Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

3 jul 2016

Michel Houellebecq

El escritor se reinventa como artista contemporáneo. 
Tras el revuelo que armó con ‘Sumisión’, la novela donde pronosticaba el dominio musulmán de Europa, ahora desembarca en el Palais de Tokyo de París con fotografías que retratan sus obsesiones: desde el vacío existencial hasta el apocalipsis.
TRAS SEMBRAR el pánico en el mundo de la literatura, Michel Houellebecq se dispone a hacerlo en el del arte
. Superado uno de los años más complicados de su vida –el que acompañó la publicación de Sumisión, su sexta novela, en la que profetiza la islamización de Francia y que le ha valido amenazas de muerte–, el escritor se reinventa como fotógrafo
Houellebecq acaba de inaugurar una exposición en el Palais de Tokyo, museo parisiense especializado en el más novedoso arte contemporáneo, que permanecerá abierta hasta el final del verano. Sus imágenes retratan paisajes decadentes y desangelados, repletos de edificios brutalistas en los que un día se practicó el turismo de masas, parecidos a los que uno logra visualizar cuando lee sus novelas.
 Houellebecq también ha protagonizado una performance en la bienal Manifesta, en Zúrich, donde se ha sometido a un estricto control médico del que ahora expone el resultado: análisis de sangre y radiografías, resonancias magnéticas y animaciones del latido de su corazón, reproducciones de su cráneo y de su mano derecha.  “Todo el mundo sabe que no lleva una vida muy sana. Y, sin embargo, tiene buena salud”, explicó Henry Perschak, el médico suizo que condujo los análisis.
 Si el escritor, premio Goncourt, es un icono de nuestro tiempo, es comprensible que el más nimio de sus gestos sea percibido como una auténtica obra de arte, casi como si fuera un Dalí o un Warhol. Envuelto en su sempiterna parka, sin escolta a la vista y con la dentadura postiza bien colocada, Houellebecq se presenta en un restaurante pegado al Sena en una de las tardes que precedieron a su histórica crecida y desbordamiento, tal vez los primeros síntomas de ese apocalipsis que no deja de pronosticar. 
El autor de Las partículas elementales pide al camarero una botella de vino blanco, una tabla de quesos y un cenicero, del que se servirá para encadenar innumerables silk cuts,  que se fumará sujetándolos entre el anular y el corazón.
 A sus 60 años, Houellebecq parece la sombra de sí mismo. “Ya no tengo interior / Ni pasión, ni calor; / Pronto me reduciré / A mi estricto volumen”, jura en uno de los poemas de su última antología, Configuración de la última orilla, que acaba de publicar Anagrama. 
El primer sentimiento que despierta es, inexplicablemente, la compasión.
 Su voz resulta titubeante. Su sonrisa, tímida e infantil. Lo que seguirá será una conversación llena de silencios, cubiertos por el sonido algo angustiante de un ruidoso ventilador. 
En ella desgranará escrupulosamente, sin perseguir la polémica ni el escándalo, cómo piensa y trabaja, cómo percibe el mundo y cómo traduce esa visión en su obra.
 La primera imagen de su exposición contiene esta leyenda: “Hagan sus apuestas”.
 La última de ellas dice: “No tiene usted ninguna posibilidad”.


El apocalipsis aparece en libros suyos como La posibilidad de una isla, en El mapa y el territorio y, en cierta manera, en Sumisión, donde describe la desaparición de la cultura francesa. 

El retrato del organista...........................................................Javier Marías

Hubo un tiempo en el que los ancianos jamás eran peleles infantilizados. Era cuando la sociedad no tenía prisa por jubilarlos con gran soberbia.

SIEMPRE que voy a una exposición del Museo del Prado aprovecho la visita para asomarme a dos o tres de mis cuadros favoritos, entre los que están los imaginables y otros que no lo son tanto. 
Y a menudo me acabo acercando a un retrato de un pintor español cuyo nombre corriente dice poco a la mayoría: Vicente López (1772-1850).
 Su obra más conocida es el que le hizo a Goya en 1826, con pincel y paleta en las manos y bien trajeado por una vez. 
Sin duda es un excelente y algo academicista retrato, pero no es ese el que a mí me gusta contemplar largo rato, incansablemente.
 Éste es Félix Máximo López, de 1820, padre del artista –infiero, pero no me consta– a tenor de la inscripción bien legible sobre el teclado de un clavecín en el que el anciano apoya su brazo izquierdo: “A D. Félix Máximo López, primer Organista de la Real Capilla de Su Majestad Católica y en loor de su elevado mérito y noble profesión, el amor filial”. Me imagino que el cuadro podrá verse en Internet.
Ese viejo organista parece en verdad muy viejo, aunque váyase a saber qué edad tenía cuando fue pintado.
 Y sin embargo su atuendo y su actitud son aún presumido y desafiante, respectivamente.
 Una chaqueta de bonito azul marino con botonadura dorada queda empalidecida al lado de su chaleco rojo vibrante, con su ondulación, y de los puños de la chaqueta a juego con él.
 En la mano derecha sujeta una partitura cuyo título puede leerse del revés: “Obra de los Locos, Primera parte”. Inclinado junto a la manga, un bastoncillo de empuñadura dorada, recta y breve. La mano y el brazo izquierdos, sobre el mencionado clavecín.
 El pelo blanco y escaso lo lleva peinado un poco hacia adelante, a la manera de los romanos pudorosos de su calvicie, y las cejas pobladas también se ven encanecidas. Las orejas son grandes, pero bien pegadas a la cabeza; la nariz ancha pero proporcionada con el resto; el labio superior más bien exiguo, casi retraído, y sobre él se advierte una cicatriz vertical; entre la mejilla y la nariz se adivina una verruga nada aparatosa, como si se le hubiera posado una mosca ahí.
 Todo el retrato rebosa fuerza y a mí me produce, como pocos otros, la sensación de tener enfrente a ese hombre vivo, a él y no su representación; y esa fuerza está sobre todo en la mirada, como suele ocurrir.
 El viejo mira fijamente al espectador como sin duda miró muchas veces a sus discípulos y a sus seres cercanos. 
 Y cada vez que contemplo esos ojos me parece oír voces distintas y acaso contradictorias. 
Un día los imagino encarándose con alguien que le ha pedido ser su aprendiz, o una recomendación: “¿Así que quiere usted ser organista, joven, como yo? 
Pocos están dotados, y si no lo está ya se puede esforzar, que de nada le va a servir”.
 Otro día los oigo murmurar: “Sí, ya soy viejo, hijo, y quieres retratarme antes de que me muera. 
Podía habérsete ocurrido antes, cuando no tenía este aspecto. 
Pero si se me ha de ver así en el futuro, te aseguro que no me mostraré decrépito, sino aún lleno de vigor. Empieza y acaba ya, cuando todavía estamos a tiempo”.
 Un tercer día los oigo asustados, pero disimulando su temor y esa incomprensión de las cosas que muchos ancianos llevan puesta permanentemente en la mirada, como si ya todo les resultara ajeno y baladí: “No sé quiénes sois ni qué buscáis, no entiendo vuestros afanes y empeños, todavía dais importancia a insignificancias, aún lucháis y ambicionáis y envidiáis, todavía sufrís; cuánto os falta para cesar, como ya he cesado yo”. 
Siempre, en todo caso, oigo hablar a esos ojos, en tono brioso, y de escepticismo, y de reto.
 Alguna vez me he figurado que se dirigían al Rey, Fernando VII, y que en ese caso estarían pensando: “¿Qué sabrás tú de música ni de nada, especie de mentecato pomposo y cruel?” 
 No quedan muchos viejos así en la vida real.
 Se los ha domesticado haciéndoles creer que aún son jóvenes, tanto que se los trata como a niños.
 Tiempo atrás escribí de la lástima que me daba un grupo de ellos, completando tablas de gimnasia en pantalones cortos, en una plaza.
 Con esos pantalones los vemos a manadas ahora, en verano. Sus hijas y nueras los han engañado: “¿Por qué no vas a ponértelos, si así vas más cómodo y fresco?”
 Apenas quedan viejos no ya dignos, sino que continúen siendo los hombres que fueron, sólo que con más edad. Hubo un tiempo –largo tiempo– en el que los ancianos no abdicaban de su masculinidad y jamás eran peleles infantilizados.
 En el que seguían siendo fuertes, incluso temibles, en el que se revestían de autoridad.
 Claro que era un tiempo en el que la sociedad no tenía prisa por deshacerse de ellos, por arrumbarlos, por entontecerlos, por desarmarlos y jubilarlos con gran soberbia, como si no tuvieran nada que enseñar.
 Si miran el retrato del primer Organista Félix Máximo López, seguro que reconocerán al instante de qué les hablo.
Es bueno que miren el retrato para ver que bien lo ha descrito Javier Marías y en general de tantos hombres que hasta el final fueron ellos mismos. Como mi padre, por ejemplo. COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS

Las cuentas de la Seguridad Social apuntan a un déficit récord en 2016...............................Manuel V. Gómez

Las previsiones apuntan a un déficit a final de año que puede rondar los 18.000 millones.

La Seguridad Social camina en 2016 hacia el déficit más abultado de su historia.
 Solo se conocen sus cuentas de los cinco primeros meses del año, pero lo ya visto apunta que los números rojos de este año superarán a los de 2015. En julio ha hecho falta sacar 8.700 millones del hucha de las pensiones para pagar la extra.
 Días antes el Ministerio de Empleo informó de que el saldo del sistema hasta mayo empeoraba sobre 2015.
El grupo de investigación en pensiones de la Universitat de València calcula que en 12 meses los gastos superan a los ingresos en más 17.350 millones, 750 millones más que al cierre del año pasado.
La ministra de Empleo y Seguridad Social en funciones, Fátima Báñez, responde a la prensa en la pasada campaña electoral EFE
Los 8.700 millones que ha retirado el Gobierno de la hucha de las pensiones, la mayor retirada hasta ahora de una sola vez, supera de largo los 6.530 millones que hicieron falta hace un año.
Este es un claro síntoma de que las cuentas de la Seguridad Social están empeorando respecto a 2015, un ejercicio que ya fue malísimo.
 La ejecución presupuestaria en los cinco primeros meses del año avalan el síntoma.
 En ese tiempo los ingresos superaban a los gastos por 2.855 millones, 700 millones menos que hace 12 meses (el saldo positivo a esas alturas del año se debe a que aún no recoge la paga de la extra de verano).

De continuar así, el déficit de la Seguridad Social (el referente al sistema de pensiones, no el que en contabilidad nacional incluye en este punto al Fogasa y la protección contra el desempleo) este año superará al de 2015, cuando se marcó un récord negativo.
 Entonces el desfase entre ingresos y gastos llegó a 16.707 millones, el pasado mayo ya iba por 17.357 millones, según un cálculo anualizado (sobre los últimos 12 meses) del grupo de actuarios del Instituto de Investigación de Políticas de Bienestar Social de la Universitat de València.
 Si la progresión se mantiene hasta diciembre, el desfase superará los 18.000 millones.
Esta cifra ya se ha superado en el cálculo, también anualizado, de los mismos investigadores que excluye de los ingresos las transferencias de Hacienda y de los gastos no contributivos como los complementos a mínimos: 18.048 millones, un 1,65% del PIB.
Que el agujero de la Seguridad Social crezca y añada así dificultades al objetivo de reducir el déficit del Estado, contrasta con la recuperación de la afiliación, que en mayo crecía a un ritmo anual del 2,6%.
 Los ingresos por cuotas en ese mes incluso crecían más, al 2,8%, y más que lo hubieran hecho de no ser porque las cuotas de los desempleados se hundían, al 8%.
 Pero todo esto resulta insuficiente. Solo el gasto en pensiones sube un 3,3%.
Esto se debe a la opción del Gobierno de estimular la contratación con reducciones directas de cotizaciones, lo que este año restará 2.500 millones a las arcas del instituto previsor.
 También está el hecho de que los salarios de los nuevos empleos tienen menores bases cotización, mientras que los nuevos pensionistas que entran en el sistema tienen prestaciones más altas.
 En 2015 el salario medio de los nuevos contratos era de 1.250 euros mensuales; la pensión de los nuevos jubilados, 1.342 euros.
Esta situación llevó a UGT y CC OO en la noche del viernes, cuando el Gobierno hizo pública la disposición del Fondo de Reserva, reclamar al nuevo Gobierno y a los partidos políticos que incrementen la financiación de la Seguridad Social para fortalecer el sistema de pensiones.

Todavía falta la liquidación del IRPF

Los 8.700 millones de euros que la Seguridad Social ha sacado de la hucha de las pensiones en julio han servido para pagar la nómina ordinaria de ese mes y la extraordinaria de verano.
Pero la Tesorería del instituto previsor todavía tiene que afrontar otro reto este mes: la liquidación el 20 de julio del IRPF de los pensionistas, unos mil millones más.
En unos días Empleo sabrá cómo ha ido la recaudación de junio definitivamente.
 Con esa información, con la situación de la caja y viendo si se hay otros recursos en el sistema de pensiones que permitan afrontar el pago, la Seguridad Social decidirá si es necesario sacar más recursos del Fondo de Reserva, apuntan fuentes gubernamentales.
De ser necesarios más recursos, el remanente de la hucha de las pensiones probablemente caerá por debajo de los 25.000 millones. Todavía hay 25.176 millones.


 

 

2 jul 2016

Deseo sobre la hierba......................................................... Jordi Costa

Corsini consigue en el filme algo realmente complejo: capturar una desbordante plenitud sensorial, sin negar, ni dramatizar su inevitable condición efímera.

Izïa Higelin y Cécile de France, en 'Un amor de verano'.
Lo primero que escuchamos en Un amor de verano es una frase que el padre dirige a la protagonista, Delphine, encarnada por una sutil Izia Higelin que levanta a su personaje sobre las fuerzas enfrentadas del descubrimiento vitalista y la ocultación estratégica.
Es una frase aparentemente inofensiva, pronunciada con más inercia que malicia, pero que agrede al personaje con el peso de una asfixiante tradición de roles preasignados de género.
Delphine es una chica de campo
. Y es lesbiana. En el primer tramo de la película, una temporada en París no supondrá la reconciliación con una identidad sexual ya perfectamente asumida, sino el encuentro con inesperadas complicidades, la emergencia de una conciencia política y el nacimiento de la relación que da título a este noveno largometraje de Catherine Corsini.
UN AMOR DE VERANO
Dirección: Catherine Corsini.
Intérpretes: Izïa Higelin, Cécile de France, Noémie Lvovsky, Jean-Henry Compère.
Género: drama.
Francia, 2015.
Duración: 105 minutos.
Un amor de verano encuentra su justo tono cuando fija su atención en las complejidades de esa historia pasional: la película abandona entonces cierto impulso programático y su ingenua fetichización de la nostalgia militante para explorar las vulnerabilidades que salen a la luz en esos dos cuerpos deseantes.
 Lidiando con la intolerancia de su entorno afectivo y con la dependencia sentimental de su amada, Delphine se acaba erigiendo en una figura casi heroica.
 A su lado, Cécile de France, en la piel de Carole, ofrece un conmovedor recital en torno a la erosión de viejas certezas e identidades que todo amor verdadero conlleva.
 Corsini consigue algo realmente complejo: capturar una desbordante plenitud sensorial, sin negar, ni dramatizar su inevitable condición efímera.