Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 may 2012

‘Mis ojos, que codician cosas bellas’, de Michelangelo Buonarroti

Fragmento de El profeta Isaías, de Miguel Ángel
Los ecos de Platón fueron recogidos en versos por Miguel Angel Buonarroti (1475-1564). Amor, belleza, muerte, Dios y vida, y pecado, a la vez que la identificación de aquello que suministra alegría y felicidad. Estos son los temas preferidos por Miguel Angel Buonarroti en sus rimas, que aunque no adquieren lo sublime de sus pinturas y esculturas confirman su arte
. Así se puede apreciar en la antología Rimas (1507-1555), seleccionadas por Manuel J. Santayana Ruiz, editado por Pre-Textos.
"La obra poética de Michelangelo se realizó ajena a la ambición característica del literato profesional, del erudito humanista; desigual y fragmentaria, va de la imitación de diversos estilos a la sencillez de un confiteor a las puertas de lo desconocido, pasando por la complejidad y el virtuosismo.
 Las Rimas describen una impresionante parábola temporal y nos dejan el apasionante autorretrato del que apenas hay esbozos, casi secretas alusiones, en su escultura y en su pintura", escribe Santayana Ruiz en el prólogo del libro.
Lirismo conmovedor, como su arte visual, Miguel Ángel siempre nos descubre belleza. Escuchemos al artista:

CVII
Mis ojos, que codician cosas bellas
como mi alma anhela su salud,
no ostentan más virtud
que al cielo aspire, que mirar aquellas.
De las altas estrellas
desciende un esplendor
que incita a ir tras ellas
y aqui se llama amor.
No encuentra el corazón nada mejor
que lo enamore, y arda y aconseje
que  dos ojos que a dos astros semejen.


Me permito cerrar este Poemas en red de hoy con un comentario que ha hecho Elia sobre Miguel Ángel: "Nunca dejará de impresionarnos la sobrecogedora capacidad artística de Miguel Ángel Buonarroti.
 Su excepcional talento para la escultura, la pintura, el dibujo, la arquitectura y, en alguna medida, para la poesía es un enigma que lleva a preguntarnos sin cesar cuáles son las condiciones que hacen posible que surja lo que desde hace siglos se ha venido denominando "genio".
 Entendimiento, imaginación, perseverancia... aunque esta cuestión no se pueda clausurar, creo que todos aceptamos la conmoción que nos produce el legado que Miguel Ángel cedió a la posteridad.
* Rimas (1507-1555). Selección, versión, introducción y notas de Manuel J. Santayana Ruiz (Pre-Textos)

Sean Penn y Petra Nemcova vuelven a encontrarse

El actor y la modelo, que ya fueron pareja en 2008, han retomado su relación y se dejan ver en Cannes.

Sean Penn y Petra Nemcova, juntos en el Festival de Cannes 2012. / George Pimentel 
Sean Penn y Petra Nemcova vuelven a dejarse ver juntos. El motivo, en principio, es recaudar fondos por Haití.
Por eso el actor y la modelo se han fotografiado en público en el Festival de Cannes.
Pero la cosa no queda ahí.
Parece que la pareja además de trabajar en causas solidarias ha decidido retomar la  historia de amor que tuvieron en 2008.
Los rumores de que el actor había vuelto con la modelo comenzaron después de que fuesen vistos juntos en el concierto de U2 celebrado en Nueva York  el pasado mes de abril.
Nemcova acababa de cancelar su boda con Jamie Belman.
 La modelo tiene 32 años y él está a punto de cumplir 52.
La última relación conocida del actor fue con Shannon Costello, exdirectora de su fundación, de 26 años. Antes, estuvo con la actriz Scarlett Johansson, con quien comenzó a salir poco después de anunciar su divorcio con Robin Wright, con la que estuvo casado 14 años y tuvo dos hijos. En una de los periodos de crisis con su exmujer fue cuando mantuvo el primer romance con Nemcova.
En Cannes, Sean Penn presentó el espactáculo musical Haití: Carnival in Cannes, cuyo dinero recaudado, 1,6 millones de euros, fue a parar directamente a la organización en auxilio de Haití J/P HRO (Haitian Relief Organization)
. En la gala estuvo apoyado por el diseñador Giorgio Armani y por colegas de profesión como Ben Stiller, Chris Rock, David Schwimmer, Gerard Butler, Jessica Chastain, Michelle Rodriguez, Diane Kruger y Ewan McGregor.

 

“Nadie realmente feliz es escritor”

La italiana Margaret Mazzantini publica en España la melancólica novela ‘Nadie se salva solo’

Es la historia del camino que va del amor al desprecio.

La escritora Margaret Mazzantini. / ALESSANDRO MOGG
Hace un día gris en Roma. Nubarrones oscuros amenazan con descargar lluvia sobre la Ciudad Eterna. Sobre la relación entre Gaetano y Delia en cambio el diluvio ya cayó hace tiempo.
 Donde durante años reinó un sol brillante ahora tan solo hay escombros mojados y la nostalgia que conlleva una separación.
 Sobre cómo acabaron ahogados en esa pesadilla se interrogan los dos jóvenes a lo largo de Nadie se salva solo (Alfaguara), la última, melancólica novela de la escritora italiana Margaret Mazzantini (Dublín, 1961) que acaba de llegar a España.
El libro dura el espacio de una cena. Los treintañeros Gaetano y Delia quedan en un restaurante para, en teoría, organizar las vacaciones de sus hijos.
 La cita se convierte sin embargo en un río de flashbacks que narra cómo un enamoramiento puede transformarse en dolor. “Ambos son una representación letal de una pareja contemporánea.
 Han intentado ser distintos y han acabado siendo como los demás.
 Se ilusionaron y han perdido”, cuenta Mazzantini, sentada en el sofá de su amplia “oficina” romana.
O, por decirlo a la manera del libro:
“Han caído desde la roca más alta y por debajo el agua no era mucha. Se miran y no saben si se quedarán inmovilizados de por vida, en una silla de ruedas empujaba por alguien de buen corazón, o solo cojos. Desde luego ha sido un buen salto”.
Ambos son una representación letal de una pareja contemporánea. Han intentado ser distintos y han acabado siendo como los demás. Se ilusionaron y han perdido”
El símbolo de su derrota está en un tercer invitado que, según la autora, participa en la cena: “Ante ellos tienen al cadáver agonizante de su amor. Intentan reanimarlo.
 Él la llama 'puta', ella le echa el helado a la cara.
Pero no hay manera”. La autopsia de su sentimiento desvela a lo largo de 218 páginas un viaje desgarrador que arranca con dos almas gemelas y termina con dos individuos que llegan a despreciarse por un albornoz dejado en el suelo o por cómo el otro coloca un vaso en una mesa.
Imperfecciones, dejaciones, es decir la marca de la casa de Mazzantini: “Siempre escribo de tipos que tienen fallos y faltas, que están cojos. Eso es lo que nos hace humanos”.
 Como Gemma, la protagonista de Venido al mundo, otra trágica novela que Mazzantini ambientó en el sitio de Sarajevo durante la guerra en Bosnia y que considera su obra maestra.
Una falta es también lo que lleva a la autora a escribir. “Es un sentimiento que se acerca, una vorágine, un hambre abierto. Nadie realmente feliz es escritor”, cuenta Mazzantini sobre el momento en el que vuelve a teclear.
 Un acto placentero –“es como volver a ver a tu enamorado”- pero también fatigoso, al menos para una mujer que es también, y sobre todo, madre de cuatro hijos: “No tengo tiempo: escribo cuando los niños están en el colegio, o durante las vacaciones.
 Siempre digo que para escribir hace falta fuerza física”.
De habla rápida y apasionada, la autora de Nadie se salva solo dispara ráfagas de frases sin parar. Y así durante una hora y media. Infinitamente más necesitó su padre para terminar su ópera prima. “Se pasó 40 años escribiendo el mismo libro.
 Acabó bromeando con que le publicarían póstumo”, cuenta la escritora.
A fuerza de ver a su progenitor sobrecogido por su hazaña literaria, Mazzantini creció con la idea de que la escritura “hacía daño”. “Los libros me parecían ataúdes”, remata.
Hasta que, en un viaje a París de hace 25 años, su marido, el actor y director Sergio Castellitto, le regaló un cuaderno
. Llevaba Indiana Jones en la portada y, dentro, una serie de páginas en blanco que Mazzantini llenó con la historia de su abuela, a la sazón enferma terminal.
 Aquel borrador se convirtió en La palangana de zinc, el primer paso literario de Mazzantini
. Aunque pocos años después, en 1998, la escritora dio más bien un salto olímpico con No te muevas, su obra más conocida y cuya fama se debe también a la versión cinematográfica interpretada por Castellitto y Penélope Cruz.
Somos el país del arte, de la cultura. Y sin embargo jamás hay atención por nuestro patrimonio”
Lo mismo ocurrió con Venido al mundo, tanto que más de una voz en Italia ha hablado de una suerte de empresa familiar: ella deslumbra libros, él los lleva al cine.
 “Quien lo ha dicho es un malpensado
. Vivo con un cineasta y es normal que algunas de mis historias le puedan interesar”, defiende Mazzantini.
Una historia que parece fascinarle es la de su país.
 Con Italia la autora vive esa misma relación de amor-odio que la ata a la escritura: “Somos el país del arte, de la cultura.
Y sin embargo jamás hay atención por nuestro patrimonio”. Cual tortura china, Mazzantini ve dos extremos que tiran cada uno por su lado hasta estrangular al público. “Ciertos programas de televisión nos han acostumbrado a la basura, nos han encaminado hacia la deriva.
 Pero también hay intelectuales y escritores demasiados elitistas, alejados de la gente”, sostiene la italiana. En medio está el país real, ese del que Mazzantini dice: “Italia está repleta de una humanidad fiel, leal, maravillosa”.
En ella se podría incluir a un anciano que la autora se encontró un día. El señor padecía por entonces un cáncer que no dejaba mucho espacio para la esperanza
. Hoy el hombre ya ha fallecido, aunque Mazzantini recuerda sus palabras: “Me dijo que rezara por él y yo le contesté que no sabía si estaría a la altura”
. El anciano respondió que sí, que aun así su ayuda sería importante.
Por una simple razón: “Nadie se salva solo”.

 

Kim Novak ¿Guapa?

No sé si, premiado con el Pulitzer, la obra de teatro PICNIC de William Inge, autor de "Come Back Little Sheba" y "Bus Stop", es genial o no, pero la película que sacaron de PICNIC el guionista-dialoguista Taradash y el director Joshua Logan, que ya la habían montado previamente en un teatro de Broadway, está muy cerca de serlo, o tal vez pase esa genialidad para formar parte de esa obras de arte que tantos recuerdos nos traen. Sin lugar a no equivocarme PICNIC es tan mía, como míos son los dedos que se deslizan por el teclado de mi ordenador, intentando rendir justo homenaje a un film que destila sexo, libertad y amor por sus cuatro costados.

Joshua Logan, sin agresividades inútiles ni excesivos sentimentalismos, pero con una lucidez cruel, que centra su mirada sobre un mundo de costumbres, pincelada tras pincelada dibuja para nosotros un pequeño retrato de América a través de este trozo de vida. Si para apreciar todas las virtudes de una película es preciso verla varias veces, se hace y en PICNIC resulta perceptible en un primer visionado. Es la única razón que justifica que ‘PICNIC pueda gustar más que un film de Renoir. Prolongando la comparación, podemos decir ambos directores son algo más que precursores en contar historias, plasmándolas magistralmente en imágenes. Ellos ofrecen el amor en una visión carnal y a la vez desencantada, y sus historia son elixir y lo presenta bajo la verdad: como suelen presentarse las historias en la pantalla