El álbum
publicado en 1997 logró récord de ventas en España y del éxito 'Corazón
Partío' se han hecho versiones en salsa, merengue, cumbia y mariachi.
https://youtu.be/rKTNGKEPwxM
Alejandro Sanz, en una foto promocional del disco 'Sirope'.
Es difícil oír la voz rasgada de Alejandro Sanz (Madrid, 1968) cuando los primeros acordes de Corazón Partío
resuenan en uno de sus conciertos. Basta apenas que suenen las primeras
dos notas de la guitarra para que la masa de fans (mujeres en su gran
mayoría) comiencen a gritar desesperadamente y las ansias por vociferar
el mayor éxito del madrileño les hagan adelantarse por segundos a las
coristas que están listas para cantar Tiritas pa este corazón partío. No importa si el escenario está en Madrid, Barcelona, Nueva York,
Buenos Aires o Ciudad de México. Tampoco que la canción haya salido hace
ya 20 años. El tema fue un éxito y los éxitos no tienen fecha de
caducidad.
https://youtu.be/6mPA8NsPN_E
Este jueves 19 de enero el cantante anunció en sus redes sociales y su página web que el 24 de junio hará un concierto en el estadio Vicente Calderón para celebrar, junto a sus amigos, las dos décadas de Más,
el disco que en palabras del músico fue “el reventón más grande de su
carrera”.
De este álbum –en una entrevista Sanz confesó que en la
universidad de Berkeley se estudia como fenómeno de un disco pop latino-
se han vendido más de seis millones de copias a nivel mundial y
significa el despegue internacional del cantante, que ya había conquistado a gran parte del público de los dos lados del Atlántico.
El disco salió publicado en septiembre de 1997 con un repertorio de 10 canciones. Además de Corazón Partío, el álbum lanzó hits como: Amiga mía, Y, ¿Si fuera ella?, Si hay Dios, Aquello que mediste o Ese último momento. Sin embargo, Sanz escribió más de 30 canciones. “Es la primera vez que
escribo letras con un doble sentido. Solía ser más costumbrista para
contar historias”, explicaba en 1997 en una entrevista en México. Concierto de Alejandro Sanz en el Palacio de la Deportes de Madrid. Claudio AlvarezPara grabar Más el cantante se encerró un año en su
habitación, donde también tenía un estudio. “No salía más que para que
limpiaran el cuarto”, reconoce. Con 28 años Sanz, Ale para sus seguidores, no tenía ni idea que pronto esas 10 canciones desatarían un ciclón de ventas nunca antes visto en la música española. Recopilamos diversos momentos en los que el público ha enloquecido con algunos de los grandes éxitos de Más y los covers más varipintos que se han hecho. Era verano de 1998 y Alejandro Sanz se presentaba con su gira Más ante un lleno completo en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Alejandro Sanz, en una foto promocional del disco 'Sirope'.
Concierto de Alejandro Sanz en el Palacio de la Deportes de Madrid. Claudio Alvarez
En 2001 Alejandro Sanz pisaba el escenario de la Quinta Vergara durante
el Festival de Viña del Mar en Chile. La modelo y presentadora Cecilia
Bolocco fue la encargada de presentar al cantante al público chileno.
El 12 de octubre de 2012 Alejandro Sanz se presentaba por primera vez en
el Foro sol de Ciudad de México. 50.000 seguidores reventaron en gritos
en uno de los escenarios más importantes de la capital mexicana.
Según los analistas, Felipe González habría podido “aplacar los ánimos de los ultraderechistas y del Ejército".
Madrid
Alfonso Guerra levanta
la mano de Felipe González, asomados ambos a una ventana del hotel
Palace de Madrid, celebrando la histórica victoria del PSOE en las
elecciones de 1982.
CÉSAR LUCAS
Un día después de la victoria socialista por mayoría absoluta de
1982, el informe diario elaborado por la CIA para consumo del entonces
presidente estadounidense y otros miembros de su gabinete aseguraba que
Felipe González habría preferido un Gobierno de coalición con un partido
moderado. Así habría podido, según los analistas, “aplacar los ánimos
de los ultraderechistas y del Ejército, controlar a los radicales dentro
del propio PSOE y tener una excusa para no llevar a cabo algunas de las
promesas de campaña más controvertidas”. Es
una muestra extraída de más de un millón de documentos que la CIA ha
decidido volcar en la red. Muchos de ellos habían sido ya
desclasificados, pero solo se podía acceder a ellos a través de cuatro
terminales de ordenador localizadas en el edificio de los Archivos
Nacionales de College Park, en el estado de Maryland. A partir de ahora,
cualquier ciudadano puede bucear en esta ingente masa de información
desde cualquier lugar del mundo.
Se trata de décadas de análisis, informes o resúmenes de
encuentros políticos o diplomáticos sobre los asuntos geopolíticos más
relevantes. De las guerras de Corea o Vietnam a la Transición española. El 29 de octubre de 1982, el director de la CIA incluía en
su informe diario asuntos como los esfuerzos de la OLP por restar poder a
Yasir Arafat, los planes políticos del primer ministro canadiense
Pierre Trudeau o la ayuda militar a Libia. Pero el primer tema del
informe era España y sus elecciones generales. “Socialistas ganan con
mayoría absoluta”, reza el epígrafe. Los analistas estadounidenses especulaban con la idea de que
la desbordante victoria del PSOE crearía dificultades a su líder,
Felipe González. Y sugerían que este estaría calculando la posibilidad, a
pesar de su holgada mayoría, de invitar a “un partido centrista o
regional en su nuevo Gabinete”. Se mostraban convencidos de que el
argumento para esa invitación sería “la necesidad de una amplia base de
apoyo para el primer Gobierno izquierdista de España en 50 años”, aunque
a la vez admitían que una decisión así sería difícil de explicar a los
votantes del partido tras la victoria. En cualquier caso, concluían: “González se moverá con
prudencia, a pesar de las presiones para poner en marcha al menos
algunas de sus promesas como el referéndum sobre la pertenencia a la
OTAN, la renegociación parcial del tratado bilateral con Estados Unidos o
la reconsideración de la compra pendiente de cazas de combate F-18”. Tranquilizan además a sus superiores con la afirmación de que los
socialistas han prometido que no tomarán ninguna decisión en asuntos
bilaterales “sin consultar con los aliados”. De ese modo, concluyen:
“González podrá retrasar decisiones clave en materia de política
exterior hasta que el nuevo Gobierno pueda tener una idea completa de
las implicaciones”.
En 1950, la Administración estadounidense ya era muy
consciente de su interés estratégico en contar con el régimen de Franco
como un aliado en la Guerra Fría. Con documentos de los departamentos de
Estado, del Ejército, de la Armada y de las Fuerzas Aéreas
estadounidenses, la CIA elabora un primer informe bajo el título: “La
importancia estratégica de España para Estados Unidos”.
Importancia estratégica
Dos son los factores, según los analistas, que convierten a España en un
aliado deseable: “La orientación política del Gobierno español en el
equilibrio de poder militar del continente, mientras mantenga su
posición anticomunista y el hecho de que las fuerzas armadas soviéticas
sean capaces de desplegarse rápidamente sobre Alemania, Francia y los
países del Benelux”. Una vez que Occidente supere en capacidad militar a
la Unión Soviética, “la importancia estratégica de España comenzará a
declinar”. Los analistas de la CIA anticipan en su informe que el
Gobierno de Franco “no colaborará voluntariamente en acuerdos
multilaterales para la defensa de Europa Occidental”, advierten. Pero ya
anticipan que el régimen español estaría dispuesto a posibles
contribuciones concretas en un régimen de quid pro quo. “Parte
del precio será un aumento sustancial de la ayuda financiera y de bienes
de consumo. Franco podría intentar además recuperar Gibraltar y revisar
el estatus de Tánger a favor de España”, concluyen. La agencia estadounidense es consciente del pobre estado, en
ese momento, del Ejército español —“pobremente entrenado y equipado,
con nulas capacidades y unas Fuerzas Aéreas inservibles”— y calcula en
2.000 millones de dólares el dinero necesario para reequiparlo. Una gran ventaja para poner en marcha acuerdos con España,
apuntan, es la previsión de que la dictadura de Franco perviviría en el
tiempo. “No se esperan cambios mientras se mantengan los poderes
personales de Franco”, que cuenta, añaden, con el apoyo de la jerarquía
católica y una minoría influyente de “banqueros, industriales,
terratenientes y el Partido de la Falange y la burocracia que ha
creado”. El régimen, señalan además, ha sido capaz de mantener el orden
interno en el país, “aunque ha recurrido en parte para ello a métodos
propios de la Gestapo”. A través de las sesenta páginas del informe, la CIA muestra lo detallado
de sus conocimientos sobre las capacidades armamentísticas o la
situación económica de España. “Se calcula que el Ejército podría
movilizar, pero no armar o equipar, a 1.500.000 hombres para finales de
este mismo año”, apuntan. Y señalan los puntos débiles del régimen para
lograr un acuerdo ventajoso. “El valor de los productos que España
necesita importar excede enormemente al de los materiales estratégicos
que podría exportar (...). La economía española no es capaz en la
actualidad de cubrir las necesidades alimentarias, de materia prima o de
bienes de equipo, así como las exigencias de transporte o de producción
eléctrica para un tiempo de paz”, concluyen los redactores del informe
de la agencia de espionaje.
“El espíritu de venganza” de Franco
Los analistas que en 1950 prepararon el informe sobre el régimen
franquista no ponían paños calientes a la hora de enjuiciar su trato a
la población española, pero estaban convencidos de que la estabilidad
política que había impuesto “contaba con la confianza de una amplia
muestra de la población”. Le reprochaban haber sido incapaz de utilizar
esa posición de fuerza para impulsar el bienestar de todo el país. “Su política ha estado dominada por un espíritu de venganza hacia sus
enemigos en la Guerra Civil. Una gran parte de la población sigue
viviendo bajo condiciones adversas y represivas y cerca de medio millón
de españoles permanece en el exilio. No será expulsado del poder, sin
embargo, mientras mantenga el apoyo de los generales”, concluye el
informe.
La marca italiana renuncia a desfilar en la alta costura de París.
Kate Hudson y Donatella Versace en la exposición del Met 2016. NIVIERE/SIPA / Cordon Press
L os desfiles de la alta costura de París que comienzan este próximo domingo lo hacen con una notable ausencia: la de Versace.
La firma italiana solía inaugurar esta pasarela, pero ha decidido no
volver a participar para centrarse en “eventos” y presentaciones
privadas “orientadas a los clientes” y acompañadas por “elegantes
cócteles y cenas”, según ha explicado su nuevo director ejecutivo,
Jonathan Akeroyd.
“Ahora
mismo hacemos seis desfiles al año [dos de hombre, dos de mujer y dos
de su línea más accesible, Versus Versace]. Ocho si contamos los de alta
costura, lo que me parece excesivo. Todos sabemos que el calendario
está cambiando mucho, así que por qué no aprovechar para probar algo
nuevo”, argumenta el directivo que llegó la pasada primavera a la marca
tras diez años en Alexander McQueen. Los rumores de que Versace estaría preparando su salida a
bolsa apoyarían la teoría de que esta decisión responde al deseo —o la
necesidad— de ahorrarse los altos costos de un desfile. Pero Akeroyd ha
asegurado a The New York Times que no se trata de un problema de presupuesto sino de estrés. “Tiene que ver con el tiempo y la intensidad que requiere un show. Nuestra inversión no ha cambiado y nuestro taller es igual de grande”, explica. La estrategia de la marca pasaría, según detalla en la nota
de prensa, por desarrollar un formato de presentación más parecido al
que se utilizaba en la época dorada de la alta costura, cuando las
clientas acudían a pases exclusivos y eran las protagonistas absolutas
de la cita. Una época sin top models, celebrities, influencers, ni stareditors (editores estrella).
Donatella Versace en su desfile del pasado 14 de enero en Milán. Victor BoykoGetty Images
Pero, además, como la firma destaca en el primer párrafo de
su comunicado, “la alta costura es hoy conocida en todo el mundo por los
extraordinarios vestidos que lucen las más famosas y bellas estrellas”.Y lo cierto es que la repercusión mediática que las marcas
obtienen por vestir a las cantantes y estrellas en las entregas de
premios es igual o mayor que la que les reporta cualquier desfile. Si,
además, la inversión necesaria es infinitamente menor, la pregunta se
formula sola: ¿qué modelo resulta más rentable?
Sea cual sea la respuesta de la casa italiana, su cambio de
estrategia alimenta un debate sobre el sentido de los desfiles
tradicionales en la era 3.0 que tiene muy entretenida a la industria de
la moda en los últimos meses. Cada vez son más las marcas que ensayan
nuevas formas de presentar y vender sus colecciones: Ralph Lauren apuesta por el see now/buy now (lo veo, lo compro); Burberry, Gucci y Calvin Klein, por fusionar sus desfiles de hombre y mujer, y ahora Donatella ha encontrado en el pasado la fórmula del futuro.
Las memorias de la cantante son un retrato íntimo y audaz de uno de los grandes iconos de la música pop.
Françoise Hardy, posando para la película de 'Grand Prix', en 1966. Mondadori PortfolioMondadori via Getty Images
Cuando apareció en Francia, la autobiografía de Françoise Hardy,Les désespoir des singes…et autres bagatelles
(Robert Laffont, 2008), título extenso y misterioso con referencias a
un parque próximo al domicilio de la cantante, la plana mayor de la
crítica se deshizo en elogios para lo que parecía de entrada otro
volumen cosido de trivialidades y lugares comunes de una intérprete de varietés,
ese término francés que sirve para etiquetar la música más ligera y
popular. Nada más lejos de la realidad. Las memorias de aquella
adolescente que encandiló a medio mundo a principios de los años sesenta
cantando al amanecer de los jóvenes, ofrecían un penetrante
autorretrato carente de pudor en una artista que siempre había mostrado
una imagen de discreción y elegancia. Al descubierto quedaban en el
texto sus heridas más dolorosas, así como las profundas cicatrices de
una vida vivida sin tapujos. Desde el amor fou e imposible que
sintió al lado de Jacques Dutronc a sus relaciones de amor-odio con su
madre, a la que ayudó a morir al practicarle la eutanasia. El libro,
todo un éxito, sobrepasó los 300.000 ejemplares. Las memorias llegan en español con el título de La desesperación de los simios… y otras bagatelas
a cargo de Expediciones Polares, en la traducción de Felipe Cabrerizo
—y con prólogo de Diego A. Manrique—. El resultado suma cerca de 400
páginas, en las que la cantante desvela los casi siempre desgarradores
pasajes de su vida, a veces con la precisión del bisturí de un
entomólogo y otras, haciendo gala de frialdad o, directamente,
indiferencia, como cuando narra desapasionadamente la pérdida de la
virginidad. Hija de un padre ausente y homosexual, que aparece
puntualmente como un fantasma, y de una madre posesiva, creció junto a
una hermana aquejada de una terrible esquizofrenia. La pequeña Hardy
encontró en la música un escape vital, que, con el tiempo, devendría en
profesión. Aquel oficio terminó convirtiéndose en una especie de prisión
dorada para una artista, como ella misma confiesa, que nunca se ha
sentido “animal escénico”. Retirada de las actuaciones desde finales de
los años sesenta, sigue componiendo y editando álbumes que la revelan
como una artista sensible y dúctil más allá de la ola ye-ye de sus primeros tiempos. Françoise Hardy fue también ese icono luminoso de la década de los
sesenta que sedujo a Bob Dylan. El cantautor colocó su disco, Tous les garçons et les filles, en la portada de su álbum Bringing It All Back Home junto a otros de sus elepés favoritos. Dylan también la hizo escuchar en primicia en su hotel de George V la canción Just Like a Woman.
Hardy también se revela en el libro como esa estrella pop
que se presenta en el cabaret del Hotel Savoy cada año como embajadora
de la moda francesa vestida por Courrèges y Paco Rabanne en medio de la
explosión del Swinging London. El relato autobiográfico está salpicado
de esas y otras sabrosas confidencias, como cuando relata una equívoca
cena en el domicilio de Brian Jones, miembro de Rolling Stones, y su
compañera en aquellos momentos, la actriz Anita Pallenberg. La noche
estuvo determinada por torpeza de la cantante, que no supo si el
encuentro responde a una invitación de carácter sexual. Hay también referencias a sus frustradas colaboraciones con
la industria del cine —se vio embarcada en una gran superproducción de
Hollywood, Gran Prix (John Frankenheimer, 1966) que pretendía lanzarla
como estrella cinematográfica— o reflexiones sobre la industria
discográfica, contemplada por una cantante que ha visto su evolución y
transformación a lo largo de este último medio siglo. Es esa misma
cantante que descubría en la radio las primeras voces del rock: Elvis
Presley, Eddie Cochran, Brenda Lee y el dúo The Everly Brothers. Años
después les rindió tributo junto a Etienne Daho con esa preciosa balada
titulada Sad Song. Al lado de los temas más personales o amorosos —de nuevo,
esa relación tempestuosa con Jacques Dutronc— la cantante desvela los
pormenores de muchas de sus grabaciones, sus encuentros más felices con
la brasileña Tuca, en el álbum La Question, o Michel Berger (Message Personnel)
o la aflicción que aún le provocan sus primeros discos. Lo que ofrece
el libro es una Hardy en su mejor retrato en blanco y negro, con el
permiso de los tomados por Jean-Marie Périer, su fotógrafo y pigmalión.