Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

2 ene 2017

No nos asfixien............................................Javier Marías

Todo está demasiado controlado, regulado, burocratizado. Los requisitos son interminables, todo invita al abandono de cualquier actividad.
COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS
SIRVA COMO un ejemplo entre mil. 
Hace unos meses, con vistas a una pequeña exposición, la Biblioteca Pública de Nueva York me solicitó el préstamo de los borradores de una novela. 
Mis borradores están escritos a máquina y llenos de tachaduras, flechas, añadidos y correcciones a mano, por lo que hoy parecen casi tan exóticos como papiros egipcios.
Se trataba de una novela de 2002, unos 1.500 folios.
 Se me indicó que los metiera en una caja, que describiera dicha caja, que la midiera y comunicara sus dimensiones exactas, que detallara su contenido y le pusiera título en una etiqueta especial. Fui obediente, y allí estaba yo con una cinta métrica, traduciendo de centímetros a pulgadas.
 Entonces se me dijo que, para el seguro y la aduana, especificara el precio de lo que enviaba. 
“Ni idea”, le confesé a mi agente María Lynch, que me hacía parcialmente de intermediaria. 
“Nunca he vendido esta clase de material. Que lo calcule la Biblioteca, que estará más acostumbrada a tasar manuscritos y demás”
. Ah no, la Biblioteca no podía hacerlo, al ser parte interesada y una hipotética compradora futura (muy hipotética, la verdad).
 Tenía que ser yo quien lo valorara. “¿Ponemos $10.000, por poner algo, y no hacerme mucho de menos?”, le pregunté a María. “Ya puestos”, me contestó ella muy audaz, “vamos a decir $20.000”. “Más quisiera yo”, respondí, “pero sea, con tal de acabar con tanto trámite”. 

Estaba ya todo más o menos listo cuando surgió otro problema: la Biblioteca sólo podía asegurar mis folios una vez estuvieran en suelo estadounidense, no durante el trayecto.
 A mí me daba lo mismo, pero María se negó en redondo: “El mayor riesgo está en el viaje, ¿qué sentido tiene que no los cubra el seguro hasta que hayan llegado a salvo?”
 Qué hacer, pues. Intervino entonces mi amiga Mercedes López-Ballesteros, que me echa una mano con un ordenador y otras tareas, e hizo lo que le sugirieron: escaneó los tres primeros borradores de los 1.500, los envío por mail a la Biblioteca y ésta colocó debajo unos 1.497 folios en blanco.
 Ese fue el montón que se expuso al final: tres hojas no auténticas, sino escaneadas, sobre unas 1.497 no escritas, un simulacro en realidad.

 Por suerte las expusieron en una vitrina, por lo que ningún curioso podía descubrir la farsa.
 Hubo buena voluntad por parte de todos, pero ya ven, se hizo imposible algo tan inocuo como enviar una caja llena de folios.
Este es el mundo que nos han construido. 
Ríanse de la burocracia del siglo XIX, famosa en las obras de Dickens, Balzac y Larra.
 La que padecemos hoy ha dejado aquélla convertida en un paraíso de facilidades y libertad.
 Ustedes lo saben como yo: para cualquier imbecilidad, antaño sencilla, hay que solicitar todo tipo de permisos y documentos.

 Para cualquier gestión, oficial o no, hay que cruzar innumerables mails, sms, llamadas, y firmar docenas de veces. 
Para establecer una empresa o negocio, los trámites son inacabables y los obstáculos casi insalvables (y luego los políticos se permiten alentar a los “emprendedores”, a quienes por lo general se impide emprender nada).
 Para tratar con la Administración, todo el mundo está obligado a poseer ordenador, pero esa misma 
Administración hace laberíntico y arcano el proceso de presentación de lo que sea, o le falla “el sistema” cada dos por tres, o da instrucciones contradictorias e imposibles.
 El resultado apetecido –parece– es que todos nos paralicemos, que desistamos, que no hagamos nada.
 Por tanto, que no creemos riqueza ni empleo.
 La misión de nuestros políticos es disuadirnos.
 Ponen tal cúmulo de trabas que a uno le dan ganas de cruzarse de brazos y sumirse en la pasividad. 

Todo está demasiado controlado, regulado, burocratizado. 
Están prohibidas acciones que ni imaginamos. 
Los requisitos e impedimentos son interminables, todo invita al abandono de cualquier actividad.
 En Europa tenemos en Bruselas a una monstruosa legión de burócratas que viven de eso, de urdir normas y dificultades sin fin, que oprimen a los ciudadanos y no les dejan vivir.
 De alguna manera han de justificar su sueldo.
 He aquí mi propuesta y mi ruego: “Señores burócratas de Bruselas y España: No se preocupen por sus empleos.
 Los tienen asegurados. 
 Seguiremos pagándoles de buen grado aunque se pasen la jornada mano sobre mano.
 Por favor, háganlo. Jueguen al ajedrez, al dominó, a los naipes o con el smartphone.
 Vean estúpidos vídeos de youtubers en sus horas laborables. Envíen chistes a sus colegas de Estrasburgo, Ginebra o La Haya. Lean algún libro de tarde en tarde, si recuerdan cómo hacerlo. Hártense de series de televisión, que duran y ocupan muchas horas. Nadie se lo va a reprochar.
 Insisto, se les seguirá pagando religiosamente aunque sean ustedes meros parásitos. 
  Pero, se lo suplico, estense quietos. No piensen. No imaginen nuevas prohibiciones y obstáculos demenciales.
 No inventen nada. No rastreen con lupa la realidad a ver si se les ha escapado algún resquicio sin reglamentar. 
Por favor, no nos asfixien, déjennos vivir.
 Déjennos un mínimo de espontaneidad, iniciativa y libertad”.

1 ene 2017

El atacante que mató a 39 personas en una discoteca en Estambul sigue huido

Un hombre disfrazado de Santa Claus abrió fuego durante una fiesta de Año Nuevo junto al Bósforo. Dieciséis de los muertos son extranjeros. Hay decenas de heridos.

¿Por qué matan en nombre de Alá? ¿Por que en fiestas que no son reuniones sino que la gente en nombre de Dios o de Alá quieren pasarlo bien? ¿Por qué , Dios , lo permites? ¿porque dejas que en tu nombre haya tanto horror? 

Un hombre disfrazado de Santa Claus abrió fuego durante una fiesta de Año Nuevo junto al Bósforo.

 Dieciséis de los muertos son extranjeros. Hay decenas de heridos

Traslado de uno de los heridos en el atentado. REUTERS / ATLAS

El año 2017 ha empezado en Turquía con una nueva matanza 
. Un atacante disfrazado supuestamente de Santa Claus entró en torno a la 1.15 de la madrugada, hora local (23.15 en la España peninsular) en la elitista sala de fiestas Reina en Estambul, junto al Bósforo, y asesinó con un arma de largo alcance a 39 personas, entre ellos 16 extranjeros, según el ministro del Interior, Suleyman Soylu
. Otras 69 resultaron heridas.
 El terrorista ha conseguido huir, según el ministro.
 del Interior, Suleyman Soylu.
 Otras 69 resultaron heridas. El terrorista ha conseguido huir, según el ministro.
 "Nuestra policía ha puesto en marcha una operación y esperamos que sea capturado pronto", ha dicho Soylu, citado por la agencia semipública Anadolu.
 El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha manifestado que se trata de un ataque "atroz", que persigue "destruir la moral de la nación y crear el caos".
"Un terrorista abatió a un policía que controlaba la puerta principal con un arma de largo alcance y mató a un civil antes de acceder a la sala y atacar a personas inocentes", había explicado antes el gobernador de la metrópolis turca, Vasip Sahin, citado por la agencia oficial Anatolia.
El gobernador añadió que se trata de un nuevo atentado terrorista, el vigésimo que ha sufrido Turquía en el último año, que ha dejado casi 200 muertos a manos de distintos grupos terroristas.
"Por desgracia, el atacante disparó de forma cruel y despiadada contra personas inocentes que estaban celebrando el Año Nuevo y disfrutando", agregó Sahin.
 En el momento del atentado había más de 500 personas en la sala de fiestas, según la cadena de televisión privada NTV.
 Numerosos asistentes saltaron a las gélidas aguas del Bósforo para salvar sus vidas
 
.


La cadena local CNN Türk señaló que el atacante iba disfrazado de Santa Claus, y en un primer momento los medios turcos mencionaron que eran hasta cuatro terroristas vestidos de esta guisa.
 Sahin no desveló la identidad del atacante, y ningún grupo ha reivindicado el atentado de momento.
El Reina es un bar exclusivo donde acuden famosos y la élite secular turca, por lo que las medidas de seguridad suelen ser estrictas, pero en esta ocasión fallaron.
"Dispararon a todos con armas automáticas, eran tres o cuatro, dispararon en la cabeza a todos los que estaban vivos", señaló uno de los heridos, ingresado en el hospital del vecino distrito de Sisli, a la agencia turca de noticias Dogan.
El gobernador no informó del destino del asaltante. La zona fue acordonada de inmediato y sólo se permitió el acceso a las ambulancias.

 

31 dic 2016

Mercurio retrógrado..................................... Boris Izaguirre..

La actriz Carrie Fisher junto a Chewbacca, durante el rodaje de la segunda película de Star Wars en 1983. Getty Image

Pertenezco a una generación que creció con un cierto protocolo ante las muertes emblemáticas.
 Algo heredado de generaciones anteriores que se preguntaban dónde estaban el día que murió Marilyn o JFK. 
Yo sí sé dónde estaba el día que murió Michael Jackson: llegando a una fiesta con Paulina Rubio y Topacio Fresh.
 Recuerdo dónde estaba cuando murió Elvis, leyendo el periódico junto a mi mamá.
 Como si recordar dónde estabas vivo cuando un ídolo muere sirviera para entender el cambio y la época que esa muerte significa.
 Pero en 2016, los sobresaltos se han acumulado.
 Y esta semana sobre todo. Primero George Michael, dos días después, Carrie Fisher, la princesa Leia.
 Y al día siguiente, su madre, la actriz Debbie Reynolds. 
 El mundo está cambiando.
 Donald Trump prescindirá de las conferencias de prensa y las sustituirá por Twitter.
 Otra muerte más: los periodistas acreditados de la Casa Blanca tendrán que reinventarse en blogueros.
Estaba en la playa, en agosto, cuando el teléfono anunció que había muerto Juan Gabriel, el mito mexicano de la música. 
 En menos de un segundo otros bañistas se giraban diciéndome: “Ha muerto Juanga”. 
Lo entendí como uno de esos milagros instantáneos de la tecnología, la información vuela y las noticias malas, como siempre, llegan antes que las buenas. 
El martes, Snapchat informó de que estamos en Mercurio retrógrado hasta el 8 de enero, un período propicio para la revisión de cosas que puede llenar dos semanas imprevisibles, en las que se debilita la lógica y hay una sensación de retroceso.
 Vaya, ¿no llevamos ya tiempo así?
 Como todos los planetas están en movimiento hay un momento en el que, visto desde la Tierra, pareciera que Mercurio retrocede. O se detiene.
 Es una ilusión óptica porque, como todo el mundo sabe, en la galaxia nada se detiene.
 O sea que, probablemente, Mercurio retrógrado no es tan asustante como amenaza su nombre.
 Es un poco como 2016, puede que haya sido un año retrógrado, con el triunfo del Brexit y de Donald Trump, pero al final un poquito ilusionante con la noticia de que Jennifer Lopez no vuelve con su ex Marc Anthony sino que sale con Drake, el rapero exnovio de Rihanna, lo que supone un inevitable choque de estrellas de la misma galaxia. 
 
La actriz Debbie Reynolds, en Nueva York en 1959. AP
En esa órbita de cosas y chismes, podríamos empezar a ver la desaparición de nuestros iconos como el principio de una nueva etapa. 
 Mi hermana Valentina y yo acudíamos a un bar en Caracas llamado City Rock, que tenía los primeros monitores con vídeos musicales, para gastar noches enteras emulando los movimientos de George Michael. 
Años después, Carlos Latre hizo realidad uno de mis sueños al vestirme de princesa Leia en uno de sus especiales de humor, convirtiendo el célebre peinado de la princesa guerrera de La Guerra de las Galaxias en un guiño a los peinados que llevan las falleras. 
  Pero reconozco que lo que más me gustaba de Carrie Fisher era su vida como una auténtica princesa de Hollywood que en su desarmada infancia tuvo que ver cómo la mejor amiga de sus padres, Elizabeth Taylor, viuda y desconsolada, conseguía que su papá se divorciara de su mamá para casarse con ella.
 Quizás como el resultado de otro Mercurio retrógrado.
 Son las historias de Hollywood con las que crecí.
 Verdaderos culebrones, que es en lo que se ha convertido la saga de La Guerra de las Galaxias.
Me gustaría recordar, sin tanto merchandising y más amablemente, este 2016 como el año del “compiyogui”, un término relajante que se puso de moda al hacerse público un chat de WhastApp privado de los entonces príncipes de Asturias con un amigo implicado en el caso conocido como Púnica.
 El láser de la Casa Real fulminó ese chat (y esa amistad), pero el término perduró y pasó a ser un modismo simpático. 
Y ahora mis amigos millennials me llaman compiyogui, porque combina ese punto de ingenuidad con salero tecnológico.
 Después de eso también resultará inevitable recordar este año como el del surgimiento galáctico de Alba Carrillo, la vengadora del matrimonio o la heroína del divorcio, que no ha parado de crecer como estrella mediática.
 Ha cerrado el año con una entrevista con Terelu en la que le pidió trabajo en el programa de su mamá y regaló una nueva perla: “Mentalmente, he pasado página”. 
Ante todas las verdades que nos ha arrojado 2016 a la cara, esa tiene que ser nuestra actitud: mentalmente, pasar página.

El año de la inflexión feminista..........................Isabel Valdés..


Michelle Obama, durante uno de sus discursos de campaña en New Hampshire, en octubre de 2016. JIM COLE (AP) / VÍDEO: REUTERS-QUALIT

El mundo cambia y lo hace a la velocidad de la luz. Inaugurado con la caída de las Torres Gemelas, el siglo XXI ha acelerado un proceso que venía anunciándose, la globalización, ya irreversible. Y la globalización nos ha traído el efecto espejo: allí donde mires está el otro, de otra etnia, de otro estrato social, en otra circunstancia, pero al fin y al cabo un otro que eres tú. Hoy todos somos el niño Aylán varado en una playa, los subsaharianos escalando la cortante valla de Melilla... y todos somos también Malala, la adolescente tiroteada en Pakistán por querer estudiar. 
Si el feminismo es hoy una causa común es gracias a la globalización.
Los grandes problemas de siempre —éticos, sociales, económicos, sanitarios, culturales y ambientales— han sido centrifugados y forman ahora un conglomerado que más que nunca sabemos que solo arreglará una solución global. 
El tiempo de la parcelación ha tocado a su fin y la tercera ola del feminismo —esta que estamos viviendo desde los años 90— se integra en una marejada formada por olas de lucha por la justicia social, combate contra la pobreza, defensa del medio ambiente...
 De ahí que las voces a favor del feminismo y de su causa principal —la equidad de género— vengan de lugares distintos y se repliquen a lo largo y ancho del globo como en una gran partida de ecos. 

Si en medio de las revoluciones árabes las mujeres son violadas, las occidentales cierran filas en torno en defensa de una ley del aborto digna; si las profesionales del cine de Hollywood claman contra la brecha salarial, los medios de comunicación redoblan su interés por diagnosticar las hechuras del techo de cristal; si Chimamanda Ngozi Adichie escribe en defensa de la condición de las mujeres (Todos deberíamos ser feministas), los países nórdicos convierten su libro en lectura obligatoria y así sucesivamente. 
Ya no se puede escapar del combate feminista: el feminismo ha salido a la plaza pública de la aldea global.
En 2009 la BBC en urdu empezó a publicar en forma de blog el diario que llevaba una joven pakistaní, hija de un maestro que dirigía una escuela para niñas. 
Narraba por entregas cómo los talibanes se apoderaban progresivamente de su mundo: había que evitar el uso de los colores llamativos, esconder los libros, dejar de escuchar música. Incluso el New York Times se fijó en esa valiente y le dedicó un documental —Class Dismissed: Malala's story—, en el que esta denunciaba las crecientes dificultades para asistir a clase y su deseo de convertirse en médico.
 Un día Malala se levantó, cogió sus libros y subió al autobús que la llevaba a la escuela. 
Eso sucedía en el valle de Swat, al noroeste de Pakistán. 
Un fanático le descerrajó un tiro en plena cara y salió viva de milagro. 
Tenía entonces 14 años y el atentado conmocionó al mundo. A los 17 le concedieron el Premio Nobel de la Paz por defender el derecho de las mujeres a la escolarización. 
Fue el Premio Nobel más joven de la historia y se convirtió en un icono en la defensa de las mujeres.

Malala vista por la ilustradora Isabel Ruiz.
Mafalda gritaba en una viñeta: "Paren el mundo que me quiero bajar", pero el mundo seguía girando y bajarse resultaba imposible. Hoy gira más deprisa que nunca, con todos los riesgos que eso conlleva y que ha analizado entre otros Paul Virilio. Vemos en directo en televisión como naufragan las pateras en un Mediterráneo convertido en cementerio, se suprime aranceles y se anuncian tratados de libre comercio. Ya nada de lo que sucede lejos nos es ajeno porque el concepto de cerca y lejos se ha transformado. 
El contagio de la concienciación feminista ha sido una de sus consecuencias. Posiblemente podemos hablar, finalmente, de un feminismo universal.
Después de siglos de idas y venidas, de avances y retrocesos, de tragedias atroces, el ojo vigilante del big brother acecha y nos conmina a la no indiferencia.
 Se hace imposible ignorar, rehuir, soslayar. 
Estamos condenados a la conciencia colectiva de que hablaba el sociólogo Durkheim, un organismo con vida propia que anida en las conciencias individuales , pero alienta más allá de estas.
 Una fuerza unificadora que asimila las luchas pasadas a las urgencias presentes y deja de restar para sumar.
 Tras innumerables resistencias, tras muchas luchas y muchas batallas perdidas, se impone la necesidad de incorporar la alteridad, y así la empatía, la solidaridad, se convierten en el único camino, ya no hay otro.
La tercera ola feminista bautizada por Rebecca Walker, que se ha querido rebautizar como postfeminismo, se ha traducido en un feminismo global que ha venido para quedarse y para triunfar. Podemos girar la espalda a la pobreza, los desahucios, las migraciones forzadas, la violencia de género, pero las cámaras, los teléfonos móviles y las redes sociales se encargarán de recordárnoslo. 
También la desigualdad de género y las muchas afrentas que conlleva pueden tratar de ocultarse debajo de la alfombra global, pero acaban saliendo a la superficie.
Hay quien dice que la palabra clave del 2016 ha sido solidaridad y que ahora llega al tiempo de llevarla a la práctica.
 En el emotivo discurso que en septiembre de 2014 otra joven empoderada, la actriz Emma Watson, pronunció como embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres, les dijo a los hombres que la igualdad de género también era su problema.
 Hombres y mujeres saben hoy, sin excusas, que del problema solo se espera una feliz solución y que ellos y ellas son los que deben alcanzarla.