Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

19 may 2011

Al final de la luna de miel

¿Por qué la gente sueña con un amor de película si solo dura dos horas? La pregunta es uno de esos aforismos anónimos que circula por Internet y que te pone en situación de imaginar ese fondo cáustico que conlleva una mala ruptura con la pareja y que en ocasiones es un tránsito de la pasión más arrebatada al odio más refinado. Le puede pasar a cualquiera.




Los protagonistas de la historia no son famosos sino personas como usted o como yo, por lo que revelar su identidad solo añadiría sufrimiento.






Imagine que tiene problemas con su pareja y que esta está en tratamiento psicológico (el que se trate de hombre o mujer es indiferente, porque hay casos para todos los gustos). Usted, que en este caso es varón, acude una vez a charlar con la psicóloga para tratar de mejorar la relación, pero finalmente el matrimonio se rompe. n la vista sobre medidas provisionales, en la que se decide la guardia y custodia de sus tres hijos, así como el régimen de visitas, la psicóloga presenta, a instancias de su esposa, un informe relativo a su estado psicológico, pero en el que incluye como conclusión que es usted el que padece graves enfermedades mentales, aunque no especifica cuáles, y precisa que es arriesgado y peligroso para su esposa y para sus hijos establecer cualquier tipo de relación con usted por el riesgo físico y psicológico que supone para ellos, ya que usted no está capacitado para ejercer como padre, por lo que recomienda que se atribuya a la madre la guarda y custodia, que no le concedan régimen de visitas y que se decrete una orden de alejamiento contra usted en prevención de riesgos.





El informe, que fue realizado sin que la psicóloga le hubiera examinado con ese fin, fue empleado como informe pericial de parte. Los peritos de parte son esos profesionales —médicos, psicólogos, economistas, químicos, etc.— que comparecen ante el tribunal como expertos a propuesta de una de las partes y que resaltan en su informe aquellos aspectos favorables a quien les ha propuesto y tratan de desacreditar los que les perjudican, en ocasiones deformando la verdad. Se supone que son imparciales, pero nunca lo son y tampoco nunca a ninguno de ellos le ha pasado nada, salvo quizá una momentánea reprobación verbal, por no serlo.



El caso es que la psicóloga no aportó ni un solo dato objetivo en los que supuestamente se había basado para obtener tan drásticas conclusiones. Aunque el tribunal asegura que no hay relación de causa-efecto con que la guarda y custodia se otorgara a la madre y con el limitado régimen de visitas concedido, es evidente que alguna importancia tuvo. Imagine cómo se hubiera sentido.



No sé lo que usted hubiera hecho, pero el protagonista de la historia presentó una demanda contra la psicóloga por intromisión ilegítima en su honor.



El juez de Barcelona al que correspondió el caso dijo que no había ninguna noticia de que el marido hubiera tenido un comportamiento excesivo, ni de que hubiera recibido tratamiento psíquico que “permitiera valorar la mera posibilidad de que conclusiones tan duras se ajustaran a la realidad”. Y tras multar a la psicóloga con 3.000 euros, señaló que las expresiones que había incluido en el informe respecto al marido “no estaban justificadas por el ejercicio de su labor”.



La Audiencia de Barcelona, a la que correspondió el recurso, señaló que si la psicóloga apreció una posible enfermedad en el esposo, nunca debió comunicarla a su paciente como una conclusión médica y menos cuando ni siquiera le había examinado a esos efectos. Y tras calificar el comportamiento de la psicóloga como “injustificado” y “conducta prohibida”, también confirmó la condena de 3.000 euros por daños y perjuicios.



Ahora la Sala Civil del Tribunal Supremo ha anulado la multa por entender que prevalece la libertad de expresión de la psicóloga frente al derecho al honor del marido. Señala que la sentencia de Barcelona no hace especial hincapié en que los hechos no eran verdad, sino en el carácter innecesario e injustificado de un diagnóstico de una persona que no era paciente suya. Y agrega que no se ha demostrado que el dictamen incurriera en exceso.



Aprecian cómo a los peritos de parte nunca les pasa nada.



Decía con ironía el escritor catalán Noel Clarasó: “Indudablemente la época más feliz del matrimonio es la luna de miel; lo malo es que para repetirla, han de suceder cosas muy desagradables”.

El derecho del amo y el alipori

¿Sabe usted lo que significa lípori? Probablemente no, porque es un término acuñado por Eugenio D’Ors y que como tal no figura en la actualidad en el diccionario de la Real Academia Española, aunque todavía se utiliza. Para acabar de arreglarlo, la grafía tampoco es pacífica entre los escritores: Julián Marías usaba el término sin tilde, lipori; Rafael García Serrano, con ella, lípori; Leonardo Padura, como si fuera plural aunque en singular, líporis, mientras que Luis Martín Santos y Jaime Gil de Biedma, con una a delante y sin tilde, alipori, que es la forma que finalmente ha acabado aceptando la RAE.




En todos los casos, el significado es el mismo: vergüenza ajena.



Hace una semana, el presidente estadounidense Barack Obama anunciaba públicamente la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en una operación de sus fuerzas especiales llevada a cabo en una mansión de Abbottabad (Pakistán). A pesar de lo confuso y a veces contradictorio de las informaciones proporcionadas por los norteamericanos sobre este asunto, el jefe de la CIA y el portavoz de la Casa Blanca reconocían que el objetivo de la operación era eliminar al terrorista, nunca capturarlo para juzgarlo por sus crímenes de acuerdo con las leyes. Tanto es así, que se barajó la opción de bombardear el lugar, pero se desestimó, no por las víctimas inocentes que semejante ataque indiscriminado pudiera causar o porque se trataba de territorio urbano en un país amigo, sino por la dificultad de asegurar el resultado.



Se ha llegado a decir que la pista que llevó hasta Bin Laden la proporcionó un preso de Guantánamo que había sido torturado por el método de la bañera, o ahogamientos simulados. Ya perdonarán que dude de que alguien capturado en 2001 conozca 10 años después el paradero del tipo más buscado del mundo, y que las torturas aplicadas ahora hayan sido más efectivas que las de entonces. Parece más bien que esta admisión de procedimientos que Obama había prometido desterrar es la forma que han escogido para proteger y enmascarar a la persona que les facilitó la pista.



No obstante, el fiscal general de EE UU, Eric Holder, se ha apresurado a defender la legalidad de la operación, calificando las acciones de “legales, legítimas y adecuadas”.



Las felicitaciones de los países de occidente, incluido el Gobierno español, así como del Consejo de Seguridad de la ONU, a los estadounidenses por el éxito de la misión han sido exultantes.



Sin embargo, desde el punto de vista de la legalidad y el Estado de Derecho, la muerte de Bin Laden ha sido un asesinato, una ejecución extrajudicial. Es evidente que el comando que efectuó la operación pudo haber capturado al terrorista, que estaba desarmado, para juzgarlo en Estados Unidos, pero esa opción no estaba en el programa.



Bin Laden, como líder de Al Qaeda y sus franquicias, fue el inspirador de los más graves atentados terroristas de la historia, como los de las Torres Gemelas, Madrid, Londres, Bali o las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania. Un ser abyecto, responsable de miles de crímenes, pero que —no por él, sino por los estados democráticos que se rigen por las leyes— debería de haber sido conducido ante la justicia.



¿Se imaginan al presidente del Gobierno español ordenando a los Geos una operación para eliminar, por ejemplo, en Marruecos, a Daoud Ouhnane, uno de los huidos del 11-M cuyas huellas acreditan que fue uno de los que transportó las bombas a los trenes de cercanías de Madrid? ¿O al fiscal del Estado en el momento de declarar legal la operación y de reconocer que la información se obtuvo mediante torturas a un preso?



¿O algo menos grave, como el secuestro en Francia del etarra Antonio Troitiño para que acabe de cumplir condena o el de Josu Ternera para ser juzgado por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza? Aunque en algún caso pueda exista la tentación, es evidente que en España se impone el cumplimiento de la ley.



Eso mismo que no ocurrió con la operación de Bin Laden, en la que en ningún momento se trató de hacer justicia sino de escenificar una venganza, de aplicar el derecho del amo. Porque solo los amos del mundo se pueden permitir el lujo de vengarse, de saltarse la ley a la torera, aunque sea para asesinar al mayor terrorista del milenio.



Los que creemos en las leyes y el Estado de Derecho sentimos alipori.

En España, Strauss-Kahn estaría libre

Si el caso del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn hubiera ocurrido en España, muy probablemente no hubiera ingresado en una prisión de alta seguridad, como la de Rikers Island, en Nueva York, ni estaría en una celda de aislamiento de 12 metros cuadrados.




Los jueces españoles, casi con seguridad, le hubieran dejado en libertad y le hubieran impuesto una fianza por considerar que no había riesgo de fuga –tras el incidente, DSK se fue a comer con su hija y luego al aeropuerto, donde pretendía volar a París en un vuelo de Air France cuyo billete había sido comprado hace meses-. Tampoco parece que hubiera peligro de que pudiera ocultar o destruir datos útiles para la investigación, puesto que la considerada escena del crimen –la suite de lujo 2806 del Sofitel de hasta 3.000 dólares la noche- está precintada y él no tiene acceso a la misma.



Una posible reiteración del delito también parece descartada, por lo que la adopción de medidas cautelares extremas para prevenirla parece innecesaria. Lo único que hubiera aconsejado la prisión preventiva sería la gravedad de los hechos: un intento de violación (siete cargos en Estados Unidos). La agresión sexual consistente en acceso carnal está castigada en España con una pena de entre 6 y 12 años, que tendería al límite inferior al no haberse consumado.



Y todo ello, teniendo presente que el líder socialista francés, que hasta hace unos días se perfilaba como el más firme candidato al Elíseo y tras su pública detención ha padecido la muerte política, goza de la presunción de inocencia, independientemente de que usted se crea la versión ofrecida por la camarera, la del propio Strauss-Kahn o incluso si cree que pudo ser objeto de un compló de sus adversarios políticos.



Si hubiera ocurrido en España, seguramente estaría libre, pero los estadounidenses, en este caso, han demostrado que no siempre es cierto el proverbio chino que dice: ”Cuando el dinero habla, la verdad calla”.


Venía a saludarme, absorta,

y a descansar sobre el reino de mi mano,

que ansiaba retener para siempre

su belleza cercada por el aire.

Subía batiendo ligeras sus alas

al altozano de mis cabellos

oliendo los aromas de la menta

y adivinando de qué eran los retazos

con los que me habían formado.

Me encontró en aquel lugar de olvido,

de surcos que se cruzan enredados

sin poder nunca encontrarse,

de adioses presentidos,

de reencuentros no certificados

y de desfiguración de la nostalgia,

que todo lo difumina, y lo trastoca,

y lo disfraza para que no duela tanto

lo que otros dieron por llamar amor.

Adivinó que la soledad era mi patria,

pero no me lo denegó en la distancia,

y del mismo modo que me ofreció tanto,

algo inexplicable e irrepetible,

único, perpétuo, como si me esperara

para vivir lo que yo viviera,

yo a cambio no le pude dar nada

salvo un puente hecho de papeles,

de correos abiertos, de carácteres,

de líneas escritas y mariposas blancas.

En eso me quedé, en un beneficiado recuerdo,

en un desconocido cuerpo,

en una figura sinuosas,

en un inofensivo beso

lleno de osadía vacía,

de una interpretación de mí mismo.

Mientras, ella, gravitaba en círculos

sobre el horizonte extraño

una danza reiterada mil veces

repletas de virajes imprevisibles,

explorando con talante curioso

el puente que yo mismo desmoroné

sobre las aguas que bañaban sus piés,

y guardando entre sus alas

las palabras que llenaban mi escritura

como compañeras de travesía,

como indicios de la dirección a tomar,

como oscuridades del pasadizo interminable

en el que convertí aquel puente,

como hechos evocadores

de lo que la unió a un mundo imposible

y a lo que no podía suceder.

Ella pasa ahora de largo volando,

como la vida pasa y no se detiene,

corazón de poema, razones,

búsqueda, y el placer de saber

que como ella, la memoria se muda,

atenta y conmovida, frágil,

alertada por las sombras y las luces

de cuanto a nuestro alrededor acontece,

por el desengaño, el olvido, el amor...,

y de lo que ha de llegar por amor...