Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 may 2014

La apasionante historia de Rose Bertin, la costurera de María Antonieta La reina de Francia convirtió a Rose Bertin en su costurera oficial. Nada era demasiado extravagante ni exquisito para ella. Rita Kohlmaier


María Antonieta
María Antonieta, con 24 años, posando con un suntuoso robe à la française (vestido de gala).
Foto: Cordon Pres

Poco tiempo después de su coronación en 1774, María Antonieta descubrió a una joven modista llamada Rose Bertin, recién llegada a París, a la que contrató como diseñadora personal
. Durante casi dos décadas, y con la colaboración del peluquero Léonard Autié, mademoiselle creó atuendos, día a día más excéntricos, para la joven soberana, a la que siempre movía el deseo expreso de ser la mujer más bella y elegante de Francia.
 Hasta que la Revolución y la precipitada muerte de la reina acabaron con la relación.
La de Marie-Jeanne Bertin –quien cambió su nombre de pila por el delicado Rose– fue una carrera increíble, que la catapultó al universo de la alta costura y la convirtió en una diseñadora imprescindible entre la flor y nata de la sociedad parisina.
 Dicen los expertos que su vida solo es comparable a la de la legendaria Coco Chanel
. Con 16 años, se trasladó a París para formarse en lo que le apasionaba: la moda
. Las lecciones más importantes las adquirió como aprendiza en la boutique Au Trait Galant. Sin embargo, tuvieron que pasar algunos años hasta que, con 29, decidió arriesgarse y abrir su propio taller.

María Antonieta 
 
 
 
 
 
No era más que una tiendecita en la rue Saint-Honoré a la que le dio el nombre algo rimbombante de Au Grand Mogol (en español, el gran mogol).
 En ella ofrecía cofias, casquetes y bonetes, velos de gasa, pañoletas de encaje y batista, guantes bordados, sedas y muselinas… todo lo que podía volver loca a una mujer.
El poder de la reina. La situación cambió de repente con la muerte del anciano rey y la coronación de Luis XVI y María Antonieta, quien ya había oído hablar de Bertin.
 El encuentro entre la soberana, la costurera y los atrevidos gustos de ambas dio lugar a los dispares iconos de estilo que no solo determinarían durante años y en toda Europa la moda del rococó tardío, sino que contribuyeron un tanto a liberar a la mujer de los preceptos del vestir de su tiempo.
 
María Antonieta 
 
 
 
 
 
¿Qué imponía el estilo? El corsé seguía siendo una de las prendas más importantes de la época y un elemento fundamental del lujoso vestido de gala denominado robe à la française.
 Su estructura, un corselete con una base de acero y barbas de ballena, era responsable del popular (e incómodo) talle de avispa femenino. Igualmente molesto pero imprescindible resultaba el tontillo, una pesada estructura que se afianzaba a la cadera y sobre la que caían la falda y las magníficas colas. Sí quedó obsoleto el criarde, un armazón de mimbre y tela encerada que se llevaba bajo las pesadas faldas de brocado. Diamantes, perlas, encajes, borlas, cintas, plumas: nada era entonces demasiado extravagante, ningún material era excesivamente exquisito.
En la corte, los adornos para la cabeza se volvieron cada vez más estrafalarios.
A los peinados altos, cardados con añadidos de pelo natural y crin y engalanados con joyas, plumas y cintas, no tardaron en seguirles los poufs aux sentiments, surrealistas creaciones fieles a la realidad que se colocaban sobre la cabeza de las mujeres
.

La apasionante historia de Rose Bertin, la costurera de María Antonieta

La reina de Francia convirtió a Rose Bertin en su costurera oficial. Nada era demasiado extravagante ni exquisito para ella.

María Antonieta
María Antonieta, con 24 años, posando con un suntuoso robe à la française (vestido de gala).
Foto: Cordon Press
Poco tiempo después de su coronación en 1774, María Antonieta descubrió a una joven modista llamada Rose Bertin, recién llegada a París, a la que contrató como diseñadora personal. Durante casi dos décadas, y con la colaboración del peluquero Léonard Autié, mademoiselle creó atuendos, día a día más excéntricos, para la joven soberana, a la que siempre movía el deseo expreso de ser la mujer más bella y elegante de Francia. Hasta que la Revolución y la precipitada muerte de la reina acabaron con la relación.
La de Marie-Jeanne Bertin –quien cambió su nombre de pila por el delicado Rose– fue una carrera increíble, que la catapultó al universo de la alta costura y la convirtió en una diseñadora imprescindible entre la flor y nata de la sociedad parisina. Dicen los expertos que su vida solo es comparable a la de la legendaria Coco Chanel. Con 16 años, se trasladó a París para formarse en lo que le apasionaba: la moda. Las lecciones más importantes las adquirió como aprendiza en la boutique Au Trait Galant. Sin embargo, tuvieron que pasar algunos años hasta que, con 29, decidió arriesgarse y abrir su propio taller.
María Antonieta
Christian Dior Alta Costura o-i 2006
Foto: Giovanni Gionnani /WWD
No era más que una tiendecita en la rue Saint-Honoré a la que le dio el nombre algo rimbombante de Au Grand Mogol (en español, el gran mogol). En ella ofrecía cofias, casquetes y bonetes, velos de gasa, pañoletas de encaje y batista, guantes bordados, sedas y muselinas… todo lo que podía volver loca a una mujer.
El poder de la reina. La situación cambió de repente con la muerte del anciano rey y la coronación de Luis XVI y María Antonieta, quien ya había oído hablar de Bertin. El encuentro entre la soberana, la costurera y los atrevidos gustos de ambas dio lugar a los dispares iconos de estilo que no solo determinarían durante años y en toda Europa la moda del rococó tardío, sino que contribuyeron un tanto a liberar a la mujer de los preceptos del vestir de su tiempo.
María Antonieta
Peinado coiffure à la Belle-Poule (1778).
Foto: Cordon Press

María Antonieta
Anna Dello Russo asiste al 'Ballo in Maschera' en el Palazzo Pisani Moretta para celebrar la colección Dolce&Gabbana Alta Moda
Foto: Cordon Press
Dos veces a la semana, la modista plebeya Rose Bertin acudía a un exclusivo jour fixe (día de prueba) con la reina… y la corte se reconcomía de celos.
 Así, en el plazo de pocos años, los gastos que se destinaban a vestimenta, joyas y lujos similares se dispararon. María Antonieta se convirtió en una derrochadora y Rose Bertin se hizo de oro.
A todos les escandalizaba que, desde el inicio de su relación, mademoiselle tuviera acceso prácticamente libre a la soberana. Para colmo, la diseñadora mostraba abiertamente que no trabaja para ella, sino con ella
. En los pasillos de Versalles la tildaban de arrogante, despótica e insolente. Pero la envidia y la rivalidad solo aumentaron su reputación.
La puerta de Au Grand Mogol no tardó en colgar el letrero de «Proveedora de la corte».
 Pero lo que sería único por siempre jamás es el halagador honor que le confirió María Antonieta, de manera extraoficial, definiendo a la «divina Bertin» como su ministre des modes (ministra de la moda)
.
María Antonieta 
Un cargo de renombre mundial pues, a pesar de que los precios aumentaron desmesuradamente y sus gustos eran motivo de controversia, comenzaron a lloverle encargos de Rusia, Suecia, Austria, Inglaterra… ¿Que los productores franceses de lino, crepé y gasa solo podían obtener sus tiros de un ancho normalizado? Bertin recurría sin demora a Escocia para pedir medidas distintas, provocando el malestar entre los distribuidores franceses.
 Estos incluso llegaron a escribirle a su soberana con una petición: que mademoiselle volviera a comprar más género nacional.
Y llegó la sencillez. La diseñadora no se dejaba presionar.
Estaba segura de contar con el respaldo real.
 Sobre todo, desde que María Antonieta se retiraba cada vez con mayor frecuencia a su Pequeño Trianón, un palacete privado en Versalles donde llevaba una sencilla vida rural que, por supuesto, requería vestidos nuevos.
 Fue cuando Rose Bertin creó la moda à la Trianon: en lugar de pesados brocados, vaporosa muselina; en vez de ceñidas ballenas y tontillos, cintas flojas y pañoletas; y los peinados pomposos se cambiaron por juveniles bucles y sinuosos sombreros de paja à la Gainsborough.
Todo en delicados tonos pastel, azul celeste, rosa empolvado y cheveu de la reine, un dorado suave que se supone reflejaba el color del cabello de la soberana, reemplazando las oscuras tonalidades del Antiguo Régimen.
En la primavera de 1789, después de adquirir dos palacios en la ciudad, la ambiciosa empresaria dio otro impulso a sus negocios instalando Au Grand Mogol, con su salón de moda ampliado y sus 30 empleados, en la rue de Richelieu.
Poco parecían interesarle a ella los levantamientos en las calles de París, como tampoco despertó su interés la toma de la Bastilla el 14 de julio. Pero los acontecimientos se precipitaron: en octubre, la familia real fue obligada a trasladarse de Versalles a París.
 Los primeros nobles abandonaron el país. Y si en 1789 Rose Bertin se embolsó 46.088 libras, tres años después la cantidad sería tan solo de 17.120 libras. Aun así, incluso cuando la reina fue arrestada tras un intento fallido de huida, esta siguió recibiendo envíos y visitas de la que ya se había convertido en su confidente. Sin embargo, en febrero de 1793, mademoisellehizo los baúles para poner rumbo al exilio. Porque, aunque los revolucionarios no le expropiaron Au Grand Mogol, hacía tiempo que tenían puesta la mira en la millonaria Bertin, quien acabó reuniéndose finalmente con buena parte de su antigua clientela en Londres, donde continuó trabajando de manera más modesta.
Ocho meses después, María Antonieta fue decapitada en París.
 Para su ejecución, la reina del estilo lució un sencillo vestido blanco, una cofia de lino, medias negras y zapatos de seda color ciruela.
 Su modista regresó en 1795 a la patria, donde un sobrino había mantenido a flote los talleres. Pero ella, con 48 años, no terminó de encajar en el nuevo mundo
. En 1813, ya a los 66 años, moría en su mansión.
 En 1814, cuando Luis XVIII (cuñado de María Antonieta) se hizo cargo de la regencia, dicen que la familia real mandó llamar en el acto a la «ministra de la moda» y que, al saber de su fallecimiento, lloró la pérdida de la «divina Bertin».

María AntonietaEste vestido me gusta, me haré uno





 


 
 

“Quiero salir de la deriva que llevaba mi carrera hacia el cine de museos”........................................................ Gregorio Belinchón

Jaime Rosales participa hoy con 'Hermosa juventud' en la sección Una cierta mirada del certamen francés

 

Jaime Rosales, el pasado viernes en el Café Gijón en Madrid. / julián rojas

Jaime Rosales ha adelgazado. En lo físico y, cree él, en lo cinematográfico
. Aún, confiesa, mantiene cierto duelo por el trato recibido por su anterior película, Sueño y silencio. "Fue un punto final de algo, sentí que vivía un cierto ensimismamiento, iba cada vez a algo más personal.
 En esa película volqué mis obsesiones sobre la muerte, la religión, la trascendencia, con mis angustias
. Hermosa juventud ha sido un exorcismo, he cambiado a todo el equipo, me he rodeado de gente joven.
 Y a través de ellos intento conectar con algo que me inquieta, la crisis, en un mundo que me es muy atractivo, el de los jóvenes
. En realidad, para mí es como reiniciarme, como si fuera una primera película... aunque con experiencia acumulada. Mi carrera llevaba una deriva hacia el cine de museos y quería huir de eso. Por ejemplo, el Pompidou me ha pedido proyectar allí el estreno en Francia y he declinado la oferta. No lo veo".
La película ha sido como un exorcismo, he cambiado a todo el equipo”
En Hermosa juventud, que se proyecta hoy en Cannes en la sección
 Una cierta mirada, Rosales (Barcelona, 1970) retrata a los chavales de barrio, a toda la gente a la que la crisis económica ha dejado tirada
. Sus protagonistas, una pareja sin trabajo, que vive cada uno en casa de sus padres, que incluso recurren al porno casero para ganar algo de dinero (de ahí que aparezca  un mito real de ese mundo, Torbe) y que se quedan embarazados
. "Tengo sentimientos encontrados tras trabajar con ellos
. He visto cosas terribles, pero también mucho talento.
 Hay esperanza, energía brutal, aunque en un momento en que las circunstancias son muy muy adversas. Es como vivir en un ecosistema hostil.
 Y habitan un impasse de espera".
 Están agazapados, temerosos, algunas intentan avanzar -como la protagonista, encarnada por una fascinante Ingrid García Jonsson-, otros se quedan sin aliento -como su pareja, con un lucido Carlos Rodríguez, que encarna al típico chaval guapito madrileño de barrio-
. "No creo que sea malo que la mujer coja cada vez más peso, incluso para los hombres.
 Y retrato lo que veo.
 No es una película sobre la crisis, de verdad, es sobre el momento actual
. Hay muchas cosas que ocurren hoy en día. Y la crisis está enormemente presente en nuestro día a día, porque ha azotado a España de forma fuerte".
He visto cosas terribles entre los jóvenes, también talento y energía”
En este tránsito, el cineasta, que habla siempre de forma muy puntillosa, ha añadido nuevo vocabulario (como flipar o guay), también está nervioso con la distribución -la película, tras su paso por Una cierta mirada de Cannes (es la cuarta participación de Rosales en el certamen francés) se estrena comercialmente el 30 de mayo, huyendo del fútbol- y reconoce que ha pedido un crédito al banco para pagar la película (que aún así ha sido muy barata) y dudó hasta el último momento en rodarla:
 "No creo que con más dinero se mejore una película: con menos se agudiza el ingenio.
 ¿Se hace buen cine en Suiza o Alemania, cuyos productores flotan en dinero? Lo que es cierto es que no vale el término medio: ¿quieres hacer una película de autor o para los Oscar y triunfar en la taquilla de los multicines como Bayona?
 Porque entonces tendrás que buscar el presupuesto adecuado a cada impulso
. Yo voy a Cannes porque sé lo que quiero y dónde deseo estar.
No me quejo, y creo que Bayona tampoco.
 Hay parte de la industria del cine español que empezó a crecer sus presupuestos y que ahora se ha quedado sin red".
A Rosales le encanta reconocer que lo mejor de la película es ese 20% que no ha rodado él: se refiere a la secuencia filmada por Torbe y a las que hacen avanzar la trama a través de whatsapp y Facebook. "Sabía que iba a ocurrir. Contacté con él y me encontré con una persona nada parecida a la imagen pública, al que le había gustado mi primera película, Las horas del día.
  Fue todo facilidades y una gran ayuda"
. La secuencia en la que participa, en la que interroga a la pareja antes de filmarlas teniendo sexo, es de las que dejan huella.
"Es la mejor de mi carrera. Yo estuve con los dos actores y con Torbe, y él grabó con su cámara. Tiene una verdad brutal, porque empezamos a prepararla a las ocho de la mañana y la rodamos a las dos de la tarde
. Fue una toma única
. En esos diez minutos la magia prendió y fue perfecto"
. Desde Yo soy la Juani, el cine español no había jugado con tanto acierto con las nuevas tecnologías de comunicación en la pantalla. "No conocía ese lenguaje y supe rápidamente que necesitaba un equipo joven semiautónomo al que yo indicaría el tono, pero que tenía que ir por su cuenta.
 Sí sabíamos que ese lenguaje debía romper con la película"
. El director cree que para su selección para Cannes esas piezas fueron fundamentales. “Están cosas mías, la voz en off, mis planos amplios, pero a veces me dolía cortarme para no hacer más”.
No vale el término medio: ¿quieres hacer un filme de autor o para los Oscar?”
Hermosa juventud contiene, como título, una verdad como un templo y una dolorosa ironía:
 “Me gustaba esa ironía porque además ambos son bellos y están en modo supervivencia”. ¿Superaremos la crisis?
“Yo no quiero hacer cine político, pero retrato una realidad, la de los jóvenes españoles, y por tanto sale un retrato sicológico, social, metafísico y político
. Luego la lectura de cada uno no depende de mí.
 Y sí, también muestro lo que ocurre en Alemania con los inmigrantes españoles, adonde van tan engañados como los subsaharianos en España.
 Y sobreviven también en condiciones muy muy difíciles, en las que hacen cosas que no harías en casa.
 Yo no soy optimista, pero tengo esperanza.
 Ahora bien, saldremos en mucho tiempo, los Gobiernos nos venderán globos de optimismo que estallarán y nos dolerán, y el paro... esa va a ser la gran realidad que no podrán esconder”.

 

Como antes de la Revolución Francesa................................................................................... Javier Marías

Según la OCDE, quienes constituyen el 1% más rico en España acumulan el 8% de la totalidad de las rentas.
 Si aquí hay unos 45 millones de habitantes, eso significa que unos 450.000 individuos se reparten el 8% de los beneficios globales
. Pero no se apuren: la cosa es mucho más llamativa en otros lugares, sobre todo en los Estados Unidos, donde ese 1% acapara hasta el 20% del total.
 En 1981 “sólo” poseía en torno al 8% de la riqueza, así que ya ven lo bien que le han ido los negocios en los últimos treinta años (o las especulaciones, o quién sabe si la progresiva explotación de sus empleados).
 Por su parte, en el Reino Unido el famoso 1% ha pasado de atesorar el 6,7% a casi el 13% en el mismo periodo, y algo parecido sucede en el Canadá y en Alemania.
 Respecto al crecimiento, la OCDE alerta: desde 1975, el 47% del total fue para ese 1% en los Estados Unidos; el 37% en el Canadá; en Australia y el Reino Unido el 20%
. En España, “sólo” el 10% del crecimiento fue para el dichoso 1%, mientras que, si ampliamos al 10% más acaudalado, éste se llevó el 20%.
 Con la crisis, avisa la OCDE, el nuestro es uno de los países en que la desigualdad más ha aumentado.
Ante semejante situación, uno diría que lo que les tocaría a los más ricos del mundo sería: a) no llamar mucho la atención, y menos aún alardear de su exuberancia; b) hacerse “perdonar” sus fortunas, sobre todo los que no las hayan obtenido limpiamente y sin perjudicar a nadie (también los hay así, desde luego: basten como ejemplo los deportistas, que no son culpables de que millones de personas estén dispuestas a verlos evolucionar en una cancha o en un estadio; es más, su virtuosismo trae beneficios a muchos otros individuos); c) no quejarse de los impuestos que han de pagar (muy pocos, proporcionalmente, en la mayoría de los países); d) no mostrarse nunca despreciativos hacia los menos favorecidos, sino, por el contrario, respetuosos al máximo; e) no pedir “más” de nada, en concreto aplausos.
Quienes lean las columnas del Premio Nobel de Economía Paul Krugman estarán al tanto de que los millonarios estadounidenses (con excepciones) suelen hacer exactamente lo puesto. 
No sólo quieren ganar más, y pagar menos impuestos; no sólo se quejan de los enormes gastos que conlleva el tren de vida al que se han obligado a sí mismos, sino que además exigen admiración, gratitud y afecto del resto de la población, y no toleran una crítica.
 Se consideran “benefactores”, “creadores de empleo”, “impulsores de la economía”, y por tanto dignos de toda alabanza
. (Puede ser, pero callan que se benefician e impulsan principalmente a sí mismos.) 
Y da la impresión de que no les basta con incrementar las ganancias, sino que necesitan que otros no las obtengan, para así poder lucir más ellos
. Esto último es novedoso, al menos desde que yo tengo memoria.
 Debió de ser así antes de la Revolución Francesa, tras la cual empezó a procurarse no subrayar las diferencias y que el grueso de los habitantes fueran mejorando sus condiciones.
 Los ricos siempre quisieron serlo más, pero no precisaron que el resto fuera muy pobre, ni desde luego aspiraron a ser venerados por éste.
Hace pocos años, unas declaraciones como las recientes de la Presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol, habrían sido inimaginables.
 Ojo, lo inimaginable no es que sujetos como ella pensaran así, o incluso lo dijeran en sus cenas, en privado y entre pares; lo inconcebible habría sido que alguien privilegiado hablara en público de cualesquiera otros en tono tan despectivo e insultante, y protestara por tener que abonar el salario mínimo (bajísimo en España) a quienes “no valen pa nada”.
 Oriol, recuerdan, puso a caldo a los jóvenes que abandonaron sus estudios para trabajar en la construcción durante la burbuja inmobiliaria, porque al ganar “1.000, 1.500 euros al mes” (para tales matados, según ella, una fortuna), los viernes y sábados se creían “los reyes del mambo” y ligaban mucho.
 Oriol omitió que sus colegas y representados, los empresarios, eran quienes tentaban y convencían a esos jóvenes, quienes los inducían a dejar los estudios
. Y olvidó, asimismo, que algunos de éstos se verían forzados a traer un sueldo a su hogar si todos los miembros de su familia estaban en paro, por ejemplo
. Pero aunque todos esos “inútiles” hubieran interrumpido su educación para bailotear en las pistas con sus dinerales (¡1.000, 1.500 euros!) …
 Cierto que nadie les puso una pistola en la sien para que aceptaran, como tampoco al resto de la población para que solicitara créditos a los bancos para cualquier chorrada (una comunión o un viaje al Caribe).
 Pero todos sabemos que tanto los empresarios de la construcción como los banqueros instigaron y persuadieron (a menudo mintiendo) a los chicos a convertirse en paletas y a la gente a entramparse. Ahora la culpa es sólo de los ignorantes incautos; de los tentados y nunca de los tentadores; de los corrompidos y no de los corruptores; de los pardillos y no de los pícaros.
 Ya digo: hace pocos años unas declaraciones así no habrían sido posibles, por la sencilla razón de que Mónica de Oriol y sus equivalentes habrían temido por sus puestos y por su imagen
. Y, que yo sepa, esa señora no ha sido destituida ni ninguno de sus iguales le ha retirado el saludo. Eso es lo más preocupante: que la chulería y el desdén de los ricos no les pase factura.
 (Ojo, es lo más preocupante para ellos mismos, y no se dan cuenta.)
 Más o menos como antes de la Revolución Francesa.
elpaissemanal@elpais.es

Princesa al estilo Letizia

Princesa al estilo Letizia

MÁBEL GALAZ
La princesa se dirige a un concierto en 2013 en Madrid. / Europa Press
La periodista de Televisión Española de la que se enamoró Felipe de Borbón y Grecia cumple el próximo jueves 10 años como Princesa de Asturias.
 Una década en la que Letizia Ortiz Rocasolano ha intentado amoldarse a su papel introduciendo algunas modificaciones al protocolo no escrito de la familia real española que tienen que ver con acotar lo que ella considera vida pública y vida privada.
 Una ecuación difícil de resolver cuando se desempeña un papel institucional.
Letizia siempre ha tenido en mente un estilo propio de princesa, pero sin perder de vista el mundo que la rodea.
 El pasado verano se produjo un momento de inflexión para ella.
 Los medios de comunicación informaron de su presencia en el FIB, el festival de música de Benicàssim, que acogió a unos 35.000 fibers
. Asistió al concierto de The Killers, un grupo indie de Las Vegas
. Vestida con unos pantalones cortos azules y acompañada de dos amigas se mezcló entre el público. La imagen abrió el debate sobre la conveniencia de que asistiera a este tipo de citas.
 Para alimentar más la polémica, poco después aparecieron unas fotos en las que se la veía comiendo pipas en una calle de Madrid mientras charlaba con un escolta.
 Ese intento de llevar una vida normal es el mayor obstáculo con el que se ha encontrado Letizia en su papel de princesa, y el que más críticas ha provocado.
“Todos los miembros de la familia real reciben a diario las informaciones que se publican de ellos, tanto en medios escritos, como en soportes digitales o en redes sociales.
 Están al tanto de todo”, informan desde La Zarzuela
. Letizia vio el revuelo que provocaba esa vida lejos palacio y, aconsejada por miembros de la Casa del Rey, decidió prescindir de esas salidas.
 La Princesa, eso sí, sigue escapándose al cine con su esposo siempre que puede
. También se ve a la pareja cenando en locales de moda o paseando por el Madrid de los Austrias que tanto les gusta y fue escenario de su boda.
La nuera de los Reyes de España no concede entrevistas pero sí se deja oír en los corrillos de los actos oficiales a los que acude
. En ellos se le ha escuchado defender su derecho a tener vida privada, asegurar que las vacaciones no consisten en estar en el Palacio de Marivent de Palma de Mallorca expuesta a la atención informativa, y reclamar que el papel mediático de sus hijas sea lo más reducido posible, teniendo en cuenta lo pequeñas que todavía son.
 Muchas de estas reivindicaciones cuentan con la complicidad del príncipe Felipe, sobre todo las que tienen que ver con las infantas Leonor y Sofía. “Ya tendrán tiempo de todo eso”, suele argumentar cuando oye comentarios de lo poco que se las ve en público.
Hace un par de semanas y sin grandes anuncios, hubo una excepción en la discreción en que discurre la vida de las niñas.
Leonor y Sofía acudieron con sus padres a la Academia de San Javier, donde el Príncipe se reunió con sus compañeros de promoción
. Las infantas ocuparon un lugar en la tribuna de honor y siguieron el protocolo del acto al detalle
. No fue casual, informan fuentes de Palacio. Leonor, que ya ha cumplido 8 años, tendrá de ahora en adelante una cierta presencia oficial propia de la heredera del heredero.
Letizia, que cumplirá 42 años el 15 de septiembre, dedica mucho de su tiempo a la educación de sus hijas aunque cuenta para ello con la ayuda de una niñera británica.
 “Nunca he visto unas niñas tan bien educadas”, explican en el círculo de los príncipes.
 Leonor sabe que su abuelo es el Rey y hace tiempo le preguntó a su madre en qué trabajaba.
 La princesa le respondió:
“Por España, hija, para tratar de mejorar el país”.
 Su agenda propia, que se puso en marcha en 2007, está especialmente dedicada a temas que tienen que ver con la infancia y la juventud.
 También destina mucho tiempo a la Federación Española de Enfermedades Raras. Y en asuntos relativos a la nutrición.
Como periodista, Letizia Ortiz tenía fama de meticulosa y exigente
. Esas cualidades las mantiene como princesa
. El protocolo de los actos oficiales a los que asiste es muy diferente del de la Reina. Doña Sofía siempre intenta saludar a todo el mundo
. Doña Letizia prefiere reuniones de trabajo. “Lo pregunta todo. No le vale cualquier respuesta, quiere estar perfectamente informada”, explican sus colaboradores
. Como el resto de la familia real, tiene una gran memoria para recordar a la gente.
 Suele dar su opinión sin reservas y a veces contradice al Príncipe
. Lo hizo ya el primer día cuando se anunció su compromiso.
Le mandó callar para poder terminar una largar frase que se había aprendido de memoria para agradecer a la Reina su apoyo y ponerla como ejemplo
. Diez años después suegra y nuera mantienen una cordial relación, pero cada una tiene su estilo.
La opinión de la princesa se ha escuchado también en los salones de Palacio en lo que se refiere a los problemas legales de su cuñado Iñaki Urdangarin.
 Fue la primera en poner un cortafuegos frente a los duques de Palma
. Es un secreto a voces que el contacto con sus cuñados es inexistente desde hace mucho tiempo pese a los intentos de mediación de la Reina
. Su relación con el Rey es un enigma.
La relación de pareja de los Príncipes de Asturias es “sólida”, en opinión de su círculo más cercano. “Tienen broncas, como todo el mundo, pero nada más.
 Letizia tiene mucha personalidad, como dejó claro el día del compromiso
. Quiere tener voz propia. Pero se llevan muy bien”
.Ella es su más fiel aliada en su trabajo diario, el que está encaminado a convertirlos en los Reyes del siglo XXI.
Para empezar, se espera una necesaria puesta al día de toda la maquinaria de la Corona, en la que hoy abundan los militares, los guardias civiles y los policías; con unas abultadas plantillas de escoltas y profesionales del protocolo y que carece, por ejemplo, de una unidad de análisis y estrategia.
 En la Zarzuela todos trabajan sin guion.
Algunos miembros de la Casa contemplan en un plazo no muy lejano el momento en que el Rey pase el relevo a su hijo
. Un observador pone el foco en 2015, el año en que Urdangarin será juzgado, en que Leonor cumplirá 10 años y 40 el Rey al frente de la Corona.
Para visualizar cómo será el estilo de Felipe y Letizia, nada mejor que echar un vistazo al viaje que hicieron a Estados Unidos en noviembre de 2013
. Fue la escena que mejor representó la madurez de la pareja como Príncipes y como personas
. En Miami, en la capital del poder latino en el mundo, atractivos, cercanos y con un inglés perfecto, fueron aclamados durante minutos por el auditorio del Teatro Olympia.
 Don Felipe, exultante, lanzó un vibrante “Buenas noches, Miami”. Ella sonrió cómplice.
 Ese será su estilo.