Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 abr 2014

Cuesta creer que George Clooney se vaya a casar

Dos publicaciones de EE UU aseguran que se ha comprometido con la abogada de Julian Assange pero la pareja no lo confirma

El actor ha hecho soltería una bandera y hace solo unos meses reafirmó que no pensaba contraer matrimonio.

Lo veo como el AlterEgo de Gary Grant, sus gustos no iban por donde les hicieron galanes, eso si, eran atractivos , correctos en el vestir, elegantes, pero iban por otro camino que sus asesores no los dejan ir.

Hasta tomarte una taza de café con George es un placer....

George Clooney y Amal Alamuddin, el pasado mes de marzo en Nueva York. / cordon press / CORDON
George Clooney, de 52 años, ha hecho de la soltería su bandera. Proclama que se casó una vez y con esa fue suficiente y se apuesta con sus amigas que no lo volverá a hacer. Por ejemplo, se jugó y ganó 100.000 dólares con Michelle Pfeiffer, según relató la actriz en un programa de la BBC1.
 Antes, Pfeiffer y Nicole Kidman —sus compañeras de Un día inolvidable (1996) y El pacificador (1997), respectivamente— tuvieron que desembolsar 10.000 dólares cada una por otra apuesta: que George sería padre antes de cumplir los 40.
 El mismo día de su cumpleaños, Kidman le envió un cheque con la cantidad convenida para encontrárselo de vuelta con una nota: “Doble o nada si sigo sin tener hijos en 10 años”.
 Pero cada vez que se le ve con una mujer nueva por una alfombra roja comienza a especularse con que el actor podría cambiar de opinión. Amal Alamuddin, de 36 años, es la actual acompañante del actor con quien se deja ver desde el pasado mes de septiembre, en una relación discreta que transcurre entre Londres, Nueva York, Los Ángeles y Tanzania.
 Ha sido en Los Ángeles donde las especulaciones se han avivado. Según New York Post y People, la pareja fue vista en un restaurante cenando con un grupo de amigos entre los que se encontraban Cindy Crawford y su marido, íntimos del actor.
 Según las publicaciones Alamuddin lucía en su mano izquierda un "espectacular" anillo de compromiso
. Amigos de la pareja aseguran que han decidido casarse, si bien las fuentes son anónimas y no hay confirmación del actor.
 Es más, el representante Clooney se ha negado a hablar del asunto. "No hago comentarios sobre su vida personal", ha dicho Stan Rosenfiel. Las publicaciones tampoco ponen fecha al compromiso.
George Clooney dijo a la revista Esquire en septiembre que no tenía "aspiraciones" de casarse
. Es más sus novias le duran dos años ya que cuando plantean oficializar la relación el actor rompe con ellas.
La pareja se conoció en otoño, en un acto relacionado con los derechos humanos
. Nacida en Beirut hace 36 años, pero criada en Londres, de su vida privada no se sabe apenas nada
Su currículum puede consultarse online y allí se descubre que tiene dos licenciaturas: en inglés por la Universidad de Oxford y en derecho por la New York University.
 Habla inglés, francés y árabe y ha formado parte de diversos equipos jurídicos clave de los últimos años relacionados con conflictos en Oriente Medio.
 Su trabajo más famoso ha sido representar a Julian Assange, fundador de Wikileaks, en el proceso de extradición que lo enfrenta a Suecia
. También ha sido asesora de Kofi Annan para la guerra de Siria y es miembro de un panel de expertos para luchar contra la violencia de género en zonas de guerra.
 Además ha firmado, en colaboración con otros letrados, un libro, The Law and practice of the Special Tribunal for Lebanon
. Actualmente trabaja para el equipo de abogados londinenses Doughty Streets Chambers, donde se desempeña como especialista en derecho internacional, criminal, derechos humanos y extradición.
Clooney rompió antes de verano con la exluchadora estadounidense Stacy Kiebler, que ya se ha casado y está esperando un hijo.
 Porque de lo que no hay duda es de que cuando el actor abandona a sus novias, estas saltan de inmediato al estrellato o se casan.
 Pero el actor no solo tiene fama de soltero, también se le ha atribuido un carisma similar al de Cary Grant y le persigue la sombra de la duda sobre su sexualidad. “Me moriré y aún habrá quien diga que era gay. Me importa una mierda”, dijo en 2012 a la revista Advocate.
Vaya que poco original soy!!
! Creía que era la única que lo comparaba con Gary Grant....pues por lo visto no....

 

27 abr 2014

Buen tipo normal................................................. Boris Izaguirre

Dani Rovira no es Miguel Ángel Silvestre, pero recupera para la estética nacional el tipo arrinconado tras muchachotes que ceñían pectorales y abdominales.

 

El actor Dani Rovira, el pasado miércoles, paseando por Madrid. / GETTY

Después del Real Madrid-Bayern de Múnich asistimos a la ensayadísima rueda de prensa de Josep Guardiola
. Guardiola regresaba a España más sobrio que nunca y demostrando habilidades no solo de gran entrenador, sino de cómo debe ser el nuevo emigrante español: serio y superbilingüe, preparadísimo. Respondió en castellano, catalán, inglés, francés y, por supuesto, alemán.
 Un prodigio lingüístico y profesional.
 Tal demostración parecía una respuesta mediterránea a las declaraciones de Rajoy pidiéndole a los catalanes que utilicen la imaginación para resolver el conflicto separatista, una curiosa petición de alguien que exige lo que no da.
 Quizá Guardiola sí pueda darle ideas en cada uno de esos idiomas.
Algunos medios publicaron que estaba tan a gusto con sus lenguas que hasta se autotradujo del catalán al alemán.
 Lo que Pep no interpretó bien es que hay españoles a los que les irritan los españoles que sí pueden desenvolverse en otros idiomas
. Por eso, apenas perdió el Bayern contra el Real Madrid, empezó la campaña en fiestas y cenas en contra de Guardiola
. A su aspecto neocalvinista lo calificaron de mortuorio, y en una velada para magnates inmobiliarios unos diseñadores mallorquines, no muy altos, afirmaron que su indumentaria “¡se está germanizando, ya parece un Karl Lagerfeld heterosexual!”.
Puede que el problema de Guardiola sea llamarse Guardiola.
 Si Ocho apellidos vascos se hubiera llamado Ocho apellidos catalanes es muy probable que no hubiese tenido ese histórico éxito.
 Sencillamente porque los catalanes ahora no consiguen la fórmula de la pócima mágica, imaginativa o no, para caer bien.
 Tampoco ayuda, lo sepa o no Rajoy, que de verdad sean muy imaginativos. Se inventan cosas fantásticas como el torneo Godó de tenis, que puede reunir en un sitio mucho más pequeño y agradable que la faraónica Caja Mágica a lo mejor del deporte, la política y la celebridad nacional en un despliegue sutil que al Open de Madrid le cuesta ofrecer
. “Es que después de los desmadres de la burbuja inmobiliaria, el infierno atroz de la crisis, queremos cosas tranquilas, cozy (cómodas, en inglés, que es el idioma preferido de la clase alta barcelonesa) y menos imaginativas”, bromea una anfitriona. “Querido, ¡vuelve lo normal!”.
Y en ese regreso, con muchísima imaginación, tiene bastante que ver el triunfo de Ocho apellidos vascos
. Tanto en cenas en Puerta de Hierro o en vestuarios de gimnasios caros y en colas del metro solo se habla de ella. “No es tan buena, pero es graciosa”.
 Para confirmar el fenómeno, la portada de Lecturas de esta semana es Dani Rovira, el protagonista andaluz que se aprende ocho apellidos vascos con un acento divertido y burlón.
 Rovira no es Miguel Ángel Silvestre, pero recupera para la estética nacional eso que en los noventa se denominó Buen Tipo Normal (BTN) y que tenían, entre otros referentes, dos futbolistas muy distintos entre sí. Kiko del Atlético, que sin ser guapo era sexy y sin ser macarra tenía un poco de golfo, pero con fondo bueno.
 Y el propio Guardiola, con sus ojos tristes y su aspecto de niño formalito que se esmera en sus notas. El BTN quedó injustamente enterrado por el auge de los anabolizantes y las musculocas de los primeros años del Orgullo Gay y musculocos que casi afearon el físico masculino con una exuberante mezcla de Cicciolina y Kent barbudo.
Y luego la burbuja inmobiliaria infló todo aún más, tanto que incluso los cocineros se pusieron a dieta, como Jordi Cruz, el chef de MasterChef, dividido entre las mancuernas y las sartenes.
 Así el buen tipo normal quedó arrinconado tras muchachotes que ceñían pectorales y abdominales como si fueran suflés recién hechos.
Por eso es de celebrar que en la recta final de la crisis reaparezca el buen tipo normal, porque es como una esperanza de tiempos mejores: varones con cierta grasita bien distribuida, pésimo gusto para los bañadores, pero sonrisa amplia, gesto amigable y mucho sol para ofrecer a los turistas y a las revistas.
No sabemos qué revistas leerá Ortega Cano entre rejas: ¿de cocina, fitness o de corazón? Ni a qué dedicará su imaginación (una autobiografía podría convertirlo en el próximo Belén Esteban del Sant Jordi 2016).
 Pero es muy sagaz, y de muchísima imaginación, haber escogido Zaragoza para su “momento entrada en la cárcel”
. Tiene mucho ceremonial que el torero haya decidido salir de su casa en la capital, exactamente después de almorzar, en un coche de su propiedad, conducido por otro, dirección a la cárcel, como volviendo al ruedo.
 ¡Cómo tiene que haber sido ese trayecto! Una vida entera desfilando entre Alcobendas, Calatayud y finalmente la prisión, reorganizando episodios y recuerdos frente a ese paisaje plano que, aunque verde por momentos, es adusto y hasta lunar, solitario y extenso, como una sentencia.
Algo en nuestros optimistas corazones nos hace pensar que este tiempo en la celda para Ortega Cano nos lo devolverá no solo renovado, sino prácticamente convertido en un nuevo héroe nacional para tiempos más maduros y reflexivos.
 Como si él fuera, más que el preso ejemplar, el que no pudo abusar de la imaginación para ser el más astuto, el que acató la sentencia para llegar a la cárcel antes que muchos otros.

Las lecciones de la imaginación....................................................... Javier Marías

Ya pasó Sant Jordi, el Día del Libro, y de aquí a un mes empezará la Feria madrileña del mismo objeto, con las perspectivas más lúgubres en muchísimos años.
 No es sólo que las librerías estén ahogadas por la crisis y por la piratería en aumento. 
No es sólo que los editores busquen desesperadamente algún título que arrastre a las masas a comprarlo, y que a la mayoría ya les dé igual que se trate de una obra digna o de la enésima porquería más o menos sadomasoquista, cateta y machista con origen en Internet, donde habrá cosechado legiones de “seguidores” rudimentarios y descerebrados, de los que se limitan a pedir “más”: más “sexo fuerte”, más violencia, más torturas gratuitas, poco a poco –oh qué moderno– se vuelve a uno de los textos más soporíferos de la historia de la literatura: Las 120 jornadas de Sodoma, del Marqués de Sade, escrito en 1785, reiterativo catálogo de atrocidades que acaba por arrancar bostezos hasta a los más voluntariosos depravados.
 No es sólo que los autores anden preocupados y deprimidos, al ver cómo sus nuevas novelas se venden infinitamente menos que las anteriores (eso los que alguna vez han tenido un número apreciable de lectores) o nacen ya muertas, destinadas a ser devueltas a la distribuidora a las pocas semanas de aterrizar en los escaparates.
 La última vez que me pasé por una librería y eché un vistazo a las novedades, vi no pocas que superaban las seiscientas páginas y a las que, por su aspecto, o por la descripción leída en las reseñas que las ensalzaban, o por la mera conjunción de nombre, título, grosor y precio, uno no podía augurar más que una rápida caída en el vacío.
 “Ojalá me equivoque”, pensé con escasa fe. “Ojalá cada una de ellas sea un gran éxito; y sean leídas y discutidas por muchos y recomendadas por los únicos que hoy gozan de verdadera influencia, los lectores desconocidos”.
El íntimo convencimiento de que no será así en casi todos los casos me produjo melancolía. Precisamente porque también me dedico a escribirlos, sé cuánta tarea y esfuerzo hay detrás de cada libro, los largos meses o años empleados en sacarlo adelante; aunque sea malo, o esté hecho de cualquier manera, sólo llenar esa cantidad de páginas requiere un monumental trabajo.
 No soy de los que creen que fue mejor toda época pasada.
 Al contrario: estoy seguro de que nunca se han leído (ni comprado) tantos libros como en nuestros tiempos; de que siempre ha habido obras que han caído en el vacío; de que los grandes éxitos jamás habían alcanzado ventas tan superlativas como ahora. 
Sin embargo sí creo que la magnitud de la indiferencia nunca había sido tan mayúscula como la que aguarda a los libros condenados a ella desde el principio.
 Y la mayoría de éstos son –ay– los que se ha dado en llamar absurdamente “libros literarios”, es decir, los que tienen ambición y voluntad de estilo, los que no se ciñen a contar una historia más o menos interesante y santas pascuas.
 Los que tal vez –tal vez– hacen que la gente piense o se fije en el funcionamiento del mundo, los que en el espacio de unas cuantas horas –las que tardamos en leerlos– nos brindan entendimiento y conocimientos que quizá no adquiriríamos por nuestra cuenta ni en el transcurso de una vida completa.
Tengo la sensación de que nos vamos adentrando en una de esas épocas en las que se tiende a juzgar superfluo cuanto no trae provecho inmediato y tangible.
 Una época de elementalidad, en la que toda complejidad, toda indagación y toda agudeza del espíritu les parecen, a los políticos, de sobra o aun que estorban
. Y como los políticos, incomprensiblemente, poseen mucho más peso del que debieran, detrás suele seguirlos la sociedad casi entera.
 Son tiempos en los que todo lo artístico y especulativo se considera prescindible, y no son raras las frases del tipo: “Miren, no estamos para refinamientos”, o “Hay cosas más importantes que el teatro, el cine y la música, que acostumbran a necesitar subvenciones”, o “Déjense de los recovecos del alma, que los cuerpos pasan hambre”.
Quienes dicen estas cosas olvidan que la literatura y las artes ofrecen también, entre otras riquezas, lecciones para sobrellevar las adversidades, para no perder de vista a los semejantes, para saber cómo relacionarse con ellos en periodos de dificultades, a veces para vencer éstas
. Que, cuanto más refinado y complejo el espíritu, cuanto más experimentado (y nada nos surte de experiencias, concentradas y bien explicadas, como las ficciones), de más recursos dispone para afrontar las desgracias y también las penurias. Que no es desdeñable verse reflejado y acompañado –verse “interpretado”– por quienes nos precedieron, aunque sean seres imaginarios, nacidos de las mentes más preclaras y expresivas que por el mundo han pasado.
 Casi todos los avatares posibles de una existencia están contenidos en las novelas; casi todos los sentimientos en las poesías; casi todos los pensamientos en la filosofía.
 Nuestros primitivistas políticos tachan de inútiles estos saberes, y hasta los destierran de la enseñanza
. Y sin embargo constituyen el mejor aprendizaje de la vida, lo que nos permite “reconocer” a cada instante lo que nos está sucediendo y aquello por lo que atravesamos.
 Aunque sea no tener qué llevar a casa para alimentar a los hijos.
 También esa desesperación se entiende mejor si unos versos o un relato nos la han dado ya a conocer, y nos han preparado para ella.
 Sí, no se desprecie: sólo imaginativamente.
 O nada menos.

Pronto será normal tener cien años....................................................................... Rosa Montero

El demógrafo estadounidense James Vaupel dijo hace unas semanas que es probable que el 50% de los niños nacidos en España en 2014 lleguen a cumplir cien años
. España, ya se sabe, es uno de los países más longevos del mundo
. Actualmente la esperanza media de vida es 82,2, a sólo unas décimas de los dos primeros, Japón y Francia.
 Y no es sólo España: ahora mismo hay casi 500.000 personas en el mundo con más de cien años.
 La longevidad, que antes era una rareza que parecía propia de los patriarcas bíblicos, hoy es algo que empieza a ser bastante común.
Como nadie quiere morirse, se diría que estas son buenas noticias
. Pero a mí la verdad es que me inquietan un poco. Es evidente que viviremos mucho más, pero ¿en qué condiciones físicas y sociales, a qué precio?
 Hay que prepararse para ese futuro.
 Siempre me ha parecido absurda e incluso algo suicida la poca atención que se presta a los ancianos en nuestro país
. Es como si la gente no quisiera hablar de los viejos, como si no deseáramos recordar que todos vamos hacia allá, que la vejez es el territorio en donde pasaremos una buena parte de nuestra vida, eso si tenemos suerte, desde luego, porque para alcanzar la senectud hay que tener la estupenda suerte de no morirse. 
“Envejecer no es malo, sobre todo teniendo en cuenta la alternativa”, decía Mateo Alemán, el autor de la célebre novela picaresca Guzmán de Alfarache (por cierto que este año se cumplen cuatro siglos exactos de su muerte: la alternativa acabó atrapándolo, como a todos).
Le oí citar esta frase el otro día a José Antonio Serra, Tin para los amigos, jefe del servicio de geriatría del hospital madrileño Gregorio Marañón, en una estupenda conferencia que dio en la Fundación Ramón Areces. Serra es uno de los ocho promotores del recién creado Centro de Estudios del Envejecimiento
. Entre ellos hay médicos especializados en salud pública, geriatras, epidemiólogos, sociólogos; son ocho personas interesadas en el reto de envejecer que han decidido agitar un poco las aguas y reflexionar públicamente sobre el tema para ver si la sociedad reacciona.
Siempre he pensado que la vejez es la época heroica de la existencia
. Puede ser un trayecto muy duro y muy difícil (“hacerse mayor no es para blandengues”, reza un refrán estadounidense), pero también emocionante y pleno
. De hecho, creo que una buena vejez puede rescatar y redimir una mala vida. Pero para ello tenemos todos que cambiar nuestros prejuicios.
 En la conferencia, Serra dijo que había hecho el experimento de googlear “envejecimiento problema” y se había encontrado con más de cinco millones de entradas
. En cambio, “envejecimiento reto” sólo tenía dos millones de entradas, y ya me parecen muchas, teniendo en cuenta la mala prensa que sufren los ancianos (“cuestan mucho a la sociedad, son una carga…”).
 Hace un par de años el Fondo Monetario Internacional mostró en un informe su preocupación por el “riesgo” de que la gente viva más.
 Los viejos son tan irresponsables que se empeñan en no morirse.
Entre otras cosas, los ancianos son menos caros socialmente si tienen mejor salud y son más autónomos.
 La vejez no es una enfermedad, repite siempre Serra; uno puede ser viejo y estar muy sano; es más, su ambición de optimista irreductible es la de conseguir morir sanísimo
. Sin embargo, a muchos viejos no se les atiende debidamente porque tanto a los familiares como al sistema médico e incluso al propio anciano les puede parecer que a esa edad es normal llorar y estar triste, cuando lo que tienen es una depresión; o caerse o que les duela algo, cuando puede que sean síntomas de alguna enfermedad no diagnosticada.
 Se habla de hígado senil, cardiopatía senil, demencia senil, como si la senilidad fuera la fuente de la dolencia, cuando “no hay ninguna enfermedad que se explique sólo por la edad”.
Hace cuatro años, Serra tomó a 40 ancianos entre 90 y 97 años de una residencia geriátrica y les puso a hacer gimnasia tres días a la semana durante dos meses.
 Bueno, puso sólo a la mitad, porque la otra mitad era el grupo de control.
 Y los ancianos mejoraron tanto su estabilidad, su fuerza, su ánimo, que tuvieron que cerrar el gimnasio con llave porque los 20 viejos del grupo de control, envidiosos, intentaban colarse en las instalaciones y hacer ejercicio por su cuenta.
 Quiero decir que la vida es maravillosa, el cuerpo es maravilloso, la mente humana es de una fortaleza y adaptabilidad increíbles
. No hay que resignarse a ser viejos, hay que reinventar una nueva vejez
. Estamos batiendo récords sociales de supervivencia y el mundo al que nos dirigimos tendrá que ser por fuerza distinto.
 Pero eso no tiene por qué ser malo. Como dice Tin Serra, el 30% de la población no puede ser un problema.
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