Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 ene 2016

Se puede ser sensual a los 81 años, Sofía Loren lo es..................................... María Salas Oraá

La actriz italiana, nueva imagen de una barra de labios de Dolce&Gabbana.

Spot de la última campaña de Sofía Loren Dolce and Gabbana
La musa del cine italiano Sofía Loren continúa siendo la imagen de belleza y la sensualidad a sus 81 años.
 La actriz, una de las estrellas más elegantes del cine mundial, ha lanzado una barra de labios con su propio nombre para Dolce & Gabbana.
 En la campaña publicitaria, viste un estiloso vestido de encaje negro, con un gran escote y luce una sonrisa del color de este rossetto, de un tono rojo cereza que ella misma eligió a juego con la pigmentación de sus labios.
La actriz no se resigna a ser un icono de belleza del pasado, sino que afronta "nuevos retos y nuevas aventuras".
 Se siente "fuera del tiempo" y no le pareció ninguna locura ser imagen de belleza a su edad.
 Aunque bromea con que la campaña es casi un "milagro", porque no es habitual que octogenarias se conviertan en protagonistas de campañas publicitarias, reconoce que nunca ha dejado de trabajar y este es un proyecto más dentro de su trayectoria.
 
Spot de la última campaña de Sofía Loren Dolce and Gabbana
La musa del cine italiano Sofía Loren continúa siendo la imagen de belleza y la sensualidad a sus 81 años. La actriz, una de las estrellas más elegantes del cine mundial, ha lanzado una barra de labios con su propio nombre para Dolce & Gabbana. En la campaña publicitaria, viste un estiloso vestido de encaje negro, con un gran escote y luce una sonrisa del color de este rossetto, de un tono rojo cereza que ella misma eligió a juego con la pigmentación de sus labios.
La actriz no se resigna a ser un icono de belleza del pasado, sino que afronta "nuevos retos y nuevas aventuras". Se siente "fuera del tiempo" y no le pareció ninguna locura ser imagen de belleza a su edad. Aunque bromea con que la campaña es casi un "milagro", porque no es habitual que octogenarias se conviertan en protagonistas de campañas publicitarias, reconoce que nunca ha dejado de trabajar y este es un proyecto más dentro de su trayectoria. "Me gusta ir hacia adelante, estoy interesada en todo", dice Loren al diario Corriere della Sera.
El paso del tiempo no le genera ansiedad, aunque sí una "cierta inseguridad" que le ha acompañado en toda su carrera. Unos miedos que ha superado siempre con sus ganas de adentrarse en nuevos proyectos. En cada trabajo, dice dar siempre lo mejor de sí misma y motivarse al máximo. Se define como una mujer alegre, con intereses que lo abarcan todo y para quien los cosméticos son una cosa bonita y divertida.
Sofía Loren, de 81 años. CORDON PRESS
En sus memorias Ayer, hoy, mañana (Lumen), la primera intérprete en ganar un Oscar por un papel en habla no inglesa -por Dos mujeres (1961)- afirma que "envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”.
Una ilusión que le aportan tanto el trabajo como su familia, protagonista del "cuento de hadas" que siempre quiso vivir.
El pintalabios Sophia Loren Nº 1 se presenta como "un gesto de amor" que dedican los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabbana a Loren y a "todas las mujeres".
 No es la primera vez que los modistos italianos eligen mujeres mayores
. El año pasado, celebraron la belleza de unas alegres nonnas también octogenarias.
Otras firmas de lujo se han sumado a esta tendencia de los mitos de la tercera, e incluso cuarta, edad. Entre ellas, la cantante Joni Mitchell (con 71 años), para Saint Laurent, y la escritora y periodista Joan Didion (con 80), para Céline.
 Conocidas son también las apariciones de Jane Fonda (78) para L'Orèal Paris o de Catherine Deneueve (72) para publicitar un bolso de Louis Vuitton.

 

Buster, siempre seguirás ahí........................................................Carlos Boyero

Era un poeta que jamás utilizó el sentimentalismo ni apeló a la compasión del público, el personaje del cine que más quiero.

 

Buster Keaton, en 'El maquinista de La General'.
El cáncer, o la espiral alcohólica con la que trató de aliviar su sentimiento de fracaso, el olvido del público, la ruina económica y artística le enviaron al otro barrio, al cielo o a la nada hace ahora cincuenta años, el 1 de febrero de 1966.
 Se llamaba Joseph Frank Keaton, pero desde muy pequeño, cuando hacía cabriolas increíbles en el music-hall que dirigían sus padres, todo mundo le conocía como Buster.
 Es el personaje de la historia del cine que más quiero.
También fue uno de los creadores de formas visuales más impresionantes que han existido. Y la gracia en estado puro, aunque su rostro no sonriera jamás delante de la cámara (aseguran que lo hizo una vez, pero yo no lo he visto). Era un poeta que jamás utilizó el sentimentalismo ni apeló a la compasión del público.
A diferencia de Chaplin, Laurel y Hardy o Harold Lloyd, con cuya obra estuve gozosamente familiarizado desde crío, a Keaton lo descubro (solo había visto antes la maravillosa El maquinista de La General) a principio de los años setenta, cuando la distribuidora española Cineteca reestrena y en algunos casos estrena los restaurados largometrajes y cortometrajes (uno de estos últimos, La casa encantada, es un prodigio de imaginación, un torrente de ideas entre surrealistas y prácticas en el que no falta ni sobra un plano, una obra maestra en 15 o 20 minutos) de un hombre que poseía algo más que talento, que era complejamente genial. Recuerdo haber programado un exhaustivo ciclo de Keaton en una especie de cineclub (sin coloquios posteriores, por supuesto) que habíamos montado un grupo de gente en un colegio mayor.
Y aquello fue un éxito
. Siempre estaba a tope. Y era bonito escuchar las ininterrumpidas risas de un público entregado, con la expresión feliz al terminar que solo proporcionan los clásicos, comentando sin tregua los gags y las situaciones, la diversión que provocaba ese personaje dotado de una inventiva torrencial.
Keaton representa la determinación, la pureza moral, la épica en las condiciones más adversas, la infatigable lucha por las convicciones propias contra los enemigos más poderosos, incluida la naturaleza cuando decide ponerse salvaje.

Filmografía seleccionada

Keaton entre bastidores (1919).
Pasión y boda de Pamplinas (1920).
El herrero (1922).
La casa eléctrica (1922).
Las tres edades (1923).
El moderno Sherlock Holmes (1924).
El rey de los cowboys (1925).
Las siete ocasiones (1925).
El maquinista de La General (1927).
El héroe del río (1928).
El cameraman (1928).
Es un héroe que no espera aplausos ni recompensas, que hace lo que tiene que hacer.
Sobrevive a todos los peligros y acorralamientos con una astucia, una fortaleza y un sentido práctico admirables. Y, cómo no, después de múltiples malentendidos y hazañas termina llevándose a la chica que ama. Se lo merece.
Después de haber hecho dichosa a tanta gente, de haberles hecho reír, la vida se le torció a este artista irrepetible
. El cine sonoro se lo tragó. No pudo rodar más películas.
 Su presencia se limitó a apariciones episódicas como actor. La más larga, con Chaplin en una secuencia memorable de Candilejas.
Cuentan las malas lenguas que Chaplin la acortó porque su colega se lo comió vivo.
La viuda de Keaton, en una entrevista imposible, me contó que no era cierto, que Keaton fue muy feliz, que todo le fue bien en su compañía
. Ojalá fuera cierto.
Me pregunto cómo reaccionarían los niños actuales ante el cine de este hombre.
 Tienen pocas posibilidades de comprobarlo. Sería una utopía que las televisiones exhibieran su obra. Yo sigo disfrutándolo cada cierto tiempo en mi casa.
 Y siempre me eleva el ánimo, aunque ande por los suelos, me hace reír, me emociona.
Cortázar lo incluyó entre sus grandes cronopios, Buñuel le declaró su amor incondicional cuando solo existía un monarca en el cine llamado Chaplin.
 Quiero pensar que su arte está destinado a la eternidad.
Por mi parte, le amaré siempre.

No era lo que esperaba Cristina de Borbón................................................. Mábel Galaz

La Infanta y La Zarzuela barajaban que la 'doctrina Botín' iba a librarla del banquillo

La infanta Cristina en una foto de archivo EFE Javier Guzmán

No era lo que esperaba. Ni ella ni la Casa del Rey. Desde que estalló el caso Nóos y arrastró a la infanta Cristina, sus abogados, los asesores de la Familia Real y ella misma estaban convencidos de que la llamada doctrina Botín libraría a la hija de Juan Carlos I de ser juzgada.
 Ese convencimiento se transmitía en voz baja, ya que oficialmente el mensaje que llegaba desde La Zarzuela era que había que "dejar actuar a la justicia". El pasado 11 de enero, cuando Cristina de Borbón y Grecia abandonaba con su marido el juzgado tras analizarse las cuestiones previas del juicio, iba más convencida que nunca de que su supuesta responsabilidad se solventaría con una multa.

. De ahí esa media sonrisa que esbozó al abandonar la sala. El alegato de sus abogados, de la fiscalía y de la Abogacía del Estado jugaban a su favor.

Cristina de Borbón ha permanecido en Ginebra desde que abandonó Palma de Mallorca en un avión camino de Zúrich, primera escala antes de llegar a su casa.
 En ese vuelo tuvo un pequeño altercado con unos periodistas que intentaron fotografiarla. Ella mandó actuar a sus escoltas. Desde entonces no se ha dejado ver
. Solo ha salido para trabajar. Tampoco ha hecho declaraciones. El silencio preside su vida desde hace meses por consejo de sus abogados y por el rechazo que tiene a la prensa.
 La Infanta se siente sometida a un juicio público del que responsabiliza en gran parte a los medios de comunicación. Sus íntimos hablan de la hermana de Felipe VI como una mujer deprimida que, al igual que su marido, ha tenido que recurrir a ayuda profesional para sobrellevar su imputación.
 Sigue creyéndose inocente y se siente abandonada por La Zarzuela.

En la residencia real conviven dos bandos: el que conforman doña Sofía y la infanta Elena, que han cerrado filas con la infanta Cristina; y el resto, que ha marcado una línea roja con los Urdangarin.
 Si al principio del proceso don Felipe y don Juan Carlos mantuvieron viva la relación familiar, con el paso del tiempo el deterioro de la relación ha llegado a tal punto que casi no hay comunicación. Solo doña Sofía y su hija Elena hacen de intermediarias.
Y cada vez con menos éxito.
Aun así, la noticia de que Cristina de Borbón continuará en el banquillo de los acusados y será juzgada como cooperadora necesaria de dos delitos fiscales en el marco del caso Nóos ha sido toda una sorpresa en La Zarzuela
. Miquel Roca, su abogado, estaba convencido, y así lo transmitió, de que a la hermana de Felipe VI se le iba a aplicar la llamada doctrina Botín —que establece que no se puede llevar a nadie a juicio por delito fiscal solo con la acción de la acusación popular—.  La Casa del Rey se ha limitado a expresar "su absoluto respeto a la independencia del Poder Judicial".

 

Muere Jacques Rivette, maestro de la Nouvelle Vague, a los 87 años...................................... Álex Vicente

Partidario de la experimentación, dirigió películas como 'La religiosa', 'La bella mentirosa' o 'Vete a saber'.

 

Jacques Rivette, en 2009 llegando en el Festival de Venecia.
El cineasta francés Jacques Rivette, maestro de la Nouvelle Vague, ha fallecido este viernes en París a los 87 años
. Apasionado por el séptimo arte desde su infancia y admirador de Jean Renoir y de la edad dorada de la comedia estadounidense, Rivette fundó un cineclub en su Rouen natal, antes de mudarse a París a finales de los años 40, cuando se inscribió en la Sorbona y empezó a frecuentar los círculos cinéfilos del Barrio Latino.
 Allí coincidió con Éric Rohmer, con el que fundó la revista La Gazette du Cinema en 1950
. Tres años más tarde, ambos se integraron al equipo de críticos de Les Cahiers du Cinéma, donde conocerían a François Truffaut y Jean-Luc Godard.
 En 1963, Rivette fue nombrado redactor jefe de la revista. La Nouvelle Vague, movimiento cinematográfico de vanguardia que iba a sacudir las más anquilosadas tradiciones del cine francés, nació en esa redacción.

En ese club de futuros directores, Rivette fue considerado siempre el personaje más misterioso e introspectivo, algo así como la voz de la conciencia del grupo.
 En 1949 ya rodó su primer cortometraje, Aux quatre coins, al que seguirían Le Quadrille (1950) o Le coup du berger (1956), rodado en el apartamento parisino de Claude Chabrol, considerado por muchos la piedra fundacional de la Nouvelle Vague
. En 1958 empezó a rodar su primer largometraje, Paris nous appartient, que ya contiene muchas de las obsesiones de Rivette –la improvisación, la teatralidad o la estructura laberíntica– y que no se estrenaría hasta 1962.
 Con su segunda película conoció la censura: su adaptación de La religiosa (1966), la escandalosa obra de Denis Diderot que llevó a la pantalla con la complicidad de Anna Karina, fue prohibida en un primer momento, antes de conocer un éxito inesperado entre las juventudes que más tarde salieron a la calle durante el Mayo del 68.
Para Rivette, toda película debía ser una experiencia única
. El cineasta siguió avanzando por el camino de la experimentación hasta el final de su carrera, situándose siempre al margen de las normas y convenciones.
 Rivette nunca abandonó una larga reflexión sobre la representación de la realidad, que a veces tradujo en películas con duraciones muy inhabituales, como L’amour fou (1969), de 4 horas de metraje, o la todavía más mastodóntica Out 1 (1970), que duraba un total de 13 horas. Rivette también dirigió Céline y Julie van en barco (1973), Duelle (1975), Noroît (1976) o Le Pont du Nord (1980), rodadas en un París misterioso y poético.
Los personajes femeninos son otro hilo conductor de su cine.
 Fiel a algunas de sus actrices fetiche, como Jane Birkin, Sandrine Bonnaire, Emmanuelle Béart o Jeanne Balibar, Rivette rodó con ellas títulos como El amor por tierra (1984), La bella mentirosa (1991), Juana la virgen (1993), Alto bajo frágil (1995), Vete a saber (2001), La duquesa de Langeais (2007) o su última película, 36 vues du Pic Saint-Loup (2009), sobre una tropa de artistas que intenta seguir adelante tras la muerte del propietario del circo para el que trabajaban.