Ricardo Piglia era un motor intelectual, un hombre sabio que además era educado.
Ricardo Piglia, en una imagen de 2011. LEO RAMIREZAFP
Ricardo Piglia se sentaba como si fuera a enredarse en sus pies
chiquitos; y cuando ya estaba aposentado como es debido, como él creía
estar más cómodo, comenzaba a hablar, de Borges, de Musil, de Lugones o
de Macedonio Fernández, de Kafka o de Pitol, sin una nota delante, sin
otro instrumento que el de su palabra, como si estuviera leyendo (como
Borges hacía) desde una sabiduría infinita hacia un espejo lleno de
memoria que él ordenaba a la vez que hablaba. Era un motor intelectual,
un hombre sabio que además era educado, como alguien de Oxford o de
Princeton, alguien aprendiendo aprendido.
Ricardo Piglia, en una imagen de 2011. LEO RAMIREZAFP
. Esa
vez era cerca de Veracruz, en México, en un festival Hay, al aire
libre; en aquel mundo abarrotado de jóvenes que comían y hablaban como
si el que se iba a subir al estrado fuera un cantante de rock,
no había ni reverencia ni silencio. En ese incómodo ensamblaje de
expectación aburrida empezó a hablar Ricardo Piglia de los mundos de
Borges, por ejemplo, ensamblados con los mundos de Kafka, y de manera
súbita se fue ordenando aquella muchedumbre y ya parecía que había un
hombre solo, una voz sola, una sola acentuación: la de la sabiduría. Podía pensarse, en efecto, que como le pasaba a Borges, al fin y al cabo
uno de los principales padres de sus batallas, tenía ante sí un
minúsculo y poderoso espejo lleno de palabras que se iban ajustando a
los periodos de su respiración. Y delante sólo había silencio,
admiración y silencio. No era eso tan solo, era la inteligencia. Después de ese encuentro cerca de Veracruz parecería un
milagro que eso ocurriera otra vez, que tanta perfección, en el habla y
en lo que hay dentro del habla, tuviera repetición. Y fue en Madrid,
algunos años después, cuando estaba, de nuevo, ante un auditorio, en el
Círculo de Bellas Artes, contando cómo pintaba, mentalmente, sus
diarios; era con ocasión de la exposición que hizo con su paisano, y
amigo, Eduardo Stupía. Los diarios fueron el alimento de su escritura
durante años, y en esa exposición se alternaba esa escritura personal,
llena, la inteligencia de un hombre habitado por el fantasma de la
cultura, con la pintura clásica, casi ateniense, del pintor Stupía. Ya
entonces, 2014, tenía Piglia los síntomas del mal que siguió, y siguió
tan cruelmente, marcando su paso hacia la parálisis, que desafió con una
energía emocionante. Algún tiempo antes, en Buenos Aires, en la casa del
galerista Jorge Mara, los mismos Stupía y Piglia, el propio Mara, amigo
de todos, el periodista Ricardo Kirschbaum…, Piglia tomó cualquier
asunto, una bagatela, y lo convirtió de pronto en el origen del mundo,
de la pintura, de la literatura; relacionó todo con todo y al final
parecía que había hecho, delante de todos nosotros, un libro, una
conferencia, un recorrido mundial, como el Aleph, hasta por lo
incomprensible que sirvió nítido a los comensales. Desde Jorge Luis Borges nunca había visto a alguien tan
inteligente y tan menos ufano de lo que sabía; aquel día de Madrid le
pedí que me dijera en una entrevista cuál era su primera imagen en la
vida, aquella postal que vivía con él. Quería que explicara, en
realidad, el origen de la potencia de su ansia de saber, que luego se
plasmó en libros maravillosos a los que hay que regresar para entender
por qué llegó a ser, y es, faro de todas nuestras letras, las
inteligibles y las que no lo son. En ese momento le estaba escociendo en el alma y en el
cuerpo la enfermedad cruel que quiso inutilizarlo, pero que no lo logró,
porque él impuso su inteligencia y su memoria al chasquido del mal. Su
mano se resistía a alcanzar del todo las cosas que tenía cerca, y a su
cara subía de vez en cuando un sudor monótono, como si una mosca sin
nombre pero con aliento posesivo lo estuviera rodeando sin darse a
conocer. Era tan inteligente como educado, pues ambas cosas no
siempre se juntan. En su caso era así. Y habló y habló, parecía, otra
vez, Piglia escribiendo, como hacía Borges, como también hacía Paz. Ahí
desveló su secreto: leía antes de leer, y siempre se veía leyendo. Esta
fue su primera postal, decía. Estaba sentado cerca de la estación,
viendo llegar a la gente en los trenes, y él estaba con un libro,
haciendo que leía, “para hacerme ver leyendo”. De pronto el niño aún
analfabeto ve a alguien desde arriba que le advierte: “El libro está al
revés”. De broma, me dijo cuando me contó eso: “¡Podía haber sido Borges
aquel hombre!... Porque, ¿a quién otro se le puede ocurrir tener esa
precisión pedagógica? Ja ja ja”. Siempre se veía, desde esa edad, “con un libro, regalado o
comprado”. Y lo primero que leyó, hasta eso lo recordaba Piglia, fue la
puerta de su casa. “Era la casa de mis abuelos; tenía su nombre y ese
nombre fue lo primero que aprendí a leer”. La enfermedad lo paralizó del
todo, pero sus ojos y su inteligencia siguieron viviendo. Hasta el
final. El lector Piglia, el escritor Piglia. El invencible lector. Nunca
dijo por carta que sufría. Leer lo mantuvo vivo, la rabia de lector lo
hizo invencible.
La reina Letizia en la Pascua Militar de 2016, 2015 y 2017. GTRES / EFE La Reina de España
y la ministra de Defensa han seguido al pie de la letra las
indicaciones que marca el protocolo en la Pascua Militar. Esta vez no
hubo apuestas arriesgadas. Doña Letizia recurrió una vez más a su
modisto de cabecera Felipe Varela y al traje que diseñó para ella el año
pasado, un modelo de corte recto que se ajustaba como un guante a su
figura, con la única concesión de unos bordados. En la que ha sido su
tercera Pascua Militar como Reina ha optado por repetir este vestido que ya usó en 2015, solo que en aquella ocasión llevó el pelo suelto.
La esposa de Felipe VI suele elegir tonos formales para este tipo de
actos y le gusta amortizar su armario. En 2016 optó por un conjunto
blanco y negro.
En la sobriedad que caracteriza el look
elegido por doña Letizia destaca también el recogido con el que se ha
peinado y unos pequeños pendientes de dos tonos. Pese a las bajas
temperaturas de estos días en Madrid, la Reina no ha usado ningún chal. La Pascua Militar marca un protocolo muy claro: uniforme de gala para
ellos y traje de gala para ellas. Este año el Rey se ha vestido con un
traje de capitán general del Ejército de Tierra. La reina Letizia en la Pascual Militar cuando era princesa. De izquierda a derecha: 2008, 2010, 2011. Cordon PressPara María Dolores de Copedal esta era su primera Pascua Militar. La
nueva ministra de Defensa ha escogido un modelo de corte muy clásico: un
dos piezas. En la parte de arriba un cuerpo de terciopelo de color
verde oscuro que daba paso a una falda de un verde muy fuerte. No ha
arriesgado como en su día lo hizo la ministra Carme Chacón que en su
primer año como responsable de Defensa innovó con un traje negro
pantalón que se asemejaba a un esmoquin que recibió muchas críticas.La reina Letizia en la Pascua Militar cuando era princesa. De izquierda a derecha, en 2012, 2013, 2014. gtres onlineTambién ha participado el titular de Interior, Juan Ignacio Zoido, que ha vestido un esmoquin. La tradición de la celebración de la Pascua Militar arranca
cuando Carlos III felicitó a las tropas españolas que recuperaron la
localidad menorquina de Mahón, que estaba en poder de los ingleses, el 6
de enero de 1782. Como prueba de aprecio a sus Ejércitos, Carlos III ordenó a
virreyes, capitanes generales y demás jefes que en el día de la Epifanía
reuniesen a las guarniciones para felicitarlas en su nombre. El presidente del
Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la ministra de Defensa, María Dolores
de Cospedal, y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. MariscalEFE
Un
portavoz de la investigación no descarta que las drogas fueran la causa
de una muerte del cantante que de momento consideran "inexplicable".
Fadi Fawaz, en Londres. Cordon Press
Fadi Fawaz, el que fuera novio de George Michael, ha sido interrogado por la Policía para aclarar lo que sucedió en las últimas horas antes de la muerte del cantante el día de Navidad. Fawaz ha dado versiones contradictorias de los acontecimientos,
diciendo inicialmente que estuvo con la estrella durante el fin de
semana para luego asegurar que él durmió en su coche dejando a Michael,
53 años, solo en su hogar de Oxfordshire.
Mientras
tanto, la Policía ha confirmado que prosigue con su investigación sobre
la muerte de Michael, que actualmente se lleva a cabo en nombre del
forense, y que podría convertirse en una investigación criminal si las
pruebas post-mortem revelan que murió de una sobredosis de drogas. La Policía ha dicho al diario The Telegraph que la muerte del cantante es "inexplicable". Un portavoz agregó: "Si los resultados post-mortem
indican que algún tipo de actividad criminal fue la causa, entonces se
convertiría en una investigación criminal. En los casos en que alguien
muere de una sobredosis de drogas, queremos establecer quién suministró
esas sustancias". Tributo a George Michael, en su casa al norte de Londres. Neil MockfordGC Images
Como
parte de la investigación, la policía se puso en contacto con una
agencia de fotografía que tomó imágenes de las personas que iban y
venían de la casa de Michael en Goring-on-Thames la víspera de Navidad,
un día antes de ser encontrado muerto. El intérprete de Last Christmas tenía una larga historia de abuso de drogas, pero su familia negó haber sugerido que estuviera usado heroína. George Michael y Fadi Fawaz estuvieron juntos ocho años,
pero pusieron punto y final a su relación a mediados del 2015, según han
revelado amigos del cantante al diario The Sun. El
protagonismo que ha adoptado el peluquero tras la muerte de quien fue su
pareja hace sospechar que lo que busca es unos minutos de fama. "George confiaba en Fadi y dependía de él para muchas cosas,
pese a que llevaran 18 meses por lo menos sin ser pareja”, aseguró una
fuente al diario británico. De ahí que cuando todos los medios de
comunicación se refirieron a Fadi como su novio tras su muerte, en el
entorno de George se creara un cierto malestar.
'Les noces de
Pierrette', de Picasso, obra del oligarca ruso Dmitry M. Rybolovlev que
estuvo en el puerto franco de Ginebra (Suiza).Los puertos francos son lugares donde agoniza la belleza. Da
igual que semeje un asfixiante edificio negro y gris desplomado sobre
el patio central de una cárcel. Ginebra. O proponga hechuras
vanguardistas tejidas con vidrio u-glass (una de las pieles que recubre infinidad de museos). Luxemburgo. Hay algo que desasosiega. Quizá saber que tras las alambradas, puertas
de acero, guardias y pastores alemanes, en cajas, a 21º de temperatura y
una humedad del 55%, se ocultan millones de obras de arte. Suficientes
para construir un inmenso museo y un nuevo relato de la historia que
cambiaría nuestro entendimiento del pasado y nuestra relación con el
presente. Esos puertos varados en tierra son gigantescos almacenes que los
multimillonarios utilizan para guardar oro, vino, antigüedades o arte
sin pagar impuestos. La mercancía está técnicamente en tránsito y en
este limbo fiscal puede vivir durante décadas. Solo el puerto franco de
Ginebra cobija más de 1,2 millones de obras de arte, según una
exhaustiva información sobre el asunto que publicó The New York Times. De hecho, se cree que guarda 1.000 piezas únicamente de Picasso. Aunque se sabe que hay cuadros de Klimt,
El Greco, Rothko... El oligarca ruso Dmitry M. Rybolovlev llevó hasta
allí su colección de 2.000 millones de euros, que incluye desde Les noces de Pierrette (1905), del genio cubista, hasta un Salvator Mundi,
la última obra atribuida a Leonardo da Vinci. Pero ya no están. Tras
denunciar a su antiguo asesor, Yves Bouvier, conocido como “el rey de
los puertos francos”, por presunto fraude, las piezas andan —acorde con
el diario estadounidense— en Chipre. Y junto al rechazo moral que
provoca ocultar un patrimonio que debería compartir toda la humanidad se
añade la elusión fiscal y el blanqueo. ¿Se han convertido estos
espacios en una franquicia de lo ilícito?
"Siempre aconsejo a mis clientes que se mantengan alejados
de los puertos francos. Básicamente lavan dinero de la manera más limpia
y refinada. Y si no lo blanquean, intentan eludir el pago de impuestos,
que es otra variante del lavado", critica Todd Levin, presidente de la
consultora de arte Levin Art Group. Esta es la mala reputación que, como el alquitrán, se pega a estos
contenedores de lujo y contra la que David Arendt, director general del
puerto franco de Luxemburgo, alza la voz. "Todos los bienes que entran y
salen hay que declararlos en los servicios aduaneros, que comprueban en
los ficheros de la Interpol, y de otras policías internacionales, que
esas obras no son robadas o expoliadas”. Desde este año, Suiza ha prohibido las transacciones en
metálico que superen los 100.000 francos suizos (91.500 euros). Los
pagos por encima de esa (elevada) cantidad tienen que efectuarse con
tarjeta de crédito, con lo que el dinero ilícito deja rastro. Además,
los clientes del puerto ginebrino deberán permitir inspecciones
adicionales de cualquier pieza arqueológica que guarden. Hace dos años
los carabinieri (policía italiana) descubrieron en ese puerto
dos rarísimos sarcófagos etruscos y 45 piezas arqueológicas expoliadas,
envueltas en papel de periódico de los años setenta.
Lavado de dinero
Pero no solo codician tiempo y opacidad, sino también
consumen fondos públicos. Parte al menos de los salarios de los agentes
de aduanas del puerto de Ginebra se sustentan con impuestos. Y eso
escuece. “Si el arte es almacenado en una cueva protegida por recursos
humanos e infraestructuras pagadas por los contribuyentes, y si la
propiedad no se puede saber debido al uso de estructuras off shore
o similares, entonces existe un campo fértil para el lavado de dinero,
el tráfico ilegal de arte, el fraude fiscal y abusos similares. Una
parasitaria industria de intermediarios está ganando mucho dinero”,
revela el abogado suizo Christophe Germann. Aunque a veces lo parezca, el mercado del arte no es el
Salvaje Oeste. Pero tampoco la cívica Suecia. Es un lugar, sobre todo,
opaco. En junio del año pasado, Stiliano Ordilli, responsable de la
Oficina Suiza de Blanqueo de Capitales, advirtió de que “debería haber
una regulación real del mercado, por lo menos para proteger a los
marchantes honestos”. Incluso el reconocido economista Nouriel Roubini,
profesor en la escuela de negocios Stern, de la Universidad de Nueva
York, que colecciona desde hace años, ha defendido en el Foro de Davos
la necesidad de una normativa más estricta. Pero meter en vereda un
mercado de 63.800 millones de dólares es complejo. "El arte comercia con
activos de gran valor y es más sencillo subir un miró de 10
millones de euros a un avión, y hacerlo desaparecer, que mover esa
cantidad en billetes de 20", observa en su despacho de Madrid un
especialista en transacciones financieras que pide no ser citado. Ni por aire ni por tierra, nadie sabe cuánto dinero se
blanquea a través del arte. Pero dado el estallido de los precios
durante los últimos años y la transformación de maestros como Picasso,
Pollock o Bacon en activos financieros, la cifra debe de ser alta. Solo
se sabe que el lavado de dinero —según la firma de servicios PwC—
consume entre el 2% y el 5% de la riqueza del mundo. De uno a dos
billones de dólares al año. Otro trabajo, este de la consultora
Deloitte, preguntó a los gestores de altos patrimonios por esta relación
y encontró que el 56% “sentía que el blanqueo era una seria amenaza
para la credibilidad del mercado del arte”. Los casos del financiero Jho
Low —cuya colección está investigada por presunta malversación del
fondo soberano de Malasia 1MDB— y los papeles de Panamá —una filtración de 11,5 millones de documentos, que demostró el uso de sociedades pantalla para ocultar monets, picassos y hirsts por decenas— alertan de los lazos entre negrura y arte. Algunos expertos ven una cuestión de oportunidad. “Los criminales pueden
escoger el arte por la falta de registros, el desconocimiento en las
aduanas del valor real de las obras, la escasa vigilancia que existe en
las transacciones artísticas y las opciones que ofrecen los paraísos
fiscales y las sociedades pantalla para ocultar al propietario de las
piezas”, desgrana Andrés Knobel, abogado y consultor de Tax Justice
Network. Una pelea contra la ingeniería financiera y los territorios
insolidarios del planeta. ¿Una batalla perdida? "Creo que la estricta
regulación contra el lavado de capitales de la industria financiera poco
a poco empezará a tener un efecto directo en el comercio del arte”,
vaticina Anders Petterson, fundador de la consultora ArtTactic. Veremos.