Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 may 2011

La semana de Bob Dylan. El "capricho de John Hammond"

El capricho de John Hammond




Todos le conocían como el “capricho de Hammond”. A pesar de que era un joven e interesante músico folk en la escena de Greenwich Village, nadie creía en Bob Dylan por los pasillos de Columbia Records, excepto John Hammond. Según George Avakian, un productor prestigioso del sello que había convencido a Miles Davis a dejar la heroína, ese chico era una estafa. El poderoso Mitch Miller, director de la sección de discos pop de Columbia, contó en el documental No Direction Home que “como salía tan barato que dejábamos que John se lo permitiese”. Cierto: el primer álbum de Dylan, producido por Hammond, costó 402 dólares, calderilla para el mayor sello discográfico de Estados Unidos a principios de los sesenta. Pero, ¿quién se atrevía a negar este capricho al mismo hombre que había descubierto e impulsado las carreras de Count Basie, Benny Goodman, Billie Holiday o Aretha Franklin?



Hammond acababa de reincorporarse a Columbia y Dylan fue su apuesta personal. Tanto que, de no haberse cruzado en su camino, tal vez, la historia sería otra. Recién llegado a Nueva York en 1961, el músico entró pronto en contacto con la escena folk del Village, donde entabló amistad, entre otros, con Fred Neil, Pete Seeger o Ramblin’ Jack Elliot. No tuvo problemas en darse a conocer sobre un escenario pero la misma suerte no la corrió para conseguir un contrato discográfico. Fue rechazado por lo sellos Elektra, Folkways y Vanguard, que, en cambio, sí fichó a Joan Baez. Pero Hammond supo ver en él lo que otros no vieron.



No es de extrañar, por tanto, que en Crónicas, el primer volumen de sus memorias, Dylan empiece hablando de él: “Jamás se interesarían en alguien como yo salvo en circunstancias extraordinarias, pero John era un hombre extraordinario”. Sin duda, Hammond tenía una virtud al alcance de muy pocos: una intuición musical que se anticipaba a los tiempos. En palabras de Dylan: “Tenía olfato y visión... captaba mis pensamientos”. En la historia de la música popular, tan sólo gente como Sam Phillips, los hermamos Chess, Ahmet Ertegun, Jerry Wexler o Jim Stewart, formaron parte de su misma elite de hombres de honor que Hammond sin haber cogido nunca un instrumento.



Al igual que el apasionado descubrimiento de Woody Guthrie fue esencial en la obra de aquel chico de Duluth, Hammond fue determinante en el porvenir de su carrera. Le consiguió su primer contrato, le enseñó a manejarse en un estudio de grabación, le impulsó a apostar por su instinto e incluso le influyó en su concepción social. Hammond era un gran defensor de los derechos civiles que se había empeñado en tener a Pete Seeger en Columbia pese a ser investigado por el comité de actividades anticomunistas del senador McCarthy. Ambos se encontraron por primera vez en el apartamento de Carolyn Hester, una cantautora que invitó a Dylan a tocar la armónica en una audición que tenía apalabra con Hammond.



El productor invitó al joven músico a tocar algo en el estudio de grabación y este respondió con una de sus pocas composiciones propias, <>. Hammond quedó prendado. Como él mismo reconocería, captó su pellizco blues, sintió que era una especie de enlace con la tradición blues que él tanto admiraba y había hecho por difundir. En ese momento le ofreció un contrato y le regaló el disco reeditado de Robert Johnson King of the Delta Blues Singers.



Dylan grabó en el estudio A del 799 de la Séptima Avenida en noviembre de 1961. La mayoría era material ajeno. Dave Kapralik, jefe ejecutivo de Columbia, contempló dejar a Dylan en la cuneta. Según su visión, ese chico era un fraude. Pero Hammond luchó por su apuesta.
 El disco salió en marzo de 1962. El instinto de Kapralik no falló: el disco funcionó fatal en ventas. Pero tampoco falló el de Hammond, que produjo también Freewheelin’ Bob Dylan: ese chico era mucho más que un producto.
Era una voz, un genio a punto de explotar.

Bob Dylan - Tangled Up In Blue

Celebrando los 70 años de Bob Dylan

"No haría la mitad de las cosas que hago si tuviera que ponerme a la altura del mito Dylan". Bob Dylan en una entrevista con el reportero Toby Creswell en Rolling Stone en 1986..
El 24 de mayo de 1941 nació en Duluth, Minnesota, Robert Allen Zimmerman, másconocido como Bob Dylan .
 Desde entonces, los 70 años que han transcurrido hasta hoy han servido para alumbrar y consolidar al que seguramente es el músico más influyente de Estados Unidos.
Premio Pulitzer y Príncipe de Asturias de las Artes, Dylan es, al menos, el genio que ha guiado buena parte del rumbo sonoro del autor esta ruta norteamericana en sus años de existencia.
Un faro que ha arrojado luz en la oscuridad, unos acordes que han servido de trampolín sentimental y una lírica que ha inspirado algunos de los sueños más fugaces e inmortales en el inevitable tránsito de los años.




y todo tiene un significado, locura y lógica en un mismo jardín mientras hay un constante juego de palabras.



Me fasciné una vez en plena adolescencia, y después han sido tantas, con tanta sensación de magnitud y velocidad emocional, que han servido para considerar a Bob Dylan el hombre que ha ido señalando con el dedo, para bien o para mal, el camino a seguir. Situado en un olimpo particular, a pesar de sus errores, altibajos y el fanatismo que rodea su obra en algunos círculos musicales y que a veces roza el peligro público, Dylan es Dylan.
El músico que nadie conoce y todos estudian y observan.
 El músico que ya pasó por allí. Síguele el rastro. Y, si das con él, confiésale que llevas toda la vida despertándote con <>, enséñale la lista de los 2.500 conciertos suyos a los que has asistido o dile simplemente que quemaste sus discos después de tocar para el Papa y te afiliasteal sindicato del crimen por su culpa, y te dirá: “Astronauta”.



No es nada nuevo: hay tantos Dylan como fieles y detractores.
 Un sinfín de unos y otros. Sin importar el bando, aunque me asocio con los primeros por razones de mantener mi paso, lo más fascinante en este músico que huyó de Hibbing, la localidad donde creció, para ir a Nueva York y huyó de Nueva York, su Ítaca, para refugiarse en Nashville, y así una detrás de otra, es su auténtica estrategia de supervivencia.
Es la supervivencia del poeta. Y se llama ambigüedad.






En todos sus discos he encontrado motivos para amar la música, en todas sus etapas he fabulado con novelas de aventuras y redención y en todas sus entrevistas he dado con una persona que está muy por encima del músico medio.
Pero, casualidad o no, conocía Dylan con Highway 61 Revisited y eso marca como saltar en paracaídas en mitad de una lluvia de perseidas. Me hizo creer en la luna. En 1965, él, que había calzado una gorra y creyó ser la nueva reencarnación del espíritu del folk rural que viajaba de costa a costa de Estados Unidos a través de Woody Guthrie, Pete Seeger, Cisco Hudson o Ramblin’ Jack Elliot, estaba reescribiendo las letras de la música popular.
Y a mí, décadas después, me volaba la cabeza. Eran los riffs del órgano Hammond, esa guitarra eléctrica tocada a contrapie, las panderetas y armónica locas y la voz esquiva de Dylan.
Era el bing-bang en mis oídos.



Todavía hoy sigo descubriendo y redescubriendo a Dylan.
 Un amigo me dijo hace mucho que, a medida que creces, Dylan te llega con más fuerza y se instala con cimientos más fuertes.
 Es bueno saberlo para alguien que ha disfrutado mucho de sus últimos discos (quitando ese navideño), aún no siendo tan trascendentales como su etapa clásica. Y poco me importa el debate sobre su voz y su puesta en escena.
 Hoy en día, es todo movimiento. A su edad y en época de vacas flacas, muestra un propósito artístico digno de admiración.



Hermético e ingenioso, Dylan ha sido comparado con Picasso o Einstein por su aportación a desentrañar el universo humano.
Seguramente, sea ir demasiado lejos, o tal vez no. Es innegable que su obra es ambiciosa y ofrece grandes momentos de gloria en sus respectivos contextos sociales.
 Uno de sus discípulos más reconocidos, Bruce Springsteen, aseguró un día que "si Elvis liberaba tu cuerpo, Dylan liberaba tu mente".
 Y en el camino a esa liberación, Dylan siempre ofreció el mejor rumbo.

23 may 2011

El vuelo del tren

Título original: El vuelo del tren

Director: Paco Torres

Guionista: Paco Torres

Reparto: Patricia García Méndez, Miriam García, Juan Motilla, Julio Jordán, Juan Martín, Viviane Araújo, María Alfonsa Rosso, Yailene Sierra, Carla Antonelli, Marián Araújo, Alba Gárate, Amancio Cebrero...

Fecha Estreno: 29/04/2011

País: España

Género: Drama
80 min.
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El vuelo del tren

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Título original: El vuelo del tren

Director: Paco Torres

Guionista: Paco Torres

Reparto: Patricia García Méndez, Miriam García, Juan Motilla, Julio Jordán, Juan Martín, Viviane Araújo, María Alfonsa Rosso, Yailene Sierra, Carla Antonelli, Marián Araújo, Alba Gárate, Amancio Cebrero...

Fecha Estreno: 29/04/2011

País: España

Género: Drama
80 min.

Sinopsis







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Cuando le comunican a Blanca, una madre soltera, que su hija ha recaído en la leucemia y tiene que volver al hospital para seguir un tratamiento intensivo de curación, ella se da cuenta que debe entregarse en cuerpo y alma a su hija, para apoyarla en la lucha contra la enfermedad. Una lucha, que llevará a madre e hija a un acercamiento compartido, donde Blanca descubre la forma de ayudar a su hija aprendiendo de los pequeños detalles, de la gente que sufre en la calle, averiguando que las cosas son lo que uno quiere que sean, convirtiendo la fragilidad en fuerza, y la adversidad y el dolor en esperanza.