Decía el sociológo aleman
Max Weber (1864-1920) en
El político y el científico (Alianza, Madrid, 1967) que hay dos formas de hacer política: una, la de los que viven
para la política; otra, la de los que viven
de
la política. Paradójicamente, Weber piensa que son mucho más
importantes los segundos que los primeros. Sobre todo en una democracia
representativa como la nuestra, la de la tradición liberal occidental.
Y ahora, un repaso a los críticos. El escritor Javier Marías no se corta un pelo en su desprecio a la clase política. En
"Más idiotas de lo que parecen" (El
País Semanal, 20/1/2013) centra su crítica en la persona del presidente
del gobierno, aunque también mete en la misma cesta al del Tribunal
Supremo y a uno de los portavoces del PP. ¿Se pasa? No lo creo, aunque
el artículo resulte más sarcástica de lo que es habitual en él.
Otro al que se le ve bastante harto es al también escritor Manuel Vicent en su artículo
"Descarga" (El
País, 20/1/2013). Pienso, como él, que el gobierno, el partido que lo
sustenta, y la clase política en general, están jugando con fuego y que
esto puede estallar en cualquier momento. El problema no es que se
quemen ellos -la pandilla de sirvergüenzas que han engolfado el país, la
democracia y la política- en la explosión, el problema es que podemos
arder todos.
Mal, muy mal está la situación cuando un profesor tan prestigioso y siempre ponderado como Fernando Vallespín, en su
"Sin palabras" (El
País, 17/1/2013) se ve empujado a escribir tan durísimo alegato y
solicitar el "reseteo" o reinicio de la democracia española y la
necesidad imperiosa de un nuevo pacto constitucional.
Jesús Ferreiro, otro escritor, le canta las cuarenta en
"¿Liberalismo o barbarie?" (El
País, 18/01/2013) a la "casta financiera" y se pregunta que tiene o le
queda de "liberal" y si veremos alguna vez a algún banquero en la
cárcel. Tengo la impresión de que no. Y no me pregunten la razón de mi
escepticismo; hoy no tengo excesiva predisposición al chiste fácil.
Y sobre el sentido de la palabra "liberal" en política y en economía,
palabra -por cierto- de origen español, escribe también Álvaro
Delgado-Gal. Lo hace en
"Neoliberalismo y corrupción" (Revista
de Libros, enero/febrero 2013) un documentado artículo que, dada la
nula predisposición del autor hacia la "izquierda", resulta doblemente
esclarecedor para comprender las falacias del neoliberalismo rampante
que nos está asfixiando.
Termino haciendo mención, rápida, al
vídeo
con el que acompaño la entrada, un reportaje del grupo "Democracia 4.0"
sobre las virtudes de la democracia participativa a través de las redes
sociales e Internet.
Personalmente no tengo excesiva confianza en esas presuntas virtudes de
la democracia en red como medio de participación política, si es que con
ello se pretende sustituir la democracia representativa y
parlamentaria. Hace ya un tiempo, en un libro que ha merecido la
consideración de convertirse en un clásico de la ciencia política (
La democracia y sus críticos, Paidós, Barcelona, 1993) el profesor
Robert A. Dahl (1915), quizá el mayor estudioso de la democracia del siglo XX
,
dedicó el último capítulo del mismo a formular un bosquejo de
iniciativas sobre como podría ser la democracia del mañana en un país
democráticamente avanzado.
En base a lo expuesto por Dahl en el libro citado, pienso que una
fórmula mucho más factible de democracia participativa que la defendida
por los partidarios de la democracia "directa" en red podría ser la de
la constitución de "consejos populares" de entre cincuenta y cien
personas, elegidos por sorteo entre los ciudadanos mediante un
procedimiento similar al de los jurados, a los que el gobierno debería
someter obligatoriamente antes de su envío al parlamento las bases de
cualquier proyecto legislativo, para que en audiencias públicas y con
participación de representantes de todos los grupos políticos dichos
consejos dictaminaran, aunque los dictámenes no fueran vinculantes para
el parlamento, sobre su oportunidad y conveniencia.
Post scríptum 1: El País de hoy aporta al debate que nos ocupa un interesante artículo titulado
"¿Qué hacer con la corrupción?" ,
escrito por los los profesores José Antonio Gómez y César Molinas, en
el que se insta a la elaboración de una nueva ley de partidos
políticos, similar a la alemana, que les obligue a la transparencia
económica y la democracia interna, arrebantando el omnímodo poder de sus
dirigentes y devolviéndolo a los militantes, simpatizantes y votantes
de los mismos. ¿Necesario?, sí, por supuesto. ¿Difícil?, también; pero
no imposible. Se lo recomiendo.
Post scríptum 2: "Resetear" no es palabra española aceptada, aún; de ahí
el entrecomillado. Reiniciar sería el término más correcto en nuestro
idioma, pero la he conservado en el título de la entrada porque es así
como la cita el profesor Vallespín en su artículo.
Post scríptum 3: Termino por hoy con este artículo de la escritora Lucía Etxebarría titulado
"¿Rajoy es tonto y analfabeto?" (Revista
Digital AllegraMag, 20/1/2013) en el que la afamada novelista nos anima
a difundir lo que a estas alturas es un secreto a voces, que el señor
presidente del gobierno, don Mariano Rajoy, y el partido que lo sustenta
son, además de unos incompetentes manifiestos, unos sinvergüenzas,
cínicos e hipócritas sin remedio. Nada nuevo...