Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

11 feb 2013

El laberinto de los canales de Ámsterdam

Declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2010, hogar de ricos mercaderes en el Siglo de Oro y posterior centro neurálgico de la progresía europea, cumplen cuatro siglos al frente del elemento nacional holandés por excelencia: el agua.

Cien kilómetros de vías navegables suman el 25% de la superficie urbana de Ámsterdam / Marc Driessen
Para llegar a casa de Dirk y Car­lijn te Winkel hay que superar antes la cubierta de tres barcos amarrados en uno de los canales más recoletos de Ámsterdam, en el puerto antiguo, junto a la estación central de ferrocarril. El cuarto bote es el suyo, y una trampilla de empinadas escaleras da acceso a un interior acogedor. La impresión que causa entrar en su escondido hogar desaparece de golpe al ver a su hija, Pía, de nueve meses. La pequeña juega en la trona, y la estampa no puede ser más clásica: una joven familia disfrutando de un mediodía de domingo. La sala de estar es amplia y luminosa, hay un dormitorio principal y un cuarto infantil, y el baño no desmerecería en un hotel. Todo encaja, hasta que el visitante se asoma a las ventanas, de ojo de buey, y ve una gaviota descansando en el agua. Poco después pasa una embarcación de turistas que hacen fotos sin parar. El cielo está nublado, ha caído una gran nevada y un canal no parece el lugar más adecuado para soportar un invierno duro. Sin embargo, la nave de los Te Winkel es un verdadero refugio moderno. Uno más entre las 2.700 viviendas flotantes repartidas por 104 kilómetros de vías navegables que suman el 25% de la superficie urbana. Es el famoso cinturón de canales de la capital holandesa. Un laberinto concéntrico que confunde a los turistas, siempre en busca de la siguiente esquina. Construido en el Siglo de Oro, devuelve el esplendor de la era gloriosa de la ciudad, que dominó el comercio marítimo mundial.
El conjunto histórico se ha adaptado al paso del tiempo y cumple ahora 400 años sin haber perdido la fuerza con que tira de una de las urbes más inquietas de Europa. O mejor, de sus casi 900.000 habitantes, seguidores del filósofo Spinoza, uno de sus vecinos señeros, que señaló la libertad como la razón de ser del Estado. En plena crisis, Ámsterdam busca inspiración en unos antepasados comerciantes que hicieron fortuna con las especias de Oriente –y los tulipanes– y cuyas magníficas residencias sobre el agua son su seña de identidad.
El clavo de olor, la pimienta, la nuez moscada y la canela revolucionaron el mercado gracias al éxito de la Compañía de las Indias Orientales, la primera multinacional. Establecida en 1602, era casi un Gobierno y podía declarar la guerra y acuñar moneda, cerrar tratados y fundar colonias en ultramar. Dado que Holanda era entonces una república, su aventura colonial fue sobre todo la búsqueda de puertos estratégicos para negociar. Un frenesí viajero que ha llegado hasta la actualidad, con compatriotas en los lugares más recónditos. De su lado, la locura por los tulipanes provocó una auténtica burbuja especulativa. Un solo bulbo de la flor, originaria de Turquía, llegó a venderse por 6.000 florines de hace cuatro siglos. Como el suelo arenoso de Holanda favorecía el cultivo y un parásito generaba sorprendentes tulipanes multicolores, entre 1623 y 1637 muchos de los residentes debieron su fortuna a las flores.
Ámsterdam ya contaba con fosos de protección contra las inundaciones antes de la explosión económica y demográfica del siglo XVII. En su momento de esplendor, la capital holandesa pasó de 50.000 a 200.000 habitantes en solo 75 años. El tráfico de mercancías regía la vida, y el clima de tolerancia atrajo a miles de refugiados políticos y religiosos europeos. La red de canales permitió a la villa cuadruplicar su tamaño y se convirtieron en el escaparate del poder. En 1612 comenzaron las obras con tres vías principales, de cinco metros de profundidad: Herengracht (de los caballeros), Keizersgracht (del emperador) y Prinsengracht (del príncipe). Singel es el canal periférico que los rodea a todos. Concluido en cincuenta años, los empresarios y el Ayuntamiento unieron tan sonoros nombres a hermosas casas para atraer a posibles visitantes. Tuvieron el equivalente a la actual visión turística, compitiendo en la decoración renacentista de las fachadas, rematadas con esculturas en tejados a dos aguas. Los cimientos se plantaron clavando en el suelo hasta 11 millones de estacas de madera, de entre siete y 30 metros de largo. Si pudiera ponerse la ciudad boca arriba, parecería un bosque de palos gruesos capaces de resistir el agua hasta 500 años.
Cien kilómetros de vías navegables suman el 25% de la superficie urbana de Ámsterdam
Como el calado de los cargueros fletados por los comerciantes impedía servir los productos a la puerta de sus casas, idearon una ingeniosa fórmula. Una vez arribaban las naves al puerto de Ámsterdam (hoy el cuarto en importancia de Europa), los estibadores depositaban los bienes en gabarras que bogaban sin problemas por las arterias interiores. A lo largo del recorrido se abría un millar de almacenes de hasta cuatro pisos provistos de una grúa en el ángulo superior de sus frontones. Servía para subir y bajar los sacos de especias y los baúles de mercancías. La operación requería una precisión casi militar, acompañada en tierra por el bullicio de nueve mercados flotantes que abastecían a la población. En la actualidad, los almacenes albergan apartamentos de lujo y oficinas.
El barrio se convirtió en la dirección más exclusiva de la ciudad, y sus residentes coparon el poder local. Cuando habían logrado su propósito, recibían el apodo de regentes. El término todavía es usado para denominar a gobernantes pretenciosos y alejados de la realidad. Los burgueses adinerados sucumbieron, a su vez, al tirón del prestigio y diseñaron hogares no menos importantes. Con mucho dinero para gastar, ambos grupos dieron un paso más en su búsqueda de reconocimiento para la posteridad: retratarse con el artista más repu­­tado del país, Rembrandt van Rijn.
Los Beatles, durante un paseo turístico, en 1964. A la derecha, Jimmy Nicol aparece, en sustitución de Ringo, junto a Lennon, McCartney y Harrison. / Corbis
El calor del verano unificaba a regentes y burgueses ricos.
 Los canales eran indispensables, pero insalubres
. Una alcantarilla al aire libre que hedía durante el estío. Sorprende averiguar que los barcos anclados a lo largo del tiempo en el “grachtengordel”, el cinturón acanalado, solo fueron conectados a la red general de sumideros subterráneos en 2005.
 Desde mucho antes, eso sí, el caudal es renovado a diario bombeando agua del Ijsselmeer, el lago artificial creado por los holandeses cerrando con un dique un entrante del mar del Norte, denominado Zuiderzee.
A partir de la década de los setenta, la situación cambió radicalmente
. Las casas han ido transformándose en hoteles y apartamentos, museos y toda suerte de galerías y tiendas. Los barcos albergaron hace cuatro décadas a okupas y grupos alternativos.
 En estos momentos, por el contrario, han convertido las casas de la orilla en valor. 
Sin llegar a los precios prohibitivos de los inmuebles, se los rifan artistas, jóvenes profesionales y famosos.
 El mantenimiento es obligatorio y corre por cuenta propia, y los rigores del frío pueden hundirlos si se hielan las tuberías. En la parte nueva de la ciudad, al borde de una isla artificial bautizada como Java, se abren desde 1995 los nuevos canales.
 El cauce es similar al antiguo y las casas reinterpretan las mansiones del Siglo de Oro.
“En este barco vivimos entre grandes vistas y encontramos solidaridad vecinal”
Feliz en su sala de estar flotante, la pequeña Pía gatea mientras sus padres admiten que tendrán que buscar acomodo en tierra firme
. El entrepuente de un barco no es lugar seguro para aprender a caminar. Hasta entonces, Dirk, experto en ahorro de energía, y Car­lijn, que trabaja en la cade­­na pública de televisión, AVRO, quieren disfrutar de la experiencia
. “Busqué una casa con terraza, o al menos un balcón, y no la encontré
. Un amigo me enseñó este barco, sin la reforma que hicimos luego, y enseguida vi que tenía un sabor especial. Vemos cambiar las estaciones y hay solidaridad vecinal”, asegura él. “Aunque ya soy una fanática del agua, me dije: ¿Por qué no tendré un novio normal, que viva en tierra, como el resto?
 Hay que vernos haciendo filigranas para acceder a la orilla con la niña en brazos, la compra y su sillita”, admite ella. Dirk muestra entonces una foto captada con su teléfono móvil. Es la niña saludando a un cisne que asoma por la ventana
. “Le dimos un día de comer y regresa a pedir más, golpeando con su pico el cristal. Un primer recuerdo imborrable”. Pía duerme ya la siesta, pero la imagen será, sin duda, el testimonio gráfico de su vida en el corazón mismo de uno de los patrimonios de la humanidad.

 

Los ‘papables’ con más posibilidades

El sorpresivo anuncio de Benedicto XVI de que renunciará a finales de este mes ha disparado el debate sobre si la Iglesia católica está lista para elegir a su primer Papa no europeo, y concretamente, latinoamericano.
En Latinoamérica habita el 42% de los católicos, el mayor bloque dentro de la Iglesia católica (que suma 1.200 millones de fieles en todo el mundo) y considerablemente más que el 25% de europeos que se dicen católicos.
Después de las elecciones de Juan Pablo II (polaco) y Benedicto XVI (alemán), el puesto de Papa, otrora reservado casi exclusivamente a italianos, parece abierto a otras nacionalidades. “Sé que hay muchos obispos y cardenales de América Latina que pueden asumir la responsabilidad de llevar a toda la Iglesia”, dice el arzobispo Gerhard Müller, quien está a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el puesto que antiguamente ocupaba Joseph Ratzinger.
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João Braz de Avis (Brasil, 65 años). Relacionado con la Teología de la Liberación (que ha apoyado aabiertamente), pero sin "excesos", matizan sus seguidores. Ha mantenido un perfil relativamente bajo en el país con más católicos en el mundo.
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Timothy Dolan (Estados Unidos, 62 años). El popular arzobispo de Nueva York se ha convertido en la voz del catolicismo en Estados Unidos,donde los escándalos de pederastia han afectado a la imagen de la Iglesia. Su sentido del humor y su dinamismo (tiene una activa cuenta de Twitter) le han ganado varios seguidores, pero sus críticos opinan que es un estilo demasiado mainstream para El Vaticano.
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Marc Ouellet (Canadá, 68 años). Uno de los principales líderes dentro de El Vaticano. Es el encargado de la congregación de obispos. Alguna vez ha declarado que ser Papa sería para él "una pesadilla". Bien conectado dentro de la Curia, pero su perfil secular en Quebec podría jugar en su contra.
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Gianfranco Ravasi (Italia, 70 años). Ministro de Cultura de El Vaticano desde 2007 y representa a la Iglesia en el arte, la ciencia, la cultura e incluso en foros ateos. Su perfil puede jugar en su contra si los cardenales deciden que prefieren un pastor experimentado a otro Papa con formación de profesor.
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Leonardo Sandri (Argentina, 69 años). Un papa "transatlántico", nacido en Buenos Aires de padres italianos. Ocupó el tercer puesto más importante dentro de la Curia (jefe de Gabinete) entre 2000 y 2007.
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Odilo Pedro Scherer (Brasil, 63 años). El candidato más fuerte de América Latina. Es arzobispo de São Paulo, la mayor diócesis en el país con más católicos del mundo. De perfil conservador en su país, pero moderado para los estándares del Vaticano.
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Peter Turkson (Ghana, 64 años). El candidato africano con más posibilidades. Es el líder de la Oficina Vaticana para la Justicia y Paz, y portavoz de la Iglesia en asuntos sociales. Ha criticado el Islam.
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Cristoph Schoenborn (Austria, 67 años). Ex alumno de Benedicto XVI y es el arzobispo de Viena. 
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Angelo Scola (Italia, 71 años). Arzobispo de Milán y la esperanza de muchos italianos para recuperar el trono de San Pedro. Es uno de los referentes en el entendimiento entre musulmanes y cristianos. 
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Luis Tagle (Filipinas, 55 años). Su carisma ha ocasionado que lo comparen con Juan Pablo II. Es muy cercano a Benedicto XVI y su juventud le ha ganado muchos seguidores.
“Sería bueno que hubiera candidatos africanos o latinoamericanos en el siguiente cónclave”, concuerda el cardenal suizo Kurt Koch, según cita Reuters.


Como salga un Papa Negro es ya el Fin Del mundo....

10 cosas que las azafatas no soportan de los pasajeros Por: Paco Nadal

Del Blog Paco Nadal.

Teleazafata 2
Los viajeros, y sobre todo los periodistas de viajes, hemos criticado hasta la saciedad a las líneas aéreas y a su personal: que si tienen retrasos, que si los asientos están muy juntos, que si las azafatas eran antipáticas, que si la comida era repelente...
Pero, ¿y qué piensa esas azafatas y azafatos de sus clientes, los "pasajeros"? Los usuarios de aviones somos una fauna variopinta que también hay que poner en cuarentena.
 Siempre me he preguntado qué pensarían los tripulantes de cabina allí metidos durante horas y horas, apretados como sardinas entre cientos de caras desconocidas, cada vez diferentes, pero repitiendo siempre los mismos patrones de (mala) conducta.
Así que le he preguntado a Gema Ligero, ex-azafata de varias compañías y autora del blog TeleAzafata cuáles eran esas cosas que más rabia le daban al personal de cabina, lo que menos soportaban de la conducta de los pasajeros. Se lo limité a 10... ¡pero creo que hubiera podido escribir cien!
1. Que te pisen y no te pidan perdón. Pasa tantas veces, que la costumbre te hace dar las gracias cuando sucede. Queda raro.
2. Que estiren las piernas sacando los pies al pasillo y cuando pasas el carrito del bar vayas tropezándote. A veces, incluso, hay que despertar a los pasajeros para que los quiten (el carro pasa justo entre los asientos) y encima te miran con mala cara.
3. Que se levanten de sus asientos antes de que el avión pare al aterrizar. Nunca entenderé por qué lo hacen. Hasta que no se abran las puertas no van a salir.
4. Que te MANDEN que les subas la maleta de mano. Y más cuando son grandes y pesadas. Podemos ayudar a personas mayores, niños, embarazadas, ... ¡Pero tener que ayudar a un hombretón hecho y derecho!
5. Que se escondan el móvil para seguir usándolo cuando les has advertido que tienen que apagarlo. ¡Se les nota mucho!
6. Que se les antoje usar el baño justo en el momento en que se enciende la señal de "cinturones", a pesar de que lleven media hora en su asiento mientras se embarca.
7. Que cuando intentan encender la luz de lectura del asiento se equivoquen y le den al timbre. Vas y no quieren nada. También los pasajeros que van con niños y les dejan jugar con el timbre.
8. Que se quiten los zapatos para dormir. Estamos en un lugar público.
9. Que metan papeles, vasos, latas, chicles y demás basura en el bolsillo del respaldo del asiento. Después es muy difícil quitar en el poco tiempo del que se dispone, y ese avión va a utilizarse en más ocasiones ese día.
10. Que una vez que has pasado por todo el avión ofreciendo comida y bebida, nada más recoger el bar empieces a escuchar timbres de pasajeros que quieren algo. Por qué no lo han pedido hace 5 segundos, cuando he pasado por al lado de su asiento?
Y de propina, una más:
11. Que quieran ligar contigo y te den una nota con su número de teléfono.

¡Cielos, confieso que alguna de esas conductas he incurrido yo alguna vez! (nunca la 11, eh)
Y tú ¿cuantas cosas haces que fastidian a la tripulación de cabina?

Hay algo que en España va bien........

Esta entrada ha sido escrita por Amaia Celorrio, responsable de Relaciones Públicas y Contenido del Comité español de ACNUR

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Foto: Ali Jarejki, Reuters
Últimamente cada vez que enciendo la televisión, escucho la radio o consulto un periódico me pongo de mal humor porque el mensaje siempre es el mismo: todo va mal, todo está en crisis, las cosas van a peor…
Incluso cuando me encuentro con muchos conocidos y amigos, la conversación también gira en torno a estos temas y se convierte en un mantra.
Lamentablemente, y por la profesión que tenemos, en este y otros espacios tendemos a contar emergencias, realidades muy duras, historias personales desgarradoras… y muy pocas veces optamos por contar lo positivo, los logros alcanzados, las vidas que han cambiado, etc. 
Así que hoy mi objetivo es otro y es hablar de lo que en España va bien.
 Sí, señores, lo están leyendo correctamente, al menos (aunque yo creo que hay muchas más cosas), ¡HAY ALGO QUE VA BIEN! Y es la solidaridad, perdón, la SOLIDARIDAD, en mayúsculas.
Desde el Comité español de ACNUR pusimos en marcha en noviembre la campaña Agua para el Sahel (de la cual hablamos aquí) que tenía un objetivo muy ambicioso: conseguir 1 millón de litros de agua para los refugiados y desplazados internos de Malí.
  Un conflicto por aquel entonces olvidado por los medios (ahora tras la intervención francesa acapara los titulares) y que afecta a más de 380.000 personas.
Pensamos en un objetivo ambicioso porque sabíamos que la sociedad española se iba a volcar, y no nos equivocamos
. A pesar de la grave crisis económica que vivimos en España, de los cerca de 6 millones de parados y de las grandes dificultades que esto conlleva, miles de personas han puesto su pequeña gota de agua y hemos conseguido recaudar más de un millón de euros con los que ACNUR ya ha llevado tres camiones cisterna, ha perforado seis nuevos pozos de agua, ha habilitado la red de suministro desde los pozos hasta los grifos de abastecimiento y ha facilitado artículos domésticos necesarios para su transporte, en Níger.
¿Y cómo lo hicimos? Con una campaña impactante que no dejó indiferente a nadie (seguro que los que leísteis la entrada aún recordáis la imagen del niño bebiendo agua de un charco sucio), pero al mismo combinándola con mucha información del terreno e historias concretas.
 La foto mostraba la desesperación de un niño por beber agua (aunque no fuera potable) y los testimonios hablaban por sí mismos
. La clave está en que tanto el contenido de una campaña como la forma de expresarla impacten y mueven a la gente.
 Y todo ello a través de acciones online y offline en las que contamos con la inestimable ayuda de Elena Anaya, Anne Igartiburu, Maxim Huerta y Marta Etura.
50.000 refugiados malienses en Níger ya tienen agua potable y es gracias a la solidaridad de miles de españoles. En nombre de ellos, gracias, gracias y gracias.