El autor de '19 días y 500 noches' adelanta 'Lo niego todo', un tema de su próximo álbum.
El videoclip de Lo niego todo, en blanco y negro y rodado a
finales de 2016 en diferentes localizaciones de Madrid, encaja de manera
impecable con lo que representa la canción y nos da una visión de la
trayectoria de Joaquín Sabina desde un enfoque muy personal. El creador de 19 días y 500 noches o Física y Química también ha dado a conocer este viernes el making of del rodaje del nuevo videoclip.
Imagen de un tendido eléctrico. EFEPocos productos son tan etéreos como la luz. Es un bien que sabemos
que está, pero no podemos tocarlo. Por desgracia es un bien del que nos
acordamos cuando nos falta o cuando no podemos pagarlo. El componente sociológico de la luz es claro. Pocos productos llenan
más titulares. Ni siquiera lo hace el agua, producto esencial por
excelencia y más vital que la luz, pese a que su precio puede variar
casi un 350% en función de la ciudad donde la consumamos o que su coste
se haya disparado casi un 10% debido a los costes de tratamiento.
En este panorama surge la demagogia sobre el precio de la
electricidad y la factura de la luz, que mantienen la misma relación que
existe entre el todo y las partes y que en manos de la política pueden
convertir un problema coyuntural en un desastre estructural. El Gobierno
ha reaccionado como en el pasado, interviniendo en el mercado, pero las
medidas anunciadas para rebajar el coste no repercutirán
sustancialmente sobre la factura, es decir, en lo que pagamos realmente
por la luz. Pueden llegar a llenar titulares, pero no solucionarán el
coste final que pagamos entre todos. Para entender este razonamiento es fundamental comprender que el
precio de la electricidad representa el coste de la energía, es decir,
el producto. El precio varía en función de diferentes factores como el
petróleo, la climatología, las diferentes tecnologías que operan, pero
todas ellas tienen un elemento en común: son costes naturales. Por su parte, la factura eléctrica incluye el precio de la
electricidad —de ahí la relación entre el todo y las partes—, pero
además refleja otros muchos componentes que tienen otro patrón común:
son costes artificiales. Dependen de la voluntad del Gobierno e
históricamente suponen el cajón de sastre de la economía española.
Si había alguna partida que necesitara financiación, para eso estaba
la factura de la luz: “la factura de la luz lo soporta todo”. Esta
lógica de hacernos pagar por algo que no consumimos parece ser asumida
por todos los grupos parlamentarios cuando en su mano está bajar el 50%
el precio de la factura eléctrica hoy mismo. Es decir, nuestro derecho a
pagar el precio real del producto, de lo que consumimos. Una barra de pan puede costar 45 céntimos. Imagínese que baja a
comprarlo y en lugar de 45 le hacen pagar 90. El panadero le explica que
se debe a que 10 céntimos van a parar al ministerio de Agricultura, 10 a
otras empresas para que no coman pan, 20 al ministerio de Hacienda, 10 a
un tipo de harina que ya no se fabrica… Eso es exactamente lo que
ocurre con la factura de la luz en forma de impuestos especiales,
interrumpibilidad, pagos por capacidad, más impuestos, subvenciones,
etcétera. En definitiva, el precio de la luz se multiplica debido a unos costes
que no obedecen a la dinámica del mercado y sin embargo, tratamos de
influir precisamente en él, que demuestra ser el único que responde a
cierta lógica económica. En términos absolutos, el precio de la
electricidad apenas es un 35% del total. ¿No será más eficaz tratar de
actuar en el 65% restante? Esto supondría acabar con gran parte de los
problemas de pobreza energética y competitividad del país.
Sobre el papel, la medida estrella del Gobierno, bajar
artificialmente el precio del gas para abaratar el coste de los ciclos
combinados, puede contribuir a disminuir el precio de la electricidad. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar que España no produce gas y que los
precios de esta materia prima nos vienen marcados desde el extranjero? ¿Y si por esta medida hacemos que el gas multiplique por dos su precio?
No se preocupen: probablemente, mientras se elabora la medida el mercado
haya cambiado y tengamos un nuevo remiendo en un conjunto de parches
que dejó, hace mucho tiempo, de ser un traje. Como dirían los Stark, el invierno ha llegado y el frío que estamos
sufriendo pone en evidencia un sistema que todos hemos construido, todos
hemos disfrutado (cuando los precios de la electricidad estaban por los
suelos) y entre todos debemos pagar puesto que, como en este caso
dirían los Lannister, los consumidores, por desgracia, siempre pagamos
nuestras deudas. Ahora bien, en manos del regulador está que debamos
pagar un coste inasumible o por el contrario su precio justo.
Diego Crescente es socio de MAS
Consulting Group, firma especializada en asuntos públicos y relaciones
gubernamentales. Fue director de Comunicación del ministerio de
Industria durante los años 2008 - 2011.
Gael Garcia Bernal, en un fotograma de 'Neruda'.El mercado tiene 632 millones de potenciales clientes. Más de 400 hablan
castellano y el resto, portugués. Es Iberoamérica. Cualquier otro
sector industrial se pegaría por números así. Y sin embargo, el cine de
la zona, por razones muy diversas, no acaba de encontrar su camino hasta
este vasto público. Desde hace décadas, las películas hispanoamericanas
no logran enganchar a los espectadores más allá de sus fronteras
nacionales. Sí, crecen las cuotas de mercado en cada país. Pero, ¿por
qué un argentino no ve cine colombiano? ¿Por qué a un español no le
interesan las películas mexicanas? ¿O un uruguayo no se acerca a filmes
chilenos? Vale para cualquiera de las 22 naciones que componen la zona, y
que tienen —salvo dos— el idioma castellano en común, un arma poderosa
que debería de allanar los estrenos de unos países en sus vecinos... y
la realidad en cambio es otra.En 2015 en esos 22 países se estrenaron 791 obras de producción propia,
con 81,9 millones de espectadores. Una cifra alejadísima de las 4.135
películas estadounidenses lanzadas ese año en la zona, según el Anuario del Cine Iberoamericano,
de Barlovento Comunicación y MRC. Lo peor es que los filmes
hollywoodienses se vieron —y ocuparon la mayoría del mercado— en toda la
región mientras que esas 791 películas llegaron a pantallas
mayoritariamente locales: no se exportaron. Baste con el ejemplo
español: en 2015 las películas latinoamericanas supusieron el 2,1% de
los largos exhibidos en el país. Y sumaron el 0,2% de los espectadores,
apenas unos 167.000, según el último Anuariode la SGAE, por debajo del cine australiano entre otros. Es decir, ha recibido más público Tarde para la ira,
por escoger la menos vista de las cinco aspirantes al Goya a mejor
filme de este año, que todas las películas latinoamericanas proyectadas
en las salas en 2015.
Otro dato negativo se vislumbra en las cuotas de mercado. En
República Dominicana, el 31% de los espectadores ve cine propio; en
España, un 20,28% (datos de 2015), en México un 14,3%, en Perú un 13,48%
y en Argentina un 10,72%. El resto no alcanza el 9% y en 10 de ellos no
se llega ni al 3%. Y esto se refleja en que la película latina más
vista en 2015 en toda esta área fue Ocho apellidos catalanes,
con 5,6 millones de espectadores, y en ese año solo se estrenó... en
España. “Tenemos un clarísimo problema de distribución”, cuenta el
mexicano Gael García Bernal, que además de actor es uno de los
impulsores de Cinema23,
plataforma para promover la cultura cinematográfica de América Latina,
España y Portugal, que entre otras iniciativas entrega los premios
Fénix, y que ya supera los 800 integrantes. “Es muy difícil que
lleguemos a nuestros espectadores, no pueden acceder a nuestras
películas El mercado está dominado por las majors de Hollywood. Tenemos que luchar por nuestro espacio”, apunta el protagonista de Neruda, de Pablo Larraín.Aunque de los grandes estudios de EE UU también se puede aprender, según
Ramon Colom, presidente de Fapae (la federación de productores de
España): “En las películas estadounidenses no se aclara por ningún lado
la nacionalidad, no existe. Consideran que es un filme en inglés.
Trabajan para un mercado en un idioma. Creo que ese punto de partida es
el que debería tomar la industria audiovisual hispana”. El productor deNeruda,
el chileno Juan de Dios Larraín, asegura: “Creemos audiencia. Y
mantengámosla. Hagamos que conozcan a los actores, construyamos un starsystem
latino”. Larraín no cree que los acentos sean un problema, al contrario
que Santiago Segura, que en 2016 ha rodado en Argentina un filme y
grabado la serie Supermax, coproducción impulsada por la
brasileña O Globo con actores de todo el continente: “En España somos
muy paletos con los acentos y tengo amigos que no ven películas
latinoamericanas porque dicen que no las entienden bien. A mí en cambio
me gustan”. Cierto, en España poca gente ve cine latino, más allá de las películas
protagonizadas por el argentino Ricardo Darín, que sí tiene tirón. Mariela Besuievsky, uruguaya afincada en España, de la productora
Tornasol, está detrás de películas como la oscarizadaEl secreto de sus ojos, de Juan José Campanella y con Darín. “Hay talents
que saltan de Argentina a España, y alguno mexicano, como Gael. En
contra está que cada vez hay menos espacio en todos estos países para el
cine de autor, los distribuidores arriesgan menos, gastan poco en la
promoción y lo latino acaba convertido en un cine de nicho [para un
sector muy específico] cada vez más nicho. Y los medios no nos hacéis
caso”. El brasileño Wagner Moura, el protagonista de la serieNarcos,
apunta, en esa línea, que a la gente le falta conocimiento: “Debemos
hacer ruido mediático. Y luchar constantemente contra los
estadounidenses para que nuestro cine, habitualmente mejor y más de
autor, encuentre lugar en las multisalas”. Tal vez alguna solución salga
de una reunión que productores y responsables institucionales del cine
español, argentino y mexicano quieren celebrar en la próxima Berlinale,
según revela Colom. Por cierto, México es el país invitado en esta
edición del festival de Berlín, que siempre está atento al cine de la
zona. ¿Queda alguien optimista en este contexto? El mexicano Jonás Cuarón, director de Desierto, sonríe: “Me van a matar enCinema23, pero sí creo que poco a poco la gente ve más nuestro cine. Mi película, Neruda, las de Campanella... me confirman que ahí hay público. Démosle películas a su altura”.
La actriz de la serie 'The O.C.' apareció semidesnuda caminando encima de la valla de su casa y lanzando mensajes inconexos.
La actriz Mischa Barton. GTRES
La actriz Mischa Barton
ha ingresado voluntariamente en un centro hospitalario para someterse a
una evaluación mental. La estrella televisiva decidió dar el paso
después que de que varios amigos y vecinos se hubieran mostrado
preocupados con el comportamiento mostrado por la joven de 31 años el
pasado jueves.
La exconcursante de Dancing With The Stars
fue vista semidesnuda con una camisa blanca encima de la valla del
patio trasero de su casa de West Hollywood (California) el 26 de enero,
lo que alarmó a su círculo más cercano, ya que la intérprete repetía
incongruencias, como que su madre era una bruja, que el mundo se rompía e
hizo mención, además, a Ziggy Stardust, el hombre de las estrellas que
creó David Bowie. Las imágenes de Mischa en actitud contrariada fueron
publicadas por el portal TMZ.
Cuando los agentes del sheriff y los bomberos
llegaron a la escena, Mischa fue conducida voluntariamente a un hospital
para la evaluación mental. No es la primera vez que Barton se ve
obligada a entrar en el área psiquiátrica de un hospital, en 2009 fue en
el Cedars Sinai aunque en aquella ocasión no lo hizo de manera
voluntaria.
Mischa Barton, en una calle de Los Ángeles. GTRES
En abril de 2015, la intérprete de Marissa Cooper en The O.C
presentó ante un tribunal de Los Ángeles una demanda contra su
progenitora acusándola de haberle robado dinero cuando era su
representante. En la denuncia además tachar a Nuala de fraude e
incumplimiento de contrato, también la acusaba de anteponer sus
intereses a los de su carrera como intérprete y que mientras que fue su
representante durante 20 años, no tenía ninguna experiencia como
representante. "Trágicamente, Barton confió en ella y creyó que su madre
velaría por sus intereses por encima de todo”, decía. Los últimos años no han sido nada buenos para la actriz. Primero tuvo problemas por conducir ebria, y luego por haber ingresado en un centro psiquiátrico.