Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 may 2012

Si vale para CSI, ¿por qué no para un museo?


Retrato desconocido, posiblemente del duque de Monmouth / national portrait gallery
Desde el 1 de junio, el mundo estará un poco más cerca de conocer los enigmas que se esconden tras los rostros de obras de arte como el Retrato desconocido, posiblemente del duque de Monmouth, La joven de la perla de Johannes Vermeer, o el Retrato de personaje desconocido, de Alberto Durero. Esa es la fecha que el profesor de arte medieval de la Universidad Riverside de California Conrad Rudolph y su equipo han elegido para poner en marcha el proyecto FACES, que consiste en aplicar la tecnología forense de reconocimiento facial al arte. “Se trata de explorar los límites de los programas que ya existen”, señala Rudolph. Esto es: su equipo va a hacer uso de las mismas técnicas que utiliza la policía para comparar dos imágenes y ver si pertenecen a la misma persona, para dilucidar si también se pueden aplicar a los retratos históricos. “Aún no sabemos hasta dónde se puede llegar”, puntualiza.
Retrato (reconocido), del Duke de Monmouth, que se comparará con el retrato desconocido
Lo que sí da por seguro es que se encontrarán con obstáculos. “Reconocer el rostro de una persona ya es de por sí complicado, porque el tiempo pasa y las facciones cambian, y además, hay otras cuestiones que alteran la apariencia, como el vello facial, las expresiones, la pose o la iluminación, por ejemplo”.
 Si lo que se quiere comparar son dos cuadros, se suma además la problemática de la interpretación del artista: “Muchas veces se intenta representar a la persona más guapa, más joven…”, explica Rudolph, que cuenta que se le ocurrió la idea al oír sobre la tecnología forense en las noticias.
El objetivo del proyecto, en cualquier caso, trasciende el simple hecho de satisfacer la curiosidad que despierta el no saber quién es el retratado.
“Lo que se conseguiría es restaurar documentos históricos.
 Esa gente que ahora ha caído en el olvido fue importante en su día, y restablecer su identidad supondría entender un poco más la historia”. Tras la financiación del proyecto se encuentra el Fondo Nacional de EE UU para las Humanidades, que les ha concedido una beca de 25.000 dólares (cerca de 20.000 euros).
Para empezar, el equipo, compuesto por historiadores del arte e ingenieros electrónicos, tomará una máscara mortuoria (que representa fielmente los rasgos, pues se crea directamente sobre el rostro del fallecido) para compararla con un retrato tridimensional, como un busto o una escultura, del que se conozca la identidad del retratado, para comprobar si la tecnología funciona o no.
 "Es igual que con las huellas dactilares”, ilustra el profesor, “para que te puedan decir algo, necesitas compararlas con otras huellas, y para eso tienes que crear una base de datos, que es lo que vamos a hacer nosotros también”.
Busto de Lorenzo de Médici
En una segunda fase, se cotejarán dos bustos de un mismo individuo realizados en una época concreta de su vida por un solo artista, y si la máquina sigue reconociendo que pertenecen a la misma persona, probarán con dos bustos realizados en distintos momentos, para averiguar si el programa también es capaz de comprender que se trata de la misma persona, solo que más joven o más mayor.
Si todo esto funciona, entonces darán el salto a las pinturas e intentarán contrastar obras de diferentes autores, y en diversos momentos de la existencia del retratado.
Máscara mortuoria de Lorenzo de Médici
“La tecnología nunca te va a decir que se trata de esta o la otra persona, pero te da pistas”, señala Rudolph. “Al final, es siempre el ojo humano el que tiene que tomar la decisión final”.
Como punto de partida, además del posible retrato del duque de Monmouth, el equipo ya tiene en mente otras obras de arte a las que intentarán poner nombre, como un retrato desconocido de la National Portrait Gallery, que compararán con un busto de Lorenzo de Médici y con su máscara mortuoria para decidir si el cuadro representa al mecenas del Renacimiento.
Otras identidades envueltas en misterio, como por ejemplo la del Caballero de la mano en el pecho de El Greco, quizá sean más difíciles de averiguar.
“Ante todo necesitamos que sean representaciones realistas, y El Greco pintaba en gran medida de manera abstracta”. Quizá cuando mejore la técnica...

El juicio a Krahe

El juicio a Krahe

Por: | 28 de mayo de 2012
Hoy someten al cantautor Javier Krahe a un juicio por un delito que no cometió. Un video que no hizo, una canción que no cantó, una metáfora que no es suya sobre Cristo en la cocina.
 Una carta de Miguel Tomás y Valiente, escritor al que se han sumado otros escritores y otros artistas, ha señalado la alarma: la justicia completa el ciclo de una larga procesión contra el cantante y contra el video, una película estrenada en Cádiz en 1977 sobre el cantautor, repuesta en 2004 en Canal +, que muestra esa representación metafórica que alarmó a una asociación que se preocupa porque a la Iglesia no la salpiquen ni el comentario ni la crítica.
 Esa asociación metió en el saco de esas preocupaciones el ya muy antiguo video, que se había filmado en el contexto de un homenaje al artista, aunque el artista no tiene ni arte ni parte en lo que él suscita.
 Pero él es el huracán en el ojo, contra él, y contra la directora del programa, Montserrat Fernández, van los denunciantes.
 Ya fue sobreseída varias veces esta actuación de los alarmados.
 Pero la asociación que vigila las fronteras de la Iglesia sintió que la ofensa no había sido lavada, y ahí está el juicio hoy, abriéndose como cuando no se había despertado la democracia y ya estaba Don Cicuta levantando el dedo para censurar cualquier cosa que se fuera del carril. Es un juicio contra una metáfora, pero como Krahe pasaba por ahí lo han convertido en carne de la metáfora, y quieren meterle el dedo en el ojo.
 Las posibilidades de una condena son mínimas, ha dicho él mismo, pero también eran mínimas, como él dice, las posibilidades de que condenaran a Garzón... En fin, este país siempre hace esfuerzos por regresar a ratos al siglo XVII.

YA SE SABE; !!VETE CON CUIDADO!!!

EL HIJO PRÓDIGO de José Miguel Junco Ezquerra, el Lunes, 28 de mayo de 2012 a la(s) 8:20

EL HIJO PRÓDIGO

de José Miguel Junco Ezquerra, el Lunes, 28 de mayo de 2012 a la(s) 8:20 ·
EL HIJO PRÓDIGO

                                 ... El rabí lo miraba con ternura
                                     y con algún horror. “¿Cómo (se dijo)
                                     pude engendrar a este penoso hijo
                                     y la inacción dejé, que es la cordura?”
                                                                        El Golem.
                                                            
                                                                 J.L.Borges


Si hago caso a mis padres
de acuerdo con el cuarto mandamiento
-¿O era el quinto el de los padres
y el cuarto no matar?-

Bueno, si hago caso a mis padres, si los honro,
debo decir que yo prometía mucho de pequeño.
-Mis padres nunca se pusieron de acuerdo sobre qué prometía:
uno pensaba que llegaría muy lejos aunque no sabía adónde,
y el otro me miraba con el rabillo del ojo
porque estaba seguro de que algo podía ocurrir
en el momento más inesperado-

Pero de que iba a llegar, de eso, ni la menor duda.
Todo empezó a torcerse en el momento
en que, por el régimen dietético de entonces,
la cabeza empezó crecerme desmesuradamente
y era siempre la primera en llegar a todos lados.

Después llegaba yo, algo confuso,
intentando seguir los pasos a aquella enorme cabeza
 siempre sudando y siempre constreñido.
Uno de mis padres pensaba que aquello era
un síntoma evidente de la genialidad que presentía en su hijo.
El otro, sin decirlo, pensaba en posibles alternativas
y en si iba a ser o no inevitable viajar al extranjero.

No obstante, con el tiempo, tras mucho entrenamiento,
conseguí acompasar mi ritmo de un modo razonable,
y cuando iba a algún sitio iba todo mi cuerpo al unísono
con los brazos y todo moviéndose ágilmente.

La cosa no fue bien con la escritura:
las letras se mezclaban y a mí, lo que de verdad me gustaba
era lo de contemplar la figura geométrica que se formaba
tras mis extravagantes, involuntarias combinaciones.

(Por razones nunca del todo claras tenía la tendencia
de ver tras cada combinación de letras
a mujeres desnudas en varias posiciones
lo que me hizo granjearme fama de concupiscente a destiempo)

Uno de mis padres seguía la pista a las figuras
porque entendía que demostraban que mi cerebro
iba mucho más allá de la evidencia.
El otro, más realista, a su pesar,
empezó a consultar en secreto a especialistas en deformidades
para ver si aquello tenía algún remedio, aunque lo dudaba.

Recuerdo que un día al volver de la escuela
comenté en el almuerzo que yo quería estudiar para ser médico
aunque me desmayara cuando veía la sangre
y no me gustara en absoluto cómo éramos por dentro.
Me había enamorado perdidamente de una enfermera rubia
y no se me ocurría nada mejor para atraerla
que deslumbrarla con mi bata blanca.

Uno de mis padres renunció para siempre
a estar emparentado con un genio.
El otro, que seguía mirándome con el rabillo del ojo,
se quedó meditando sobre la bata blanca,
aceptándola como un mal menor visto lo visto.