Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

13 jun 2013

Auschwitz

Se juzga al Banco Central Europeo por salvar a Europa
. Y a su presidente, Mario Draghi, por 15 palabras: “El BCE hará todo lo necesario para sostener al euro, y créanme, eso será suficiente”, espetó el 25 de julio de 2012.
Claro que luego concretó la bravata mediante el Programa OMT (Outright Monetary Transactions, operaciones monetarias de compraventa), a saber, un programa de compra “ilimitada” de deuda pública, a tres años, de los países del euro, a condición de que se sometiesen a un rescate formal.
Solo con esa promesa y esa oferta de programa, sin necesidad de aplicarlas, disipó la tormenta, minimizó las primas de riesgo sureñas y evaporó la hipótesis de ruptura de la eurozona.
Que lo graben los euroescépticos y los que denigran a diario de la institución de Fráncfort: el Tribunal Constitucional alemán enjuicia la legalidad de su actuación, enjuicia al Banco Central Europeo por actuar —al fin— como banco central de los europeos, por diseñar una de las operaciones heteredoxas (compra de deuda) a las que sus homólogos se han lanzado en esta crisis.
Hay epopeya wagneriana en este juicio, hay pócimas fugaces y destinos agónicos, y algún superhéroe saldrá maltrecho.
 Se dirime sobre una medida anunciada, pero nunca ejecutada.
 Decide un tribunal nacional, según su ley nacional, no el tribunal europeo [el de Luxemburgo], según la ley europea. Y lo hace con la canciller de hierro de la austeridad, Angela Merkel, defendiendo al heterodoxo BCE; contra el Bundesbank, liderado por su expolluelo Jens Weidmann, contrario al BCE... en cuyo directorio se sienta.
El compromiso de la canciller es muy relevante
. Naturalmente que defiende lo que ella misma avaló.
 Pero lo hace contra su banco central, el aún pardusco Buba; contra miles de firmantes discrepantes; contra sus adláteres; contra mucha opinión publicada.
Merkel contra el Buba: una epopeya wagneriana decisiva para los europeos
Este beau geste de Merkel, que lo es porque de él depende el ser o no ser de la Europa monetaria, la acerca a la altura de sus antecesores.
 A Helmut Kohl, que doblegó al Bundesbank cuando la unificación alemana (1990), al generoso cambio de un marco oriental por uno occidental, y cuando el diseño de la unión monetaria en Maastricht (1991).
Y algo a Helmut Schmidt, ese gigante que el 30 de noviembre de 1978 salvó el proyecto del Sistema Monetario Europeo mediante una prédica bíblica al reticente directorio del Buba en su propia sede: no hemos de suscitar con imposiciones “miedos viscerales” de nuestros vecinos; “somos vulnerables, primero por Berlín y luego por Auschwitz; cuanto más éxito tengamos más tiempo tardará en desvanecerse Auschwitz de las conciencias colectivas” (Las traiciones del Bundesbank a Europa, EL PAÍS, 25 de marzo de 2011).
Y es un compromiso valiente, porque el Buba descabalgó a ¡tres! cancilleres, Ludwig Erhard en 1966, Kurt Georg Kiesinger en 1969 y Schmidt en 1982.
Sirva esto para recordar que Alemania —como Europa, o como España—, no es sinónimo de posiciones monolíticas. Que hay banqueros centrales nacionalistas y gobernantes europeístas. El gran drama del euro se representa hoy en Alemania: el futuro del BCE, los rescates, la unión bancaria. Las tres grandes fracturas europeas, entre la eurozona y el resto, entre acreedores y deudores, entre euroescépticos y federales “refuerzan la supremacía de Alemania en la UE”, constata Ulrich Beck en su espléndida Una Europa alemana, (Paidós, Barcelona, 2012).
Por eso sobran los dicterios y faltan los análisis: urge una nueva mirada, con más detalle y menos trazo grueso, sobre Alemania. Quizás podríamos aprender en la historia de EE UU. A Virginia, que era el hegemón de los Estados fundadores, se le dio gran poder político —también la presidencia federal— durante decenios, a cambio de la capital (Washington) y del compromiso de realizar políticas distintas.

12 jun 2013

SINFONÍA DE VIDA ............de Paco Gor

SINFONÍA DE VIDA


La veo fugazmente reflejada
en las vitrinas de las tiendas,
en las panaderías, de paso por la calle,
distraída cuando juega un niño,
un árbol se mece con el viento
o una hormiguita se afana
en cargar con el doble de su peso.
En la mañana,
cuando con curiosidad y resignación
tengo que verla en el espejo
del cuarto de baño,
en ocasiones encuentro a mi madre
o me viene a visitar la sonrisa
con que mi hija tan feliz me hace.
A veces joven, en otros momentos
extremadamente envejecida,
pero siempre amigable, tranquilizadora,
no le interesa ocuparse de lo urgente
y siempre llega hasta mi boca
impregnada del sabor de unos labios
y en el color de los ojos que amo.
En las horas de las vigilias nocturnas,
desde el ritmo de los latidos
me dice que nada es importante, 
sólo hay que esperar un poco más,
arroparse entre las sábanas,
abrazar el cuerpo que duerme al lado,
murmurar unas palabras incoherentes
y descansar porque es lo que toca

cuando se tiene la conciencia tranquila.

Flores..................de Paco Gor

FLORES


Es preciso notificarlo
a todo el mundo,
sacarlo en las noticias,
informar, dar cuenta
de que por cada flor
estrangulada
hay millones de semillas
esperando florecer.
Que todos lo sepan,
es inexcusable
reafirmar el mensaje
que transmita la verdad
de una forma tal
que nada la pueda detener,
ni que nadie se atreva
a desmentirla.
Tenemos que asumirlo
como bandera de fe
absolutamente necesaria
para toda esa gente
que está perdiendo
la esperanza
en este universo de dolor
en que nos han sumido.
Es preciso decirlo
resulta imperioso y urgente
para que cada día
nazcan más y más flores,
que embellezcan la razón
de nuestras vidas.

Elías.......................Rosa Montero

Elías y los otros
. Elías Querejeta y todos esos españoles, algunos conocidos, la mayoría anónimos, que cambiaron este país, que lo sacaron de la incuria del franquismo y empujaron el rechinante carro de la Transición.
 Un puñado de hombres y mujeres que brillaban como conchas marinas en medio de la caspa y la roña de la época; que abrían ventanas y dejaban entrar el aire del futuro.
 Este es un buen momento para darles las gracias; todos ellos están cumpliendo ya una avanzada edad, si es que no se han muerto.
Elías y los otros, sí, pero hoy hablemos sobre todo de Querejeta.
 De su rigor germano y obsesivo.
 De su inteligencia y su vasta cultura. De lo raro que resultaba en la ignorante mediocridad de los últimos años de la dictadura: un marciano aterrizado en mitad del landismo.
  Le traté mucho en los años setenta, cuando yo trabajaba en la revista Fotogramas y frecuentaba el ambiente del cine.
 Elías parecía saber cosas que nadie más sabía.
 Con una tenacidad casi feroz que le causó algunos problemas (pertenecía a ese tipo de personas que creen tener siempre la razón, y es posible que en aquellos tiempos fuera verdad) consiguió no solo producir una serie de films admirables, sino renovar la manera en que los españoles nos mirábamos a nosotros mismos: gracias al espejo de sus películas, todos empezamos a ser un poco más modernos, un poco más europeos. Tuvo la ambición y la suficiente rabia como para cambiar la mezquina sociedad española: fue motor y guía. Hacía años que no veía a Querejeta y hará cosa de un mes me llamó por teléfono, aparentemente sin motivo. Le dije: “A ver si nos vemos” y luego me olvidé.
No sabía que se estaba despidiendo. Con esto he aprendido que hay que apresurarse a ver a la gente a la que aprecias: no se deben dejar los cariños para mañana.
 Es la última cosa que me ha enseñado Elías.