Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 jun. 2019

Condenada a dos años de cárcel la condesa que robó un ‘van dyck’

La aristócrata Cristina Ordovás deberá indemnizar con 165.000 euros a los ingleses a los que pertenece el cuadro 'Anna Sofía, condesa de Carnarvon'.

  • Cristina Ordovás Gómez-Jordana llega a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado 10 de junio.
    Cristina Ordovás Gómez-Jordana llega a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado 10 de junio.
    Un par de veces, durante el juicio, el abogado defensor se echó las manos a la cabeza.
     Tal vez el lenguaje corporal delatara así la preocupación del letrado por la complicada posición de su clienta. 
    Sus temores han resultado fundados: la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a dos años de cárcel a Cristina Ordovás Gómez-Jordana, condesa de Ruiz de Castilla, por haberse apropiado indebidamente del cuadro Anna Sofía, condesa de Carnarvon, del maestro flamenco Anton Van Dyck, datado entre 1633 y 1641.
     La aristócrata también deberá indemnizar a los propietarios de la obra —dos británicos que autorizaron la entrega del cuadro a Ordovás para que decidiera si quería comprarlo y jamás volvieron a ver ni el van dyck ni el dinero— por 165.000 euros, el valor concordado en esa transacción fallida que originó la demanda y el juicio.
    El fiscal exigía cuatro años de prisión. 
    La defensa negaba cualquier delito penal, aunque admitía que la aristócrata, viuda del conde Juan de Goyeneche y relacionada desde hace tiempo con el mundo del arte, pudo incurrir en un incumplimiento contractual. 
    La sentencia, emitida por la sala séptima de la audiencia y contra la que cabe recurso, rechaza esa opción: 
    "Es evidente que no se trata del mero incumplimiento de un pago sino de la apropiación del bien". 
    El fallo, al que tuvo acceso EL PAÍS, suma también una multa diaria de 12 euros durante nueve meses.
    Las tres magistradas consideran probado, en buena parte, el relato que los denunciantes ofrecieron durante el proceso.
     John Gloyne y Noel Kelleway adquirieron Anna Sofía, condesa de Carnarvon en una subasta, en 2009, por 40.000 euros. Junto con un tercer socio, el español Pedro Saorín, trajeron la obra a España para venderla. 
     Mientras, encargaron análisis que confirmaron la autoría de Van Dyck y aumentaron el valor del cuadro. Finalmente, en junio de 2014, Saorín encontró en la condesa, a la que conocía desde hacía décadas, una potencial compradora. 
    De ahí que el cuadro llegara a casa de Ordovás, "para probarlo", según relató ella en el juicio. 
    En su declaración, agregó que la obra le pareció "horrorosa". Sin embargo, accedió a quedársela.
     
    Cristina Ordovás Gómez-Jordana llega a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado 10 de junio.
    Cristina Ordovás Gómez-Jordana llega a la Audiencia Provincial de Madrid el pasado 10 de junio.
    Un par de veces, durante el juicio, el abogado defensor se echó las manos a la cabeza. Tal vez el lenguaje corporal delatara así la preocupación del letrado por la complicada posición de su clienta. Sus temores han resultado fundados: la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a dos años de cárcel a Cristina Ordovás Gómez-Jordana, condesa de Ruiz de Castilla, por haberse apropiado indebidamente del cuadro Anna Sofía, condesa de Carnarvon, del maestro flamenco Anton Van Dyck, datado entre 1633 y 1641. La aristócrata también deberá indemnizar a los propietarios de la obra —dos británicos que autorizaron la entrega del cuadro a Ordovás para que decidiera si quería comprarlo y jamás volvieron a ver ni el van dyck ni el dinero— por 165.000 euros, el valor concordado en esa transacción fallida que originó la demanda y el juicio.
    El fiscal exigía cuatro años de prisión. La defensa negaba cualquier delito penal, aunque admitía que la aristócrata, viuda del conde Juan de Goyeneche y relacionada desde hace tiempo con el mundo del arte, pudo incurrir en un incumplimiento contractual. La sentencia, emitida por la sala séptima de la audiencia y contra la que cabe recurso, rechaza esa opción: "Es evidente que no se trata del mero incumplimiento de un pago sino de la apropiación del bien". El fallo, al que tuvo acceso EL PAÍS, suma también una multa diaria de 12 euros durante nueve meses.
    Las tres magistradas consideran probado, en buena parte, el relato que los denunciantes ofrecieron durante el proceso. John Gloyne y Noel Kelleway adquirieron Anna Sofía, condesa de Carnarvon en una subasta, en 2009, por 40.000 euros. Junto con un tercer socio, el español Pedro Saorín, trajeron la obra a España para venderla. Mientras, encargaron análisis que confirmaron la autoría de Van Dyck y aumentaron el valor del cuadro. Finalmente, en junio de 2014, Saorín encontró en la condesa, a la que conocía desde hacía décadas, una potencial compradora. De ahí que el cuadro llegara a casa de Ordovás, "para probarlo", según relató ella en el juicio. En su declaración, agregó que la obra le pareció "horrorosa". Sin embargo, accedió a quedársela.
    Desde entonces, pese a su impago, la aristócrata dispuso del cuadro como si fuera suyo. Tanto que lo entregó a Globomas, una sociedad con sede en Liechtenstein, "de una manera casi inmediata, desconociéndose qué recibía por dicha aportación", se lee en la sentencia. Es decir, cuando, meses después, los ingleses empezaron a reclamarle el dinero o la restitución del cuadro y Ordovás prometió una y otra vez que pagaría al día siguiente, hacía tiempo que el van dyck ni siquiera estaba en sus manos. Todavía, de hecho, no ha sido recuperado: se encuentra en Zúrich.
    La obra Anthony van Dyck titulada 'Anna Sofia, condesa de Carnarvon'.
     La obra Anthony van Dyck titulada 'Anna Sofia, condesa de Carnarvon'.

    En el juicio, dos asesores de la condesa contaron que había cerrado en agosto de 2014 la aportación a Globomas de 33 cuadros —incluido Anna Sofía, condesa de Carnarvon— por un valor de unos 200 millones de euros y que les fichó justamente para deshacer ese acuerdo.
     Ambos se reunieron con Gherard Wolf Mier, responsable de Globomas, en Marbella y lograron cancelar la operación. 
     Sin embargo, el alemán adujo que la condesa le debía 600.000 euros y pidió quedarse con el van dyck de la discordia y otra obra del mismo autor. 
    Ordovás aceptó, según sus asesores.
    Frente a ello, en el juicio la condesa se dibujó como víctima de estafa y engaño. 
    "Si a usted le hubieran robado todo, estaría tan nerviosa como yo. Y encima pringo", llegó a decirle a la presidenta del tribunal.
     En una primera versión, Ordovás aseguró que el cuadro le había sido sustraído en julio en una mudanza, algo que las magistradas han descartado.
     En el juicio, en cambio, la aristócrata relató un segundo presunto robo.
    Contó que Wolf Mier acudió a su casa, un día que ella no estaba, para llevarse varios cuadros que Ordovás le había autorizado a vender. 
    Ya que el van dyckyacía embalado —la condesa lo había quitado del marco porque este también le parecía "espantoso"— al lado de ese montón de obras, Wolf Mier lo recogió. 
    La condesa lo resumió así: "Gherard desapareció, y venga a llamarle.
     Se llevó los cuadros que le dejé con todo mi cariño y me hizo la faena". 
    Su declaración, tan accidentada que provocó los gestos de desesperación de su propio letrado, no convenció en absoluto a las magistradas: hasta la citan como una de las razones que contribuyen a probar el delito de apropiación indebida.
     "Resulta increíble que la acusada no controle qué cuadros se lleva el tal Gherard y dónde están obras que no son de su propiedad", reza el fallo. 
    Los ingleses, sin conocer el destino de su obra ni el enredo que estaba protagonizando, comenzaron a presionar con insistencia a Ordovás.
     "Un bombardeo" de e-mails, en palabras de la condesa. 
    En primavera de 2015, se reunieron con ella y pactaron el pago de 180.000 euros, por el tiempo transcurrido y las molestias ocasionadas. 
     Por enésima vez, el dinero no llegó. Ante meses de palabras vacías, buscaron una vía más efectiva: los tribunales. 
    Las juezas lo tuvieron tan claro que el proceso duró cuatro horas. 
    Al día siguiente, ya estaba lista la sentencia.

 

La fundación del príncipe Enrique y Meghan Markle se dedicará a educación, medio ambiente y violencia sexual

Los duques de Sussex diseñan su futuro una vez que se ha consumado el 'divorcio' de los duques de Cambridge.

Los duques de Sussex en el Trooping The Colour Los duques de Sussex en el Trooping The Colour GTRE

El príncipe Enrique y Meghan Markle trabajan ya en el diseño de su fundación, una vez que el pasado día 21 se hizo oficial que abandonaban la que compartían con los duques de Cambridge.  
"La Fundación Real del duque y la duquesa de Cambridge y el duque y la duquesa de Sussex anuncia hoy las conclusiones de una revisión en su estructura, y cómo dará un mejor apoyo a sus actividades de caridad", ha informado un comunicado. 
"A finales de este año la Fundación se convertirá en el principal vehículo de filantropía para los duques de Cambridge", explicaba el texto del anuncio. 
Ahora la prensa británica ha desvelado ya algunos de los asuntos de los que se ocuparán los duques Sussex.
Meghan Markle intentó ya crear su propia fundación antes de conocer al príncipe Enrique, según ha desvelado el Daily Mail 
 La educación de las mujeres y la lucha contra la violencia sexual son algunos de los asuntos de los que se ocuparán. 
Meghan Markle ha trabajado anteriormente para varias organizaciones de mujeres. 
"No es algo nuevo, es un proyecto que siempre ha tenido. 
Y eso, mucho antes de que ella conociera al príncipe Enrique", dijo una fuente de palacio al diario británico.
 "Ella es una persona muy involucrada en la causa de las mujeres desde que era joven".

También ha trascendido que la futura organización benéfica de Meghan y Enrique tendrá una sucursal estadounidense. 
Todo parece indicar que la fundación estará en funcionamiento a finales de año cuando Meghan Markle esté ya completamente incorporada al trabajo tras el permiso maternal.
Los duques de Sussex.
Los duques de Sussex.
Hasta ese momento los duques de Cambridge y los de Sussex intentarán hacer una transición tranquila. 
 En el comunicado emitido por los hermanos había un tono conciliador en el que explicaban que su labor no se separaría definitivamente. "Los duques de Sussex establecerán su nueva fundación para causas benéficas en una transición que contará con el apoyo de la Fundación Real. 
Además, ambas parejas continuarán trabajando juntos en proyectos futuros, incluyendo el programa de salud mental de la Fundación, Heads Together".

El divorcio entre los hijos de Diana de Gales se debe a que su destino va a ser muy diferente a partir de ahora.
 Guillermo se prepara para ser rey. 
Mientras, Enrique mantendrá un papel secundario en la estructura de la familia real, como lo tienen ahora Ana, Andrés y Eduardo, hermanos de Carlos de Inglaterra. 
De hecho, el palacio ya plantea una vida en África para Enrique y Meghan, en un cambio de rumbo con el que el más de joven de los hermanos se siente más que conforme.
"Estos cambios", explican las mismas fuentes, "se han diseñado para ajustarse mejor al trabajo y las responsabilidades de sus altezas reales mientras se preparan para sus futuros roles, y para alinear mejor sus actividades benéficas con el nuevo diseño de su estructura".
En 2009, Guillermo y Enrique de Inglaterra crearon la Fundación Real, a la que se unió la duquesa de Cambridge en 2011, después de su matrimonio. 
El objetivo de la organización era mantener vivo el legado de Diana de Gales.
 Pese a la versión oficial, a nadie se le escapa que el huracán que ha provocado la llegada de Meghan Markle ha hecho cambiar el panorama.

Los asesores de los duques de Sussex están trabajando en un plan a medida para la pareja con la ayuda de sir David Manning, exembajador en los Estados Unidos, y de lord Geidt, el ex secretario privado de la reina Isabel II. 
Enrique y Meghan planean pasar un tiempo en el extranjero, algo que el hijo menor de Diana y Carlos de Inglaterra ha querido hacer durante muchos años.
 Su esposa está de acuerdo con estos planes.

 

Un cerdo vietnamita, envuelto en una bandera de España, el polémico regalo de Victoria Marichalar

La hija de la infanta Elena tendrá que registrar y esterilizar al animal que le regalaron sus amigos por su puesta de largo debido a que es considerado una especie invasora.

Victoria Marichalar, con el cerdo vietnamita en brazos, y algunos de sus amigos.
Victoria Marichalar, con el cerdo vietnamita en brazos, y algunos de sus amigos.
La puesta de largo de Victoria Marichalar está dando que hablar. Después de conocer algunos de los detalles de la fiesta que la hija de la infanta Elena organizó el pasado jueves en la exclusiva finca El Chaparral, situada en El Plantío (Madrid).
 Desde los casi 300 invitados que acudieron entre amigos y familiares o que Juan Magán fue el encargado de amenizar el evento.
 Pero ahora ha sido uno de los regalos que la ahijada del rey Felipe VI ha recibido lo que más ha acaparado la atención. 
Se trata de un cerdo vietnamita, un animal exótico que está muy de moda con el que desde el pasado marzo sus dueños deben cumplir una normativa específica para conservarlo como mascota.
 El pasado 29 de marzo el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para incluir a este ejemplar dentro del catálogo de especies exóticas invasoras debido a su potencial efecto invasor y los daños que provoca a la flora y fauna autóctona.
La inclusión del cerdo vietnamita en esta nueva categoría supone que "queda prohibida con carácter general la posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos".
 Además, "se establecen una serie de controles para su tenencia", según informó entonces el Ministerio para la Transición Ecológica. Esto significa que Victoria Marichalar, o Vic, como se la conoce en familia tendrá que comunicar a la Comunidad de Madrid la tenencia del animal antes de enero de 2020 y, además, tendrá que esterilizarlo para evitar su reproducción.
 Asimismo, deberá marcar al cerdo, declarar oficialmente que no lo liberará en el medio natural y, en caso de que se le escape de manera accidental, comunicarlo a las autoridades.
Sin embargo, no ha sido la específica normativa que hay que cumplir por tener a este tipo de mascotas lo único que ha generado polémica, sino también las imágenes que circulan por las redes sociales de la hija de la infanta Elena con su nueva adquisición. En estas, Victoria Marichalar posa sonriente junto a sus amigos y entre sus brazos lleva al cerdo vietnamita envuelto en una bandera de España. Algo que ha generado mucha polémica y que ha recordado a la generada hace unos meses cuando el cómico Dani Mateo, en una de las secciones del programa de humor El Intermedio (La Sexta) protagonizó un sketch en el que sonaba los mocos y utilizaba la bandera de España como pañuelo.
 Algo que molestó mucho a algunos y por lo que llegó a ir a juicio después de ser denunciado por la organización Alternativa Sindical de Policía. Finalmente, el pasado enero el juez archivó la causa.

 Victoria Marichalar no es el primer personaje público que tiene un cerdo vietnamita como mascota.

 Desde hace ya varios años, este animal se ha puesto muy de moda también entre las celebrities como Elsa Pataky, Miley Cyrus, Ariana Grande e, incluso, la propia Eugenia Martínez de Irujo, quien lamentó la muerte de su animal el año pasado. También George Clooney convivió durante años con un cerdo.

Brigitte Macron desvela intimidades de su matrimonio con el presidente francés

La primera dama concede una entrevista en la que afirma que "vive feliz" en El Elíseo pero que a su marido le han salido arrugas durante los años que lleva como presidente.


Emmanuel Macron y Brigitte durante un acto oficial a finales de marzo en París.
Emmanuel Macron y Brigitte durante un acto oficial a finales de marzo en París. GtresOnline