Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

22 abr 2014

¿Por qué seguimos perdiendo las llaves?

Los genes, la vida frenética y el exceso de información tienen la culpa de que cada vez sea más difícil recordar dónde colocó la cartera, el móvil o las gafas de sol.

 

El hombre que no quiso perder sus llaves / CORDON

Móviles, llaves y carteras, pero también dentaduras, tablas de surf o sillas de ruedas.
 Basta con echar un vistazo a las oficinas de objetos perdidos para descubrir el carácter frágil de la memoria humana
. Pero esto es solo lo que perdemos fuera de casa. ¿Y aquellos objetos cotidianos que extraviamos en nuestro propio hogar o lugar de trabajo? No se desesperen: pasa en las mejores familias y tiene una explicación.
Según algunas investigaciones al respectp, este olvidadizo y extendido hábito es común independientemente de la edad y nada tiene que ver en su forma habitual con enfermedades relacionadas con la memoria.
 De media, una persona extravía hasta nueve artículos al día y gasta unos 15 minutos diarios en encontrarlos, inciden esos estudios
. Gran parte de la culpa de estos lapsos de memoria reside en nuestra herencia genética; a lo que habría que sumar el estrés, la fatiga, la multitarea y, en los casos particularmente graves, enfermedades como la depresión o los trastornos de déficit de atención.
La desmemoria está afectando a gente cada vez más joven, como resultado de las múltiples ocupaciones
“Es la ruptura en la interfaz de la atención y la memoria”, explica el profesor de Psicología de la Universidad de Harvard y autor de Los siete pecados de la memoria Daniel L. Schacter.
 Y ¿qué significa esto? Pues básicamente una falla entre el momento en el que dejamos el objeto en un lugar y no somos capaces de activar nuestra memoria y codificar lo que estamos haciendo y el momento en que intentamos recuperar esa memoria.
Cuando ponemos las gafas de sol en la entrada, nuestro hipocampo toma una suerte de instantánea o imagen de ese momento que después nos sirve como recordatorio o post it mental
. Es importante prestar atención a esas acciones para poder codificarlas. Si no recuperamos el momento, habremos perdido el objeto.
 ¿Y qué puede contribuir al fracaso de la memoria? Pues, por ejemplo, un cambio en el estado de ánimo entre el momento de codificación y el de recuperación, según Kenneth Norman, profesor de Psicología de la Universidad de Princenton.
Una escena familiar: Llega a casa hambriento, suelta las llaves o las gafas y cuando va a buscarlas, ya saciado, no tiene ni idea de dónde las dejó.
 Un consejo: intente rememorar la voracidad de horas atrás.
De acuerdo con un estudio realizado en la Universidad de Bonn (Alemania), la mayoría de las personas olvidadizas presenta una variación en el gen receptor de dopamina D2 (DRD2) que las hace más propensas a los fallos de memoria. “El despiste es bastante común”, asegura Sebastian Markett, autor principal del estudio e investigador en Psicología de la Neurociencia, quien matiza que alrededor de la mitad de los motivos del olvido observados en el estudio estaban relacionados con causas genéticas.

La enfermedad de la vida ocupada

Hasta aquí la genética y el funcionamiento de nuestro cerebro, pero también estos lapsos de memoria tienen que ver con nuestro estilo de vida moderno.
 Y, parece ser, que cada vez son más normales entre la gente joven. Investigadores del CPS Research de Glasgow (Escocia), que han llamado a este tipo de desmemoria “síndrome de la vida ocupada” y que en el mundo científico se conoce como "trastorno de discapacidad cognitiva subjetiva" (SCI), constataron que cada vez somos más olvidadizos por nuestro estilo de vida frenético y la sobrecarga de información.
 “La desmemoria es un proceso normal de la vejez, pero tenemos evidencia anecdótica que sugiere que está ahora afectando a gente cada vez más joven como resultado de múltiples ocupaciones en el hogar o el trabajo y por el exceso de información proveniente de los varios medios de comunicación que consumimos hoy en día", explicaba el doctor Alan Wade.
El primer paso, y más evidente, para solucionar el problema pasa por encontrar un lugar para cada objeto, que además tenga algo de sentido para nosotros.
 Poner las llaves siempre en el colgador tras la puerta, las gafas de leer en la mesita de de noche o el cargador del móvil en el cajón del salón, es una ayuda.
Otra técnica, apunta Marcos McDaniel, profesor de Psicología de la Universidad de Washington en St. Louis y coautor del libro Fitness Memory: Una guía para el envejecimiento exitoso, es pensar e incluso decir en voz alta la acción que estamos haciendo
. Repita en voz alta: “Voy a poner la cartera en la cómoda”.
 También sirve visualizar la acción que queremos hacer en un futuro cercano. Imagine los tomates, la lechuga y el pollo antes de plantarse en el supermercado.
Michael Solomon nos da una docena consejos en su web, así como en el libro How to Find Lost Objects (¿Cómo encontrar objetos perdidos?).
 Antes de buscar, primero ha de tener una idea sobre dónde hacerlo; si no está ahó el objeto, deshaga sus pasos, piense en lugares con tendencia a camuflar (¿tras el cojín del sofá?) y siempre mire exhaustivamente, con un orden y no al azar, y piense en ese pequeño radio de 18 pulgadas por el que vagan los objetos una vez depositados (la zona eureka).
Una última pista de regalo: existe un gadget llamado Tile que, una vez adherido al objeto de marras, nos permite poder localizarlo a través de una aplicación de smartphone y en un radio de alcance de hasta 30 metros.
 Eso sí: cuidado con traspapelar el iPhone.

Ángeles Mastretta: Dentro de mil años habrá quien lea a García Márquez

Ángeles Mastretta: Dentro de mil años habrá quien lea a García Márquez
Créditos: EFE
La autora mexicana de ´Mal de amores´ (1996), entre otras obras, consideró que ´todo buen escritor acude a su infancia y el Gabo tuvo la fortuna de tener una infancia feliz´.
 La escritora mexicana Ángeles Mastretta (1949) dijo hoy que dentro de mil años "habrá quienes estén leyendo" al nobel de literatura Gabriel García Márquez, quien falleció en Ciudad de México a los 87 años de edad.

"Yo ahora estoy penando al Gabo, a su sonrisa en vilo, a sus brazos, a sus dedos largos. Me cuesta trabajo penar al escritor, entre otras cosas porque, se da el gran lugar común de todos estos días, el escritor se queda en sus libros", dijo la también periodista en una entrevista televisiva.

Mastretta, ganadora en 1997 del Premio Rómulo Gallegos, que García Márquez obtuviera en 1972, reconoció que el autor colombiano efectivamente "se queda en sus libros, y se va a quedar no ahora, no para nosotros, porque dentro de 500 años y dentro de mil, si existimos, habrá quienes estén leyendo al Gabo".

"No sé quién gobernaba el mundo cuando Cervantes escribió el Quijote, y nadie se va a acordar quién gobernaba América cuando el Gabo escribió estas cosas clarísimas y convirtió a este continente nuestro en la cosa esencial que es en sus libros, pero la gente sí va a saber quién era el escritor y qué cosas dijo".

La autora de "Mal de amores" (1996), entre otras obras, consideró que "todo buen escritor acude a su infancia y el Gabo tuvo la fortuna de tener una infancia feliz".

"Por eso escribía de ese modo tan dichoso y por eso contagiaba tanta alegría. Por eso no es posible leer al Gabo sin estarse riendo cada cinco frases", abundó.

Sobre lo que significó para su propio trabajo la obra de García Márquez, de quien dijo que "lo querían las musas como a nadie", Mastretta confió que "ser escritor en su época, además de ser un privilegio, es un reto, porque hay que escribir leyendo al Gabo para no copiarle".

"Porque como él se hizo de una voz en la que nos cuenta tan bien, hay tantas cosas que nos pasan que él dijo tan bien dichas, que hay que leerlo para no repetirlo. O para repetirlo de distinto modo", explicó.

Además de su legado literario, aseveró que uno de los recuerdos más entrañables que ella conserva de García Márquez, es que nunca lo escuchó hablar mal de nadie.

"Sí lo oí una vez regañarnos porque estábamos criticando, como uno suele hacer, no sé ni a quién. Y de repente dice 
"Basta, tanta gente tan bonita a la que le va tan bien hablando mal de otros. No lo puedo soportar". ¡Qué ejemplo!", puntualizó.

Nube viajera..................................... Ángeles Mastretta

No peno al escritor, peno a la sonrisa que abría el mundo a su paso, a la voz llena de genio con que nombraba la vida.

García Máquez con su mujer Mercedes Barcha en 2007 en Aracataca. / DANIEL MUÑOZ (REUTERS)

No sé por dónde empezar a decir qué. Yo ahora mismo no peno al escritor, peno a la sonrisa que abría el mundo a su paso, a la voz llena de genio con que nombraba la vida, convocándola.
 Todo lo que pasara a su lado era una fiesta. El arroz blanco, el mar, los hielos de su whisky. Un overol de mezclilla recién estrenado.
 Lo que fuera y hubiera para gozarlo y contagiar su regocijo por el mundo todo, incluso las minucias.
Evoco en desorden. Lo recuerdo muchas veces acercándose a la mesa.
Un día puse unas servilletas azules, dobladas no sé cómo sobre el plato. Tenían un bies amarillo. “Estas servilletas parecen la envoltura de un regalo”, dijo y se puso a agitar la suya.
 Decía cosas así, que ahora no recuerdo sino como un consuelo.
 Siempre tenía algo bueno que decir. Habían venido a comer los Sabina. “¿Cómo estás?, Gabo”, le preguntó Joaquín. “No sé, respondió él, “hace tiempo que no me hago caso”.
Todo a su lado era una fiesta. El arroz blanco, el mar, los hielos del whisky
Recuerdo ahora en destellos. Los ojos de niño insaciable, las manos blancas y los dedos muy largos. La voz armoniosa con que decía un soneto de Lope.
 El modo en que abrazaba. La serenidad con que oía.
 La pertinencia con que supo reírse y jugar.
Se acercaban los jóvenes y lo besaban con naturalidad. Como si desde siempre.
 A mi hija le firmó una vez una galleta redonda que ahí tiene guardada, desde hace como 15 años. Y a mi hijo el único libro que le ha interesado tener con dedicatoria.
Esto escribí una vez:
“¿Quién sabe qué mal quiso compensar la fortuna cuando puso, en el siglo nuestro, la vida y los milagros del Gabo García Márquez? ¿Quién sabe de dónde sale el genio? ¿Quién la razón por la cual el destino nos lo acerca? Que las estrellas lo adivinen, a nosotros nos tocó atestiguarlo.
Ver a García Márquez andar el mundo con sus ojos en vilo y sus palabras en el aire, ha sido uno de los grandes prodigios que nos ha dado la vida.
No se juega con el amor, ni con la historia, ni con los cuentos de la tierra y el río. O se juega para ganarles, como ha hecho el Gabo. 
 De semejante triunfo hemos sido testigos sus lectores, que siempre somos sus amigos.
No solía hacerlo, creo que estaba acostumbrado a los elogios, pero ese día Mónica me llamó para pasarme a Don Gabriel.
 “Estoy que patino, con eso que dijiste”.
Contaba yo, en ese texto, una rara noche en Cartagena, cuando ya estábamos todos exhaustos, pero más él que había tenido feria, en su nombre, durante seis días.
 Mientras cenábamos corrió por la ciudad el chisme de que Don Premio andaba en la calle, y durante la cena una señora pidió entrar con su niño a tomarse una foto
. Al rato había una peregrinación esperando con sus libros y sus hijos. Cuando terminaron la cena y las firmas, salimos a la calle de piedra. Ahí esperaba un grupo de músicos cantando La gota fría
. Al ver a esos hombres tocando sus célebres instrumentos el Gabo dejó de caminar con los pies pegados al piso, como le había dicho el médico y él nos recomendaba, y se puso a bailar a media calle.
 Sergio Ramírez debe tener las fotos que Tulita su mujer nos tomó entonces. Creo que ahí anduvo la esencia de la felicidad. Había estrellas.
Podía haber cualquier postre si le servíamos helado de vainilla
Hubo muchas tardes. Una de ellas nos hizo reír con los líos en que lo había metido un señor al que tuvo a bien inventar usando un sombrero que debe quitarse, ponerse, acomodar y recoger todo el tiempo.
 No sólo tenía que hacerse cargo del hombre sino de su sombrero. También lo había puesto en líos un gato.
 Se le ocurrió inventar un gato, pero dado su escaso tratar con los gatos no sabía cómo lidiar con él, así que decidió ponerlo a hacer lo que fuera y después preguntarles a expertos en gatos si lo que el suyo hacía era posible.
Helado de vainilla. Podía haber cualquier postre, si al final le servíamos helado de vainilla. Y cantábamos.
Creo que una de las últimas versiones ilustres que hicimos juntos, por hacer quiero decir cantar en desorden, fue la de Nube Viajera.
Una canción que cuyo estribillo dice: “Ay dónde estás, por qué no vuelves a iluminarme, nube viajera, por una sola de tus caricias, todo lo diera, aunque volvieras de nuevo a irte lejos de mí”.
Otro día les cuento más.
 Y espero que mejor contado. Ahora sólo he querido estar en estas páginas dedicadas al genio nuestro, al hombre bueno y excepcional que tanto añoramos ya, para desde aquí volver a darle un abrazo a Mercedes
. Me estoy haciendo al ánimo de salir rumbo al velatorio. Al mismo en el que estuvimos con Álvaro Mutis, porque así son estos mexicanos que vinieron de Colombia, estos colombianos de pura sangre que con tanto cariño han vivido en México.
 Sencillos. Quieren estar cerca y que todos estemos. Dice Mercedes que le ha dicho a Carmen. “Ya estarán ahora tomando algo y contando cosas”. “¿De qué hablan ustedes?” les preguntaron un día. “De las mismas vaínas”, contestaron.
Ángeles Mastretta es escritora mexicana.

 

21 abr 2014

La burbuja del café.....................................................Javier Guzmán

La OIC (Organización Internacional del Café) acaba de informar de que el precio medio mensual de su compuesto de café de referencia ha sufrido un aumento del 20% respecto a febrero.
Esta burbuja de precios esta vez encuentra su explicación en la posible falta de suministro provocado por la actual sequía del primer productor del mundo, Brasil.
Pero las situaciones de alta volatilidad de precios durante los últimos años son cada vez más recurrentes y en absoluto son coyunturales.
El café es un ejemplo nítido de cómo funciona el actual sistema agroalimentario en el mundo, así observamos que el 80% del cultivo del café mundial es producido por 25 millones de pequeños agricultores que reciben un precio miserable; están condenados a sobrevivir con menos de dos dólares al día.
 Los pequeños productores de los países del sur están dedicando sus mejores tierras a un producto para exportación que reproduce una pobreza eterna, en lugar de dedicarlo a cultivos destinados a la alimentación y al estímulo de los mercados y economías locales.
Entonces si el campesinado no aumenta su renta ni siquiera en momentos de alza del precio, ¿quién se lleva la ganancia de este producto superventas?
 Pues ya pueden imaginar, empresas transnacionales que controlan el mercado.
 Además en los últimos años estas empresas han ido más allá y ahora quieren controlar también el último eslabón, la producción: para ello desarrollan estrategias de acaparamiento de tierras en países del sur.
Los Estados europeos no pueden seguir ignorando su responsabilidad en este asunto, urge abordar una regulación y control de la actuación de las empresas fuera de las fronteras europeas, así como abordar una regulación estricta que acabe con el fenómeno de la especulación alimentaria que condena al hambre y la miseria a millones de personas en el mundo.— Javier Guzmán. Director de VSF Justicia Alimentaria Global