Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 jul 2012

Golpe al lujo de mercadillo


Parte de la mercancía incautada en la nave de Albal, en una imagen facilitada por la policía.
Son un clásico en los mercadillos. Muy pocos, pese al aumento de controles, se privan de tener un Chanel, un Dolce & Gabana o un Lacoste sin que importe qué en lugar de su característico cocodrilo lleve una lagartija. Pero ahora lo tendrán ahora un poco más difícil.
La Policía Nacional ha dado con un gran importador de prendas falsas llegadas directamente desde China y que se distribuían, principalmente, entre los mercadillos de Valencia y del resto de localidades del Mediterráneo.
También han descubierto su epicentro: una nave industrial de Albal escondía artículos que podrían haber llegado a los cuatro millones de euros de haber salido al mercado.
 El detenido, un hombre de 53 años, manejaba tal cantidad de dinero que permitió a la policía incautarse de otros 212.665 euros en efectivo que encontraron en la nave y otros 1.000 euros que él mismo llevaba encima.
La operación Luctus, como se ha denominado el caso, tenía en el punto de mira a este importador de falso lujo. La investigación arrancó una vez que los agentes tuvieron la sospecha de que este hombre, natural de Marruecos, podía estar relacionado con la compra, importación, almacenamiento, distribución y venta de las prendas de falsa marca. Hace unas dos semanas se inició un seguimiento y descubrieron que era él mismo quien contactaba directamente con el vendedor de China y se encargaba de la distribución en España. Sin intermediarios. Prácticamente se ocupaba de todo el trabajo, salvo de la venta directa al comprador de la calle. Un negocio redondo.
“Disponía de numerosos clientes en diferentes puntos de la geografía española y les llevaba la mercancía personalmente con sus propios vehículos”, indicaron desde la comisaría. Sus principales clientes eran los mercadillos valencianos.
Durante este seguimiento, la policía localizó la nave en la que almacenaba todos los contenedores de artículos falsos llegados desde China. En el registro se intervinieron 212.665 euros en efectivo y 327 paquetes con 100 artículos cada uno, principalmente camisetas. Este importador llenaba así los mercadillos de artículos falsos que imitaban marcas como Hackett, Belstaff, Burberry, Chanel, G-STAR, Tommy Hilfiger, Dolce & Gabana, La Marina y Lacoste, entre otros.
 En total, 32.700 prendas que los peritos de la policía han estimado que podrían haber alcanzado los cuatro millones de euros en el mercado.
Prendas que ya no llegarán este verano a los puestos de los mercadillos. El detenido se enfrenta ahora a un delito contra la propiedad industrial y a otro de blanqueo de capitales.

Un gran día cultural

La vieja idea de los caracteres nacionales –la existencia de lo francés, de lo americano, de lo español- resulta un cuento chino; pero, como sucede con todos los cuentos chinos, siempre hay alguien a quien le gusta volver a contárnoslo. Lo valenciano como idiosincrasia, desde el punto de vista filosófico, no constituye más que una hipérbole del temperamento (a las que son tan dados los valencianos algunas veces, junto con otros ciudadanos del mundo en general.)
Ahora bien, puestos a incurrir en generalizaciones indemostrables, yo prefiero la de “la mediterraneidad”, que es mucho más vaga, dúctil e inofensiva. Se trata de un común denominador para millones de ciudadanos que no tienen nada en común; salvo, quizá, una inconcreta forma de estar en el mundo: el sensualismo. Cuando pienso en ese concepto escurridizo de lo mediterráneo, me gusta creer que se trata de una ensoñación cultural, entendiendo la cultura – la alta cultura- como un enmarañado tejido de goces intelectuales y físicos. Ahora que el globalizado puritanismo fabril acusa a los pueblos del Sur de indolencia improductiva, es hora de volver a reivindicar el ideal clásico del trabajo gustoso de ser felices, porque el fin último de la existencia nos negamos a creer que consista en fabricar lavadoras.
De modo que pongámonos a trabajar con empeño al servicio de nuestros sentidos, para diseñar un día perfecto en Valencia. Durante los meses de julio y agosto, el clima de la ciudad constituye una invitación para que todo hombre sensato la abandone, pero doy por hecho en mis lectores un punto de insensatez audaz.
Levántense tarde y sin complejo de culpa, porque el ocio ganado es uno de los principales derechos de la inteligencia. Desayunen ligero a una hora indecorosa y márchense a la playa a darse un baño, a pasear por la orilla, a contar olas, a inventariar sujetos terrestres apetecibles. Mis playas favoritas están fuera de la ciudad, en Canet de Berenguer –Almardá, El Paraíso-, pero me encantan la Malvarrosa y la Patacona, las playas urbanas. Quien busque cocoteros y extensiones desiertas que se marche al Caribe. Los hiperestésicos de la arena solitaria no tienen nada que hacer aquí. Estas son las playas para el plebiscito de los cuerpos, para la alegría sufragista, con la floración multicolor de las sombrillas al viento, con los alaridos infantiles que celebran el simple hecho de estar vivo, con la presencia, bajo el sol notarial, de una representación abundante de lo humano. La playa mediterránea es el gran invento democrático de la naturaleza, que no sabe nada de democracia. Hay que ungirse en sus aguas tibias con el mismo espíritu purificador con el que los peregrinos hacen sus abluciones en el Ganges.
Después, coman en alguno de los restaurantes del paseo de Neptuno –La Rosa, Casa Ximo, L´Estimat, La Muñeca. Quien no ha probado los pequeños mejillones blancos de la zona –las clóchinas-, y la sepia de la playa, antes de un arroz archiepiscopal, no debe considerar que su formación académica está completa. Hagan, pues, un máster de vitalismo acelerado. Y no escuchen a los recalcitrantes que predican el supuesto de que el arroz en verano dificulta los procesos digestivos, porque vamos a dormir la siesta bajo la advocación de Al Russafí, el gran maestro árabe, quien dejó dicho lo siguiente: No quiero otra sombra fresca, / sino la que me da el cuerpo de mi amiga.
Al atardecer, deambularemos por el barrio del Carmen, sabiendo que el paseo a la deriva representa una de las más profundas actividades epistemológicas. Vayan al Centro del Carmen, el primitivo convento del mismo nombre, la antigua Academia de San Carlos, la, hasta hace poco, Escuela de Bellas Artes, donde han estudiado muchos de los clásicos remotos y actuales de la pintura y escultura valencianas (desde Pinazo a Carmen Calvo, desde Manolo Valdés y Miquel Navarro a José Saborit). En el refectorio y la sala capitular pintaban y pasaban frío en invierno los artistas, bajo las cagadas de paloma que anidaban en las escocias de estuco.
Visiten allí la espléndida retrospectiva de Francisco Lozano (1912-2000), un pintor que enseña cómo lo mediterráneo también consiste en una sobriedad y aspereza bajo la luz implacable, un maestro que enseña a descubrir el esplendor en la humildad de unas hierbas y una duna, o de un destartalado merendero, o de unos arrozales en el amanecer.
Después de todo eso, al acabar el día, caeremos en la cuenta, satisfechos, de que la cultura y la vida son exactamente la misma cosa.

La Delicadeza


PeliculasTítulo: La delicadeza
Título original: La délicatesse
País: Francia
Estreno en España: 29/06/2012
Productora: 2.4.7. Films / France 2 Cinéma / StudioCanal
Director: David Foenkinos, Stéphane Foenkinos
Guión: David Foenkinos (Novela: David Foenkinos)
Reparto: Audrey Tautou, François Damiens, Bruno Todeschini, Pio Marmaï

Sinopsis:
Comedia romántica que muestra como Nathalie (papel que interpreta Audrey Tautou) pierde en un accidente al hombre del que está perdidamente enamorada. Después de una etapa de duelo, no puede creerse que el amor llame de nuevo a su puerta de la mano de Markus, un compañero de trabajo que nunca ha tenido éxito con las mujeres, pero cargado de bondad y de ternura. Un hombre que para ella supone la vuelta a la vida.

La Délicatesse Bande-Annonce Officielle