Su primer gran trabajo fue reducir una de las conjeturas de Langlands, de casi 300 páginas, hasta dejarla en 37.
PETER SCHOLZE | Premio Mejor Matemático menor de 35 años.
Peter Scholze, premio mejor matemático menor de 35 años. Ágata Timón
A Peter Scholze no le gusta conceder entrevistas. “Muchas veces no sé
qué decir”, admite sincero. En nuestra conversación, en una de las
aulas de la Universidad Técnica de Berlín, su mirada se dirige
constantemente al suelo. Deja largos silencios antes de contestar,
pensando bien sus respuestas . Es educado, pero es evidente que no está
cómodo con la atención de los medios.
Sin embargo, es una de las estrellas de la matemática internacional. Con solo 28 años, este investigador de la Universidad de Bonn está
considerado uno de los matemáticos más relevantes del mundo, y su
extraordinario talento y originalidad son destacados por sus colegas del
campo de la geometría algebraica y aritmética, dónde ha hecho sus
principales contribuciones. Por estos trabajos ha recibido uno de los
diez premios a jóvenes investigadores europeos en el Congreso Europeo de
Matemáticas (7ECM), que se acaba de celebrar en Berlín.
La demostración del Último Teorema de Fermat, de
Andrew Willes, fue una de sus grandes inspiraciones para perfilar su
gusto matemático.
A los 24 años se convirtió en el catedrático más joven de la historia
de Alemania. También ha sido el científico más joven en obtener el
premio Leibniz, la mayor distinción germana en ciencia, que tiene
asignados 2,5 millones de euros para invertir en una investigación
futura. “No es el motivo por el que hago esto pero desde luego sienta
bien ser reconocido por lo que haces. Es una confirmación de que estoy
yendo en la buena dirección, que debo seguir por ahí”, asegura. De padre físico y madre informática, estudió en el Heinrich Hertz
Gymnasium, un instituto berlinés especializado en ciencias y
matemáticas. Dice que la demostración del último teorema de Fermat, de
Andrew Willes, fue una de sus grandes inspiraciones para perfilar su
gusto matemático. Cuando se enteró del descubrimiento, empezó a leer
sobre las sofisticadas herramientas que usaba el matemático británico:
curvas elípticas, formas modulares... Entonces él tenía solo 16 años y
no disponía de la base de conocimiento necesaria para entender ninguno
de esos conceptos, pero fue capaz de entrever la belleza de esas formas,
y se sintió fascinado por ese tipo de preguntas.
“Desde siempre me han gustado las matemáticas. Me gusta su
precisión”, declara. “Pero no creo que sean solo un lenguaje, creo que
son una ciencia, con su propio tipo de experimentos. En mi campo, muchas
de las conjeturas vienen de hacer pruebas con números. Creemos que son
ciertas porque lo hemos comprobado con un ordenador . Eso tiene una
naturaleza empírica”, reflexiona. Tardó solo tres semestres en finalizar el Grado de Matemáticas y el
máster, en dos semestres más. Aplicando las ideas de la tesis del máster
realizó su primera contribución científica
al simplificar una compleja demostración de una de las conjeturas de
Langlands . El llamado Programa de Langlands es una red de conjeturas que
pretenden relacionar conceptos de las matemáticas hasta hace poco
separados: objetos aritméticos (los cuerpos de números) con objetos
analíticos (formas automorfas); y es un tema central en la teoría de
números moderna . Scholze redujo una demostración de casi 300 páginas a
37. “Una vez lo entendí, me sorprendí de lo fácil que realmente era el
problema”, dice.
Esta posibilidad de enunciar de forma más sencilla ideas matemáticas
complejas fue su motivación para crear la teoría de los espacios
perfectoides, que fue su tesis doctoral. Scholze diseñó esta teoría para entender mejor las propiedades de un
cuerpo de números llamados p-ádicos, propuestos a finales del siglo XIX
para resolver problemas diofánticos (hallar soluciones de ecuaciones
polinómicas tales como 3x³y+2x²y²=7). “Con los espacios perfectoides
quise capturar algunas de las propiedades extrañas que tienen los
números p-ádicos, y relacionarlos con una situación más geométrica”,
explica. Esta nueva herramienta le ha resultado muy útil para resolver cuestiones aritméticas que llevaban décadas planteadas. Según los expertos del campo, la teoría de los espacios perfectoides
tiene un gran potencial y se espera que pueda dar lugar a importantes
avances en el programa de Langlands. Para Scholze es aún una vía de
investigación por explorar: “Sigo trabajando en las aplicaciones de la
teoría de los perfectoides”, relata. Pero “también pienso en otros
temas. Me gusta aprender cosas nuevas e interesantes de cualquier otro
campo”, afirma. Aunque dice que no sabe qué estará haciendo dentro de
dos años, su objetivo es entender de forma profunda las matemáticas en
general. “Intento entender conceptos y estructuras básicas que hacen que
las cosas funcionen. Estoy todavía en la fase de aprendizaje”,
reconoce.
Javier Chávez, maquillador de difuntos, posa en el tanatorio de Getafe. Luis Sevillano
"¿Vas a tocarlo?", me pregunta Javier Chávez, que maquilla cadáveres.
Mejor no.
Llega un ataúd sin la tapa. Dentro hay un cuerpo envuelto en
sábanas de hospital arrugadas.
Eran las sábanas de vivo y parece lo
primero que han pillado. Sacan el cuerpo entre varios, agarrando de la
tela.
"Quitadle el camisón", dice Chávez.
Queda un cadáver amarillo con un
pañal. Es final de mañana: "Habrá muerto a las 6".
Está colocado en una
mesa de operación con una pequeña plataforma de metal que deja un canal
debajo: por allí corren los líquidos de limpieza -u otros- hacia el
desagüe.
Javier Chávez, maquillador de difuntos, posa en el tanatorio de Getafe. Luis Sevillano
"¿Vas a tocarlo?", me pregunta Javier Chávez, que maquilla cadáveres.
Mejor no. Llega un ataúd sin la tapa. Dentro hay un cuerpo envuelto en
sábanas de hospital arrugadas. Eran las sábanas de vivo y parece lo
primero que han pillado. Sacan el cuerpo entre varios, agarrando de la
tela.
"Quitadle el camisón", dice Chávez. Queda un cadáver amarillo con un
pañal. Es final de mañana: "Habrá muerto a las 6". Está colocado en una
mesa de operación con una pequeña plataforma de metal que deja un canal
debajo: por allí corren los líquidos de limpieza -u otros- hacia el
desagüe.
"Tiene algo de rigidez", dice Chávez.
Le dobla el codo, las muñecas,
los dedos. Los ruiditos. Sigue con el desinfectante en todos los
orificios del rostro y en las axilas y partes íntimas, sin tocarlas.
Le
levantan las pestañas y unos ojos azules miran de repente hacia arriba.
El movimiento de un brazo y el ojo abierto repentino de un muerto son
experiencias, para mí, innovadoras.
¿Cómo dices de qué trabajas?, pregunto a Chávez.
"Depende de si estoy
en una discoteca", bromea. Lo explica por etapas:
"A la anatomía",
empieza. ¿Cómo?, le contestan: "Con las personas", añade.
Siguen sin
entenderle. "Con las personas que marchan", insiste Chávez.
Al final usa
el término científico: "Me dedico a la tanatopraxia". Cuando lo aclara
le dicen "vale, vale, vale". Pero enseguida quieren saber más.
El cuerpo llega con la boca entreabierta.
Los labios y la barbilla están duros. "Ahora nos va a contar cómo es él"
La nariz se limpia con algodón y se aspira.
La higiene de la boca es
más delicada
. El cadáver llega con la boca entreabierta. Los labios y la
barbilla están duros. "Ahora nos va a contar cómo es él", dice Chávez
.
Coge papel y pasa el dedo por las encías, con un leve masaje, para
reanimar la expresión
. Con una pinza empieza a sacar suciedad de la
lengua
. Rasca fuerte y saca sustancia: "Por si ha vomitado", dice. Hay
que evitar bacterias y olores
. Luego le afeita. Le coge la mejilla por
dentro de la boca para estirar la piel: "Nunca hacia abajo, siempre
hacia arriba o hacia el lado", explica
. Si le corta, ya no sangra. Pero
saldrían manchas al rato.
El proceso es sin aspavientos.
Chávez recuerda uno de sus mejores
trabajos.
Una abuela murió mientras su familia estaba de vacaciones.
"Llevaba 10 días en casa en verano y estaba en descomposición", dice.
El
maquillaje esa vez le llevó 5-7 horas de trabajo.
"Qué lástima no
haberte traído unas fotos", dice. "La epidermis se despegó de la
dermis", añade. Qué lástima. "Mándamelas por email", digo en un acto de valentía periodística por afán de contrastarlo todo. Chávez declina.
Chávez aspira a revivir la expresión de esa persona.
Pero no habla
con nadie de la familia ni ve fotos. ¿Cómo sabe el peinado? "El pelo te
habla cuando lo mojas", dice. Se abre hacia un lado, hacia atrás.
Solo
se ha equivocado una vez. Dejó a una joven con el pelo liso y lo llevaba
rizado.
La familia se lo advirtió: "Ningún problema. Le puse un poco de
espuma y ya".
Chávez llegó a la tanatopraxia porque su hermano preparaba cadáveres
para los estudiantes de anatomía de la universidad.
No se arrepiente:
"No solo me siento orgulloso, me siento feliz", dice. Hay dos motivos
por los que cree que su trabajo es precioso: primero, "voy a dejarle
preparado para que su familia le vea por última vez", y segundo, "mis
manos son las últimas que van a tocar a esa persona".
El día que hablé con Chávez estaba con siete alumnos de maquillaje de
muertos.
A la mayoría les había intrigado el mundo de la muerte. Una
chica era aún peluquera, sobre todo de mujeres mayores
. Sus clientas, al
enterarse, se hacían las finas: "Ay, hija, ¿te irás con los muertos?".
La peluquera tenía una gran respuesta: "Pero si son como tú, solo que
sin respirar".
Es la hora de darle la forma final.
Se seca el pelo con secador, se
le da un masaje con crema, se le peina el pelo.
Se coloca un cubreojos
debajo de las pestañas para disimular el hundimiento de la cavidad.
Ahora hay que taponar las vías. Chávez me pide que no explique el
detalle: "Deja algo de sombra; es como si a quien se va a operar se lo
cuentan todo", dice.
Es realmente desagradable. "No han traído la
dentadura", lamenta Chávez.
Le pone en su lugar un formaboca, que
levanta los labios y un poco los mofletes.
El cuerpo vuelve al ataúd con la mortaja, que es una bolsa con
cremallera hasta el cuello.
En Madrid, casi nadie viste ya a los
cadáveres.
Para levantarle la cabeza, Chávez crea una corona con un
periódico de papel, que recubre de blanco. La metáfora de que el papel
muere no podía tener una evidencia mejor.
Lleva la caja desde la luz blanca del fluorescente hasta una sala con
luz amarilla, como la del velatorio, donde maquilla
. Hay maquillaje
para muertos, pero Chávez usa una marca para vivos.
Con crema grasa da
tono a los labios, un poco de color y evita deshidratación.
Quita los
brillos -un cadáver brilla- con polvos traslúcidos. Tapa algún
desperfecto de la piel y le echa bastante colonia Gucci, la de verdad.
"¿Te gusta?", me pregunta Chávez.
El acomodamiento cadavérico ha terminado.
El mismo Chávez lo lleva a
la sala del velatorio.
Fuera están los sofás y las mesas, donde la
familia pasará horas
. Chávez coloca las cuatro bombillas con forma de
cirio alrededor de la caja. Entra un momento en la sala familiar para
avisar por teléfono -está todo a punto- y sale por la puerta de atrás.
El ácido hialurónico es un polisacárido, perteneciente
al grupo de los glicosaminoglicanos, presente en los diferentes tejidos de todas
las especies animales (en la matriz intercelular de los tejidos). Desempeña
una importante función en la estructura de la piel, siendo responsable
de la elasticidad de la misma. Tiene la capacidad de retener a su alrededor una
gran cantidad de agua aportando volumen a los tejidos. Usado desde 1996, puede ser de origen animal (de la cresta de las gallinas
y del globo ocular de los peces) o de origen biológico (extractos de cultivo
de bacterias). Corresponden a este grupo: Juvederm, Achyal, Perlane,
Restylane, Rofilan e Hylaform. Es necesario advertir que
los preparados inyectables para estética contienen impurezas en mayor o
menor grado. No necesita test de alergia y se inyectan superficialmente en la piel integrándose
de manera natural en los tejidos sin producir fibrosis por reacción a cuerpo
extraño y, por lo tanto, sin alterar las características de la piel. Es más, tienen un efecto beneficioso para la misma proporcionando una mayor
hidratación y aportando, mientras dura el efecto del implante, volumen
a la dermis. Es decir, actúan por relleno e hidratación tisular. La infiltración debe ser realizada con cierto grado de sobrecorrección
y se repetirá cada cuatro u ocho meses. Se aplica para modelar el contorno
facial, corregir pliegues, arrugas y dar volumen a los labios. También
lo utilizamos en forma de mesoterapia. Se han encontrado reacciones adversas tipo reacción inflamatoria prolongada
y alergias en aproximadamente un 3% de los pacientes. Por ello se desaconseja
en personas que hayan tenido o tengan alergia a las proteínas del pollo
o los huevos.
Los que critican Pokémon Go ya no se acuerdan de otras modas que se suponía que iban a terminar con la civilización occidental.(Jaime Rubio Hancock
Un niño jugando con su Tamagotchi en lugar de leer a Platón, parece mentira. BSIP / Getty Images
La llegada de Pokémon Go ha desatado toda clase de
comentarios apocalípticos: desde los que creen que este juego es una
clara muestra de la decadencia de Occidente hasta los que están
empeñadísimos en que los jugadores dejen el móvil y se pongan a leer
cuanto antes.
¡Lo que sea! ¡Un libro! ¡Un bote de champú! ¡Da igual!
Estas reacciones demuestran que tenemos una memoria
horrible
. Sí, de acuerdo, Pokémon Go tiene muchas características
únicas, dado lo rápido que se ha extendido por los móviles de todo el
mundo y la presencia que tiene en redes sociales, pero no es la primera
vez que un fenómeno cultural o comercial se contagia de una forma
similar o, al menos, comparable.
De hecho, es probable que más de uno de los que se queja
haya perdido el tiempo con alguna de las modas más o menos pasajeras que
recopilamos a continuación
. Y no pasa nada
. De verdad. No nos vamos a
volver analfabetos ni a perder nuestros valores éticos por haber jugado a
la serpiente del Nokia.
Todo va a salir bien. O mal, no sé. Pero no
será culpa de Pikachu.
1. Los Tamagotchi
Este juguete japonés de Bandai enganchó a millones de niños
en 1996.
No era más que un pequeño dispositivo ovalado, con una
pantalla en blanco y negro y tres míseros botones para desplazarse por
el menú.
El texto recordaba que los Tamagotchi habían generado “problemas
sociales como desatención de las responsabilidades escolares o
profesionales, e incluso accidentes de tráfico” y añadía que “para
compartir dudas, inquietudes y pasiones hay también multitud de clubes
de fans, algunos con páginas en Internet, al estilo de los que se
organizan alrededor de los grandes del cine o de la música”. por no
hablar de los cementerios y entierros virtuales “organizados por templos budistas”.
El texto concluía con una nota amarga: los Tamagotchi “no
son una moda pasajera, sino el icono de una nueva generación de
relaciones en las que las fronteras entre lo real y lo virtual han
desaparecido”.
Hubo más muestras de pesimismo en los medios: “¿No hay suficiente gente en el mundo si quieres tener amigos?
Si tantas ganas tienen de cuidar a alguien, ¿por qué no se apuntan a la
Cruz Roja y cuidan a abuelos o a enfermos? Esto acabará mal”.
Otro recordaba,
me atrevo a decir que con lágrimas en los ojos, que “¡Hay tantos niños
que necesitan unos padres! (...)
Dejémonos de juegos que puedan ir
contra el desarrollo natural del hombre. (...) ¿Cómo sustituir un hijo
(cosa tan grande) por un aparato, un juguete al fin y al cabo?”.
Esperemos que alguien le dijera que la mayoría de los jugadores no
tenían edad ni para pensar en procrear.
Más: un artículo del New York Times publicado en 1997
sobre los nacidos después de 1982 (todavía no se les llamaba
millennials) se preguntaba: “¿Por qué no llamarles simplemente la
Generación Tamagotchi?
Les gustan las cosas tecnológicas y bonitas (como
la película Babe, de 1995); están abiertos al mercado global e insisten en su derecho a la ironía”. Como dice The Atlantic sobre este mismo texto, es significativo que el New York Times diera palos a los millennials antes incluso de que muchos de ellos hubieran nacido.
Después de este terremoto y a modo de conclusión perfecta, los creadores de los Tamagotchi ganaron un premio Ig Nobel
(la parodia de los Nobel) en 1997, “por su contribución a la economía
gracias al desperdicio de millones de horas de trabajo”.
No hay causa
más noble, y lo digo sin ironía ninguna.
2. El cubo de Rubik
Entre 1980 y 2009 se vendieron 350 millones de cubos de
Rubik en todas sus variantes.
Un anuncio de 1980 recordaba que 55 millones de
estadounidenses ya lo tenían en sus casas, cosa que amenazaba con
arruinar su salud y su matrimonio.
De acuerdo, es un anuncio.
Pero jugaba con la idea que se
tenía del juguete como de algo que tenía ya todo el mundo y era
tremendamente adictivo
. Y no es tan exagerado. Ejemplo: Graham Parker
tardó 26 años en resolverlo. Confesó al Telegraph
que se había perdido eventos importantes, que había pasado por
problemas de muñeca y de espalda, y que el juguetito había sido causa de
disputas familiares.
“Mis amigos se ofrecieron a resolverlo por mí y sé
que hay soluciones online, pero tenía que hacerlo por mi cuenta”.
Yo no
me río de Parker: nunca lo he logrado resolver. Aunque tampoco le he
dedicado tanto tiempo.
Como ejemplo de lo mucho que se contagió la pasión por intentar resolver este puzzle, el diario ABC publicaba en enero del 82
que “el cubo de Rubik también saca de quicio a los monos”. Subtítulo:
“Y vuelve locos a los chinos, que encuentran al juguete
‘interesantísimo’”. Cinco fábricas “en China comunista” producían el
cubo por entonces.
Para entonces, el libro The Simple Solution to Rubik's Cube
había vendido siete millones de ejemplares en Estados Unidos, siendo el
título más vendido en el país en 1981. Y eso que no era el único: para
1982 se habían publicado al menos 50 guías en forma de libro.
La cotización de las acciones de la juguetera Ideal se
triplicó en 1981 gracias a las ventas de este juguete, que supusieron el
25% de sus ingresos en 1981. CBS compró la compañía en abril de 1982,
que no logró ningún otro éxito similar y cerró en 1997
. Actualmente,
Hasbro distribuye el cubo de Rubik, que se sigue vendiendo (medio millón de unidades al año), a pesar de que en 1983 la fabricación se detuvo hasta los años 90.
El blog Microsiervos recogía por entonces un texto de la prensa británica
en el que se decía que “la gente que va en transporte público está
enganchada, las celebridades obsesionadas y una persona hasta dice creer
que tiene poderes curativos (...).
Tu forma de vida puede correr cierto
riesgo.
Porque esto es el Su Doku y está arrasando el país como una
virulenta nueva cepa de un virus totalmente contagioso”. Sin exagerar ni
nada.
Por supuesto, también había revistas: según explicaba Màrius Serra,
a mediados de la década pasada el juego alimentaba cinco revistas en
Japón con un tiraje total de 660.000 ejemplares mensuales
De hecho, los dueños de Puzzler Media, la primera editora británica que publicó una revista dedicada al pasa tiempo, vendieron la empresa por 85 millones de libras en diciembre de 2005.
The New York Timespublicaba en agosto de 2005
que desde abril, “más de la mitad de los periódicos estadounidenses
líderes publican al menos un sudoku al día.
A EL PAÍS los sudokus llegaron en julio de ese año y los presentaba un texto que recordaba que
“periódicos de medio mundo, desde Estados Unidos hasta Australia, y de
Inglaterra a Croacia, presentan en sus páginas este puzzle compuesto por
números o letras, que cuenta con una legión de seguidores.
¿Dónde
radica el éxito de este pasatiempo, capaz de traspasar fronteras?
La
respuesta sigue siendo un misterio”.
Textos comparables a lo que se publica sobre los pokémones.
Pero el sudoku contaba con una ventaja: tenía fama de ser un ejercicio
mental estupendo (por cierto, más o menos, es igual de efectivo que cualquier pasatiempo clásico).
A esta buena fama contribuía, sobre todo, el hecho de que los jugadores
eran en su mayoría adultos: los mayores defienden sus pasatiempos, pero
desprecian los de la juventud porque eso ni es música ni es nada.
Al
parecer, es peor salir a la calle e ir con amigos a jugar cazar
pokémones que encerrarse en casa, tumbarse en el sofá y resolver
sudokus, a pesar de que a partir del quinto todos son iguales.
Aunque había excepciones: Benjamín Prado aseguraba en EL PAÍS
que el sudoku “es el signo de nuestro tiempo: los números devoran a las
letras como síntoma de la forma en que la economía ha derrotado a la
razón”.
4. La serpiente de Nokia
Pero si hablamos de juegos para el móvil, uno de los
responsables de que juguemos a Pokémon Go fue el juego Snake, que venía
en los Nokia de finales de los 90 y principios de los 2000.
El juego es
original de los años 70 y, como explicaba EL PAÍS en 2003,
“ha servido y sirve de distracción a miles de usuarios de telefonía
móvil por una sencilla razón: resulta fácil y muy adictivo”.
El 80% de
los Nokia llevaban el juego: 350 millones de unidades.
Estamos hablando de móviles con pantallas pequeñas y en
blanco y negro, sin realidad aumentada ni wifi. Pero este juego nos
ayudó a acostumbrarnos a la idea de que íbamos a terminar usando el
teléfono para todo menos para llamar.
De hecho, ya en el año 2000, The New York Times examinaba esta tendencia a jugar con el móvil en un artículo que dedica cuatro párrafos solo a explicar la mecánica del juego.
“Las horas de productividad perdidas en Snake por los propietarios del
Nokia 5510 son lamentablemente incalculables”, se lamentaba (con ironía,
claro), el Independent en 2011.
Desde 2013
hay un gif que muestra lo que pasa cuando resuelves el juego. Dura más
de dos minutos. Y porque va a cámara rápida: en realidad, te llevaría unos 13.
Snake sobrevive en nuevas versiones
y, casi como el Rubik, el MOMA anunció en 2012 que sería uno de los 40
que incluiría en su sección de arquitectura y diseño.
El Furby se presentó en la feria del juguete de Nueva York
de 1998 y el éxito fue tal que antes de su lanzamiento en octubre de ese
año, las jugueterías estadounidenses ya habían reservado 1,3 millones de unidades.
Solo en el primer año se vendieron 27 millones. La CNN publicaba el 24 de noviembre,
un mes antes de Nochebuena, que no quedaba ni un solo muñeco ni en las
tiendas ni en internet.
Hubo gente que pasó noches en vela frente a las
puertas de establecimientos comerciales y se produjeron unos cuantos enfrentamientos cuando estos clientes se enteraron de que no había para todos.
Su rápida penetración en el mercado y su componente
tecnológico dio lugar a algunas leyendas urbanas.
La más famosa está
relacionado con el hecho de que estos juguetes hablan.
En su idioma y en
el del país en el que se venden.
A medida que se juega con ellos dicen
más frases y palabras
. Pero está todo pregrabado. Ni escuchan ni
aprenden de verdad.
Sin embargo, en la NSA no les quedó claro este último punto
y decidieron prohibir que la gente llevara Furbies al trabajo, porque
temían que los bichos estos estuvieran al quite y al salir del Pentágono
comenzaran a hablar de temas clasificados por toda la ciudad.
Hay dos cosas verdaderamente aterradoras en esta historia:
la primera, que la seguridad de la primera potencia mundial está en
manos de esta gente.
La segunda, que había espías estadounidenses que
llevaban sus Furbies al trabajo. Si no fuera así, ¿por qué tenía la NSA
que prohibir nada?
También se dijo que la tecnología del juguete era similar a la que se
usaba para lanzar el transbordador espacial, que en el año 2000 estos
muñecos podrían conducir y que sus componentes interferían con los
equipos médicos, cosa que se desmintió con un estudio en el año 2000.
Fueron tan populares que Los Simpson les dedicaron una parodia en un episodio de 1999 protagonizado por Funzo,
un juguete muy similar a los Furbies que resultaba ser un robot
programado para destruir a los demás juguetes.
No, esto no es un
spoiler. Has tenido 17 años para ver este episodio que han echado más de 30 veces. Ponte al día. Y Bruce Willis estaba muerto todo el rato.
Y algo de John Snow, que le ha pasado no sé qué (no veo Juego de Tronos).
No se trata solo de que el móvil levante pasiones, es que
los fans de la marca siguen cada presentación de la empresa, comentando en decenas de miles de tuits
todos los detalles de las novedades: desde los nuevos colores hasta los
milímetros de grosor del teléfono.
Pequeños cambios pueden provocar
ataques de alegría y, también, de cólera.
Y eso por no hablar de los rumores previos, que incluían fotos borrosas de supuestos iPhones en restaurantes y en trenes.
Nada más ponerse a la venta, el teléfono se examina por completo y se ponen a prueba todos los rumores.
Por ejemplo, mucha gente se puso a comprobar si era verdad que el iPhone 6 se doblaba
porque vieron a un tipo destrozándolo con las manos en un vídeo,
olvidando lo obvio: cualquier cosa se dobla si haces fuerza suficiente.
En este caso, hacía falta la misma fuerza que sirve para romper cuatro
lápices.
Dio igual: revistas y particulares se dedicaron a doblar el
teléfono y grabarlo en vídeo.
Y no por alguna extraña parafilia: los
fans de Apple estaban realmente preocupados. ¿Lo podré llevar en el
bolsillo?, se preguntaban, alarmados, como si no se lo fueran a comprar
de todas formas.
Esta locura apenas dura unos días.
Porque poco después
comienzan los rumores acerca de cómo será el nuevo modelo. Por ejemplo,
la gran duda respecto al 7 es si incluirá puerto para los auriculares
Eso sí, lo que es seguro es que se podrá jugar a Pokémon Go.
Total, que estamos dispuestos a distraernos con cualquier cosa.
Y no
tiene nada de malo.
No vamos a estar todo el día analizando el Tractatus
de Wittgenstein.
Alguno preferirá los sudokus y otros estarán más
contentos saliendo a cazar bichos virtuales, haciendo punto, viendo
pelis de Marvel o incluso leyendo a Wittgenstein, que hay gente muy
rara.
Y si tanta rabia te da, no te preocupes: en unos meses ya nadie se
acordará de este juego y estaremos todos muy ocupados criticando otra
moda supuestamente absurda.