Premio Goya al mejor director revelación por La herida (que
también mereció una estatuilla para su actriz, Marian Álvarez), Fernando
Franco aceptó el reto de EL PAÍS de llevar una cámara a la ceremonia
para rodarla desde dentro para los lectores del diario.
10 feb 2014
9 feb 2014
Benjamin Moreno: A las pantallas por asalto
Por CRISTINA RIVERA-GARZA
“La mayoría de los escritores serios no se acercan a las cosas que les ofrece la tecnología de su tiempo”, dijo William Burroughs, el autor de Naked Lunch y Junkie y Cities of Red Night,
entre otras tantas novelas memorables, que este 5 de febrero celebraría
el centenario de su nacimiento.
“Nunca he sido capaz de entender esa clase de miedo”, concluía el autor en una entrevista que le concedió al Paris Review en 1965
. Las cosas, como es posible constatarlo a través de las frecuentes declaraciones airadas de esos escritores serios que ven a la tecnología digital como el signo del fin de los tiempos, no han cambiado mucho
. No se trata de estar a la moda y ni siquiera de un imperativo por actualizarse a toda costa, sino de esa misma curiosidad que llevó a Burroughs a inventar sistemas de corte y yuxtaposición textual (por donde, decía, se derramaba el futuro), y a incursionar en el cine, la música, y las artes visuales mucho antes de que la idea del texto mutante se volviera el termómetro estético de nuestra época. Si Gertrude Stein estuviera aquí enfrente, le diría que, más que un escritor adelantado a su tiempo, Burroughs ha sido uno verdaderamente de su tiempo. Apuesto a que Stein, quien alguna vez escribió que la única verdadera responsabilidad de todo escritor es ser un escritor capaz de enunciar su propia contemporaneidad, me daría la razón.
No sé qué pensaría la experimentalista estadounidense del caso de Benjamín Moreno, pero aquí van sus datos. Benjamin nació en Querétaro y reside ahora, junto con la poeta Minerva Reynosa (con quien ha formado el colectivo Benerva) y su hija Erdera (sí, Gerardo Deniz dixit) en el noreste de Estados Unidos, donde termina un posgrado en escrituras digitales. Benjamín, como la mayoría de su generación, inició publicando en papel—de hecho, su novela Signos de la amnesia voluntaria, apareció en el 2009, en Tierra Adentro. Pronto, sin embargo, su curiosidad lo llevó a explorar otros canales de producción
. Luego de pasar un rato aprendiendo Flash (eso cuenta la leyenda), Benjamín produjo sus primeros conretoons—una serie de experimentos en los que la materialidad de las palabras (una nube que literalmente asciende; un salto que, en efecto, salta) tomaba a la pantalla por asalto
. Aunque su contacto con la tecnología se ha vuelto cada vez más compleja (la última vez que participó, via skype, en uno de mis talleres de escritura nos describió cómo estaba haciendo ese pequeño robot que, al avanzar, dejaba palabras hechas de polvo tras de sí, por ejemplo), Benjamín llevó a cabo un experimento de poesía sonora cuya habilidad técnica se equipara con su relevancia cultural—un equilibrio que con frecuencia brilla por su ausencia en las más novedosas incursiones de la escritura en la tecnología y viceversa.
En “Los grandes de la lírica española en el inigualable estilo de Octavio Paz”, que se puede consultar aquí: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2228&Itemid=98 o aquí: https://soundcloud.com/brmoreno, Benjamín recopiló un amplio archivo sonoro de la voz del famoso poeta mexicano y, de ahí, extrajo frases completas, palabras, sílabas, a veces sólo fonemas, que, recombinadas, le sirvieron para que esa voz enunciara otro tipo de textos: las letras de las canciones de, por ejemplo, el Tri, un grupo de rock, o de Marco Antonio Solís, el Buki, un muy conocido cantante de baladas románticas.
Más allá de la mezcla de la así llamada alta cultura y la cultura popular y, sobre todo, más allá del ámbito de la mera puntada, a Benjamin le interesaba cuestionar la convenciones a través de las cuales entendemos lo poético
. Este proyecto de intervención sonora no sólo se valió de un conocimiento práctico de lo que es el hiato, la sinalefa o la paronomasia para producir un sonido natural en los sonidos finales, sino que, de manera más amplia, puso en cuestión nuestra idea de materia, ligándola a las nociones culturales, sociales y, a fin de cuentas, políticas que le dan valor a dicha materia.
Yo creo que Burroughs pasaría un buen rato platicando con Benjamín al amparo de esos cielos verticales que son las pantallas
. Pero, bueno, hay que admitir que ninguno de los dos es uno de esos escritores serios adeptos a las declaraciones airadas.
“Nunca he sido capaz de entender esa clase de miedo”, concluía el autor en una entrevista que le concedió al Paris Review en 1965
. Las cosas, como es posible constatarlo a través de las frecuentes declaraciones airadas de esos escritores serios que ven a la tecnología digital como el signo del fin de los tiempos, no han cambiado mucho
. No se trata de estar a la moda y ni siquiera de un imperativo por actualizarse a toda costa, sino de esa misma curiosidad que llevó a Burroughs a inventar sistemas de corte y yuxtaposición textual (por donde, decía, se derramaba el futuro), y a incursionar en el cine, la música, y las artes visuales mucho antes de que la idea del texto mutante se volviera el termómetro estético de nuestra época. Si Gertrude Stein estuviera aquí enfrente, le diría que, más que un escritor adelantado a su tiempo, Burroughs ha sido uno verdaderamente de su tiempo. Apuesto a que Stein, quien alguna vez escribió que la única verdadera responsabilidad de todo escritor es ser un escritor capaz de enunciar su propia contemporaneidad, me daría la razón.
No sé qué pensaría la experimentalista estadounidense del caso de Benjamín Moreno, pero aquí van sus datos. Benjamin nació en Querétaro y reside ahora, junto con la poeta Minerva Reynosa (con quien ha formado el colectivo Benerva) y su hija Erdera (sí, Gerardo Deniz dixit) en el noreste de Estados Unidos, donde termina un posgrado en escrituras digitales. Benjamín, como la mayoría de su generación, inició publicando en papel—de hecho, su novela Signos de la amnesia voluntaria, apareció en el 2009, en Tierra Adentro. Pronto, sin embargo, su curiosidad lo llevó a explorar otros canales de producción
. Luego de pasar un rato aprendiendo Flash (eso cuenta la leyenda), Benjamín produjo sus primeros conretoons—una serie de experimentos en los que la materialidad de las palabras (una nube que literalmente asciende; un salto que, en efecto, salta) tomaba a la pantalla por asalto
. Aunque su contacto con la tecnología se ha vuelto cada vez más compleja (la última vez que participó, via skype, en uno de mis talleres de escritura nos describió cómo estaba haciendo ese pequeño robot que, al avanzar, dejaba palabras hechas de polvo tras de sí, por ejemplo), Benjamín llevó a cabo un experimento de poesía sonora cuya habilidad técnica se equipara con su relevancia cultural—un equilibrio que con frecuencia brilla por su ausencia en las más novedosas incursiones de la escritura en la tecnología y viceversa.
En “Los grandes de la lírica española en el inigualable estilo de Octavio Paz”, que se puede consultar aquí: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2228&Itemid=98 o aquí: https://soundcloud.com/brmoreno, Benjamín recopiló un amplio archivo sonoro de la voz del famoso poeta mexicano y, de ahí, extrajo frases completas, palabras, sílabas, a veces sólo fonemas, que, recombinadas, le sirvieron para que esa voz enunciara otro tipo de textos: las letras de las canciones de, por ejemplo, el Tri, un grupo de rock, o de Marco Antonio Solís, el Buki, un muy conocido cantante de baladas románticas.
Más allá de la mezcla de la así llamada alta cultura y la cultura popular y, sobre todo, más allá del ámbito de la mera puntada, a Benjamin le interesaba cuestionar la convenciones a través de las cuales entendemos lo poético
. Este proyecto de intervención sonora no sólo se valió de un conocimiento práctico de lo que es el hiato, la sinalefa o la paronomasia para producir un sonido natural en los sonidos finales, sino que, de manera más amplia, puso en cuestión nuestra idea de materia, ligándola a las nociones culturales, sociales y, a fin de cuentas, políticas que le dan valor a dicha materia.
Yo creo que Burroughs pasaría un buen rato platicando con Benjamín al amparo de esos cielos verticales que son las pantallas
. Pero, bueno, hay que admitir que ninguno de los dos es uno de esos escritores serios adeptos a las declaraciones airadas.
Desconfíe usted del hombre que no baila…..........Del Blog Papeles Perdidos
CRISTINA FALLARÁS
Apreciado cliente:
Bien, señor, el caso es que yo debería haberme encontrado a
gusto, tan a gusto como un hombre puede encontrarse.
Y ya que esto es
una despedida, le voy a ahorrar un nuevo ridículo: Sí, se trata del
arranque de 1280 almas, y si no conoce esa catedral, ya tarda en
guguelizarla.
Pues eso, que debería haberme encontrado tan a gusto como
un hombre puede encontrarse, pero me hallaba ayer tan confundida como
una detective de bien acostumbra
. No es el de los escritores del crimen,
desde ya se lo digo, lugar cómodo. Y menos si lo que anda una buscando
es al culpable
. Se trata de un montón de hombres que se ríe,
salpimentado con cuatro féminas de adorno. Hombres que, quizás por este
particular, no bailan. Pude ayer, en su “fiesta”, comprobarlo, y
desconfíe usted del hombre que no baila.
El encargo encima no era fácil, mucho menos cuando su
tacañería me ha negado un mísero adelanto de mis honorarios.
Sepa usted,
mr. Prisa, que esta gente además bebe. Bebe mucho.
Paso a relatarle, pues, las conclusiones a las que esta
humilde contratada ha llegado en su búsqueda del culpable, tras cinco
días de indagaciones que me han dejado en la ruina:
Primera: Preguntados por el culpable,
todos los sospechosos sin excepción fingen desconocer el crimen.
Setenta veces siete me he tenido que oír: “¿El culpable de qué?”.
Segunda: A mi respuesta “¿De qué va a ser,
pichón, de qué va a ser? Pues de tooodo esto” (gesto con la mano), las
reacciones son dos. A saber: a) cara de usted-parece imbécil e
invitación a un vino; b) cara de pues-claro-ya lo sabía.
Tercera: Pasan entonces a soltarse, lo que
significa articular palabras –llámelas si quiere conceptos– como
imperialismo, capitalismo o luchadeclases que pueden llevar a pensar en
una clara tendencia a la enfermedad de la nostalgia
. ¡Craso error! Se
trata de un código secreto que, si una es capaz de “ablandarlos”
convenientemente, ya me entiende, acaba por regurgitar la violencia
bruta que late en sus corazones. Tal fue el caso del tal Andreu Martín
cuando exclamó ante mi terror: “Nos armaremos y cada vez seremos más”.
Cuarta: No tengo que decirle lo que un nostálgico que no baila puede suponer armado y en manada.
Quinta: Las autoridades aquí están con
ellos. O eso fingen. Muy lejos de autodeterminárseme, como esperaba, los
miembros del consistorio barcelonés se unieron ayer a la revuelta. Aquí
lo dejo.
Sexta: La respuesta más común, al final de
cada una de las conversaciones ha sido: “la culpable eres tú”. Entre
todas ellas, la del tal Zanón y la de un tal Pérez-Andújar que pasaba
por aquí rezumaban, además, cierta saña.
Inciso: Como no soy mujer dada al arredro, he salido hoy
mismo de los círculos del crimen y he interrogado a uno que me han dicho
que escribe sobre eso, un tal Miqui Otero, a quien ya cité, por ser
joven y tendencia, como quien dice.
–Busco al culpable y...
–Y, sin embargo, no aparece. Pero, ¿en qué quedamos? Si hay
víctimas, entonces tiene que haber culpables, ¿no? Que me aclare, si
alguien me mete el dedo en el ojo, no he sido yo el que ha golpeado su
dedo con mi ojo, ¿verdad?
–No te me hagas el moderno. ¿Hay un culpable de todo esto o no?
–Hay. A no ser que todos tengamos la culpa. A no ser que
las víctimas fueran también culpables. Ya, pero eso es de primero de
relato de misterio: al final la víctima que mató al otro pavo con la
pata de cordero congelada, la guisa para los policías.
–O me concretas o te recito a Lorca.
–Señalar a un culpable es ser demagogo. Apuntar con el dedo
es ser reduccionista
. Decir que hay malos y buenos es de novela
popular, de novela barata: es panfletario.
Conclusión: Culpable yo por aceptar un este encargo de
usted, mr. Prisa, tan allá que ni suda, de usted, que me ha llevado a
mendigar centimillos a los malos, de usted, que ha mandado un emisario a
espiarme los pasos. Culpable yo porque muy al contrario de la distancia
que debí establecer, creo haberme enamorado de cada uno de los
sospechosos, incluido el comisario Camarasa. Culpable yo, en fin y sobre
todo, porque ellos lo dicen, y entre ellos, el mismísimo hijo de Manolo
Vázquez Montalbán, dios.
Mañana acudiré a una ceremonia en la librería Negra y
Criminal de Barcelona donde recibiré de manos de la librera Montse Clavé
un mejillón letal
. Obediente, me lo llevaré a la boca. Solo espero que
cumpla usted su parte del trato y mis vástagos reciban aquellos
honorarios cuyo montante todavía ignoro.
Suya hasta la muerte.
Goya, claves para una noche de cine
La gala de los premios Goya se celebra hoy entre quinielas inciertas
y marcada por la indignación del sector ante la ausencia del ministro Wert.
Las cinco películas que compiten por la estatuilla final, la de Mejor Película, son La herida, de Fernando Franco, Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba, Quince años y un día, de Gracia Querejeta y La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo. Apostar por cualquiera de ellas es, más que nunca, deporte de riesgo.
El desplante del ministro. Por si la incertidumbre fuese poca fuente de tensión, el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, ha provocado una auténtica oleada de indignación en un sector más que quemado con la política del Gobierno
. En un año marcado por la subida del IVA y por la guerra en el precio de las entradas, la espantada de Wert solo añade más leña al fuego.
Una estrella de la televisión. El humorista Manel Fuentes escribe, dirige e interpreta el guión de la 28 edición de los Goya, una gala cada vez más enfocada a la televisión y sus estrellas. La retransmisión arranca a las 22.00 horas en La 1 de TVE.
“La velada será una declaración de amor al cine en toda regla”, asegura Fuentes. La presencia de Javier Bardem entregando el Goya a la mejor actriz de reparto y acompañando a su hermano Carlos (candidato a mejor actor secundario y guión adaptado por Alacrán enamorado) garantiza un momento de alto voltaje.
¿Y Alex de la Iglesia? La ausencia de Álex de la Iglesia en dos de las categorías más importantes (Película y Director) es una de las paradojas de esta edición
. Las brujas de Zugarramurdi es candidata a diez premios, todos técnicos salvo el de Mejor Actriz de Reparto (Terele Pávez) y Música Original (Joan Valent)
. En el ambiente hay una sensación de castigo hacia el que fue presidente de la Academia de Cine desde junio de 2009 hasta febrero de 2011. “Mi intención era ir a la gala para evitar malos entendidos pero tengo que estar en Buenos Aires para rodar un documental”, asegura.
Brujas y locas. Dos mujeres estarán hoy especialmente nerviosas: Marian Álvarez, la enferma protagonista de La herida y Terele Pávez, una de las brujas de Zugarramurdi. Son claras favoritas en dos de los pocos premios que parecen cantados. Álvarez, de 35 años, logró la Concha de Plata en San Sebastián por su sutil encarnación de una mujer mentalmente a la deriva y Pávez, de 74 años, ha vuelto a demostrar que es capaz de domar y llevar a la realidad al personaje más barroco posible.
Pelea de gallos. Uno de los goyas más reñidos de la noche es, sin género de duda, el de Mejor Actor. Contra el poderío de Eduard Fernández en Todas las mujeres (película con cuatro candidaturas) pesa que ya tiene dos estatuillas, mientras que Javier Cámara (que vuelve a dar el resto en Vivir es fácil con los ojos cerrados) no tiene ninguna.
Frente a los dos favoritos, un duro competidor: Antonio de la Torre en su papel de gélido antropófago en Caníbal y, quizá con menos posibilidades, Tito Valverde con su militar abuelo de Quince años y un día.
Mucha comedia. Pese a que Caníbal y La herida son películas duras, lo cierto es que prima la comedia. La gran familia española, Las brujas de Zugarramurdi, Vivir es fácil con los ojos cerrados o Los amantes pasajeros suman un año de carcajadas.
Gente fuera de sitio. La película fenómeno de la temporada, Gente en sitios, de Juan Cavestany, no está representada. Tampoco Ilusión, de Daniel Castro, otro pequeño éxito de ese nuevo cine español que se abre paso con talento, imaginación y escaso presupuesto. Películas realizadas al margen de una industria que parece ignorar estos saludables brotes verdes.
Así se votan los premios
El voto de los 1.300 miembros de la Academia de Cine, cuyo colectivo mayor son los actores, es siempre secreto.La votación se realiza en dos rondas, una en la que salen los candidatos y la final en la que se eligen a los ganadores y cuyos nombres se conocen en la gala de hoy en el Auditorium Príncipe Felipe.
Por primera vez, los finalistas a mejor película y mejor cortometraje de ficción pasan a ser cinco
. En esta edición se ha introducido otro cambio: se trata de un sistema mixto que afecta a la primera ronda de votaciones de todas las especialidades (un total de 28), excepto en ocho categorías: película, cortometraje de ficción, documental, película europea, película iberoamericana, corto documental, animación y corto de animación.
Según este nuevo sistema, dos de las candidatas las eligen los miembros de la Academia con derecho a voto y las otras dos salen solo de los votos emitidos por los académicos de la propia especialidad. El notario entrega los resultados de esta primera ronda sin revelar qué películas han sido las elegidas por los miembros de la especialidad y cuáles por el conjunto de la Academia.
En la segunda ronda de votaciones, la que da lugar a los ganadores, votan todos los miembros a todas las especialidades y todos sus votos valen lo mismo.
No se exige a los miembros de la Academia acreditar que han visto las películas que votan, aunque las tienen a su disposición en una web con enlaces gratuitos. Solo deben estar al corriente de sus pagos en la institución.
Al ser los votos secretos, nunca se sabe el número de votantes ni tampoco el número conseguido por cada uno de los candidatos.
Para ser sinceros, aseguran algunos miembros de la Academia que prefieren mantener el anonimato, lo habitual es no votar a los candidatos “rivales”, aunque a uno le gusten y piensen que se lo merecen. Así crecen las posibilidades de ganar en unos premios cuyo reflejo en la taquilla ya está demostrado que es más que not
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