Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

7 feb 2014

‘Todo sobre mi madre’, de Almodóvar, elegida como el mejor Goya de los Goya..................

La película de Pedro Almodóvar es considerada por los lectores como el mejor filme que ha obtenido el Goya a la mejor película en las 27 ediciones de los galardones del cine español.

 

Cecilia Roth en un fotograma de 'Todo sobre mi madre'.

Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, ha sido elegida por los lectores de EL PAÍS como el filme favorito entre los que han obtenido el Goya a la Mejor película española en las 27 ediciones de estos galardones.
 Lo ha sido con un 36,97% de los votos. En segundo lugar quedó Tesis, de Alejandro Amenábar (34,98%) y en tercero Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa. (Puedes ver AQUÍ el resultado de la encuesta)
Se trata de una de las películas españolas más premiadas en España (7 Goya) y en el extranjero (Oscar, Globo de Oro y Cesar a película de habla no inglesa, mejor director en Cannes, etcétera) cuyo estreno el 15 de mayo de 1999 fue el inicio de una carrera de éxito de crítica y público, reconocimiento y más prestigio para su director. Así lo registró, entonces, el crítico de cine de EL PAÍS Ángel Fernández-Santos
: "Todo sobre mi madre fue respirada por los 2.000 periodistas de todo el mundo que atestaban la sala Lumière con esa peculiarísima comodidad y sensación de euforia que sólo segrega una pantalla cuando está viva, cuando es contagiosa, seductora y embaucadora
. La per-meabilidad entre los espectadores y las actrices oficiantes del precioso melodrama fue completa.
 Había algún temor a que una masa de gente con sensibilidad muy dispar y venida de las cuatro esquinas del planeta no apreciara en todo su bello y divertido alcance la singularidad, ligada a giros y gestos de nuestro idioma, del adorable personaje de Antonia San Juan, que es el eje oculto de la construcción del filme, lo que lo sostiene y eleva cuando le amenaza un bache".
Trailer de 'Todo sobre mi madre', de Pedro Almodóvar.
El siguiente es el artículo que escribió Jordi Costa sobre la película, hace dos días junto a los de las otras dos finalistas.
En las puertas de la madurez expresiva. Por Jordi Costa
Con Bette Davis, Gena Rowlands y Romy Schneider como diosas tutelares, Todo mi madre no solo podría encarnar la quintaesencia del Toque Almodóvar, sino que se convirtió en el pórtico de la etapa de madurez en la carrera del cineasta manchego, después de tres películas —Kika (1993), La flor de mi secreto (1995) y Carne trémula (1997)— que parecían enfrascadas en la búsqueda de un nuevo tono que no terminaba de definirse. Todo sobre mi madre anunciaba ya la radicalidad y la ambición de las futuras Hable con ella (2002), La mala educación (2004), Volver (2006) y Los abrazos rotos (2009), al tiempo que aprovechaba algunos de los mejores hallazgos en el cruce de melodrama y comedia de las celebradas ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), La ley del deseo (1987) y Tacones lejanos (1991).
En su momento, el crítico norteamericano Roger Ebert reconocía su desconcierto y posterior fascinación ante un trabajo que obligaba al espectador a abandonar toda zona de confort, que no le daba ninguna indicación sobre qué sentir a lo largo de un discurso que combinaba orgánicamente tragedia, emoción pura, distancia cómica y algunos elementos auto-paródicos.
Lo que dejaba claro Todo sobre mi madre era el profundo afecto que sentía el cineasta por todos sus personajes —aunque, en especial, por los femeninos— y la no menos palpable entrega del reparto a unos papeles situados muchas veces en el límite.
Monólogo de La Agrado de la película 'Todo sobre mi madre'.
El papel de Antonia Sanjuán como la carismática y vitalista transexual La Agrado se convirtió en uno de los focos de luz de una película donde se hablaba de pérdidas traumáticas, de trasplantes de órganos, del teatro y la vida, de desórdenes sentimentales, de padres a la deriva y de afectos insospechados en una Barcelona que la mirada de Almodóvar capturó con el mismo gusto exquisito que su Madrid nocturno, aunque sin renunciar a las malas calles.
 La escena final, con la aparición de un travestido Toni Cantó en el cementerio, era uno de esos momentos en la cuerda floja que tanto parecen gustarle al cineasta: uno de los muchos saltos mortales en los que cayó de pie demostrando que lo potencialmente ridículo también podía ser sublime.

Un viaje entre sórdido y poético................................................Carlos Boyero

Hay cosas en 'Nebraska' que me siguen molestando, pero otras muy bonitas de las que mis prejuicios iniciales no se percataron.

 

Bruce Dern (izquierda) y Will Forte en un fotograma de 'Nebraska'.

Alexander Payne es un director en posesión de estilo expresivo y de esa cosa tan prestigiosa (y a veces ampulosa) que denominamos universo propio.
 Independientemente de que el guion le pertenezca o lo hayan escrito otros, siempre se las ingenia para que reconozcamos inmediatamente su mundo, los personajes, historias, situaciones y sentimientos que le interesan, la combinación de sensibilidad y parodia, su vocación por retratar a perdedores a lo largo de un viaje permanentemente catártico, la introducción del humor, el esperpento y la paradoja en lo que le va ocurriendo a gente inicialmente desolada.
Las películas que más me gustan en su venerada filmografía tratan de eso.
 La elección desesperada o guiada por la esperanza de tomar la carretera la adoptaba el protagonista de A propósito de Schmidt, ese hombre jubilado, recientemente viudo, con pavor a la soledad, que se embarca en un viaje marcado por la tragicomedia.
 También viaja el aspirante a escritor, obsesivo, abandonado, con torturante sensación de fracaso vital, profundamente deprimido, que acompaña al molón y triunfador de su amigo en su etílica y ligona despedida de soltero en Entre copas. Payne habla con gracia, patetismo, ternura, comprensión, mordacidad y unas gotas de surrealismo del desamparo de esa gente.
 También les quiere y por ello al despedirles les deja abierta una puerta, la posibilidad de que encuentren un poco de luz.
PAULA CASADO
Al igual que me ocurrió con La gran belleza descubro todo lo bueno de Nebraska en la segunda visión.
 Cuando la vi en sus estreno festivalero en Cannes, sentí inmediata antipatía por los afanes naturalistas de Payne, la presentación de la elefantiásica señora que acaba de dejar al muy normal protagonista, la complacencia en la abusiva galería de frikis.
 Y me removía la sensación de no creérmelo, de que el director se pasaba de listo, de que había mas pretensiones y artificio que autentico sentimiento.
Hay cosas en esta película que me siguen molestando, pero también otras muy bonitas de las que mi miopía o mis prejuicios iniciales no se percataron.
El viaje de ese anciano con alzheimer, convencido arteramente de que le ha tocado un millón de dólares, los datos que certifican que su alcoholismo le convirtió en un desastre de marido y padre, la amorosa tutela que hace uno de sus hijos de ese eterno fracasado convencido de que uno de sus sueños va a hacerse realidad, la ruindad que encuentra al volver a sus raíces, la descripción matizada de su personalidad antes de que la enfermedad le acosara, de sus luces y sus sombras, tiene momentos conmovedores, de verdad.
Y también aparece un personaje memorable, el de su esposa, torrencial y vitriólica, quejumbrosa y pragmática, sabia y cínica, transgresora y clásica, más comprensiva de lo que quiere aparentar, admirablemente interpretada por June Squibb.

NEBRASKA

Dirección: Alexander Payne.
Intérpretes: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Bob Odenkirk.
Género: drama. Estados Unidos, 2013.
Duración: 115 min.

6 feb 2014

Objetos como homenaje a Philip Seymour Hoffman en Nueva York..................Parece que la culpa sea de quien le suministraba Heroina, no que fuese heroinomano,,,,,


Objetos como homenaje a Philip Seymour Hoffman en Nueva York. / Reuters
 ha detenido este martes a cuatro personas sospechosas de haber vendido al oscarizado actor Philip Seymour Hoffman la heroína que le causó la muerte el pasado domingo, han informado este miércoles fuentes policiales citadas por medios estadounidenses.
Los agentes encontraron 350 papelinas de esta droga en tres apartamentos de un edificio del Bajo Manhattan, el número 302 de la calle Mott, donde tuvieron lugar los arrestos.
 Los cuatro sospechosos, tres hombres y una mujer, están siendo interrogados sobre el suceso en las dependencias policiales.
Estas detenciones se enmarcan en la investigación de la muerte de Hoffman por una supuesta sobredosis de heroína en su apartamento del West Village, a solo un kilómetro y medio (una milla) del edificio donde la policía detuvo a cuatro personas que presuntamente le vendieron la droga.
 Junto al cuerpo del intérprete de 46 años se encontraron 50 papelinas de heroína marcadas con la leyenda "As de espadas" y con el símbolo del as de corazones, mensaje utilizado por los productores para indicar el origen de la droga.
Según fuentes policiales citadas por el diario New York Times, estos mensajes no coinciden con los de las papelinas de heroína encontradas en los apartamentos de los presuntos traficantes.
Poco antes de las detenciones, la policía descartó que la heroína que le causó la muerte al actor estuviera adulterada con Fentanyl, como se barajaba, un fármaco derivado del opio que se usa para la anestesia general
. La combinación de estas dos sustancias es letal y provocó la muerte de al menos 22 personas en la región occidental de Pensilvania a finales de enero.
Aunque las autoridades confirmaron que la autopsia del actor concluyó el lunes, todavía no ha trascendido el informe oficial sobre la causa de su muerte.
La autopsia, que concluyó el lunes y ha sido presentada el miércoles, no muestra resultados concluyentes sobre las causas de su muerte.
Los forenses encargados del procedimiento llevarán a cabo nuevas pruebas, informa AFP. Se trabaja sobre la hipótesis de la sobredosis de heroína porque era un adicto confeso a esta sustancia y se encontraron 50 papelinas y jeringuillas en su apartamento tras su muerte.
La familia de Hoffman prepara su funeral, que podría tener lugar el viernes en Nueva York, aunque será en la víspera cuando sus más allegados le rindan homenaje en un acto privado.

El vecino-policía, ‘The wire’ y la Barcelona negra

Una imagen nocturna de Barcelona. / Giacomo Francesco Lombardi

En la negra Baltimore enferma por su corrupto y blindado puerto autónomo que se dibuja en la televisiva The wire, un alto cargo policial experimenta con un barrio, bautizado Hamsterdam, como zona franca de droga tolerada: los bajos de las casas, con sus famosos tramos de escalera que mueren en la calle, se convierten en las oficinas al aire libre de los traficantes
. Los delincuentes alucinan: la policía hasta les protege en esa área delimitada
. La clave del ensayo (que desconoce el consistorio entero) está en que antes la misma policía ha vaciado el barrio de todos los vecinos decentes que quedaban en la ya degradada zona, reubicándolos por la ciudad. Algo de esa ficción se huele en la vida real de grandes ciudades
. Por ejemplo, Barcelona. Con esa sensación salió más de una de las 250 personas que abarrotaban la sala de actos del Colegio de Arquitectos de Cataluña que acogió la sugerente mesa redonda Ciudad y delito: La prevención del crimen y del delito a través del urbanismo, enésima demostración de la imaginación de los organizadores del encuentro BCNegra.
Itziar González podría ser un personaje de la serie: fue concejal del literario negrocriminal distrito de Ciutat Vella de Barcelona entre 2007 y 2010, cargo que abandonó por diferencias con la alcaldía y amenazas de muerte de mafias.
Todo porque, entre otras cosas, se le ocurrió hacer una cartografía del crimen del histórico Raval barcelonés y sus aledaños.
 Y denunciar y combatir lo que se deducía de él. De novela, vamos. “Barcelona hoy ya no es vista como una ciudad para vivir sino para blanquear dinero: el mayor crimen que se comete ahora en sus calles es la especulación, que está acabando con ella”, soltó ante la estupefacta mirada de su contertulio Joan Miquel Capell, doctor en derecho y comisario de los Mossos d’Esquadra. Era fuego a discreción:
 “Las mafias están leyendo mejor la ciudad que los políticos: la actividad mafiosa copa los bajos de calles enteras con negocios iguales de colmados o cadenas extrañas de supermercados y fast-foods misteriosos que son de las mismas personas; con ello se vacían las calles de vecinos, que son los que con su vida y su actividad y su complejidad hacen un uso social de la ciudad y la controlan; cuando hay uso social de la calle la policía no es necesaria en ella”.
Como apunta el veterano del género Andreu Martín en su Sociedad negra, donde novela sobre crímenes de una potencial mafia china en Barcelona que tiene uno de sus enclaves en el área marítima de la ciudad, la exconcejal apuntó hacia las actividades reales del puerto catalán:
“No hace falta ser muy listo: el puerto es el de una ciudad mediterránea con su zona franca, con su propia policía, sin control ciudadano; no sabemos qué entra ni que sale de él; solo se puede constatar que a mayor crecimiento del puerto más actividad económica criminal hay en Ciutat Vella”. ¿Los muelles de Baltimore, a la catalana?
Las tiendas de souvenirs extraños, fast-foods misteriosos y otros locales ambiguos se justifican como servicio a “un centro histórico que se ha convertido en parque temático para el turismo, en realidad una población flotante que no usa la ciudad, luego no la controla, no denuncia o reclama, no hace política en ella”, lanza González.
 El futuro de una dinámica así es “el vaciado absoluto del centro histórico de la ciudad, en unos no habrá vecinos, como ya ha ocurrido en Venecia; y si no hay gente en el barrio no hay policía social”, respondió a la inquietud de la expolítica Francesc Muñoz, profesor de Geografía Urbana y director del Observatorio de la Urbanización de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Una calle de Barcelona por la noche. / Giacomo Francesco Lombardi
Muñoz defiende que es más la gestión del espacio urbano que las medidas arquitectónicas preventivas (rejas, mobiliario urbano incómodo o punzante...) lo que reduce el delito. “La arquitectura fracasará siempre si sólo se fija en la forma preventiva”, suelta. También rompe otro tópico
: “Mucha gente abandona las grandes aglomeraciones, las ciudades compactas porque aseguran que generan mucho crimen y se mudan a urbanizaciones de casas aisladas, a los paraísos de las unifamiliares; y ahí el crimen es tanto mayor por los espacios entre vecinos, la falta de fuerzas policiales y el aislamiento entre viviendas”, dice mientras no puede evitar ilustrarlo con el libro (y la película) Revolutionary road, de Richard Yates, o con la más cinematográfica American beauty.
Muñoz sabe dos cosas sobre el crimen y el urbanismo: “Si la ciudad no tiene seguridad, su espacio sólo será utilizado por aquellos que ostenten el monopolio de la violencia o por los grupos sociales con dinero para poder pagarse su seguridad”. También sabe cómo el diseño, la forma de la urbe, puede marcar hasta la estética de la violencia urbana: ahí están Bullitt y las persecuciones en coche por las montañas rusas de las calles de San Francisco, o The French connection, con la vertiginosa y claustrofóbica violencia de los trenes elevados de Nueva York, por poner sólo dos casos.
Y cita sin decir cómo descendió la violencia en una localidad de la provincia de Barcelona en el espacio que dejaban entre sí una biblioteca, un hospital y el mercado municipal: sólo cambiar en cada uno de los edificios su entrada principal y colocarla de cara al hasta entonces espacio conflictivo redujo la criminalidad en un porcentaje espectacular: “Es el uso del espacio lo que nos da la seguridad”, resume.
De formas urbanas también habló el comisario Capell, que al pasear virtualmente por las calles de Barcelona para constatar los obstáculos reales con que se encuentra la policía en su quehacer diario acabó regalando un impagable manual de recursos para los aprendices de escritores del género negro: que las construcciones de interiores de manzana como los del Eixample barcelonés facilitan la impunidad criminal porque las patrullas no ven desde las calles; que las paradas de autobuses de cristal transparente, la misma estrategia adoptada ahora por las oficinas bancarias, les permite divisar desde fuera su interior y evitar atracos en ellas; que la manía de los supermercados de tapar sus cristaleras con un sinfín de carteles de ofertas facilita la labor del delincuente; que han pedido a los ayuntamientos que las tapas de los alcantarillados gocen de un sistema de fijación más seguro para que dejen de ser utilizadas para alunizajes contra escaparates de joyerías; que cuando llueve bajan los hurtos, que suelen ser más habituales a las 5 de la tarde que a las 19.30 y más en miércoles que en jueves, y que entre los 5,4 kilómetros que separan dos localidades de la costa Brava como Pals y Begur hay 53 urbanizaciones, con una ocupación media de 17 días al año.
 O sea, pueblos desiertos...
A la salida del acto, un buen lector negrocriminal no podía dejar de pensar en cómo se las arreglarían hoy Ataud Ed Johnson y Sepulturero Jones, los duros policías de Chester Himes, por ese concurrido Harlem, “ese hervidero donde quien sumerja la mano, retira un muñón”, construido a base de paredes de papel, calles no muy amplias y ventanas indiscretas donde todos se conocían y donde siempre hallaban a algún chota (confidente) que había visto, oído o olido algo que les ponía sobre la pista. Con el urbanismo de hoy les sería, al parecer, algo más difícil...