Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 ene 2017

Nuria Espert sobre Celia Mayer: “No estoy segura de que sepa ni leer”

La actriz dice que votó a Manuela Carmena, pero que a la alcaldesa no le interesa nada la cultura.

Nuria Espert, en los Premios Príncipe de Asturias de 2016. WIREIMAGE
Nuria Espert, actriz de cine y teatro, y también directora teatral y de ópera, ha criticado hoy la falta de interés por la cultura de todos los partidos políticos y gobiernos, desde el de Mariano Rajoy hasta el de Manuela Carmena, de la que ha dicho que ha puesto la cultura a cargo de alguien (la concejala Celia Mayer)  de la que duda si sabe leer.
Así lo ha manifestado hoy Espert en una conferencia de prensa en el teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria en la que ha presentado dos funciones de la obra 'Incendios' que pondrá en escena este fin de semana.

Espert ha subrayado que considera que esa carencia se da en todos los partidos políticos, sin distinción de siglas o tendencias, y que prueba de ello es cómo han actuado tanto Mariano Rajoy (PP) como la alcaldesa Manuela Carmena (Ahora Madrid).
"Una señora que yo voté y que es una señora estupenda, que es una juez y tal, pero a quien la cultura no le interesa para nada, y que ha puesto la cultura en manos de alguien que no estoy segura de que sepa ni leer", ha opinado.
Para la actriz y directora de teatro, quienes han ocupado cargos públicos de responsabilidad durante toda la democracia "nunca han tenido la cultura como un factor importante en sus decisiones". "Ellos no saben que la cultura es la que cambia la manera de pensar.
 Ellos creen que son los votos, pero los votos tienen que ganarse culturalmente, a través de la reflexión, a través del engrandecimiento", ha sostenido la ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Artes de 2016.

Y ha querido subrayar que ese desinterés "no es nuevo", porque existe desde la época en que se produjo la Transición de la dictadura a la democracia actual, según ha dicho, aclarando que solo se refería a las últimas décadas de la historia del país al entender que era mejor "ni hablar del periodo anterior".
Ha subrayado que esa postura ha persistido hasta el presente, como demuestra el hecho de que en el periodo de casi un año que transcurrió desde que finalizó la legislatura el anterior Gobierno presidido por el líder del PP, Mariano Rajoy, hasta que consiguió formar un nuevo Ejecutivo, "durante todo ese tiempo", a su juicio, "la palabra cultura no ha circulado para nada".
Puesto que, según ha argumentado, mientras se dilucidaba quién presidiría finalmente el país, "de los cuatro aspirantes a La Moncloa, ni uno solo de ellos habló de cultura ni de qué le pasa a nuestro país con la cultura". 
 

 

Sabina regresa con un nuevo videoclip

El autor de '19 días y 500 noches' adelanta 'Lo niego todo', un tema de su próximo álbum.

El videoclip de Lo niego todo, en blanco y negro y rodado a finales de 2016 en diferentes localizaciones de Madrid, encaja de manera impecable con lo que representa la canción y nos da una visión de la trayectoria de Joaquín Sabina desde un enfoque muy personal. 
El creador de 19 días y 500 noches o Física y Química también ha dado a conocer este viernes el making of del rodaje del nuevo videoclip.
LO NIEGO TODO

 

Hágase la luz… y la luz subió................... Diego Crescente...........

La lógica de hacernos pagar por algo que no consumimos parece ser asumida por todos los grupos parlamentarios.

Imagen de un tendido eléctrico. EFE
Pocos productos son tan etéreos como la luz. Es un bien que sabemos que está, pero no podemos tocarlo.
 Por desgracia es un bien del que nos acordamos cuando nos falta o cuando no podemos pagarlo.
El componente sociológico de la luz es claro.
 Pocos productos llenan más titulares.
 Ni siquiera lo hace el agua, producto esencial por excelencia y más vital que la luz, pese a que su precio puede variar casi un 350% en función de la ciudad donde la consumamos o que su coste se haya disparado casi un 10% debido a los costes de tratamiento.
 

En este panorama surge la demagogia sobre el precio de la electricidad y la factura de la luz, que mantienen la misma relación que existe entre el todo y las partes y que en manos de la política pueden convertir un problema coyuntural en un desastre estructural. El Gobierno ha reaccionado como en el pasado, interviniendo en el mercado, pero las medidas anunciadas para rebajar el coste no repercutirán sustancialmente sobre la factura, es decir, en lo que pagamos realmente por la luz.
 Pueden llegar a llenar titulares, pero no solucionarán el coste final que pagamos entre todos.
Para entender este razonamiento es fundamental comprender que el precio de la electricidad representa el coste de la energía, es decir, el producto.
 El precio varía en función de diferentes factores como el petróleo, la climatología, las diferentes tecnologías que operan, pero todas ellas tienen un elemento en común: son costes naturales.
Por su parte, la factura eléctrica incluye el precio de la electricidad —de ahí la relación entre el todo y las partes—, pero además refleja otros muchos componentes que tienen otro patrón común: son costes artificiales.
 Dependen de la voluntad del Gobierno e históricamente suponen el cajón de sastre de la economía española.

 

Si había alguna partida que necesitara financiación, para eso estaba la factura de la luz: “la factura de la luz lo soporta todo”. 
Esta lógica de hacernos pagar por algo que no consumimos parece ser asumida por todos los grupos parlamentarios cuando en su mano está bajar el 50% el precio de la factura eléctrica hoy mismo. Es decir, nuestro derecho a pagar el precio real del producto, de lo que consumimos.
Una barra de pan puede costar 45 céntimos.
 Imagínese que baja a comprarlo y en lugar de 45 le hacen pagar 90. 
El panadero le explica que se debe a que 10 céntimos van a parar al ministerio de Agricultura, 10 a otras empresas para que no coman pan, 20 al ministerio de Hacienda, 10 a un tipo de harina que ya no se fabrica…
 Eso es exactamente lo que ocurre con la factura de la luz en forma de impuestos especiales, interrumpibilidad, pagos por capacidad, más impuestos, subvenciones, etcétera.
En definitiva, el precio de la luz se multiplica debido a unos costes que no obedecen a la dinámica del mercado y sin embargo, tratamos de influir precisamente en él, que demuestra ser el único que responde a cierta lógica económica. 
En términos absolutos, el precio de la electricidad apenas es un 35% del total. 
¿No será más eficaz tratar de actuar en el 65% restante? 
Esto supondría acabar con gran parte de los problemas de pobreza energética y competitividad del país.

Sobre el papel, la medida estrella del Gobierno, bajar artificialmente el precio del gas para abaratar el coste de los ciclos combinados, puede contribuir a disminuir el precio de la electricidad.
 Pero, ¿alguien se ha parado a pensar que España no produce gas y que los precios de esta materia prima nos vienen marcados desde el extranjero? 
 ¿Y si por esta medida hacemos que el gas multiplique por dos su precio? No se preocupen: probablemente, mientras se elabora la medida el mercado haya cambiado y tengamos un nuevo remiendo en un conjunto de parches que dejó, hace mucho tiempo, de ser un traje.
Como dirían los Stark, el invierno ha llegado y el frío que estamos sufriendo pone en evidencia un sistema que todos hemos construido, todos hemos disfrutado (cuando los precios de la electricidad estaban por los suelos) y entre todos debemos pagar puesto que, como en este caso dirían los Lannister, los consumidores, por desgracia, siempre pagamos nuestras deudas. Ahora bien, en manos del regulador está que debamos pagar un coste inasumible o por el contrario su precio justo.
Diego Crescente es socio de MAS Consulting Group, firma especializada en asuntos públicos y relaciones gubernamentales. Fue director de Comunicación del ministerio de Industria durante los años 2008 - 2011.

Latinoamérica no quiere verse en el cine....................... Gregorio Belinchón


Gael Garcia Bernal, en un fotograma de 'Neruda'.
El mercado tiene 632 millones de potenciales clientes. Más de 400 hablan castellano y el resto, portugués.
 Es Iberoamérica.
 Cualquier otro sector industrial se pegaría por números así. 
Y sin embargo, el cine de la zona, por razones muy diversas, no acaba de encontrar su camino hasta este vasto público.
 Desde hace décadas, las películas hispanoamericanas no logran enganchar a los espectadores más allá de sus fronteras nacionales. 
Sí, crecen las cuotas de mercado en cada país. 
Pero, ¿por qué un argentino no ve cine colombiano? ¿Por qué a un español no le interesan las películas mexicanas? ¿O un uruguayo no se acerca a filmes chilenos? 
Vale para cualquiera de las 22 naciones que componen la zona, y que tienen —salvo dos— el idioma castellano en común, un arma poderosa que debería de allanar los estrenos de unos países en sus vecinos... y la realidad en cambio es otra.
En 2015 en esos 22 países se estrenaron 791 obras de producción propia, con 81,9 millones de espectadores.
 Una cifra alejadísima de las 4.135 películas estadounidenses lanzadas ese año en la zona, según el Anuario del Cine Iberoamericano, de Barlovento Comunicación y MRC.
 Lo peor es que los filmes hollywoodienses se vieron —y ocuparon la mayoría del mercado— en toda la región mientras que esas 791 películas llegaron a pantallas mayoritariamente locales: no se exportaron.
 Baste con el ejemplo español: en 2015 las películas latinoamericanas supusieron el 2,1% de los largos exhibidos en el país. 
Y sumaron el 0,2% de los espectadores, apenas unos 167.000, según el último Anuario de la SGAE, por debajo del cine australiano entre otros. 
Es decir, ha recibido más público Tarde para la ira, por escoger la menos vista de las cinco aspirantes al Goya a mejor filme de este año, que todas las películas latinoamericanas proyectadas en las salas en 2015. 
Otro dato negativo se vislumbra en las cuotas de mercado. En República Dominicana, el 31% de los espectadores ve cine propio; en España, un 20,28% (datos de 2015), en México un 14,3%, en Perú un 13,48% y en Argentina un 10,72%.
 El resto no alcanza el 9% y en 10 de ellos no se llega ni al 3%.
 Y esto se refleja en que la película latina más vista en 2015 en toda esta área fue Ocho apellidos catalanes, con 5,6 millones de espectadores, y en ese año solo se estrenó... en España. 
“Tenemos un clarísimo problema de distribución”, cuenta el mexicano Gael García Bernal, que además de actor es uno de los impulsores de Cinema23, plataforma para promover la cultura cinematográfica de América Latina, España y Portugal, que entre otras iniciativas entrega los premios Fénix, y que ya supera los 800 integrantes.
 “Es muy difícil que lleguemos a nuestros espectadores, no pueden acceder a nuestras películas
El mercado está dominado por las majors de Hollywood. Tenemos que luchar por nuestro espacio”, apunta el protagonista de Neruda, de Pablo Larraín.
Aunque de los grandes estudios de EE UU también se puede aprender, según Ramon Colom, presidente de Fapae (la federación de productores de España): “En las películas estadounidenses no se aclara por ningún lado la nacionalidad, no existe.
 Consideran que es un filme en inglés. Trabajan para un mercado en un idioma. 
Creo que ese punto de partida es el que debería tomar la industria audiovisual hispana”. El productor de Neruda, el chileno Juan de Dios Larraín, asegura: “Creemos audiencia. 
Y mantengámosla. Hagamos que conozcan a los actores, construyamos un star system latino”. 
Larraín no cree que los acentos sean un problema, al contrario que Santiago Segura, que en 2016 ha rodado en Argentina un filme y grabado la serie Supermax, coproducción impulsada por la brasileña O Globo con actores de todo el continente: “En España somos muy paletos con los acentos y tengo amigos que no ven películas latinoamericanas porque dicen que no las entienden bien.
 A mí en cambio me gustan”. 
Cierto, en España poca gente ve cine latino, más allá de las películas protagonizadas por el argentino Ricardo Darín, que sí tiene tirón.
 Mariela Besuievsky, uruguaya afincada en España, de la productora Tornasol, está detrás de películas como la oscarizada El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella y con Darín.
 “Hay talents que saltan de Argentina a España, y alguno mexicano, como Gael.
 En contra está que cada vez hay menos espacio en todos estos países para el cine de autor, los distribuidores arriesgan menos, gastan poco en la promoción y lo latino acaba convertido en un cine de nicho [para un sector muy específico] cada vez más nicho. 
Y los medios no nos hacéis caso”. El brasileño Wagner Moura, el protagonista de la serie Narcos, apunta, en esa línea, que a la gente le falta conocimiento: “Debemos hacer ruido mediático.
 Y luchar constantemente contra los estadounidenses para que nuestro cine, habitualmente mejor y más de autor, encuentre lugar en las multisalas”.
 Tal vez alguna solución salga de una reunión que productores y responsables institucionales del cine español, argentino y mexicano quieren celebrar en la próxima Berlinale, según revela Colom.
 Por cierto, México es el país invitado en esta edición del festival de Berlín, que siempre está atento al cine de la zona. 
¿Queda alguien optimista en este contexto? El mexicano Jonás Cuarón, director de Desierto, sonríe: “Me van a matar enCinema23, pero sí creo que poco a poco la gente ve más nuestro cine. 
Mi película, Neruda, las de Campanella... me confirman que ahí hay público.
 Démosle películas a su altura”.