Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 sept 2013

‘A relaxing cup of café con leche’ de Annie Bottle, la canción que triunfa

Ana Botella, ante la asamblea del COI. / CORDON

La intervención de la alcaldesa de Madrid ante la asamblea del Comité Olímpico Internacional (COI) va a pasar a la historia también en modo musical.
 Sus palabras van a ser recordadas en varios temas que ya están empezando a circular por las redes sociales
. La edil ha sido bautizada como Annie Bottle y de momento la versión que más triunfa es la titulada "A relaxing cup of café con leche DUBSTEP (Original mix)"
La recomendación que hizo ante la asamblea del COI a los visitantes que lleguen a Madrid de que tomen un" relajante café con leche en la Plaza Mayor" o disfruten de una cena "romántica en el Madrid de los Austrias" es la base del tema musical que está arrasando en solo unas horas.
Ana Botella regresó a Madrid poco después de saberse que Madrid había sido derrotada y que Tokio albergaría los Juegos del 2020.
Prefirió hacerlo en el avión de los príncipes de Asturias y no con el resto de la expedición olímpica que llegó en la madrugada del lunes a España.

Descubierto un Van Gogh de su serie floral

'Puesta de sol en Montmajour', el nuevo cuadro descubierto de Van Gogh.

El museo Van Gogh de Ámsterdam ha descubierto un nuevo cuadro del artista holandés.
 Titulado Puesta de sol en Montmajour, se trata de un paisaje lleno de vegetación, pintado en 1888, durante su estancia en la ciudad francesa de Arlés.
La tela ha sido investigada durante dos años y este lunes ha sido presentada en la sala, que en 1991 la consideró falsa, según la Televisión Nacional Holandesa (NOS).
 Perteneciente a una colección particular, cuyo dueño prefiere seguir en el anonimato, la obra mide 93,3x73,3 centímetros.
“Un descubrimiento de este calibre no había ocurrido hasta ahora en la historia del museo”, ha dicho Axel Rüger, su director, al exhibir la pieza
. Dos de sus expertos han estudiado la pintura a fondo para asegurarse de que puede atribuirse a Van Gogh.
 Las innovaciones técnicas han permitido confirmar ahora la autoría.
 El artista trabajaba solo, sin taller ni alumnos, y hablaba siempre de sus proyectos.
Los análisis se han centrado en el estilo, técnica, pintura y el material escrito dejado. Van Gogh mantuvo una correspondencia fluida y abundante con su hermano, Theo, marchante de arte, al que explicaba y dibujaba sus ideas.Puesta de sol en Montmajour figura en dos de las cartas.
“Se parece a las otras obras ejecutadas por Van Gogh durante el verano de 1888 en Francia”, según los investigadores., Louis van Tilborgh y Teio Meedendorp. En 1890, el cuadro perteneció a la colección que Theo formó con las obras fraternas.
En 1901 fue vendido (van Gogh murió en 1890 sin haber vendido un solo cuadro). A partir del próximo 24 de septiembre será exhibida al público.
Momento en que se dio a conocer Puesta de sol en Mont Majour', el nuevo cuadro descubierto de Van Gogh. / afp

Daniel Sánchez Arévalo, un director en perpetua huida


El cineasta Daniel Sánchez Arévalo, fotografiado en Madrid. / carlos rosillo

De un plumazo, cambió las sesiones de psicoanálisis, tras 16 años, por la brega en la dirección de cine, y la pantalla se lo agradeció.
 “Dejé la terapia porque cuando filmas no hay tiempo para más.
 Y al acabar mi primer rodaje, descubrí que estaba bien. Por eso tengo que seguir haciendo películas”.
 Cuatro largometrajes —y un puñado de cortos con su correspondiente pedigrí festivalero— más tarde, Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) asegura que es capaz de coger distancia de su trabajo.
 “Me regodeo menos
. Acabo la película y lo único que quiero es empezar mi siguiente proyecto.
 Tengo hitos en mi trabajo: uno es cuando los jefes, mis productores, se entusiasmaron con el resultado; otro, cuando vio la película mi familia, y mi madre me llamó emocionada a la salida, llorando.
 Te calmas: ya está, lo he logrado”.
No necesita Sánchez Arévalo muchos respaldos.
 En plena crisis de taquillas, el cineasta siempre ha contado con un beneplácito general. Azuloscurocasinegro (2006), su debut como director de un largo, tras dedicarse a los guiones de series y a los cortometrajes, superó el millón de euros y llamó la atención sobre su potencial, con tres goyas de acompañamiento; Gordos (2009), arriesgadísima y ambiciosa pirueta, llegó a los 1,8 millones de euros; Primos (2011), una comedia ligera escrita del tirón, recaudó 3,5 millones de euros.
 Y con él, ha ido madurando su “escudería” de actores amigos: Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo y Antonio de la Torre. El trío participa en La gran familia española, el devenir de la boda del pequeño de cinco hermanos —cuya vida está íntimamente ligada a los protagonistas de Siete novias para siete hermanos, la película que Sánchez Arévalo más veces ha visto en una sala— la misma tarde de la final del Mundial de fútbol de Suráfrica, una terrible coincidencia porque ¿quién se iba a creer que la selección española iba a pasar de cuartos aunque hubieran ganado la Eurocopa?
En La gran familia española, que se estrena el viernes, Sánchez Arévalo da un puñetazo en la mesa del cine español: ha hecho suya la fina línea que une la ironía amorosa de Pequeña Miss Sunshine con la perplejidad cotidiana de las películas de Wes Anderson; sin perder frescura el cineasta ha madurado.
Y de paso, ha colocado a toda su familia, cosa que en los tiempos que corren…
“Es la gran familia dentro de La gran familia...: están mi hermana, mi madre, mi hermano hizo el making of, actúa mi padrastro [el actor Héctor Colomé], aparecen los dibujos de mi padre [el dibujante José Ramón Sánchez], que es la mascota del equipo de la peli…”. Para lograr destilar el mejor sanchezarevalismo, el cineasta empezó buscando lo opuesto: “Cuando acabé Primos, busqué algo que no tuviera nada que ver conmigo. Estoy huyendo de mí mismo todo el rato. Supongo que estaba dentro de una batería de ideas que tengo por ahí, a las que no hago caso hasta que me llega la zozobra del ‘Y ahora, ¿qué?’.
 Así estalló el concepto de la boda del hermano pequeño, del padre que enferma y se detiene la celebración”. En realidad, la semilla deviene de su corto Traumalogía, del que la nueva película hereda algo de la historia y una cuidadosísima planificación de los planos:
“Me quedé con ganas, sabía que ahí había un largo.
 Y seguí su línea… aunque cambiando los personajes. En realidad no hay nada nuevo dentro de mi universo, pero intento perfeccionarlo. He buscado hacer una comedia con sentimientos, con una parte dramática que al final se apodera de la película. Para mí, la mejor comedia de la última década es Los descendientes, que no es en realidad una comedia".
Me costó aceptar que es imposible que mis películas gusten a todos”
Y el fútbol, la ya mítica final del Mundial de Suráfrica 2010, con su patada voladora de De Jong, su prórroga, su “Iniesta de mi vida”…
“Fue el último elemento en llegar al guion, surgió al pensar en cómo enmarcar la boda, y nace de mi afán habitual por poner trabas a los protagonistas. Te casas con 18 años recién cumplidos y tu novia embarazada, con lo que ya tienes a la familia cabreada, y encima coincide con ese partido”.
A Sánchez Arévalo le relaja poder resumir sus películas en una frase.
Con esta ha sido fácil. “En Azuloscurocasinegro lo pasé fatal. ‘¿De qué va?’, me preguntaban. Y no tenía una respuesta sencilla”. De guinda, la familia, otro tema recurrente en su cine.
 “Claro, no hay nada más cercano”.
 Chesterton decía que los amigos eran el regalo de Dios para compensar habernos dado la familia. “Mis amigos tienen muy mala baba, que por otro lado está bien porque son unos Pepito Grillo, y los considero parte de mi familia…”.
 Y ríe travieso. “Soy muy mundo cochinilla, de encerrarme en mí mismo, de aislarme”.
Sánchez Arévalo se define “de naturaleza complaciente”. Y desgrana: “No soporto el conflicto. De crío estaba obsesionado con ser un chaval bueno. Fue una pelea constante, porque era gamberro, caprichoso, egoísta… y a la vez buscaba no decepcionar.
 Me sigue pasando. Esa fantasía de que mis películas gusten a todo el mundo es imposible… pero me ha costado aceptarlo”.
 De ahí pasa a la taquilla:
 “La gente está dejando de ir al cine y nadie hace nada por remediarlo. Intento no pensar mucho en ello, porque si no, te bloqueas, dejas de hacer cosas
. Soy muy permeable a lo que le pasa a la industria, y te entran ganas de salir corriendo. Y reconozco que yo soy un privilegiado. En fin, debemos reflexionar ante este cambio.
 Amenábar decía:
‘No quiero hacer cine que no vea nadie’. No quiere ser un grito en el desierto. Lo firmo. Yo nunca escribí un diario, no encontraba el sentido de escribir algo para ti. Necesito compartir”.
Soy permeable a lo que pasa y te entran ganas de salir corriendo”

Franz Ferdinand, un grupo con una misión

Bob Hardy y Alex Kapranos, integrantes de Franz Ferdinand. / Claudio Álvarez

Hay grupos que se comportan como si estuvieran cumpliendo una misión.
Como si tuvieran un objetivo más grande que ellos.
 Es el caso de los escoceses Franz Ferdinand.
 Las estrellas de la tercera edición del Festival DCode que se celebrará en terrenos de la Universidad Complutense de Madrid el próximo sábado, aparecieron en 2004 como punta de lanza de la respuesta británica al indie estadounidense, que paradójicamente vivió un renacer tras el 11-S. Interpol, Strokes o White Stripes impusieron sus reglas: era una escena en la que las bandas tenían que sonar sexys y tener un aspecto sexy.
Mientras, los grupos populares de las islas, sumidas en una especie de letargo post-britpop,apostaban por un sonido lánguido y tristón.
 No era muy divertido.
De las bandas sollozantes de aquellos años solo Coldplay ha mantenido el tipo, al menos comercialmente hablando.

“Hay bastantes similitudes entre ese momento y el actual.
 En aquella época ponía la radio y no escuchaba nada que me gustase.
 O nada con lo que me sintiese particularmente cercano, al menos.
 Ahora, tampoco”, dice en Madrid Alex Kapranos, líder irrefutable del cuarteto de Glasgow.
Ha venido acompañado del bajista Bob Hardy para hablar de su cuarto álbum, Right thoughts right words, right action, a la venta desde hace dos semanas.
“No diría que es una vuelta al sonido de nuestros inicios, sino a la esencia.
Y la esencia del grupo son nuestras cuatro personalidades: cuatro amigos que salen, lo pasan bien y después hacen música juntos”, explica.
Es una forma de verlo. Otra es que, en esencia, fueron el grupo británico que aceptó el reto yanqui. Nacieron diciendo que su obejtivo era “hacer que las chicas bailen”.
 Devolver el pop a las pistas de baile. Demostrar que se podían hacer canciones con el cerebro que se disfrutasen con los pies.
Algo que sonaba casi revolucionario.
 Este año además de en Madrid lo presentarán el martes y el miércoles en Mallorca e Ibiza.
 Entonces esta última, templo del baile, estaba vetada para grupos pop. Kapranos asegura que era un plan, que se percibe incluso en que escogieran bautizarse con el nombre del heredero al trono del Imperio austrohúngaro, cuyo asesinato en 1914 sería el desencadenante de la primera guerra mundial.
“Fue un acontecimiento que cambió el mundo.
 Todo lo que ha pasado desde entonces pivota alrededor de ese momento.
 Aspirábamos a ser así de importantes”.
Da la impresión de que es la típica afirmación que se hace solo cuando algo sale bien. Kapranos cumplió 41 años en marzo y ya era un veterano de la escena de Glasgow, con al menos un par de proyectos fallidos que no llegaron a ningún sitio, cuando montó Franz Ferdinand. Pero esta vez le salió bien. Su debut homónimo les hizo ganar el prestigioso Mercury Prize y vendió más de 3.500.000 copias.
 El sencillo Take me out es uno de los temas definitorios de la pasada década. “No sé cuanto vendimos, no lo conté. Es mejor no pensar en ese tipo de cosas
. Te vuelves loco.
 Es como si sales al escenario y piensas: ‘Cada uno de esos 80.000 tíos me están mirando fijamente a mi’. Sería terrorífico. Limítate a salir, tocar y pasarlo bien”.
Insiste mucho en el hecho de pasarlo bien. De hecho insiste mucho en que “ahora”, lo están pasando bien. “No eramos muy felices en el momento en el que grabamos Tonight.
  Hace cuatro años sufrimos un montón de crisis distintas
. Entre ellas una crisis de personalidad”. En 2009, su tercer disco, Tonight, fue comercialmente tan exitoso, si no más, que los dos anteriores, pero casi acaba con ellos.
 Herederos del pop de los sesenta pasado por el tamiz de los ochenta, se metieron en un álbum conceptual sobre una noche en la ciudad. El título del primer sencillo, Ulysses, era un guiño a la novela del mismo nombre de Joyce, nada menos.
 Hasta para una banda formada por antiguos alumnos de escuelas de arte que basan su logo en la iconografía de las vanguardias de los años veinte era ir demasiado lejos.
Así que este nuevo álbum, que en general está gustando bastante, se lo han tomado con más relajación. Lo han grabado en diferentes ciudades con la colaboración de varios productores.
 Algunos salidos del mundo de la electrónica bailable, como Alexis Taylor, de Hot Chip, o el noruego Todd Terje.
 “Realmente no son productores”, corrige Kapranos.
 “Es un poco como cuando sales a tomar una cerveza: no lo haces siempre con la misma gente, cambias para hacerlo interesante. Estos tíos son muy diferentes entre sí, pero todos tienen personalidad y carácter.
 Nos sirvieron para potenciar los diferentes aspectos del grupo. Podemos hacer rock o pop delicado, pero siempre hemos sido un grupo que en directo toca música para bailar
. Es nuestra misión en el mundo”.