Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 abr 2017

El enigma sin nombre de Diana Quer................ Sonia Vizoso

La investigación judicial reúne indicios de que la desaparición de la joven no fue voluntaria pero no incriminan a nadie.

La madre de Diana Quer, a los pocos días de su desparición.
La madre de Diana Quer, a los pocos días de su desparición. ©GTRESONLINE

“Los datos son múltiples, inmensos, y su cruce nos tiene que llevar a resolver este caso”
. Estas palabras de esperanza fueron pronunciadas por el delegado del Gobierno en Galicia, Santiago Villanueva, solo dos meses antes de que el caso Diana Quer haya sido archivado.
 El juez ha tirado la toalla, al menos provisionalmente, después de ocho meses de 200 interrogatorios, rastreos por tierra, mar y aire, supuestos testigos que acabaron perdiendo veracidad y vigilancia a sospechosos que se quedaron simplemente en eso, en sospechosos. La desaparición de esta joven madrileña de 18 años mientras volvía de una verbena en A Pobra do Caramiñal (A Coruña) en la madrugada del 22 de agosto de 2016 seguirá por el momento inmersa en el más absoluto misterio.
¿Qué le ocurrió a Diana Quer? ¿Cómo es posible que la repercusión mediática del caso no haya traído ni la más mínima pista sobre su paradero? ¿Cómo puede ser que nadie haya visto a esta mujer desde las 2.40 horas del 22 de agosto pasado? 
El juez admite que “existen indicios de la desaparición no voluntaria” y no descarta que la joven fuera víctima de “ilícitos graves”.
 Pero ese oscuro rastro no conduce a nadie. 
 Ni a un presunto autor, ni a un cómplice, ni tan siquiera a un encubridor.
 La Guardia Civil ha tomado declaración a varios sospechosos, pero no ha reunido contra ellos pruebas que propicien siquiera su imputación judicial.
 Los ha vigilado con la esperanza de que cometieran algún error incriminatorio, pero nada de eso ha ocurrido. 

Esta es la razón por la que el instructor ha decidido cerrar provisionalmente la causa judicial, al margen de que prosigan las pesquisas policiales.
 Es tal la cantidad de datos obtenidos en los rastreos telefónicos que su análisis por parte de los investigadores para hallar cabos de los que tirar podría hacer expirar los plazos máximos de instrucción marcados por la ley.
 Si las indagaciones de la Guardia Civil recabasen nuevas pruebas de calado, el proceso penal se reabriría, explica el titular del juzgado de instrucción número 1 de Ribeira (A Coruña), Félix Isaac Alonso Peláez, en su auto de sobreseimiento provisional.
Quer fue vista por última vez a las 2.40 horas en el Paseo do Areal de A Pobra, cuando supuestamente regresaba de una verbena al chalé adosado donde veraneaba con su madre y su hermana. 
El rastro seguido por la Guardia Civil se prolonga hasta cerca de las cinco de la madrugada pero no es físico.
 Es la señal de su teléfono móvil, hallado en octubre por un mariscador en el fondo de la ría de Arousa, la que hace suponer que la joven se subió, por voluntad propia o no, a un coche que atravesó el limítrofe municipio de Boiro y llegó a la zona de Taragoña, en el ayuntamiento de Rianxo.
 Es el veloz desplazamiento del celular el que permite deducir a los investigadores que la muchacha iba en un vehículo, pero ningún testimonio lo acredita.
El teléfono acabó en el fondo del mar, bajo el puente de la autovía que llega a Taragoña (Rianxo).
 Nada certifica que fue ella quien lo arrojó desde el coche, ni tampoco lo contrario.
 Los investigadores analizaron las grabaciones de las cámaras de tráfico y la señal de los móviles de unas 80 personas que hicieron la misma ruta entre las tres y las cinco de la madrugada de aquel 22 de agosto. 
Y pese a los intensos rastreos no se ha hallado ninguna pista que reconstruya los pasos de Diana Quer más allá de ese viaducto. Como si a la joven se la hubiese tragado la tierra.
La Guardia Civil mantiene todas las líneas de investigación abiertas, incluido el secuestro pese a que nadie ha pedido un rescate.
 La imagen de la joven ha sido difundida por toda Europa, por si hubiese sido víctima de una red de tráfico de mujeres.
 La presión sobre los investigadores y las autoridades también ha sido mucho mayor que en el caso de las cuatro o cinco personas que desaparecen al día en España sin que se vuelva a saber de ellas, según datos de SOS Desaparecidos. 
Pero nada ha sido suficiente para despejar el enigma de Diana Quer.

 

En el punto de Mila Veo que Jorge Javier se siente bien y sin miedo Mila Ximénez

En el punto de Mila

Veo que Jorge Javier se siente bien y sin miedo

Mila Ximénez







Jorge Javier desnudo
Siempre que tengo unos días libres, hago miles de planes.Y además tengo la pésima costumbre de involucrar a amigos en ellos, con la firme promesa de cumplirlos.
 Pero casi nunca es así. No hay oferta más tentadora para mí que la ausencia de compromisos. 
 Lo curioso es que sigan contando conmigo.

Un disfrutón disciplinado

Esta vez no ha sido distinto.
 Unas cuantas disculpas y el cerrojo al exterior. Estos días he sido más drástica. 
El encierro ha sido absoluto. Necesitaba oír el silencio. Así que he vuelto a pasarme horas leyendo, algunas horas en el spa del gimnasio, y bailando bachata sola por casa. 
He mirado el teléfono muy de vez en cuando. Sobre todo para tener noticias de los niños.
 Y en una de estas recibo un mensaje de voz, que me deja inerte: “¿Has visto a Jorge, desnudo?”. No era capaz de reaccionar. Solo pensé: “Dios, ¿qué ha hecho?”.
 Sabía que estaba en Nueva York. Y de pronto, me lo imaginé vagando por el Bronx, despistado y aturdido después de un atraco, rodeado de turistas españoles con el móvil. 
Lo sé. Tuve un momento de locura transitoria que puso patas arriba mi disciplina metafísica.
 Intenté estabilizarme, e ir directamente a su Instagram, buscando alguna pista de este episodio.
 Y ahí estaba él, con gesto daliniano mirando a un punto muerto. Tardé en reparar en lo que enseñaba. Solo me alivió que parecía estar a salvo. 
Y tanto que lo estaba. Mirando esa foto fui más allá de su desnudo. Se siente bien y se ha alejado del miedo. Ha aflojado su mochila, y eso me gusta. Lo cierto es que me gustan muchas cosas de él.
 Se ha convertido en un disfrutón disciplinado. Y con el tiempo está acortando distancias con la gente que le quiere.
 Creo que P. ha tenido mucho que ver en esto. 
Tiene una cercanía lejana que le posibilita la ternura con el sarcasmo.
En fin, una vez recuperado el aliento y sorprendiéndome de mi sentimiento de tutela, no puedo evitar mandarle un mensaje con un emoticono de complicidad. Hablo con él y, sorprendentemente, no me hace preguntas narcisistas. 
Se le oye feliz. Y lleva tiempo con este sonido
. Pensaba dedicarle este blog al “aseado” Francisco Rivera, pero he pensado: “!Que le den!”.
Que le den a Jorge J. Vázquez, que está encantado de haberse conocido, como tu misma que te vas con un barrigón tremendo a Supervivientes y te gastas el pastón que ganaste en estirarte la cara y el cuerpo. Los dos son unos acomplejados, uno parece un mono y la otra un llavero, pues que bien. 

José Coronado, ay, si quisieras hablar...

No es por maldad

José Coronado, ay, si quisieras hablar...

Pilar Eyre
Jose Coronado
Gtres
Enfermedades de famosos
Hombre, a ver, no nos hagas esta putada. 
No nos lo merecemos y tus admiradoras ya no estamos para sustos, que tampoco somos unos pimpollos que digamos.
 Y lo hemos pasado fatal con la noticia de que te había dado un infarto. Sí, pero…
Pero entendimos cuánto te queríamos, querido José, ¡no nos habíamos dado cuenta! 
Porque muy sutilmente pasaste de ser el novio guapo de Paola Dominguín a convertirte en actor de verdad, tú mismo has reconocido que al principio lo hacías muy mal, pero ahora tu carisma llena la pantalla y por extensión nuestras pobres existencias. 
Tú, que podrías poner muescas en tu pistola por las bellezas más famosas, vives sin escándalos, tan discreto y elegante que me está costando una barbaridad meter el bisturí en tu vida.
 Ay, si quisieras hablar… Pero no, yo he venido aquí a desearte salud y enviarte este ramillete de flores simbólicas en nombre de todas las mujeres de España.
 

Cárdenas vs. Richard Gere: crónica de un naufragio..... Anxo F. Couceiro

El programa 'Hora Punta' invitó al actor, en un intento -sin éxito- de mendigar algo de carisma atrayendo estrellas internacionales como su gran competidor, 'El Hormiguero'

Cárdenas vs. Richard Gere: crónica de un naufragio
Sí, Richard Gere visitó anoche Hora Punta, el programa de Cárdenas, y el espectáculo fue tan decadente como te imaginas. 
Es cierto que nadie en su sano juicio podría esperarse otra cosa, pero hay algo morboso y hasta cierto punto juguetón en la idea de ver un show agonizante, denostado por la crítica y más bien ignorado por el público, mendigar algo de carisma atrayendo estrellas internacionales al modo de su gran competidor, El Hormiguero.
 De eso trataba la noche, de asestar un puñetazo infantil en la mesa para berrear que ellos también podían hacerse amigos de los famosos.
Sin embargo, nada acababa de funcionar. 
Podremos sentir mucha grima ante la sobreactuación en sostenuto de Pablo Motos bailoteando como un microbio eléctrico, pero nos guste o no el programa funciona.
 Tiene su público, saben crear momentos.
 ¿Es repelente? Puede, pero hay un andamiaje técnico —comandado, entre otros, por Jorge Salvador­— que engrasa la maquinaria del ridi elevándolo hacia lo profesional.
 El programa de Cárdenas, en cambio, carece de personalidad y es incapaz de disimular que está desesperado por encontrarla. 

En España hemos abandonado el late
Desde que Buenafuente quedara relegado al prestigio por cable de Movistar, lo más parecido a este formato (humor + entrevistas a famosos) se encuentra en eso que llamamos access time, donde compiten Hora Punta y El Hormiguero.
 La visita de Richard Gere era la última bala de Cárdenas para intentar decir “aquí estoy yo” (hablamos, en fin, de una persona a la que le encanta decir “aquí estoy yo”), con resultados que sobrepasaron previsiblemente todos los límites del bochorno, como el marcado por este rótulo.
 “Richard Gere interpretó a un indigente en una peli… ¿Qué podemos poner en el printer?” “Richard Gere interpretó a un indigente en una peli… ¿Qué podemos poner en el printer?”
El protagonista de Pretty Woman no se hizo de rogar y entró rápido a plató, con un saludo enrarecido que pronosticaba la avalancha de vergüenza ajena que vendría después.
 Lo hizo acompañado de una intérprete porque le incomodaba el pinganillo para la traducción simultánea.
 Este capricho marcó el ritmo leproso de toda la entrevista, repleta de silencios incómodos: Cárdenas debía negociar, sonrisa elástica y nada creíble mediante, con un océano de bisbiseos entre sus preguntas y las respuestas de Gere. 
Todo resultaba más gélido que el pelo del invitado y más atropellado que la dicción del maestro de ceremonias.
La actitud del programa se parecía a la de una madre que te acoge en casa después de muchos años y te prepara, para comer, tus siete postres favoritos. 
Se desprendía una necesidad histérica de gustar, de caer bien.
 Sólo así se explica la aparición en escena de Lama Wangchen, monje budista a quien Gere conoce desde hace más de treinta años y que fue presentado por Cárdenas como “un amigo común que tenemos, Richard”, para más tarde matizar que se trataba de “el profesor de uno de mis mejores amigos”.
 Uno se imagina perfectamente a Cárdenas sudando en la redacción:

—¿Qué le gusta a Richard Gere?
—¡El budismo!
—¡Pues traigamos a un budista!
Lama Wangchen, groupie
Lama Wangchen, groupie
Como el whathefuckismo iba en aumento, la mesa del programa se fue llenando de colaboradores tan oportunos como la hija de la dobladora de Julia Roberts en Pretty Woman (sí) o José María Iñigo (sí), cuya participación se limitó a una broma capilar (sí) y a besar al invitado (sí). Pero lo más grotesco estaba por llegar.

 Sin que viniera a maldito cuento, Cárdenas empezó a hablar del síndrome de Down.

 Uno podría pensar que Gere lleva una fundación sobre el tema, o algo así, pero no; simplemente, el director de F.B.I. (Frikis Buscan Incordiar) vio pertinente desviar la conversación hacia el carril de la empatía. 

Aquella escenificación grosera de intenciones nobles no podía ser más artificial, tal vez porque resulta difícil creerse al Cárdenas evangélico que hace contorsiones por hacernos olvidar un pasado como entrevistador oficial de Pozí.

 Se dio entrada, pues, al vídeo de una chica afectada por el síndrome, que preguntó al actor si era cierto el rumor de que se llevaba mal con Julia Roberts. 

Gere respondió encogiéndose de hombros, con tono de haber pasado ya cincuenta mil veces por el mismo aro. “Somos amigos, blablabla”. 

Entonces Cárdenas, aterrorizado por la posibilidad de quedar en evidencia ante su estrella, dejó al descubierto su verdadera naturaleza:

 

—Quiero dejar claro que ésta es una pregunta que hace la chica.
Fue un momento bello, de cierta claridad.