Volando Mariposas: Para no olvidar.: Mariposa
Mariposa
Quisiera hacer un verso que tuviera ritmo de Primavera; que fuera como una fina mariposa rara, como una mariposa que volara sobre tu vida, y cándida y ligera revolara sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera y al fin su vuelo absurdo reposara -tal como en una roca azul de la pradera- sobre la linda rosa de tu cara... Quisiera hacer un verso que tuviera toda la fragancia de la Primavera y que cual una mariposa rara revolara sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara. Nicolás Guillén
5 may 2014
Danzad, danzad, benditos .......................................................... Albert Sangrà
Acabo de llegar de Huesca,
donde estos días se ha celebrado la fase final de un concurso estatal
de danza, en el que se han reunido chicas y chicos llegados desde
diversos lugares de la península y de las islas.
La danza es un arte, la expresión de
unos sentimientos a través del movimiento. La danza te alegra, te
entristece, te anima, te sobrecoge. El artista juega con el espacio, con
el ritmo, con el sonido para convertirte en un espectador activo, un
espectador que siente. Es probable que cualquier expresión artística
persiga, y consiga, cosas parecidas. La danza lo hace con el cuerpo y
sin utilizar la voz.
Hay quien baila simplemente porque le
gusta, porque disfruta haciéndolo y así se siente recompensado y feliz.
Hay quien pasa a un estadio superior y la convierte en su profesión, ya
sea como bailarín o bailarina, ya sea como docente dedicado a hacer
crecer a otros el amor a la danza mediante el dominio de la técnica. La
danza es, en cualquier caso, un placer para los sentidos, la antítesis
de lo que Sydney Pollack planteaba en la película “Danzad, danzad, malditos” (cuyo título original era “They shoot horses, don’t they?”), donde se convertía en una pesadilla. Bailar nunca debe ser un sufrimiento, y no lo es para los que aman la danza.
¿Y qué tiene que ver la danza con la
educación en línea? Seguramente, no mucho. O, al menos, probablemente,
muchos no entiendan necesario relacionarlas. Puede que tengan razón. Sin
embargo, yo que estoy ligado afectivamente con la danza, aunque mis
capacidades en ese campo sean algo más que limitadas, creo que –como en
casi todos los campos- el desarrollo de Internet y de la educación en
línea puede contribuir positivamente a la mejora del aprendizaje de la
danza.
Por un lado, es evidente que resulta un complemento excelente en aquellos programas
donde debe aprenderse una parte del contenido que no trata del
desempeño práctico de la danza. Así la historia de la danza, las
tendencias y sus máximos exponentes pueden ser estudiados y aprendidos
no solo a partir de textos, sino también con recursos audiovisuales que
permiten a los estudiantes adquirir conocimientos mucho más consistentes
en un menor tiempo y más agradablemente.
Por otro, puede ser de una ayuda inestimable disponer de grabaciones que nos indican exactamente cómo deben ser los movimientos
que es necesario ejecutar y cuáles son los puntos de mayor dificultad
en el momento de aprender y dominar una determinada técnica.
Complementar el estudio de la danza con
la educación en línea y sus recursos no presupone, en ningún caso,
reducir la participación del profesorado. Ni tampoco este post aboga por
enseñar solo en línea. Sin embargo, sí que, a pesar de muchas instituciones
ya han adoptado las metodologías y los recursos de la educación en
línea para mejorar el aprendizaje de la danza, otras aún no han iniciado
este camino y se lo podrían plantear.
De hecho, distintas universidades y
escuelas superiores de danza ya han incorporado la educación en línea en
sus programas, como la University of Washington, o la Rutgers University.
Fuente: http://plataformac.com
El mundo digital es una puerta abierta a
las oportunidades para la mayoría de profesiones y para la enseñanza de
la mayoría de ellas. Las posibilidades que se han abierto para los
bailarines de disponer de “books” en línea, de fácil acceso, y multimedia: en realidad son los “e-portfolios” de los que hablaba Lourdes Guàrdia en este mismo blog hace unas cuantas semanas.
Nunca sabremos si Nijinsky o Nureyev
habrían valorado el uso de la educación en línea en su formación, o si
lo hubieran hecho grandes bailarines aún vivos, pero a los que el
desarrollo de la tecnología en la educación les alcanzó ya con su
carrera hecha. Pero estamos a tiempo de aprovecharla para los futuros
bailarines y bailarinas que esperan su turno en el escenario mundial.
Poner el libro a conversar......................................................Juan Cruz
'Stand' de la editorial Siglo XXI en la feria de Buenos Aires. / d. fernández (efe)
Gabriela Adamo es tan joven, tan suave, parece tan frágil, que los guardias de seguridad que controlan la Feria del Libro de Buenos Aires,
que ella dirige, la detienen a la entrada, le piden que se identifique y
finalmente la dejan pasar como si fuera una turista despistada que
llegara a la ciudad atraída por el Obelisco.
Ella lleva tres años al frente de este certamen veterano (ahora cumple cuarenta años la feria), pero detrás tiene veinte años de lidia con el sector de los libros: fue jefa de prensa y editora en Sudamericana y en Paidós, hasta que en febrero de 2011 le dijeron que se pusiera en este puesto.
Lo hizo con decisión y practicó la ley de la suavidad dentro de la mano firme: este año ha conseguido traer acá a dos grandes de la literatura mundial, J.M. Coetzee y Paul Auster, a dos grandes de las literaturas hispanas, Almudena Grandes y Arturo Pérez-Reverte, y secundó con entusiasmo y pasión (la pasión de una mujer tranquila) la iniciativa del Gobierno de Sao Paulo (invitado especial a la feria) de traer acá a los protagonistas poéticos de los saraos.
Los saraos son otra historia: gente de la periferia paulista, jóvenes y veteranos, que se reúnen para cantar poesía, con alegría y entusiasmo, pero también con protesta y paradoja; nacieron (y así continúan siendo) para expresar, a través de la poesía, la música y la danza, su protesta por la situación en que viven los alrededores pobres de una de las ciudades más importantes de América; con el vigor de Vinicius de Morais y con el arrojo de los que bailan samba gritando, trajeron a Buenos Aires estos saraos (reuniones vespertinas en tabernas o en plazas) desafiando la ley de la gravedad de las ferias.
Mientras presentaban el otro día uno de estos saraos y uno de los poetas-músicos-danzarines expresaba sus versos, entre rap y rapsodia de Pablo Neruda, el jefe de Seguridad de la Feria se acercó a los responsables: “O bajan el volumen o los multo”
. Este cronista lo escuchó.
Antes, Gabriela Adamo nos había conducido, gentil y entusiasta, hasta el ámbito mismo de la música (que el encargado de la seguridad creyó que eran solo decibelios) y nos aconsejó que escucháramos, “ahí está una expresión popular con mucho que decir en Brasil y en cualquier parte”
. Ella ha querido esto de la feria, precisamente: que este lugar que en un tiempo fue sitio para exponer ganado se abra a la conversación permanente a partir de los libros.
Su modelo es una frase que el mexicano Gabriel Zaid expresó en un ensayo: hay que poner el libro en la conversación de la gente. “Los libros”, dice Gabriela Adamo, “tratan de uno y sacan lo mejor de vos…
Y aquí lo que queremos conseguir son miles de conversaciones, no una gran conversación”.
Ella aprende de todo, y de todo quiere tener en esta feria, la más larga del mundo, pues dura veintiún días. “Nos inspiran muchas cosas.
Nos inspira el Hay, nos inspira la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, nos inspiran las librerías festivas…
Hay tantos modelos, nosotros no nos cerramos a ninguno”
. Aunque ella, veterana editora, con lo que sueña siempre es con Francfort, la feria de Francfort, “pero eso es otra cosa, acá no la podemos hacer”.
Esa feria alemana es la reunión de los agentes literarios y de los derechos, ya se sabe, y aunque aquí ha tenido al mítico Andrew Wylie por ese renglón de la vida de los libros todavía no entra la Feria de Buenos Aires.
Prefiere otros ruidos más tranquilos, como los de los poetas de los saraos.
A ella le asiste otra virtud, como directora de una feria: le apasionan los libros, claro.
Y cree, además, que “los libros tal como los conocemos seguirán por mucho tiempo; sí, por supuesto que está muy lejos el tiempo en que pueda vislumbrarse el entierro de los libros de papel. Escucho esa predicción desde que empecé en esto.
Van a convivir los soportes, de eso ya no cabe duda”.
Y la feria, dice ella, tiene tanto porvenir como el libro, “porque se construye entre todos: editores, imprentas, librerías, prensa, autores, público…
Ya ves la calidad de los stands, con que profesionalidad, y con qué alegría están montados, son la expresión de una industria que confía en lo que vende.
Eso se contagia”. Es, por otra parte, la expresión misma de Buenos Aires, “donde todos los días sus hermosas librerías presentan libros y se llenan de lectores”.
A ella la han emocionado estos días las palabras de Quino, el padre de Mafalda, la cría que ahora tiene cuarenta años y que sigue hablando de todos nosotros aunque haya pasado tanto siempre sin que el maestro la dibuje… Quino dijo ahí: “La vejez es una mierda”.
Y la apasionó escuchar a Auster y a Coetzee leyéndose cartas.
De los libros de la feria me aconseja uno, entre otros, Subrayados, de María Moreno, “textos muy breves sobre libros que le gustaron a la autora”.
Es un exponente, dice, de algo que ella misma busca en los libros: “la emoción de encontrar conversación”.
Por cierto, como es tan joven, y parece tan frágil, cuando quiso entrar a ese famoso encuentro entre el expansivo Auster y el restringido Coetzee, el encargado de controlar la puerta tras la que ya había ochocientas personas le preguntó a Gabriela Adamo: “¿Y su entrada?”
Ella lleva tres años al frente de este certamen veterano (ahora cumple cuarenta años la feria), pero detrás tiene veinte años de lidia con el sector de los libros: fue jefa de prensa y editora en Sudamericana y en Paidós, hasta que en febrero de 2011 le dijeron que se pusiera en este puesto.
Lo hizo con decisión y practicó la ley de la suavidad dentro de la mano firme: este año ha conseguido traer acá a dos grandes de la literatura mundial, J.M. Coetzee y Paul Auster, a dos grandes de las literaturas hispanas, Almudena Grandes y Arturo Pérez-Reverte, y secundó con entusiasmo y pasión (la pasión de una mujer tranquila) la iniciativa del Gobierno de Sao Paulo (invitado especial a la feria) de traer acá a los protagonistas poéticos de los saraos.
Los saraos son otra historia: gente de la periferia paulista, jóvenes y veteranos, que se reúnen para cantar poesía, con alegría y entusiasmo, pero también con protesta y paradoja; nacieron (y así continúan siendo) para expresar, a través de la poesía, la música y la danza, su protesta por la situación en que viven los alrededores pobres de una de las ciudades más importantes de América; con el vigor de Vinicius de Morais y con el arrojo de los que bailan samba gritando, trajeron a Buenos Aires estos saraos (reuniones vespertinas en tabernas o en plazas) desafiando la ley de la gravedad de las ferias.
Mientras presentaban el otro día uno de estos saraos y uno de los poetas-músicos-danzarines expresaba sus versos, entre rap y rapsodia de Pablo Neruda, el jefe de Seguridad de la Feria se acercó a los responsables: “O bajan el volumen o los multo”
. Este cronista lo escuchó.
Antes, Gabriela Adamo nos había conducido, gentil y entusiasta, hasta el ámbito mismo de la música (que el encargado de la seguridad creyó que eran solo decibelios) y nos aconsejó que escucháramos, “ahí está una expresión popular con mucho que decir en Brasil y en cualquier parte”
. Ella ha querido esto de la feria, precisamente: que este lugar que en un tiempo fue sitio para exponer ganado se abra a la conversación permanente a partir de los libros.
Su modelo es una frase que el mexicano Gabriel Zaid expresó en un ensayo: hay que poner el libro en la conversación de la gente. “Los libros”, dice Gabriela Adamo, “tratan de uno y sacan lo mejor de vos…
Y aquí lo que queremos conseguir son miles de conversaciones, no una gran conversación”.
Ella aprende de todo, y de todo quiere tener en esta feria, la más larga del mundo, pues dura veintiún días. “Nos inspiran muchas cosas.
Nos inspira el Hay, nos inspira la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, nos inspiran las librerías festivas…
Hay tantos modelos, nosotros no nos cerramos a ninguno”
. Aunque ella, veterana editora, con lo que sueña siempre es con Francfort, la feria de Francfort, “pero eso es otra cosa, acá no la podemos hacer”.
Esa feria alemana es la reunión de los agentes literarios y de los derechos, ya se sabe, y aunque aquí ha tenido al mítico Andrew Wylie por ese renglón de la vida de los libros todavía no entra la Feria de Buenos Aires.
Prefiere otros ruidos más tranquilos, como los de los poetas de los saraos.
A ella le asiste otra virtud, como directora de una feria: le apasionan los libros, claro.
Y cree, además, que “los libros tal como los conocemos seguirán por mucho tiempo; sí, por supuesto que está muy lejos el tiempo en que pueda vislumbrarse el entierro de los libros de papel. Escucho esa predicción desde que empecé en esto.
Van a convivir los soportes, de eso ya no cabe duda”.
Y la feria, dice ella, tiene tanto porvenir como el libro, “porque se construye entre todos: editores, imprentas, librerías, prensa, autores, público…
Ya ves la calidad de los stands, con que profesionalidad, y con qué alegría están montados, son la expresión de una industria que confía en lo que vende.
Eso se contagia”. Es, por otra parte, la expresión misma de Buenos Aires, “donde todos los días sus hermosas librerías presentan libros y se llenan de lectores”.
A ella la han emocionado estos días las palabras de Quino, el padre de Mafalda, la cría que ahora tiene cuarenta años y que sigue hablando de todos nosotros aunque haya pasado tanto siempre sin que el maestro la dibuje… Quino dijo ahí: “La vejez es una mierda”.
Y la apasionó escuchar a Auster y a Coetzee leyéndose cartas.
De los libros de la feria me aconseja uno, entre otros, Subrayados, de María Moreno, “textos muy breves sobre libros que le gustaron a la autora”.
Es un exponente, dice, de algo que ella misma busca en los libros: “la emoción de encontrar conversación”.
Por cierto, como es tan joven, y parece tan frágil, cuando quiso entrar a ese famoso encuentro entre el expansivo Auster y el restringido Coetzee, el encargado de controlar la puerta tras la que ya había ochocientas personas le preguntó a Gabriela Adamo: “¿Y su entrada?”
Ser creíble para que confíen en ti..........................................................Patricia Ramírez
¿Se ha planteado alguna vez si los demás se fían de usted?
Las personas que trasmiten seguridad y confianza tienen más cerca el éxito personal y profesional.
En los tiempos que corren, ser creíble es un tesoro.
La pérdida de valores, la ambición negativa y el poder nos han llevado a que perdamos la fe en algo tan importante como la confianza en las personas.
Y es que la credibilidad no se regala, se gana.
Las personas creíbles consiguen conquistar el respeto de los demás
. Significa que la gente puede confiar en usted, y que lo que dice, es lo que usted es.
Se relaciona directamente con ideas tan importantes como la honestidad, la prudencia, el compromiso y el conocimiento. ¿De qué personas suele desconfiar? ¿Quiénes son los que le generan rechazo cuando les escucha?
Normalmente aquellos que una vez le fallaron, los charlatanes, los que no respetan los puntos de vista de los demás, quienes critican a los que no están presentes, los que hablan sin saber y los que faltan a su palabra y a sus compromisos.
Encandilar a alguien con frases bonitas es fácil.
Hay personas muy educadas, corteses, que se expresan con corrección, que se manejan en público como pez en el agua y que su carisma les hace ser muy atractivas
. Pero si se rasca un poco carecen de palabra.
En el momento en el que se sienta traicionado, le costará mucho volver a confiar en esa persona.
Y lo peor es que la experiencia puede llevarle a desconfiar de quien no lo merece.
¿Alguna vez se ha planteado si los demás confían en usted?
Hay personas que transmiten seguridad y confianza. Y estos valores se relacionan con el éxito personal y profesional.
La credibilidad se da en cualquier campo.
Nos gustan los médicos que nos transmiten que nos van a ayudar; los fontaneros que cuando ven la avería en casa nos dicen que no nos preocupemos de nada y que lo van a arreglar, o el amigo que te da un argumento distinto al tuyo y te convence y deja tranquilo.
Con ellos nos sentimos en buenas manos.
Credibilidad, hablar en público, habilidades sociales y carisma van de la mano.
Y se pueden entrenar.
‘La importancia de llamarse Ernesto’
Óscar Wilde
‘Tus gestos te delatan’
Fran Carrillo (Editorial Espasa)
EMISIÓN RADIOFÓNICA
‘La guerra de los mundos’
Orson Wells
Consiguió crear el pánico en las calles de Nueva
York y Nueva Jersey.
Los oyentes creyeron que se
trataba de una historia real sobre extraterrestres.
Para empezar a trabajar su credibilidad, empiece por modificar sus
valores
. Si solo se dedica a disfrazarse de carisma y buena comunicación y no contempla la honestidad, su fachada no sostendrá la imagen de persona fidedigna eternamente
. Necesita ser puro por dentro para ser creíble por fuera.
Tenga palabra.
Significa cumplir con lo dicho.
Es un privilegio contar con personas que respetan el compromiso de lo que dicen.
Sea honesto. ¿Le han dado mal el cambio, le han devuelto de más? Devuélvalo.
¿Se ha encontrado una cartera que no es suya? Entréguela con todo lo que contenía dentro.
Ser un listo ha terminado convirtiéndose en un valor. Se trata de ganarle al otro a sabiendas que es injusto.
Sea una persona de bien, con buenas intenciones. Nadie se quiere relacionar con personas con dobleces.
Asuma sus errores.
Las personas de éxito se equivocan.
Para ellos el error es una forma de aprendizaje, lo reconocen, piden disculpas y reparan el daño.
Y lo vuelven a intentar.
No existen las personas perfectas, por lo tanto, la perfección no es creíble.
Compórtese de forma justa.
Reconozca el mérito y el trabajo de cada uno, valore el esfuerzo por encima de los resultados.
Las emociones también juegan un papel en la imagen que transmitimos a los demás respecto a la credibilidad. El equilibrio emocional es fundamental.
No nos da seguridad una persona que se deja llevar por arranques de ira, que se muestra agresivo y que trata de tener poder por la vía autoritaria
. Las personas creíbles no necesitan tirar de fuerza, volumen alto o expresiones amenazantes.
La capacidad para motivar y generar emociones positivas es otro punto fuerte.
Nos atraen más las personas que buscan y aportan soluciones que las que se recrean en la pena, el victimismo y en rumiar los problemas.
Las personas que se muestran seguras, que conocen sus fortalezas y que las utilizan para solventar soluciones, nos parecen fiables.
Confianza y humildad es el binomio perfecto.
Comuníquese de forma fácil y correcta.
Expresarse con un vocabulario amplio, sencillo y con frases ordenadas, facilita el entendimiento. Y cuando el oyente se queda con la sensación de haber comprendido el mensaje, le otorga credibilidad. Si utiliza un vocabulario técnico y poco comprensible para el público que le escucha, la gente desconectará y saldrá de la reunión sin haber entendido nada.
Ordene su mensaje.
Los procesos de recepción de la información, entendimiento y asimilación también dependen de saber llevar un hilo conductor que esté organizado.
El conocimiento es clave
. Necesita saber de lo que habla, documentarse, tener argumentos, manejar los tiempos, coger experiencia, tener cultura, incluso recitar.
Sí, recitar. A las personas con memoria, las que son capaces de hablar sin papeles delante, que dan datos históricos y frases célebres, que citan a autores y hechos relevantes, les damos confianza.
Se asocia memoria con sabiduría, y nos fiamos de las personas sabias.
Por el contrario, la charlatanería, los cabezotas que se empecinan en una idea sin modo de argumentarla, nos parecen personas sin recursos.
Y qué decir del cotilleo y rumorología, hace que perdamos la confianza en las personas que lo practican.
Los chismosos son muy poco atractivos e imprudentes.
Con ellos solo se relacionan los que se comportan de la misma manera, y aun así, ni entre ellos se consideran personas de confianza.
El aspecto físico y la presencia. Si está empezando a ejercer su profesión y no le ha dado tiempo a ganarse una buena reputación, necesita adaptar su forma de vestir a las expectativas del cliente
. Nadie desea que le repare el coche un mecánico vestido con traje de chaqueta y corbata.
Equivocadamente o no, las personas tendemos a sacar conclusiones inmediatas basadas en lo que vemos cuando conocemos a alguien
. Su forma de moverse en público, dar la mano o su imagen dan información.
Por supuesto que es información viciada por prejuicios y por la experiencia de cada uno.
Pero es así.
Cuando conoce a alguien por primera vez, sacamos conclusiones sobre su inteligencia, estatus, nivel socioeconómico, orientación sexual, estado civil, edad, ideas religiosas, etcétera.
Cuide su imagen, su higiene, su pelo, el aspecto de sus manos y la forma de vestir.
La prudencia está en el equilibrio. Todos los excesos, tanto en el aspecto femenino como en el masculino, llevan a que su interlocutor centre más su atención en lo que ve que en el mensaje que le transmite.
Cada uno en su vida privada debe arreglarse como desee, pero si quiere tener credibilidad en su profesión, modere su forma de presentarse y adáptela, en la medida que su escala de valores y forma de ser se lo permitan, a las necesidades de su profesión.
A medida que adquiera experiencia en ella y su buen hacer le posicionen, podrá relajarse con la apariencia.
El nivel de reputación es inversamente proporcional a la importancia de su presencia física.
¿Por qué? Porque cuanto mejor le hayan hablado de un profesional, menos le importará la imagen que tenga.
La credibilidad es tan frágil como la confianza
. Se tarda mucho tiempo en ganar, pero es muy fácil perderla.
Ser fiable no se basa solo en el carisma, sino en la coherencia con la que nos comportamos.
La pérdida de valores, la ambición negativa y el poder nos han llevado a que perdamos la fe en algo tan importante como la confianza en las personas.
Y es que la credibilidad no se regala, se gana.
Las personas creíbles consiguen conquistar el respeto de los demás
. Significa que la gente puede confiar en usted, y que lo que dice, es lo que usted es.
Se relaciona directamente con ideas tan importantes como la honestidad, la prudencia, el compromiso y el conocimiento. ¿De qué personas suele desconfiar? ¿Quiénes son los que le generan rechazo cuando les escucha?
Normalmente aquellos que una vez le fallaron, los charlatanes, los que no respetan los puntos de vista de los demás, quienes critican a los que no están presentes, los que hablan sin saber y los que faltan a su palabra y a sus compromisos.
Encandilar a alguien con frases bonitas es fácil.
Hay personas muy educadas, corteses, que se expresan con corrección, que se manejan en público como pez en el agua y que su carisma les hace ser muy atractivas
. Pero si se rasca un poco carecen de palabra.
En el momento en el que se sienta traicionado, le costará mucho volver a confiar en esa persona.
Y lo peor es que la experiencia puede llevarle a desconfiar de quien no lo merece.
¿Alguna vez se ha planteado si los demás confían en usted?
Hay personas que transmiten seguridad y confianza. Y estos valores se relacionan con el éxito personal y profesional.
La credibilidad se da en cualquier campo.
Nos gustan los médicos que nos transmiten que nos van a ayudar; los fontaneros que cuando ven la avería en casa nos dicen que no nos preocupemos de nada y que lo van a arreglar, o el amigo que te da un argumento distinto al tuyo y te convence y deja tranquilo.
Con ellos nos sentimos en buenas manos.
Credibilidad, hablar en público, habilidades sociales y carisma van de la mano.
Y se pueden entrenar.
Para saber más
LIBROS‘La importancia de llamarse Ernesto’
Óscar Wilde
‘Tus gestos te delatan’
Fran Carrillo (Editorial Espasa)
EMISIÓN RADIOFÓNICA
‘La guerra de los mundos’
Orson Wells
Consiguió crear el pánico en las calles de Nueva
York y Nueva Jersey.
Los oyentes creyeron que se
trataba de una historia real sobre extraterrestres.
. Si solo se dedica a disfrazarse de carisma y buena comunicación y no contempla la honestidad, su fachada no sostendrá la imagen de persona fidedigna eternamente
. Necesita ser puro por dentro para ser creíble por fuera.
Tenga palabra.
Significa cumplir con lo dicho.
Es un privilegio contar con personas que respetan el compromiso de lo que dicen.
Sea honesto. ¿Le han dado mal el cambio, le han devuelto de más? Devuélvalo.
¿Se ha encontrado una cartera que no es suya? Entréguela con todo lo que contenía dentro.
Ser un listo ha terminado convirtiéndose en un valor. Se trata de ganarle al otro a sabiendas que es injusto.
Sea una persona de bien, con buenas intenciones. Nadie se quiere relacionar con personas con dobleces.
Asuma sus errores.
Las personas de éxito se equivocan.
Para ellos el error es una forma de aprendizaje, lo reconocen, piden disculpas y reparan el daño.
Y lo vuelven a intentar.
No existen las personas perfectas, por lo tanto, la perfección no es creíble.
Compórtese de forma justa.
Reconozca el mérito y el trabajo de cada uno, valore el esfuerzo por encima de los resultados.
Las emociones también juegan un papel en la imagen que transmitimos a los demás respecto a la credibilidad. El equilibrio emocional es fundamental.
No nos da seguridad una persona que se deja llevar por arranques de ira, que se muestra agresivo y que trata de tener poder por la vía autoritaria
. Las personas creíbles no necesitan tirar de fuerza, volumen alto o expresiones amenazantes.
La capacidad para motivar y generar emociones positivas es otro punto fuerte.
Nos atraen más las personas que buscan y aportan soluciones que las que se recrean en la pena, el victimismo y en rumiar los problemas.
Las personas que se muestran seguras, que conocen sus fortalezas y que las utilizan para solventar soluciones, nos parecen fiables.
Confianza y humildad es el binomio perfecto.
Comuníquese de forma fácil y correcta.
Expresarse con un vocabulario amplio, sencillo y con frases ordenadas, facilita el entendimiento. Y cuando el oyente se queda con la sensación de haber comprendido el mensaje, le otorga credibilidad. Si utiliza un vocabulario técnico y poco comprensible para el público que le escucha, la gente desconectará y saldrá de la reunión sin haber entendido nada.
Ordene su mensaje.
Los procesos de recepción de la información, entendimiento y asimilación también dependen de saber llevar un hilo conductor que esté organizado.
El conocimiento es clave
. Necesita saber de lo que habla, documentarse, tener argumentos, manejar los tiempos, coger experiencia, tener cultura, incluso recitar.
Sí, recitar. A las personas con memoria, las que son capaces de hablar sin papeles delante, que dan datos históricos y frases célebres, que citan a autores y hechos relevantes, les damos confianza.
Se asocia memoria con sabiduría, y nos fiamos de las personas sabias.
Por el contrario, la charlatanería, los cabezotas que se empecinan en una idea sin modo de argumentarla, nos parecen personas sin recursos.
Y qué decir del cotilleo y rumorología, hace que perdamos la confianza en las personas que lo practican.
Los chismosos son muy poco atractivos e imprudentes.
Con ellos solo se relacionan los que se comportan de la misma manera, y aun así, ni entre ellos se consideran personas de confianza.
El aspecto físico y la presencia. Si está empezando a ejercer su profesión y no le ha dado tiempo a ganarse una buena reputación, necesita adaptar su forma de vestir a las expectativas del cliente
. Nadie desea que le repare el coche un mecánico vestido con traje de chaqueta y corbata.
Equivocadamente o no, las personas tendemos a sacar conclusiones inmediatas basadas en lo que vemos cuando conocemos a alguien
. Su forma de moverse en público, dar la mano o su imagen dan información.
Por supuesto que es información viciada por prejuicios y por la experiencia de cada uno.
Pero es así.
Cuando conoce a alguien por primera vez, sacamos conclusiones sobre su inteligencia, estatus, nivel socioeconómico, orientación sexual, estado civil, edad, ideas religiosas, etcétera.
Cuide su imagen, su higiene, su pelo, el aspecto de sus manos y la forma de vestir.
La prudencia está en el equilibrio. Todos los excesos, tanto en el aspecto femenino como en el masculino, llevan a que su interlocutor centre más su atención en lo que ve que en el mensaje que le transmite.
Cada uno en su vida privada debe arreglarse como desee, pero si quiere tener credibilidad en su profesión, modere su forma de presentarse y adáptela, en la medida que su escala de valores y forma de ser se lo permitan, a las necesidades de su profesión.
A medida que adquiera experiencia en ella y su buen hacer le posicionen, podrá relajarse con la apariencia.
El nivel de reputación es inversamente proporcional a la importancia de su presencia física.
¿Por qué? Porque cuanto mejor le hayan hablado de un profesional, menos le importará la imagen que tenga.
La credibilidad es tan frágil como la confianza
. Se tarda mucho tiempo en ganar, pero es muy fácil perderla.
Ser fiable no se basa solo en el carisma, sino en la coherencia con la que nos comportamos.
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