Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

20 may 2011

“Midnight in Paris”,

“Midnight in Paris”, de Woody Allen, nos cuenta la historia de una familia que viaja a la capital francesa por asuntos de negocios, incluyendo entre ellos a una joven pareja que está prometida, y cuyas vidas cambian gracias a este viaje.
La cinta aborda la idea que tiene la gente de que una existencia distinta a la suya quizás podría ser mejor.

Esnobismo 2.0

"Evite el trato con gente esnob", escribió Alain de Botton en su ensayo Status anxiety, donde defendía que el esnobismo es uno de los cinco motivos de angustia por elevar nuestra posición en la escala social. La RAE define al esnob como aquel que "imita con afectación las maneras, opiniones, etcétera, de quienes considera distinguidos". En la actualidad podría añadírsele un elemento de exhibición y firme creencia de que su audiencia está formada por ignorantes. La beligerancia ha eliminado hoy todo factor entrañable, y el anonimato de la Red, su elaborada estética, atractiva a pesar de disimular cierta falta de ética.




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Favorecida por Internet, una generación de expertos nos aterroriza desde blogs, foros o, con la llegada del iPhone, incluso en restaurantes. "Las cosas han ido muy rápido. Evoluciones que llevaban siglos se acometen hoy en cinco años. Eso nos ha convertido en replicantes. Hacemos cosas sin saber por qué. La tecnología nos hace perder el tiempo en vez de ganar libertad. Exhibimos el iPhone en la mesa para mandar mensajes, pero es igual lo que se diga", recuerda Fernando Rius, director de Area Comunicación Global y firme apóstata de un cambio de paradigma mediante el cual el "esnob pase a ser aquel que no hace alarde de nada y no el que se compra el iPad 2 antes de aprender a usar el 1".



El modista Karl Lagerfeld asegura, en cambio, que el nuevo esnobismo es "poder comprar piezas de diseñador a precios baratos", en referencia a su colección para la cadena Macy's. Otra máxima filosófica aplicada a algo tan prosaico como vender trapos. Sea como fuere, el esnob posee actualmente infinitas opciones de representación. Pero donde antes, en determinados cenáculos, podía gozar de cierto estatus, hoy parece otro pringado.



Si nos atenemos a la definición de las razones ulteriores que lo motivan apuntada por Mikel Iturriaga, periodista especializado en gastronomía y autor del blog El comidista, el esnob 2.0, experto y con tendencia a responder aun cuando nadie ha preguntado, es el fruto de "una sociedad que por un lado te vende como modelo a la gente que triunfa, pero por otro te da muy pocas posibilidades de hacerlo en tu trabajo o en tu día a día normal. Supongo que sentirte experto en algo alivia las frustraciones derivadas de esa situación". Igual ha sido siempre así, solo que sin iPhone.



LA DICTADURA DEL 'FOODIE'



La cocina es, junto a la tele, el nuevo juguete preferido del esnob.
Hoy sabe mucho de la cocina contemporánea y muy poco de la tradicional, que piensa que es cosa de marujas.



"El esnob gastronómico idolatra a los superchefs, aunque no haya pisado en su vida sus restaurantes, y pontifica sobre lo que mola como si fuera su ayudante de cocina.
Lo sabe todo de los ingredientes más extraños.
Y siempre conoce una variedad mejor de cualquier clase de ingrediente que le menciones". Así define Mikel Iturriaga el perfil que ha logrado convertir un pecado capital, la gula, en forma de arte.
 Combina sin pudor el ensalzamiento de los restaurantes de los grandes chefs con la glorificación de los más abyectos e insalubres puestos de comida callejera en Vietnam o Mongolia.
Santifica el movimiento slow food y, gracias a la preeminencia de medios y expertos que publican sobre sus virtudes, uno podría llegar a pensar que es una asociación que cuenta con muchos más de los 20.000 adscritos que posee.
En narrativa musical a esto se lo llama hype. "Se han introducido el prestigio y el estatus en las decisiones gastronómicas.
 Comer corazones de pollo es correcto, almorzar en una franquicia es vulgar", apunta Shyon Baumann, sociólogo de la Universidad de Toronto y estudioso de los foodies, tribu de obsesos de la gastronomía que aún no sabemos si son entes democratizadores, simples glotones o la peor raza de esnobs.



MELÓMANOS Y 'HIPSTERS'



El neofundamentalista musical ya no tiene pinta de perdedor. Liga, viste a la última y considera que cualquier grupo ensalzado por la prensa británica es un mero hype.





"La red ha convertido el esnobismo musical en algo demasiado fácil. Cualquier pringado de 13 años puede comprarse un siete pulgadas de Slowdive en eBay. Las tiendas de discos que glorificaban son ahora Starbucks, y hasta el aspecto del esnob indie ha cambiado: antes lucía pinta de nerd, ahora es un puto hipster", dice el escritor y periodista Ryan McKee. Que estos tipos ahora liguen se antoja la afrenta definitiva. El esnob es hoy ese tipo desconectado de la realidad que necesita exagerarla para que sus comentarios no se pierdan. Si una web hace un listado de nuevas cantantes sin disco, el esnob dirá que "llegan tarde". Cualquier grupo ensalzado por la prensa británica es un hype, aunque en su última visita a España actuara solo para dos camareras. Aparece algo sublime cada semana, y la deserción del bajista de aquel combo que vendió 50 copias es calificada de escándalo. El esnob tiene su némesis en el especialista viejuno, que desprecia al joven periodista que osa nombrar a los Beatles "cuando jamás los vio en directo". "Dejé de discutir sobre jóvenes y música en los noventa, cuando descubrí que no les interesaba nada anterior a Nirvana, aunque conocieran a todas las bandas que actuaban en los bares de mala muerte de la ciudad", apunta Glenn Boyd, editor de Blogcritic, autor del libro Neil Young: FAQ y esnob confeso.



EL LIBRILLO DEL TECNOADICTO



Uno de los supuestos avances que más prometen cambiar nuestro modo de aproximarnos a la producción cultural parece ser el libro electrónico. Pero esconde inquietantes paradojas.



El artículo "Con un Kindle, ¿puedes saber si es Proust?", de The New York Times, abundaba en la paradoja tecnológica ante la que se halla el esnob literario. Por una parte, tener un Kindle es hoy símbolo de cierto estatus y suficiente interés por la lectura como para adquirir un producto que puede almacenar 1.500 libros. Leerlos ya es otra cosa, aunque no muy distinta del viejo hábito de adquirirlos en función del lomo que pegue con el color de las cortinas. Por otra parte, con el libro electrónico nadie sabe exactamente qué estamos leyendo. Pasear una edición de Thomas Pynchon no es lo mismo que llevar una de Ken Follet. El esnob que espiaba las lecturas ajenas se ha esfumado ante el anonimato tecnológico del e-book, acaso el único avance en este terreno que, en vez de favorecer la exhibición de nuestra vida hasta el punto de convertirla en mero relato biográfico, la oculta. ¿Tecnología y esnobs y no comentan nada ustedes sobre Apple? Cierto. Ahí va: "A todos los que tenéis iPhone: solo lo habéis comprado, no lo habéis inventado" (Marcus Brigstocke, cómico y ecritor).



"EL MEJOR CINE ESTÁ EN TV"



¿Qué ha pasado para que, 10 años atrás, el verdadero esnob fuera el que no veía la tele "porque era alienante" y ahora sea el que puede recitar de memoria los diálogos de The Wire?





El mejor cine se encuentra en la televisión, reza el nuevo tópico.
"Hemos sustituido al tipo que no tenía televisión en casa porque era 'una mierda' por el que dice ver solo lo que le interesa", afirma Pepe Colubi.
 "Es otra forma de esnobismo, más acorde con la revolución tecnológica. Ahora se ve la tele por Internet y se afirma ser un sibarita de la selección.
A mí, en cambio, me sigue pareciendo más divertido e interesante el zapping". Y es que el método de ensayo y error es ajeno al esnob, pues él jamás prueba nada porque "ya lo conocía antes" y jamás falla en nada porque fallar es de mediocres.
En nuestro país, gracias a la ínfima calidad de nuestras series -Crematorio aparte, dicen los sabios y asienten con cierta reticencia los esnobs-, se ha abierto una brecha enorme entre los fans de Cuéntame y quienes recitan los diálogos de The Wire.
 "No creo que el formato de las series esté hecho para verlas en maratones.
Y si Los Soprano fuera una película, sería otra cosa, ni mejor ni peor", afirma este periodista experto en TV.
Ante la masificación de seguidores de series tipo The Wire o Mad men, Colubi ofrece una salida al esnob: "Como ha bajado el nivel, lo mejor será apelar a aquello de 'en el año 2000 se hacían mejores series'.
Yo abogo por el retorno de la sitcom.
 Lo veo difícil. Es un formato muy poco esnob".

Día de machos en Cannes

Se esperaba, y mucho, la nueva película de Paolo Sorrentino, el director italiano responsable de una obra maestra, Las consecuencias del amor, y de un gran filme algo caricaturesco, Il divo. Se esperaba menos, y tal vez injustamente, el del danés Nicolas Windin Refn, responsable de la trilogía Pusher y de Valhalla rising, cuatro férreas obras. El primero está cada vez más barroco y, a la vez, la historia se hace más y más liviana a lo largo del metraje de This must be the place, la historia de una estrella del rock -físicamente igual que Robert Smith, cantante de The Cure- llamada Cheyenne y que vuelve a Estados Unidos desde su casa en Dublín para rematar una labor que su padre deja a mitad al fallecer: encontrar a un nazi, anciano criminal de guerra. A Cheyenne le da vida Sean Penn de forma desmadejada y alelada, con una teórica desgana acorde con su personaje.




La broma filonazi le sale cara a Lars von Trier

Cannes aplaude la 'mutación' de Almodóvar hacia el horror

Sean Penn



A FONDO

Nacimiento: 17-08-1960Lugar:BurbankLa noticia en otros webs

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Debe durarle, porque la rueda de prensa no ha dado mucho de sí. No quiso responder nada sobre El árbol de la vida, la otra película en la que participa en este Cannes y a cuya rueda de prensa no acudió. Sí han comentado Sorrentino -que dirige su primera película en inglés y fuera de la Europa continental- y Penn que se conocieron en la foto de familia final de Cannes de 2008, cuando Il divo obtuvo el premio del Jurado... que presidía Penn. "Me impresiona mucho cómo trabaja Paolo, porque no te deja al libre albedrío, sino que tiene las ideas muy, muy precisas sobre cada uno de los personajes, y eso solo lo poseen los maestros del cine. Si sirve la comparativa, él tocaba el piano, yo solo era el chaval que pasaba las hojas de la partitura".



Penn se escabulló no solo de cuestiones sobre Malick o sobre alguna frase maliciosa del guion, sino que lidió una pregunta sobre Scarlett Johansson, su actual pareja. Sorrentino, en cambio, respondió a todo -tampoco guarda ningún secreto grande que sepamos- y aseguró que rodar en Estados Unidos ha sido facilísimo: "Fuimos como niños a filmar en el nuevo mundo". Su protagonista añadió: "Da igual dónde ruede, porque es un grande. No es una casualidad que sus películas sean tan premiadas en los festivales, donde los jurados son multiculturales". Y a comer. La obra de Sorrentino es mucho peor sin Toni Servillo.



Buen sabor de boca



En cambio, Drive ha dejado muy buen sabor de boca. Al parlanchín Nicolas Winding Refn le habían caído varios marrones: es el otro director europeo emigrado a EE UU de la jornada, es el otro director danés a concurso, y es el único realizador que en Cannes aparece con un filme de acción.
 Su Drive, dura, seca, violenta, con innegables referencias a Abel Ferrara, es según su creador un filme pop con nostalgia de la mitología de coches y chicas.
Efectivamente, todo el rato se oyen canciones pop -no hay rock, "para no caer en el cliché"-, los títulos de crédito son en rosa fosforito, y su protagonista apenas habla, como el Delon de El samurái de Melville.
 Ryan Gosling da vida a un excepcional conductor que se gana la vida en Los Ángeles de día como especialista en películas y de noche conduciendo en la huida de atracos. Casi no habla, y su mundo se resquebraja a la vez cuando su jefe en un taller se mete en ciertos tejemanejes para conseguir un coche competitivo en carreras, y él se enamore de su vecina, casada [Carey Mulligan] y con un hijo pequeño, que espera que en pocos días salga su marido de la cárcel.



"Cuando me buscaron para el proyecto, me mudé a una casa en Los Ángeles con piscina, donde desayunaba zumo de naranja mirando al cartel de Hollywood.
Ahí sí que había mitología", contaba Winding, que ha hablado por los codos con la prensa. A su lado, a Ryan Gosling no le ha dejado casi meter baza, aunque ha podido contar cómo fue su primer encuentro. "Nuestros representantes nos montaron una cena, una cita a ciegas.
 Yo había visto los Pusher y le quería a él de director. Estuvimos dos horas juntos y hablamos de todo menos de la película. No fue muy bien. A la salida, Nicolas me pidió que le llevara a casa porque no estaba bien. Tenía gripe, se había medicado con fármacos estadounidenses, que son muy fuertes, y se movía como un robot. Montamos en el coche, encendí la radio, sonó I can't fight this feeling anymore y Nicolas empezó a tatarearla, mientras me decía que esta película es sobre un hombre que conduce por Los Ángeles oyendo canciones pop. En ese instante supe que era nuestro director".



Winding habla de reuniones en su casa angelina mejorando el guion, de rodajes diurnos conduciendo sin parar y visionados nocturnos de cine y más paseos en coche en la oscuridad, sobre quién es el hombre y la mujer en una relación director-actor, sobre lo inaceptable del comentario de Lars von Trier, y acaba asegurando que este filme pertenece al género neonnoir, por su aire de thriller violento y las luces de Los Ángeles. Gosling aclara: "Me gustan las referencias a Steve McQueen porque me gusta pensar en ser duro, pero no macho, ya que empieza una relación con una madre con hijo".
Winding también la ve acertada: "Es que ocurrió como en Bullit, que McQueen rodó porque quería trabajar y traerse a Hollywood a Peter Yates. Gosling vino a por mí", contó antes de confesar que Drive es un mezcla de 16 velas y la historia de un psicópata... "sin ser el conductor un enfermo mental".
Curiosa mezcla para un danés que nombra a La matanza de Tejas como su película favorita.

19 may 2011

Somos MARUJA TORRES

De la indignación a la reacción. De unos cientos a unos miles. De unos miles a muchos miles. Espera y verás. El Roto, como siempre, fue quien mejor resumió la nueva situación. ¿Basta con observarla? ¿Con tachar de manipulado al movimiento 15-M, que pide democracia real porque la que tenemos no solo no llena sus necesidades, sino que se ha vaciado de valores?






Pocos días antes de las elecciones, y los candidatos con estos pelos. Me alegro de que la sacudida se produzca. Claro que el domingo, si el resultado sitúa a la derecha al mando, como anuncian las encuestas, y a las puertas del Gobierno de la nación, claro que en ese caso, repito, la culpa será de estos Indignados con Causa y a menudo sin casa, como reza uno de los inteligentes carteles que han esgrimido. De fabricación casera: ¿eso no sugiere nada? Por todos los demonios, qué alivio.



¿La culpa será suya, por plantear ahora sus problemas? ¿Ninguna responsabilidad para un sistema en el que se distingue al bueno del malo contando cuál de los dos partidos que cortan el bacalao lleva más corruptos en las listas?



¿Ni para los medios que también hemos partido el país en dos? ¿Ni para los ciudadanos que tragan con lo que les echen, y los que hacen trampas para no estar en las mesas electorales?



¿Ningún castigo para los indiferentes?



El movimiento 15-M puede crecer, tiene que crecer. Motivos no le faltan, objetivos los encontrará. Canalizará su rabia, como dijo que están haciendo uno de los manifestantes, al que escuché por la radio.



Adelante, a por los sueños, tal como explicó Cristina en la Radio Pública, dándonos a todos la lección de su dignidad, la que aprendió de sus abuelos y sus padres.



Ellos somos nosotros.



Si no entendemos eso, es que no entendemos nada.