Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

23 mar. 2017

Jane Birkin: “Gainsbourg me lo dio todo... yo le dejé”

La intérprete publica un disco con versiones clásicas de sus canciones más famosas y evoca su vida junto al compositor.

Jane Birkin, tumbada en un sofá en un hotel de París.
El disco Birkin-Gainsbourg le symphonique no fue concebido como un acto de resistencia.
 Sin embargo, es lo que ha acabado siendo.
 Así lo cree Jane Birkin (Londres, 1946), a quien la vida le pasó y le sigue pasando facturas demasiado caras.
 Primero, hace tres años y medio, en forma del suicidio en París de su hija, la fotógrafa Kate Barry (fruto de su unión, cuando aún no tenía 20 años, con el compositor inglés John Barry).
 Segundo, el año pasado y aún hoy, en forma de una leucemia que los médicos han logrado controlar.
 Quedan lejos otros peajes, como la separación de Serge Gainsbourg (París, 1928-1991) tras 12 años de convivencia como pareja icónica del París de los 70 y una hija en común, Charlotte, hoy actriz.
 Separación que, admite, la marcó de por vida.

Birkin-Gainsbourg le symphonique es un largo paseo –con orquestación y arreglos de música clásica- por 21 de las canciones-estrella que Gainsbourg escribió para Birkin y para otras intérpretes como Juliette Gréco, Isabelle Adjani, France Gall o la mismísima Brigitte Bardot.
 Lost song, Baby alone in Babylone, Fuir le bonheur, Requiem pour un con, La chanson de Prévert, Pull marine o La javanaise se desgranan una tras otra con la inevitable dosis de melancolía/gama lluvia tras los cristales (no está la insuperable Je t'aime moi non plus, que Gainsbourg escribió para BB pero que acabó cantando Birkin).
 El disco debe su sonido al compositor japonés Nobuyuki Nakajima. 
 Esta entrevista tuvo lugar en una suite de un lujoso hotel de París mientras Dolly, la hiperactiva bulldog de la cantante, jugueteaba entre los cojines de seda.
“Los médicos han conseguido frenar la enfermedad, y cuando me dijeron que estaba curada pensé que después de salir de esa, tenía que reaccionar; ser útil en algo.
 Así que salí de mi rincón y volví a ver a la gente, lo cual está bien porque siempre he sido un animal social. Reviví, vaya”, explica la cantante y actriz (que con 20 años apareció desnuda en la película Blow-up de Antonioni).
Los 21 temas del disco han sido en cierta forma para ella como una inesperada y vivificante magdalena de Proust: se han agolpado los recuerdos, las emociones, los seres queridos, las seres idos. 
Llegó la terapia: Birkin hizo de nuevo las maletas, montó en el avión y retomó el camino de los escenarios. 
“Durante los conciertos de esta gira ves que, a menudo, la gente al principio no sitúa las canciones en estas versiones clásicas, pero de repente ves que reconoce la melodía, y entonces hay parejas que se cogen de las manos, algunos lloran, porque recuerdan, quizá recuerdan cuándo escucharon esa canción por vez primera, qué estaban haciendo entonces, con quién estaban… eso emociona”.
Ni los 70 años ni los golpes recibidos le han quitado el regusto del directo y del gran circo de las giras. 
“No me cansan nunca. 
 Ahora acabo de estar en Hong-Kong y en La Reunión, con horas y horas de avión, y estaba encantada… ¡y ahora espero pasar otra vez por España, por supuesto!”.
Ecos de Bernstein, ecos de jazz, ecos de Mendelssohn… Birkin-Gainsbourg le symphonique es, asegura su intérprete, “una comedia musical”.
 Sin embargo, uno diría que la escucha de sus melodías y la lectura de sus letras se acercan más a un drama musical. 
El tema de este disco no es otro que el amor y el desamor. “Es cierto, es cierto”, concede Jane Birkin,
 “y en realidad las canciones que yo prefiero de Serge son las que me hizo después de dejarle. 
Fue después de separarnos cuando me trató como a una gran persona, extraño, ¿no?
 Escribió para mí Baby alone in Babylone, que era un disco maravilloso sobre ruptura y tristeza, sobre el hecho de escapar de la felicidad, y no hay nada más triste que eso”.
La impronta genial y también insoportable del excesivo Gainsbourg monopoliza la conversación.
 “Desde mis veinte años hasta su muerte, me dio lo mejor de él, me dio todo pero yo le dejé.
 Se preocupó de mí hasta su muerte a pesar del daño que yo le había hecho al abandonarle, me compró un diamante tres días antes de morir, quiso ser el padrino de mi hija Lou, qué generosidad… Cuando muere alguien así, mueres un poco. 
Cuando nos encontramos yo tenía 20 años, él tenía 40. 
Me enseñó todo. Yo no sabía de nada, no sabía de música moderna o clásica, ni de pintura, ni de vida sexual, de nada.
 Él me adoptó como una especie de personaje paternal, y quedaba claro que él lo sabía todo y yo nada. 
Tenía un poco de complejo de idiota, la verdad. Pero no podía disfrutar ni de un segundo de libertad si él no estaba bien”.
El personaje Gainsbourg, el clown:
 “Él mantenía su personaje, que consistía en provocar a la gente, quemar billetes, emborracharse y parecer un machista insoportable… pero era la persona más divertida que conocí nunca, quitando a mi padre. 
También la más triste, y convencionalmente infeliz. 
Y cruel: un día me vio cantar en la sala Bataclan Avec le temps de Léo Ferré y se enfadó mucho conmigo, me dijo que no me pegaba nada”.
La última pregunta es: ¿alguna vez siente la tentación de ocultarse bajo un abrigo y una bufanda y pasar por delante de aquella casa que compartieron en la rue de Verneuil?
- Nunca. Era una cárcel.
 Una cárcel de oro. Me encantaba estar allí, pero cuando la abandoné, lo hice para siempre.
 Me hace recordar cosas, cuando mi hija Kate tenía dos y tres años, cosas tristes que pasaron después y… bueno, nada.
 Muchas gracias.



 

 

El rostro de la derrota visita al pintor de batallas de Pérez-Reverte

El autor de la novela acude a la primera representación en los Teatros del Canal de Madrid.

Arturo Pérez-Reverte y el actor Jordi Rebellón en los Teatros del Canal, en Madrid. Getty Images
El fotógrafo famoso es un héroe cansado y ahora es pintor. 
Pinta batallas, decora su casa extraña, junto a un recodo histórico del mar.
 El mar suena poderoso, y a veces la voz de una mujer, una azafata, explica que ese que habita ahí es un hombre privado, no quiere visitas. 
 Sin embargo de pronto entra en ese búnker de pinceles un individuo que es el propio rostro de la derrota.
Se sabrá en seguida.
 El artista cansado es Andrés Faulques, que retrató guerras en todas partes, y el hombre que llega es Ivo Marcovic, un soldado al que él disparó (con su cámara) en el asedio serbio a Vukovar, en los Balcanes; 
Andrés cree que Ivo había muerto. Está ahí, es el rostro de la derrota, que viene a visitarle.
El argumento es el de la novela El pintor de batallas, de Arturo Pérez-Reverte, y la versión que resume con poderío de poema el más melancólico de los libros del autor de La Reina del Sur es otro novelista, Antonio Álamo.
 El estreno fue anoche en los teatros del Canal, en Madrid; el autor de la novela se sentó, con su familia, junto al autor de la versión teatral. 
Al final, Alamo saludó con los actores (Jordi Rebellón, el pintor, Alberto Jiménez, el visitante).
 Pérez-Reverte atendió de pie al aplauso que le vino del escenario y del patio de butacas, abarrotado por quienes seguramente ya leyeron la novela.
El cronista leyó la novela y puede dar fe, como su editora, allí presente, Pilar Reyes, de que la versión se ajusta como un poema a la esencia de ese libro tan especial en la larga producción novelística de Pérez-Reverte.
 Hasta ahora mismo no hay en sus novelas un aliento así, tan intensamente melancólico;
 hay espacios en los que esa melancolía, ese sentimiento de derrota y de cansancio, surgen aquí y allá (en La piel del tambor, en El tango de la Guardia Vieja), e incluso hay en zonas de su producción (sobre todo en su autobiografía de reportero, Territorio comanche) rasgos de su personalidad privada.
Pero fue en El pintor de batallas donde el reportero más popular y más activo del periodismo televisivo español de las últimas décadas dio una muestra autocrítica del trabajo en los frentes.
 Y surgió de esa actitud la historia de un fotógrafo que narraba, con su visor, las batallas y las miradas como si pasara por allí, sin implicarse en el dolor de las víctimas que, para él, eran “el rostro de la derrota”. 
Era la guerra de los Balcanes, esa guerra civil que sacudió el alma rota de Yugoslavia.
Y eso es lo que le va a decir el visitante a su castillo, en cuya jaula Faulques guarda su mala conciencia o su culpa.
 Ivo es una víctima de la guerra… y del disparo de la cámara.
 Una fotografía de su rostro recorrió el mundo bajo ese título, El rostro de la derrota. 
 Pero Ivo, presentado por la prensa internacional como una de las numerosas víctimas de aquel conflicto tan cruento, no había muerto: sobrevivió, y viene al castillo del pintor de batallas a decirle lo que la memoria atormentada del fotógrafo cansado de tanta guerra le dice a éste desde entonces.
El decorado de pronto deja de ser el estudio de un pintor solitario para convertirse, sin que se vean, los escenarios del desastre balcánico;
 Ivo evoca batallas mezquinas, ataques violentos en los que seres humanos que fueron vecinos se convierten en enemigos sanguinarios, capaces de violaciones horrendas. 
Ivo es, en efecto, el rostro de la derrota, pero en ese rostro se ve ahora el fotógrafo.
 Entonces sólo veía individuos cayendo ante la metralla; ahora se le aparece el verdadero rostro de lo que para él fue materia dentro de una película.
La novela está seguida al pie de la letra, al menos eso nos pareció a algunos de los que estamos familiarizados con la obra, como su editora literaria ya citada. 
El asunto que se cuenta en el libro y en el escenario remite al mismo y poderoso argumento: ¿puedes mirar sin estar en la lucha?, ¿el clic de tu cámara, el bolígrafo con el que escribes la derrota en un cuaderno, no ha de levantarse para ocuparte de la víctima? 
¿Cuál es el papel del que mira? Ivo va a recordárselo a Andrés, y Andrés de pronto adquiere conciencia, ante esas palabras, de que lo que pinta precisamente es el contenido oscuro de su culpa. 
Esa evidencia cobra sentido, al fin, cuando ennegrece el cuadro que pinta. 
Del color de su conciencia.
La obra inspira una rabiosa melancolía.
 Los que hayan leído ya El pintor de batallas tienen aquí una posibilidad de adentrarse en ese sentimiento que ya inspiró cuando Pérez-Reverte la publicó en Alfaguara en 2006.
 Parecía entonces una autobiografía. Ahora parece la autobiografía del periodismo, al que de vez en cuando viene a visitar el rostro de la derrota que contamos como si no pasara ante nuestros ojos.



 

 

El ISIS se atribuye el atentado de Londres........... Pablo Guimón

El autor del ataque de Westminster nació en Reino Unido y fue investigado por su radicalismo

El autodenominado Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) se ha atribuido este jueves el atentado que ayer acabó con la con la vida de tres personas en Londres.
 A través de un breve comunicado difundido por Amaq News, una agencia que usa el grupo para difundir sus mensajes, el grupo yihadista se ha responsabilizado del ataque de Westminster.
 Poco antes, la primera ministra británica, Theresa May, informó en el Parlamento de que el agresor era un hombre nacido en Reino Unido que estuvo hace años en el radar de los servicios de inteligencia británica por su vínculos "extremistas". 
No obstante, no ha revelado la identidad del terrorista,  que atropelló con un todoterreno a una multitud de ciudadanos y atacó a dos policías con un enorme cuchillo sembrando el pánico en pleno centro político y turístico de Londres antes de ser abatido a tiros por la policía,

La principal hipótesis de los investigadores ya era que el atacante estaba "inspirado en el terrorismo internacional islamista", como ha confirmado este jueves el secretario de Seguridad británico. 

El agresor, según expertos en lucha antiterrorista consultados por la radio pública, se trataría de una de las tres millares de personas que se encuentran bajo el radar de Scotland Yard o el MI6, a las que, materialmente, no pueden someter a un seguimiento diario.

 La prioridad inmediata es descartar que el ataque formara parte de una trama más amplia.

 La policía investiga el círculo más próximo al atacante, sus viajes pasados, sus comunicaciones y su actividad en Internet. 

Esta madrugada, la policía británica ha realizado una operación policial en la ciudad de Birmingham, en pleno centro de Inglaterra, donde el terrorista alquiló el coche que usó como arma, un todoterreno marca Hyundai. 
 Mark Rowley, alto mando de Scotland Yard, ha confirmado que hay ocho detenidos después de redadas en seis viviendas de Birmingham, Londres y otros puntos del país.
 La policía no tiene información que haga pensar en una amenaza inminente mientras la investigación sigue abierta.
Un total de 29 personas, de las 40 que resultaron heridas en el ataque, siguen ingresadas en diversos hospitales de la capital, siete de ellas en estado crítico.
 Los cuatro fallecidos, según Scotland Yard —que en un primer momento habló de cinco muertos—, son el agente de policía Keith Palmer, padre de familia de 48 años, que vigilaba el Parlamento; la británica oriunda de Galicia Aysha Frade, de 43 años, profesor de español en Londres; y un hombre de unos cincuenta años, del que la policía no ha revelado la identidad.
 El cuarto fallecido es el propio atacante.
 
El ISIS se atribuye el atentado de Londres
El terrorista, después de estrellar el vehículo y salir de él, logró adentrarse en los jardines del Old Palace Yard, adyacentes a la Cámara, antes de ser abordado por agentes de policía, a uno de los cuales (Keith Palmer) atacó con un puñal de entre 12 y 15 centímetros.
 A continuación, un compañero del agente realizó varios disparos contra el atacante. 
Se cree que actuaba solo, aunque no se descarta que contase con algún cómplice.
En el momento del atentado, Theresa May se encontraba en el interior del Parlamento, donde se celebraba la sesión semanal de preguntas a la primera ministra.
 La líder británica fue escoltada fuera del recinto sin sufrir consecuencias. 

May convocó enseguida una reunión del comité de emergencias Cobra, que incluye a sus principales ministros, junto a altos cargos de defensa y seguridad, para evaluar la situación.
A última hora de la tarde, a las puertas del número 10 de Downing Street, la primera ministra leyó un comunicado en el que calificó el atentado de “nauseabundo y depravado ataque terrorista”.
 May confirmó que el nivel oficial de alerta en Reino Unido sigue siendo “severo”, el segundo más alto de una escala de cinco, el mismo en el que el país lleva “algún tiempo” instalado. 


Un herido es ayudado por varias personas en el puente de Westminster, Londres.

22 mar. 2017

Carlota rescata del armario de la princesa Carolina un Chanel del año 2002

Carlota Carisaghi estaba radiante en el Baile de la Rosa que se acaba de celebrar en Montecarlo.
 La hija de la princesa Carolina de Hannover rescató del armario de su progenitora un Chanel vintage que le sentaba como un guante.







Charlotte Casiraghi Baile de la Rosa 2017 1
El vestido es un modelo de la firma francesa de los muchos que la Princesa atesora en su armario y que ahora cobra actualidad porque su hija, la bella Carlota lo eligió para asistir al último Baile de la Rosa, celebrado esta semana pasada en el Sporting Club de Montecarlo.
Lo combinó con bolso de mano de raso negro y zapatos a juego. Destacó su peinado con un lado recogido y el otro ondulado y unos  pendientes largos de brillantes.
Carolina diciembre 2000
La princesa de Mónaco lo llevó en un evento, el “Dances Forum”, que tuvo lugar en la capital del Principado en diciembe de 2002, al que acudió acompañada del entonces su marido, Ernesto de Hannover.
El diseño de Karl Lagerfeld, en satén negro, acampanado, con escote en uve y donde destaca un delicado bordado en tul sobre fondo claro, que acaba en un volante asimétrico, permanece inalterable con el paso del tiempo.
 Prueba de ello es que Carlota Casiraghi lo ha lucido en todo su esplendor y nadie diría que tiene ya diecisiete años.
Y es que los vestidos de Chanel, especialmente los de Alta Costura, son auténticas joyas que sus afortunadas propietarias conservan para siempre.
Charlotte Casiraghi Baile de la Rosa 2017