Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 ago 2016

El pensamiento que resquebrajó el Franquismo.............................................. Pilar Álvarez

Ante la pérdida de influencia de la Filosofía en los planes de estudio, varios académicos reconstruyen cómo desde sus facultades se contribuyó en los sesenta a la lucha por la democracia.

Aranguren, en la Facultad de Filosofía y Letras el 18 de octubre de 1976, el día que se reincorporó a su cátedra tras 11 años de suspensión. EFE

La facultad estaba tomada por la policía tras las últimas protestas. Unos 3.000 estudiantes acudieron a una asamblea en Filosofía y Letras.
 Exigían la disolución del sindicato franquista SEU (Sindicato Español Universitario). Los agentes golpearon a los estudiantes.
Hubo detenciones
. Las revueltas de aquel 24 de febrero de 1965 culminaron con la depuración de los catedráticos que apoyaban a los alumnos, como José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván o Agustín García Calvo.
Medio siglo después, la Filosofía pierde peso en los institutos con la reforma educativa y hay un extenso debate sobre cómo la reestructuración de sus estudios pueden suponer también una amenaza para su futuro
 Respecto a su pasado, la presencia de intelectuales que trajeron a España nuevas corrientes filosóficas desde las universidades en la década de los sesenta e influyeron en las generaciones posteriores les otorgó un papel significativo para abrir camino a la democracia.
 “Las facultades de Filosofía fueron fundamentales en la lucha contra el Franquismo”, explica Cristina Hermida del Llano, profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y autora de dos libros y artículos sobre la obra de Aranguren.
 También destacaban otras Facultades como Derecho, pero la Antropología, la Lógica, la Historia del Pensamiento Político o las Cátedras de Ética y Sociología, se impartían en Filosofía, recuerda Hermida del Llano. 

“Ejercer como intelectual implicaba para Aranguren no dejar de lado la triple crítica, moral y utópica.
 Porque, en primer lugar, el intelectual es un crítico y si abandona la crítica se convierte en un conformista parasitario. 
En segundo lugar, porque ha de ser conciencia moral de la sociedad.
 Y, en tercero, porque la tarea utópico-moral del intelectual es inseparable de la crítico-moral”, reflexiona la autora.
 Desde las cátedras de estos intelectuales comprometidos “se iba gestando dentro del ámbito universitario una red social de oposición a la dictadura que vendría a ser una pieza clave para la transición democrática”, escribe Hermida del Llano en su artículo La Lucha intelectual contra el Franquismo: Aranguren y Tierno Galván.
Esperanza Rodríguez, miembro de la Red Española de Filosofía, recuerda que, aunque grandes figuras salieron de estas aulas, no fue un núcleo tan revolucionario.
 “El Franquismo se ocupó de que las facultades de Filosofía tuviesen cátedras proclives y controladas por el régimen”, añade Rodríguez.
 En aquellas aulas, se distinguía a los policía que acudían de supuesto incógnito a escuchar la clase.
 “Era muy fácil reconocerlos.
 Generalmente eran mayores que nosotros y desentonaban totalmente”, recuerda Juan Manuel Navarro Cordón, decano de Filosofía de la Complutense entre 1998 y 2010.
 Fue alumno de Aranguren, testigo y participante de las protestas. 
“Había muchas manifestaciones y la policía entraba en la facultad con relativa facilidad.
 La asistencia a las asambleas era generalizada y llamaba la atención la significación de intelectuales como Aranguren”.

Navarro Cordón rememora las lecciones y las charlas del catedrático de Ética y Sociología abulense.
 Fue la “punta de lanza” de la entrada en España de corrientes filosóficas modernas que sacaron a su facultad de la Edad Media. “Tenía una actitud de crítica abierta a lo que sucedía en España y fuera. Recuerdo el día del atentado de John F. Kennedy y cómo comentamos con él lo que iba a significar su muerte”, prosigue este catedrático emérito.

Depuraciones en otras facultades

El control del régimen sobre los intelectuales y filósofos se extendió también a otras facultades.
 Miguel de Unamuno ya había sido depurado en 1936 por orden de Franco de su cargo de rector de la Universidad de Salamanca.
 En 1939 se exilió también Pedro Bosch Gimpera, que había sido decano de Filosofía y Letras y después rector de la Universidad de Barcelona. 
“El profesor Miquel Tarradell, que en aquellos años era estudiante, explicaba que entrar en la facultad de Filosofía y Letras en los cuarenta era como entrar en una casa donde ha fallecido alguien”, dice Josep María Fullola, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Barcelona.

Protestas contra la desaparición de nueve facultades en Madrid.
Las movilizaciones que se vivieron en Barcelona al tiempo que se producían las revueltas de Madrid “fueron más un movimiento político que académico”, añade Fullola. Barcelona vivió la Capuchinada en 1966
. Los estudiantes se concentraron en el convento de Capuchinos de Sarrià para aprobar los estatutos del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona.
 Estuvieron cercados durante casi 72 horas. 
En un tono más académico, llegó un cambio que resultaría crucial para la apertura de la Universidad
El decano de Filosofía y Letras, Juan Maluquer de Motes, aprobó, en 1968, un nuevo plan de estudios que abrió las carreras a las materias optativas. “Rompió con la idea franquista del control sobre todos los estudios y favoreció la entrada de nuevos docentes, los penenes [profesores no numerarios], una serie de jóvenes con expectativas políticas no franquistas que traían un aire nuevo”, recuerda Fullola.
A finales de los sesenta abrieron la Autónoma de Madrid y la de Barcelona, que tomaron el relevo en los últimos años del Franquismo.
 Aranguren fue resarcido finalmente de su expulsión por intervenir en la manifestación de febrero de 1965
. En 1976, la Universidad Complutense recuperó la cátedra de Ética y Sociología y fue recibido por los alumnos. 
Sobre su expulsión, dejó escrito: “Que la conducta oficial fue inhábil y que no consiguió sino radicalizar el movimiento estudiantil es algo que hoy a nadie, franquista o no, pero con un mínimo de sensatez, ofrece la menor duda”.
Tuve la suerte de ver y oir a Aranguren en la Universidad de La Laguna, donde la asignatura de Filosofia tanto nos enseñó de la mano de Emilio Lledó , más tarde Muguerza y en algunas optativas profesores jovenes que nos ayudaban a seguir pensando.Claro que la policía intentó entrar en la Universidad pero el Rector D. Bemito no se lo consintió, fue nuestro Rector elegido por los alumnos. Tantos recuerdos que si ahora quitan la filosofía debe ser porque los que nos gobiernan no quieren que aprendamos a pensar por nosotros mismos. 
Tb hay que tener cuidado con el pensamiento único que algunos partidos desean que imperen. Lo tuvimos muy dificil pero nunca pudieron con nosotros.

 

Las ruinas de la sierra madrileña.........................................................................Esther Sánchez

Son restos de antiguos albergues y hospitales, que aguardan desde hace décadas una solución.

 

En la sierra madrileña existen edificaciones medio en ruinas y completamente inservibles, que se levantan en entornos naturales de gran valor medioambiental y belleza.
 Pasan los años y, cada día más deteriorados, esperan un rescate o un derribo que no acaba de llegar. 
Entre ellos, destacan varios hospitales de la época franquista y antiguos albergues de sociedades montañeras, en su momento florecientes, y ahora abandonados a su suerte.
 
El chalé de Peñalara en el valle de la Fuenfría, pertenecía a la Real Sociedad Española de Alpinismo de Peñalara.
El suelo donde se ubican, en su mayor parte montes de utilidad pública en el Parque Nacional del Guadarrama o en sus alrededores, goza de la máxima protección, catalogación que no ha incidido en la búsqueda de una solución.
 La Comunidad de Madrid indica que son edificios propiedad de ayuntamientos de la zona o privados, en cuyas manos se encuentra la solución.

Hospital del Santo Ángel o de la Barranca

Desde la lejanía hasta engaña: con sus cuatro plantas todavía en pie, parece en plena forma.
 Un espejismo que se diluye cuando se pasa a su lado camino de la Barranca, en un entorno natural de gran valor, en la sierra de Guadarrama, a las faldas de la Bola del Mundo y La Maliciosa. 
El abandono, que ya dura más de 20 años, desde 1995, se hace patente: ventanas sin cristales que dejan ver habitaciones completamente vacías y una reja cerrada con candado para impedir el paso a los extraños.
El todavía imponente edificio fue construido en los años cuarenta como preventorio de tuberculosis, así siguió hasta los sesenta cuando se reconvirtió en un centro psiquiátrico. En 1995 fue cerrado y abandonado. 
 Posteriormente hubo varios intentos de rehabilitación del sanatorio, entre ellas un intento de reconvertirlo en residencia de ancianos. 
Se encuentra en monte de utilidad pública y es propiedad del Ayuntamiento de Navacerrada.

Chalé de Peñalara (Albergue de la Fuenfría)

En pleno corazón de la Sierra del Guadarrama y a cinco kilómetros del casco urbano de Cercedilla, el albergue que perteneció a la Real Sociedad Española de Alpinismo de Peñalara aguanta como puede el paso del tiempo agazapado tras una valla metálica.
 Vivió tiempos mejores, incluso de esplendor.
 En 1917 fue autorizada su construcción como concesión en favor del Club Peñalara que construyó el albergue.
 “Fue muy utilizado durante un tiempo, pero sus años de esplendor pasaron”, cuenta el actual presidente de la organización montañera, Pedro Nicolás
. Se libró de grandes daños durante la Guerra Civil, y se puso en alquiler.
El Hospital de la Tablada en la subida al Puerto del León nunca se llegó a inaugurar.

La gran nevada de 1996 –se registraron espesores de nieve en el Sistema Central que no se habían conocido en décadas- dio la puntilla al albergue de la Fuenfría.
 Sin luz, agua y con grandes daños, los inquilinos la dejaron; no se podían hacer cargo del inmueble en ese estado.
 La Sociedad Española de Alpinismo Peñalara  traspasó los derechos a una empresa que pretendía construir allí un hotel con encanto y spa.
 Ecologistas en Acción denunció en 2007 que esta actividad era incompatible con los usos de la zona. El contencioso prosigue.
 La semana pasada, recibieron una comunicación del Gobierno regional indicando que habían accedido a la caducidad de la cesión.
 Por lo tanto, ahora la pelota se encuentra en el tejado del Ayuntamiento de Cercedilla. “Es un lugar maravilloso, sería una pena que se perdiera el edificio”, concreta Nicolás.

Albergue Álvaro Iglesias

Sus ruinas adornadas con pintadas saludan al visitante a su llegada al Puerto de Navacerrada desde la ladera de Guarramillas.
 El edificio debería haber desaparecido bajo la piqueta hace ya seis años, pero la presidenta regional de aquella época, Esperanza Aguirre, que iba a contemplar la demolición el 10 de mayo de 2010 decidió que no, que lo indultaba.
 Con la maquinaria a punto, preguntó, ante la perplejidad de su propio equipo, periodistas y público en general: “¿Y por qué queréis demoler eso?”.
 Y no se tiró. Se adjudicó a la empresa Inergia, S.L. con la misión de construir un hotel de lujo con 25 habitaciones y spa.
 De momento, los restos del inmueble continúan ahí impertérritas.
 Fuentes de la Consejería de Medio Ambiente indican que se está revisando el expediente con el objetivo de dar una solución.
 El puerto está salpicado de albergues y edificios de viviendas infrautilizados o abandonados, junto a otros como las residencias militares que mantienen su actividad.

Hospital de la Tablada

El sanatorio, situado en la subida al puerto del León y propiedad del Ministerio de Sanidad y del Instituto Carlos III, nunca se llegó a inaugurar.
 Las obras comenzaron a mediados de los años 40 como centro para tuberculosos.
 Pero la enfermedad dejó de tratarse en estos centros y el edificio nunca se llegó a terminar.
 Su aspecto siniestro y la desolación que transmite, le han convertido en escenario de series y películas de terror. Ahora permanece cerrado.


El arte ‘demasiado moderno’..............................................................................Juan Tallón

Una nueva biografía de Peggy Guggenheim y las memorias del subastador Simon de Pury enriquecen la visión del mercado del arte en el siglo XX.

Peggy Guggenheim observa un móvil de aluminio pintado en la Tate Gallery de Londres en 1964. A.P.
No siempre bastan los artistas para empujar el arte.
 A veces se necesita a alguien dispuesto a hacer lo que sea por sus obras.
 Peggy Guggenheim (1898-1979), coleccionista y amiga de los grandes vanguardistas, afrontó uno de esos momentos en 1940. Faltaba poco para que los nazis ocuparan París, y entendió que su colección corría peligro.
 Cuando solicitó al Louvre que le cediese un espacio en el escondite al que había trasladado su catálogo, los responsables del museo se negaron.
 Consideraban sus obras "demasiado modernas" para que mereciese la pena salvarlas.
 En la primera versión de sus memorias, Out of This Century, Peggy destaca que entre "lo que no consideraron digno de guardar" había obras de Kandinski, Klee, Picabia, Braque, Gris, Léger, Delaunay, además de Ernst, De Chirico, Tanguy, Dalí, Magritte, Brancusi, Giacometti, Moore o Arp.

El mundo aún no había hecho el recorrido necesario para valorar la importancia del arte que coleccionaba Peggy, "audaz y vanguardista en sus gustos", señala la investigadora Francine Prose en Peggy Guggenheim. El escándalo de la modernidad, editado recientemente por Turner. Su libro coincide con la publicación de El subastador, las memorias de Simon de Pury (1951), quien comenzó como recepcionista sin sueldo en Sotheby’s, y un día acabó dirigiendo su oficina para Europa.
 Entre un hito y otro, en los años 70 y 80 ejerció "el empleo supremo del mundo del arte": conservador de la colección del barón Henri Thyssen.
 Fue un testigo privilegiado de la lujosa vida, los precios récord, el glamour y la extravagancia que rodearon el arte en el siglo XX.

Bajo la consigna "trabaja mucho, diviértete mucho", el barón lo llevó por todas las esquinas del mundo en busca de felicidad y arte moderno que sumar a la colección de los Viejos Maestros que le había legado su padre, para quien el arte se había detenido en el siglo XVIII.
 "A Henri le encantaba comprar". 
En una ocasión De Pury localizó un mondrian que encajaba en su colección.
 La única dificultad era que el cuadro se subastaba en la sede londinense de Sotheby’s, mientras ellos cenaban en la embajada de EE.UU. en París.
 "¡Comprémoslo!", decidió Thyssen pese a todo, y se levantaron de la mesa, pidieron un teléfono, y al poco regresaron a la cena con la pintura.
Hacerse con un cuadro al día era el viejo sueño del barón, y que antes que él había querido cumplir Peggy Guggenheim, cuando el nazismo amenazó con frustrarlo.
 Finalmente puso a salvo sus primeras 150 obras maestras subiéndolas a un barco que partió hacia Nueva York.
 No era el tipo de transporte que a ella la dejaba tranquila.
 En 1912, Benjamin Guggenheim, su padre, había decidido regresar a EE UU por el cumpleaños de una de sus hijas, y compró billetes para el Titanic
. Se ahogó. 
Tras su muerte, que reveló una fortuna diezmada, los tíos de Peggy –entre ellos el también coleccionista Solomon Guggenheim– acordaron mantener a la viuda y las hijas.
 Cuando Peggy cumplió 21 años, recibió 400.000 dólares, y a la muerte de su madre (1937) 400.000 más. 
Era rica comparada con casi todo el mundo, pero no demasiado para tratarse de una Guggenheim.
En 1920, transformada por los libros que había leído y sus amistades, siempre interesantes, viajó a Europa decidida a ver grandes obras.
 Es en esa época cuando se arrojará a matrimonios violentos y aventuras pasajeras sin fin.
 Pese al complejo de inferioridad que la hacía creerse "fea", confiesa en sus memorias, se mostraba seductora, liberada sexualmente, y sin miedo a escandalizar.
 En 1937, sin embargo, se dio cuenta de que en quince años "no había sido más que una esposa, una hija, una amiga, una madre y una mujer adinerada que sabía rodease de amigos interesantes".
 De pronto, empezó a sentirse independiente, y en la búsqueda de un trabajo que diese sentido a su vida, surgió la idea de abrir una galería de arte en Londres.
La Guggenheim Jaune sirvió para que dejase de considerarse a sí misma una simple heredera, o una mera organizadora de fiestas.
 Su tío Solomon, y su querida, la baronesa Hilla Rebay, ya habían empezado a reunir arte moderno, y "le pareció sugerente competir con ellos".
 En 1938, asesorada por Marcel Duchamps, inauguró la galería con una muestra consagrada a Jean Cocteau.
 No sería un negocio lucrativo, pero contribuiría "a fijar el prestigio de muchos artistas hasta entonces desconocidos en Inglaterra", señala Francine Prose.
 La II Guerra Mundial estaba a las puertas y Peggy cerró la Guggenheim Jaune y se trasladó a París con el propósito de adquirir un cuadro al día. 
Prose sugiere que en esa época se aprovechó de los artistas que "no sabían qué sería de sus vidas con la guerra" para comprar obra a precios irrisorios.
 En Confesiones de una adicta al arte, Peggy revela que Constantin Brancusi llegó a pedirle cuatro mil dólares por Pájaro en el espacio, y "tuvimos una bronca tremenda". 
Cuando los alemanes se acercaban a París, el artista aceptó una oferta varias veces inferior a lo que valía. 
El día que fue a recogerla "le caían las lágrimas por las mejillas", cuenta Peggy. 
Pese a todo, son reconocidos sus esfuerzos por ayudar a los artistas. En plena guerra, y aún después, contribuyó a la supervivencia de muchos vanguardistas, entre ellos André Bretón o Max Ernst, con quien llegó a casarse.
De vuelta a Nueva York la esperaba su proyecto más ambicioso. Art of This Century, el espacio que inauguró en 1942, cambiaría el modo de mirar el arte, con un entorno acorde a los movimientos que representaba (el surrealismo, el dadaísmo, el cubismo y la abstracción).
 Dedicado una parte a museo y otra a galería que acogía exposiciones temporales y obras en venta, se convirtió en "un cruce entre un parque de atracciones, una casa encantada y un café parisiense" que todos deseaban visitar. 
Un año después de la apertura llegó la primera gran exposición de Jackson Pollock, que aceptó el mecenazgo de Peggy, para la que pintó en tres horas el imponente mural que decoraría el vestíbulo de su casa.

El mundo se encaminaba hacia los años 50 y el mercado se disponía a dar un salto extraordinario hacia delante, y al mismo tiempo al vacío.
 Comenzaba "la fascinación de las subastas". 
Por primera vez, señala Simon de Pury, el arte empezó a ser tomado en serio como inversión y no sólo como placer, y a la pregunta "¿es hermoso?" se respondía con la pregunta "¿es caro?".
 En la nueva ecuación de arte y dinero, el impresionismo y postimpresionismo se convirtieron en la inversión preferida de los compradores fuertes, pues "a diferencia de los Viejos Maestros, eran difíciles de falsificar".
De Pury considera 1998 como un año clave para el mercado, cuando Christie’s transformó las reglas del juego al redefinir el arte contemporáneo como las obras creadas no después de la II Guerra Mundial, sino de 1970
. La codicia hizo el resto, hasta llegar a la actualidad, donde hay "entre 25 y 35 personas en el mundo dispuestas a gastar más de cien millones de dólares en una pieza; otras 100 o 125 que podrían gastar, tal vez, cincuenta millones. 
Las obras que se venden por un millón de dólares ya ni siquiera se mencionan". 

La vida en Venecia

Cuatro años después de abrir Art of This Century en Nueva York, en los que derrochó todas sus energías, y experimentó la felicidad y el vacío a partes iguales, Peggy Guggenheim volvió a sentirse atraída por Europa.
 Esta vez caería rendida a Venecia. 
Recibió una invitación para exponer su colección en la Bienal, y se dejó cortejar.
 Fue "un éxito formidable". Para muchos significó su primer encuentro con el expresionismo abstracto de Pollock, Motherwell, De Kooning o Rothko. 
En 1951 la colección se acomodó en el palazzo Venier dei Leoni, en cuyo patio hizo instalar una obra de Marino Marini formada por un caballo y un jinete con un gran pene que apuntaba hacia las embarcaciones en tránsito entre el museo y la prefectura de Venecia.
 Marini había diseñado la obra de tal modo que se pudiese desmontar el pene, que Peggy "retiraba cuando sabía que podían pasar monjas por delante".
 El palazzo, en el que residió hasta su muerte en 1979, siguió conservando la colección pese a que tres años antes de fallecer Peggy decidió transferirla al Guggenheim Museum.
 


Kandinsky

 

 Paul Klee

El Corte Inglés eleva sus ventas y gana 158 millones de euros, un 34% más.....................................Cristina Delgado

La facturación del grupo de grandes almacenes crece un 4,3%, el mayor ritmo desde 2007.

El grupo El Corte Inglés, que celebra este domingo su junta anual de accionistas, registró el año pasado un beneficio neto de 158 millones de euros, un 34% más.

 La reducción de costes y gastos financieros gastos, así como la mejora de la facturación, permitió al grupo darle la vuelta a los resultados de un año antes, cuando sus ganancias bajaban con fuerza.

 Las ventas crecieron un 4,3%, el mayor ritmo desde 2007. Suben especialmente en los grandes almacenes, las tiendas de ropa Sfera y la cadena de bricolaje.

 Hipercor, sin embargo, sigue atascada en la crisis. 


 
Un cliente y una vendedora en El Corte Inglés de la Castellana (Madrid)
Si El Corte Inglés puede usarse como un termómetro para medir la salud económica en España, los resultados del ejercicio de 2015 indican que la crisis de consumo ha quedado atrás. 
El grupo facturó 15.219 millones de euros, la mayor cifra desde 2011.
 Los niveles de venta están todavía lejos de los máximos registrados por la empresa en 2007, cuando sus ventas rozaban los 18.000 millones y las ganancias los 700 millones.
 Pero vive, sin duda, una remontada.
El beneficio antes de impuestos fue de 77 millones de euros, frente a los 14,8 millones del año anterior.
 De los 158 millones de euros de beneficio neto obtenidos en 2015, cerca de 81 millones se deben a pagos a su favor por el impuesto de sociedades.
 Al margen de los ajustes por impuestos, también la bajada de los costes le ha ayudado a mejorar la rentabilidad.
 En especial, la reducción de los gastos financieros.

Los grandes almacenes venden un 7,8% más

Dentro del grupo presidido por Dimas Gimeno, los grandes almacenes siguen siendo la joya de la corona: facturan 9.449 millones de euros, un 7,8% más.
 Su beneficio bajó un 8,7%, hasta los 170 millones de euros.
 Por su parte, Supercor, la cadena de supermercados que el grupo ha potenciado con fuerza los últimos tres años, aporta ya a la cifra de negocio 601 millones. Obtuvo 260.000 euros de beneficios.

Y Sfera, las tiendas de ropa joven (un negocio al que le costó arrancar pero que ahora está inmerso incluso en una expansión internacional) registró ventas por valor de 230,8 millones y ganancias de 24,2 millones. 
En el caso de Bricor, la apuesta de bricolaje y hogar —que sufrió años atrás la fuerte crisis del mercado de la vivienda— remonta y mejora las ventas casi un 20%. Todavía no es rentable: arroja 8,6 millones de pérdidas, pero es un 14% menos que en 2014.
 También crecieron el año pasado las filiales de viajes y de ópticas.
En la evolución de los negocios del grupo hay dos manchas: Hipercor y la división informática. 
El primero, dedicado a los hipermercados, no termina de encontrar su lugar en el mercado. 
La compañía ha reformado o reducido tiendas y en muchas ha incorporado otras filiales, como la de bricolaje.

La plantilla, de casi 92.000 empleados

En cuanto al empleo, en total El Corte Inglés cuenta con cerca de 91.931 empleados, el 0,5% más.
 De la plantilla, el 63% son mujeres.
 La mayoría se concentran en las áreas de ventas: hay 45.476 mujeres, frente a 18.887 hombres. 
En los puestos de responsabilidad aumenta este año la presencia de empleadas (la empresa está llevando a cabo un programa para incentivarlo), pero la brecha de género sigue siendo importante: hay 8.598 hombres que ejercen como coordinadores (285 menos), frente a 4.129 mujeres (35 más).
 Y entre los directores y gerentes, hay 163 hombres (12 menos) y 13 mujeres (5 más).

Al margen de la plantilla directamente contratada por El Corte Inglés, en muchos de sus centros tienen empleados de otras marcas, que ocupan espacios propios en los grandes almacenes.
 Los trabajadores (de los llamados corners, que usan marcas de ropa o cosmética, por ejemplo) suponen otros 20.000 empleos directos vinculados a la empresa.
Las cifras de empleo se refieren al ejercicio de 2015.
 En marzo de este año la compañía aprobó un plan de bajas voluntaria e incentivadas para mayores de 58 años.
 Así, a lo largo de 2016 y 2017 cerca de 1.300 empleados dejarán la empresa, que ha invertido unos 150 millones para ello.