Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
21 dic 2016
La doctora Victòria Bertrán............................... Patricia Gabancho
La médico fue asesinada el lunes por su marido el periodista Alfons Quintà.
Minuto de silencio en el centro médico de Barcelona donde trabajaba la doctora asesinada. Albert Garcia
Victòria Bertrán, asesinada este lunes por el periodista Alfons Quintà,
era mi doctora. Dicen que la pareja estaba en crisis, que ella lo
quería dejar. No lo sé. Soy incapaz de imaginarlos como pareja, no
tenían nada que ver. Ayer por la mañana pasé por el CAP de Les Corts
para confirmar el drama y mucha gente parecía ajena a la noticia: lo
sabrán de aquí a unos días. Cualquier mujer asesinada es igual de
importante, y cada una deja un vacío: siempre hay alguien que siente que
le han arrancado un pedazo de vida, más grande o más superficial. No
hay diferencia. Pero cuando te toca de cerca, de alguna manera también
eres una víctima.
Victoria
era serena y empática, una excelente profesional. Generaba confianza,
tenía sentido del humor, era prudente y sensata. A pesar de que sabía
quién era yo, nunca me hizo ningún comentario sobre esa extraña pareja
que había constituido. De manera que ahora sólo me queda una enorme
impotencia. No estoy segura de que la sociedad pueda hacer mucho más
contra la violencia de género, quizás una mayor protección de las
mujeres que denuncian. Pero sé, por otros casos, que muchas mujeres no
dan el paso porque saben que significa destapar definitivamente la olla
podrida y piensan que, mientras, podrán controlar la situación. Tienen
miedo pero se lo tragan. Eso lo sabemos y somos conscientes de todas las
violencias que las mujeres soportamos en esta sociedad. Las discutimos,
las comentamos. Creo, sinceramente, que es hora de que esta reflexión la
hagan los hombres. Que tomen conciencia que llevan dentro este instinto
depredador, que no se manifiesta normalmente, pero que en el peor de los
casos puede aparecer en una crisis. Sobre todo si se mezcla el orgullo,
la desesperación o ese odio instantáneo de las situaciones finales, que
debería durar segundos pero que puede llevar a hacer un disparate. Son
los hombres los que tienen que estar preparados para doblegar a este
instinto si se lo reconocen, para acallarlo, parar huir de él. Respeto profundamente a aquellos que se suicidan. Todo el
mundo tiene derecho a decidir qué es vida y qué no. Pero no hay ninguna
razón para matar a la otra. Mátate, si quieres, pero deja vivir. Por
favor.
Patricia Gabancho es periodista y publica en la sección de opinión de EL PAÍS.
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