Su aparición, el pasado lunes en el velatorio de
Miguel Boyer,
dejó a todo el mundo sin aliento. Impecablemente vestida con traje
pantalón, zapato de fino tacón, pelo recogido en una coleta, gafas de
sol y bolso de firma:
Isabel Preysler se estrenó en la
viudez con un luto sereno, adornado por dos perlas barrocas que lucía
como pendientes.
Fiel a su personaje, dio una lección de cómo afrontar
con elegancia el duro trance de despedir a su tercer marido, después de
casi treinta años de vida en común.
La mujer de negro que esta
semana ha despedido a Miguel Boyer ha logrado atravesar cuatro décadas
en lo más alto de la crónica social, sin perder nunca el gesto y
ganándose día a día un puesto que algunas han pretendido y ninguna ha
conseguido,
Pasan los años y las aspirantes a reinas del corazón han
acabado por dar paso a otras pretendientes sin destronar a la Preysler
quien ha superado bodas, divorcios hasta llegar al funeral que, de
momento, es el último acto de su biografía
. Isabel Preysler nació en
Manila el 18 de febrero de 1951 en una familia bien situada,
considerando que las diferencias sociales en Filipinas hacen que todo el
que no es pobre sea visto como rico
.Una familia de origen español que,
en algún momento, se cruzó con los parientes tagalos que legaron a
Isabel sus finos rasgos filipinos
. Una niña educada en una escuela de
señoritas para acceder a una buena boda, a quien un día hubo que mandar a
España para que no se descarriara.
Segunda de seis hermanos (tres de
los cuales, menores que ella, han fallecido),
Isabel Preysler
dejó Manila para instalarse en Madrid en casa de su tía Tessy Arrastia
que se había fugado con un diplomático español dejando atrás sus
respectivos cónyuges.
La tía Tessy recuperó la honorabilidad en Madrid y
albergó a su sobrina quien empezó a alternar con la alta sociedad
madrileña gracias a su explosiva mezcla de exquisita educación y un
exotismo que se intuía salvaje
. En 1970, Isabel conoció en una fiesta a
Julio Iglesias, el cantante de moda, que fue directo a por ella
. Aquel
verano formalizaron su noviazgo y en Navidad anunciaron su boda que se
celebró el 20 de enero de 1971 en Illescas (Toledo): siete meses más
tarde nacía su primera hija la que llegaría a ser la célebre Chábeli
. En
unas recientes memorias, Alfredo Fraile, mánager de Julio en los
tiempos de su matrimonio con Isabel, aseguraba que, contra la opinión de
muchos, incluida la estricta madre del cantante, Charo de la Cueva,
Isabel no se quedó embarazada para cazar a Julio, ya que le ofreció
tener al niño (que fue niña) y luego decidir si su amor era
suficientemente fuerte para formar una familia
. Fraile, como Julio, cayó
rendido a los encantos de la joven Isabel que, como se ha comprobado
con los años, ya destacaba por su sutil manera de hacer su voluntad sin
perder nunca las formas.
Tres hijos, Chábeli, Julio José y Enrique, no
fueron suficientes para mantener unido el matrimonio e Isabel, cansada
de que Julio se volcara en su carrera y la encerrara en casa, mientras
él iba de concierto en concierto y de admiradora en admiradora, empezó a
hacer vida social en compañía de su vecina Carmen Martínez Bordiu, con
quien compartía edificio en un barrio burgués de Madrid.
Las dos,
jóvenes madres, guapas, famosas y, sobre todo con ganas de marcha, en
seguida encontraron alternativas
. Isabel cambió un cantante mundano por
un aristócrata mientras la nieta de Franco dejaba a su duque por un
anticuario con fama de ser el mejor amante de París.
Como se ha
comprobado con el tiempo, Isabel tiene mejor ojo que Carmen aunque hay
quien piense que en la primera manda la razón y en la segunda, el
corazón, algo loco eso sí.
Desde su divorcio de Julio, Isabel
dispuso del llamado "cheque Chábeli", como lo calificó el propio
cantante, una generosa cantidad con la que Julio pagaba la manutención
de sus hijos y también compensaba su mala conciencia.
Como una
hormiguita y ayudada por la revista ¡Hola! que la contrató para dar la
cara en entrevistas a famosos, incluido su ex Julio, Isabel empezó a
aceptar algunos contratos publicitarios: Ferrero Rocher y Porcelanosa,
que le permitieron incluso ayudar a su segundo marido, Carlos Falcó,
marqués de Griñón y padre de su hija Tamara, en la promoción de su
empresa de vinos y aceites. Isabel, siempre perfecta, tanto que es
difícil pillarla en un renuncio, fue víctima durante años de su propio
estereotipo, el de la mujer oriental, mitad geisha, mitad volcán, que
utilizaba a los hombres para su beneficio personal.
Una vez más, la
realidad superó a la ficción y su fama de encantadora de caballeros
creció a mediados de los ochenta gracias a su idilio clandestino con el
entonces superministro de Economía, Hacienda y Comercio del primer
gobierno de Felipe Gonzále
z. La austeridad y seriedad de Miguel Boyer
frente al glamur y la vacuidad de la fama que personificaba Isabel
Preysler.
En el imaginario popular el poderoso ministro se tornó un
corderito cazado por las artes amatorias de la china, de acuerdo con
crónicas malintencionadas de la época.
Una relación que los enemigos de
Boyer utilizaron para desprestigiarlo, hasta que dimitió como ministro.
Una
vez separados de sus respectivas parejas, Elena Arnedo y Carlos Falcó,
Miguel Boyer e Isabel Preysler se casaron, el 2 de enero de 1988,
tuvieron una hija, Ana, y se convirtieron en un sólido matrimonio en el
que él se plegó al estilo de Isabel en sucesivas exclusivas familiares.
Tras el escándalo por el estreno de la llamada Villa Meona, la mansión
familiar de Puerta de Hierro y sus doce cuartos de baño, la normalidad
se adueñó de la pareja.
Isabel siguió representando un icono de la
elegancia y el saber estar, dando lustre a las baldosas de Porcelanosa y
Boyer se convirtió en asesor de lujo para grandes empresas
. Isabel
instruyó a sus hijas Tamara Falcó y Ana Boyer en el arte de aparentar,
mientras su supermarido se fue apagando tras sufrir un derrame cerebral.
Isabel que se ha construido una vida propia a través de maridos, se
estrena ahora como viuda de, sin dejar de ser ella misma.