Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 dic 2016

Anne Gravoin, el violín solista de Manuel Valls.................... Álex Vicente

El político socialista francés ha convertido a su esposa en una de sus armas políticas.

El político francés Manuel Valls y su mujer, Anne Gravoin, en junio de 2015.

 

Cuando François Hollande anunció, a principios de diciembre, que se retiraba de la contienda electoral para 2017, Manuel Valls se apresuró a relevarlo. 
Acudió a su feudo en Évry, la localidad de la empobrecida periferia parisina que gobernó durante años, para dar un paso al frente y declararse candidato. 
 Y lo hizo con su mujer sujetándole la mano.
 La violinista Anne Gravoin, con la que el ex primer ministro se casó en 2010, decidió subirse incluso al escenario para acompañar a su marido durante su discurso.
 Un gesto inhabitual en la política francesa, habitualmente partidaria de separar lo público y lo privado, que solo algunas estrellas mediáticas como Carla Bruni se suelen permitir.
 
Anne Gravoin, junto a su marido Manuel Valls, cuando este anunció que se presentaba a las primaras del partido socialista francés el pasado 5 de diciembre.
El político francés Manuel Valls y su mujer, Anne Gravoin, en junio de 2015.
Cuando François Hollande anunció, a principios de diciembre, que se retiraba de la contienda electoral para 2017, Manuel Valls se apresuró a relevarlo. Acudió a su feudo en Évry, la localidad de la empobrecida periferia parisina que gobernó durante años, para dar un paso al frente y declararse candidato. Y lo hizo con su mujer sujetándole la mano. La violinista Anne Gravoin, con la que el ex primer ministro se casó en 2010, decidió subirse incluso al escenario para acompañar a su marido durante su discurso. Un gesto inhabitual en la política francesa, habitualmente partidaria de separar lo público y lo privado, que solo algunas estrellas mediáticas como Carla Bruni se suelen permitir.
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Anne Gravoin, junto a su marido Manuel Valls, cuando este anunció que se presentaba a las primaras del partido socialista francés el pasado 5 de diciembre.
A Valls se le ha considerado siempre un Nicolas Sarkozy de izquierdas. Y su matrimonio empieza a parecer un reflejo socialista del que configuran el expresidente y la cantante y exmodelo, tanto por su esforzado glamour como por su presencia en la prensa del corazón, que se ha vuelto habitual en los últimos años. Igual que Sarkozy, Valls ha convertido a su pareja en un instrumento de comunicación política. Su esposa le permite moderar su imagen rígida y guerrera, que es su fuerza principal pero también su talón de Aquiles. Ambos han protagonizado posados para Paris Match y programas televisivos donde han narrado su enamoramiento. Valls y Gravoin se conocieron en los ochenta y tuvieron un breve idilio. Él se terminó casando con Nathalie Soulié, una maestra a la que conoció cuando ambos estudiaban en la Sorbonne, y madre de sus cuatro hijos. Tras su divorcio, Gravoin decidió invitarle a uno de sus conciertos. “Cuando la volví a ver fue un flechazo. Me enamoré de ella y, desde entonces, no nos hemos separado”, relató Valls, de 54 años, en 2010.
 
Anne Gravoin y Manuel Valls, el día de su boda el 1 de julio de 2010.
A los 51 años, Gravoin es una solicitada violinista que actúa con estrellas de la música francesa como Johnny Hallyday, íntimo de Sarkozy hasta que le dio la espalda den 2014. También acompañó a Charles Aznavour, Françoise Hardy y Liza Minnelli
. La esposa de Valls dirige la empresa Régie Orchestre, que contrata a músicos para giras, y fue directora artística de la Alma Chamber Orchestra.
 Un cargo que la salpicó de polémica: esa orquesta habría sido financiada por el entorno del dictador congoleño Denis Sassou-Nguesso, según el semanario L’Obs.
No ha sido el único escándalo de esta mujer de porte elegante y halo misterioso.
 Cuando Valls fue nombrado titular de Interior en 2012, se la acusó de haber intervenido para desalojar a los mendigos que malvivían en su calle, en un rincón bohemio pegado a la Bastilla.
 Poco después, sus declaraciones sobre la esposa del entonces primer ministro, Jean-Marc Ayrault, también generaron estupor. 
“Está claro que una música tiene algo más de glamour que la señora Ayrault, profesora de Alemán en la periferia de Nantes”, dijo Gravoin. 
Después dijo que se habían deformado sus palabras. Quienes la conocen aseguran, pese a todo, que su humor sarcástico no es apto para todos los estómagos. 

Destacada entre las posibles primera dama

La proximidad de las primarias de la izquierda francesa, que se celebrarán el 22 y 29 de enero, ha aumentado la atención a los candidatos, pero también a las aspirantes a primera dama.
 Entre ellas está la periodista Nathalie Bensahel, mujer de Vincent Peillon, exministro de Educación y representante del ala socialdemócrata del partido.
 También Gabrielle Guallar, esposa de Benoît Hamon, referente del flanco izquierdista del socialismo francés, que ocupa un cargo directivo en el grupo del lujo LVMH. 
Sin olvidar a Aurélie Filipetti, extitular de Cultura y pareja de Arnaud Montebourg, el fogoso candidato que defiende la desglobalización y la soberanía ante Bruselas.
 Ninguna de ellas puede rivalizar con la atención que recibe Gravoin, aunque el cargo tampoco parezca interesarle en exceso. 
Ella proclama su libertad: “Cada uno tiene su vida, su corazón y su cerebro.
 Yo soy independiente. Nunca le he pedido ni un céntimo”.
 

Busquen la palabra ONU....................Juan José Millás

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
L A MANO ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos, / decía el príncipe Hamlet viendo / cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo / un sepulturero. 
/ No sabiendo los oficios, los haremos con respeto. / Para enterrar a los muertos / como debemos, / cualquiera sirve, cualquiera…, menos un sepulturero”.
He ahí unos versos de León Felipe que describen la expresión monótona con la que los lectores y en cierto modo sepultureros de la prensa diaria observamos este tipo de fotografías antes de pasar la página en dirección a las farmacias de guardia o a la lista de los fallecidos ayer en nuestra ciudad.
 Nada nos impresiona ya ni nos conmueve. 
A veces, en la tele, cuando van a mostrar unas imágenes duras, los locutores advierten de que pueden herir la sensibilidad de algunas personas. ¿Escuchamos la advertencia? Sí, al modo en que escuchamos las instrucciones de la azafata en el avión. 

Detengámonos un momento en esta imagen de un barrio de Alepo bombardeado por sus amigos y por sus enemigos, por sus bienhechores y por sus malhechores.
 Fíjense en los edificios sin piel.
 Reparen en el conjunto de cascotes de lo que en su día fue una calle por la que la gente se dirigía a comprar el pan y en la que quizá los niños jugaban al balón.
 Traten de adivinar adónde habrán ido a parar las personas que habitaban esas viviendas de las que apenas queda su esqueleto. 
No se pierdan al individuo diminuto de la derecha, el único ser vivo de este paisaje urbano y quizá miembro de los que atacaron el barrio para salvarlo.
 Y ahora busquen en la Wikipedia la palabra ONU.TOPSHOT-SYRIA-CONFLICT

Malditos sean los tibios..............................Rosa Montero

Los auténticos culpables de que la vida pueda ser tan cruel son los tibios de corazón. 
Permiten con su indiferencia que el Mal campe a sus anchas.

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
MI AMIGA Gabriela Cañas me mandó hace unos días un vídeo escalofriante que circula por Internet.
 Una cámara oculta colocada en un ascensor sueco permite observar las reacciones de la gente ante una escena de violencia de género.
 Un joven grandullón maltrata verbal y físicamente a una muchacha: la arrincona e insulta con las palabras más soeces, la zarandea, le tira del pelo, grita que la va a matar. 
La víctima gimotea y pide ayuda. 
 Mientras esto sucede, vamos viendo a diversas personas que comparten el ascensor con ellos. 
Se ponen de espaldas, no dicen ni palabra, salen corriendo. Son hombres y mujeres, solos o en parejas.
 Una señora mayor tiene la desfachatez de protestar diciendo: “Eh, que no están solos, esperen a que me vaya”, como si el único derecho que estuviera conculcando el energúmeno fuera el de fastidiarle su tranquilidad.
 Es un vídeo increíble, aterrador. Al fin, una mujer de unos treinta y tantos años se enfrenta al maltratador y le dice: “Si la vuelves a tocar llamo a la policía”.
 Subieron 53 personas en ese ascensor y sólo reaccionó ella.

Los países nórdicos tienen las tasas de violencia de género más altas de Europa. 
Suecia, en concreto, duplica el porcentaje de casos que hay en España.
 Algunos pretenden justificar estas cifras elevadísimas diciendo que allí denuncian más, pero no me lo creo en absoluto.
 En primer lugar, porque estamos hablando de víctimas mortales. Pero además me parece que influye el nivel de alcoholismo y el hecho de que son los países en donde se está destruyendo de forma más acelerada el sistema machista, y eso siempre crea una herida social y una respuesta feroz por parte del sector más brutal de los varones, de un puñado de psicópatas que se sienten súbitamente desplazados.
Pero no es de la violencia de género de lo que quería hablar, sino de los tibios de corazón, de los indiferentes y de los cobardes.
 Y me refiero a una cobardía estructural, no al miedo insuperable. Por ejemplo, yo, que soy verdaderamente una gallina ante los riesgos físicos, sé que me las hubiera apañado en el ascensor para hacer algo.
 Como estoy segura de que me hubiera amedrentado enfrentarme a ese tiarrón en el encierro de la caja de acero, hubiera esperado hasta llegar al piso y, tras bloquear la puerta para dejarla abierta, hubiera empezado a gritar para pedir ayuda.
 Quiero decir que hasta una miedica como yo puede encontrar un modo de actuar.
Pero los cobardes morales ni siquiera se plantean abandonar su zona de ensimismado confort.
 Estoy convencida de que el porcentaje de individuos de verdad malvados que hay en el mundo es pequeño, quizá muy pequeño, incluso ínfimo.
 Los auténticos culpables de que la vida pueda ser tan cruel y de que la Tierra se convierta en un valle de lágrimas son los tibios de corazón, porque esos sí que son legión, esos son muchísimos; esos quizá sean, por desgracia, la mayoría de los seres humanos, y son quienes no se enfrentan a los energúmenos, quienes no protegen a los indefensos, quienes permiten con su callosa indiferencia que el Mal campe a sus anchas.
 Son los niños que dejan que un matón torture a un compañero de clase, los padres que prefieren no enterarse, los oficinistas que admiten el acoso a un colega, los vecinos que hacen oídos sordos al ruido de golpes y llantos que se cuela a través de las paredes, o que secundan a un presidente despiadado y se niegan a poner una rampa en el portal que permitiría salir a la calle al vecino en silla de ruedas. 
Toda esa gentuza es la peor. Alfredo Llopico, un amigo con quien hablé de esto, me mandó dos citas maravillosas.
 Una es del Apocalipsis, en donde Jesús dice: “Conozco tus obras, sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”.
 
Y la otra es de la Divina Comedia, de Dante, en donde, en el ‘Canto III del Infierno’, encontramos que las almas más despreciables son aquellas “que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio (…) que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí”. Siempre hemos sabido que los culpables del horror del mundo son los tibios de corazón. 
Malditos sean.

Multitud..........................................Javier Marías

El mundo se ha llenado de “virtuosos” afanosos por castigar en manada; de policías y sacerdotes vocacionales, cada uno con su lista de “delitos” y “pecados”. 
COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS
SIEMPRE he sentido antipatía por las campañas y los proselitismos; siempre me ha desagradado la gente que no se conforma con tener una opinión y obrar en consecuencia, sino que necesita atraer a su causa a otros, verse arropada por las masas más manipulables y gregarias y deseosas de infectarse; la que organiza castigos colectivos, difamación y linchamientos verbales.
La que ansía “dar su merecido” a quien le lleva la contraria o emite un parecer que la fastidia.
 Hay una diferencia entre la postura personal de alguien y la cacería que ese alguien desata. 
Hace muchos años, el dramaturgo Sastre dijo algo –la memoria no me alcanza para recordar qué– en claro apoyo del mundo etarrófilo. ETA aún asesinaba y secuestraba, por supuesto, y la cosa sonó a vileza. 
Puede que yo mismo pensara: “Si alguna vez coincido con ese hombre, no lo saludaré”.
 Era una decisión –si lo fue– mía particular. Otros escritores, sin embargo, llevaron su reacción más lejos, y propusieron que todos nos negáramos a participar en actos a los que Sastre estuviera invitado, a compartir con él una mesa redonda o lo que se terciara; en suma, que lo vetáramos.
 Y esto me pareció mal, un exceso, y sobre todo me provocó desprecio la “organización”, la campaña, la posible coacción a quienes no secundaran la consigna, el anhelo de castigo colectivo, como he dicho antes.
 Cada uno es dueño de hacer lo que se le antoje.
 Pero para mí va un gran trecho entre eso y desencadenar un hostigamiento o una persecución, sean gremiales o nacionales. Dicho sea de paso, eso no impidió que el dramaturgo recibiera premios oficiales españoles remunerados y los aceptara con sans-façon, no mucho después del episodio, creo recordar.
 
Huelga añadir que quienes pensamos así, quienes sentimos aversión hacia el “muchos contra uno”, somos unos raros, una especie en vías de extinción.
 No ya este país, sino el mundo entero, sobre todo desde que descubrió el mejor instrumento de propaganda e intoxicación que ha existido –las redes sociales–, está dedicado sin cesar, y en masa, a escarmentar desproporcionadamente a los individuos que caen en desgracia por el motivo que sea, o que no se someten a las creencias “blindadas” y sacrosantas de hoy; o a las empresas catalanas en su momento, o a la marca que según los “virtuosos” actuales ha incumplido algún precepto de cumplimiento obligado. El caso más reciente es el de Fernando Trueba, pero ha habido muchos más.
 Será imposible saber si la parva recaudación inicial de su última película se ha debido a que no gusta, a que a los espectadores no les ha dado la gana de ir a verla en su primer fin de semana, o al boicot puesto en marcha contra ella por españoles desaforados, que no toleran que un español no se sienta español.
 (Entre paréntesis, lo de “sentirse” es un tanto absurdo: uno suele ser lo que le toca ser y lo que sabe que es, le guste o no, y el “sentimiento” no entra mucho en la cuestión.
 A mí, como algunos no ignoran, me habría resultado más cómodo ser italiano o inglés, pero no lo soy ni por lo tanto me lo puedo “sentir”.)
 Pero el mero hecho de que se haya dado este ánimo saboteador es ya tan lamentable como indicativo.
Si cada “españolísimo” decide no ir a ver esa película, bueno, está en su derecho, faltaría más. Lo que ya me parece ruin es procurar, instigar a que los demás hagan lo propio: el deseo de no quedarse solo con su responsabilidad, la necesidad de envolverse en una muchedumbre, el proselitismo activo, el montaje de un auto de fe que dé calor.
La vileza es una constante, como lo es la voluntad de joder al prójimo, lo merezca o no.

La actitud no se diferencia de la de los linchadores o cazadores de brujas reales. 
La misma palabra “linchamiento” lo indica: es algo hecho en grupo, sin condena imparcial, sin pruebas, amparándose en el tumulto y tan anónimamente como resulte posible.
 Algo cobarde en esencia. Nada más fácil que enardecer, nada más contagioso que la indignación, nada más placentero que buscar chivos expiatorios y castigar a “culpables”, verdaderos o imaginarios.
 La historia está plagada de casos, la vileza es una constante, como lo es la voluntad de joder al prójimo, lo merezca o no. Siempre se encuentran causas a posteriori, el mezquino inventa su justificación.
 Hoy prolifera esa clase de vileza, y su ira puede caer sobre alguien famoso o desconocido. 
John Galliano fue desterrado por unos comentarios que hizo borracho.
 Una joven que inició tan tranquila un viaje a Sudáfrica, descubrió al llegar que las redes “ardían” en contra de ella y que había sido despedida de su empleo, por una observación inoportuna –“incorrecta”– que había hecho al embarcar.

El mundo se ha llenado de “virtuosos” afanosos por castigar en manada. 
 Nunca a solas, nunca a título individual.
 Se ha llenado de policías y sacerdotes vocacionales, cada uno con su lista particular de “delitos” y “pecados”.
 Por recurrir a una comparación popular –Juego de tronos lo es–, el mundo está dominado por los llamados “Gorriones” de esa serie: puritanos, intransigentes, fanáticos, inquisidores, represores, punitivos, arbitrarios.
 Enemigos de la libertad. Siempre los ha habido.
 Lo grave es que sean, como ahora, multitud.