Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 feb 2017

Verdaderos padres.....................................Rosa Montero

Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres en el momento de tener hijos nos haría más libres, más completos y más felices.
COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
A VECES, COMO HOY, siento un cansancio infinito cuando me pongo a pensar en el tema del sexismo. 
Llevo toda la vida teniendo que pelearme contra los estereotipos de género, los del entorno y los que yo misma arrastro, puesto que todos hemos sido educados en el machismo.
 Me recuerdo con 19 años buscando trabajo como periodista al final del franquismo y recibiendo la desfachatada respuesta de que no contrataban mujeres (por entonces hacer eso no era ilegal).
 Hasta mayo de 1970, la mujer casada en España no podía abrir una cuenta en un banco, comprarse un coche, sacarse el pasaporte o empezar a trabajar sin el permiso del marido, que además podía cobrar el salario de su esposa.
 Esta legislación brutal nos educó a muchas españolas en el aborrecimiento del matrimonio.
 La situación ha mejorado mucho, desde luego.
 A veces, durante la batalla de todos estos años, he sentido momentos de exaltación: dos o tres generaciones de hombres y mujeres estábamos acabando con una discriminación de milenios. Hay razones para sentirse satisfechos.
 Pero también hay miles de datos para horrorizarse: el maltrato, la tortura, el asesinato constante de las mujeres en el mundo por razones supuestamente religiosas o políticas, pero en el fondo por puro y aberrante machismo. 
Y la absoluta falta de atención que las instituciones democráticas le prestan a esta constante carnicería.
 Todavía estoy esperando que la comunidad internacional decrete algún embargo económico (como se hizo, por ejemplo, contra el apartheid de Sudáfrica) para luchar contra la multitud de niñas mutiladas genitalmente, de mujeres esclavizadas por el integrismo islámico, de jóvenes asesinadas por supuestos delitos de honor.
Pero es que además las cosas parecen ir a peor.
 En menos de una semana he podido ver en la prensa noticias tan reveladoras como la de Trump, apresurándose a firmar en sus primerísimos días de mandato un decreto contra la financiación a grupos de apoyo al aborto, o la de Rusia, que acaba de despenalizar la violencia doméstica con el fin de apoyar la autoridad paterna. Por cierto que en Rusia muere asesinada una mujer cada 40 minutos y otras 36.000 son golpeadas diariamente por sus maridos. 
Por no hablar de esa mujer empalada y violada en Colombia, un feminicidio más entre miles.
 Sí, a veces agota esta pelea desesperada por la supervivencia. A veces me siento como Sherezade, la de Las mil y una noches, que tiene que encontrar la manera de convencer día tras día al rey para que no la mate al amanecer. 
¿Cómo apaciguar esa ferocidad de tantos hombres, cómo curarles de su miedo y su odio a la mujer, de su violencia? Y sin ejercerla nosotras, por instinto nos saldría hacerlo, pero ellos parece que no saben controlarse.

Pues quizá cambiando la educación y las costumbres. 
Y en concreto hay un cambio social que nos estamos jugando estos días y que puede suponer un verdadero avance igualitario. Hablo de los nuevos permisos de paternidad. Nos dicen que la propuesta de Ciudadanos es un avance: ocho semanas intransferibles y pagadas para hombres y mujeres, y diez semanas más de libre distribución a repartir entre ambos.
(Sin Paga Extra, naturalmente) Pero, como sostiene la feminista Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles para Nacimiento y Adopción (PPIINA), en realidad es una trampa.
 Numerosos datos internacionales demuestran que los hombres solo se toman aquellos permisos de paternidad que son intransferibles y pagados: ni siquiera funciona que les incentiven.
 O sea, que las mujeres seguirían asumiendo más del doble del tiempo.
 Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres permitiría que el empleo femenino no se resintiera por la maternidad; que las mujeres no fueran vistas (por el entorno y por ellas mismas) como las inevitables y únicas cuidadoras familiares; que los hombres aprendieran a hacerse cargo de sus hijos en soledad, cosa que contribuye a disminuir la violencia familiar, según varios estudios.
 Es una medida posible, está a nuestro alcance y cambiaría la realidad de forma notable. Sí, a veces te acomete un cansancio infinito. Pero también sientes esperanza, como ahora.
 Con un pequeño paso, hombres y mujeres podemos ser más libres, más completos y más felices.
 Porque el rey de Las mil y una noches que degollaba todas las madrugadas a sus amantes era un pobre enfermo desesperado y solo.de pobre nada, incapacitado para vivencias de otro tipo si.

Obras y alardes.........................................Javier Marías......

Si se me anuncia un clásico, Shakespeare de nuevo, confío en que el montaje no lo tome como mero pretexto para lucimientos diversos.
Javier Marías
NO SÉ si fue así, me lo han contado: al parecer, según el programa de la SER de Gemma Nierga, hace unas semanas se me instó a “aclarar las palabras” de mi columna Ese idiota de Shakespeare ­(22-1-17) en presencia de la excelente actriz Blanca Portillo, y “mi equipo” declinó la invitación. 
Como no se refirieran al Real Madrid, ignoro de qué “equipo” hablaban, pues no tengo de eso. 
Nadie me llamó en todo caso, ni a nadie a mí cercano. 
Vaya este preámbulo para que Blanca Portillo no me crea tan descortés con ella como desabrida ha sido ella conmigo. 
Otras colegas suyas han sido agresivas o groseras, soliviantadas ante dicha columna. 
No sé si vale la pena explicar algo, dado cómo lee hoy mucha gente, o cómo decide leer, y atribuirle a uno lo que no ha escrito en absoluto. 
 Pero que por mí no quede.
Numerosas veces he protestado del IVA punitivo con que este Gobierno grava el teatro y de los sueldos de las mujeres
Dije que hacía años que no iba al teatro para no exponerme a sobresaltos.
 Eso no significa que no haya ido mucho ni que no pueda regresar mañana.
 Numerosas veces he protestado del IVA punitivo con que lo grava este Gobierno, y en cuanto a los sueldos de las mujeres, véase mi artículo Trabajo equitativo, talento azaroso, de no hace ni tres meses, para saber mi postura ante esa injusticia.
 De lo que hablé fue de un tipo de teatro, que abunda desde hace ya lustros, en el que el texto es lo secundario.
 Soy un espectador –y un lector– a la vez ingenuo y resabiado. Resabiado porque he visto y leído no poco, y sobre todo porque me dedico a escribir ficciones y el primer obstáculo con que me encuentro es que en principio me cuesta vencer mi incredulidad ante lo que invento y narro. 
Así que me exijo (seguramente no lo bastante). Fue el poeta y crítico Coleridge quien en 1817 acuñó la expresión “voluntaria suspensión de la incredulidad”, que desde entonces se ha aplicado a lo que todos necesitamos para adentrarnos en casi cualquier obra ficticia, sea fantástica o realista.
 Cuando uno va al teatro, sabe que está en el teatro; no ha olvidado que viene de la calle y que ha dejado a los niños con la canguro. Cuando la función empieza –y aquí entra el espectador ingenuo que soy–, uno precisa algo de ayuda por parte de quienes la llevan a cabo, no lo contrario.
 Si uno se propone contemplar una obra, claro está, y no un “alarde” escénico, interpretativo o circense.
 Hay quienes van a ver esto último precisamente, y son muy dueños. 
Pero si a mí se me anuncia un clásico, Shakespeare de nuevo, confío en que el montaje no vaya contra él, o que no lo tome como mero pretexto para lucimientos diversos. 

Si Glenda Jackson hace de Rey Lear, dije, me resulta imposible creérmelo: estaré viendo a Jackson todo el rato, por magnífica que sea su interpretación, lo que no pongo en duda.
 Mencioné un montaje inglés de Julio César en una cárcel de mujeres y con elenco exclusivamente femenino, y añadí: “La verdad, para mí no, gracias”.
 No sostuve que eso no debiera hacerse ni critiqué a los que van a verlo. Allá cada cual, faltaría más que no pudiéramos elegir espectáculo. 
Ahora se da esta moda, pero la contraria me impide suspender mi incredulidad igualmente, y por eso me referí a la Celestina del admirable José Luis Gómez.
 Hace décadas Ismael Merlo interpretó a Bernarda Alba, y lo lamento, no podía dejar de reconocer a Merlo, esforzándose.
 Si a Laurence Olivier se le hubiera antojado encarnar a la Reina Gertrudis en vez de a Hamlet, por bien que hubiera hecho su trabajo, habría visto a Olivier haciendo un alarde y no me habría creído su personaje.
 Como si a John Wayne le hubiera dado por hacer de Pocahontas o Clark Gable se hubiera empeñado en ser Escarlata O’Hara, afeitado el bigote y cuanto ustedes quieran.
A quienes escribimos ficciones nos acechan las inverosimilitudes por todas partes.
 Dejó de interesarme la celebrada House of Cards cuando el Vicepresidente estadounidense (Kevin Spacey) mata con sus propias manos a una periodista en el metro … y nadie lo ve, ni lo capta una cámara.
 Lo siento, pero un Vicepresidente no está para esos menesteres. 
Se los encarga a un sicario, a través de intermediarios; como mínimo, a su esbirro de mayor confianza.
 Uno recobra la incredulidad muy fácilmente, por un detalle o una vuelta forzada del argumento, por falta de ayuda.
 Hablé de la costumbre de convertir en nazis o gangsters a los personajes shakespeareanos.
 Aparte de vetusta (el primero en vestirlos como a Goebbels fue Orson Welles hacia 1940), se hace arduo situar en esas épocas a un Macbeth que cree en profecías de brujas.
 Es lícito “recrear” o “reinterpretar” a los clásicos, pero prefiero que se me advierta que voy a contemplar algo “inspirado” en ellos, y no Fuenteovejuna de Lope o Enrique V de Shakespeare. 
Hablo por mí –hay que insistir, cielo santo–, como espectador resabiado e ingenuo. 
Se me ha reprochado, por último, opinar lo que opiné desde EL PAÍS y siendo miembro de la Real Academia, una “irresponsabilidad”.
 Veamos, ¿por escribir en este diario debo limitar mi libertad de opinión? ¿Por pertenecer a la RAE debo inhibirme y domesticarme? Pues ni lo sueñen. Menuda ganancia.
Y entrando en una opinión muy personal, pero sin justificarme, tanto Blanca Portillo como Glenda Jakjson, son mujeres feas, muy buenas actrices, buenisimas pero feas. ¿No hay actrices guapas que no sea Penelópe Cruz ,por ejemplo que hagan de Hombre?. Yo vi otra Casa de Bernarda Alba por ese actor más bien bailarín de zapateado y cada vez que pienso en la obra me sale él bailando.......no nos confundamos, ni los feos son buenos actores ni los guapos Malos malisimos. Dejemos a Nuria Spert para otro momento , que se me clavó una banderilla en su peli:A las cinco de la tarde".Tb recuerdo a un Terenci Moix que realizó, ya no me acuerdo que obra, es posible que fuera Macbhet? en catalá en el claustro de Sant Cugat:"BUfa la tramontana", creo que era Hamlet, su novio por aquel entonces.Pues sonaba muy raro, la verdad.

La derrota de Errejón...................................... Antonio Elorza....

El 'número dos' de Podemos fue incapaz de desarrollar sus críticas en Vistalegre, envuelto en el ambiente unitario.

NO SE TRATABA DE ESO, NO, NI De Derrotados y vencidos.

ERREJÖN NO ES INCAPAZ; TIENE MUY BUEN VOCABULARIO PARA EXPRESAR SUS INTENCIONES.

Tampoco se trataba de uno u otro sino de acercar lo más posible dos posturas, PODEMOS no puede permitirse dos partidos ni dos líderes Pablo, creía que serías más eficaz, un partido así fraccionado puede que no nos guste ya. y Desencantados ya andamos de sobra para que nos desencanten más.

 
Íñigo Errejón, este sábado, en Vistalegre.
El fracaso de la estrategia política de Podemos a partir de las elecciones del 20-D tuvo un inevitable impacto sobre su grupo dirigente.
 Íñigo Errejón fue la cabeza visible, pero el malestar alcanzó a otros miembros destacados, por considerar que con el maximalismo Podemos había desempeñado el papel del mal puntillero, permitiendo la recuperación electoral y el mantenimiento en el poder del PP
. Además, por excesivas ambición y torpeza —más la radicalización forzada por la coalición con IU—, quebró el sorpasso y también la posibilidad de una captación del PSOE desde una oferta real de colaboración.
 La organización piramidal, con un vértice todopoderoso en manos de Pablo Iglesias, aparecía asimismo como clave de lo que acabó en una huida hacia adelante, volviendo al culto a las movilizaciones y al enfoque antisistémico.(Por cierto, dejen ya de decir sorpaso, odio ya esa palabra) 
Las dos visiones consiguientes, definidas por Pablo Iglesias y por Errejón, hacían augurar algo importante: la puesta en cuestión en Podemos del monolitismo y de la prioridad de ganar a cualquier precio, atendiendo tras la pérdida de votos a insistir en la transversalidad de sus apoyos sociopolíticos.
 No ha sido así, ya que siendo candidato único a la secretaría general, Iglesias pudo presentarse como garantía también única de la continuidad de la línea política hasta entonces seguida, frente a un vacío que pudiera resultar de la aceptación de las críticas de su excolaborador, bien explícitas por añadidura. 
Para evitar dudas, recordó que no seguiría como líder si su posición política era derrotada en la asamblea estatal.
 La jugada de Errejón, consistente en cambiar de política sin un reto perdedor a Iglesias, tenía así pocas posibilidades de éxito. 

Menos aún porque muy pronto Iglesias evitó el cuerpo a cuerpo ideológico, sirviéndose de sus colaboradores más cercanos, desde el "Íñigo, así no", para desplazar el conflicto a la esfera personal. Monedero y otros añadieron que en las posiciones de Errejón había ambición de poder. 
Y la bola de nieve creció día a día, por encima de las cuestiones de fondo.
Vistalegre 2 se abrió al grito de "unidad, unidad", y el puño cerrado se impuso a la uve.
 Para evitar riesgos, la organización dio solo 10 minutos a la defensa de cada ponencia política.
 Argumentar, misión imposible.
Precedido de una seguidora que exaltó la unidad y la movilización permanente, Iglesias logró resumir su propuesta centrada en esa conquista del Gobierno a conseguir en 2020. 
Ahora resulta que siempre valoró positivamente la Transición, pero que desde 2007 hace falta otra, un nuevo contrato social que está al alcance de un Podemos cohesionado bajo su dirección.
 ¿En qué consistirá, más allá de acabar con el PP y de gobernar para "la gente"? A continuación, Errejón fue incapaz de desarrollar sus críticas, envuelto en el ambiente unitario
Si bien no habló de la "triple alianza", puso sucesivamente tibios a PP, Ciudadanos y PSOE.
 Insistió en el avance imparable de Podemos.
 Entonces, ¿para qué lanzarse a plantear una enmienda de fondo si la convergencia/subordinación resulta aceptada de antemano?
Esto parece ya La Guerra de las Galaxias, pero ¿Quién lleva el traje Negro? ¿NO sabe Errejon, que realmente sabe mucho, quién es el "malo" ?
Es que los malos van cambiando, 1º fue Monedero que de golpe y después de desayunar con Carmen Lomana dejó de hablarse con Iglesias, entonces Errejón y él iban como dos buenos colegas de Facultad, olvidando las puñaladas que da la presentación a Rector o cualquier carguito que tengan allí.
Lo lamento Errejón porque sabes mucho, hablas muy bien y eres un niño muy mono.
Iglesias o se pone botox en el entrecejo y alguna hidratante o no le votan, parece que esté siempre enfadado, y una persona enfadada no logra retener "amigos" es decir "Votos". Bye bye ...

 

11 feb 2017

Eduardo Casanova, el alma oscura de color rosa.... Gregorio Belinchón



El actor Eduardo Casanova, en la alfombra roja de los Premios Goya, el pasado 4 de febrero. JUAN NAHARRO GIMÉNEZ WIREIMAGE
El mundo en que vive Eduardo Casanova es rosa.
 Literalmente. Su casa es rosa.
 Su primer largometraje, Pieles, se zambulle en el rosa.
 Pero ese color arrasa en la forma, no en el fondo. Ahí, en el corazón de una película que hoy concursa en la sección Panorama de la Berlinale, vive el negro.
 Y el actor, que a sus 25 años acumula varios cortometrajes y videoclips como realizador, acaba definiéndose con rotundidad disfrutando de ese fondo. 
Como cuando apunta: "No me interesa nada la paciencia". O el momento en que insiste: "Vivo en el mundo que yo creo. Es más cómodo y menos aburrido.
 La normalidad es complicada para mí. Puede que sea oscuro, pero en un entorno rosa. Soy contradictorio. Como Pieles".
En su película se entrecruzan los pasos de mujeres sin ojos, chicas con el ano en la cara (al tener al revés el aparato digestivo), quemados, rostros desfigurados... "Defiendo la lucha por la autenticidad, por ser uno mismo. 
Solo se es guapo si eres fiel a lo que está en tu interior. 
 Ahora bien, ese interior suele ser retorcido, porque los humanos somos así. 
Pieles apuesta porque uno tiene todo el derecho a no aceptar cómo es.
 De ahí nace el respeto que apoyo.
 No de esa falsedad de 'Soy gordo y me acepto gordo'; sino de que hagas lo que que quieras hacer, por encima de las obligaciones sociales".
 Y para Casanova vale lo mismo "que quieras tener la cara quemada como que no la quieras", como en el caso del personaje que encarna Jon Kortajarena.