Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

16 abr 2017

El año en que fuimos mundiales......................... Luz Sánchez-Mellado ...


En 1992, con la Expo de Sevilla y los Juegos de Barcelona, España se creyó el centro del mundo.

 La corrupción, la globalización y la crisis nos han puesto en nuestro sitio.

El tren monorraíl y la esfera del microclima, símbolo de la Exposición Universal de Sevilla.
El tren monorraíl y la esfera del microclima, símbolo de la Exposición Universal de Sevilla.
Si en 1992 hubiera habido móviles y redes sociales, la memoria de aquel año sería un aluvión de selfis de gente poniendo morritos delante de la isla de la Cartuja en Sevilla y del Estadio Olímpico en Barcelona, y de memes de Curro y Cobi.
 En vez de eso, las fotos de esos fastos, vistas con nuestros pobres ojos curados de espanto, tienen el glamour de la tinta de los periódicos, el satinado de las revistas y los colorines de las recién estrenadas teles privadas. 
Ahí está la familia real de entonces: el rey Juan Carlos, la reina Sofía, el príncipe Felipe —imponente abanderado en el desfile de atletas— y las infantas Elena y Cristina.
 Exultantes de juventud y majestad como si no hubiera un mañana. Pero lo hubo, claro. Y a esas fotos y a esa familia les ha pasado, como a todos, un cuarto de siglo por encima. 
 Veinticinco años con sus bodas, divorcios, funerales, glorias y miserias.
 Si en 1992 en España nos creímos el centro del mundo, el mundo, el tiempo y las crisis nos han puesto en nuestro sitio.


El príncipe Felipe entra en el Estadio Olímpico de Barcelona como abanderado de España en los Juegos de 1992.
El príncipe Felipe entra en el Estadio Olímpico de Barcelona como abanderado de España en los Juegos de 1992.
El 20 de abril del 92 amaneció espléndido en Sevilla.
 En la radio, el número 1 de los 40, 20 de abril del 90, de Celtas Cortos, una historia de sueños rotos, no iba con el ambiente. Se inauguraba la Exposición Universal, el primer cohete de una traca que siguió el 25 de julio con los Juegos de Barcelona, la capitalidad cultural de Madrid y el Museo Thyssen, entre otros petardazos. España volvía a asombrar al globo. 
El muro de Berlín había caído en 1989 y, mientras Occidente bregaba con la crisis del Golfo, el viejo país ibérico, capaz de pasar de la dictadura a la monarquía parlamentaria, un gobierno socialista y 17 comunidades autónomas, dedicaba un ingente chorro de fondos públicos a epatar a propios y extraños.
 El AVE Madrid-Sevilla. La autovía A-92. Puentes por un tubo. 
 El Estadio Olímpico. El Palau Sant Jordi.
 La fachada marítima de Barcelona. Y todo, cuesta creerlo, sin Internet que valiera.
 A cambio, pasión colectiva. Ilusión de país. Legítimo orgullo de pueblo.
 El arquero Rebollo inflamando el pebetero olímpico con su flecha en llamas
. La Fura del Baus incendiando corazones sin más efecto especial que la imaginación y el ensueño. La belleza de los pabellones y el complejo microclima de la Expo, , reducido en la caricatura popular a una nube de rocío que se evaporaba antes de rozar las testas y, cuya adaptación masiva arruina hoy los peinados del personal en terrazas de todo pelaje.
 La oferta enamoraba.
 En 1992, no se era nadie si no se iba a la Expo y/o los Juegos. 
Así, vino Fidel Castro, Gorbachov, Mitterrand, los sosazos de Carlos y Diana de Inglaterra y la totémica Carolina de Mónaco, por no hablar de los héroes olímpicos, de Fermín Cacho a Carl Lewis, que hicieron correr toneladas de papel sin más fallo que algún duende de imprenta, según Joan Tarrida, director de publicaciones del COOB 92 y hoy editor de Galaxia Gutenberg.
 Fuera, la fiesta iba por barrios, claro.
 Sofía Mazagatos, miss España 92, bautizaba la era del candelabro. Había trabajo a espuertas en los sitios de los fastos.
 Los sueldos —y los alquileres y los menús y las camas— triplicaban a los de ahora.
 Victorio y Lucchino no daban abasto a vender trajes de volantes. Rocío Jurado e Imperio Argentina agotaban el papel de Azabache, elevando la copla a los altares intelectuales.
 Los toros eran cita obligada de afición y postureo.
 En Barcelona, Toni Miró vestía a los modernos con cuellos Mao y chaquetas desestructuradas, y Julio Iglesias llenaba el Palau Sant Jordi con el me va, me va, me va, porque a la gente le iba. Atábamos los Cobis —el perrito de Barcelona— con butifarra y los Curros —el pájaro de la Expo— con chacina fina. 
Fuimos, o creímos ser, en fin, Amigos para siempre que cantaban Los Manolos.
l año después, 1993, empezó la cuesta abajo con una crisis que iba a quedarse en depresión poscoito con todo lo que nos quedaba por ver con estos ojos.
 Las infantas se casaron. Elena en Sevilla, con un hidalgo que acabaría siendo el primer divorcio de su casa.
 Cristina, en Barcelona, con un medallista olímpico que iba a romper para siempre el cuento de hadas. 
Al ir bajando la marea del despilfarro, empezó a emerger la ponzoña de la corrupción y la indecencia.
 Poco a poco, perdimos la inocencia, los nervios y los papeles.
 Con la convulsión del 11-M. Con la grieta de la depresión de 2007, de la que aún andamos agua al cuello
. Con la inmolación de Zapatero aceptando los recortes de la UE. Con la eclosión del 15-M y los indignados.
 Con la abdicación del rey Juan Carlos tras “la equivocación” de Botsuana.
 Con la deriva separatista de muchos de quienes aclamaron al príncipe Felipe, hoy rey de España. 

Este 20 de abril del 2017, suena el número 1 de los 40, Súbeme la radio, de Enrique Iglesias hijo.
 Los toros agonizan.
 ETA depone armas mientras lobos islamistas arrollan a la multitud en cualquier plaza de Europa. 
 El arquitecto sevillano Santiago Cirugeda, que casi perdió el curso de tanta juerga, recuerda la Expo como un fiestón del que aún andamos recogiendo la basura.
 Él mismo todavía coloca rampas de edificios de la Cartuja en otros de Sant Boi, en un poético bucle del destino. 
Ahí fuera, millenials y ancianos se acribillan a selfis en los marcos incomparables de los fastos para subirlos a Facebook o Snaptchat. El mundo es el mismo, pero es otro. 
Más grande, más pequeño. Poco sentido tendría hoy una Expo Universal cuando se tiene el globo en la palma de la mano, y Barcelona tiene el World Mobile cada año. 
El sociólogo José Juan Toharia destaca nuestra capacidad de aguante. Hemos resistido, resistimos y resistiremos, vaticina.
 Y nosotros que lo veamos.

 

El gran silencio de Joseph Ratzinger......................... Daniel Verdú .

La disminución de la fuerza física de Benedicto XVI, que cumple hoy 90 años, subraya la conveniencia de su histórica renuncia hace ahora 4 años.

El papa emérito, Benedicto XVI, en una imagen de 2015.
El papa emérito, Benedicto XVI, en una imagen de 2015. AP
La mente permanece lúcida, pero las fuerzas, relatan quienes le ven habitualmente, apenas alcanzan para dar unos pasos acompañado de un andador.
 Cuando no era así, hace ahora algo más de 4 años, Joseph Ratzinger, el primer papa emérito, dio el paso al lado más importante que se recuerda en el Vaticano. 
Desde entonces, vive en el convento de monjas Mater Ecclesiae, a escasos centenares de metros del papa Francisco. 
Ambos visten prácticamente igual, pero Benedicto XVI lo hace retirado de la vida pública, en silencio y oculto, tal y como prometió.
 Hoy cumple 90 años.

 Joseph Ratzinger (Marktl am Inn, 1927) es un anciano con dificultades físicas —incluidas de oído y visión—, que afronta la última etapa de su vida con una discreción absoluta. 

Se entretiene a diario leyendo dos periódicos alemanes, pero también L'Osservatore Romano (el periódico del Vaticano), L'Avvenire y una reseña de prensa que le prepara la Secretaría de Estado.

 Cada noche, mira un telediario y, cuando las manos no le fallan, todavía se sienta al piano para tocar algunas piezas. Hoy, día de su cumpleaños, le visitará su hermano Georg (93 años) y mañana, para no interferir en los ritos del Domingo de Resurrección, realizará una pequeña celebración al estilo bávaro, según ha contado a La Repubblica su secretario personal y mano derecha, Georg Gänswein, en la que también estará el primer ministro de Baviera, Horst Lorenz Seehofer. Todo está diseñado estos días para colmar su discreta felicidad.

Los útlimos días de Benedicto XVI en las silla de Pedro, sin embargo, fueron mucho más complicados. 

Acosado por los escándalos de pederastia y la incesante cascada de indiscreciones que emanaban del caso Vatileaks —propiciadas por la dolorosa traición de Paolo Gabriele, su secretario personal—, abrieron la tertulia global sobre los motivos de su renuncia.

 “Un pastor rodeado por Lobos”, le definió el siempre contenido L'Osservatore Romano. 

 “Las aguas bajaban agitadas, el viento soplaba en contra y Dios parecía dormido, ..”, dijo él mismo en su despedida acudiendo al Evangelio. 

 Agotado físicamente desde hacía meses, Ratzinger, el gran teólogo que en ocasiones pudo dar la impresión de estar más ocupado de las cuestiones del cielo que de las de la tierra, tomó de forma silenciosa la decisión más mundana que podía imaginarse. 

“Mi momento había pasado, di todo lo que podía dar”, reveló a Peter Seewald en las charlas que dieron pie en 2016 al libro/testamento Últimas conversaciones.

 La renuncia , que apenas conocían cuatro personas, se fraguó en agosto de 2012.

 Más allá del agotamiento físico evidente, se habló entonces de presiones internas, de "cuervos" acechando y de un cierto acorralamiento.

 El padre Federico Lombardi, presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger y portavoz del Vaticano durante el papado de Benedicto XVI y parte del de Francisco, rechaza de plano esa idea. 

 “Lo de las presiones no tiene ningún fundamento. Cualquier persona de buen sentido se da cuenta de que si él sentía esa fatiga hace 4 años, ahora solo puede ser mayor. 

Tomó libremente la decisión, delante de Dios, pero con consideraciones muy evidentes y razonables. 

Se sentía cansado para hacer viajes, celebraciones, audiencias. Y eso se ha ido confirmando con el paso del tiempo.

 Fue una decisión del todo razonable, y el tiempo no hace más que confirmarlo”, insiste Lombardi, buen conocedor del periodo de transición entre ambos papas. 

 Justamente, entre las visitas que recibe a menudo Ratzinger  —incluido esta última semana para felicitarle el cumpleaños y la Pascua— ha sido relativamente habitual la del papa Francisco, con quien ha mantenido una fluida relación estos últimos 4 años, pese a la insólita situación que se creó aquella noche del 28 de febrero, cuando se hizo efectiva la renuncia. Nunca antes dos papas habían convivido a tan pocos metros. Jorge Mario Bergoglio le pide a menudo que rece por él e, incluso, le ha mostrado importantes documentos como la controvertida y avanzada exhortación apostólica Amoris Laetitia.

 Ratzinger, mucho más inclinado a la ortodoxia que su sucesor, nunca ha opinado públicamente sobre ninguno de estos asuntos, aunque sería fácil situarle en las antípodas de este nuevo estilo de pensamiento y gestión en el Vaticano.

Los Reyes, sus hijas y doña Sofía asisten a la misma de Pascua en Palma


El fin de la ilusión por las rebajas........................ Fernando Barciela

La moda 'low cost' y las bajadas de precios condenan a la desaparición a una institución comercial.

Unas jóvenes se sacan un 'selfie' en el Primark de la Gran Vía de Madrid, uno de los símbolos de la moda 'low cost'
Unas jóvenes se sacan un 'selfie' en el Primark de la Gran Vía de Madrid, uno de los símbolos de la moda 'low cost'
La crisis de las rebajas como "institución comercial" asentada en la conciencia de los españoles ha estallado en 2017 con mayor crudeza tras años de desgaste.
 Como si nunca hubieran existido, las rebajas del pasado mes de enero no solo no incrementaron las ventas, sino que éstas descendieron un 0,1% en el comercio minorista, algo que sucedía por primera vez después de 28 meses consecutivos de crecimiento. Toda una desagradable sorpresa, ya que las asociaciones comerciales preveían un aumento del 5%, lo que se iba a traducir en una facturación adicional aproximada de 4.000 millones de euros.
La debacle, que ha afectado básicamente a los pequeños comercios multimarca (las grandes cadenas sí han elevado su facturación), ha acentuado la sensación de que el sector sigue inmerso en una auténtica revolución copernicana que dará al traste con todo lo viejo, rebajas incluidas.
 Estos descuentos tienen cada vez menos atractivo sobre una masa de consumidores que hace dos décadas hacían cola a las puertas de las tiendas para abalanzarse sobre esas prendas que estaban un 80% más baratas.
 Y eso no se debe a la casualidad, sino a que la industria ha cambiado de tal modo sus formas de vender y los clientes su manera de comprar, que ya nada es ni será como antes.
"Tanto es así que las rebajas ya son una reliquia del pasado", apunta Josep-Francesc Valls, catedrático de ESADE Business School. 
Una práctica que, según el experto, "está condenada a desaparecer a medida que se implantan nuevos sistemas de descuento concretos como el Black Friday".
Estamos, pues, ante el aparente final de una tradición muy larga. Para Fernando Reguero, fundador de Trucco y su máximo ejecutivo, "la receptividad del público ante las rebajas ha cambiado drásticamente. 
 La mayor afluencia de clientes no se traslada tanto a las ventas". En opinión de este empresario, "ante la inmediatez de la oferta y la alta rotación del producto que se ofrece, el consumidor no está dispuesto a esperar hasta rebajas".
 De hecho, según los expertos, los descuentos de la campaña de Navidad han perdido entre el 40% y el 50% de volumen desde el inicio de la última crisis.
 ¿Qué ha pasado entonces a lo largo de los 17 años de este siglo para que algo tan entroncado con los hábitos de los españoles esté a punto de desvanecerse?
 Básicamente, que la moda se ha democratizado de tal modo —y en España más aún que en el resto de Europa— que nadie tiene por qué esperar a las rebajas para comprar barato.
 Los precios están siempre bajos.
 Desde el pequeño comercio se ha acusado a la guerra permanente de promociones, descuentos, saldos y liquidaciones protagonizados por las grandes cadenas como el motivo principal de que las rebajas hayan perdido atractivo.

Todo el año a la baja

"El hecho de que a lo largo de la temporada se hagan promociones permanentes", se queja Ángel Asensio, presidente de Fedecom, la patronal de la industria de confección, "hace perder fuerza y atractivo al periodo de rebajas.
 El consumidor ya se ha acostumbrado a encontrar descuentos y ofertas que provocan la falta de interés por los periodos propiamente dichos de rebajas".
 A todo esto, se suman los cambios legislativos que liberalizaron en 2012 las fechas y condiciones de las rebajas, antes limitadas a dos tramos anuales, enero y julio, y ahora aplicables en cualquier momento del año, cuando el vendedor quiera y durante el tiempo y las veces que quiera.
 Esta novedad es la que ha dado la puntilla a esta institución del consumo español.
La dura competencia en el mercado de la moda ibérico, uno de los más competitivos de Europa, no ha dejado a las empresas otra solución que practicar políticas de precios bajos de forma constante.
 Una situación que se ve intensificada por la profusión de enseñas de bajo coste o segmento medio en España. 
Mientras que en Francia, Italia o Reino Unido las grandes marcas —Burberry, Versace, Armani, Hugo Boss, Diesel, Hermes, por mencionar algunas— se dedican al segmento de alto poder adquisitivo, en España se han posicionado en ese tramo que va del bajo coste al lujo asequible, algo que tuvieron que hacer ya que carecían de la imagen de marca y tradición con la que se presentan ante los compradores franceses o italianos. 

Otra razón de la presión por vender a bajo precio en España —marcada por la rápida expansión de enseñas internacionales como H&M y Primark— se debe a la tipología del cliente español, al que no le gusta invertir mucho en ropa.
 Mientras que un francés o italiano ve normal pagar 100 euros por una camisa y 200 euros por unos zapatos —basta detenerse en cualquier tienda de Milán o París para comprobarlo—, en España el consumidor se ha habituado a pagar 30 euros por una camisa y 70 euros por un par de zapatos.
La crisis no ha hecho más que intensificar esta tendencia.
 Ante las fuertes caídas en el mercado de la moda, las empresas han tenido que bajar precios, lo que ha acabado por convertir a España en un auténtico paraíso del low cost del textil y el calzado.
 Ese cambio, explica Maite Aranzabal, profesora de IE Business School, "se produce sobre todo a partir de 2007.
 Las ventas del comercio de moda y accesorios caen siete años consecutivos, crecen un poco en 2014 y 2015 y vuelven a caer en 2016".