Guillermo
Arriaga es un escritor, productor y director de cine conocido
principalmente por los guiones de películas como Amores perros, 21
gramos o Babel.
¿De qué está hecha su alma? De mis padres, de mi
abuela, que vivía con nosotros. Mi padre quiso ser ingeniero pero fue
autodidacta que leía a Kafka y a Heidegger.
Nos inculcaron amor por los
libros, por la naturaleza. Me enseñaron que mi lugar no era México sino
el mundo, y ahí tenía que viajar.
¿Cómo fue esa infancia? Soy el tercero de cuatro
hijos; Carlos tuvo polio, luego lo atropellaron y por ese accidente
necesitó atención continua.
Mi hermano pequeño nació muy enfermo. Yo
aprendí a ser independiente, a resolver mi vida sin consuelo de nadie. Y se dedicó a buscar metáforas… Era muy tímido y
tenía déficit de atención. Y me di cuenta de que sólo podía expresarme
contando historias, sucesos. ¡Y cuando aún era niño soñaba con ganar el
Nobel, el Oscar y el Festival de Cannes! ¿Qué sueño conserva? Todos. Vivo en un sueño, una vida plena y feliz. ¿Y cómo afecta la realidad exterior a su sueño? No
he tenido situaciones drásticas o graves. Mis padres me dijeron que el
mundo acabaría dándome lo que yo pidiera.
Y me duele la realidad de
México, claro.
La pobreza, la impunidad, la corrupción…;,la injusta
distribución de la riqueza me parece atroz. ¿El arte le ha servido para explicar el mundo adulto?
El arte no da respuestas sino preguntas. Y siempre he escrito a partir
de mi propia realidad.
Por la caza he viajado mucho; he conocido amigos
míos campesinos analfabetos. Por uno de ellos, Melquiades, escribí Los tres entierros de Melquiades;
él no ha muerto.
Vive en el norte de EE UU; es un refugiado. Se habla
de refugiados como si sólo fueran los que vienen de la guerra, pero hay
guerras económicas, como la del Tratado de Libre Comercio. Produjo una
catástrofe y los campesinos ya no tuvieron con qué sobrevivir. ¿Y qué visiones hay detrás de Amores perros?Son
historias personales. Mi padre fue a casa de un amigo para traerse un
perro de su camada.
Pensamos que sería rubio, con ojos azules, y era uno
negro, feo. Mató a otro, se sintió atacado.
Los vecinos empezaron a
llevarse al perro para hacer peleas. De ahí viene.
Un coche en el iba yo cayó al abismo,. Era niño, iba dormido. Tuve amnesia, quise recuperar lo que pasó. En Amores perros recuperé esas sensaciones.
Son historias de soledad. Tenía rabia por la
injusticia y por la miseria, creía en el marxismo y que era posible
cambiar el mundo por las armas.
Me decepcioné, y se lo contagié al
Chivo, el personaje de la tercera historia de Amores perros. Lo
conocí. Había sido un músico muy famoso.
Su hija, drogadicta,
desapareció; la vida dejó de tener sentido para él y se fue al abismo. Cuando se escribe se indaga en la propia vida…
Escribo de lo que me ha afectado.
Siempre he querido que quien vea o lea
mi trabajo piense que este hombre tuvo calle y monte…
El accidente me
dejó heridas, cicatrices, hierros.
Cada experiencia es como la lengua de
la vida, o de la muerte, que te da un lametazo. ¿Y cómo le afectan las cicatrices de su propio país?
Hay una bondad innata en la gente.
¿Qué es lo que provoca esa
corrupción, esos asesinatos, esas catástrofes? Años de discriminación
racial. La conquista no sólo derrotó una vez.
Y cuando un político
mexicano llega al poder lo que quiere es volver a saquear. ¡Y oigo a
amigos que le dicen a otros: “¡Eres muy pendejo! ¡No robaste lo
suficiente!”
Lo que me asombra es que sea gente que no viene de abajo,
sino que estudió en Harvard, la que saquea el país… ¿Y el narco? Lo entiendo más: son psicópatas, tienen
una mentalidad empresarial sin salida propicia, salen de la
desesperación y le dan poco valor a la vida. Es cazador. En España ya no se mira tan bien la caza…
Somos una especie cazadora y estamos sentados en un trono de sangre.
Los ataques provienen de las clases urbanas, que sólo han visto la
naturaleza por computadora. Yo cazo con arco y con flecha, y me como lo
que cazo.
Respeto la naturaleza, también soy naturaleza.
Nadie es capaz de ver el código, como Neo en Matrix,
pero todos, a poco que nos fijemos, distinguimos patrones que se
propagan como epidemias, clichés que se han forjado a raíz de la
aparición de los espejos, primero, y de las cámaras, más tarde.
Antes de
la existencia de estas tecnologías, las personas no tenían tanto
interés en la impostura. A nadie le preocupaba mantener un mohín
adecuado.
La gente era más espontánea sencillamente porque no sabía qué
aspecto tenía en cada momento. Nadie imaginó algo como Snapchat en la
Edad Media.
Gracias a
los sentidos propioceptivo y vestibular sabemos en qué parte del
espacio está localizado nuestro cuerpo y qué le está pasando en su
interior, pero, en ausencia de imágenes especulares, no poseemos una
percepción precisa del cuerpo, y menos del rostro.
Por ejemplo, la mayoría de nosotros tenemos una imagen distorsionada del tamaño de nuestra cabeza, como sugiereun estudio de Ivana Bianchi,
de la Universidad de Macerata (Italia).
En el estudio, los voluntarios
solían sobrestimar el tamaño de la circunferencia frontal de su cabeza
entre un 30 y un 42%.
Una tendencia que también observaron en el arte
del siglo XV: las cabezas de los autorretratos tendían a ser mayores que
las de los retratos.
Primeros reflejos
Detalle de una cerámica ática c. 470–460 a. C. Fotografía: Marsyas (CC).
Básicamente,
un espejo es una superficie pulida capaz de reflejar la luz siguiendo
las leyes físicas de la reflexión.
Hasta la invención del espejo, la
gente podía contemplar su reflejo en un estanque o incluso en el agua
quieta de una vasija.
Pero esas imágenes especulares nunca fueron gran
cosa comparadas con la que retornaron los primeros espejos, posiblemente
ideados por pequeños grupos que habitaban las zonas de lo que hoy es
Turquía y que datan del año 6000 a. C. Dos mil años tarde aparecieron
espejos babilonios, elaborados a partir de cobre pulido
. Los del Antiguo
Egipto se confeccionaron a partir de oro y cobre.
En el siglo I
aparecieron por primera vez los espejos de vidrio
. Con todo, la
invención del espejo moderno se le atribuye al profesor alemán de la
química Justus von Liebig, en 1835.
Los
espejos son casi artefactos mágicos, a poco que nos formulemos ciertas
preguntas incómodas. Por ejemplo: los espejos, al igual que las cosas
que percibimos como blancas, reflejan todas las longitudes de onda
visibles.
Pero eso no explica la razón de que nuestra camisa blanca no
parezca un espejo.
La verdadera razón reside en el hecho de que una
superficie blanca refleja la luz en todas direcciones.
Un espejo, por el
contrario, no refleja la luz de esta forma difusa, sino en la misma
dirección, por lo que construye una imagen de la fuente de luz, enpalabras del astrónomo Phil Plait.
Bueno,
en realidad esto no es exactamente así porque los espejos son verdes y,
en consecuencia, lo reflejan todo un poco con esa tonalidad.
Sí, verdes,
al menos la mayoría de espejos que usamos hoy en día, que están
confeccionados con un sustrato de vidrio de sílice sódico-cálcico y un
revestimiento posterior de plata.
Este verdadero color es difícil de
ver, pero una forma sencilla de conseguirlo es creando una infinita
reflexión de espejos.
Es
decir, debemos enfrentar dos espejos y contemplar la sucesión de
reflejos cada vez más pequeños. Después de cincuenta reflexiones, la
luminosidad de un objeto reflejado se reduce, y la longitud de onda
dominante pasa a ser la de quinientos cincuenta y dos nanómetros, la que
percibimos como un color verde amarillento espectral.
El moho de las
imágenes especulares.
Pero las preguntas incómodas no acaban aquí: ¿por qué los
espejos invierten en sentido derecha-izquierda pero no en sentido de
arriba-abajo? Si guiñamos el ojo derecho, nuestro reflejo guiñará el
izquierdo.
Pero la cabeza está donde tenemos la cabeza, no al revés.
Es
decir, que nada cambia en el espejo, salvo esa inversión de
derecha-izquierda.
Este misterio no es baladí en física, y ya fue
abordado por Platón en Timeo, y por Lucrecio en De Rerum Natura.
El
problema, sin embargo, está mal enfocado: los espejos no invierten la
imagen de lado, sino de delante y detrás.
Y no somos capaces de verlo no
por la física, sino por la biología, porque somos organismos bípedos
que andamos erguidos y disponemos de ojos en uno de los lados de la
cabeza.
Estas son las dimensiones en las que percibimos el mundo
. Al
contemplar de este modo los espejos, la inversión que tiene lugar es así
y no de otra forma.
Uno de los mayores expertos en lateralidad, Chris McManus, lo explica en su libro Mano derecha, mano izquierda:
El
eje derecha-izquierda solo puede definirse una vez determinados los
ejes arriba-abajo y delante-detrás. El espejo invierte siempre una
dimensión, pero esta solo puede describirse una vez que las dimensiones
arriba-abajo y delante-detrás han sido determinadas, y en consecuencia,
sea cual sea la dimensión que un espejo realmente invierta físicamente,
siempre será descrita como la dimensión derecha-izquierda.
Los
espejos son casi artefactos mágicos, a poco que nos formulemos ciertas
preguntas incómodas. Por ejemplo: los espejos, al igual que las cosas
que percibimos como blancas, reflejan todas las longitudes de onda
visibles.
Pero eso no explica la razón de que nuestra camisa blanca no
parezca un espejo. La verdadera razón reside en el hecho de que una
superficie blanca refleja la luz en todas direcciones.
Un espejo, por el
contrario, no refleja la luz de esta forma difusa, sino en la misma
dirección, por lo que construye una imagen de la fuente de luz, enpalabras del astrónomo Phil Plait.
Caraísmo
Con el
advenimiento de los espejos, primero, y las cámaras fotográficas,
después, también llegaron las representaciones y las consiguientes
deformaciones.
Durante quinientos años, los rostros de las minorías
discriminadas han aparecido en posiciones subordinadas.
Al igual que los
primeros autorretratos presentaban deformaciones de resultas de una
deficiente autopercepción, los retratos presentaban deformaciones
conscientes o inconscientes en función de la clase social del
representado.
Desde el
siglo XVII, tanto en pinturas como fotografías, las caras de los
afroamericanos, las mujeres y otras clases discriminadas han aparecido
en una posición inferior respecto a los blancos, los hombres y otras
clases consideradas superiores, respectivamente.
A este fenómeno se le
llama face-ism.
El
«índice de caraísmo» es el cociente de dos mediciones lineales: la
distancia (en milímetros o cualquier otra unidad) de la parte superior
de la cabeza hasta el punto visible más bajo de la barbilla (numerador) y
la distancia desde la parte superior de la cabeza a la parte visible
más baja del cuerpo del sujeto (denominador).
Como sugiereun estudio de Miron Zuckerman y Suzanne C. Kieffer publicado en Journal of Personality and Social Psychology,
esta constante se ha observado entre los afroamericanos y los
estadounidenses-europeos en diversos periódicos de los Estados Unidos y
de Europa, así como en numerosas obras pictóricas y estampillas.
Esta discriminación facial también se ha detectado en las caras de las mujeres respecto a las de los hombres.
Enun estudio de Dane Archer
en el que se compararon tres mil quinientas fotografías publicadas en
medios de once países diferentes, entre los que se encuentran México,
India, Francia o Kenia, se halló esta correlación
. Y también se ha
observado en retratos y autorretratos que datan del siglo XV.
Espejos que te hacen fotos
Frida Kahlo c. 1944. Fotografía cortesía de Throckmorton Fine Art.
Las
nuevas generaciones, por algunos llamados nativos digitales, se conducen
con mayor naturalidad por el mundo de observación/exhibición de
internet.
Cada vez son más los que están dispuestos a sacrificar su
intimidad en aras de ser valorados por los demás, a la vez que los más
pudorosos acaban siendo los raros, los esquinados, los que tienen algo
que ocultar, los que no se consideran lo suficientemente buenos como
para medirse con el resto.
El
contenido de fotos, vídeos y textos que los menores de edad intercambian
entre sí, de ser vistos por adultos en toda su amplitud, originaría una
horripilante disonancia cognitiva: muy pocos son capaces de imaginar la
falta de inocencia incluso a edades tan aparentemente tempranas como
los once o doce años.
Enuna encuesta
realizada en 2008 por la campaña nacional para la prevención de
embarazos no deseados en adolescentes, se descubrió que el 20% de los
adolescentes entre los 13 y los 19 años habían colgado en la red o había
enviado fotografías en las que aparecían desnudos total o parcialmente.
Las chicas lo hacían con mucha más frecuencia que los chicos.
Por eso la industria de gadgets
está desarrollándose para satisfacer estas necesidades, como es el caso
de un espejo inteligente que te muestra tu verdadera cara frente a
fuentes de iluminación concretas. En muchas ocasiones, nuestro
maquillaje parece óptimo en el espejo de nuestro baño, pero se torna
ineficaz o directamente pavoroso, a lo clown maligno, si estamos bajo la luz del sol o en esa oficina donde abundan los fluorescentes de morgue. ElSensor Mirror Pro Wide-View evita eso conectándose al wifi para que podamos controlar la temperatura del color de nuestra luz desde el smartphone.
La app.
que instalaremos, tanto en iOS como Android, captura la iluminación en
los lugares que frecuentamos, y recrea la iluminación de tales lugares
para que podamos prever cómo luciremos allí.
El futuro de los espejos o las cámaras es todavía difícil de imaginar.
Lo que es evidente es que el show no ha hecho más que empezar, como puso de manifiestoun experimento
llevado a cabo por iStrategyLab. Su S.E.L.F.I.E, por su siglas en
inglés «motor de emisión en directo para una mejor autoestima», es un
espejo bidireccional provisto de una cámara y un ordenador tras de sí.
Cuando alguien pasa por el espejo y sonríe, el dispositivo dispara una
fotografía.
Una cristalización de la imagen que solo tiene lugar cuando
se luce la mejor de tus sonrisas.
La imagen resultante se sube
directamente a las redes sociales, para dar siempre la mejor imagen de
ti mismo.
Si alguien
intenta explicarle quién es realmente Jared Leto, huya.
No por lo
complicada que pueda resultar la escurridiza figura de este actor
impredecible, ídolo rock imparable, embajador de Carrera y, ahora, Joker
para milénicos.
Jared Leto posa para ICON con camisa Gucci, chaqueta Valentino y gafas Carrera. Van Mossevelde + N
Jared Leto tiene un problema de imagen, alegaría algún gurú del márketing.
Y no tiene la menor intención de remediarlo. Cuando más listo parece
para acabar en esos compartimentos etiquetados en los que se suele
encajonar a las celebridades, más disfruta haciendo exactamente lo
opuesto a lo esperado.
Si resulta que lo toman por un actor conocido y
respetado en Hollywood, va, abandona el negocio durante seis años y gana
un Oscar a su regreso (ocurrió en 2014 con Dallas buyers club).
Si le tienen por una estrella del post grunge al frente de Thirty Seconds To Mars, la banda con la que embelesa estadios atestados de adolescentes con eyeliner
que lo veneran como a un dios, coge el chico y pasa un fin de semana de
acampada en un bosque de Malibú en comunión espiritual con un millar de
esos mismos seguidores (echelons, escalones, los llama; odia
la palabra fan); meditan alrededor de una hoguera, hacen karaoke y se
dedican, en resumen, a todo aquello que nunca haría un músico que ha
despachado diez millones de copias de sus discos.
Sigue habiendo gente tanto en Venezuela como en Ucrania luchando legítimamente por sus derechos, arriesgándose a perderlo todo
Tiene fama de artista intenso, pero luego es capaz de asociarse a obras comerciales como Escuadrón suicida,
la cinta de superhéroes que estrena este 5 de agosto y en la que
interpreta al Joker, algo así como el Hamlet del género por lo codiciado
del papel.
Para complicar más las cosas, tiene unos inexplicables 44
años y cara de acabar de llegar a los 30. Jared Leto es, en suma,
alguien conocido por millones de personas a quien, gracias a estas
maniobras, no conoce casi nadie.
Yo mismo, sentado frente a él junto a la piscina de su casa en Hollywood Hills, tampoco consigo aclararme. Estoy hablando con un tipo amable, introvertido,
intrigante, meditabundo, que me ha saludado chocando el puño y que está
engullendo un plato vegano
. Pero hace media hora el equipo de ICON
estaba fotografiando a un roquero que se movía ante la cámara como una
pantera, carismático, visceral e hipnótico.
Parece más cómodo ante
20.000 fans que ante mi triste grabadora.
¿Es esta la división entre el Jared actor y el
cantante? “Bueno, hacer películas es como… escalar el Everest”, razona,
enigmático.
“Puede ser algo realmente doloroso y brutal. Te congelas,
estás al borde de la muerte y cuando llegas a la cima, ¡oh, Dios!,
apenas disfrutas esos cinco minutos de premio porque estás preocupado
por tener que bajar.
Una película puede conmover a la gente de la misma
manera que su rodaje puede cambiarle la vida a un actor”.
Jared Leto posa para ICON con camisa Gucci, chaqueta Valentino y gafas Carrera. Van Mossevelde + N
Jared Leto tiene un problema de imagen, alegaría algún gurú del márketing.
Y no tiene la menor intención de remediarlo. Cuando más listo parece
para acabar en esos compartimentos etiquetados en los que se suele
encajonar a las celebridades, más disfruta haciendo exactamente lo
opuesto a lo esperado. Si resulta que lo toman por un actor conocido y
respetado en Hollywood, va, abandona el negocio durante seis años y gana
un Oscar a su regreso (ocurrió en 2014 con Dallas buyers club).
Si le tienen por una estrella del post grunge al frente de Thirty Seconds To Mars, la banda con la que embelesa estadios atestados de adolescentes con eyeliner
que lo veneran como a un dios, coge el chico y pasa un fin de semana de
acampada en un bosque de Malibú en comunión espiritual con un millar de
esos mismos seguidores (echelons, escalones, los llama; odia
la palabra fan); meditan alrededor de una hoguera, hacen karaoke y se
dedican, en resumen, a todo aquello que nunca haría un músico que ha
despachado diez millones de copias de sus discos.
Sigue habiendo gente tanto en Venezuela como en Ucrania luchando legítimamente por sus derechos, arriesgándose a perderlo todo
Tiene fama de artista intenso, pero luego es capaz de asociarse a obras comerciales como Escuadrón suicida,
la cinta de superhéroes que estrena este 5 de agosto y en la que
interpreta al Joker, algo así como el Hamlet del género por lo codiciado
del papel. Para complicar más las cosas, tiene unos inexplicables 44
años y cara de acabar de llegar a los 30. Jared Leto es, en suma,
alguien conocido por millones de personas a quien, gracias a estas
maniobras, no conoce casi nadie.
Yo mismo, sentado frente a él junto a la piscina
de su casa en Hollywood Hills, tampoco consigo aclararme. Estoy
hablando con un tipo amable, introvertido, intrigante, meditabundo, que
me ha saludado chocando el puño y que está engullendo un plato vegano.
Pero hace media hora el equipo de ICON estaba fotografiando a un roquero
que se movía ante la cámara como una pantera, carismático, visceral e
hipnótico. Parece más cómodo ante 20.000 fans que ante mi triste
grabadora.
¿Es esta la división entre el Jared actor y el
cantante? “Bueno, hacer películas es como… escalar el Everest”, razona,
enigmático. “Puede ser algo realmente doloroso y brutal. Te congelas,
estás al borde de la muerte y cuando llegas a la cima, ¡oh, Dios!,
apenas disfrutas esos cinco minutos de premio porque estás preocupado
por tener que bajar. Una película puede conmover a la gente de la misma
manera que su rodaje puede cambiarle la vida a un actor”.
Jared se ha puesto una camisa Gucci, vaqueros Dolce & Gabbana y gafas Carrera. Van Mossevelde + N
Escalar el Everest requiere un proceso de adaptación: la respiración se
acelera por la falta de oxígeno, el ritmo cardíaco se dispara.
Escuchar
cómo Jared Leto responde a una pregunta también requiere una adaptación
.
Será que es tímido, será que está completamente entregado al
impenetrable personaje que quiere mostrarle a los medios.
Al fin y al
cabo, Leto es famoso por el compromiso salvaje con el que se entrega a
su trabajo. En Escuadrón suicida,
los siete supervillanos más peligrosos del universo DC Comics acceden,
tras ser encarcelados, a colaborar con el gobierno en arriesgadas
misiones secretas para limpiar su expediente: algunos de sus compañeros
de reparto aseguran que ni tras semanas de rodaje conocen a Jared, solo a
su Joker, la verdadera estrella de todo esto.
Para perfilar el papel, el intérprete se
entrevistó hasta con psicópatas y, según la rumorología hollywoodiense,
el papel no le abandonó durante meses. “Creo que el Joker vive en otro
plano de la realidad, como un chamán”, ha explicado.
“Es un papel muy
tóxico.
Al principio empecé a investigar todo acerca de él, pero tuve
que parar porque ha sido redefinido y reinventado multitud de veces.
Tuve que educarme a mí mismo y experimentar una transformación física.
Además, el Joker encuentra placer en la violencia, por lo que me reuní
con psiquiatras y personas que llevaban encerradas mucho tiempo”.
Hacer cine es como escalar el Everest, puede ser doloroso y brutal.
Una película puede conmover a la gente de la misma manera que su rodaje
puede cambiarle la vida a un actor
Le pregunto si siente una presión especial por
tener que dar la talla ante un personaje que bordaron Jack Nicholson y
Heath Ledger.
Asiente con la cabeza. “Hice el mejor trabajo del que fui
capaz. He tratado de hacer algo muy diferente, no podía ser de otra
forma.
Tuve que investigar nuevos territorios, aunque fuera a fracasar.
Y
en este punto, el resto depende de la audiencia. Hice lo que buenamente
pude. Ya no puedo cambiarlo”.
La soledad del escritor de fondo
“He estado más horas subido a un escenario que
ante una cámara.
Me he sentido realizado con ambas cosas, pero el
proceso es… diferente”, reflexiona, elevado, visual, abstracto, como
debe sonar un artista cuando se le pilla sentado junto a la piscina de
su casa de Hollywood.
“Hacer películas es un proceso exageradamente
colaborativo, hay mucha gente implicada. Hasta en la sesión de fotos de
hoy: mira cuántos éramos
. Para hacer una canción bastan dos personas, o
menos: en mi caso, mi hermano, Shannon, y yo
. Es algo íntimo que te
permite ser tremendamente egoísta, y a veces serlo es importante porque
te ayuda a escuchar tu propia voz.
No lo recomiendo para todo, pero para
la música puede ser maravilloso.
Da igual si compones para que nadie te
escuche o si eres Mozart.
El proceso puede ser tan poderoso como el
resultado”.
Tiene muchísimo sentido , pero ya no me acuerdo
de mi pregunta
. Podría parecer que Jared Leto le está gastando una broma
larguísima a la humanidad, pero la realidad aconseja tomarlo como a un
ser único que viene de un lugar tremendamente inusual.
Jared Leto posa para ICON con camisa Gucci, chaqueta Valentino y gafas Carrera. Van Mossevelde + N
Jared Leto tiene un problema de imagen, alegaría algún gurú del márketing.
Y no tiene la menor intención de remediarlo.
Cuando más listo parece
para acabar en esos compartimentos etiquetados en los que se suele
encajonar a las celebridades, más disfruta haciendo exactamente lo
opuesto a lo esperado.
Si resulta que lo toman por un actor conocido y
respetado en Hollywood, va, abandona el negocio durante seis años y gana
un Oscar a su regreso (ocurrió en 2014 con Dallas buyers club).
Si le tienen por una estrella del post grunge al frente de Thirty Seconds To Mars, la banda con la que embelesa estadios atestados de adolescentes con eyeliner
que lo veneran como a un dios, coge el chico y pasa un fin de semana de
acampada en un bosque de Malibú en comunión espiritual con un millar de
esos mismos seguidores (echelons, escalones, los llama; odia
la palabra fan); meditan alrededor de una hoguera, hacen karaoke y se
dedican, en resumen, a todo aquello que nunca haría un músico que ha
despachado diez millones de copias de sus discos.
Sigue habiendo gente tanto en Venezuela como en Ucrania luchando legítimamente por sus derechos, arriesgándose a perderlo todo
Tiene fama de artista intenso, pero luego es capaz de asociarse a obras comerciales como Escuadrón suicida,
la cinta de superhéroes que estrena este 5 de agosto y en la que
interpreta al Joker, algo así como el Hamlet del género por lo codiciado
del papel.
Para complicar más las cosas, tiene unos inexplicables 44
años y cara de acabar de llegar a los 30. Jared Leto es, en suma,
alguien conocido por millones de personas a quien, gracias a estas
maniobras, no conoce casi nadie.
Yo mismo, sentado frente a él junto a la piscina
de su casa en Hollywood Hills, tampoco consigo aclararme.
Estoy
hablando con un tipo amable, introvertido, intrigante, meditabundo, que
me ha saludado chocando el puño y que está engullendo un plato vegano.
Pero hace media hora el equipo de ICON estaba fotografiando a un roquero
que se movía ante la cámara como una pantera, carismático, visceral e
hipnótico.
Parece más cómodo ante 20.000 fans que ante mi triste
grabadora.
¿Es esta la división entre el Jared actor y el
cantante? “Bueno, hacer películas es como… escalar el Everest”, razona,
enigmático. “Puede ser algo realmente doloroso y brutal
. Te congelas,
estás al borde de la muerte y cuando llegas a la cima, ¡oh, Dios!,
apenas disfrutas esos cinco minutos de premio porque estás preocupado
por tener que bajar. Una película puede conmover a la gente de la misma
manera que su rodaje puede cambiarle la vida a un actor”.
Jared se ha puesto una camisa Gucci, vaqueros Dolce & Gabbana y gafas Carrera. Van Mossevelde + N
Escalar el Everest requiere un proceso de
adaptación: la respiración se acelera por la falta de oxígeno, el ritmo
cardíaco se dispara. Escuchar cómo Jared Leto responde a una pregunta
también requiere una adaptación. Será que es tímido, será que está
completamente entregado al impenetrable personaje que quiere mostrarle a
los medios. Al fin y al cabo, Leto es famoso por el compromiso salvaje
con el que se entrega a su trabajo. En Escuadrón suicida,
los siete supervillanos más peligrosos del universo DC Comics acceden,
tras ser encarcelados, a colaborar con el gobierno en arriesgadas
misiones secretas para limpiar su expediente: algunos de sus compañeros
de reparto aseguran que ni tras semanas de rodaje conocen a Jared, solo a
su Joker, la verdadera estrella de todo esto.
Para perfilar el papel, el intérprete se
entrevistó hasta con psicópatas y, según la rumorología hollywoodiense,
el papel no le abandonó durante meses. “Creo que el Joker vive en otro
plano de la realidad, como un chamán”, ha explicado. “Es un papel muy
tóxico. Al principio empecé a investigar todo acerca de él, pero tuve
que parar porque ha sido redefinido y reinventado multitud de veces.
Tuve que educarme a mí mismo y experimentar una transformación física.
Además, el Joker encuentra placer en la violencia, por lo que me reuní
con psiquiatras y personas que llevaban encerradas mucho tiempo”.
Hacer cine es como escalar el Everest, puede ser doloroso y brutal.
Una película puede conmover a la gente de la misma manera que su rodaje
puede cambiarle la vida a un actor
Le pregunto si siente una presión especial por
tener que dar la talla ante un personaje que bordaron Jack Nicholson y
Heath Ledger. Asiente con la cabeza. “Hice el mejor trabajo del que fui
capaz. He tratado de hacer algo muy diferente, no podía ser de otra
forma. Tuve que investigar nuevos territorios, aunque fuera a fracasar. Y
en este punto, el resto depende de la audiencia. Hice lo que buenamente
pude. Ya no puedo cambiarlo”.
La soledad del escritor de fondo
“He estado más horas subido a un escenario que
ante una cámara. Me he sentido realizado con ambas cosas, pero el
proceso es… diferente”, reflexiona, elevado, visual, abstracto, como
debe sonar un artista cuando se le pilla sentado junto a la piscina de
su casa de Hollywood. “Hacer películas es un proceso exageradamente
colaborativo, hay mucha gente implicada. Hasta en la sesión de fotos de
hoy: mira cuántos éramos. Para hacer una canción bastan dos personas, o
menos: en mi caso, mi hermano, Shannon, y yo. Es algo íntimo que te
permite ser tremendamente egoísta, y a veces serlo es importante porque
te ayuda a escuchar tu propia voz. No lo recomiendo para todo, pero para
la música puede ser maravilloso. Da igual si compones para que nadie te
escuche o si eres Mozart. El proceso puede ser tan poderoso como el
resultado”.
Tiene muchísimo sentido , pero ya no me acuerdo
de mi pregunta. Podría parecer que Jared Leto le está gastando una broma
larguísima a la humanidad, pero la realidad aconseja tomarlo como a un
ser único que viene de un lugar tremendamente inusual.
actor posa con gabardina y mocasines Gucci, pantalón Dolce & Gabbana y gafas Carrera. Van
El actor y cantante en su casa de Los Ángeles, con chaqueta bordada Gucci y gafas Carrera.
Esa es otra particularidad de Leto: es un hombre capaz de verle el lado positivo a Trump.
“Está haciendo que la gente le preste atención a la política, y eso no
es necesariamente malo. Nos está haciendo hablar sobre inmigración. Ha
fomentado una conversación, no solo entre la extrema derecha, también en
el centro y la izquierda.
Adoro a gente de todo el mundo, pero en Los
Ángeles tenemos una conexión especial con México. Somos vecinos. No hace
tanto que Los Ángeles fue territorio mexicano. Y culturalmente somos
muy parecidos. No hay tanta diferencia entre el norte y el sur de la
frontera. Creo que la cultura es algo precioso.
Y la cultura mexicana
hace que California sea más rica en todas las facetas.
Que las culturas
se enriquezcan mutuamente hace del mundo un lugar más interesante. ¿Se
imagina que tuviéramos que comer exactamente la misma comida cada noche?
¿Consumir siempre el mismo estilo de arte, de diseño, de arquitectura,
de música, hablar el mismo idioma? Estoy totalmente entregado a esa
diversidad.
Es extraño cómo esto asusta tanto a la gente. Pero lo
superaremos, porque las cosas están mejor ahora de lo que nunca han
estado.
Hay quienes quieren hacernos pensar que esto no es así, pero
nunca han estado mejor.
La calidad de vida.
Los niveles de mortalidad
infantil. La seguridad social. Hay demasiada gente viviendo en la
pobreza en el mundo, pero creo que eso mejorará, soy un optimista”.
Es casi cómico lo tentador que resulta darle la
vuelta a la pregunta: pedirle que busque el lado negativo del presidente
al que él apoyó con entusiasmo, Barack Obama. “Le dieron el peor
trabajo del país”, lamenta. “La economía estaba hecha añicos.
La
confianza estaba por los suelos. Oriente Medio estaba en una situación
desastrosa. Y creo que ha hecho un trabajo fantástico
. Somos muy
afortunados en este país de tener la estabilidad de la que disfrutamos
ahora. No soy de esas personas que creen que un presidente es un
superhéroe
Tríos con
David Bowie, intercambios de pareja con Rod Stewart, líos con las novias
de sus colegas... El biógrafo de Mick asegura que el rockero ha
practicado el sexo con más de 4.000 mujeres (y algún señor).
Mick Jagger y Anita Pallenberg durante el rodaje de 'Performance', en 1970.CordonReuters-Quality
"A Mick no le gusta que hable con sus mujeres, siempre acaban
llorando en mi hombro porque se han enterado de que él anda por ahí de
conquista otra vez.
¡La de lágrimas que han vertido sobre este hombro
Jerry Hall, Bianca, Marianne, Chrissie Shrimpton!
Me han arruinado un
montón de camisas". Es Keith Richards
(72 años), guitarrista y compinche en el amor y el odio de Mick Jagger
en los Rolling Stones. Richads pone en negro sobre blanco esta confesión
en las páginas de sus memorias, editadas hace poco más de un lustro,
que nos presentan a un Mick sexualmente insaciable, de voracidad
infinita e irremediablemente mujeriego. Y algo de eso debe haber, pues
acabamos de saber que el cantante británico, que este próximo 26 de
julio cumple 73 años, espera para principios de 2017 su octavo hijo. La madre en esta ocasión es
Melanie Harmick, bailarina de 29 años del American Ballet Theatre, con
la que Jagger mantiene una 'relación abierta' desde poco después del
suicidio en 2014 de la diseñadora L'Wren Scott, su anterior pareja
durante trece años.
Mick Jagger y Marianne Faithfull, después de declarar en un juicio por tenencia de drogas. Fue cuando eran pareja en 1969. Cordon
Echando cuentas, los números hablan
por sí solos, con un balance de ocho hijos con cinco mujeres distintas,
de edades comprendidas entre 45 y 17 años: Karis (de su relación con
Marsha Hunt), Jade (con Bianca Jagger), Georgia,
James, Elizabeth, Gabriel (con Jerry Hall) y Lucas (con Luciana
Gimenez). El infatigable músico también tiene dos nietos y una bisnieta
de dos años como colofón para un árbol genealógico tan intrincado como
ciertamente variopinto. Pero no vamos a centrarnos en ese frondoso
ramaje, sino en la fecunda y abundante fuente de la que todo nace, es
decir, la opípara fogosidad del bisabuelo más sexualmente activo (que se
sepa) del rock. Repasemos algunas cuestiones que
dibujan una semblanza tan certera como indudablemente juguetona de Mick,
un pequeño gran vanidoso al que no le hizo ninguna gracia que en sus
memorias Keith ridiculizara su dotación amatoria: "Marianne no tenía
cómo divertirse con su pequeño amiguito. Sé que tiene un par de bolas
enormes, pero no puede llenar el vacío entre ellas".
El adolescente Mick ya sabía lo que buscaba
La madre de Keith Richards, Doris
Dupree Richards, dejó esta perla escrita en las mencionadas memorias de
su hijo, en las que ya queda claro que desde adolescente el futuro
cantante tenía claras sus apetencias: "Un verano nos llevamos a Keith y
Mick a Beesands, en Devon, a pasar un fin de semana . Debían tener
dieciséis años, diecisiete como mucho -nos situamos a finales de los
cincuenta, por tanto-. Mick estaba más aburrido que una ostra. 'Es que
no hay tías, no hay tías', se quejaba. La verdad es que no había nadie".
Sabía lo que quería y lo encontró
Cleo Sylvestre fue la primera novia más o menos oficial de Mick a
principios de los sesenta, pero la relación no se consolidó
. En 1963 sí
lo logró con Chrissie Shrimpton, una muchacha de 17 años que acompañó a
la futura estrella durante los cruciales años en los que los Stones
empezaron a tener éxito y a ser perseguidos por las chicas
. "Íbamos por
la calle y si veía a unas fans me soltaba la mano rápidamente y seguía
andando como si no fuéramos juntos", recuerda ella en el libro Mick Jagger de Philip NormanLa relación entre ambos terminó rompiéndose cuando en 1966 entró en
escena la próxima pareja de Mick, Marianne Faithfull, cuya primera
aparición fue entrando en una concurrida fiesta, tal y como se describe
en el citado libro de Norman: "Cuando llegó Mick y Andrew (Loog Oldham,
mánager del grupo) dijeron al unísono: 'Me la quiero follar'. Sus novias
no entendieron bien y preguntaron qué habían dicho, a lo que
respondieron que la querían grabar".
Mick Jagger y Jerry Hall
en 1983, en Barbados. Se casaron en 1990 y se divorciaron en 1999.
Tienen cuatro hijos juntos. Este 2016, Hall se ha casado con el
empresario Rupert Murdoch. Cordon/The Sun
Se acostó con la mujer de Brian Jones
Muerto a los 27 años en 1969, Brian Jones dejó tras
de sí una buena ristra de líos de faldas y un reguero de hijos, seis de
ellos reconocidos. Pero una noche de 1962 probó su propia medicina
cuando Mick tuvo una relación con su pareja de entonces, tal y como
Keith Richards relata en sus memorias: "Mick había ido a buscar a Brian
una noche, completamente borracho. Se encontró con que éste no estaba y
se tiró a su parienta. Aquello provocó un terremoto, Brian se cabreó de
verdad y al final ella le dejó. A él, además, le echaron del piso. Mick,
que se sentía responsable, le encontró otro en una casa destartalada en
Beckenham".
Mick Jagger y Anita Pallenberg durante el rodaje de 'Performance', en 1970.CordonReuters-Quality
"A Mick no le gusta que hable con sus mujeres, siempre acaban
llorando en mi hombro porque se han enterado de que él anda por ahí de
conquista otra vez. ¡La de lágrimas que han vertido sobre este hombro
Jerry Hall, Bianca, Marianne, Chrissie Shrimpton! Me han arruinado un
montón de camisas". Es Keith Richards
(72 años), guitarrista y compinche en el amor y el odio de Mick Jagger
en los Rolling Stones. Richads pone en negro sobre blanco esta confesión
en las páginas de sus memorias, editadas hace poco más de un lustro,
que nos presentan a un Mick sexualmente insaciable, de voracidad
infinita e irremediablemente mujeriego.Y algo de eso debe haber, pues
acabamos de saber que el cantante británico, que este próximo 26 de
julio cumple 73 años, espera para principios de 2017 su octavo hijo.
La madre en esta ocasión es Melanie Harmick, bailarina de 29 años del
American Ballet Theatre, con la que Jagger mantiene una 'relación
abierta' desde poco después del suicidio en 2014 de la diseñadora L'Wren
Scott, su anterior pareja durante trece años.
Mick Jagger y Marianne Faithfull, después de declarar en un juicio por tenencia de drogas. Fue cuando eran pareja en 1969. Cordon
Echando cuentas, los números hablan
por sí solos, con un balance de ocho hijos con cinco mujeres distintas,
de edades comprendidas entre 45 y 17 años: Karis (de su relación con
Marsha Hunt), Jade (con Bianca Jagger), Georgia,
James, Elizabeth, Gabriel (con Jerry Hall) y Lucas (con Luciana
Gimenez). El infatigable músico también tiene dos nietos y una bisnieta
de dos años como colofón para un árbol genealógico tan intrincado como
ciertamente variopinto.Pero no vamos a centrarnos en ese frondoso
ramaje, sino en la fecunda y abundante fuente de la que todo nace, es
decir, la opípara fogosidad del bisabuelo más sexualmente activo (que se
sepa) del rock. Repasemos algunas cuestiones que
dibujan una semblanza tan certera como indudablemente juguetona de Mick,
un pequeño gran vanidoso al que no le hizo ninguna gracia que en sus
memorias Keith ridiculizara su dotación amatoria: "Marianne no tenía
cómo divertirse con su pequeño amiguito. Sé que tiene un par de bolas
enormes, pero no puede llenar el vacío entre ellas".
El adolescente Mick ya sabía lo que buscaba
La madre de Keith Richards, Doris
Dupree Richards, dejó esta perla escrita en las mencionadas memorias de
su hijo, en las que ya queda claro que desde adolescente el futuro
cantante tenía claras sus apetencias: "Un verano nos llevamos a Keith y
Mick a Beesands, en Devon, a pasar un fin de semana. Debían tener
dieciséis años, diecisiete como mucho -nos situamos a finales de los
cincuenta, por tanto-. Mick estaba más aburrido que una ostra. 'Es que
no hay tías, no hay tías', se quejaba. La verdad es que no había nadie".
Sabía lo que quería y lo encontró
Cleo Sylvestre fue la primera novia más o menos oficial de Mick a
principios de los sesenta, pero la relación no se consolidó. En 1963 sí
lo logró con Chrissie Shrimpton, una muchacha de 17 años que acompañó a
la futura estrella durante los cruciales años en los que los Stones
empezaron a tener éxito y a ser perseguidos por las chicas. "Íbamos por
la calle y si veía a unas fans me soltaba la mano rápidamente y seguía
andando como si no fuéramos juntos", recuerda ella en el libro Mick Jagger
de Philip Norman. La relación entre ambos terminó rompiéndose cuando en
1966 entró en escena la próxima pareja de Mick, Marianne Faithfull,
cuya primera aparición fue entrando en una concurrida fiesta, tal y como
se describe en el citado libro de Norman: "Cuando llegó Mick y Andrew
(Loog Oldham, mánager del grupo) dijeron al unísono: 'Me la quiero
follar'. Sus novias no entendieron bien y preguntaron qué habían dicho, a
lo que respondieron que la querían grabar".
Mick Jagger y Jerry Hall
en 1983, en Barbados. Se casaron en 1990 y se divorciaron en 1999.
Tienen cuatro hijos juntos. Este 2016, Hall se ha casado con el
empresario Rupert Murdoch. Cordon/The Sun
Se acostó con la mujer de Brian Jones
Muerto a los 27 años en 1969, Brian Jones dejó tras
de sí una buena ristra de líos de faldas y un reguero de hijos, seis de
ellos reconocidos. Pero una noche de 1962 probó su propia medicina
cuando Mick tuvo una relación con su pareja de entonces, tal y como
Keith Richards relata en sus memorias: "Mick había ido a buscar a Brian
una noche, completamente borracho. Se encontró con que éste no estaba y
se tiró a su parienta. Aquello provocó un terremoto, Brian se cabreó de
verdad y al final ella le dejó. A él, además, le echaron del piso. Mick,
que se sentía responsable, le encontró otro en una casa destartalada en
Beckenham".
Juegos peligrosos con la chica de Keith
Anita Pallenberg fue novia de Brian Jones hasta que
comenzó en 1967 una relación con Keith que duraría hasta 1980. Pero allá
por 1968 el cineasta Donald Cammell (expareja de ella) la escogió para
protagonizar la película Performance junto a Mick Jagger y ahí
llegaron los problemas . "Tardé tiempo en enterarme, pero me lo olía. A
Mick no le dije nada, pero aquello abrió una brecha considerable entre
nosotros . No era la primera vez que competíamos por una mujer. Pero
¿sabes? Yo mientras tanto me estaba tirando a Marianne Faithfull. Vaya
lo uno por lo otro. De hecho, un día tuve que abandonar la casa de forma
bastante abrupta cuando apareció Mick", rememora como de costumbre con
sorna el pirata-guitarrista.
Le pidió a una amante que tuviera su primer hijo
Mientras Mick estaba con Marianne Faithfull, el
cantante se encaprichó en 1968 de Marsha Hunt, actriz y cantante
afroamericana de la versión londinense del musical Hair .
Iniciaron una relación en paralelo hasta que Marianne abandonó al músico
en 1970, momento en el que él le propuso a Marsha tener un hijo (el
primero de su cuenta). Ella aceptó como si una madre de alquiler se
tratara, pues Mick mantenía relaciones con otras e incluso en esa época
se enamoró de su futura esposa Bianca. El entusiasmo inicial de Mick se
fue diluyendo cuanto más se enamoraba de Bianca, llegando al extremo de
desatender las necesidades de Marsha y su hija, Karis, que nació el 4 de
noviembre de 1970 . Aunque ella inicialmente no le pidió nunca nada,
tanto desdén terminó cabreando a la madre, que desveló el secreto de la
paternidad de Jagger y todo derivó en el clásico embrollo de abogados
hasta que lograron llegar a un acuerdo meses después.
Mick Jagger y Anita Pallenberg durante el rodaje de 'Performance', en 1970.CordonReuters-Quality
"A Mick no le gusta que hable con sus mujeres, siempre acaban
llorando en mi hombro porque se han enterado de que él anda por ahí de
conquista otra vez. ¡La de lágrimas que han vertido sobre este hombro
Jerry Hall, Bianca, Marianne, Chrissie Shrimpton! Me han arruinado un
montón de camisas". Es Keith Richards
(72 años), guitarrista y compinche en el amor y el odio de Mick Jagger
en los Rolling Stones. Richads pone en negro sobre blanco esta confesión
en las páginas de sus memorias, editadas hace poco más de un lustro,
que nos presentan a un Mick sexualmente insaciable, de voracidad
infinita e irremediablemente mujeriego.Y algo de eso debe haber, pues
acabamos de saber que el cantante británico, que este próximo 26 de
julio cumple 73 años, espera para principios de 2017 su octavo hijo.
La madre en esta ocasión es Melanie Harmick, bailarina de 29 años del
American Ballet Theatre, con la que Jagger mantiene una 'relación
abierta' desde poco después del suicidio en 2014 de la diseñadora L'Wren
Scott, su anterior pareja durante trece años.
Mick Jagger y Marianne Faithfull, después de declarar en un juicio por tenencia de drogas. Fue cuando eran pareja en 1969. Cordon
Echando cuentas, los números hablan
por sí solos, con un balance de ocho hijos con cinco mujeres distintas,
de edades comprendidas entre 45 y 17 años: Karis (de su relación con
Marsha Hunt), Jade (con Bianca Jagger), Georgia,
James, Elizabeth, Gabriel (con Jerry Hall) y Lucas (con Luciana
Gimenez). El infatigable músico también tiene dos nietos y una bisnieta
de dos años como colofón para un árbol genealógico tan intrincado como
ciertamente variopinto.Pero no vamos a centrarnos en ese frondoso
ramaje, sino en la fecunda y abundante fuente de la que todo nace, es
decir, la opípara fogosidad del bisabuelo más sexualmente activo (que se
sepa) del rock. Repasemos algunas cuestiones que
dibujan una semblanza tan certera como indudablemente juguetona de Mick,
un pequeño gran vanidoso al que no le hizo ninguna gracia que en sus
memorias Keith ridiculizara su dotación amatoria: "Marianne no tenía
cómo divertirse con su pequeño amiguito. Sé que tiene un par de bolas
enormes, pero no puede llenar el vacío entre ellas".
El adolescente Mick ya sabía lo que buscaba
La madre de Keith Richards, Doris
Dupree Richards, dejó esta perla escrita en las mencionadas memorias de
su hijo, en las que ya queda claro que desde adolescente el futuro
cantante tenía claras sus apetencias: "Un verano nos llevamos a Keith y
Mick a Beesands, en Devon, a pasar un fin de semana. Debían tener
dieciséis años, diecisiete como mucho -nos situamos a finales de los
cincuenta, por tanto-. Mick estaba más aburrido que una ostra. 'Es que
no hay tías, no hay tías', se quejaba. La verdad es que no había nadie".
Sabía lo que quería y lo encontró
Cleo Sylvestre fue la primera novia más o menos oficial de Mick a
principios de los sesenta, pero la relación no se consolidó. En 1963 sí
lo logró con Chrissie Shrimpton, una muchacha de 17 años que acompañó a
la futura estrella durante los cruciales años en los que los Stones
empezaron a tener éxito y a ser perseguidos por las chicas. "Íbamos por
la calle y si veía a unas fans me soltaba la mano rápidamente y seguía
andando como si no fuéramos juntos", recuerda ella en el libro Mick Jagger
de Philip Norman. La relación entre ambos terminó rompiéndose cuando en
1966 entró en escena la próxima pareja de Mick, Marianne Faithfull,
cuya primera aparición fue entrando en una concurrida fiesta, tal y como
se describe en el citado libro de Norman: "Cuando llegó Mick y Andrew
(Loog Oldham, mánager del grupo) dijeron al unísono: 'Me la quiero
follar'. Sus novias no entendieron bien y preguntaron qué habían dicho, a
lo que respondieron que la querían grabar".
Mick Jagger y Jerry Hall
en 1983, en Barbados. Se casaron en 1990 y se divorciaron en 1999.
Tienen cuatro hijos juntos. Este 2016, Hall se ha casado con el
empresario Rupert Murdoch. Cordon/The Sun
Se acostó con la mujer de Brian Jones
Muerto a los 27 años en 1969, Brian Jones dejó tras
de sí una buena ristra de líos de faldas y un reguero de hijos, seis de
ellos reconocidos. Pero una noche de 1962 probó su propia medicina
cuando Mick tuvo una relación con su pareja de entonces, tal y como
Keith Richards relata en sus memorias: "Mick había ido a buscar a Brian
una noche, completamente borracho. Se encontró con que éste no estaba y
se tiró a su parienta. Aquello provocó un terremoto, Brian se cabreó de
verdad y al final ella le dejó. A él, además, le echaron del piso. Mick,
que se sentía responsable, le encontró otro en una casa destartalada en
Beckenham".
Juegos peligrosos con la chica de Keith
Anita Pallenberg fue novia de Brian Jones hasta que
comenzó en 1967 una relación con Keith que duraría hasta 1980. Pero allá
por 1968 el cineasta Donald Cammell (expareja de ella) la escogió para
protagonizar la película Performance junto a Mick Jagger y ahí
llegaron los problemas. "Tardé tiempo en enterarme, pero me lo olía. A
Mick no le dije nada, pero aquello abrió una brecha considerable entre
nosotros. No era la primera vez que competíamos por una mujer. Pero
¿sabes? Yo mientras tanto me estaba tirando a Marianne Faithfull. Vaya
lo uno por lo otro. De hecho, un día tuve que abandonar la casa de forma
bastante abrupta cuando apareció Mick", rememora como de costumbre con
sorna el pirata-guitarrista.
Le pidió a una amante que tuviera su primer hijo
Mientras Mick estaba con Marianne Faithfull, el
cantante se encaprichó en 1968 de Marsha Hunt, actriz y cantante
afroamericana de la versión londinense del musical Hair.
Iniciaron una relación en paralelo hasta que Marianne abandonó al músico
en 1970, momento en el que él le propuso a Marsha tener un hijo (el
primero de su cuenta). Ella aceptó como si una madre de alquiler se
tratara, pues Mick mantenía relaciones con otras e incluso en esa época
se enamoró de su futura esposa Bianca. El entusiasmo inicial de Mick se
fue diluyendo cuanto más se enamoraba de Bianca, llegando al extremo de
desatender las necesidades de Marsha y su hija, Karis, que nació el 4 de
noviembre de 1970. Aunque ella inicialmente no le pidió nunca nada,
tanto desdén terminó cabreando a la madre, que desveló el secreto de la
paternidad de Jagger y todo derivó en el clásico embrollo de abogados
hasta que lograron llegar a un acuerdo meses después.
Mick Jagger y Bianca
Pérez, el día de su boda en Francia, en 1971. Él tenía 28 años y ella
26. Se separarron en 1979. Tiene una hija juntos, Jade. Al fondo se ve a
Keith Richards, hablando con una chica. Cordon
Polígamo de manual
Ni siquiera mientras esperaba su primer hijo Mick
fue monógamo. Durante todo aquel verano, igual que antes del final de su
relación con Marianne, una interminable sucesión de mujeres pasó por su
vida. "Unas se quedaron una sola noche, o menos. Otras un fin de
semana. Y alguna encontró la manera de formar parte del personal sobre
todo femenino de Mick. Solían ser norteamericanas, normalmente de
California, de unos 22 años años y con una conducta sexual libre y
desinhibida que las británicas aún no habían aprendido", relata el libro
Mick Jagger escrito por Philip Morris, en el que también se
afirma que, la situación continuó así de promiscua a pesar de su
matrimonio con Bianca.
Su atracción intelectual por Bianca Jagger
Al conocerla, Mick vio en Bianca una joven enigmática
y hermosa, muy distinta de todas aquellas blandas californianas . Ella
no sabía nada de rock y le parecía un mundo bastante infantil. Para
Mick, al principio, eso formaba parte de su irresistible atractivo, con
el que tenía engatusado al rockero.