Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

6 jun 2013

Vestida de Mar

EL TIEMPO

El tiempo se volvió frágil:
palpó con suavidad
las palabras en Morse que le dejaban los días
sobre un túmulo
de barbaries y sangre.
Y toda la tierra tembló bajo la mirada de los muertos.
El tiempo se volvió
dueño y señor de las gargantas rotas,
del trasvase de miserias,-agua y lodo-que poblaban
el horizonte gris de miles de grupúsculos humanos.
Y el aire lloró tanto que arrasó miles de lágrimas.
El tiempo se tornó grillete de la ilusión
dentro de los ojos que soñaban utopías en colores diferentes.
Y un alambre de púas separa nuestras soledades…
Lola Bertrand

Las horas de la esperanza

Hope_by_MichelRajkovic

Leidy Yaneth Vásquez



Hipatia

Si Cirilo, santo de estrecha visión,
hubiera presentido como yo
que las conchas marinas,
calientes y jóvenes, son estrellas azules
que al rasgar la piel nos transfiguran
en rincones de luz,
tal vez no me habría condenado
a este vagar circular por anaqueles cósmicos;
tal vez Alejandría no sería
la pira ardiendo eternamente
en mi vientre vacío,
ni él sería tan despreciable
como a esta hora en la que los hombres
de siglos venideros,
los que presiento en las noches
cuando me embriago
y me danzan en sueños,
lo maldicen…
yo tampoco sería la llama viva
que te alcanza a esta hora
mientras abres el libro de la vida y lees:
Soy inmortal, nací para este momento.

A la caza del ‘best-seller’ en la selva del Retiro.

Caseta en la Feria del Libro de Madrid. / Samuel Sánchez

Arqueología, medicina, alto ejecutivo farmacéutico y guionista de cine. Esa es la ruta que siguió Glenn Cooper antes de convertirse en el penúltimo del selecto club de autores de best-sellers globales.
 Y sin mucho ruido, pero con una legión ya de seguidores: cinco millones de lectores por seis libros en solo tres años, medio millón en España.
Cooper (White Plains, Nueva York, 1953), que se ha encontrado con sus lectores de la Feria del Libro de Madrid, publicó en 2009 su primera novela, La biblioteca de los muertos, primera parte de una trilogía que continuó con El libro de las almas y que acaba de cerrar con El fin de los escribas (Grijalbo), un thriller en el que unas personas heredan el don de saber la fecha de nacimiento y muerte de la gente. El estadounidense no es tan mediático como otros recién llegados al grupo de los superventas como la australiana Kate Morton y la británica E. L. James, dos de las escritoras preferidas en la Feria, pero su corte de seguidores avanza a un ritmo apabullante. Y eso que él empezó muy tarde, pasados los 50 años.
Los sellos deciden la estrategia y buscan las fórmulas.
Glenn Cooper
Glenn Cooper se refiere a cada una de las etapas que ha vivido como “obras de teatro” en las que ha querido encontrar diversión. Parece honesto en su búsqueda. ¿Por qué la literatura, ya pasados los 50? Trabajaba en una gran compañía de 30.000 empleados y comencé a sentirme atado a una rueda de molino. Me pareció que escribir sería una actividad muy distinta, que me ayudaría a liberar mi tensión y al principio lo intenté con guiones. El primero fue terrible… Después fui mejorando, pero de 20 guiones en 20 años ¡solo vi convertido uno en película! (risas). Cuando me decanté por la novela fue como volver a casa, daba más lugar para la reflexión”.
Aunque a gusto con su condición de superventas, Cooper reclama diferenciarse del lote. Un club de autores cuyos libros son traducidos a multitud de idiomas y desarrollan una vida global, con desigual acogida entre la crítica y los seguidores. Son historias que hablan de temas que apelan a los lectores, y con tramas de mayor o menos complejidad, en las que se repiten ingredientes de éxito. Tienen su espacio muy visible en la feria los ya clásicos de ventas astronómicas como Ken Follet con El invierno en el mundo (Plaza & Janés), John Grisham con Theodore Boone. El acusado (Montena), la veterana en títulos románticos Danielle Steel con Tiempo prestado (Plaza & Janés), y una de sus sucesoras, Nora Roberts, con Polos opuestos (Random House); también la irlandesa Marian Keyes con Helen no puede dormir (Plaza & Janés).
Los expositores también recogen la generación de la antepenúltima hornada best-seller tipo Dan Brown, Inferno (Planeta), Katherine Scholes y La reina de la lluvia (Planeta), C. S. Sansom y Dominación (Ediciones B) y Brad Thor con Misión Cervantes (Martínez Roca). La penúltima generación best-seller viene encarnada por E. L. James y su Cincuenta sombras de Grey (Grijalbo), Sherrilyn Kenyon de Sed de venganza (Plaza & Janés), Kate Morton y El cumpleaños secreto (Suma de letras) y Cooper con El fin de los escribas.
El escritor Glenn Cooper. / Carlos Rosillo
Cooper era consciente de que el género que elegía, el thriller, le iba a dar más posibilidades de convertirse en best-seller. Lo hace sin prejuicios porque, además, es el tipo de literatura que él prefiere como lector. “Si escribes poesía, será muy difícil que puedas ganarte la vida. Hay géneros más llamados a triunfar, como ahora la novela erótica, la ciencia ficción o la de adolescentes. Si tienes la suerte de convertirte en best-seller, se crean ciertas expectativas que hay que cumplir. Mientras esté cómodo, estaré cómodo en el mercado”.
Tres años largos le han servido para conocer los mecanismos y las recetas del mercado editorial. “Los primeros que deciden la estrategia son los editores. Sus expectativas deciden lo que va a ser publicado, ellos buscan las fórmulas. Sucede como en Hollywood: si una película tiene éxito, intentarán repetirla”. Dan Brown se convierte en este punto de la conversación en una tercera presencia. “Su fórmula ha provocado una ola de imitaciones… De vez en cuando, aparece alguien que hace algo distinto, que introduce un nuevo tipo de paradigma…” Y no lo duda cuando define su espacio. “Me gustaría pensar que mis libros no solo entretienen, algo que también busco, sino que ayudan a plantear preguntas más ambiciosas, aunque yo no sea un filósofo, ni un profesor de universidad. Que no hacen el recorrido habitual de los thrillers de un héroe que supera obstáculos hacia un final feliz, la resolución del puzle, como sucede con Dan Brown. Serían los thrillers “del hombre que piensa”. Cooper afirma que le gusta investigar a fondo sus temas, e incluso para alguno de ellos ha llegado a comprar 300 libros.
Cooper busca llegar a más lectores e interactuar con ellos a través de las redes sociales. “Si alguien me envía un mensaje, trato de responder en una hora. Sé que a algunos escritores les gusta aislarse en una burbuja, pero ese no es mi caso. Me parece pretencioso”.
En su próxima trilogía estará presente Cataluña. Será una búsqueda moderna del Santo Grial.

“Soy un ejemplo de lo importante que es la sanidad pública”


"La crisis obliga a ser imaginativos", dice Silvia Abascal. / L. S.

La cita es en la habitación del hotel en el que vive estos días en Madrid.
 Ha bajado de su casa en la montaña para presentar su libro Todo un viaje, en el que narra el derrame cerebral que sufrió hace dos años y el proceso que sigue para lograr su total recuperación.
 Silvia Abascal, de 34 años, todavía debe salvar algunos obstáculos. Si al principio del proceso perdió la audición de su oído derecho, ahora sufre hiperacusia. Por eso, la charla, delante de un plato de jamón y una coca-cola, transcurre en un espacio silencioso y en tono bajo.
Ello no impide que las palabras de la actriz suenen enérgicas cuando habla de la crisis y de los recortes.
 “Hay cosas que no se pueden negociar, como la sanidad pública. Yo soy un ejemplo de lo importante que es”, proclama.
Silvia Abascal ingresó en el hospital Carlos Haya de Málaga cuando sufrió un derrame cerebral mientras asistía al festival de cine de la ciudad.
 Se estaba pintando los labios junto a Miguel Ángel Silvestre cuando notó que “algo muy gordo” estaba pasando. De allí fue trasladada al Gregorio Marañón de Madrid. La rehabilitación la hace también en un centro público
. Con la misma exigencia con la que preparaba sus papeles de actriz, Silvia Abascal trabaja en su recuperación
. Está feliz ya que, por fin, puede ir al teatro. “Lo intenté varias veces, pero los ruidos me volvían loca”.
 Protegidos sus oídos con unos tapones y unos cascos, se presentó en el teatro Español para ver La avería. Cuando Blanca Portillo y sus compañeros la descubrieron sentada en primera fila, se convirtió en la estrella de la función y de la ovación final.
 “Dicen que en mi profesión cada uno va a lo suyo, pero yo no puedo decir lo mismo. El cariño y el apoyo que he recibido es increíble”, cuenta.

Hotel Sheraton Mirasierra (Madrid)

  • Virutas de jamón serrano: 28,50 euros.
  • Dos Coca-Colas: 9 euros.
Total 37,50 euros.
Estos días tiene su correo electrónico lleno de mensajes que lee poco a poco.
 “Me emociono de las cosas que me dicen. Les contestaré despacio”. Horas antes ha hablado con Miguel Ángel Silvestre. “Siempre está ahí. Quiero tanto a Migue...”.
A Silvia Abascal siempre le gustó escribir
. Tiene varios cortos y algún relato de ficción, pero nunca imaginó que algún día escribiría su historia. Nada más llegar a su refugio en la montaña encendió el ordenador y se sentó a revivir lo sucedido en sesiones de trabajo que comenzaban a las ocho de la mañana y concluían a las cinco de la tarde, “a veces, sin parar a comer”.
 “Tenía claro el título y cómo empezar: directo y al grano.
 Lo que no he querido ha sido ahondar en la herida. Creo que es una narración vital, optimista”. El libro lo acabó en febrero; enseguida, Planeta se lo compró y ayer se puso a la venta.
Ahora medita qué hacer con su tiempo libre. Probablemente siga escribiendo.
 Todavía no está en condiciones de hacer teatro o televisión. “Sigo teniendo ofertas y algunas me apetecen, pero no estoy lista. Eso sí, sé que regresaré a mi profesión”. Lo que más echa de menos ahora Silvia Abascal es poder ir a un concierto. “Pero un día de estos lo intentaré”.
 Durante la entrevista le molesta hasta el hilo musical. También quiere viajar. “Es lo que más me apetece ahora, pero no soporto el ruido de los aviones”.
Sus compañeros le cuentan sus problemas de trabajo y cómo el IVA cultural les está afectando. “La crisis obliga a ser imaginativo”. Silvia Abascal lo es cada día desde hace dos años.