Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 ago 2016

El arte ‘demasiado moderno’..............................................................................Juan Tallón

Una nueva biografía de Peggy Guggenheim y las memorias del subastador Simon de Pury enriquecen la visión del mercado del arte en el siglo XX.

Peggy Guggenheim observa un móvil de aluminio pintado en la Tate Gallery de Londres en 1964. A.P.
No siempre bastan los artistas para empujar el arte.
 A veces se necesita a alguien dispuesto a hacer lo que sea por sus obras.
 Peggy Guggenheim (1898-1979), coleccionista y amiga de los grandes vanguardistas, afrontó uno de esos momentos en 1940. Faltaba poco para que los nazis ocuparan París, y entendió que su colección corría peligro.
 Cuando solicitó al Louvre que le cediese un espacio en el escondite al que había trasladado su catálogo, los responsables del museo se negaron.
 Consideraban sus obras "demasiado modernas" para que mereciese la pena salvarlas.
 En la primera versión de sus memorias, Out of This Century, Peggy destaca que entre "lo que no consideraron digno de guardar" había obras de Kandinski, Klee, Picabia, Braque, Gris, Léger, Delaunay, además de Ernst, De Chirico, Tanguy, Dalí, Magritte, Brancusi, Giacometti, Moore o Arp.

El mundo aún no había hecho el recorrido necesario para valorar la importancia del arte que coleccionaba Peggy, "audaz y vanguardista en sus gustos", señala la investigadora Francine Prose en Peggy Guggenheim. El escándalo de la modernidad, editado recientemente por Turner. Su libro coincide con la publicación de El subastador, las memorias de Simon de Pury (1951), quien comenzó como recepcionista sin sueldo en Sotheby’s, y un día acabó dirigiendo su oficina para Europa.
 Entre un hito y otro, en los años 70 y 80 ejerció "el empleo supremo del mundo del arte": conservador de la colección del barón Henri Thyssen.
 Fue un testigo privilegiado de la lujosa vida, los precios récord, el glamour y la extravagancia que rodearon el arte en el siglo XX.

Bajo la consigna "trabaja mucho, diviértete mucho", el barón lo llevó por todas las esquinas del mundo en busca de felicidad y arte moderno que sumar a la colección de los Viejos Maestros que le había legado su padre, para quien el arte se había detenido en el siglo XVIII.
 "A Henri le encantaba comprar". 
En una ocasión De Pury localizó un mondrian que encajaba en su colección.
 La única dificultad era que el cuadro se subastaba en la sede londinense de Sotheby’s, mientras ellos cenaban en la embajada de EE.UU. en París.
 "¡Comprémoslo!", decidió Thyssen pese a todo, y se levantaron de la mesa, pidieron un teléfono, y al poco regresaron a la cena con la pintura.
Hacerse con un cuadro al día era el viejo sueño del barón, y que antes que él había querido cumplir Peggy Guggenheim, cuando el nazismo amenazó con frustrarlo.
 Finalmente puso a salvo sus primeras 150 obras maestras subiéndolas a un barco que partió hacia Nueva York.
 No era el tipo de transporte que a ella la dejaba tranquila.
 En 1912, Benjamin Guggenheim, su padre, había decidido regresar a EE UU por el cumpleaños de una de sus hijas, y compró billetes para el Titanic
. Se ahogó. 
Tras su muerte, que reveló una fortuna diezmada, los tíos de Peggy –entre ellos el también coleccionista Solomon Guggenheim– acordaron mantener a la viuda y las hijas.
 Cuando Peggy cumplió 21 años, recibió 400.000 dólares, y a la muerte de su madre (1937) 400.000 más. 
Era rica comparada con casi todo el mundo, pero no demasiado para tratarse de una Guggenheim.
En 1920, transformada por los libros que había leído y sus amistades, siempre interesantes, viajó a Europa decidida a ver grandes obras.
 Es en esa época cuando se arrojará a matrimonios violentos y aventuras pasajeras sin fin.
 Pese al complejo de inferioridad que la hacía creerse "fea", confiesa en sus memorias, se mostraba seductora, liberada sexualmente, y sin miedo a escandalizar.
 En 1937, sin embargo, se dio cuenta de que en quince años "no había sido más que una esposa, una hija, una amiga, una madre y una mujer adinerada que sabía rodease de amigos interesantes".
 De pronto, empezó a sentirse independiente, y en la búsqueda de un trabajo que diese sentido a su vida, surgió la idea de abrir una galería de arte en Londres.
La Guggenheim Jaune sirvió para que dejase de considerarse a sí misma una simple heredera, o una mera organizadora de fiestas.
 Su tío Solomon, y su querida, la baronesa Hilla Rebay, ya habían empezado a reunir arte moderno, y "le pareció sugerente competir con ellos".
 En 1938, asesorada por Marcel Duchamps, inauguró la galería con una muestra consagrada a Jean Cocteau.
 No sería un negocio lucrativo, pero contribuiría "a fijar el prestigio de muchos artistas hasta entonces desconocidos en Inglaterra", señala Francine Prose.
 La II Guerra Mundial estaba a las puertas y Peggy cerró la Guggenheim Jaune y se trasladó a París con el propósito de adquirir un cuadro al día. 
Prose sugiere que en esa época se aprovechó de los artistas que "no sabían qué sería de sus vidas con la guerra" para comprar obra a precios irrisorios.
 En Confesiones de una adicta al arte, Peggy revela que Constantin Brancusi llegó a pedirle cuatro mil dólares por Pájaro en el espacio, y "tuvimos una bronca tremenda". 
Cuando los alemanes se acercaban a París, el artista aceptó una oferta varias veces inferior a lo que valía. 
El día que fue a recogerla "le caían las lágrimas por las mejillas", cuenta Peggy. 
Pese a todo, son reconocidos sus esfuerzos por ayudar a los artistas. En plena guerra, y aún después, contribuyó a la supervivencia de muchos vanguardistas, entre ellos André Bretón o Max Ernst, con quien llegó a casarse.
De vuelta a Nueva York la esperaba su proyecto más ambicioso. Art of This Century, el espacio que inauguró en 1942, cambiaría el modo de mirar el arte, con un entorno acorde a los movimientos que representaba (el surrealismo, el dadaísmo, el cubismo y la abstracción).
 Dedicado una parte a museo y otra a galería que acogía exposiciones temporales y obras en venta, se convirtió en "un cruce entre un parque de atracciones, una casa encantada y un café parisiense" que todos deseaban visitar. 
Un año después de la apertura llegó la primera gran exposición de Jackson Pollock, que aceptó el mecenazgo de Peggy, para la que pintó en tres horas el imponente mural que decoraría el vestíbulo de su casa.

El mundo se encaminaba hacia los años 50 y el mercado se disponía a dar un salto extraordinario hacia delante, y al mismo tiempo al vacío.
 Comenzaba "la fascinación de las subastas". 
Por primera vez, señala Simon de Pury, el arte empezó a ser tomado en serio como inversión y no sólo como placer, y a la pregunta "¿es hermoso?" se respondía con la pregunta "¿es caro?".
 En la nueva ecuación de arte y dinero, el impresionismo y postimpresionismo se convirtieron en la inversión preferida de los compradores fuertes, pues "a diferencia de los Viejos Maestros, eran difíciles de falsificar".
De Pury considera 1998 como un año clave para el mercado, cuando Christie’s transformó las reglas del juego al redefinir el arte contemporáneo como las obras creadas no después de la II Guerra Mundial, sino de 1970
. La codicia hizo el resto, hasta llegar a la actualidad, donde hay "entre 25 y 35 personas en el mundo dispuestas a gastar más de cien millones de dólares en una pieza; otras 100 o 125 que podrían gastar, tal vez, cincuenta millones. 
Las obras que se venden por un millón de dólares ya ni siquiera se mencionan". 

La vida en Venecia

Cuatro años después de abrir Art of This Century en Nueva York, en los que derrochó todas sus energías, y experimentó la felicidad y el vacío a partes iguales, Peggy Guggenheim volvió a sentirse atraída por Europa.
 Esta vez caería rendida a Venecia. 
Recibió una invitación para exponer su colección en la Bienal, y se dejó cortejar.
 Fue "un éxito formidable". Para muchos significó su primer encuentro con el expresionismo abstracto de Pollock, Motherwell, De Kooning o Rothko. 
En 1951 la colección se acomodó en el palazzo Venier dei Leoni, en cuyo patio hizo instalar una obra de Marino Marini formada por un caballo y un jinete con un gran pene que apuntaba hacia las embarcaciones en tránsito entre el museo y la prefectura de Venecia.
 Marini había diseñado la obra de tal modo que se pudiese desmontar el pene, que Peggy "retiraba cuando sabía que podían pasar monjas por delante".
 El palazzo, en el que residió hasta su muerte en 1979, siguió conservando la colección pese a que tres años antes de fallecer Peggy decidió transferirla al Guggenheim Museum.
 


Kandinsky

 

 Paul Klee

El Corte Inglés eleva sus ventas y gana 158 millones de euros, un 34% más.....................................Cristina Delgado

La facturación del grupo de grandes almacenes crece un 4,3%, el mayor ritmo desde 2007.

El grupo El Corte Inglés, que celebra este domingo su junta anual de accionistas, registró el año pasado un beneficio neto de 158 millones de euros, un 34% más.

 La reducción de costes y gastos financieros gastos, así como la mejora de la facturación, permitió al grupo darle la vuelta a los resultados de un año antes, cuando sus ganancias bajaban con fuerza.

 Las ventas crecieron un 4,3%, el mayor ritmo desde 2007. Suben especialmente en los grandes almacenes, las tiendas de ropa Sfera y la cadena de bricolaje.

 Hipercor, sin embargo, sigue atascada en la crisis. 


 
Un cliente y una vendedora en El Corte Inglés de la Castellana (Madrid)
Si El Corte Inglés puede usarse como un termómetro para medir la salud económica en España, los resultados del ejercicio de 2015 indican que la crisis de consumo ha quedado atrás. 
El grupo facturó 15.219 millones de euros, la mayor cifra desde 2011.
 Los niveles de venta están todavía lejos de los máximos registrados por la empresa en 2007, cuando sus ventas rozaban los 18.000 millones y las ganancias los 700 millones.
 Pero vive, sin duda, una remontada.
El beneficio antes de impuestos fue de 77 millones de euros, frente a los 14,8 millones del año anterior.
 De los 158 millones de euros de beneficio neto obtenidos en 2015, cerca de 81 millones se deben a pagos a su favor por el impuesto de sociedades.
 Al margen de los ajustes por impuestos, también la bajada de los costes le ha ayudado a mejorar la rentabilidad.
 En especial, la reducción de los gastos financieros.

Los grandes almacenes venden un 7,8% más

Dentro del grupo presidido por Dimas Gimeno, los grandes almacenes siguen siendo la joya de la corona: facturan 9.449 millones de euros, un 7,8% más.
 Su beneficio bajó un 8,7%, hasta los 170 millones de euros.
 Por su parte, Supercor, la cadena de supermercados que el grupo ha potenciado con fuerza los últimos tres años, aporta ya a la cifra de negocio 601 millones. Obtuvo 260.000 euros de beneficios.

Y Sfera, las tiendas de ropa joven (un negocio al que le costó arrancar pero que ahora está inmerso incluso en una expansión internacional) registró ventas por valor de 230,8 millones y ganancias de 24,2 millones. 
En el caso de Bricor, la apuesta de bricolaje y hogar —que sufrió años atrás la fuerte crisis del mercado de la vivienda— remonta y mejora las ventas casi un 20%. Todavía no es rentable: arroja 8,6 millones de pérdidas, pero es un 14% menos que en 2014.
 También crecieron el año pasado las filiales de viajes y de ópticas.
En la evolución de los negocios del grupo hay dos manchas: Hipercor y la división informática. 
El primero, dedicado a los hipermercados, no termina de encontrar su lugar en el mercado. 
La compañía ha reformado o reducido tiendas y en muchas ha incorporado otras filiales, como la de bricolaje.

La plantilla, de casi 92.000 empleados

En cuanto al empleo, en total El Corte Inglés cuenta con cerca de 91.931 empleados, el 0,5% más.
 De la plantilla, el 63% son mujeres.
 La mayoría se concentran en las áreas de ventas: hay 45.476 mujeres, frente a 18.887 hombres. 
En los puestos de responsabilidad aumenta este año la presencia de empleadas (la empresa está llevando a cabo un programa para incentivarlo), pero la brecha de género sigue siendo importante: hay 8.598 hombres que ejercen como coordinadores (285 menos), frente a 4.129 mujeres (35 más).
 Y entre los directores y gerentes, hay 163 hombres (12 menos) y 13 mujeres (5 más).

Al margen de la plantilla directamente contratada por El Corte Inglés, en muchos de sus centros tienen empleados de otras marcas, que ocupan espacios propios en los grandes almacenes.
 Los trabajadores (de los llamados corners, que usan marcas de ropa o cosmética, por ejemplo) suponen otros 20.000 empleos directos vinculados a la empresa.
Las cifras de empleo se refieren al ejercicio de 2015.
 En marzo de este año la compañía aprobó un plan de bajas voluntaria e incentivadas para mayores de 58 años.
 Así, a lo largo de 2016 y 2017 cerca de 1.300 empleados dejarán la empresa, que ha invertido unos 150 millones para ello.

La fiebre de los zapatos................................................................. María Ballesteros


El nuevo reto de los famosos es crear sus propias líneas de calzado junto a reconocidas firmas de moda






“Me gusta mi dinero justo dónde pueda verlo: colgado en mi armario”.
 Esta frase, pronunciada por Carrie Bradshaw, el personaje interpretado por Sarah Jessica Parker en Sexo en Nueva York, fue una de otras tantas con las que se puso de manifiesto que el amor y la demencia por la moda no era una filia que esconder sino un sentimiento que mostrar en cuanto la ocasión lo requería. Bradshaw, enamorada de los zapatos y devota de su vestidor, sentía especial debilidad por los “manolos”, sobrenombre por el que se conoce cariñosamente a las creaciones del diseñador español Manolo Blahnik.
 Tras las seis temporadas de la serie, la querencia por los zapatos se coló en la vida de Parker dando como resultado SJP: una firma de calzado producida a mano en Italia, y creada de la mano de Nordstrom, en la que hasta uno de sus modelos está bautizado como Carrie.
 Los diseños de la actriz, como cabía esperar, tienen un aire a esos manolos por los que Bradshaw casi prefería quedarse sin comer para poder comprarlos.
Colonizado el terreno de las colecciones cápsula prêt-à-porter (véase Kanye West para Adidas con la línea Yeezy, por ejemplo) el calzado, como elemento fetichista, se erige como nuevo reto para los famosos a los que se les otorga la oportunidad de convertirse en ocasionales diseñadores.
 Pero también, este es un objeto de culto para los consumidores tal y como se demostró en el documental de 2005 Locos por las zapas. Un furor que se ha hecho visible en las ferias comerciales y las kilométricas colas que se forman a las puertas de tiendas especializadas de medio mundo para conseguir ediciones limitadas y exclusivas de algunos pares de zapatillas.
La penúltima en sumarse a esta tendencia ha sido Katy Perry.
  De la mano de Global Brands Group la cantante promete calzado a precios para todos los bolsillos (desde 52 euros) que podrán comprarse a partir de la primavera de 2017.
 Más allá de lo delicioso del asunto (calzar los zapatos que uno diseña tiene que dar gusto), están los números. 
La rentabilidad de las estrellas a propósito de su unión con cabeceras de moda y firmas de diversa índole comenzó a ser más evidente cuando Anna Wintour, editora de la edición estadounidense de Vogue, puso en sus portadas a actrices, cantantes, deportistas y primeras damas desde finales de los años ochenta.



 Aunque el diseñador Dries Van Noten piense que “las celebrities han matado la moda”, tal y como declaró en una entrevista para Smoda, lo cierto es que las marcas encuentran en los famosos sus gallinas de los huevos de oro.
 El ejemplo más claro de esto es el informe que el pasado mes de enero publicaba la consultoría de marketing NPD Group.
 En él se daba a conocer los personajes conocidos más rentables para marcas relacionadas con el sector de la moda, la belleza o la automoción.
 La encuesta se centra en los famosos que acumulan 10 millones de seguidores (no especifican si en una o varias redes sociales) y se realizó entre 92.000 personas.
 En el número uno del ranking, con 367 puntos, está Rihanna.
 Esto significa que la artista de Barbados hace aumentar, aproximadamente, un 3,7% los ingresos de una firma cada vez que colabora con ella si al menos el 50% de los fans de la cantante son consumidores de dicha marca.

Uno de los ejemplos de la rentabilidad de Rihanna esla colección de seis modelos que ha creado junto a Blahnik, Denim desserts
 El furor por la colaboración entre ambos fue tal en la Red que la web de la marca se colapsó el día de su salida a la venta, el pasado 5 de mayo.
 Unos resultados que seguro querrían tener Jennifer López y Zayn Malik a propósito de su recientemente anunciada contribución a la marca Giuseppe Zanotti para el próximo año.
Los zapatos, como prolongación de la personalidad, constituyen otra rama de la comunicación no verbal en la que se representan las preferencias éticas y estéticas. 
Porque, como decía Walter Benjamin: “En el fetichismo, el sexo echa abajo las barreras entre los mundos orgánico e inorgánico. Vestidos y adornos establecen con él sus alianzas”.

La Vida te da sorpresas...........................o no.



Deja a su novia y un día después a ella le toca la lotería

Deja a su novia y un día después a ella le toca la lotería

La historia de Dan White se hace viral: rompió tras 2 años de relación, y ahora reclama parte del premio... pero no tiene derecho


Se llama Dan White, tiene 21 años y su historia se ha hecho viral. Este joven inglés decidió que después de 2 años debía romper la relación con Courtney Davies, de 19.
 Y un día después de hacerlo, a ella le han tocado 72 millones de euros en la lotería.
La joven pareja compartió la etapa más difícil de la vida de ella, puesto que su madre luchaba contra un cáncer y él se convirtió en su mejor apoyo.
 La mujer logró vencer a la enfermedad, y Courtney Davies y su hermana decidieron celebrarlo comprando un cupón de lotería.
Sin embargo Dan White, que quizás quería haber roto la relación antes pero esperó hasta que la situación de la madre estuviera solucionada, no decidió comprar un cupón, sino cortar de forma definitiva. 
Y ahora se arrepiente.

12 millones para el novio de la hermana

Al día siguiente de haber roto, a la familia Davies le tocó 61 millones de libras (72 millones de euros) gracias a ese cupón de la lotería. Y el joven White no disfrutará ni una sola libra de ese dineral.
Por si fuera poco, Dan White vive al lado de Stephanie Davies, la hermana de su ex, y de su novio Steve.
 Este otro joven viene a cuento porque la madre, tras recuperarse, ha decidio darle 12 millones de libras, por la fidelidad a su hija y el apoyo que ha supuesto para la familia.
Así pues, ahora tendrá que vivir viendo al lado de su casa cómo el que era su "cuñado" ha recibido 12 millones de libras por haber seguido al lado de su hija como él hizo hasta el día en el que la madre se recuperó.

Bromea con que quiere su parte

Dan White, lejos de aceptar que dejó a la hija y que la madre no le va a dar ni los buenos días, ha aprovechado una entrevista con el periódico 'South Wales Echo' para dejar caer que "podría darme un millón por cada año que estuve con ella. No le diría que no".
El joven ha reconocido que incluso sus amigos bromean con lo tonto que ha sido y con que ahora mismo podría estar viviendo una nueva vida de lujo y dinero.