Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 ene 2015

Lo que realmente te quieren decir los anuncios de perfumes

Anuncios de perfumes de ayer y hoy, y el mensaje que esconden.

¿Qué se puede decir objetivamente de un perfume? ¿Que huele muy bien y que tiene una base amaderada o floral con notas de sándalo? 
 Un perfume es la nada, algo efímero e intangible, por eso lo que le rodea -el frasco, el envoltorio, la marca y, por supuesto, la publicidad- son tan importantes, porque tienen que convertir en objeto de deseo un líquido oloroso que se diferencia mínimamente de otros tantos.
La de los perfumes es la más conceptual de las publicidades posibles, capaz de llenar de cualidades externas a un producto totalmente desprovisto de ellas.
 Pero a veces, de puro subliminal y elaborado, la lectura que se extrae de esos anuncios tiene poco que ver con lo previsto por sus creadores.
Analizamos algunos de sus ejemplos más conocidos.
1. DKNY de Donna Karan
Lo que se muestra: Esther Cañadas y Mark Vandeloo se buscan, encuentran y olfatean por las calles de Nueva York.
Lo que quiere decir en realidad: los matrimonios-negocio podrán tener fecha de caducidad, pero las publicidades construidas sobre ellos seguirán vivas y coleando años después del divorcio.

Opium de Yves Saint Laurent
Lo que se muestra: Linda Evangelista, enfurecida tras haber acabado con su último bote de Opium, recorre los tugurios más sórdidos de China dispuesta a pagar lo que sea por hacerse con más reservas de perfume.
Lo que quiere decir en realidad: la heroína es un narcótico de terrible poder adictivo.

Chanel nº 5 de Chanel
Lo que se muestra:
 Una caperucita moderna vestida de satén es capaz de domar a un lobo.
Lo que quiere decir en realidad: Los coros de Danny Elfman hacen que Tim Burton reaccione como un perro de Paulov; en este caso su atención se posó en la protagonista del anuncio, Estella Warren, a la que hizo coprotagonista de su versión de “El planeta de los simios” y con la que formó pareja durante una temporada.
Egoiste de Chanel
Lo que se muestra: En una alucinante escena propia de la versión de Raphael de Doctor Jekyll y Mr Hyde, la sombra de un hombre pelea contra el hombre mismo para hacerse con su perfume.
Lo que quiere decir en realidad:
 El mundo de la alta perfumería también sabe reírse de sí mismo.
J’adore de Dior
Lo que se muestra: Carmen Kass se sumerge en una piscina de oro y emerge convertida en una botella de perfume
Lo que quiere decir en realidad: Los conglomerados de lujo mundial encuentran la inspiración hasta en los lugares más insospechados, como en los cuellos deformados de las mujeres jirafa de Tailandia.
Light Blue de Dolce & Gabbana
Lo que se muestra: Una pareja navega por el Mediterráneo
. Se dan un baño y funden en un apasionado beso antes de que una claqueta y un “corten” nos recuerden que estamos viendo un anuncio.
Lo que quiere decir en realidad: Treinta segundos son suficientes para llenar la pantalla de referencias subliminales a úteros maternos y vaginas.
 O más bien nada subliminales, con planos de la mujer entornando los ojos para contemplar con deseo la entrepierna del hombre.
The one de Dolce & Gabbana
Lo que se muestra: Una pareja del pasado se reencuentra en Nueva York para hablar de lo que les unió y les separó.
Lo que quiere decir en realidad: Se gastó tanto presupuesto en sus estrellas Scarlett Johansson, Matthew McConaughey y Martin Scorsese que alguien olvidó guardar algo para el guión. 
El diálogo “No necesitábamos nada en aquella época” “Lo necesitábamos todo en aquella época” sigue la estela del “Me gustan mis labios… son buenos para besar” de una versión anterior del anuncio.
 Trésor de Lancome
Lo que se muestra: Una pareja corre a encontrarse en un puente parisino.
 Se abrazan. Punto.
Lo que quiere decir en realidad: Kate Winslet logra convertir en una pieza de suprema emoción la más sencilla de las líneas argumentales posibles.

Chanel nº 5 de Chanel
Lo que se muestra: Un hombre evoca el tiempo en el que la estrella más famosa del mundo decidió desaparecer, se encontró casualmente con él y se enamoraron
. Con trágico final, claro.
Lo que quiere decir en realidad: Baz Luhrmann y Nicole Kidman pueden contar prácticamente la misma historia que en Moulin Rouge, pero con dos horas de duración menos.





 

6 ene 2015

Cómo leer más en 2015.................................................................Miqui Otero



La cuesta de enero se suele enfilar con agujetas.
 La resaca del 1 de enero, el no-día por antonomasia, esa jornada en la que mucha gente cena los bordes de la pizza que pidió a domicilio a mediodía, abona la vid para ese sentimiento de culpa en el que florecen los grandes propósitos.
 Durante esta primera semana del año, en definitiva, se firman cheques que no se podrán pagar. Y una de esas promesas, que uno se formula mientras pierde el tiempo revisando con una mezcla de melancolía y vergüenza las fotografías de la fiesta de Nochevieja en las redes sociales, es la de leer más.
En estas listas de propósitos, leer se sitúa (por una extraña razón que quizás anida en la culpa católica) en la misma esfera que, por ejemplo, no beber (en los fines de semana habituales esa promesa dura lo que tarda en desaparecer la resaca física, pero en Año nuevo se trata de una resaca metafísica que no se cura con paracetamol).
 También asoman la cabeza otros propósitos como perder peso, correr una maratón, dejar de fumar o ceder el asiento en el metro a nuestros mayores.
 Es decir, seré bueno porque: a) comeré acelgas hasta marzo, b) tomaré agua con gas hasta en el cumple de mi mejor amigo, c) leeré unas cuantas novelitas.
Es más, la lectura, una actividad que debería ser un placer y no una obligación, se aborda con la retórica del atletismo
. Se hacen listas de géneros que se devorarán y a qué velocidad se engullirán.
 Se dice que se leerá no menos de cincuenta páginas y que se subrayarán las frases favoritas
. De hecho, se propone como táctica para poder hacerlo el empleo de apps donde se informará al mundo de lo que se lee (hoy he leído cincuenta páginas; hoy he corrido tres quilómetros y medio; hoy no he comido carbohidratos).
La lectura, una actividad que debería ser un placer y no una obligación, se aborda con la retórica del atletismo
Para todos aquellos que se toman la lectura como una especie de fitness mental y que ven en ella un modo de aligerar la mala conciencia, el artista y escritor Austin Kleon ha confeccionado una lista de consejos para ceñirse a las promesas lectoras para 2015.
Él, por ejemplo, leyó hasta 70 títulos el año pasado, valiéndose de trucos como el salvapantallas para móvil creado por él mismo: el dibujo de una calavera con la leyenda “mejor lee un libro” (en vez de perder tres horas más huroneando en los Facebooks de vidas ajenas).
Él lo logró gracias a eso y a seguir la “Regla de las 50” de Nancy Pearls, que aprendió cuando trabajaba como librero en Cleveland y que consiste en dar una oportunidad de 50 páginas a las novelas antes de decidir si se siguen leyendo o se regalan (a ese señor del metro que intentaba leer por encima de tu hombro, por ejemplo).
Henchido de autoridad por haber alcanzado esa cifra de siete decenas de libros, estos son sus seis consejos (algunos algo dudosos) para los que se prometen leer más en Añonuevo.
1.- Lanza tu móvil al océano (o ponlo en Modo Avión).
Si esa amiga no contesta al teléfono, probablemente lo lanzó en el Mar Rojo para sumergirse en la travesía de En busca del tiempo perdido de Proust
. No esperes gran cosa de ella en las próximas semanas: son siete partes.
Cuando llegue a El tiempo recobrado, o no te querrá como amigo (la cháchara sobre fútbol o Breaking Bad le parecerá, por así decirlo, una pérdida de tiempo) o necesitará desesperadamente una copa y media farmacia de barrio.
El gesto no carece de épica y parece la típica cosa que le pide el Sensei a un karate kid de la lectura (o el Maestro Yoda a su padawan con gafas: arrójalo a ese mar con la mente).
2.- Lleva un libro encima en todo momento.
Un consejo que parece ser una verdadera navaja suiza: por un lado, el libro como complemento (los pendientes, el sombrero, la gabardina, la pipa, el libro) y por el otro, la contrarreloj (puedes ganar una página si lees en ese semáforo en rojo).
3.- Ten otro libro liso antes de acabar el que estás leyendo. Haz una pila de libros que leerás o cárgalos en el eReader.
¿Verdad que, a lo tonto, comes más en un bufet libre o en una cena de pica-pica que cuando te ponen toda la comida en un plato?
 La idea de tener la mesilla llena de títulos disparará, según Kleon, tu hambre lectora
. Leer es una tarea de Sísifo: nunca acabas de leer. Por muchos manuales de los 100 libros que debes leer antes de mudarte al otro barrio que manejes, en realidad (¡spoiler!) nunca son cien. De hecho, sentimos decir que si te gusta leer cuanto más leas menos pensarás que has leído.
4.- Si no estás disfrutando un libro, o aprendiendo mucho de él, abandónalo inmediatamente.
Kleon aquí se permite una concesión.
Parece una perogrullada, pero hay quien insiste en acabar los libros que no le gustan en un ejercicio autoflagelador propio de un nazareno lector.
 Esos libros que agonizan en la cisterna del retrete marcados con un tramo de papel higiénico varado en el mismo capítulo durante eones.
 Abandonarlos, y estamos ante quizás el consejo más juicioso de Kleon, es lo más parecido a no descartar un plato de comida que sabes que te está sentando mal.
5.- Programa una hora de lectura de no ficción al día (la hora del almuerzo o cualquier rato muerto servirán).
Aquí el perscriptor regresa a la disciplina del profesor de fitness severo.
 Parece decir que aunque estés devorando la novela de tu vida (regalada por el amor de tu vida), deberás detenerte para leer aquel ensayo sobre las Islas Galápagos durante sesenta minutos.
6.- Vete a la cama una hora antes y lee ficción (te ayudará a dormir).
La idea de la novela como Valeriana.
 La lectura para descabezar un sueñecito es antigua y tiene mucho predicamento, aunque a la gente que lee con pasión le parezca más contradictoria que echarse al coleto un termo de un litro de café pasada la medianoche.
 Si te está gustando, es probable que no te duermas hasta las mil.
7.- Publica en algún blog lo que lees y comparte lo que lees en alguna red social (así otros también te recomendarán lecturas).
El autor de esta tabla de ejercicios remata aquí con la visión definitiva de la lectura como ejercicio físico. De los creadores de publica las calorías que has quemado con esa carrerita mañanera llega: demuéstrale al mundo cuántas páginas puedes leer.
 El consejo entronca con la extraña idea de que el placer llega cuando se ha leído (y por tanto cuando se dice que se ha leído) y no cuando se está leyendo.
 Es una visión de la lectura que retrotrae a la imagen del adolescente que disfruta más explicando a sus amigotes con qué chica se ha ido a la cama que yaciendo y dándose arrumacos con ella

No me gusta este regalo: ¿qué hago ahora?..............................................Jaime Rubio Hancock

Cambiarlo, devolverlo, regalarlo a otra persona, revenderlo...

 

Todos hemos desenvuelto algún regalo y nos hemos visto obligados a forzar una sonrisa y dar las gracias mientras pensamos: "¿Esto qué es y por qué me lo da a mí? ¿Se habrá equivocado?".
  No estás solo: una encuesta de Lastminute.com llevada a cabo entre 2.000 británicos mostró que cuatro de cada diez personas se ven obligadas a fingir alegría al recibir algún regalo navideño. Y el 71% de los encuestados por el detallista online japonés Rakuten preveía ya en noviembre que no le iba a gustar alguno de los obsequios.
 ¿Qué se puede hacer ante este hecho que a pesar de ser común provoca incomodidad?
 No te quejes ni te pases tres meses soltando indirectas
. Os damos algunas indicaciones para salir del paso con amabilidad y educación:
1. Cámbialo o devuélvelo. Se puede hacer sin dejar de ser amable y educado, sobre todo si el regalador ha tenido la consideración suficiente como para incluir el ticket en el paquete
. Si no lo tienes, valora la confianza que tienes con él o ella, su sinceridad al asegurarte que “si no te gusta, puedes cambiarlo” y lo cómodo que te sientes soltando mentiras piadosas.
 Por ejemplo y en el caso de la ropa, siempre puedes aducir las típicas excusas referentes a la talla. ¿Un libro? Vaya, justo te lo prestó un amigo hace dos semanas y ya lo has leído. ¿Un reloj? Las correas te dan alergia. ¿Gafas de sol? Las patillas te hacen daño.
Cuidado también con los plazos y las políticas de devoluciones de cada tienda o marca
. Sí, hoy en día casi todo el mundo te va a dejar cambiar ese regalo sólo porque no te gusta, pero si no hay taras o defectos, nadie está obligado, excepto en el caso de las compras online, como explica la OCU.
 Además hay gente previsora que compra con mucha antelación. 
Demasiada.
 Sobre todo por culpa de las ofertas del Black Friday.

2. Regálalo a otra persona. Ya lo sé. Os estáis escandalizando. Alguno incluso se ha puesto en pie, señalando al monitor y gritando: “¡PERO CÓMO TE ATREVES A INSINUAR...! ¡No puedo ni terminar la frase”. 
Pero es relativamente habitual. El 23% de los australianos lo ha hecho alguna vez y en torno al 75% de los estadounidenses considera esta práctica “aceptable”.
Obviamente, da cierta vergüenza y por eso se ha importado a nuestro país sin traducir su nombre: “regifting”, término que debemos a Seinfeld. Así parece otra cosa.
 Pero es exactamente lo mismo.
 Hay que respetar al menos una norma básica: que regalador y regalado no se conozcan ni vayan a cruzar sus caminos jamás en la vida.
 Eso, o arriesgarte a que ambos te retiren la palabra. 
En regiftable.com recomiendan además no "re-regalar" artículos hechos a mano o que lleven tu nombre o iniciales. Ni abiertos, claro. 
Ah, y jamás expliques que es un “re-regalo”.
 Nadie va a ganar nada gracias a esa información.
¿Te parece una solución digna de un tacaño?
 No, es una idea que debe considerar toda persona preocupada por el excesivo consumismo de estas fechas, además de por su economía en esta época de crisis, y eso por no hablar de los costes medioambientales que comporta la producción de los regalos que quedan olvidados y escondidos en armarios y cajones..
 3. Dónalo. Normalmente, se dona ropa usada y no la nueva y sin estrenar, pero puede ser una salida más que digna si no puedes o no quieres cambiar el regalo.
 Además, si te pillan, siempre puedes decir que ya no lo usabas y que ahora está siendo útil.
 Hay ONG y servicios municipales que ofrecen la posibilidad de donar ropa y otros bienes, por ejemplo, en Barcelona.
 También puedes donar libros a bibliotecas.

4. Revéndelo. Es algo que hace el 14% de los encuestados por Rakuten. Cuidado, porque en España también se está llamando “regifting” a esta práctica y hemos de ser sinceros: re-regalar no es lo mismo que revender.
Esta solución se puede aplicar cuando realmente prefieras el dinero y no haya posibilidad de cambiar el artículo por algo que te pueda venir bien.
Es especialmente importante que el regalador no se entere.
Es decir, no lo vendas en Ebay o en Wallapop si quien te lo ha regalado usa Ebay o Wallapop. Porque aquí no hay excusa posible: no puedes excusarte con “me venía grande”, “mi hermana lo quería” o “lo tiene gente a quien le hace más falta que a mí”.
 Lo único que puedes decir es: "Ya sabes, el año que viene, un sobrecito y todos contentos".
Y si vender el regalo a cambio de dinero te da apuro, siempre puedes probar con el trueque, a través de páginas como Bookmooch, especializada en libros, entre otras opciones.
Es decir, no tienes por qué guardar esa chaqueta en el armario para no ponértela jamás o colocar ese jarrón en un estante donde no se vea mucho y al mismo tiempo haya muchas posibilidades de que alguien lo haga caer
. A veces no las tenemos en cuenta porque no queremos ofender a quien nos ha hecho el regalo
. Pero olvidamos que todos nos hemos equivocado con algún obsequio.
Y por mucho cariño que hayamos puesto, también preferimos que esa persona lo cambie o lo aproveche de algún otro modo antes que saber que nuestros esfuerzos sólo han servido para ocupar espacio en un rincón oscuro.
Es decir, quedarte con algo que no te guste puede ser aún más ofensivo que cambiarlo o devolverlo.


5 ene 2015

Gracias a las Mujeres...............

Escribiendo l’artículo de la semana pasada (La lengua resentida) topé con una anécdota explicada por Ignasi Iglesias en&l #8217;acto central de la primera edición de la Fiesta de la Lengua Catalana de 1916.
r Y si no es cierta, es muy encontrada. Hablaba d’un padre que, habiendo abandonado el catalán como lengua habitual, lamentaba la muerte del hijo con un “¡Pobre hijo mío!”  mientras que era l’abuela −es decir la madre del padre− quién profería un catalán ““Pobre fill meu!”!”. Dice la crónica publicada por La Voz de Cataluña el 2 de enero d’aquel año que el comentario levantó l’aplauso de los asistentes.
Dice la crónica publicada por La Voz de Cataluña el 2 de enero d’aquel año que el comentario levantó l’aplauso de los asistentes. 
Esto viene a cuento para defender el papel de las mujeres en el proceso de mantenimiento de la lengua catalana
. El relato sobre la recuperación del catalán al siglo XIX tiene unas líneas maestras más que sabidas y, probablemente, indestructibles. Después de tres siglos de decadencia cultural y literaria, y de más d’un siglo de represión y diglosia, el catalán vivió un proceso de reanudación pilotado por unas élites económicas y culturales que, a través d’un&seguimiento de iniciativas.
 (la restauración de los Juegos Florales, por ejemplo, o l’inicio de la prensa escrita en catalán), relanzó la lengua en ámbitos de plenitud de que no se disfrutaba desdela;edad media.
Y d’este proceso hemos convenido de decir Renaixença, sin sombra de discrepancias. Aun así, a veces s’obvia una frase que ya profirió uno de los protagonistas d’aquel periodo, Valentí Almirante, el 1886:  “Nuestra lengua nunca ha muerto, pues aunque l’hayan olvidada los sabios y la gente de letras, l’ha conservado el pueblo, hablándola siempre”..
Injustamente, las mujeres siempre han sido excluidas de las hipótesis sobre el mantenimiento de la lengua en épocas tan duras. No sé si nunca s’ha probado de hacer una sociolingüística de género 
pero hay tres factores decisivos en este periodo que afectan las mujeres y que inciden directamente en el desarrollo normal de la lengua.
Es seguro que, si las mujeres del siglo XIX hubieran podido elegir, habrían elegido otras condiciones de vida, pero es a ellas y a su resiliencia que debemos de buena parte de la supervivencia de l’idioma.. 
En primer lugar, hay que mencionar los índices de natalidad
 Cataluña experimenta en el siglo XIX un incremento demográfico fuera del normal, hasta el punto de duplicar la población en sólo sesenta años (de 850.000 a 1.700.000 habitantes)  Es este incremento de natalidad el que nutre la demanda de mano d’obra resultante de la revolución industrial, y que hará que Cataluña no necesite importar trabajadores no catalanohablantes hasta final de siglo.Segundo, la crianza de los hijos.
 No hay que decir que este no es un fenómeno ni exclusivamente catalán, ni circunscrito al XIX. Hasta el siglo XX las madres s’han ocupado de los niños casi en solitario, y no es casualidad que el término  llengua materna provenga del adjetivo de la  madre.La Transmisión de la Lengua de una generación a otra pasaba necesariamente por ellas.
 Y tercero, l’analfabetismo femenino.
 En un contexto social en el cual  el conocimiento del castellano dependía directamente del sistema escolar (los medios de comunicación audiovisuales y las grandes inmigraciones tardarían todavía décadas) el nivel de;alfabetización de las mujeres aporta un dato bastante aproximado del conocimiento que tendrían del castellano, y, por lo tanto, de las dificultades   de transmitir a los hijos una lengua que no fuera la catalana. El 1860, el 88,5% de las mujeres no sabían leer ni escribir.
 El 1877, el 80,1%. El 1887, el 73,5%. Y el 1900, el 66,5%.
 . Si convenimos que aquellas que no iban a la escuela difícilmente podían saber castellano, a primeros del siglo XX sólo un tercio de las mujeres estaban capacitadas para transmitir esta lengua a los hijos, y obviamente esto no quiere decir que lo hicieran..

 El pueblo la mantuvo viva “hablándola siempre”, decía Almirante. La lengua catalana no se dejó de hablar porque se mantuvieron intactas las condiciones para la transmisión generacional un factor más determinante para la supervivencia de la lengua que el célebre poema d’Aribau o la restauración de los Juegos Florales. “Pobre hijo mío”, que decía l’abuela..El relato de la recuperación de la lengua, burgués y masculino, está en deuda con un proceso que, probablemente, tuvo mucho de
popular y femenino