La médico fue asesinada el lunes por su marido el periodista Alfons Quintà.
Minuto de silencio en el centro médico de Barcelona donde trabajaba la doctora asesinada. Albert Garcia
Victòria Bertrán, asesinada este lunes por el periodista Alfons Quintà,
era mi doctora. Dicen que la pareja estaba en crisis, que ella lo
quería dejar. No lo sé. Soy incapaz de imaginarlos como pareja, no
tenían nada que ver. Ayer por la mañana pasé por el CAP de Les Corts
para confirmar el drama y mucha gente parecía ajena a la noticia: lo
sabrán de aquí a unos días. Cualquier mujer asesinada es igual de
importante, y cada una deja un vacío: siempre hay alguien que siente que
le han arrancado un pedazo de vida, más grande o más superficial. No
hay diferencia. Pero cuando te toca de cerca, de alguna manera también
eres una víctima.
Victoria
era serena y empática, una excelente profesional. Generaba confianza,
tenía sentido del humor, era prudente y sensata. A pesar de que sabía
quién era yo, nunca me hizo ningún comentario sobre esa extraña pareja
que había constituido. De manera que ahora sólo me queda una enorme
impotencia. No estoy segura de que la sociedad pueda hacer mucho más
contra la violencia de género, quizás una mayor protección de las
mujeres que denuncian. Pero sé, por otros casos, que muchas mujeres no
dan el paso porque saben que significa destapar definitivamente la olla
podrida y piensan que, mientras, podrán controlar la situación. Tienen
miedo pero se lo tragan. Eso lo sabemos y somos conscientes de todas las
violencias que las mujeres soportamos en esta sociedad. Las discutimos,
las comentamos. Creo, sinceramente, que es hora de que esta reflexión la
hagan los hombres. Que tomen conciencia que llevan dentro este instinto
depredador, que no se manifiesta normalmente, pero que en el peor de los
casos puede aparecer en una crisis. Sobre todo si se mezcla el orgullo,
la desesperación o ese odio instantáneo de las situaciones finales, que
debería durar segundos pero que puede llevar a hacer un disparate. Son
los hombres los que tienen que estar preparados para doblegar a este
instinto si se lo reconocen, para acallarlo, parar huir de él. Respeto profundamente a aquellos que se suicidan. Todo el
mundo tiene derecho a decidir qué es vida y qué no. Pero no hay ninguna
razón para matar a la otra. Mátate, si quieres, pero deja vivir. Por
favor.
Patricia Gabancho es periodista y publica en la sección de opinión de EL PAÍS.
No es una casualidad que en la última década nos hayamos librado del zarpazo yihadista que azota Europa.
Mustafá Setmarian junto a Osama Bin Laden en las montañas de Tora Bora (Afganistán) en 2001. United States Attorney's Office Southern District of New YorkEL PAÍS
El atentado terrorista protagonizado en el corazón de Berlín
era un secreto a voces. Como los protagonizados por la yihad global en
Niza, Bruselas o París. Todos los servicios de información europeos
esperaban un ataque en Navidad, aunque ninguno sabía ni dónde ni cómo se
iba a producir. Barcelona y Madrid, por ese orden, también estaban en
el radar. El autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en
inglés), más acorralado que nunca en Siria e Irak, busca hacerse de nuevo visible
fuera de sus dominios. Y una vez más lo ha conseguido, sea o no el
inductor o inspirador de esta nueva matanza cuya autoría se atribuye El incremento de atentados yihadistas en suelo europeo es
una evidencia que destaca un reciente informe de Europol con datos
estadísticos irrefutables. El Centro Europeo Contra el Terrorismo
(ECTC), que dirige el coronel español de la Guardia Civil Manuel
Navarrete, alertó del regreso a Europa de decenas de terroristas
formados por el ISIS y Al Qaeda Central en el frente sirio. Ocurrió lo
mismo tras las guerras de Bosnia y Afganistán. Hasta el momento España
se ha librado de esta ofensiva, pero el zarpazo si no nos ha alcanzado
todavía no es por casualidad. Hemos pasado de ser, quizás, los más indefensos e
infiltrados a estar mejor protegidos que el resto de nuestro vecinos. ¿Qué ha ocurrido desde el 11 de marzo de 2004? Entonces, fuimos los
primeros en sufrir el mayor atentado en la historia de la Unión Europea:
192 muertos y centenares de heridos. La obsesión de nuestros servicios
de información en el terrorismo etarra facilitó que desde mediados de
los años noventa los sirios Mustafá Setmarian, Imad Eddin Barakat, y el
argelino Alekema Lamari, sembraran a su antojo las primeras semillas de
la yihad aprovechando la parálisis policial y judicial. La importancia de estos tres personajes, entonces irrelevantes, pero
interesantes para los pocos observadores de la Unidad Central de
Información Exterior (UCIE) de la Policía que tuvieron el olfato de
investigarlos, la demuestra su meteórica trayectoria. El pelirrojo Mustafá logró la nacionalidad española y un pasaporte europeo con un falso matrimonio de conveniencia. Acabó convertido en el número tres
de Al Qaeda Central, tras Osama Bin Laden e Ayman Al Zawahiri; Imad se
casó con una madrileña y logró la hazaña de que su nombre y dirección en
Madrid apareciera en la agenda de Said Baiahi, uno de los miembros del
comando que protagonizó los ataques del 11-S en EE UU; el solitario
Alekema no tuvo tiempo de casarse con una española porque antes de morir
bajo los escombros del piso de Leganés (Madrid) en el que se suicidó el comando que protagonizo el 11-M ya estaba obsesionado con su virginidad. Los
tres y su legión de acólitos hicieron bien su trabajo y a principios
del 2000 convirtieron a España en la principal base de Al Qaeda en
Europa, en centro de retaguardia de los salafistas que huían de
operaciones policiales en otros países, como el intento de atentado
frustrado en un mercadillo de Navidad en Estrasburgo, entonces ya
pensaban en la Navidad como símbolo a golpear, en caja financiera y
salón de proselitismo y reclutamiento de ex miembros del Grupo Islámico
Armado (GIA) que entonces se pasaban a las filas de Bin Laden. En 1995, en el aeropuerto de Barajas unos pocos policías a
las órdenes del entonces comisario Mariano Rayón, hoy jubilado,
observaban como el sirio Imad Eddin Barakat despedía o recibía a los muyahidines
que viajaban a Afganistán, Bosnia o Chechenia. Tipos como el marroquí
Amer el Azizi, casado con Raquel, una española, que vivía junto a la
plaza de toros de Las Ventas, tomaba el té en el café Alhambra de
Lavapiés y rezaba en la mezquita de la M-30, llegó hasta la jefatura de
operaciones exteriores de Al Qaeda en Waziristán (Pakistán); o
Selaheddin Benyaich, un marroquí condenado por los atentados de
Casablanca al que ingresaron en una clínica de Madrid para que se
restableciera de la pérdida de un ojo en Bosnia. Entonces no eran
detenidos como ahora, se les daba cuerda para saber hasta donde eran
capaces de llegar. Algunos les veían como luchadores románticos en
lejanos desiertos, en tipos inofensivos en nuestro país.
En los noventa algunos veían a los yihadistas como románticos
El monstruo se hizo mayor ante la pasividad policial y la
indiferencia general. Ni el Gobierno, ni la judicatura, ni la clase
política levantaron la voz. Tampoco los medios de comunicación. Solo
este grupo de agentes dirigidos por los inspectores José Manuel Gil y
Rafael Gómez Menor seguían los pasos del sirio Barakat y de sus acólitos
en una investigación judicial de cinco años del juez Baltasar Garzón y
del fiscal Pedro Rubira que retrató la efervescencia de aquel grupo de
salafistas que alimentaron a la bestia. La semilla germinó tan rápido
que el egipcio Mohamed Atta, jefe de los suicidas del 11-S, eligió Tarragona para entrevistarse durante dos semanas, en julio de 2001, con el yemení Ramzi Binalshibh y comunicarle los objetivos del ataque más grave que ha sufrido EE UU desde Pearl Harbour. En aquellos años el agente del FBI Randall Benett se
preguntaba en su despacho de Karachi (Pakistán) a que se debía el flujo
de yihadistas paquistaníes y magrebíes que regresaban a Europa vía
Madrid desde los campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán. El
hombre que intentó salvar la vida del periodista del Wall Street Journal
Daniel Pearl, secuestrado por Al Qaeda y degollado por Khalid Seik
Mohamed, el cerebro del 11-S, no sabía que España era el terreno mejor
abonado de Europa. Ignoraba que entre Policía, Guardia Civil y CNI menos
de 150 agentes, la mitad dedicados a tareas burocráticas, seguían la
huella de los barbudos. “España es retaguardia, no vanguardia del
terrorismo yihadista”, se decía en los despachos de la UCIE. Benett lo
entendió todo más tarde, cuando vino destinado a Madrid tras salir ileso
de un ataque con un coche bomba colocado bajo la ventana de su oficina. Pero el ataque del 11 M, el primer éxito de la yihad en
Europa, lo cambió todo. Desde entonces estamos mejor preparados. Más de
3.000 agentes de seguridad analizan las redes sociales, el nuevo
escenario de reclutamiento para los que quieren viajar a Siria o Irak, o
vigilan a los centenares de sospechosos en muchos rincones de nuestro
país. España se han convertido en punta de lanza del combate a la yihad
en territorio europeo con más de 600 detenidos, 140 condenados desde
2004, y un centenar de expulsados que no podrán regresar en diez años. Hasta ahora ninguno lo ha hecho.
Estamos en el centro de la diana, el peligro continúa y su intensidad no baja
A las detenciones preventivas —se actúa al menor indicio de
actividad para evitar sorpresas como las del 11-M— se suman ahora las
órdenes de detención “exprés” contra los yihadistas que viajan a Siria,
algo impensable antes de la aparición del ISIS. La iniciativa policial
la apoyan los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, un órgano en
el que la implicación de sus profesionales en esta lucha es total . El
23% de las investigaciones de este tribunal están relacionadas con
sospechas de yihadismo. Ahora se les detiene antes de que empiecen a
andar. Esta política ha evitado durante los últimos 12 años varios
atentados. Pero el peligro continúa y su intensidad no baja. La
determinación de los que fueron a Siria o Irak y el riesgo a que
regresen formados como terroristas lo demuestran las llamadas a sus
esposas de los primeros ceutíes que se fueron para no volver: “ Si muero
no te darán el pésame, te felicitarán como si fuera un bautizo”, le
dijo Piti a Samra Mohamed Hamed, su esposa. “No hay esperanzas porque no
pienso volver. ¿Quieres que te dé falsas esperanzas? ¿Quieres que te
mienta?”, le espetó el yihadista ceutí antes de que esta rompiera a
llorar. Algunos de sus compinches del barrio de El Príncipe confesaron a
sus mujeres que ellos no iban porque querían “hacer la yihad aquí”. El número de muyahidines que han viajado desde
España a Siria es pequeño en comparación con otros países europeos,
aunque la efervescencia salafista sigue viva. El barbudo Mustafá Maya,
de 54 años, ha confesado en un despacho de la Audiencia Nacional que
postrado en su silla de ruedas con un ordenador en sus rodillas ha
enviado desde su casa de Melilla “a más de doscientos” procedentes de
diez países. Los jueces y fiscales franceses y españoles que le
escucharon no salían de su asombro . Además, nuestra situación geográfica
como puerta de entrada a Europa nos hace muy vulnerables a las amenazas
procedentes de Libia y del inestable Sahel, el refugio de Al Qaeda en
el Magreb Islámico (AQMI). España sigue en el centro de la diana, estamos en el
siniestro radar de los mismos que han atacado en París, Niza, Bruselas y
Berlín, pero 12 años sin atentados demuestran que, al menos, ahora es
mucho más segura que hace una década.
El
Tribunal de la UE falla en contra del sistema financiero español, que
debe retornar al menos 3.000 millones abonados por los hipotecados antes
de 2013.
Formidable varapalo judicial a la banca.
Las entidades financieras
españolas deberán devolver íntegramente el dinero cobrado por la
aplicación de las cláusulas suelo
en las hipotecas, que impiden que los clientes se beneficien de las
rebajas de los tipos de interés.
El Tribunal de Justicia de la UE ha
dictaminado hoy a favor de establecer una retroactividad total en la
devolución de las cláusulas suelo.
La diferencia es enorme: entre 3.000 o
5.000 millones, según diferentes cálculos de los especialistas.
El Banco
de España estima el sobrecoste en algo más de 4.000 millones; Analistas
Financieros Internacionales cree que será algo más, unos 4.500
millones.
Solo para las entidades cotizadas, devolver el dinero que
estaba en juego les supone una factura de más de 2.000 millones de
euros, según los cálculos de EL PAÍS.
El caso viene de lejos.
El 9 de mayo de 2013, el Tribunal Supremo
declaró nulas las cláusulas abusivas por "falta de transparencia",
aunque limitó las devoluciones hasta esa fecha para evitar una sacudida
en el sector apenas unos meses después del multimillonario rescate de la
UE.
Varios juzgados acudieron al Tribunal de Justicia de la UE para
preguntar si la retroactividad debía ser total: las cláusulas empezaron a
activarse a partir de 2009, con la rebaja de índices hipotecarios como
el euríbor, que algunos bancos nunca trasladaron a las hipotecas en
virtud de la letra pequeña de los contratos.
El abogado general de la UE
se pronunció en julio a favor de los bancos: apuntó que las
devoluciones podían tener límites temporales por las "repercusiones
macroeconómicas asociadas": por "circunstancias excepcionales", ante la
posibilidad de alterar una vez más la estabilidad del sector financiero.
La Corte de Luxemburgo echa por tierra esa argumentación. Y deja hoy
claro que la banca debe devolver íntegramente el dinero (puedes leer aquí la sentencia completa), en lo que supone un revés formidable para el sector financiero.
Los abusos relacionados con las cláusulas suelo se suman a una retahíla
de reveses por parte del sector bancario español en los últimos tiempos.
Las entidades han sufrido lo que en la jerga del sector se conoce como
riesgos reputacionales —en plata: mala imagen— por los problemas
derivados de sus relaciones con las sociedades de tasación en los
tiempos de la burbuja inmobiliaria, su papel en los miles de desahucios o
la colocación de preferentes entre su clientela, calificada de "abuso"
por el ministro de Economía, Luis de Guindos.
El conductor, que se dio a la fuga, según los medios locales citados por France Presse, ha sido posteriormente detenido.
La principal hipótesis sobre la que trabajan las fuerzas de seguridad
es que se trata de un ataque terrorista, aunque por el momento no se ha
confirmado oficialmente.
Las sirenas de ambulancias que se escuchaban la noche del lunes en
pleno corazón del Berlín occidental confirmaban que el terror ha vuelto a
Europa. Un camión irrumpió en un mercado navideño y dejó al menos 12
muertos y 48 heridos, algunos graves, en lo que parece ser un ataque
terrorista. Lo ocurrido resulta calcado del golpe brutal que sufrió la ciudad francesa de Niza de julio. Hacía tiempo que los servicios de inteligencia temían que los
mercadillos navideños fueran objetivo yihadista. Pese a que las
autoridades alemanas insistían en no sacar conclusiones apresuradas, el
ministro del Interior, Thomas de Maizière,
recalcó a medianoche que “muchos indicios” apuntan a un atentado y la
policía ya habla de "presunto ataque terrorista". Anoche, detuvieron a
un sospechoso de ser el conductor. El copiloto, de nacionalidad polaca,
fue hallado muerto en la cabina.
Vista aérea de los daños causados por el camión este lunes en Berlín, Alemania.B. V. J. (EFE) / ATLAS
El lugar del atropello masivo es uno de los sitios más
turísticos de la capital alemana. Junto al tradicional mercado de
Navidad, uno de los más antiguos y populares del centro del Berlín
oeste, está la Iglesia Memorial del káiser Guillermo, un cine muy
conocido y el centro comercial Bikini. Un policía testigo de lo ocurrido dijo al diario Berliner Zeitung
que la maniobra del camión estaba claramente realizada a propósito y no
había indicios de que fuera accidental . Un fotógrafo de la agencia DPA
informó a los policías de que había visto a un hombre con armas en la
puerta del Zoo de la ciudad, enfrente del mercado. Debe ser tiempo de Muerte, por un lado esos terroristas que como su nombre indica deben matar sea dónde sea, que desgracia que el mundo esté en manos de muchos asesinos. Y por poner una gota de sangre de más están esos hombres que matan a mujeres en nombre de ellos mismos, y ¿Cmo se debe parar? Pues no tengo la respuesta pero solo hacerme "ECO" de esas voces de personas que por estar en ese lugar han muerto o están malheridas y de esas mujeres que en manos del más fuerte mueren o son víctimas de palizas preparatorias hacia una muerte que a un hombre se le ha ocurrido quitarla de este mundo porque no quiere estar con él. En el nombre de Alá o de Dios, que se acabe ya esta historia desde el principio de este mundo.