Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

5 ene 2017

El día en que el libro muerda al perro....................... Juan Cruz.

Las televisiones públicas dan a los deportes, los sucesos o la cocina mucha más importancia que a la cultura.

Una tienda de libros de segunda mano en Madrid.
Que perdonen los excelentes profesionales de la televisión pública (la del Estado, y las del Estado). Que perdonen esos profesionales: esto no va con ellos.
Esas televisiones tienen un pecado de omisión en sus informativos. La omisión de los libros.
 La secuencia es: careta, noticias nacionales o internacionales, sucesos, sucesos, después más sucesos, sucesos, deportes, más deportes, muchos más deportes. 
Y el tiempo, mucho tiempo.
 Como si el patio de butacas de España estuviera sacando la mano por la ventana para ver qué tiempo hace.
 A veces hay espectáculos: actores separándose, cineastas muuuy famosos, la inauguración de un acontecimiento al que van los Reyes a entregar un premio. Un premiado muerto.
Como decía Cabrera Infante, toda enumeración es injusta, pero la memoria vive de enumeraciones.
 El menú es ese, y eso es lo que llega a la gente por los dispositivos informativos de que disponen las casas. 
 Eso está variando, como se sabe en los periódicos (los de papel y los no impresos), del mismo modo que está cambiando (más lentamente) la relación de los lectores con los libros y con otros elementos de la distribución del arte.
 Ahora aprietas un botón y escuchas una sinfonía.
 La vida ahora tiene (para horror de Luis de Pablo, para tantos) mucha música de fondo, y ya ni siquiera la música es protagonista de los telediarios.
 Es decir, la música que enseña a sosegar el espíritu o a inquietarlo, la música de verdad; ahora la música es de fondo, como las bibliotecas de atrezzo que salen en las películas.

No siempre fue así.
 La televisión de los años ochenta, que no tenía competencia y era del Estado enteramente, tenía programas de cultura de vanguardia, como aquellos que creó Enrique Nicanor y que presentaba, por ejemplo, Paloma Chamorro. José-Miguel Ullán, poeta que fue periodista, hacía entrevistas formidables a artistas de la cultura pop, y de la otra; Sánchez Dragó hacía muy notables entrevistas a escritores, Carlos Veles hizo programas memorables, como Joaquín Soler Serrano.
 Toda enumeración es corta, ya saben, pero no se hace esa enumeración ahora por nostalgia sino por carencia.
 ¿Qué se hace con los Presupuestos del Estado, menguados por ocurrencias distintas, para promover la cultura en las televisiones que paga el erario público?
 Pues programas de cocina, sucesos... Galimatías.
En ese espectro ciego se quedan los telediarios, vendidos al postor de la audiencia, por un plato de lentejas.
 Antes los sucesos los daban otros, ahora los sucesos los dan todos, desde el minuto 10 del telediario. 
Los deportes ocupan la franja más nutrida de los informativos, con el fútbol como delantero centro de ese ahogo. 
¿Y los libros? Y los libros esperando a que se muera el próximo poeta o a que el Rey le entregue el Cervantes al último galardonado. 
Es noticia que un hombre muerda a un perro. Pues para que un libro salga en los telediarios habrá que esperar a que el libro muerda al perro.

 

3 ene 2017

El campo de Auschwitz suma otro medio millón de visitas en 2016

El centro de exterminio ha superado los dos millones de turistas, récord histórico.

Quién haya visitado alguna vez un Campo de exterminio o de Trabajo, no lo podrá olvidar nunca. Siempre se recordará el "Silencio" se notará frio con esos pijamas de rayas y las fotos de como llegaron y como se van conviertiendo en cadáveres....y uno piensa....¿Por qué ese Dios permitió tanto horror? 

 

El campo de concentración Auschwitz-Birkenau, encarnación de los valores nazis y memoria viva de uno de los mayores horrores de la historia, recibió en 2016 más de dos millones de visitantes, medio millón más que en 2015 y uno más que dos años atrás.
 Es una cifra algo inferior al número de entradas que vende el Museo del Prado. En aquel campo fueron exterminados en el Tercer Reich entre 1,1 y 1,4 millones de personas: judíos, gitanos, homosexuales, presos soviéticos y polacos.
 Por nacionalidades, los polacos siguen siendo los más numerosos (424.000), seguidos de británicos (271.000), estadounidenses (215.000), italianos (146.000) y españoles (115.000), de acuerdo con el informe de la dirección.
 El antiguo centro de exterminio, que celebró hace dos años el 70º aniversario de su liberación, se abrió como museo en 1947 y es Patrimonio de la Humanidad desde 1974.
 Sin embargo, ha estado al borde de la desaparición debido a las estrecheces económicas para conservar sus 155 edificios, 300 ruinas (entre las que se incluyen los dos hornos y cámaras de gas, volados por los nazis) y miles de objetos personales que en sí mismos condensan el espanto: minúsculos zapatos infantiles, prótesis de mutilados, montañas de gafas redondas, toneladas de cabello, la maleta de Klara Golosein, la de Georg Weiss, la de Else Meier, cartas de víctimas, apuntes de verdugos
 
Visitantes en la entrada del museo de Auschwitz. Reuters
“En el mundo de hoy, desgarrado por los conflictos, la sensación de inseguridad y el auge de los populismos, es más necesario que nunca recordar los capítulos más oscuros del pasado y las advertencias que contienen, como Auschwitz”, declaró ayer su director, Piotr Cywinski.

Cómo ser la reina de las rebajas.................r María R. López y Andrea Morales

Guarda la calma, ponte zapatos cómodos y medita todo bien antes de pasar la Visa.

Fotograma de la película 'Confesiones de una compradora compulsiva'.

 

La ayatolá de las rebajas, la gurú de los chollos.
 Estos son algunos de los motes que me han puesto mis compañeros de trabajo y mi círculo de amistades. 
Y es que si tengo un principio, ese es el de no pagar más por algo que puedes encontrar por menos, si sabes cómo.
 Solo se necesita tiempo y paciencia, y algunos consejos. 
Las rebajas de invierno están a punto de comenzar —el 7 de enero en la mayoría de comunidades— y este año vamos a hacerlo bien. Hay ciertos trucos, adquiridos a lo largo de temporada tras temporada y después de sufrir algunas desilusiones, que ayudan a hacer de este período de descuentos una experiencia satisfactoria. 
Antes de entrar en harina y desvelar mis mejores secretos, quiero hacer un llamamiento a todos los consumidores: apostad por las compras responsables.
 No, no es necesario llenar por llenar el armario de prendas.
 En esa camisa que cuesta tres euros se te va a quedar un cerco amarillo de desodorante imposible de borrar.
 Ese pantalón vaquero de 15 euros no te valdrá el segundo día que lo uses porque es 70% algodón, 30% poliéster, y dan de sí.
 Y unos jeans de verdad, de los que te duran 10 años (si no cambias de peso), están compuestos al 100% de algodón, tela conocida como denim
¿Y esos botines de 5 euros? Son plástico, te va a sudar el pie, palabrita de fashion victim
Por eso, las rebajas son buen momento para comprar dos tipos de prendas: las que forman el llamado fondo de armario y esos caprichos* que no has podido permitirte antes.
 Casi todos los expertos en moda coinciden: el fondo de armario está compuesto por prendas atemporales, básicas y de buena calidad.
 Por ejemplo, un little black dress —ese vestido negro que te sirve para cualquier ocasión menos para hacer deporte e ir a la playa—, un abrigo largo color camel, una camisa blanca clásica, unos botines de piel, un bolso shopper o una chaqueta de punto.
El fondo de armario no se puede crear de una vez, a no ser que estés dispuesto a gastarte una buena cantidad de dinero. Por eso, yo lo comparo con la afición de coleccionar monedas o sellos. 
Lo vas haciendo poco a poco.
 Piensa en qué te hace más falta ahora, en qué vas a utilizar más.  

La semana antes

Uno de mis mejores trucos es pasarme por las tiendas una semana antes, probarme las prendas y apuntarme la talla y la referencia.
 A las 23.59 horas del día 6 de enero estoy conectada a la web de la tienda que me interese y, una vez se cumplan las 00.00 horas, añado todo a la cesta de compra y pago rápido. 
Me ha sucedido en un par de ocasiones que, mientras hacía la compra, algunas de las prendas que había seleccionado se agotaron y me quedé sin ellas, por eso está muy bien guardar previamente las pestañas que nos interesen en favoritos. 
Si lo de Internet no es lo tuyo —yo te animo a que empiece a ser lo tuyo, cómodo, sin chocarte con la gente, sin colas, te lo traen limpito y bien envuelto a casa—, la mayoría de tiendas abren a las 10 de la mañana.
 Vete a primera hora con las ideas claras y aléjate de las tiendas del centro. 
Eso es un horror de prendas tiradas en el suelo, montañas de nadie-se-atreve-a-meter-la-mano-por-si-acaso y pisotones. 

El mejor momento

Los mejores días para comprar son los primeros y los últimos. 
Las segundas rebajas no son más que un eufemismo de "te saco todo lo que tengo en el almacén desde antes de que Britney Spears se rapara el pelo (y eso fue en 2007)". 
Sin embargo, los días finales sucede aquello de entre col y col, lechuga.
 Hay cosas escondidas de gente que ha hecho devoluciones y que pueden ser una buena inversión de futuro. 
Además de prendas de otras estaciones, como sandalias o vestidos. Hay que esperar para estrenarlo, pero el tiempo vuela.
Este año, el mejor momento puede ser ya mismo. 
Tiendas como Adolfo Domínguez, Mango, Bimba y Lola, H&M, & Other Stories y Cortefiel ya han empezado con sus rebajas. 
Y las hay muy buenas.
 Como dicen mis compañeras de SModa, estos días puedes comprar tus Reyes con descuento

 

En el recodo de un sueño..................... Juan Cruz


EL PAÍS
Estaba allí el rumor de la madre, la evocación de la hija, la flor del invierno, aquella luminosa habitación abierta al cielo en la que pintaba flores y dibujaba rostros viejos o escuchaba música para escribir adrede, la historia de esos rostros, su soledad, su ruido, su rabia.
Costaba trabajo, en ese momento, imaginarlo sin moto, con la que había recorrido pueblos, desiertos y otros territorios que se parecían a los de sus novelas.
 En aquel momento, hace dos meses, acababa de publicarse de nuevo G., uno de sus grandes libros, y Alfaguara lo había reeditado casi todo. 
Y nosotros se los llevamos a su casa cerca de París, donde vivía lejos de aquellas montañas en las que fue vaquero acompañado o solitario, triste al fin, despegado de aquel suelo francés, y también de su suelo inglés, y de todos los suelos, pues ya vivía en el recodo de un sueño.
Tocaba los libros como si fueran esculturas, máscaras de un tiempo que se relacionaba con él por el sonido del pasado, esas palabras que construyó como quien esculpe; en las paredes blancas, el dibujo del rostro de su padre, por ejemplo, y en la conversación, arrancada a la inteligencia del silencio, aparecían su hija, su nieta y su madre, siempre presente, explicándole por qué no leía sus libros. No te leo para creer que eres el mejor de todos. Ja, ja, ja.

Le costaba reír a John, aquel vitalista que comía tortillas suaves en Betanzos, que acariciaba el vino peleón en las tabernas de Madrid, que pelaba con los dedos las gambas de Barcelona, que cuidaba del embutido como de los adjetivos de la vida, y que escribía con esa paciencia que tienen los pintores, los escultores o los grabadores, y que él tenía por todo eso y por su larga experiencia de agricultor en silencio sobre motos que se pierden en los susurros de los países.
En aquel momento, echado en su chaise longue, horriblemente dolorido, cargaba minutos sin tiempo hasta contestar las preguntas; siempre fue así, parecía que esas palabras luchaban contra un agente extranjero, como si un muro se hubiera levantado entre él y lo que salía por su boca.
 Uno piensa que las personas, sea el tiempo que pase, siguen siendo las que conocimos un día partiendo queso o bebiendo vino malo en las tabernas en las que su voz cantaba, como aquellos ojos azules. Y ya tampoco eran esos ojos azules.
En el calor doméstico de su invierno esos ojos se habían agrandado, como si se hubieran dibujado para persistir en su belleza, inundados sin embargo del susto y del abismo.
 Al final de la tarde, y aunque ya la frontera entre su cansancio y la vida no impedía su abrazo (abrrazzo, decía John, era su palabra española), parecía que él mismo iba a salir a la calle, a buscar su moto, a echarse otra vez al ruido del mundo.
Pero ya su vida estaba entre esos silencios de los que se levantaba como si describiera con su voz el dolor que sufría; era, también en ese momento, el dolor del mundo, ese miedo que sus ojos guardaban para que nosotros no supiéramos cuánto quedaba para que la tristeza fuera la última noticia de su invierno.
 Y ahora lo es, como una campana rota tañendo desde lo alto de un árbol que se llama Berger.