Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

17 abr 2014

La delgada línea entre regalo y soborno

La respuesta a la corrupción es aprobar decenas de códigos éticos sin mecanismos de control

Los textos evitan señalar un precio a partir del cual no debe aceptarse un obsequio.

La corrupción va más allá del típico intercambio de maletines. / James Lauritz (Getty Images)

Si un denominador común tiene la corrupción que ha invadido España en la última década es el uso y abuso del regalo, el hábito del agasajo sin complejos al alto cargo, al responsable de tomar aquellas decisiones que pueden hacer prosperar un negocio.
 Y también la costumbre del donativo. ¿Cuántas veces se ha superado la línea donde lo que se entiende por cortesía debe llamarse, simple y llanamente, soborno?
España ha sido un escenario de políticos acompañados de sobres con billetes de 500 euros, de cuentas en países lejanos, de relojes de alta gama, de joyería fina, bolsos de primeras marcas, viajes a paraísos terrenales con los gastos pagados y cumpleaños para niños todo incluido.
 También ha dejado para la posteridad el patrón de traje-para-presidente-por-cuenta-ajena.
La consecuencia de esta feria del regalo ha sido un descrédito de la política y de los políticos hasta el punto de que los ciudadanos españoles consideran la corrupción como uno de los tres principales problemas del país
. La respuesta a este conflicto no ha sido muy contundente: ante la sospecha generalizada, se aprueba un código ético
. Ahora bien, ¿existe una regulación que impida que ciertos hechos se produzcan o estamos ante una forma de maquillaje? ¿Están nuestros altos cargos preparados para no aceptar ningún tipo de regalo? Los expertos tienen serias dudas al respecto.
En España,
los sobornos a extranjeros eran deducibles
La réplica a tanto sumario judicial ha sido la elaboración por parte de los dirigentes políticos de códigos éticos, que se han consensuado, aprobado, firmado y aplicado por decenas en el último lustro.
 Puede afirmarse que casi no hay comunidad autónoma sin código ético (Galicia hace escasas semanas ha puesto en marcha un segundo código), puede asegurarse que no hay partido político sin normas de conducta
. Con gran aparato, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) elaboró un Código del Buen Gobierno Local en 2009 para su aplicación por todos los ayuntamientos de España.
 Entre sus objetivos estaba “servir de instrumento que permita crear confianza entre los políticos y los ciudadanos”, recogía principios de transparencia y ética pública, junto a medidas para mejorar la gestión y calidad de la democracia local, aludía su redactado al fomento de la transparencia y la democracia participativa, al respeto de la voluntad de la ciudadanía
. Todo un compendio de grandes palabras y buenos propósitos.
Pero el texto avanzaba que se formarían comisiones de control.
 Los ayuntamientos deberían ratificar este documento y hacerlo suyo, informarían de su existencia y contenido a la ciudadanía y velarían por su cumplimiento.
 Cinco años después de tanta buena intención, la FEMP desconoce cuántos ayuntamientos españoles han ratificado este texto.
 “Inicialmente, tenemos conocimiento de que lo aprobaron medio centenar, pero realmente no hemos llevado la cuenta”, reconoció un portavoz.
Otro detalle. El texto preveía la creación de un Observatorio de Evaluación de Calidad Democrática que fiscalizaría la aplicación del Código
. No hay constancia de que se haya creado dicho observatorio. Conclusión: no hay datos de cuántos consistorios lo han aprobado y mucho menos de cómo lo están aplicando.
“Aquí lo que existe es un lampedusismo [cambiarlo todo para que nada cambie]. Damos la apariencia de que el problema está resuelto aprobando un código ético”, apunta Fernando Jiménez, profesor de la Universidad de Murcia y experto en lucha contra la corrupción.
“Ya tuvimos una época parecida después del caso Filesa y de los casos de corrupción del felipismo. Son operaciones de marketing.
 Es una oleada de regeneracionismo sin voluntad real de aplicar medidas contundentes.
 Se acaba de aprobar una ley de transparencia que para haber llegado tan tarde es un paso muy corto. No hay voluntad de cambio en los partidos políticos porque sus relaciones de apoyo son bases clientelares.
 Dentro de los partidos no se ha dejado maniobrar a la gente crítica.
 Tendría que haber un liderazgo social. Necesitan alguien que quiera inmolarse en el proceso”.
No hay control de cuántos municipios cumplen con sus regulaciones
La prueba evidente de que tanta normativa no está resultando eficaz es comprobar cómo España baja 10 puestos en el índice de Transparencia Internacional de 2013 y cómo la percepción de que somos un país corrupto no solo aumenta respecto de la política sino que ha llegado a la actividad privada.
“En España no ha habido una política anticorrupción y lo que nos falla son los mecanismos de control”, dice Manuel Villoria, catedrático y miembro del Consejo de Dirección de Transparencia Internacional.
“Todo el sistema está plagado de falta de valentía, de pactos interesados y de acuerdos”. Villoria recuerda la iniciativa que tuvo el ministro socialista Jordi Sevilla, titular de la cartera de Administraciones Públicas, cuando consiguió que se aprobara en un Consejo de Ministros de 2005 el Código del Buen Gobierno del Gobierno.
 Por aquel entonces, los casos de corrupción estaban empezando a salir a la superficie y se vendió aquella iniciativa como un acto ejemplar de regeneración.
 El código establecía que el ministerio haría un informe anual sobre su cumplimiento. Desde febrero de 2005 nunca se ha presentado un informe en ningún Consejo de Ministros, tanto de aquel Gobierno como del actual.
Todos y cada uno de estos códigos tratan de regular la conducta del político y el alto cargo. Y, entre las normas a seguir, aclaran cuál es el comportamiento que hay que tener hacia el regalo. Lo que sucede es que la regulación es breve y ambigua.
 ¿Qué dicen los códigos éticos a la española sobre los regalos? En líneas generales, repiten una misma frase: “No se aceptarán regalos que sobrepasen los usos y costumbres de la simple cortesía por parte de entidades y personas”. Así, uno tras otro.
¿Forma parte el jamón de pata negra de los usos y costumbres de la cortesía a la española? ¿Y la cesta de productos artesanos de primera calidad? ¿Dónde se sobrepasa la cortesía? Mejor dicho, ¿cuánto cuesta sobrepasarla, cuál es el precio?, ¿por qué nadie aporta una cifra?
Otro ejemplo. El Ayuntamiento de Palma de Mallorca anunció, durante la legislatura bajo gobierno socialista, un borrador de código ético según el cual quedaban prohibidos todos los regalos que superaran un valor de 50 euros
. Por fin, un precio. Pues bien, meses después, cuando el borrador fue consensuado, llegaron los matices y salió volando del texto final el detalle de los 50 euros
. Todo se ha quedado en “usos y costumbres de la simple cortesía”. ¿Por qué esa resistencia a señalar una cifra?
Palma puso un límite de 50 euros, pero la cifra saltó en el texto final
“Aquí actuamos de cara a la galería”, sostiene Francisco Cardona, exfuncionario de la OCDE especializado en gobernanza pública y políticas anticorrupción. “No hay mecanismos de control, porque el control está politizado y no hay protección para el denunciante.
 La lucha anticorrupción se ha confiado al código penal. Si no hay condena, no hay delito. La mejor regulación es aquella en la que el regalo está prohibido. Porque el regalo o la invitación es un coladero.
 Cuando en la OCDE tratamos de regular ese asunto nos encontramos con que no había problemas en los países del norte, pero en el sur había otros estándares.
 Dicen que es una cuestión religiosa, que los luteranos son más estrictos en este terreno
. Logramos que 40 países se adhirieran a un Convenio para evitar el soborno a funcionarios extranjeros elaborado en 1997 por Estados Unidos, porque allí el soborno es delito federal
. En España nos encontrábamos con que los sobornos a funcionarios extranjeros eran deducibles del impuesto de sociedades”. La OCDE no ha llegado a sancionar a España, pero sí ha dejado ver en sus informes que no se investiga el comportamiento ético de nuestras empresas en el exterior.
La última aportación a la bibliografía sobre códigos éticos procede de Galicia
. A pesar de que la Xunta ya contaba con un código desde los tiempos del bipartito (“no se aceptarán regalos que superen los usos habituales de cortesía”, decía el texto), la oleada de casos que afectan a municipios de toda condición, ha decidido al presidente Feijoo a buscar una segunda redacción:
 “Los altos cargos y empleados públicos no podrán aceptar, recibir o solicitar ningún regalo, dádiva, beneficio o favor para sí mismo y para su círculo familiar inmediato por parte de personas físicas o jurídicas”. Y para que no haya duda “se restringe lo que puede ser entendido como cortesía institucional”.
 Y le pone un precio: siempre que no rebase el importe máximo de 90 euros.
Así que el detalle de los 90 euros gallegos se convierte en todo un referente cuando la bibliografía sobre la materia en suficientemente extensa en Europa.
 Así, la OCDE redactó una especie de manual sobre regalos para altos cargos donde, entre otros conceptos señala el de “valor de mercado” de un regalo en el momento de ser recibido
. También menciona la figura del “regalo que debe ser reportado”.
 La Cámara Internacional de Comercio (ICC) ha hecho una revisión de las normas a seguir en esta materia: el documento tiene 4 folios y llega a determinar que “las invitaciones de bajo coste como bebidas no alcohólicas” pueden ser aceptadas.
 Y, si no fuera suficiente, la Comisión Europea elaboró en 2012 una guía sobre “regalos e invitaciones” para los altos cargos.
 El documento tiene ocho folios y señala varias escalas de aceptación de regalos según valgan menos de 50 euros, entre 50 y 150 (que necesitan de un permiso) o sobrepasen los 150 euros (que están directamente prohibidos). ¿Por qué ningún código ético español se ha inspirado en estos documentos?
La creencia de que legislando se acaba con el problema ha llegado hasta el sector privado
. Algunas modificaciones incluidas en el Código Penal en 2010 introducían un nuevo concepto como es el “soborno entre particulares”, de tal manera que el cohecho ya no solo afectaba al funcionario público, si no que la ley entraba a discernir sobre lo que podía suceder en la esfera de la empresa privada.
 A partir de ese momento, muchas empresas privadas han introducido códigos de conducta, establecido normas de prevención e incluso desarrollado planes de formación para sus ejecutivos y empleados.
“En un palco de fútbol hay que preguntarse quién te ponen al lado”
La iniciativa motivó muchas críticas en el mundo de la empresa.
 “No se percibe la necesidad de la criminalización de estas conductas en el sector privado, por cuanto la lesividad que ocasionan no alcanza relevancia suficiente para su sanción en el ámbito penal”, decía una nota del despacho Garrigues.
“Parece que hubiera sido más adecuado sancionar las conductas de corrupción privada en el ámbito de la regulación de la competencia, y dejar su sanción penal para los casos realmente graves de distorsión de la concurrencia”
. No obstante, las empresas privadas también se abrazaron al código de conducta. ¿Eficacia? Está por ver, aunque en el sector privado está mucho mejor regulada la protección al denunciante.
Usos y costumbres. Normas de cortesía y hospitalidad
. En la interpretación de estas palabras descansa la línea entre lo que es un obsequio y lo que puede ser un regalo comprometedor. Varios años después y varios centenares de imputados más tarde, no parecen firmemente sentadas las bases de una verdadera política anticorrupción ni de un cambio de cultura, según los expertos.
Ejemplo de que muchos detalles no han cambiado siguen vigentes. ¿Entra dentro de las normas de cortesía aceptar una invitación al palco de un club de fútbol en un partido de la Champions League? La entrada más cara para uno de esos encuentros suele superar con creces los 100 euros. La pregunta la responde Manuel Villoria:
“El palco de un estadio de fútbol es el espacio ideal del lobbismo. Aquí la pregunta que hay que hacerse es otra: ‘¿A quién te han puesto al lado en el palco?’. Así que ya no solo hay que mirar el valor de la localidad sino la identidad y los intereses que representa quien está sentado a tu derecha”.

 

Knausgård: vivir para confesarlo

La última revelación de las letras europeas es un escritor noruego, autor de ‘Mi lucha’, ciclo de 3.600 páginas que le ha valido comparaciones con Proust o Sebald

El autor afirma que el éxito le produjo “un problema de identidad”.

El autor noruego Karl Ove Knausgård. / leemage

Durante tres años seguidos, Karl Ove Knausgård escribió veinte páginas diarias sobre su propia existencia.
 El escritor noruego pretendía superar así una larga crisis creativa, pero también la trágica desaparición de su padre, fallecido tras ingerir cantidades industriales de alcohol junto a una abuela senil e igualmente ebria, pocos meses antes de que el autor cumpliera 40 años. Knausgård siguió escribiendo hasta concluir una saga de seis volúmenes autobiográficos, escritos con lucidez existencial y honestidad sanguinaria, a la que la que confirió el polémico título de Mi lucha, que reconoce haber escogido como pura provocación.
Su aventura terminó en 2011, cuando ya se había convertido en un fenómeno de masas en Escandinavia
. Desde entonces, también lo es en el mercado anglosajón, donde se le ha comparado con Proust y W.G. Sebald, además de ser adulado por autores como Jonathan Lethem, Zadie Smith y Jeffrey Eugenides –“ha roto la barrera de sonido de la novela autobiográfica”, sentenció este último–, beneficiado por el respaldo del todopoderoso agente Andrew Wylie, responsable del boom internacional de Roberto Bolaño
. Tras un primer volumen centrado en su progenitor, La muerte del padre, Anagrama publica ahora el segundo tomo de la saga, Un hombre enamorado, que versa sobre las frustraciones de su vida diaria como padre de familia, relatadas con todo lujo de detalles.
“Yo quería dejar a Linda, porque siempre se estaba quejando, siempre quería algo distinto, y nunca hacía nada para conseguirlo.
 Se limitaba a quejarse, quejarse y quejarse”, sostiene sobre su mujer nada más empezar.
Pasan unos minutos de los dos de la tarde. Knausgård, hombre de rostro torturado y mirada cristalina, aguarda en el andén de la estación de Ystad, pequeña ciudad en la costa sur de Suecia a la que se mudó junto a su familia hace tres años, huyendo del mundanal ruido de Estocolmo.
Una vieja camioneta llena de objetos desordenados –libros de Per Petterson, una temporada de la serie Mad Men y hasta una muñeca Violeta, la heroína argentina de la factoría Disney– nos conducirá hacia su hogar, una casa de campo tradicional dotada de un espacio de trabajo independiente que huele a tabaco y cafeína, presidido por una batería que dice tocar de vez en cuando.
 La entrevista tendrá lugar en el sofá naranja de su biblioteca, donde conviven Stig Dagerman, Virginia Woolf y los ensayos de Montaigne. “Me estudio más que ningún otro asunto. Yo soy mi física y mi metafísica”, dejó dicho el pensador francés.
 Damos por sentado que, siendo autor de 3.600 páginas sobre su propia vida, lo comparte sin matices.
Su proyecto ha causado un sufrimiento atroz a su alrededor
Llevaba tiempo trabajando en el libro, pero no encontraba la forma adecuada de tirar adelante.
 Un día me puse a escribir de manera embarazosamente confesional, contando cosas íntimas de las que nunca había hablado antes”, empieza relatando.
 Cuando se lo enseñó a su editor, le dijo que le parecía digno de “un maníaco”
. Ese día entendió que lo había encontrado. “Había en el texto una energía infrecuente. Abordaba una intimidad de la que se supone que no debe hablar una novela”, explica.
El éxito del proyecto reside, precisamente, en la transgresión de ese tabú.
 Al recorrer sus páginas, uno tiene la sensación de allanar su morada y adentrarse sin permiso en su privacidad.
 De hacerse con un diario personal escondido en un cajón y leerlo con avidez, para terminar descubriendo secretos extrañamente familiares
. Retraído pero nada hermético, Knausgård asiente. Existe placer en el hecho de leer sobre vidas ajenas, pero también en el de contar la tuya. Narrar tu propia existencia resulta casi lujurioso. Y, como toda lujuria, viene acompañada de culpa y de vergüenza.
 Por lo menos, eso es lo que he sentido yo”, asegura.
Pregunta. Su proyecto ha causado un sufrimiento atroz a su alrededor. Su madre le intentó disuadir para que no lo publicara, su ex mujer le ha condenado públicamente, la familia de su padre no le habla y su actual esposa terminó deprimida. ¿Cómo consiguió tirar adelante?
Me planteé no publicarlo, pero necesitaba el aplauso ajeno”
­Respuesta. Me repetía que el libro era más importante que mi vida.
 En aquel momento, lo creía de verdad.
 Cuando uno crea algo así, debe quererlo con todas sus fuerzas. Si no, el proyecto no resulta valioso. Eso no quita que fuera difícil e incluso descorazonador.
 Yo siempre me había visto como una buena persona. Y este libro no era el acto de una buena persona.
 Pero, por una vez en mi vida, me dije que tenía que ser honesto.
P. Entonces, ¿cree que ha valido la pena?
­R. Sí. Estoy feliz de que estos seis libros existan.
 Lamento haber hecho daño a los demás, pero no puedo decir que lo sienta. Dicho esto, dudé mucho. Cuando mandé el manuscrito a mi entorno y todos reaccionaron tan mal, me planteé no publicarlo.
 Ya lo había escrito, ¿para qué necesitaba que lo leyeran los demás? Entonces me di cuenta de que necesitaba el aplauso ajeno.
Solo lo siento por mis hijos. El precio que pague yo no me importa, pero el que puedan pagar ellos, sí.
Se calcula que uno de cada cinco noruegos ha leído alguno de sus libros.
 Algunas empresas tuvieron que prohibir sus novelas para evitar que los trabajadores se desconcentraran en horario laboral.
 Lejos de alegrarle, el éxito le perturbó.
 “Yo procedía del mundo académico y me consideraba un tipo serio que hablaba de cosas importantes. No me veía como un autor de best sellers”, reconoce. “¿Cómo era posible que me sucediera esto? ¿En qué había fallado?
El éxito me provocó un problema de identidad.
Afectó a la imagen que tenía de mí mismo”. Es cierto que sus novelas anteriores tenían un perfil más erudito
. Su segundo libro, Un tiempo para todo, versaba sobre la conexión entre lo humano y lo divino, además de reinterpretar pasajes de la Biblia.
 En cambio, Un hombre enamorado habla de calentar biberones y preparar papillas, de sortear desdichas domésticas y ganar batallas conyugales a riesgo de perder la guerra.
Anagrama edita en castellano el segundo tomo, ‘Un hombre enamorado’
P. ¿Cómo pasa uno de las sagradas escrituras a los pañales de sus hijos en menos de media década?
R. Nunca me lo planteé racionalmente – responde, soltando su primera y última carcajada. – Sentía una gran frustración, provocada por mi vida familiar.
 Me decía que mi vida no tenía sentido y soñaba con marcharme
. Hoy me sigo sintiendo así, pero menos. Este libro resolvió algo en mi interior. Antes veía a mi familia como el enemigo
. Ahora los veo como aliados. La recepción del libro fue tan extrema que agradecí que estuvieran a mi alrededor para protegerme.
P. ¿Ahora ya no cree que sería mejor escritor si no tuviera familia?
R. No, porque estaría totalmente aislado. Tener mujer e hijos me obliga a la interacción social, a enfrentarme al otro.
 Y de esa confrontación surge algo indudablemente bueno. Cuando era joven me marchaba largas temporadas a islas semidesiertas, porque creía que así era como uno debía escribir.
 Con el tiempo he entendido que hay que aprovechar lo que tienes delante. Sin ese conflicto familiar, mi libro no existiría.
Para seguir me repetía que el libro era más importante que mi vida”
P. ¿En algún momento lamentó haber escogido un título tan connotado y polémico como Mi lucha?
R. No. Siempre me ha parecido un buen título.
 Al final del sexto libro hablo sobre Hitler, aunque no fue premeditado.
 Me interesa la diferencia entre individuo y masa.
P. En el primer volumen, define esa lucha como un enfrentamiento “contra una fuerza superior”, pese a no ser religioso.
 ¿En qué consiste entonces esa fuerza?
R. Me resulta imposible responder con precisión.
 Existe un gran anhelo en el libro por vivir en el momento presente.
Es algo que solo me sucede con la lectura, la escritura y el arte
. Es un sentimiento parecido al que debía de ofrecer la religión: una conexión con el mundo, un esplendor de la existencia.
 Mis hijos no estudian la Biblia en el colegio y lo siento por ellos. Se está perdiendo un lenguaje, una mitología, una manera de experimentar el mundo. ¿Dónde ha quedado el éxtasis? ¿Ha adoptado otra forma o ya no lo necesitamos?
P. Dígamelo usted.
R. Diría que la cultura del entretenimiento ha sustituido a la religión en solo un par de generaciones. Mis hijos crecerán en un mundo muy distinto al de mis padres
. Me da pena, pero tampoco me opongo a ello. ¿Qué puedo hacer si a mi hija le gusta Violeta? Cada generación tiene las llaves de su tiempo.
P. Suecia, Noruega y Dinamarca encabezan la lista de naciones con mayores índices de felicidad, según datos recientes de la Universidad de Columbia. ¿Intensifica eso su desapego?
R. Tal vez tenga envidia de esa gente, porque yo nunca he sido feliz.
 Ya sabe que existe una larga tradición de intelectuales escandinavos depresivos, de Ingmar Bergman a Lars Von Trier [sonríe].
 Ser escandinavo significa formar parte de una sociedad que, desde que eres niño, te repite que no eres más importante que tu vecino.
 En la fotografía más conocida del Rey de Noruega, aparece en un tranvía vestido de calle y enseñando su billete.
 Ese proyecto social igualitario me parece bueno.
El problema es que implica un consenso excesivo
. En Escandinavia, todo el mundo piensa lo mismo. Y, cuando te atreves a decir cosas opuestas al consenso, eres considerado un ser malvado.
P. Pues en el libro dice unas cuantas. Por ejemplo, pone matices a la igualdad entre géneros y dice sentirse “emasculado” como hombre.
R. Eso responde a una gran inseguridad respecto a mi propia masculinidad. Un hombre de verdad no tendría problemas en criar a sus hijos.
 Ahora he cambiado un poco.
 He encontrado una manera de ser padre sin sentirme amenazado, tal vez porque vivo en el campo, donde los roles de género son más tradicionales que en la ciudad.
 Cuando vivía en Estocolmo presencié una conversación entre dos hombres que discutían sobre si era mejor llevar al niño de cara o de espaldas en la mochila porta-bebé. Me produjo un intenso sentimiento de claustrofobia.
 Odio que seamos cada vez más parecidos. Es mi definición del infierno.
P. ¿Qué escribe uno después de un proyecto como este?
R. De momento, muy poco.
 Tengo que superar lo que me ha pasado para ser capaz de seguir adelante.
 Necesito escapar a lo que soy y sentirme libre.
 Me he puesto a leer sobre física, disciplina de la que no sé nada, para ver si logro reinventarme
. De momento no ha dado resultado.
El año pasado intenté empezar una novela
. Escribí cuarenta páginas abominables.
 Sé que es posible que no vuelva a escribir nada que merezca la pena publicar.

 

16 abr 2014

Francia congela las jubilaciones, los sueldos de funcionarios y las prestaciones

El Ejecutivo presenta los detalles de su plan para ahorrar 50.000 millones en tres años

Anuncia recortes en sanidad y se reducirán los efectivos de la mayoría de ministerios

“No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades", advierte Manuel Valls.

 

Valls, tercero por la izquierda, junto a los miembros de su gabinete tras el consejo de ministros. / PHILIPPE WOJAZER (REUTERS)

Presionado por Bruselas y por Berlín para cumplir con los plazos de reducción del déficit, el flamante primer ministro francés, Manuel Valls, ha salido este miércoles a la palestra para avanzar algunos detalles del plan de ahorro de 50.000 millones de euros en tres años anunciado por el presidente François Hollande.
 El Gobierno, que validará el reajuste la semana que viene en Consejo de Ministros, congelará las pensiones y las prestaciones sociales y no revalorizará el sueldo de los funcionarios, sin cambios desde 2010.
 En total, el Estado asumirá 18.000 millones del ahorro, las colectividades locales 11.000 millones, la sanidad 10.000 millones y la gestión del sistema social otros 11.000 millones de euros.
“Le debemos la verdad a los franceses, no es Europa la que nos impone sus elecciones, pero nuestro gasto público supone el 57% de la producción de riqueza”, aseguró el primer ministro, que, algo inédito en la historia de la V República, se sustituyó al portavoz del Gobierno en la habitual conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros.
 “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades y debemos romper esa lógica de la deuda que nos tiene atados de manos”, continuó y reafirmó el compromiso del Gobierno en cumplir con las reducciones del déficit y de la deuda en nombre de una mayor “soberanía”.
El país cerró 2013 con un desfase entre ingresos y gastos equivalentes al 4,3% del PIB, dos décimas por encima de lo previsto.
Para ello detalló el plan de ahorro de 50.000 millones de euros “repartido entre todos”, al cual ya se refirió la semana pasada en su discurso de presentación de política general.
 Una de las principales novedades consiste en el anuncio de la congelación de las pensiones y prestaciones sociales.
“En este contexto excepcional, no se revalorizarán hasta octubre de 2015”, indicó. La medida se aplicará al régimen de pensiones básico, a excepción de la más modestas, y podría ampliarse a las complementarias
. Sumada a la congelación del resto de las prestaciones, de las que quedan excluidas las mínimas como la ayuda a las personas sin recursos, supondrá un ahorro de entre 2.000 y 4.000 millones de euros.
 Estas se superponen a las reformas ya decididas, como el retraso de la edad de jubilación.

El Estado asumirá su parte en el recorte, del orden de 18.000 millones de euros (mil millones de menos que el anunciado la semana pasada)
. A los funcionarios les mantiene la congelación del índice a partir del cual se calcula su remuneración, una medida en rigor desde 2010.
Junto a ello y además de una reducción de los gastos inmobiliarios, reducirá los efectivos de los ministerios, salvo en educación, seguridad y justicia
. Las agencias públicas estatales, a excepción de las oficinas de desempleo y la universidades, deberán reducir igualmente sus gastos de funcionamiento.
 El Ejecutivo mantiene, sin embargo, su compromiso en creación de empleos en la educación nacional.
La administraciones locales por su parte deberán ahorrar unos 11.000 millones de euros en estos tres años.
 Otros 10.000 millones procederán del ámbito sanitario, que no debería afectar al nivel de asistencia de la seguridad social
. Sin entrar en mucho detalle, Valls evocó el seguimiento de medidas ya en marcha, como potenciar los medicamentos genéricos y un mayor eficiencia del sistema, como la promoción de la cirugía ambulatoria, que permite el alta hospitalaria el mismo día de le operación.

Cambios en impuestos

En contrapunto, el Gobierno se compromete a adoptar en junio “una medida para los contribuyentes más modestos”, en un esfuerzo por reforzar el poder adquisitivo para “reactivar la economía y ser más justos”.
 Valls descartó también reducir el salario mínimo para los jóvenes y las personas en el paro, una propuesta del presidente de la patronal Pierre Gattaz de la víspera, que había puesto en pie de guerra a los sindicatos y provocado una minipolémica.
Este ahorro debería permitir financiar el gran Pacto de Responsabilidad y de Solidaridad anunciado por el presidente François Hollande, por el que el ejecutivo reducirá las cotizaciones que pagan las empresas para aumentar su competitividad y a cambio de que creen más empleo.
 Las medidas anunciadas este miércoles serán aprobadas la semana que viene en Consejo de Ministros y se debatirán en el parlamento a partir de la siguiente.

La pretérita intensidad.................................................... Jordi Costa

Asumida la condición de anacronismo de 'Tren de noche a Lisboa', sería excesivo no reconocer una cierta habilidad de Bille August para no perder el hilo narrativo.

Jeremy Irons en 'Tren de noche a Lisboa', de Bille August.

El azar cruza puntualmente los pasos de un otoñal profesor de instituto de camino al trabajo y de una enigmática muchacha al filo del abismo (y del suicidio) en esta adaptación de la novela homónima de Pascal Mercier que El Aleph publicó en castellano en traducción de José Aníbal Campos.
 El danés Bille August lleva el libro a imágenes con un academicismo bastante desganado, que ha espoleado entre la crítica internacional severos juicios que coinciden en sancionarla como fósil fuera del tiempo.
 No obstante, asumida su condición de anacronismo expresivo, sería excesivo no reconocer en las claves clásicas del cineasta una cierta habilidad para no perder el hilo de la trama entre sus diferentes niveles narrativos.
Un impulsivo viaje a Lisboa que quizá resulte más convincente sobre el papel que en la pantalla convierte al profesor Raimund Gregorius (Jeremy Irons) en interlocutor póstumo de la voz de un hombre muerto: el intelectual pessoano Amadeu Prado (Jack Huston), que, enfrentándose a sus orígenes familiares, fue figura clave en la trastienda de la revolución de los claveles.
Planteada como una investigación sonámbula desarrollada por un sujeto desubicado, Tren de noche a Lisboa termina desvelando la tragedia de un triángulo amoroso en una encrucijada histórica que parece el reverso desencantado del que en su día inmortalizaría Casablanca (1942)
. La estrategia narrativa afirma como tema de fondo el contraste entre la intensidad de un heroísmo marcado por la fatalidad y la muerte en vida de los tiempos anti (o post)-heroicos. Todo es viejo, discursivo y sumiso al original literario, pero no necesariamente inepto.

TREN DE NOCHE A LISBOA

Dirección: Bille August.
Intérpretes: Jeremy Irons, Jack Huston, Mélanie Laurent, Christopher Lee, Lena Olin, Tom Courtenay, Bruno Ganz, August Diehl, Charlotte Rampling.
Género: drama. Alemania-Suiza-Portugal, 2013.
Duración: 111 minutos.