Bimba Bose, durante el desfile de primavera-verano de David Delfin, en 2013. DANI POZOAFPEn este momento, enterándome en Manila de su partida, donde cubro la elección de Miss Universo, no puedo dejar de pensar en ella cantando junto a su tío, Miguel Bosé, la versión de Como un lobo que hicieron juntos para Papito. Eran, en ese vídeo, una combinación de complicidad y electricidad
maravillosa. Y luego en las giras de ese disco, que fueron muchas, los
dos eran casi lo más esperado de los conciertos. Bimba
Bosé supo transmitir la ambigüedad sinónimo del apellido Bosé al
modelaje de los últimos años noventa y principios de este siglo,
trabajos que fueron recogidos por importantes fotógrafos de ese tiempo y
en pasarelas y colecciones de París a Nueva York. ¡Fotógrafos desde
Steven Meisel hasta Juan Gatti! ¡Y ella regresaba a la casa familiar de
Somosaguas como si hubiera ido a una excursión del instituto! ¡Me
fascinaba esa actitud! Y siempre creí que su deslumbrante y polémica
ambigüedad era deudora de la de su abuela, Lucía Bosé, una belleza fascinante precisamente por no ser clásica sino en permanente estado de contemporaneidad. Bimba y, a la derecha, su abuela Lucía Bosé, en un acto en abril de 2012.
Bimba siempre fue muy independiente, muy suya, pero sin que
su familia le significara un peso, todo lo contrario, creo que siempre
fue una fuente de inspiración, ¡e incluso de documentación! Muchos de
los primeros diseños de David Delfín
estaban directamente inspirados en trajes que Lucía le había regalado a
Bimba, Jacques Fath de ensueño, Balenciagas hechos en la tienda de
Madrid del célebre modisto que habían sido propiedad de Lucía.
Bimba Bosé y el diseñador David Delfín, en 2008. cordon press
También la puedo y debo recordar muy, muy joven, apareciendo
con el pelo azul en la casa de Somosaguas. ¡Y fue ella la que pintó el
pelo de Lucía de ese color por primera vez! Y los recuerdo a David
Delfín y a ella haciéndose amigos, luego inseparables y después socios y
cómplices, ¡enseñándonos tanto sobre lo maravilloso y fuerte de la
amistad! Bimba, con su vozarrón y sus maneras de niña bien educada y
David, con ese sentido del humor filoso y cierta socarronería de la
calle, su acento malagueño... podía pasar horas contemplando cómo iban
armando esa unidad que representaban. Creo que ambos han cimentado las bases del estilo y forma de
ser de este nuevo milenio. Siento que fue un privilegio haberla
conocido y visto crecer. ¡Gracias por dejarme dormir en tu cuarto las
primeras Navidades que pasé con vosotros!
En mayo de 2014, Bimba Bosé anunciaba que tenía cáncer de mama
y que estaba recibiendo un tratamiento de quimioterapia. Desde ese día,
la modelo y cantante no ocultó nunca los efectos de la enfermedad, no
dejó de trabajar ni de acudir a actos públicos, ni utilizó sinónimos
para maquillar lo que le ocurría cuando se le preguntaba directamente. El triste día que se ha conocido su muerte,
las noticias no han hablado de "una larga enfermedad”, sino de
“cáncer”. Desgraciadamente Bimba no ha podido superar la enfermedad,
pero con su valentía sí ha contribuido a normalizar una realidad cada
vez más presente en nuestra sociedad. Su ejemplo nos resulta fundamental, porque gracias a
personas como ella somos mucho más conscientes de lo que supone el
cáncer", señala Ana González, responsable del departamento de
Psicooncología de la Asociación Española contra el Cáncer de Madrid. González, que trabaja muy de cerca con enfermos, explica que estos
tienden a sentirse identificados con quienes lo hacen público: "Ven que
es algo que le puede pasar a cualquiera, que nadie está exento de la
enfermedad. Y de esa forma no se siente solos".
Un mensaje que secundan desde la AECC:
"Respetamos a quienes no lo dicen, pero agradecemos a quienes hablan
claro, normalizan la enfermedad y no utilizan eufemismos. Al hablar, por
ejemplo, de ‘una dolorosa enfermedad’ la estigmatizan y hacen que se
vea como algo terrible, que lo es, pero esos términos no se utilizan
cuando nos referimos a otras enfermedades que también lo son”.
La responsable del departamento de Psicooncología explica, además, que
quienes lo hacen público suelen transmitir un mensaje positivo:
"Desde
que anunció la enfermedad Bimba nos ha hecho ver que se había conectado
con la vida, con las cosas que le aportaban plenitud como su familia y
amigos, y ha seguido activa, con muchas ganas de hacer cosas.
Esto es
algo en lo que siempre hacemos mucho hincapié a los enfermos: la
necesidad de ponerse metas y tener objetivos por los que luchar".
Además de protagonizar distintas campañas de concienciación y
visibilización del cáncer de mama en septiembre de 2014, después de
haberse sometido a una mastectomía, Bimba posó para la foto de portada
de la revista de moda Vein Magazine mostrando la cicatriz de su pecho.
Entonces, la modelo y cantante señaló que solo quería posar
con el pecho al descubierto como había hecho en muchas otras ocasiones
sin tener que dar ninguna explicación más.
“Habrá enfermos a los que
esto les ayude y otros a los que no les produzca tanto impacto”,
explican desde la AECC, “pero desde luego que siempre es bueno que se
hable del proceso oncológico al que debes someterte de una forma
natural, que no se tenga miedo a exteriorizar lo que ocurre durante el
tratamiento”.
Una forma de encarar la enfermedad —que también han hecho
suyas otras personas famosas con repercusión pública— que han aplaudido
muchas otras mujeres anónimas. Así se expresaba una lectora de EL PAÍS
en una carta al director publicada en 2015 con motivo del Día
Internacional contra El Cáncer de Mama y tituladaGrandes luchadoras: “Como mujer me identifico de lleno con lo trascendente de este día que
no conmemora el sufrimiento, sino la fuerza de espíritu de tantas
mujeres que han tenido que experimentar traumas tan intensos como la
caída del cabello o la extirpación de sus pechos. Bimba Bosé o Luz Casal
son algunos ejemplos de aceptación y de superación, ya que jamás
dejaron de creer en sí mismas”. Gonzalez recuerda que es normal que en un día como hoy otros enfermos se
sientan tristes: "Se produce una identificación y hay que permitirse
cierto dolor, pero también hay que entender que cada paciente es único,
que la enfermedad no siempre avanza igual y que es muy importante tener
esperanza. Y fijarnos siempre en su ejemplo: en cómo consiguió conectar
con lo que de verdad importaba en la vida".
La muerte
de Bimba Bosé es una historia triste como la de tantos.
Ella llamó a las
cosas por su nombre desde el primer minuto hasta el último.
Bimba Bosé fotografiada para 'El País Semanal' en 2013. nico
A veces, se te hiela la sangre al refrescar la pantalla del móvil.
Acaricias la pantalla para actualizar por enésima vez las noticias
esperando toparte con el enésimo Trumpazo, lees: “Muere Bimba Bosé a los 41 años”,
y se te caen a plomo las defensas, las certezas y los ánimos. Bimba y
muerte en la misma frase y no es un oxímoron: la vida es un asco; el
mundo, una mierda; no somos nadie. Sabíamos por ella que estaba enferma. Por ella sabíamos que la cosa iba en serio. Ella y no otros había llamado desde el primer al último minuto a las cosas por su nombre.
Pero siempre es demasiado pronto para morir, aunque se sepa. Bimba, lo
decía su nombre de paz y de guerra, era todavía una muchacha. Quizá no
tanto de armas tomar como de no deponerlas. Y su fin nos pone a todos en
nuestro sitio. Conocí a Bimba brevemente, hace cuatro años, durante una entrevista y una sesión de fotos para El País Semanal
sobre la belleza rara. A fe que ella lo era. Bella. Y rara. Por única,
por singular, por excéntrica, por hija de su padre y de su madre. Una
mujer alta, grande, aparatosa, intimidante, incluso, con la rotunda
anatomía y la delicada fisonomía de su casta ahormada por un esqueleto y
una voluntad de hierro. Llegó como una amazona, en bici entre el caos
del tráfico, camuflado el cuerpo bajo un jersey y un pantalón de
guerrillera urbana, y aplastado el pelo a lo Juana de Arco bajo el
casco. Acorazada, sí, como reconoció luego, por la armadura con la que
se enfrentaba desde adolescente a los prejuicios ajenos. Costaba reconocerla luego, cuando emergió de la sesión de maquillaje y
peluquería convertida en una diosa de la feminidad carnalísima y
juguetona con la cámara de Nico, el fotógrafo. Una mujer poderosa, a
gusto con su cuerpo y con su cerebro y, sí, con una autoestima a prueba
de papanatas y de toda la corriente de hipercorrección e hiperperfección
política y estética imperante. “Para mí lo bello, lo atractivo, reside
precisamente en la imperfección y en el error. No todas somos flacas de
ojos azules y con el cuerpo perfectamente depilado. Me niego a que me
impongan ese canon”, diría, antes de bajar por fin la guardia y ponerse a
hablar de lo humano y lo humano, porque para divinos ya estaban los
ángeles del museo de su abuela Lucía. Habló así de sus amores. De sus
hijas, Dora y June. De sus amigos, entre ellos David Delfín,
aún sin diagnosticar, como ella, del mal de tantos que ahora se la ha
llevado por delante. Habló de todos y de casi todo con la relativa
rebeldía de quien todo lo tiene pero con la elegancia de quien pasa por
la vida sin querer molestar a nadie, o solo, si acaso, a los puritanos
con los pecados de la carne.
Al poco de aquellas fotos y aquella charla, llegaron las primeras malas
nuevas que ahora se han resuelto de la peor manera posible. Ha muerto
Bimba Bosé a los 41 años. La noticia no es insólita, por supuesto. Un
cáncer de mama, una metástasis, un colapso, una catástrofe para ella y
los suyos. Una más, una menos. Una historia triste como otra cualquiera.
Lejos de la épica de trinchera de los que arengan a luchar a los
enfermos hasta hacerles casi culpables de su posible derrota, y de la
lírica de los que pregonan que la actitud lo es todo frente a un hecho
bioquímico, la realidad suele ser más prosaica y, a veces, hay poco que
hacer sino gozar de los últimos tiempos, preparase para la partida y
acompañar al enfermo en las vísperas del viaje. Hablaba aquel día Bimba
de la importancia de la individualidad, de la diferencia, de la propia
fortaleza para resistir frente a los estereotipos. Frente a los otros
papanatas, que haberlos también los había, que la llamaban divina a
todas horas, su adiós la ha hecho, más humana que nunca: carne de
nuestra carne.
La batalla invernal por la audiencia en el 'prime time' está servida.
Making of de 'Sé quién eres'Enero es un mes de estrenos en la televisión tras la parada navideña. Ya en la última semana del mes, los canales han lanzado ya muchas de
sus apuestas para el horario de máxima audiencia, mientras que otros
programas arrancan esta semana y algunos todavía quedan a la espera de
conocer su destino final —programas como Top Chef en Antena 3 o la serie iFamily
en La 1, que ya están siendo anunciados por sus cadenas, siguen a la
espera de día de emisión—. A la hora de colocar las series y programas,
los canales tienen que tener en cuenta tanto el material con el que
juegan en casa como aquel con el que compiten los vecinos. Un cuadro
complejo de encajar, en el que en las primeras semanas suelen producirse
movimientos y con el que es fácil perderse.
Repasamos el estado actual de la parrilla del horario de máxima audiencia (22.40-0.00).