Por JOAQUÍN ESTEFANÍA. La obra de Fitzgerald es una novela de clase
en la que el dinero sirve para comprar la distancia social con el fin de
marcarla mejor.
Trata de muy pocos personajes de la clase elevada y de
un testigo que se asimila a ellos
. En el libro no aparece la mayor parte
de la sociedad americana, la que tuvo que emplearse en combatir durante
la Primera Guerra Mundial: es como si no existiera
. El autor describe
los excesos de los felices veinte, cuya burbuja, explotada, dio lugar a
la Gran Depresión de tres lustros después. Jay Gatsby, el caballero que
reina sobre West Egg, es el arquetipo de una época dominada por los
excesos sociales, las grandes diferencias, el gansterismo y la
corrupción política generalizada que acabó en la mayor crisis del
capitalismo de todos los tiempos.
Fitzgerald tiene la técnica literaria
de fijarse en uno de los dos extremos de la sociedad, el de la gente
bonita, riquísima, las mansiones, los criados fieles, la rutilancia de
las noches sin mesura, en definitiva, el mundo de los ricos.
Es la
imagen del esplendor y de las élites de Pareto.
Casi nueve décadas
después de aquello, la sociedad de los extremos y de la polarización han
vuelto a Estados Unidos, tras el paréntesis del New Deal y su
influencia en la sociedad americana. (En la imagen: Robert Redford, como
Gatsby, en la versión de Jack Clayton, 1974, delante del Rolls Royce
Phantom 1 Ascot Tourer de 1928).
15 may 2013
Un importante detalle
Un
detalle que poca gente conoce: esta magnífica portada de la edición
original fue diseñada por Francis Cugat (Barcelona, 1893 - Westport,
Conn. 1981), el hermano mayor de Xavier Cugat.
La Revista de Girona
acaba de publicar un interesante artículo sobre este artista que, como
suele decirse, ha quedado a la sombra de su famoso hermano: http://cort.as/43Je http://cort.as/43Jf
Los sueños de un soñador
Los sueños de un soñador y sus amigos
14 MAY 2013 - 17:49 CET. El secreto de 'El gran Gatsby' está en Gatsby.
“Si la personalidad es una serie ininterrumpida de gestos logrados, entonces había en Gatsby algo magnífico, una exacerbada sensibilidad para las promesas de la vida”, escribe el narrador, Nick Carraway, en la primera descripción del personaje central de la gran novela americana de Scott Fitzgerald. “Era un don extraordinario para la esperanza.
Fue lo que le devoraba, el polvo viciado que dejaban sus sueños”
. El misterio que rodea a Gatsby, el origen desconocido de su fortuna, sus fiestas, su obsesión por Daisy mientras contempla las luces al otro lado de la bahía, es el motor del relato, la fuerza que arrastra esta novela incesantemente hacia el futuro
. Gastby encarna como ningún otro personaje la energía vital de la esperanza, que sin embargo acaba por resultar destructiva, y a la vez la incógnita de una época que todavía no es consciente de que lo peor está por venir
. A lo largo del relato, Carraway, el narrador, un buen chico del Medio Oeste, se ve empujado al mundo de Gatsby y en este viaje va perdiendo sus propios anhelos.
“Cumplía treinta.
Ante mí se extendía el camino portentoso y amenazador de una nueva década”, escribe. Esa década son los años treinta, en los que desemboca la ingenuidad perdida de Carraway. (En la imagen de izquiera a derecha: Tobey Maguire (como Nick Carraway), Leonardo DiCaprio (Jay Gatsby) y Carey Mulligan (Daisy Buchanan) en la nueva versión cinematográfica de 'El Gran Gatsby', de Baz Luhrmann)
Quizás se entienda mejor leyendo la Novela de su Hija lleno de contradicciones y ahogado en alcohol, sin nada, recreo ese Universo, y como pasa siempre al morir se le reconoció su Gran Talento, en Vida ya no tenía ni donde caerse muerto.
Un Hombre dificil, no creo que le gustara la elección de Robert Redford, porque le destrozó a su Gastby, se quedó en tonos marrones y beigs y a partr de ahí Robert Reford fue fagotizado por Gastby, pero nunca más fue el actor de Memorias de Africa. Espero que Leonardo di Caprio muy buen actor sepa encarnar al personaje de Fitgelrad.
El escritor que lo tuvo todo en las manos
Por ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS. Francis Scott Fitzgerald nació el 24 de
septiembre de 1896 en Saint Paul (Minnesota) y murió el 21 de diciembre
de 1940 en Beverly Hills (Los Ángeles), donde sobrevivía trabajando como
guionista de Hollywood y venciendo su adicción al alcohol.
Tenía 44 años pero parecía un anciano.
Con veinte años lo había tenido todo en sus manos pero ya no le quedaba nada excepto terribles deudas, una mujer loca y la convicción de que él y su proyecto literario había fracasado estrepitosamente.
La suya es una de las biografías más tristes de la historia de la literatura, a la que brindó, sin tener tiempo para recoger sus frutos, algunas de sus páginas más brillantes.
“Todo buen escritor nada por debajo del agua y aguanta la respiración”, le escribió a su única hija, Frances Scott Fitzgerald .
Por aquel entonces él ya sabía que se había desmoronado antes de tiempo, pero que tenía la obligación de seguir: “La prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar.
Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo”, escribió en su testimonial El Crack up.
Fitzgerald simboliza como ningún otro escritor de la Generación Perdida el descalabro de la sociedad norteamericana de entreguerras, su profunda crisis de valores, su euforia inicial y su demolición final. Aquel joven estudiante de Princeton que solo lamentaba no ser mejor jugador de fútbol, reconoció que provenía de un tiempo ya caduco.
Malgastó su talento y sus fuerzas intentado vencer a la implacable ofensiva del fracaso, convencido de que la felicidad había estado en sus manos pero la había dejado escapar sin remedio.
Tenía 44 años pero parecía un anciano.
Con veinte años lo había tenido todo en sus manos pero ya no le quedaba nada excepto terribles deudas, una mujer loca y la convicción de que él y su proyecto literario había fracasado estrepitosamente.
La suya es una de las biografías más tristes de la historia de la literatura, a la que brindó, sin tener tiempo para recoger sus frutos, algunas de sus páginas más brillantes.
“Todo buen escritor nada por debajo del agua y aguanta la respiración”, le escribió a su única hija, Frances Scott Fitzgerald .
Por aquel entonces él ya sabía que se había desmoronado antes de tiempo, pero que tenía la obligación de seguir: “La prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar.
Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo”, escribió en su testimonial El Crack up.
Fitzgerald simboliza como ningún otro escritor de la Generación Perdida el descalabro de la sociedad norteamericana de entreguerras, su profunda crisis de valores, su euforia inicial y su demolición final. Aquel joven estudiante de Princeton que solo lamentaba no ser mejor jugador de fútbol, reconoció que provenía de un tiempo ya caduco.
Malgastó su talento y sus fuerzas intentado vencer a la implacable ofensiva del fracaso, convencido de que la felicidad había estado en sus manos pero la había dejado escapar sin remedio.
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