Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

2 ago 2016

Todos quieren a Margot Robbie


'Amapolas orientales'

EN 1978, Nueva York volvía a recibir a la que por entonces ya era considerada “la madre” de la modernidad norteamericana: Georgia O’Keeffe
 . Con 90 años y graves problemas en la vista, la pintora extraordinaria de los colores brillantes, las flores vivas y los paisajes infinitos regresaba a esa ciudad que había amado y pintado como pocos hasta que, paulatinamente, la fue sustituyendo por Nuevo México.
En la primavera de 1929, huyendo de lo rutinario en la crónica familiar, buscando nuevas fuentes de inspiración, O’Keeffe se había embarcado en un largo viaje con mucho de iniciático y de renuncia a la vida de éxitos que llevaba junto a Alfred Stieglitz, mítico fotógrafo, editor de la revista Camera Work y propietario de la galería neoyorquina 291.
 Casi de repente, la artista tomaba el tren hacia el oeste junto a su amiga y amante Rebecca Strand, pintora autodidacta británica y esposa del fotógrafo Paul Strand. 
A partir de 1929, O’Keeffe realizó viajes anuales a Nuevo México, y en 1949, fallecido ya su marido, terminó por establecer su residencia de forma permanente, entre las grandes extensiones y los espacios abiertos. 
El periplo al oeste fue drástico, sin duda, pero no excepcional. Otros creadores quisieron por entonces “buscar América” tras los pasos de los colonizadores.
 Primero fue un modo de rescatar lo pretérito, acallado por el ruido de las grandes ciudades, que rugían; después, una estrategia para encontrar las raíces, un punto de gravedad tras la caída de la Bolsa en 1929; incluso, una exploración de la pobreza y el dolor, a la manera de Dorothea Lange. 
Años después se convirtió en una fórmula revolucionaria para la generación beat cuando Jack Kerouac describió esa ruta sin fin en la novela de 1957 En el camino.
Sin embargo, en 1978 la revolución habitaba otros lugares. Las cosas –y el mundo– habían cambiado radicalmente
. A su regreso a Nueva York, la metrópolis a la que se había mudado en 1916, con 28 años, dispuesta a dejar atrás la enseñanza para entregarse a la creación, O’Keeffe –cuya obra puede verse hasta el 30 de octubre en una retrospectiva en la Tate Modern de Londres– fue adorada como un clásico del arte estadounidense.
en la primavera de 1929, la pintora emprendió un viaje con mucho de iniciático y de renuncia a la vida de éxitos con su marido, el fotógrafo alfred stieglitz
El motivo de la visita era asistir a la inauguración de la muestra fotográfica Georgia O’Keeffe: A Portrait, de Alfred Stieglitz en el Museo Metropolitan.
 La exposición le devolvía una visión inesperada de sí misma: múltiple, abierta, móvil, con nuevos trazos en cada encuadre, imposible de pespuntear o atrapar; distante incluso, como si la persona en aquellas maravillosas imágenes no fuera ella.
 “Cuando miro las fotografías que me hizo –algunas de ellas hace más de 60 años–, me pregunto quién será esa persona. 
Parece que hubiera vivido muchas vidas. Si esa persona existiera hoy en el mundo, sería alguien muy diferente.
 Pero no tiene importancia, Stieglitz la retrató entonces”, escribía la artista (Wisconsin, 1887-Nuevo México, 1986) en el texto introductorio del catálogo.

 

La dignidad de los perdedores.......................................................... Juan Cruz

El periodista Bru Rovira cuenta las historias sencillas o increíbles de un grupo de indigentes alcohólicos de Barcelona en el libro ‘Solo pido un poco de belleza’.


Desde la izquierda, José Antonio, Juan Carles, Vittorio y Ramón, cuyas historias aborda 'Solo pido un poco de belleza'.

Francisco Candel (1925-2007) fue un narrador espartano, de sujeto, verbo y predicado, que soliviantó Barcelona cuando escribió su libro de las afueras deprimidas, Donde la ciudad cambia de nombre; el jaleo que armó en aquella sociedad inmersa en lo más oscuro del franquismo, en 1964, le inspiró otro libro, ¡Dios, la que se armó! 
Con un estilo que desafiaba a Hemingway (publicó un libro de cuentos que tituló ¡Échate un pulso, Hemingway!) volvió a la carga
. Su asunto fueron los marginados, los pobres, y su estilo era él, un charnego que siempre vivió en los barrios de Montjuïc, al final de su vida acompañado de un pajarito con el que hablaba.

En esta estela se encuentra el periodista Bru Rovira (Barcelona, 1955) un reportero de guerras (fue enviado especial de La Vanguardia a conflictos africanos y de otros continentes, premio Ortega y Gasset de periodismo en 2004) que hace una década conoció a un grupo de indigentes alcohólicos o exalcohólicos, con quienes compartió vidas y fiestas benévolas (la Navidad de siempre). 
Esas personas, un conjunto de seres humanos con historias sencillas o increíbles, terminaron siendo sus amistades más cercanas.
 Con aquel estilo entre Candel y Hemingway, el reportero que es Rovira se convirtió en un escritor que hace de la sencillez de contar las vidas una divisa convertida en libro, Solo pido un poco de belleza (Ediciones B).
 El libro es tranquilo y sobrecogedor; el autor camina con sus personajes, los acompaña a resolver trámites muy engorrosos, sanitarios o civiles, los anima y ellos lo animan a él.
 Es una historia de amor entre personas narrada por un periodista; se suele decir que los cínicos no sirven para este oficio. 
Porque no es cínico Bru Rovira, lo ejerce con la solvencia que muestra en un libro bien singular.
 
Desde la izquierda, José Antonio, Juan Carles, Vittorio y Ramón, cuyas historias aborda 'Solo pido un poco de belleza'.

Un mercenario

Él llegó a este grupo de habitantes de la Ciutat Vella de Barcelona a través de Vittorio, “un mercenario que viene a Barcelona buscando otra vida”.
 Cuando acaba su convivencia con el peligro, decide viajar a Lloret de Mar, con un contrato de cocinero; en la barcelonesa estación de Francia le roban todo, “cae en un pozo”, alquila una habitación en una pensión y empieza a beber alcohol hasta caer en lo que Rovira llama “un suicidio alcohólico”.
En ese estado halla a Vittorio la patrona de la pensión. 
Una amiga del periodista, asistenta social, le avisa de que en el hospital hay un tipo extraño que habla todo el rato de África. 
Hay una historia, intuyen la asistenta social y el periodista. “Así empieza la relación”.
 Luego viene la amistad con los indigentes que acompañan a Vittorio, que se reúnen todos los miércoles. 
Rovira ya forma parte de ese grupo. Todo lo que ocurre y aparece en el libro es real. 
Apuñalamientos, muertes, desahucios… Vittorio quiere que Bru cuente su vida, pero el periodista es consciente de que le ha contado “muchas bolas, y así no se puede”. Vittorio concede: “Bueno, 60% de bolas…”. Y dice Bru: “¡Hostia! Un 60% de bolas ya es mucha verdad!”.

Lo primero que encontró Bru Rovira en esas personas de las que ahora habla fue amistad. “Al final fue un diálogo.
 Entraba en sus vidas y ellos entraban en la mía… Descubrí con ellos también a mujeres extraordinarias. 
Una que a mí me apasiona es la que tocaba el piano, venía de Argentina y viajaba con unos pájaros; vivía sola, brindando con sus recuerdos. 
El administrador de fincas la quiere echar y la putea hasta el extremo de meterle ratones para que se coman el piano, pero ella sigue tocando.
 Cuando le comento que ya había teclas que no sonaban me dice que le daba igual, porque las teclas sonaban en su cabeza. 
 Tenía la música metida dentro”.

Esa mujer sobrevive. “Fue como una victoria frente a los elementos agresivos y el acoso de la ciudad sobre la gente mayor, para que se vayan porque quieren los pisos para especular… En esa época, en Barcelona se veían anuncios en la prensa que decían, literalmente, Se vende piso con bicho, era brutal”.




. No es solo la Barcelona triste o marginal, es también la infancia de Bru Rovira. “Yo era un niño que acompañaba a mi padre a tomar el vermú a la plaza Real, pero también soy de El Guinardó, de los escenarios de Marsé. 
Marsé es mi geografía humana, en sus libros están mis fronteras personales: el Carmelo, los cines de barrio”. 
Y de alguna manera el libro “es una queja contra la destrucción de una Barcelona de la convivencia y de las diferencias sociales”. “En toda esta parte de Barcelona hay un acoso turístico brutal; es tristísimo ver calles en las que había tiendas populares de todo tipo y que hoy están ocupadas por marcas de ropa”.
Y eso se ha hecho sobre las espaldas de los vecinos, “se ha sacrificado lo social, lo convivencial, por un crecimiento que no se sabe muy bien qué es”.
—Dice que estos personajes son invisibles.
—Y lo son. La gente sabe lo que es la especulación, pero no conoce la hermosa vida que hay detrás de una vivienda en la que se ha formado una familia, en la que ha habido hijos, en la que se han enamorado. 
Hoy en una información solo vemos a la persona protestando, llorando porque otro la echa.
 Esa gente no tiene nombre ni pie de foto.
 Es una vida, generaciones que han trabajado y a las que están jodiendo la existencia.
Solo pido un poco de belleza, es un pulso, pero no al estilo de Hemingway o el de Candel, sino al periodismo tal y como se hace hoy.
 “Candel, por cierto, dice el barcelonés Rovira, “es brutal”. “Si la gente lo leyera, alucinaría, sabría mucho más de la vida y de la tragedia del extrarradio de Barcelona”. 
Las historias de Solo pido un poco de belleza no acaban nunca, esta es la divisa del escritor y periodista Rovira.
 Él reivindica que hay que “hacer que la lectura de un diario sea emocionante”, porque el resto “es cotilleo de Internet”.
Si sabes escuchar, dice Bru Rovira, tienes historias. “Es el periodismo de toda la vida. Detrás de una pequeña historia hay una gran historia. Si escuchas. Hoy en el periodismo hay una enorme desconfianza ante las historias. Hemos dejado de contarlas”.



 

Xavi Hernández dona un yate a una ONG a favor de los refugiados

La embarcación será subastada y los beneficios apoyarán la labor humanitaria de Proactiva Open Arms en el Mediterráneo.

Xavi Hernández durante un partido con su exequipo, el Barça, en 2015.

El excapitán del Barça Xavi Hernández ha querido aportar su granito de arena en la ayuda con los refugiados que llegan a las costas del Mediterráneo donando un yate de nueve metros de eslora.
 La embarcación será subastada y los beneficios irán destinados a la ONG Proactiva Open Arms, que trabaja en la isla de Lesbos (Grecia) y pretende expandir su labor humanitaria a otras localidades a las que habitualmente arriban refugiados por mar.
El yate fue bautizado por su dueño como La Pelopina (en honor a su famoso regateo) y está dotada de un motor de 325CV.
 Desde el inicio del proyecto, las ONG con sede en Cataluña ha salvado más de 3.000 vidas frente a las costas de Libia.

El excapitán del Barça Xavi Hernández ha querido aportar su granito de arena en la ayuda con los refugiados que llegan a las costas del Mediterráneo donando un yate de nueve metros de eslora.
La embarcación será subastada y los beneficios irán destinados a la ONG Proactiva Open Arms, que trabaja en la isla de Lesbos (Grecia) y pretende expandir su labor humanitaria a otras localidades a las que habitualmente arriban refugiados por mar.



La ONG explica que las rutas de migración han cambiado y las muertes se han multiplicado desde que iniciaran su actividad en septiembre de 2015, por eso necesitan una embarcación de "mayor envergadura y equipación".
 Durante estos nueve meses han conseguido dos motos de agua y tres barcos de rescate gracias a la ayuda de los donantes, a la que se suma ahora la del exjugador del Barcelona.
Proactiva Open Arms ha anunciado el apoyo recibido de Hernández a través de Facebook.
 Además, la organización formada por socorristas ha compartido un vídeo en YouTube donde aparece el futbolista enseñando su yate anclado al puerto de Barcelona y firmando los papeles de la donación. "Todo mi apoyo a Proactiva Open Arms por esta fantástica tarea que están realizando", afirma el deportista.


El yate fue bautizado por su dueño como La Pelopina (en honor a su famoso regateo) y está dotada de un motor de 325CV. Desde el inicio del proyecto, las ONG con sede en Cataluña ha salvado más de 3.000 vidas frente a las costas de Libia.
La ONG explica que las rutas de migración han cambiado y las muertes se han multiplicado desde que iniciaran su actividad en septiembre de 2015, por eso necesitan una embarcación de "mayor envergadura y equipación". Durante estos nueve meses han conseguido dos motos de agua y tres barcos de rescate gracias a la ayuda de los donantes, a la que se suma ahora la del exjugador del Barcelona.
Proactiva Open Arms ha anunciado el apoyo recibido de Hernández a través de Facebook. Además, la organización formada por socorristas ha compartido un vídeo en YouTube donde aparece el futbolista enseñando su yate anclado al puerto de Barcelona y firmando los papeles de la donación. "Todo mi apoyo a Proactiva Open Arms por esta fantástica tarea que están realizando", afirma el deportista.