Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

31 dic 2016

Qué llevaremos en 2017................................ Begoña Gómez Urzaiz......

De la estética de los ochenta al regreso de las chanclas, sin olvidar el chándal, y la importancia de las tendencias en la Red.


De izquierda a derecha: diseños de Michael Kors, Gosha Rubchinskiy y de Creatures of Comfort

 

El año que empieza tiene varias citas marcadas en rojo en el calendario. 
El 10 de febrero se verá en la Semana de la Moda de Nueva York el primer desfile de Raf Simons para Calvin Klein, con las colecciones de hombre y de mujer en la misma pasarela.
 ¿O hará prendas agender, siguiendo la tendencia imparable a borrar las fronteras de género en la moda? Más tarde, el primer lunes de mayo, se inaugurará la exposición que el Metropolitan dedicará a Rei Kawakubo, la visionaria creadora japonesa detrás de Comme des Garçons. 
Será interesante ver cómo esta intelectual alérgica a las fotos lidia con el circo mediático que implica la famosa gala. 
Al margen de los eventos, ya hay indicios de cómo se vestirá en las calles (y en las redes) en 2017.

Los ochenta en modo kitsch. Cuando presentó su colección crucero en verano, Marc Jacobs se postuló ya para tener la sudadera más instagramizada de 2017.
 Las hizo en colores primarios con el logo primitivo de MTV bordado en la pechera.
 Su línea, inspirada en los bailes de instituto y la estética videoclipera de aquella década —estampado de tigre mezclado con cuadrícula de ajedrez, por ejemplo— tiene muchos números para estar entre las más copiadas.
Streetwear emergente. 2016 fue el año en el que firmas como Thrasher o Supreme saltaron de su núcleo original, de patinadores y enterados, al circuito más comercial. 
En 2017 la mirada está puesta en otras marcas más pequeñas como Mr. Completely, favorita de Rihanna y The Weeknd, con sus cazadoras tipo bomber de borde deshilachado, o Petals and Peacocks. Su sudadera con la palabra fries (patatas fritas) escrita con la tipografía de la serie Friends está muy buscada.
 
Tejano con parches. Stella McCartney, DKNY y Gucci (que sigue ejerciendo una influencia mayúscula) llevan un tiempo insistiendo en que el vaquero, en pantalones, chaquetas y camisas, se lleva adornado con parches y aplicaciones y ahora la idea llega a las marcas masivas y a los especialistas del sector. Levi’s, por ejemplo, firma una colección con la emergente Off-White. 
La consigna es: aunque la prenda cueste 600 euros, debe parecer hecha en casa con la plancha una tarde de domingo.

Verde y mostaza. Pantone ha decretado que su tono 15-0343 es el del año, un verde como el de los guisantes de primavera, visto en colecciones de Kenzo, Pucci o Sies Marjan. 
El color, dice la marca, representa “unidad y comunidad”.
 Claro que el 2016, el rosa cuarzo, debía estar marcado por la “serenidad” y no ha sido el caso. Al margen de Pantone, repuntan el amarillo y el mostaza.
Chanclas de velcro. Si el año que termina vio el auge de una prenda tan improbable como la zapatilla de piscina peluda, gracias a Rihanna y sus Fenty para Puma, en el que viene los hombres llevarán versiones de lujo de las chanclas de velcro.
 Por lo menos si se salen con la suya Louis Vuitton y Prada.
 Nuevos gestos. Con el auge del diseñador-estilista, queda claro que lo importante no es qué se lleva sino cómo se lleva. 
Si en los últimos meses se impuso el abrigo de plumas caído y con los hombros al descubierto —como manda Balenciaga— o la camisa abrochada en la espalda, ahora será el momento de adoptar nuevos gestos, como ponerse un solo pendiente —muy exagerado y casi rozando la clavícula— o llevar otra vez el bolso en bandolera pero a la altura de las costillas y no de la cadera.
 Esto último se vio en el desfile de la firma neoyorquina al alza Creatures of Comfort y ya lo han adoptado muchas estrellas de la fotografía callejera de moda.

El mítico Camelot del rey Arturo emerge desde la leyenda

La policía vaciará la Puerta del Sol tres horas antes de las campanadas

Los únicos puntos de acceso estarán en Mayor, Arenal, Alcalá y Carrera de San Jerónimo.

Control policial para acceder anoche a la Puerta del Sol. REUTERS

Los ensayos que se hicieron ayer de las campanadas de Nochevieja en la Puerta del Sol sirvieron además para probar las medidas de seguridad. 
Unas estrictas medidas que incluyen, por ejemplo, el cierre a las 21.00 horas de todos los accesos a la plaza, tanto a pie como desde las estaciones del metro y cercanías.
 A partir de ese momento, solo se podrá acceder a ella por los puntos controlados de la calles Mayor, Arenal, Alcalá y Carrera de San Jerónimo.
 Esto facilitará que no se supere el aforo máximo que ha establecido el Consistorio: 25.000 personas.

Las medidas de seguridad en la Puerta del Sol para celebrar las campanadas de Nochevieja son un complicado engranaje en el que intervendrán más de 800 agentes (la mitad Policía Nacional; la otra mitad, Municipal) y arrancará a las 21.00 horas.
 En ese momento, cuando se cierren las bocas de las estaciones de cercanías y las de metro (las seis estaciones de BiciMAD se habrán cerrado horas antes, a las 18.00), procederán a vaciar completamente la plaza.
Cuando se haya terminado esa operación, en torno a las 21.30, las personas que quieran comerse las uvas frente al reloj de la Real Casa de Correos o quieran llegar a alguno de los bares o restaurantes de la plaza, solo podrán entrar por uno los cuatro puntos habilitados para ello: en las calles Mayor, Arenal, Alcalá y la Carrera de San Jerónimo.
 El resto de calles que desembocan en Sol (Correo, Carretas, Montera, Carmen y Preciados) se quedarán expeditas, como vías de evacuación, que estarán este año por primera vez señalizadas con cartelería vertical.
 
Control policial para acceder anoche a la Puerta del Sol. REUTERS
Los ensayos que se hicieron ayer de las campanadas de Nochevieja en la Puerta del Sol sirvieron además para probar las medidas de seguridad. Unas estrictas medidas que incluyen, por ejemplo, el cierre a las 21.00 horas de todos los accesos a la plaza, tanto a pie como desde las estaciones del metro y cercanías. A partir de ese momento, solo se podrá acceder a ella por los puntos controlados de la calles Mayor, Arenal, Alcalá y Carrera de San Jerónimo. Esto facilitará que no se supere el aforo máximo que ha establecido el Consistorio: 25.000 personas.
Las medidas de seguridad en la Puerta del Sol para celebrar las campanadas de Nochevieja son un complicado engranaje en el que intervendrán más de 800 agentes (la mitad Policía Nacional; la otra mitad, Municipal) y arrancará a las 21.00 horas. En ese momento, cuando se cierren las bocas de las estaciones de cercanías y las de metro (las seis estaciones de BiciMAD se habrán cerrado horas antes, a las 18.00), procederán a vaciar completamente la plaza.
Cuando se haya terminado esa operación, en torno a las 21.30, las personas que quieran comerse las uvas frente al reloj de la Real Casa de Correos o quieran llegar a alguno de los bares o restaurantes de la plaza, solo podrán entrar por uno los cuatro puntos habilitados para ello: en las calles Mayor, Arenal, Alcalá y la Carrera de San Jerónimo. El resto de calles que desembocan en Sol (Correo, Carretas, Montera, Carmen y Preciados) se quedarán expeditas, como vías de evacuación, que estarán este año por primera vez señalizadas con cartelería vertical.
Los puntos de acceso estarán controlados por la policía y por miembros de protección civil. 
Estos últimos formarán un primer cinturón de control cuya misión será asegurar que el número de personas que entren a la Puerta del Sol no supere el aforo máximo decidido por el Ayuntamiento: 25.000 personas, lo que supone 2,6 por metro cuadrado.
En un segundo control, la policía revisará las bolsas y las mochilas y hará cacheos corporales superficiales a los asistentes. 
Los agentes tienen instrucciones de intervenir objetos peligrosos como petardos, bengalas, envases de vidrio, palos y otros objetos contundentes.
En el momento en el que se alcance la cifra de 25.000 asistentes, se cerrarán los accesos. A la vez, cuatro patrullas de la unidad de Atención al Turismo indicarán a través de paneles LED colocados en la calle Mayor, Sevilla, plaza del Callao y plaza de Jacinto Benavente el mensaje: “Accesos a Puerta del Sol cerrados”.
Durante toda la celebración, los servicios de emergencias del SAMUR tendrán en la calle a 40 personas y ocho unidades móviles. Habrá también servicios de bomberos, unidades de guías caninos y de subsuelo. Asimismo, la zona estará controlada por un helicóptero de la Policía Nacional. El centro de coordinación de todo el operativo estará instalado, al igual que el año pasado, en la sede de la Comunidad, en la misma Casa de Correos.
Parece  que hay una amenaza real, no creo que tanta protección sea gratuita ¿Y en las demás Comunidades?

 

Alfred Hitchcock o la perturbación social del talento..................... Jesús Mota

Construyó sus películas sobre un talento peculiar e intransferible e impuso ese talento a una industria que reconocía pocas excepciones.

Fueron los mismos críticos que definieron a John Ford como fascista mataindios quienes se regodearon en presentar a Alfred Hitchcock como un saltimbanqui o un funambulista
 Uno y otro fueron el blanco favorito de ilustres politólogos o sociólogos, imbuidos de su propia importancia y reconvertidos (¿a su pesar?) en analistas fílmicos.
 Es de suponer que tal hostilidad ha desaparecido; si no del todo, está soterrada por el tiempo transcurrido desde que ambos murieron y la evidencia de que si el cine es una forma artística se debe a que personalidades como ellos llevaron al límite la capacidad de expresión del producto industrial. 
Más lejos nadie ha ido todavía.

La exposición sobre Hitchcock en la Fundación Telefónica nos recuerda que el director inglés construyó sus películas sobre un talento peculiar e intransferible.

 Impuso ese talento a una industria que reconocía pocas excepciones. 

Para que se entienda, ni Michael Curtiz ni Victor Fleming, por poner dos ejemplos, pudieron rodar sobre el pilar exclusivo de su visión cinematográfica; 

Hitchcock sí. Lo consiguió porque ese talento, que le permitió construir cada secuencia y cada plano (o sucesión vertiginosa de ellos, Psicosis) con un valor añadido, a veces inconmensurable, sobre el guion (compruébese, entre innumerables ejemplos, el plano, sencillo y angustioso, de Cary Grant e Ingrid Bergman debatiendo sobre sus aterradoras inhibiciones en Encadenados) conectó intensamente con los espectadores y se hizo valer a sí mismo.

 

Hitchcock no solo refulge en las secuencias de virtuoso convertidas ya en lugar común del cine.
 ¿Quién se resistirá al movimiento de cámara en Encadenados desde una panorámica general a la mano donde Ingrid Bergman guarda la llave, o al ataque del avión fumigador a Cary Grant en Con la muerte en los talones, o al desasosegante plano del público en el partido de tenis de Extraños en un tren, o a la secuencia del asesinato en la ducha de Psicosis, o al travelling de retroceso en Frenesí?
 Pero lo mejor de Con la muerte en los talones está en la conversación de los protagonistas en el vagón restaurante, lo que impresiona de Psicosis es la semisonrisa giocondiana de Tony Perkins (un sencillo encuadre sostenido) mientras observa cómo se hunde en el pantano el coche de Janet Leigh, lo que importa en Vértigo es la reacción de Jimmy Stewart ante una Kim Novak fetichizada y lo que horroriza en Falso Culpable es esa mirada de Henry Fonda a sus propios pies cuando ha sido encarcelado.
Acosaba a sus actrices, dicen; maltrataba a los actores, aseguran; no era simpático, presumen (“Nuestros directores acostumbran a llevar corbata”, apostrofó fríamente a William Friedkin cuando este rodaba un episodio de La hora de Alfred Hitchcock), y desconfiaba de los guionistas (“Ahí está otra vez ese gordo intentando bajar de la limusina”, bramaba Raymond Chandler cuando el gordo venía a atornillarle por el guion de Extraños en un tren). 
Pero si alguien ha rodado películas como La ventana indiscreta o Los pájaros tiene que exhibir algún tipo de tormento asocial. 
Son los costes o las externalidades del talento.