La actriz italiana, nueva imagen de una barra de labios de Dolce&Gabbana.
Spot de la última campaña de Sofía LorenDolce and Gabbana
La musa del cine italiano Sofía Loren continúa siendo la imagen de belleza y la sensualidad a sus 81
años.
La actriz, una de las estrellas más elegantes del cine mundial,
ha lanzado una barra de labios con su propio nombre para Dolce &
Gabbana.
En la campaña publicitaria, viste un estiloso vestido de encaje
negro, con un gran escote y luce una sonrisa del color de este rossetto, de un tono rojo cereza que ella misma eligió a juego con la pigmentación de sus labios.
La actriz no se resigna a ser un icono de belleza del pasado, sino
que afronta "nuevos retos y nuevas aventuras".
Se siente "fuera del
tiempo" y no le pareció ninguna locura ser imagen de belleza a su edad.
Aunque bromea con que la campaña es casi un "milagro", porque no es
habitual que octogenarias se conviertan en protagonistas de campañas
publicitarias, reconoce que nunca ha dejado de trabajar y este es un
proyecto más dentro de su trayectoria.
Spot de la última campaña de Sofía LorenDolce and Gabbana
La musa del cine italiano Sofía Loren continúa siendo la imagen de belleza y la sensualidad a sus 81
años. La actriz, una de las estrellas más elegantes del cine mundial,
ha lanzado una barra de labios con su propio nombre para Dolce &
Gabbana. En la campaña publicitaria, viste un estiloso vestido de encaje
negro, con un gran escote y luce una sonrisa del color de este rossetto, de un tono rojo cereza que ella misma eligió a juego con la pigmentación de sus labios.
La actriz no se resigna a ser un icono de belleza del pasado, sino
que afronta "nuevos retos y nuevas aventuras". Se siente "fuera del
tiempo" y no le pareció ninguna locura ser imagen de belleza a su edad.
Aunque bromea con que la campaña es casi un "milagro", porque no es
habitual que octogenarias se conviertan en protagonistas de campañas
publicitarias, reconoce que nunca ha dejado de trabajar y este es un
proyecto más dentro de su trayectoria. "Me gusta ir hacia adelante,
estoy interesada en todo", dice Loren al diario Corriere della Sera.
El paso del tiempo no le genera ansiedad, aunque sí una "cierta
inseguridad" que le ha acompañado en toda su carrera. Unos miedos que ha
superado siempre con sus ganas de adentrarse en nuevos proyectos. En
cada trabajo, dice dar siempre lo mejor de sí misma y motivarse al
máximo. Se define como una mujer alegre, con intereses que lo abarcan
todo y para quien los cosméticos son una cosa bonita y divertida.
Sofía Loren, de 81 años. CORDON PRESS
En sus memorias Ayer, hoy, mañana (Lumen), la primera intérprete en ganar un Oscar por un papel en habla no inglesa -por Dos mujeres
(1961)- afirma que "envejecer puede ser agradable, e incluso divertido,
si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has
logrado y si sigues conservando la ilusión”.
Una ilusión que le aportan
tanto el trabajo como su familia, protagonista del "cuento de hadas" que
siempre quiso vivir.
El pintalabios Sophia Loren Nº 1 se presenta como "un gesto de amor"
que dedican los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabbana a Loren y a
"todas las mujeres".
No es la primera vez que los modistos italianos
eligen mujeres mayores
. El año pasado, celebraron la belleza de unas
alegres nonnas también octogenarias.
Otras firmas de lujo se han sumado a esta tendencia de los mitos de
la tercera, e incluso cuarta, edad. Entre ellas, la cantante Joni Mitchell (con 71 años), para Saint Laurent, y la escritora y periodista Joan Didion
(con 80), para Céline.
Conocidas son también las apariciones de Jane
Fonda (78) para L'Orèal Paris o de Catherine Deneueve (72) para
publicitar un bolso de Louis Vuitton.
Buster Keaton, en 'El maquinista de La General'.
El cáncer, o la espiral alcohólica con la que trató de aliviar su
sentimiento de fracaso, el olvido del público, la ruina económica y
artística le enviaron al otro barrio, al cielo o a la nada hace ahora
cincuenta años, el 1 de febrero de 1966.
Se llamaba Joseph Frank Keaton,
pero desde muy pequeño, cuando hacía cabriolas increíbles en el music-hall que dirigían sus padres, todo mundo le conocía como Buster.
Es el personaje de la historia del cine que más quiero.
También fue
uno de los creadores de formas visuales más impresionantes que han
existido. Y la gracia en estado puro, aunque su rostro no sonriera jamás
delante de la cámara (aseguran que lo hizo una vez, pero yo no lo he
visto). Era un poeta que jamás utilizó el sentimentalismo ni apeló a la
compasión del público.
A diferencia de Chaplin, Laurel y Hardy o Harold Lloyd, con cuya obra
estuve gozosamente familiarizado desde crío, a Keaton lo descubro (solo
había visto antes la maravillosa El maquinista de La General) a
principio de los años setenta, cuando la distribuidora española
Cineteca reestrena y en algunos casos estrena los restaurados
largometrajes y cortometrajes (uno de estos últimos, La casa encantada,
es un prodigio de imaginación, un torrente de ideas entre surrealistas y
prácticas en el que no falta ni sobra un plano, una obra maestra en 15 o
20 minutos) de un hombre que poseía algo más que talento, que era
complejamente genial. Recuerdo haber programado un exhaustivo ciclo de
Keaton en una especie de cineclub (sin coloquios posteriores, por
supuesto) que habíamos montado un grupo de gente en un colegio mayor.
Y
aquello fue un éxito
. Siempre estaba a tope. Y era bonito escuchar las
ininterrumpidas risas de un público entregado, con la expresión feliz al
terminar que solo proporcionan los clásicos, comentando sin tregua los gags y las situaciones, la diversión que provocaba ese personaje dotado de una inventiva torrencial.
Keaton representa la determinación, la pureza moral, la épica en las
condiciones más adversas, la infatigable lucha por las convicciones
propias contra los enemigos más poderosos, incluida la naturaleza cuando
decide ponerse salvaje.
Filmografía seleccionada
Keaton entre bastidores (1919). Pasión y boda de Pamplinas (1920). El herrero (1922). La casa eléctrica (1922). Las tres edades (1923). El moderno Sherlock Holmes (1924). El rey de los cowboys (1925). Las siete ocasiones (1925). El maquinista de La General (1927). El héroe del río (1928). El cameraman (1928).
Es un héroe que no espera aplausos ni recompensas, que hace lo que
tiene que hacer.
Sobrevive a todos los peligros y acorralamientos con
una astucia, una fortaleza y un sentido práctico admirables. Y, cómo no,
después de múltiples malentendidos y hazañas termina llevándose a la
chica que ama. Se lo merece.
Después de haber hecho dichosa a tanta gente, de haberles hecho reír,
la vida se le torció a este artista irrepetible
. El cine sonoro se lo
tragó. No pudo rodar más películas.
Su presencia se limitó a apariciones
episódicas como actor. La más larga, con Chaplin en una secuencia memorable de Candilejas.
Cuentan las malas lenguas que Chaplin la acortó porque su colega se lo comió vivo.
La viuda de Keaton, en una entrevista imposible, me contó que no era
cierto, que Keaton fue muy feliz, que todo le fue bien en su compañía
.
Ojalá fuera cierto.
Me pregunto cómo reaccionarían los niños actuales ante el cine de
este hombre.
Tienen pocas posibilidades de comprobarlo. Sería una utopía
que las televisiones exhibieran su obra. Yo sigo disfrutándolo cada
cierto tiempo en mi casa.
Y siempre me eleva el ánimo, aunque ande por
los suelos, me hace reír, me emociona.
Cortázar lo incluyó entre sus
grandes cronopios, Buñuel le declaró su amor incondicional cuando solo
existía un monarca en el cine llamado Chaplin.
Quiero pensar que su arte
está destinado a la eternidad.
Por mi parte, le amaré siempre.
La Infanta y La Zarzuela barajaban que la 'doctrina Botín' iba a librarla del banquillo
La infanta Cristina en una foto de archivoEFEJavier Guzmán
No era lo que esperaba. Ni ella ni la Casa del Rey. Desde que estalló el caso Nóos y arrastró a la infanta Cristina, sus abogados, los asesores de la Familia Real y ella misma estaban convencidos de que la llamada doctrina Botín
libraría a la hija de Juan Carlos I de ser juzgada.
Ese convencimiento
se transmitía en voz baja, ya que oficialmente el mensaje que llegaba
desde La Zarzuela era que había que "dejar actuar a la justicia". El
pasado 11 de enero, cuando Cristina de Borbón y Grecia abandonaba con su
marido el juzgado tras analizarse las cuestiones previas del juicio,
iba más convencida que nunca de que su supuesta responsabilidad se
solventaría con una multa.
Cristina de Borbón ha permanecido en Ginebra desde que abandonó Palma
de Mallorca en un avión camino de Zúrich, primera escala antes de
llegar a su casa.
En ese vuelo tuvo un pequeño altercado con unos
periodistas que intentaron fotografiarla. Ella mandó actuar a sus
escoltas. Desde entonces no se ha dejado ver
. Solo ha salido para
trabajar. Tampoco ha hecho declaraciones. El silencio preside su vida
desde hace meses por consejo de sus abogados y por el rechazo que tiene a
la prensa.
La Infanta se siente sometida a un juicio público del que
responsabiliza en gran parte a los medios de comunicación. Sus íntimos
hablan de la hermana de Felipe VI como una mujer deprimida que, al igual
que su marido, ha tenido que recurrir a ayuda profesional para
sobrellevar su imputación.
Sigue creyéndose inocente y se siente
abandonada por La Zarzuela.
En la residencia real conviven dos bandos: el que conforman doña
Sofía y la infanta Elena, que han cerrado filas con la infanta Cristina;
y el resto, que ha marcado una línea roja con los Urdangarin.
Si al
principio del proceso don Felipe y don Juan Carlos mantuvieron viva la
relación familiar, con el paso del tiempo el deterioro de la relación ha
llegado a tal punto que casi no hay comunicación. Solo doña Sofía y su
hija Elena hacen de intermediarias.
Y cada vez con menos éxito.
Aun así, la noticia de que Cristina de Borbón continuará en el banquillo de los acusados y será juzgada como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales en el marco del caso Nóos
ha sido toda una sorpresa en La Zarzuela
. Miquel Roca, su abogado,
estaba convencido, y así lo transmitió, de que a la hermana de Felipe VI
se le iba a aplicar la llamada doctrina Botín —que establece
que no se puede llevar a nadie a juicio por delito fiscal solo con la
acción de la acusación popular—. La Casa del Rey se ha limitado a
expresar "su absoluto respeto a la independencia del Poder Judicial".
Jacques Rivette, en 2009 llegando en el Festival de Venecia.
DAMIEN MEYER
El cineasta francés Jacques Rivette,
maestro de la Nouvelle Vague, ha fallecido este viernes en París a los
87 años
. Apasionado por el séptimo arte desde su infancia y admirador de
Jean Renoir y de la edad dorada de la comedia estadounidense, Rivette
fundó un cineclub en su Rouen natal, antes de mudarse a París a finales
de los años 40, cuando se inscribió en la Sorbona y empezó a frecuentar
los círculos cinéfilos del Barrio Latino.
Allí coincidió con Éric
Rohmer, con el que fundó la revista La Gazette du Cinema en 1950
. Tres años más tarde, ambos se integraron al equipo de críticos de Les Cahiers du Cinéma, donde conocerían a François Truffaut y Jean-Luc Godard.
En 1963, Rivette fue nombrado redactor jefe de la revista. La Nouvelle
Vague, movimiento cinematográfico de vanguardia que iba a sacudir las
más anquilosadas tradiciones del cine francés, nació en esa redacción.
En ese club de futuros directores, Rivette fue considerado siempre el
personaje más misterioso e introspectivo, algo así como la voz de la
conciencia del grupo.
En 1949 ya rodó su primer cortometraje, Aux quatre coins, al que seguirían Le Quadrille (1950) o Le coup du berger
(1956), rodado en el apartamento parisino de Claude Chabrol,
considerado por muchos la piedra fundacional de la Nouvelle Vague
. En
1958 empezó a rodar su primer largometraje, Paris nous appartient,
que ya contiene muchas de las obsesiones de Rivette –la improvisación,
la teatralidad o la estructura laberíntica– y que no se estrenaría hasta
1962.
Con su segunda película conoció la censura: su adaptación de La religiosa
(1966), la escandalosa obra de Denis Diderot que llevó a la pantalla
con la complicidad de Anna Karina, fue prohibida en un primer momento,
antes de conocer un éxito inesperado entre las juventudes que más tarde
salieron a la calle durante el Mayo del 68.
Para Rivette, toda película debía ser una experiencia única
. El
cineasta siguió avanzando por el camino de la experimentación hasta el
final de su carrera, situándose siempre al margen de las normas y
convenciones.
Rivette nunca abandonó una larga reflexión sobre la
representación de la realidad, que a veces tradujo en películas con
duraciones muy inhabituales, como L’amour fou (1969), de 4 horas de metraje, o la todavía más mastodóntica Out 1 (1970), que duraba un total de 13 horas. Rivette también dirigió Céline y Julie van en barco (1973), Duelle (1975), Noroît (1976) o Le Pont du Nord (1980), rodadas en un París misterioso y poético.
Los personajes femeninos son otro hilo conductor de su cine.
Fiel a
algunas de sus actrices fetiche, como Jane Birkin, Sandrine Bonnaire,
Emmanuelle Béart o Jeanne Balibar, Rivette rodó con ellas títulos como El amor por tierra (1984), La bella mentirosa (1991), Juana la virgen (1993), Alto bajo frágil (1995), Vete a saber (2001), La duquesa de Langeais (2007) o su última película, 36 vues du Pic Saint-Loup
(2009), sobre una tropa de artistas que intenta seguir adelante tras la
muerte del propietario del circo para el que trabajaban.