Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 ago 2011

Las letras, con actualidad entran

. .El 31 de agosto se acaba el optimismo veraniego: bienvenidos al desierto de lo real. Eso que en Francia llaman rentrée y que en España no acaba de quitarle del todo el protagonismo a la inefable "campaña del libro de texto" llegará este año con el barro de todas las tormentas (las económicas y las otoñales) pegado a los zapatos de la literatura. Ya sea de ficción o no.
 La intrahistoria de la era Obama -a unos meses de las elecciones estadounidenses- y nuestras tragedias laborales -a unas semanas de las españolas- alternan en la parrilla editorial en el mes en que se conmemora el décimo aniversario del 11-S, aquel martes en que el mundo supo trágicamente que la historia no había terminado en 1989 en Berlín.



- La novela del mes. Si la literatura fuera como el fútbol Libertad (Salamandra), de Jonathan Franzen, sería uno de esos partidos del siglo que se juegan cada cierto tiempo. Cuando esta novela de 600 páginas se publicó en Estados Unidos hace un año la revista Time le dedicó la portada a su autor, algo que solo habían conseguido escritores como Joyce, Nabokov o Salinger. En su caso, además, el titular era rotundo: "El gran novelista americano".
El hecho de que Obama se interesara por el libro antes de su aparición ya había puesto bajo los focos a un narrador que atesoraba dos medallas: el National Book Award por su novela anterior, Las correcciones (Seix Barral), y haber rechazado la invitación para salir en el programa de televisión de Oprah Winfrey. Para algunos Libertad es la primera novela del siglo XXI.
 Para otros, la última del XIX. Los primeros se basan en su contenido: la historia de una familia de Minnesota que con el cambio de milenio pasa de acercarse al ideal para convertirse en una fábrica de sospechas. Los segundos, entretanto, subrayan un modo de narrar ese contenido que acerca a Franzen a autores como Tolstoi, Dickens o Balzac. Para ambos, la novela como género sigue siendo la historia privada de las naciones. En este caso, la más poderosa del planeta. Un lugar en ocasiones ideal, sospechoso en otras.






- La confesión del año.




Tan voluminosa, y tan ambiciosa, como la novela de Franzen es otra de las grandes apuestas del nuevo curso: Yo confieso (Destino), de Jaume Cabré.
Si la duda en el caso del estadounidense, que cambia de editorial, es si los lectores españoles responderán tan bien como sus compatriotas, en el caso del autor catalán, y en catalán, lo es si este relato de formación servirá para que se conozca en toda España la obra de un autor traducido a casi 20 lenguas -es uno de los tesoros de la alemana Surkamp- y que ha ganado casi todos los premios, entre ellos el prestigioso Méditerranée a la mejor obra extranjera publicada en Francia en 2004.






- Días laborables. Uno de los jóvenes autores españoles que mejor ha sabido armonizar la ambición en la forma y la contundencia en los temas, la historia de la vida privada y la de la vida pública, es Isaac Rosa, autor en 2004 de El vano ayer, una de las grandes obras sobre el antifranquismo. En septiembre, Rosa publicará su cuarta novela, La mano invisible (Seix Barral), una aproximación desde la ficción al mundo laboral que podría tener su cara testimonial en El muelle de Ouistreham (Anagrama), de Florence Aubenas. En su reportaje, la periodista francesa narra su experiencia durante los días de 2007 en que, tras estallar la crisis, se inscribió en el paro poder contar desde dentro el cruce de explotaciones y humillaciones a las que son sometidos muchos trabajadores. Los de la limpieza, por ejemplo. Como ella.






- Francia, a lo suyo. Hay, no obstante, otra Francia y casi toda estará en Anagrama, que desembarca apostando por nuestros vecinos (Beigbeder, Roudinesco). La estrella más rutilante es Michel Houellebecq con El mapa y el territorio, novela ganadora del último premio Goncourt después de que el autor de Las partículas elementales despotricara durante años contra el galardón. Al final se lo llevó con su ácido retrato del mundo del arte contemporáneo en el que él aparece como personaje: "Un autor agradable de leer", escribe de sí mismo.






- Una década sin nombre. Los hechos son subversivos (Tusquets), es el título del nuevo libro de Timothy Garton Ash. Su subtítulo: Ideas y personajes para una década sin nombre.
 Esa década es la que empezó en 2000 y quedó marcada un año después por los atentados del 11-S. El historiador británico, experto en Europa del Este, es profesor en Oxford y en Stanford (EE UU). Si a esto se le une que el suyo es uno de los estilos más transparentes, rigurosos y bienhumorados del panorama intelectual de nuestro tiempo, su colección de ensayos y reportajes es una garantía de sugerencia y pensamiento libre.
 A riesgo de sonar a sinergético, sus artículos semanales en este periódico bien valen un euro veinte.
Aunque marcado por los atentados de Nueva York, el libro incluye una aproximación a la película La vida de los otros que es mucho más que una anécdota: el propio Garton Ash fue espiado por la Stasi durante sus años de estudiante en Berlín. Lo contó magistralmente en El expediente (Tusquets).



Hablando de la película, el historiador escribió hace dos años que, por contraste con la posguerra, hoy los alemanes tenían mejor protegida su privacidad que los británicos. Algunos le acusaron de tremendista. Murdoch ha terminado dándole la razón.










- El hueco del World Trade Center. "El siglo XXI nació sin anestesia", dice la periodista Ana Pastor en el prólogo a Nueva York, 8:45 A. M. (Errata Naturae), una antología de reportajes y artículos plagada de premios Pulitzer que, tesela a tesela, completa un mosaico que va del 11-S a la muerte de Bin Laden pasando por Afganistán e Irak, Bush y Obama, Washington y Guantánamo.
Lo firman nombres como Bob Woodward, Judith Miller o Amy Goldstein.
El arranque en vivo del siglo vio también cómo el periodismo tradicional se veía sacudido por la contribución de una fuente inédita y, por momentos, inagotable: WikiLeaks. También en septiembre, Seix Barral recupera Underground, una historia particular del ciberactivismo escrita en los años noventa por Julian Assange y Suelette Dreyfus. En una nota a la edición española Dreyfus se pregunta: "¿Hemos alcanzado un momento en que solo los curiosos y los imprudentes podrán salvarnos del Estado vigilante y del Estado secreto?"



- Imperialismos. Como todo imperio tiene su antiimperialista, ahí está Noam Chomsky (RBA) con su particular contribución al análisis de la política mundial a partir de los atentados contra las Torres Gemelas.
 Como la historia explica muchas veces lo que la actualidad no alcanza a explicarse, Jane Burbank y Frederick Cooper publican Imperios (Críticas), de Roma a Estados Unidos pasando por China o la Unión Soviética, un caso este, a cuyo declive dedicó David Remnick, director de The New Yorker y biógrafo de Obama, su crónica La tumba de Lenin, que aparecerá en Debate.



- Primavera árabe, otoño español. La primera revolución democrática del mundo árabe, la acontecida en Túnez, ya tiene quien la explique: Sami Naïr, que publica simultáneamente en árabe, francés y español La lección tunecina (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), un libro tejido con entrevistas a los que encendieron una llama que todavía sigue encendida. De algo más al este llegan los relatos de un clásico vivo, el cairota Alaa Al Aswany, opositor a Mubarak y autor del celebérrimo El edificio Yacobián. Su libro Deseo de ser egipcio (Mondadori) reúne una serie de cuentos que las autoridades de su país rechazaron con el argumento de que contienen "opiniones subversivas al tiempo que se burlan de los valores de la sociedad egipcia, el Estado y la Patria".



- El resto es literatura.
 La actualidad, la historia y la memoria mandan en el otoño casi tanto como eso que llaman "los mercados".
De las tres cosas hay en Esperanza (Roca), la crónica biográfica en la que Jesús María Santos retrata a Esperanza Pérez, una española de Cuba que terminó viendo cómo su hijo engrosaba la lista de los desaparecidos en la Argentina en la dictadura militar.
Por lo demás, una de las mesas de novedades más poblada será la de los ensayos literarios con Juan Benet (Lumen), Umberto Eco (Debate), Zadie Smith (Salamandra), Orhan Pamuk (Mondadori) o T. S. Eliot (Lumen). Además, un inédito inesperado: el Diario anónimo escrito por José Ángel Valente entre 1959 y 2000 (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores).






Por el lado de la imaginación, el otoño verá llegar a las librerías los cuentos completos de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral), Manuel Rivas (Alfaguara) y, en 2.500 páginas y tres tomos, los de Pirandello (Nórdica).
También relatos -Carolina Grau- publicará Carlos Fuentes, que hace doblete con el monumental volumen La gran novela latinoamericana (Alfaguara), un panorama que va de los tiempos de la conquista a Juan Gabriel Vásquez. Sin olvidarse, por supuesto, del boom de los años 60.
"Nosotros queríamos contar lo que la historia no había contado", dice el escritor mexicano refiriéndose a su generación. "Los autores que vinieron luego ya no tenían esa pretensión". Algunos, no obstante, todavía la conservan.
Y llegan en septiembre.

8 ago 2011

La última locura de Terenci Moix

Berenice traducirá al castellano 'Sadístico, esperpéntico e incluso metafísico', que el escritor publicó en 1976 pero que la censura había tumbado en 1967 .
Joan Manuel Forcadella, romántico joven de buena familia catalana, intenta huir de una sociedad que al parecer no comprende muy bien, entre otras cosas, su sexualidad, la de un chico cada vez más alejado de la realidad, en concomitancia con su emergente y cada vez más compulsivo onanismo.
 El viaje estará salpicado de una iconografía cinéfila y teatral notable y de una dura carga contra los anquilosados valores de la burguesía barcelonesa de los años 60 del siglo pasado.
 Esa es, a grandes rasgos, la loca trama de Sadístico, esperpéntico e incluso metafísico, rocambolesco título de una novela que Terenci Moix (1942-2003) publicó en catalán en 1976 y hoy difícil de encontrar, inédita hasta la fecha en castellano y que este otoño la editorial cordobesa Berenice verterá a esta lengua.





El escritor Juan Bonilla, que trabaja también en una biografía del escritor barcelonés, es el encargado de la traslación de una obra bastante prototípica del autor de No digas que fue un sueño.
Moix creó Sadístico... en realidad, en 1967, pero la censura la vetó, por lo que la reescribió por completo en 1975.
Al año siguiente ganaba con ella el premio Joan Estelrich.
Ese lapso temporal en su realización permite que esta novela de apenas 200 páginas y publicada por Dopesa en 1976 contenga todas las obsesiones y recursos del futuro popular escritor que acabaría siendo Ramón Moix Messeguer.



Así, el protagonista parece un personaje más evolucionado del protagonista de Onades sobre una roca deserta (1969, premio Josep Pla), que junto a La torre dels vicis capitals (1968) y El dia que va morir Marilyn (1969) formaron el polémico tríptico creativo con el que Moix explotó en las letras catalanas.
 Sadístico... se gestó en ese contexto, y compartía con él la voluntad polémica y un cierto regusto temático, como el del joven que huye de una sociedad que le acogota en lo personal (especialmente, en todo lo relacionado con el sexo y la homosexualidad) y en lo sociocultural y lo religioso, por más que nunca acabe saliendo muy airoso de esa escapada. Era un poco un retrato psicológico de él mismo.



El caldo de cultivo estilístico también es parejo: son obras con cierta estética y valores pop y clara tendencia a lo recargado, barroquismo y afectaciones que en algunos casos son extremos.
Y la crítica del momento se lo hizo notar, al destacar estilísticamente más los relatos que publicó ese mismo año bajo el título La caiguda de l'imperi sodomita i altres històries herètiques que la novela.



La carga cáustica contra la clase media-alta de la gris Barcelona de los 50 y 60, otra línea latente de Sadístico..., acabaría siendo un leit-motiv de la producción literaria de Moix, que culminaría en El sexe dels àngels (1992), otra novela anterior en el tiempo que reelaboró (premios Ramon Llull y Lletra d'Or) y que sería su enésima ácida sátira de la intelectualidad y las clases bienpensantes catalanas de los 60.
Provocación inteligente. O sea, Terenci en estado puro.

Debatido en la alegoría de los labios que tan ingenuamente besamos

Debatido en la alegoría de los labios que tan ingenuamente besamos



o en la usurpación de astros que decaen asfixia en un rumor de entrañas



cuando la húmeda, enloquecida sensación es la avispa posada



en el pétalo encarnado de la coyuntura flor



edénicas piromanías en que se resuelven los densos salivazos



biliosas golosinas fluyen surtidor de amargos corales al gimoteo mortecino,



tus pechos entregados como arcos melancólicos



venenosa anatomía de verbal diferimiento, en la gruta aérea el esperpento



que no existe es la locura, como refinada matriz que el fango de la vida pervierte



son tus dedos, pardos felinos que la noche amanta



de toda realidad proscritos y a una fantasía esclavizados



al trémulo peaje de las caricias que resultan flechas en el arma de un París oscurecido



el coito decapitado, las nupcias enfermas, las opacas marismas excitadas,



la espiral venérea y toda constelación enajenada paisaje que yace mintiendo



las propiedades luminosas de aquella dulce, terrible verdad de tu cuerpo



harto ya de su interminable excitación en lo irreal.







j.m.lecumberri

Marilyn escandaliza a Chicago

Una escultura gigante de la actriz con la imagen que la convirtió en icono, sujetando la falda de su vestido, atrae a turistas y provoca el rechazo de residentes y críticos de arte .
La tentación no vive arriba, sino en Chicago.
Los turistas que visitan estos días la ciudad situada en la orilla del lago Michigan se han encontrado con una estatua de ocho metros de altura que refleja a Marilyn Monroe en la imagen que la convirtió en icono cinematográfico: sujetando la falda de su vestido blanco, mientras esta vuela libre al viento que emana una rejilla del metro.
Mientras los turistas se han apresurado a añadir el monumento a la lista de lugares imprescindibles que visitar en Chicago, las palabras más benévolas que le han dedicado los residentes y críticos de arte locales son que se trata de una horterada y que es machista.






La escultura se exhibe desde el mes pasado en una plaza al aire libre, pero dentro de una propiedad privada de la inmobiliaria Zeller, en la avenida de Michigan. En principio permanecerá allí hasta la próxima primavera. La Marilyn gigante se ha convertido ya en una atracción en sí misma, muy a pesar de los entendidos en arte locales. El principal argumento en su contra es que no tiene nada que ver con Chicago, ya que la película original, de Billy Wilder y rodada en 1954, está ambientada en Nueva York. Otros, y no son pocos, defienden, además, que la propia ciudad nada tiene que ver con Las Vegas.



Cercana a la obra del artista Jeff Koons, pero sin su ironía, la escultura de Marilyn, del artista Seward Johnson, se incluye en la vertiente del pop art norteamericano que gusta de erigir en escala monumental escenas de la vida y el arte.
 Para muchos, esa estatua de Marilyn es al film original lo que la pirámide del casino Luxor de Las Vegas es al edificio primigenio en Egipto: una copia de mal gusto. "Mal gusto, sí.
Y a escala gigante", escribió la columnista Mary Schmich en el diario The Chicago Tribune. "Tan hortera como un espectáculo pornográfico".



Johnson, el escultor, es responsable de sembrar Estados Unidos de obras similares. En San Diego, por ejemplo, hay una estatua suya de ocho metros que retrata la clásica fotografía de Victor Jorgensen en la que un marinero celebra con un beso a su novia la victoria de EE UU sobre Japón, en 1945.
Ya en 1980, dos esculturas suyas en Connecticut le granjearon acusaciones de racista y machista.
Una era una imagen de bronce de unos niños ojeando una revista erótica.
 La otra representaba a un joven negro con un gran radiocasete pegado a su oído, una pose que las agrupaciones afroamericanas calificaron de estereotípica e insultante.



"Esa cosa es horripilante", ha escrito sobre la escultura de Marilyn el columnista Richard Roeper en el diario The Chicago Sun-Times. "Aun peor que la escultura en sí misma es el tipo de comportamiento fotográfico que está inspirando. Hombres (y mujeres) le lamen la pierna a Marilyn, se quedan embobados bajo su falda, apuntan a sus bragas gigantes mientras las miran lascivamente y se ríen.
 No es que la escultura en sí misma sea escandalosa o sexista u obscena, pero provoca en nosotros comportamientos juveniles".



La escultura pesa 17 toneladas, se forjó en acero inoxidable y aluminio en un periodo de dos años, consta de tres partes diferentes y se instaló en tres días.
 Al estar en propiedad privada, el gobierno local no evaluó su conveniencia artística o su efecto sobre el turismo.
Se limitó a conceder el permiso de colocación.