Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 jun 2012

Pájaro o no de Jose Miguel Junco Ezquerra


De dónde habrá venido
ese presunto pájaro
que acaso esté durmiendo
oculto en una rama
del árbol que me impide
el ser ceniza y polvo.

Tal vez no esté en el trance
de verse sin resuello
en una patria ajena.
Mas, de estarlo,
quién sabe.

Qué vuelos imposibles
habrá sobrellevado
su cuerpo diminuto.
Y quién sabrá si acaso
en otras dimensiones,
ajenas y sin plumas,
sus crías desesperan.

O acaso yo sea el pájaro
que instalado en la rama
observa como un hombre
venido de muy lejos
tras el árbol se oculta.

O acaso sea yo el árbol
que acoge con asombro
abajo en las raíces
al pájaro y al hombre
que vienen de muy lejos.

O la sombra que añora
ser reflejo del árbol
donde un hombre y un pájaro
platiquen sus asuntos,
se esmeren por la vida.

O acaso yo sea solo
el eco que antecede
al vuelo y la palabra.

6 jun 2012

Los pájaros no piensan en el mundo.

Los pájaros no piensan en el mundo.
 La brisa va, viene, se olvida.
 La muerte viene.
 Viene el sol a encandilarte. Oye tu corazón.
 No pasará de este instante el latido. 
Y todo lo que no puedes decir. 
Así vuelves cada mañana hasta tu rostro, en cuyo labios solo habita un horizonte de mar, un sol que se aleja, pero cuya irradiación sobre los cielos que se deslizan sin reproche colma tu ceguera
Por Jose Carlos Cataño

Carlos Fuentes recibe en el Cervantes el homenaje de sus amigos escritores

José Manuel Caballero Bonald, Julio Ortega, Juan Goytisolo y Víctor García de la Concha en el homenaje a Carlos Fuentes. / LUIS SEVILLANO
Como escritor de ambición y huella, Carlos Fuentes no se conformaba con dominar la imaginación y el lenguaje: quería redimensionar el tiempo.
 Rendirlo a sus pies.
 Como Joyce, como Cervantes, como Proust, como Dios en la Biblia, sabían que la creación de un mundo en donde cupieran las desdichas de los vivos y la presencia fantasmal de los muertos jugando con los relojes blandos de la eternidad era cuestión de superación, entrega y trabajo.
Ese maestro del mestizaje que ya ha trascendido a sus latidos desde que murió el 15 de mayo en México fue homenajeado ayer en el Instituto Cervantes de Madrid por cuatro amigos: José Manuel Caballero Bonald, Juan Goytisolo, Julio Ortega y el director de la institución, Víctor García de la Concha. Será el primero en un mes donde también se le rendirá tributo en la Casa de América la próxima semana.
A Carlos Fuentes no le gustaba hablar de la muerte: “Le resultaba una pérdida de tiempo. Literalmente. Porque lo detiene, el tiempo, y porque una vez ocurre, no hay mucho que decir”, recordaba su entrañable amigo Ortega.
 Por eso se fue de repente este mes, dejando una inmensa obra agrupada bajo el título La edad del tiempo, como no, que es cartografía de un mundo inabarcable a la manera del perfil que Goytisolo trazó de él: “Entre los cronistas de indias, la curiosidad de Humboldt y la cólera de Bartolomé de las Casas”, dijo el escritor español.
Ambos, Ortega y Goytisolo, incidieron e insistieron en la importancia y la obsesión de Fuentes con el tiempo. “Quería crearlo para trascenderlo”, aseguró Goytisolo.
 Mientras, Ortega contaba que se encontraba inmerso en la reorganización de su obra y que, para ello, esa constante resultaba crucial: “La temporalidad cambiante según el momento en que se lee”, comentaba. Así se fija una verdad inapelable:
“Cada persona, al leer y releer encontrará otro sí mismo”.
El primer libro de Carlos Fuentes fue Aura, de la que este años se cumplen 50 años y que será leída íntegramente en Casa de América. Pero también lo fue Federico en el balcón, trabajo que dejó inédito y apareció en las páginas de EL PAÍS a raíz de su muerte. “Nunca escribió dos novelas parecidas”, aseguró Goytisolo.
Quizás porque resultaba un escritor ajeno a las clasificaciones, regateador de estilos, obsesionado con la reinvención.
 Para él, cada nueva obra era la primera.
 Así, alguien puede encontrar obsesiones similares en Aura, Terra nostra o La muerte de Artemio Cruz, ligazones azarosas en La silla del Águila o Diana y la cazadora solitaria y Los años con Laura Díaz, pero jamás hallará la misma estructura, ni el mismo discurso, ni personajes que se le parezcan o tiempos narrativos redundantes.
Fuentes era la aventura y el delirio experimental, la dedicación, la indagación y el trabajo sin excusas volcado en su literatura sin distracciones para redondear esa suma literaria del tiempo de todos nosotros que es pasado, presente y futuro, ese aire que acoge sin precisión matemática a la especie.
Sobre todo después de que un día, su íntimo amigo García Márquez, en los días que se ganaban buena parte de su vida inventando guiones para pagar las facturas, le exhortara:
“Pero Fontacho, ¿qué vamos a hacer? ¿Salvar el cine mexicano o escribir nuestras novelas?”, rememoraba ayer García de la Concha.
A partir de ahí ya merodeaba por el ánimo de ambos romper con todo y perdurar. Caballero Bonald expresó toda la hondura y el pulso entre eterno y transgresor que le movió en sus certeras y profundas líneas de ayer basadas en un análisis del ensayo de Fuentes, ‘La nueva novela hispanoamericana’.
Para el poeta jerezano, la clave del mexicano y del ‘boom’ fue seguir la estela de los antiguos cronistas de indias.
 “Como ellos tuvieron que nombrar cosas no antes vistas, como en Macondo y así pertenecen a una cadena de acordes léxicos y sintácticos que busca en el mestizaje sus raíces poéticas. Revitalizan y rescatan el verbo, lo utilizan contra el dogma y la musaraña académica.
 Que magnífica lengua impura la que hablan esos personajes que deben acudir a sus novelas para saber que existen”.

El esplendor de la revancha inedita de Elsa Morante

Por: Winston Manrique Sabogal06/06/2012
Morante"Es una buena sorpresa saber que por fin se traduce en España Mentira y sortilegio, de Elsa Morante. Tengo ganas de leerla por fin.
 Sé que los lectores que en su día leyeron el manuscrito para la editorial que lo publicó en 1948, Einaudi, fueron Natalia Ginzburg y Cesare Pavese. Ginzburg, que confesaba haber sentido una emoción extraordinaria leyendo Mentira y sortilegio, decía que Morante escribe del dolor, pero que lo domina 'por que cuando escribe alcanza la altura de las montañas'.
Y explicaba por qué: Morante no escribía de sí misma, sino de los demás.
 En lo que he leído de Morante -La Historia, por ejemplo- me admiraba cómo entrecruza la historia pública, nada menos que la Segunda Guerra Mundial, con la historia privada de sus personajes, familias que intentan sobrevivir íntimamente en medio de una catástrofe general".
 Así se refiere el narrador y poeta español Justo Navarro sobre la escritora italiana de quien mañana se publica, por primera vez en España, su primera y premiada novela: Mentira y sortilegio, editada por Lumen.
 Un avance de esta obra lo ofrecemos hoy en este blog y la sección de Cultura online, de EL PAÍS.
Con la publicación de este inédito, se rinde homenaje a Morante en el centenario de su nacimiento (18 de agosto de 1912-25 de noviembre de 1985). Italia, como país invitado de la 71ª Feria del Libro de Madrid, y la editorial la recordarán en un acto especial este sábado a la una de la tarde.
Morante obtuvo con esta novela el premio Viareggio en 1948.
 La primera persona que leyó el manuscrito en la editorial Einaudi  fue Natalia Ginzburg, quien recordaría aquellos días y su amistad con Elsa Morante de la siguiente manera: "Leí Mentira y sortilegio de un tirón y me gustó inmensamente.
 No estoy segura de haber tenido en quel momento plena conciencia de su importancia y su esplendor.
 Sólo sabía que me fascinaba y que hacía mucho tiempo que no leía nada que me diese tanta vida y felicidad".
Es una novela en la cual Morante recrea parte de su propia existencia a través del personaje de Elisa, una muchacha huérfana para quien la literatura funciona como tabla de salvación y refugio de felicidad.
Un apunte del libro:  "Al principio, cuando aún era apenas una chiquilla, parecía solo un juego, o una diversión placentera. Cerrados los libros, me complacía construyendo con la fantasía sucesos e historias inventadas por mí, inspirándome, por supuesto, en mis fábulas preferidas. Y aunque las tramas que imaginaba variasen en función del humor de cada día, los protagonistas, por el contrario, se parecían siempre los unos a los otros o bien eran iguales, y casi estaban unidos por estrechos lazos de parentesco".
Morante convirtió a sus familiares y amigos y a su mundo en personajes literarios universales con una prosa intimista y natural que permite una lectura conmovedora y desenfada al mismo tiempo.
Y escrribe: "Gracias a mi mentira, podía vengarme ahora de los amores no correspondidos, podía saciar mis vanidades más secretas, negras y profundas como infiernos.
Solo mis máscaras, estas hidalgas generosas, eran, como yo, amargas, prepotentes y cruelmente desdeñosas. Eran mi sangre, mis iguales; ninguna compañía era digna de mí, excepto la suya.
Mi mayor gloria consistía en que, aun creyendo en ellas y profesándome hipócritamente su súbdita fiel, me consideraba su emperatriz, y casi su diosa, y no dudaba en sostener entre los dedos el hilo de sus vidas arrogantes.
"Pero aquellos fantasmas se vengaron de mi orgullo, tomándose al mismo tiempo la revancha contra la necia Elisa mediante la razón y la realidad".
Pasajes inolvidables que recuerdan por qué Elsa Morante es de una de las escritoras italianas más importantes del siglo XX.