por dinero (ríe). Preparé el vídeo de la muerte de
Ramón y se lo entregué a las personas que me dijo. Luego me he enterado
que ese vídeo valía mucho dinero y no vi un céntimo (ríe a carcajadas)”. Luego se sincera: “Fue un acto de amor. No estuvo muy meditado porque
no tuvimos mucho tiempo. Claro que me hubiera gustado seguir teniéndolo a
mi lado. Con él aprendía muchísimo, pero necesitaba mi ayuda”. Maneiro
defiende que ella no fue juzgada porque “a nadie le interesó abrir esa
brecha. Pero tenemos que seguir luchando y peleando por nuestros
derechos. Nadie tiene que sufrir si no lo desea”. El Consistorio de
Barcelona mantiene que centenares de personas siguen padeciendo y
apuesta por despenalizar la eutanasia e impulsar medidas que permitan la
muerte digna. A finales de marzo, la mayoría de los grupos parlamentarios del
Congreso admitieron a trámite una proposición de ley de Ciudadanos sobre
el derecho a morir dignamente, que contó con los votos a favor de PP,
PSOE, Unidos Podemos, Unión del Pueblo Navarro y Compromís. Municipios
como Barcelona, Lleida, Girona, Tarragona, Bilbao, A Coruña, Madrid,
Valencia, Zaragoza, Salamanca y Pamplona apuestan directamente por la
muerte digna más extensiva. Maneiro lo tiene claro: “Vamos muy tarde, hay que acabar con tanto
dolor. Ahora, con la eutanasia pasa algo muy parecido a lo que pasaba en
los años ochenta con el aborto. La gente que tiene dinero ya muere
dignamente”.
Hace justo diez años, el escritor japonés Haruki Murakami publicó un delicioso y pedagógico escrito sobre salir a correr.
Murakami
comenzó a correr tardiamente, a los 33. "Fumaba 60 pitillos al día. Los
dedos me amarilleaban y todo el cuerpo me apestaba a tabaco", argumenta
como motivo para empezar a hacer ejercicio.GettyEl escritor Haruki Murakami (Kioto, Japón, 1949) empezó a correr por lo mismo que todos: quería salir del bucle compuesto por vida sedentaria-aumento de peso-falta de aire cuando se hace un esfuerzo. Y algo más, el tabaco. "Fumaba 60 pitillos al día. Los dedos me
amarilleaban y todo el cuerpo me apestaba a tabaco", argumenta el
escritor de obras como Tokio blues o After dark.
Hace justo diez años (en 2007), Murakami publicó un delicioso librito llamado De qué hablo cuando hablo de correr (traducido al español por Tusquets).
Este relato es a la vez pasional, inteligente y didáctico.
De hecho, se ha convertido en un acicate para los que quieran correr.
Y también para aquellos que no les motiva: el texto te incita a ponerte
las zapatillas e intentarlo.
Y también para los que no han hecho footing en su vida ni tienen la más mínima intención de practicarlo: la calidad literaria merece una lectura.
Murakami empezó a correr tarde, con 33 años. Y ya no ha parado. Estas son algunas de las reflexiones del autor, que sirven como
consejos para cualquier persona que salga a correr semanalmente... o que
nunca haya salido, pero no lo descarte. - En dos meses y medio Murakami adelgazó tres kilos.
Así describe la sensación: "Me gustaría que imaginaran que van a una
carnicería, piden tres kilos de carne y luego vuelven a casa caminando
con ellos en la mano; tal vez así puedan hacerse una idea de lo que
significa cargar con ese peso".
- ¿En qué pienso cuando corro? Es una pregunta que
se hace el escritor. Y se responde: "Los días que hace frío, pienso un
poco en el frío. Los días que hace calor, pienso un poco en el calor.
Cuando estoy triste, pienso un poco en la tristeza. Cuando estoy alegre,
pienso un poco en la alegría". - El grupo favorito del escritor para escuchar mientras corre son los neoyorquinos Lovin’ Spoonful. En concreto se decanta por dos álbumes de los sesenta: Daydream y Hums of the Lovin’ Spoonful. “La escuches donde la escuches siempre es estupenda. No pretende mostrar más de sí que lo necesario”, justifica Murakami.
Portada del libro 'De qué hablo cuando hablo de correr', con una imagen del autor, Murakami, corriendo.
- Cuando te pones a correr y no tienes claro la distancia que vas a hacer, sigue el consejo de Murakami: “Voy aumentando poco a poco
(cada día) la distancia que recorro. Pero si aumento el ritmo acorto el
tiempo de carrera. Procuro conservar y aplazar hasta el día siguiente
las buenas sensaciones que experimenta mi cuerpo. Idéntico truco utilizó
cuando escribo una novela larga: dejo de escribir en el preciso momento
en que siento que puedo seguir escribiendo. Al día siguiente me resulta
más fácil reanudar la tarea”. - Todos los que salen a correr lo han padecido. Es ese momento en el
que no puedes más e irremediablemente vas a parar. Pero, un momento,
antes de pararte, en ese instante crítico, Murakami se repite
mentalmente un mantra: "No soy un humano. Soy una pura máquina. Y, como tal, no tengo que sentir nada. Simplemente, avanzo". Así supera la crisis y sigue corriendo. Ventajas de correr frente a otros deportes. "No hacen falta compañeros ni contrincantes. Tampoco se necesita equipamiento ni enseres especiales. No hay que ir a
ningún sitio especial. Con un calzado adecuado y un camino que cumpla
unas mínimas condiciones, uno puede correr cuando y cuanto le apetezca". Y a Murakami se le olvida decir un dato muy a favor, con los tiempos
que corren: es gratis.
- La soledad del corredor. El escritor relaciona su
pasión por correr con el concepto de soledad: "Soy de los que prefieren
estar solo. O, para expresarlo con mayor precisión, yo soy de esos a los
que nos les produce tanto sufrimiento el hecho de estar solos". Pero se
casó pronto, a los 22. Su momento de soledad lo disfruta ahora
corriendo: "En mi interior siempre ha anidado el deseo de permanecer
completamente solo. Por eso, el simple hecho de correr una hora todos
los días, asegurándome con ello un tiempo para mí, se convirtió en un
hábito decisivo para mi salud mental". - Un tema controvertido: Murakami asegura que casi nunca hace estiramientos. “Nunca me he lesionado”. Lo achaca a su “constitución fuerte”. - El autor de 1Q84 reivindica con toda su alma la siesta. “Dormir un poco después de comer conserva la salud. Yo lo hago a
menudo. Por lo general, después de la comida me entra sueño, así que me
tumbo en el sofá y echo una cabezadita. Más o menos a la media hora me
despierto”. - Una de las cosas que más le gusta al escritor es disfrutar de una
cerveza después de correr. De hecho, mientras está en la carrera ya
imagina ese momento. Y, después de la carrera, ocurre: “Me tomo una cerveza
Amstel todo lo fría que quiero. Por supuesto, está buenísima. Pero la
cerveza real no está tan buena como la que yo imaginaba y ansiaba
fervientemente cuando corría. No existe en ninguna parte del mundo real
nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la
cordura”. - Cuando se prepara para un maratón el escritor sigue unas reglas, como no descansar dos días seguidos. "Los músculos son como animales de carga dotados de buena memoria. Si los vas cargando gradualmente y con mucho cuidado, los músculos se
van adaptando de manera natural para resistir esa carga". - La dieta de Murakami cambió cuando empezó a
correr. Afirma que fue de forma natural, que era lo que le pedía el
cuerpo: “Hice de los vegetales la base de mi dieta y obtenía las
proteínas principalmente del pescado. Nunca me había hecho demasiada
gracia la carne. Reduje el consumo de arroz y de alcohol, y empecé a
emplear condimentos naturales. Los dulces nunca me gustaron”. - El escritor se declara contrario a determinadas técnicas en las
clases de Educación Física de los colegios: “Cada vez que veo en una
escuela esa escena en la que todos los chicos son obligados a correr en la hora de gimnasia, no puedo evitar compadecerlos.
Obligar a correr largas distancias a personas que no desean correr, o
que, por su constitución, no están hechas para ello, sin ni siquiera
darles una opción, es una tortura sin sentido”. - Lo mejor para mantener el peso adecuando es correr. “Si haces ejercicio todos los días, tu peso ideal se acaba estableciendo de forma natural”.
- Sobre la siempre recurrente idea de que haciendo ejercicio se vive
más, Murakami aporta una reflexión: "No importa si no vivo mucho, pero,
mientras viva, quiero al menos que esa vida sea plena". Así superó el escritor su dependencia del tabaco: "Si te pones a
correr a diario, dejar el tabaco es una consecuencia natural. Me costó
mucho, pero correr a diario y fumar es incompatible. Creo que el deseo,
tan natural, de querer correr cada vez más me motivó a la hora de
aguantar sin fumar y me fue de gran ayuda a la hora de superar el síndrome de abstinencia". - Y una reflexión final: reivindicar sus días de descanso sin ninguna excusa. Algunos días, el escritor se dice: “Hoy no me apetece correr”. Y punto.