Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

12 may 2013

La industria alimentaria sucumbe a la crisis del consumo y reduce sus ventas

La facturación de las empresas de bebidas y alimentos caen en 2012 un 2,68%

Desparecen 138 empresas y se reduce el empleo un 1,7%

 

Una clienta frente a las estanterías de un supermercado / EFE

La industria alimentaria, uno de los grandes bastiones frente a la crisis en España, en 2012 no aguantó una segunda recesión y experimentó una caída en las ventas del 2,68%, hasta los 82.298 millones de euros frente a los 88.673 del ejercicio anterior.
 El incremento de un 9,4% de las exportaciones hasta los 22.078 millones de euros no ha sido suficiente para compensar una caída la demanda interior, cifrada en un 3% los hogares y del 4% fuera de los mismos. Desparecieron 138 empresas el año pasado y se redujo el empleo un 1,7%, según datos del Informe Económico 2012 de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), presentado esta mañana en Madrid.
Este volumen de ventas registrado el pasado ejercicio está por debajo de los niveles de 2008, cuando era de 87.600 millones de euros. La producción industrial en el mismo periodo registró un descenso del 14,9% en alimentación y del 10,8% en bebidas.
La diferencia entre la gran caída en la producción y una más leve en ventas se explica, según FIAB, porque parte importante de ese volumen de ventas ha correspondido en realidad a la salida de stock existencias ya fabricadas con anterioridad.
En la presentación del informe anual participaron también el catedrático de análisis económico de la Universidad Complutense de Madrid Simón Sosvilla y el director del sector agrario de La Caixa, Josep Fernández. Repasaron el estudio y subrayaron la importancia de la internacionalización del sector, pero también apuntaron a la enorme atomización del sector: el 96,2 % de las empresas de esta industria son pymes.
 Solo 59 compañías (el 0,2 % de un total de 29.196) tienen más de 500 empleados.
La industria agroalimentaria, destacó director general de FIAB, Horacio González, pese a estar sufriendo en esta "segunda recesión", ha sabido mantener el empleo, ya que, pese a que las ventas cayeron casi el 2,7% el empleo solo se redujo en 1,7%. Las empresas de este sector empleaban en 2012 en total a 439.675 trabajadores, lo que significa que suponen el 20% del empleo industrial en España.

Un sector líder pese a la caída

A pesar de esta evolución negativa de las ventas, la industria alimentaria se mantiene como uno de los principales sectores en el conjunto de la actividad económica con 440.000 trabajadores que suponen el 20% de todo el empleo industrial. En 2012, a pesar de la crisis, la industria alimentaria se ha convertido en un refugio de empleo con unos niveles de paro la mitad que la media del resto del país.
En 2012 el sector mantiene su proceso de ajuste y concentración con una reducción de empresas del 0,47% hasta 29.196. sociedades. A pesar de ello, se mantiene como una actividad muy atomizada donde solamente 59 firmas tienen más de 500 empleados y el 98,2% son pequeñas o medianas empresas.
La evolución de la marca de la distribución constituye uno de los problemas a los que se enfrenta la industria al suponer en 2012 el 41,5% de las ventas frente al 34,3% de 2010.
 Con este porcentaje, España se sitúa a la cabeza de los países comunitarios en el peso de las marcas blancas, un 5,9% por encima de la media comunitaria.

Agricultura no quiere cargar con más impuestos

La secretaria general de Agricultura, Isabel García Tejerina, que participó en la presentación, expuso los tres pilares sobre los que la Administración está basando su política de apoyo a la industria alimentaria como un sector estratégico de la economía.
 Estas líneas se concretan en un plan para la internacionalización del sector, el desarrollo de una política equilibrada en la nueva ley de la cadena alimentaria y un plan de innovación.
García Tejerina se mostró, además, en contra de una subida de impuestos a las tasas especiales que gravan bebidas alcohólicas. Justificó las medidas del Gobierno, apelando a la herencia recibida en forma de gasto extra del Gobierno anterior. Sin embargo, señaló que preferiría que la necesidad de recursos extra no impactara en el Ministerio del que forma parte.
Según el secretario general de FIAB, Horacio González, para el sector es también fundamental frenar las pretensiones impositivas de varias comunidades autónomas, una recuperación de la confianza de los consumidores en un momento de caída de rentas en los hogares, reformas estructurales como la defensa de la unidad de mercado, un plan de internacionalización y la apuesta por la innovación y la formación.

La penúltima fiesta del gran Gatsby

El cineasta Baz Luhrmann aspira a ofrecer la versión definitiva de una de las novelas más adaptadas

DiCaprio protagoniza la película, que abre el Festival de Cannes.

 

El director Baz Luhrmann, en un hotel de Toronto el pasado 24 de abril. / george pimentel (wireimage)

En unos días, cuando el miércoles El gran Gatsby inaugure la sección oficial del 66º Festival de Cannes, se cerrará un círculo
. Eso siente Baz Luhrmann (Nueva Gales del Sur, Australia, 1962), director de esta nueva adaptación —y van cinco— de la gran novela de Francis Scott Fitzgerald, protagonizada esta vez por Leonardo DiCaprio. “Estoy muy emocionado”, dice sonriendo. “Fitzgerald escribió la novela a 20 minutos de Cannes, en Saint Raphael; yo estrené Moulin Rouge!en el festival en 2001, mi hijo nació en Francia, tenemos familia francesa”.
 De hecho, no se cerrará un círculo sino varios: el que abrió Fitzgerald cuando terminó su libro en 1925 y el que inició Luhrmann en un viaje, a París, hace casi 10 años, en el que decidió lanzarse a esta aventura obsesiva para adaptar la novela que seguía, en su opinión y pese a intentos anteriores con grandes estrellas como Alan Ladd o Robert Redford, sin una película que contara su verdadera historia.
“Iba a juntarme con mi mujer [la diseñadora de vestuario Catherine Martin] en París para el nacimiento de nuestra hija, y pensé: ‘Voy a ir en el Transiberiano”, recuerda en una suite del hotel Plaza en Nueva York. “Era una experiencia fantástica, pero también muy solitaria, por eso, una noche, mientras atravesaba Rusia, me serví una copa de vino, y me puse un audiolibro de El gran Gatsby”.
 En seguida, Luhrmann se dio cuenta de que no recordaba nada de aquella historia que había leído “probablemente de estudiante” y que había visto con 12 años, protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow, en el cine de su padre en Australia. “Yo admiraba a Redford: me encantaba en Dos hombres y un destino y en El golpe. Sin embargo, cuando le vi como Gatsby no lo entendí, nada de aquella película se me quedó grabado”.
"La década de los veinte trajo el nacimiento de la cultura moderna"
¿Qué cambió en aquel viaje en tren? “Me di cuenta de que el libro no solo reflejaba el mundo de aquellos años veinte: El gran Gatsby podría haberse escrito hoy”, exclama Luhrmann.
 Pega un salto del sofá en el que se recuesta en esta suite, que podrían haber ocupado Gatsby, Daisy y Nick Carraway, y se va hasta una ventana que mira hacia Central Park.
 “Curiosamente, esta vista es exactamente la que se ve en la película en una secuencia clave. Todos esos edificios que vemos [señala al horizonte], se construyeron o estaban ya entonces.
 La década de los veinte trajo el nacimiento de nuestra cultura moderna, todo empezó allí: la publicidad, la popularización de la música, la fama”.
El director que puso de moda el baile de salón (El amor está en el aire), rejuveneció Romeo y Julieta y reavivó el musical (Moulin Rouge!) no necesitaba más razones para obsesionarse con actualizar esta épica historia de amor entre el nuevo rico Jay Gatsby y la bella Daisy Buchanan, que se estrena en España el próximo viernes.
Hacerla accesible para nuevas generaciones desplegando toda su artillería: actores guapos, cuidadísimo diseño de producción y efectos visuales, vestuario de firma y, por supuesto, una banda sonora superventas gracias al productor musical y marido de Beyoncé, Jay-Z.
Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan, en 'El gran Gatsby'.
La fijación de Luhrmann por ser fiel a la novela fue tal que todos los días llevaban el libro al set y, antes de empezar a rodar, él y sus actores repasaban cada escena.
 “Creo que hay una gran reflexión sobre dónde estamos ahora y quiénes somos, a través de cada uno de sus personajes”, insiste. Cuando vuelve a recostarse en el sofá admite:
 “Bueno, y también hay unas fiestas fabulosas”. Fiestas con un anfitrión único, de mirada y sonrisa tan magnéticas como enigmáticas. “Apuesto a que ha matado a alguien”. “Fue espía alemán”, decían los invitados en la novela de Fitzgerald. Alguien tan guapo que da miedo
. Alguien como Leonardo DiCaprio que interpreta a un Gatsby mucho más oscuro, a pesar de sus delicados trajes de lino rosa, que el que encarnó Redford en la versión de 1974.
 “Gatsby no podía ser otro”, afirma Luhrmann sobre DiCaprio, con quien ya trabajó en Romeo y Julieta, cuando solo era un “chico con talento”. “No escribí el guion pensando en él, pero sí me vino a la cabeza pronto, aunque me costó mucho convencerle. Es como si interpretas a Hamlet, vas a recibir demasiada atención”. Junto a DiCaprio, su amigo del alma, Tobey Maguire, que, a la vez, interpreta al único que tuvo Gatsby jamás, Nick Carraway, el narrador de la historia.
 Y, por supuesto, ella, Daisy, la mujer por la que Gastby se convierte en la personificación del sueño americano. “Encontrarla fue muy difícil”, recuerda el director.
“Fue como buscar a una Scarlett O'Hara. Pero Carey Mulligan llegó y en cinco minutos, Leo y yo supimos que era ella: bella y delicada”.
"Yo admiraba a Robert Redford, pero no entendí su papel de Gatsby"
Los vestidos de cristales y pieles que Carey Mulligan lleva a las fiestas de Gatsby los diseñó Miuccia Prada, amiga del director, siguiendo sus pautas.
 Los suyos y muchos más para los 300 extras que bailan y cantan en cada gran velada en la película, rodada en estudios y en 3D, decisión que tomó Luhrmann después de ver Crimen perfecto de Hitchcock en sus proyectores 3D originales.
 “Pero creo que la película funcionaría igual de bien si fuera en blanco y negro y muda”, apunta.
“Y en realidad quería que fuera una película de presupuesto pequeño, de verdad que lo intenté, pero cuanto más lo intento más grandes acaban siendo”
. Es el espíritu inagotable y contagioso de Gatsby que quiere dar su última (o penúltima) fiesta en Cannes.

Cospedal en el laberinto



La dirección del PP suspendió oficialmente la habitual reunión de estrategia semanal, integrada por la propia Cospedal y los vicesecretarios Carlos Floriano, Esteban González Pons y Javier Arenas, durante un mes.
 Y Alfonso Alonso, jefe del Grupo Popular en el Congreso, un dirigente mucho más próximo a Soraya Sáenz de Santamaría, se convirtió en el verdadero portavoz del partido.
"La cúpula quedó desdibujada desde el congreso de Sevilla”, coinciden varios dirigentes
Ningún miembro de la cúpula se siente cómodo en el papel de portavoz del escándalo.
Y esto se debe en parte al “secretismo” de la gestión de Cospedal. Frente a la necesidad de explicaciones coherentes de asuntos tan delicados como la contratación de Bárcenas o el despido del exmarido de Ana Mato, Jesús Sepúlveda, en las filas populares se han echado en falta una estrategia y unas instrucciones más claras por parte de la dirección.
El vicesecretario de Organización y Electoral, el número tres, Carlos Floriano, quien comparecía habitualmente cuando no lo hacía Cospedal, redujo drásticamente su presencia pública en lo que algunos interpretan como un distanciamiento de la secretaria general.
Otros recuerdan que Esteban González Pons, vicesecretario de Estudios y Programas, ya fue responsable de comunicación en la etapa más complicada del caso Gürtel, y que tendría sentido rescatarle en este momento. Pons ha intensificado sus comparecencias, aun así todavía no hay un reparto claro
. Los críticos recuerdan en este sentido que el escándalo del extesorero de los populares no solo ha convulsionado al partido, sino que ha paralizado varios debates internos.
 Las direcciones autonómicas, por ejemplo, ven con inquietud acercarse las elecciones europeas de 2014 y las municipales de 2015, por lo que reclaman decisiones sobre plazos y sucesiones que aún no se han producido.
Mientas tanto, la judicialización del caso hizo que Cospedal y su equipo cambiaran el mantra oficial: de la negación completa —“la contabilidad del PP es perfectamente legal y está auditada por el Tribunal de Cuentas”— al “respeto” por el procedimiento judicial —“el caso está en los tribunales y el juez decidirá”—.
En las filas del PP se echa en falta una estrategia más clara desde la dirección
Esta estrategia, de momento, ha permitido a Cospedal salir del laberinto y centrarse en otras tareas, como el Gobierno de Castilla-La Mancha. Ahí la número dos del PP tiene otro frente abierto. Su Ejecutivo tuvo que acometer una reducción radical del déficit y lleva desde el primer día aprobando recortes.
Dentro del partido son conscientes del desgaste y admiten que Emiliano García-Page, líder regional del PSOE, es un adversario más que peligroso
. Ahora que se ha llegado a la mitad de la legislatura, muchos consideran que lo lógico sería que centrara su trabajo en Castilla-La Mancha, aunque eso la alejaría todavía más de Génova, 13.
Cuando hace un año Javier Arenas, vicesecretario de Política Autonómica y Local, dejó el PP andaluz para dedicarse en exclusiva a la dirección nacional, la interpretación más extendida le situó entonces como líder en la sombra y como correa de transmisión con el Gobierno. Arenas se ha centrado, no obstante, en su área y el partido, al menos hasta el estallido del caso Bárcenas, siguió parado.
Ahora el PP ha intensificado su actividad con vistas a la convención prevista para otoño
. Los populares quieren sumarse al debate sobre regeneración democrática para tratar de minimizar el desgaste del escándalo y de la política de recortes.
 En este contexto la dirección asegura que está dispuesta a hablar de casi todo “sin miedos ni cortapisas” y así dar una imagen de apertura.
 Para ello, han organizado debates sobre la creación de empleo, las listas abiertas y los sistemas electorales y el desapego ciudadano a la política.
 En este último, Cospedal, recién aparcadas las críticas por la gestión del caso Bárcenas, abrió otra veta al comparar los escraches con el “nazismo puro”.

 

Los barones buscan distancia de Rajoy

Casi todos, algunos de forma rotunda, buscan una imagen propia para mitigar el desgaste

Aguirre está sola en su ataque directo, pero los demás están preocupados por sus elecciones.

De izquierda a derecha: Mato, Cospedal, Montoro, Gallardón, Rajoy, Feijóo, Pons, Arenas, Monago y García Escudero, en un comité ejecutivo del PP en 2011. / ANXO IGLESIAS

El PP siempre fue el partido del discurso único en toda España. Pero las cosas están cambiando a toda velocidad.
 “Es bueno que cada uno defienda lo suyo”, dijo el viernes la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando le preguntaron por unas declaraciones de Alicia Sánchez-Camacho, líder del PP catalán, en las que directamente exigía a Cristóbal Montoro que concediera a su comunidad un déficit para 2013 del 1,8%, muy superior al 1,2 marcado por el Ejecutivo como media para las autonomías.
Santamaría, como los demás miembros del Ejecutivo, es consciente del ambiente de enorme preocupación que se vive en las direcciones regionales del PP, en los Gobiernos autónomos, en las llamadas baronías. Todos están empezando a temer por sus puestos, por sus cómodas mayorías absolutas.
 Y cada vez es más evidente, especialmente en algunos, según admiten barones y dirigentes consultados, el intento por alejarse del deterioro de la imagen del Gobierno
. El Ejecutivo y especialmente el presidente están hundidos en las encuestas, y los dirigentes autonómicos tratan de marcar perfil propio. Las ausencias de esta semana en la cita en Génova, 13 con Rajoy fueron muy comentadas —cinco barones clave no acudieron con distintas justificaciones— pero ni siquiera son lo más relevante, explican otros dirigentes. Lo más importante son los discursos y gestos públicos de cada uno para intentar diferenciarse del Ejecutivo.
La única que ha mostrado abiertamente sus críticas a la línea del Gobierno es Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid. Pero ella, analizan diversos dirigentes, no lidera ningún grupo. De hecho se quedó muy sola, como es habitual, en sus críticas a la subida de impuestos y en especial a Montoro, el ministro de Hacienda. Nadie apoyó a Aguirre.
 Pero algunos dirigentes notaron otra novedad: nadie la siguió, pero tampoco ningún barón habló contra ella, al contrario de lo habitual. Prefirieron dejar que la batalla fuera entre ella y Montoro. Ese silencio y algunas ausencias como la de la muy influyente Luisa Fernanda Rudi muestran, según este análisis, la preocupación de los barones por la situación política y su intento de no aparecer ni en fotos ni en gestos muy próximos al Gobierno.
Los demás por tanto no siguen a Aguirre, pero sí buscan su manera de diferenciarse. Algunos de forma muy evidente, como José Antonio Monago, el extremeño, otros de manera más sutil pero igualmente buscada. A Monago se le justifica siempre por su compleja realidad política: su puesto depende de que IU y PSOE no pacten una moción de censura que ahora mismo se antoja imposible. Pero él ha dado un paso más esta semana y no solo ha anunciado bajadas de impuestos en pleno debate interno sobre la subida del Gobierno, sino que además ha planteado un gran pacto de Estado precisamente cuando Rajoy lo ha descartado en el Congreso.
Lo cierto es que el ambiente está tan complicado que de momento tanto Montoro, desde el Gobierno, como Dolores de Cospedal y Javier Arenas, desde el PP, trabajan para suavizar la tensión interna en cuestiones clave como el reparto del objetivo del déficit. Pero la situación está lejos de resolverse.
 Tanto es así que de momento no hay fecha ni para el Consejo de Política Fiscal que debería cerrar ese acuerdo ni para la reunión de los barones del PP con el presidente de la que se lleva hablando varias semanas. Tanto se retrasa esa cita que el propio Alberto Núñez Feijóo, el presidente gallego, ha llegado a plantear que los presidentes, no solo los del PP, deberían establecer foros en los que reunirse sin la necesidad de que esté presente Rajoy. Feijóo dijo además que al Ejecutivo le falta “relato”, una forma de distanciarse más que evidente.
Otros, como el madrileño Ignacio González, sin llegar al nivel de críticas de su mentora, Aguirre, se diferencia con su rechazo a subir impuestos —ni siquiera aplica el de patrimonio— y sus discursos. El valenciano Alberto Fabra es más sutil y se concentra en sus críticas a la financiación. José Ramón Bauzá, el de Baleares, también va en esta línea y esta semana llegó a argumentar que no encontraba vuelo a Madrid para no acudir a la reunión con Rajoy. Juan Vicente Herrera, aunque no tiene intenciones de ser candidato, lleva meses con gestos de distanciamiento. Ramón Luis Valcárcel, que tampoco repetirá, fue tajante en el anterior Comité Ejecutivo al reclamar que él no aceptaría en el déficit ni un gramo menos de lo que le den a Cataluña.
“No pueden pedir que nos quememos con ellos”, resume un presidente
“Evidentemente, todo lo que hacen en el Gobierno nos afecta. Esta sensación depresiva generalizada nos afecta. Y la mala imagen del Gobierno nos perjudica. Todos somos PP y la gente tiende a vernos como un bloque. Es lógico que cada presidente busque perfiles propios”, explica un barón autonómico. “Es muy difícil la situación que tiene el Gobierno. Todos lo sabemos. Es evidente que podrían comunicar mejor pero en general en los barones hay comprensión hacia el Ejecutivo, sabemos que no es fácil. Pero lo que no nos pueden pedir es que nos quememos con ellos. Por eso es lógico que cada uno busque su perfil en su comunidad, para diferenciarse, aunque no hay ningún enfrentamiento serio con el Ejecutivo”, resume un presidente.
“La más enfadada de todos es nuestra gente. Son los votantes del PP los que más rechazan la subida de impuestos, por ejemplo, y sobre todo los que más frustrados están porque esperaban otra cosa, no que les digan que en cuatro años no se va a resolver el paro. Por eso el trabajo es más difícil. No se trata de luchar contra el PSOE, que está hundido, sino contra la desmoralización de nuestras filas, y para eso cada presidente autonómico busca sus propias técnicas sin atacar directamente al Gobierno, este es un partido muy presidencialista y muy disciplinado”, señala otro.
“Estamos en el momento más bajo.
La gran duda es si nos dará tiempo a recuperar la confianza de los nuestros. Eso no se hace en dos días. Y aunque queda mucho para las autonómicas, dos años, el calendario es muy malo para los barones, como les pasó a los socialistas en 2011: vienen antes las autonómicas que las generales, y eso hace que la gente que tiene ganas de castigar al PP tendrá la primera oportunidad seria en las autonómicas, porque las europeas son unas elecciones irrelevantes”, analiza un dirigente.
La mayoría de los barones rechaza abiertamente el déficit a la carta
Aunque aún queda mucho tiempo, algunos barones tienen en la cabeza una imagen de 2012. Es la foto del fracaso de Andalucía: Cristóbal Montoro y Fátima Báñez flanquean a Javier Arenas en el balcón de la sede de Sevilla. Arenas hizo mucha campaña con ellos por toda Andalucía
. Fue su gran error, admitido incluso en su entorno. La imagen de Montoro y Báñez, en un Gobierno que ya por entonces había aprobado la mayor subida de impuestos de la democracia y una durísima reforma laboral, desanimó a muchos votantes del PP.
El asunto del déficit a la carta está mostrando a las claras esos intentos.
 La última vez que Montoro citó a los consejeros de Hacienda, la reunión fue muy tensa y varios, en especial Pilar del Olmo, de Castilla y León, le expusieron sus críticas y le reprocharon que no reciben apenas información, que se enteran de las decisiones clave por la prensa. Los barones están indignados porque tienen la sensación de que Montoro va a favorecer a Cataluña por motivos políticos. Arenas tuvo que mediar, según algunos asistentes, y prometer que habría más coordinación. Pero Montoro prometió en esa cita que les daría hasta un 1,5% de déficit y finalmente lo ha dejado en 1,2%. El déficit es el tema central en este momento para mostrar distancia del Ejecutivo. Pero habrá otros, y si el Gobierno sigue con esta mala imagen, los gestos aumentarán a medida que se acerquen las elecciones. Nadie va contra el Gobierno, pero lo primero es lo primero, y eso casi siempre es ganar las elecciones.