Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

19 may 2011

En España, Strauss-Kahn estaría libre

Si el caso del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn hubiera ocurrido en España, muy probablemente no hubiera ingresado en una prisión de alta seguridad, como la de Rikers Island, en Nueva York, ni estaría en una celda de aislamiento de 12 metros cuadrados.




Los jueces españoles, casi con seguridad, le hubieran dejado en libertad y le hubieran impuesto una fianza por considerar que no había riesgo de fuga –tras el incidente, DSK se fue a comer con su hija y luego al aeropuerto, donde pretendía volar a París en un vuelo de Air France cuyo billete había sido comprado hace meses-. Tampoco parece que hubiera peligro de que pudiera ocultar o destruir datos útiles para la investigación, puesto que la considerada escena del crimen –la suite de lujo 2806 del Sofitel de hasta 3.000 dólares la noche- está precintada y él no tiene acceso a la misma.



Una posible reiteración del delito también parece descartada, por lo que la adopción de medidas cautelares extremas para prevenirla parece innecesaria. Lo único que hubiera aconsejado la prisión preventiva sería la gravedad de los hechos: un intento de violación (siete cargos en Estados Unidos). La agresión sexual consistente en acceso carnal está castigada en España con una pena de entre 6 y 12 años, que tendería al límite inferior al no haberse consumado.



Y todo ello, teniendo presente que el líder socialista francés, que hasta hace unos días se perfilaba como el más firme candidato al Elíseo y tras su pública detención ha padecido la muerte política, goza de la presunción de inocencia, independientemente de que usted se crea la versión ofrecida por la camarera, la del propio Strauss-Kahn o incluso si cree que pudo ser objeto de un compló de sus adversarios políticos.



Si hubiera ocurrido en España, seguramente estaría libre, pero los estadounidenses, en este caso, han demostrado que no siempre es cierto el proverbio chino que dice: ”Cuando el dinero habla, la verdad calla”.


Venía a saludarme, absorta,

y a descansar sobre el reino de mi mano,

que ansiaba retener para siempre

su belleza cercada por el aire.

Subía batiendo ligeras sus alas

al altozano de mis cabellos

oliendo los aromas de la menta

y adivinando de qué eran los retazos

con los que me habían formado.

Me encontró en aquel lugar de olvido,

de surcos que se cruzan enredados

sin poder nunca encontrarse,

de adioses presentidos,

de reencuentros no certificados

y de desfiguración de la nostalgia,

que todo lo difumina, y lo trastoca,

y lo disfraza para que no duela tanto

lo que otros dieron por llamar amor.

Adivinó que la soledad era mi patria,

pero no me lo denegó en la distancia,

y del mismo modo que me ofreció tanto,

algo inexplicable e irrepetible,

único, perpétuo, como si me esperara

para vivir lo que yo viviera,

yo a cambio no le pude dar nada

salvo un puente hecho de papeles,

de correos abiertos, de carácteres,

de líneas escritas y mariposas blancas.

En eso me quedé, en un beneficiado recuerdo,

en un desconocido cuerpo,

en una figura sinuosas,

en un inofensivo beso

lleno de osadía vacía,

de una interpretación de mí mismo.

Mientras, ella, gravitaba en círculos

sobre el horizonte extraño

una danza reiterada mil veces

repletas de virajes imprevisibles,

explorando con talante curioso

el puente que yo mismo desmoroné

sobre las aguas que bañaban sus piés,

y guardando entre sus alas

las palabras que llenaban mi escritura

como compañeras de travesía,

como indicios de la dirección a tomar,

como oscuridades del pasadizo interminable

en el que convertí aquel puente,

como hechos evocadores

de lo que la unió a un mundo imposible

y a lo que no podía suceder.

Ella pasa ahora de largo volando,

como la vida pasa y no se detiene,

corazón de poema, razones,

búsqueda, y el placer de saber

que como ella, la memoria se muda,

atenta y conmovida, frágil,

alertada por las sombras y las luces

de cuanto a nuestro alrededor acontece,

por el desengaño, el olvido, el amor...,

y de lo que ha de llegar por amor...


Tronos . DAVID TRUEBA

El comentario definitivo al género del peplum lo realizó Groucho Marx cuando en una carta afirmó que Sansón y Dalila, protagonizada por Victor Mature y Hedy Lamarr, era la primera película que había visto donde el actor tenía pechos más grandes que la actriz. El género no ha muerto y la televisión lanza series de época, que a ratos parecen una clase de historia explicada durante la fiesta fin de curso. Juego de tronos llega publicitada como la sensación del año. Adaptación de la novela serializada de George R. R. Martin, ha merecido críticas demoledoras de medios como The New York Times. En la prestigiosa revista Slate, la crítica llevaba el título de Mierda cuasi medieval de fantasía con dragones. Aunque el autor explicaba que no se refería tanto a la calidad de la serie como a su género.




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Inmediatamente se ha desatado la guerra por la consideración que merece la literatura fantástica. No sé si la batalla del prestigio merece tantas espadas desenfundadas, cuando hoy la audiencia y la propaganda son la única variable que rige el gusto. De todas formas, bienvenida sea la pelea. La base literaria de la serie es el epicentro de la polémica, como lo fue aquel desplante de Harold Bloom al cargarse los libros de Harry Potter tildándolos de mala literatura o la eterna trifulca entre fieles y escépticos de El señor de los anillos.



Los dos primeros episodios de la primera temporada de Juego de tronos están tan condimentados de lo que hace rentable una hora de televisión, que para unos es un fenómeno adictivo y para otros una banalidad con trascendencia de época.
 Para sus críticos, el sexo es de fantasía Playboy, con el pene como bastión de un poder letal, siempre invisible, frente a los bien presentes culos y tetas femeninos.
En este caso no se cuela tanta silicona, todo un detalle de rigor en la ambientación.
La apuesta satisface a degüello al amante de las cabezas cortadas; se apiolan contrincantes y se matan niños y animales a tal velocidad que parece que tuvieran prisa por darlo todo antes de que HBO se piense si le conviene a su sello este estandarte.

La crítica extranjera aplaude 'La piel que habito'

Pedro Almodóvar presenta en Cannes su última obra y asegura que "un director de cine es lo más parecido a Dios". - Para Antonio Banderas trabajar de nuevo con él es "volver a la casa en la que me crié artísticamente"
Pues llegó el día Almodóvar y la locura para entrar en su pase y en su rueda de prensa. Los críticos extranjeros han salido felices con este thriller llevado al límite, con la dura, durísima venganza de un cirujano plástico y la relación de ese hombre (Antonio Banderas) con su única cliente (Elena Anaya). Transgénesis, Brasil, pánico... el mundo Almodóvar aterriza en el terror. "Leí Tarantula, la novela en la que se basa el guion hace 10 años y lo hice rápido. Me enganchó algo que no estaba bien contado en el libro, la magnitud de esa venganza. En un momento del filme se nos descubre el origen brasileño de esta familia, porque así podíamos ver que es una familia feroz... y porque de Brasil son los primeros cirujanos plásticos que conocí. Me atraía que su cultura no se base en el castigo y el pecado, son moralmente independientes, no conocen la culpa como en la cultura en la que yo he crecido. El personaje de Marisa Paredes ha criado dos hijos feroces, reconoce que lleva la locura dentro".




"Estoy preparado para irme de vacío"

Banderas volverá a rodar con Almodóvar

Almodóvar y Banderas, 20 años no son nada

Pedro Almodóvar



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Nacimiento: 25-09-1951Lugar:Calzada de Calatrava Antonio Banderas



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Nacimiento: 10-08-1960Lugar:MálagaLa noticia en otros webs

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Con multitud de periodistas pidiendo la palabra, y rodeado de todo su equipo -aunque solo hablaron él y Antonio Banderas-, Almodóvar repasó los géneros por los que ha transitado. "Arranqué en la comedia pop, pasé por el melodrama... Sí, ahora he llegado al thriller, que hoy por hoy es el género que reúne las mejores posibilidades para transitar a otros géneros... porque yo me salto las reglas de los géneros. No se puede rodar hoy un thriller con la inocencia de los años cincuenta. De hecho para buscar referencias pensé más en el terror, en los primeros trabajos de Fritz Lang, y durante meses me tentó hacer el filme a su manera, más aún, me tentó rodarla en blanco y negro y muda". En La piel que habito se esconde una profunda reflexión sobre creadores y creaciones, sobre dar y quitar la vida. "Un director de cine es lo más parecido a Dios, con todo un equipo a sus órdenes. El personaje de Antonio está muy cerca de ser ese creador, porque de pronto fabrica piel artificial. Es un tipo extremo, psicópata... y yo no soy exactamente así [bromea]. En cuanto al de Anaya es un papel de superviviente, y la supervivencia es el tema más antiguo del mundo".



Al cineasta español también le preguntaron por referencias, desde las obvias ya plasmadas en la película -hay, y muchas- a las que le inspiraron antes de rodar. "Sobre todo pensé en Los ojos sin rostro, largometraje que me sé de memoria.
Mi hermano me ayudó con la transgénesis, una investigación que ha avanzado mucho desde el momento que empezamos con el guion.
Sin embargo la bioética ha cercenado los avances de la transgénesis en la rama humana, aunque ha seguido en, por ejemplo, las plantas.
Yo quería en esta parte alejarme del gore, del espectáculo, de la sangre, aunque en todo el metraje hay muchas incisiones. ¿Frankestein? Es obvio que está ahí, pero acabada resuenan más los ecos a mitos griegos como Prometeo, el titán que robó la luz a los dioses para dársela a los humanos.
 Aquí la transgénesis es la luz de Prometeo, o la electricidad con la que Mary Shelley daba la vida en Frankenstein.
La ciencia nos va a llevar a caminos y nos va a asomar a abismos que aún no conocemos; el arte nos acompañará en este viaje a nuestro lado".



Por su parte, Antonio Banderas habló mucho de lo que significa rodar otra vez con Pedro Almodóvar: "Volver a los 20 años con Pedro es trabajar de nuevo con alguien que quiero. La creación no está en lugares cómodos o artificiales, sino en sitios sacrificados. Pedro me ha llevado a ese terreno.
Es un trabajo gestualmente económico, de tormento sin gesto, de frialdad, porque Pedro buscaba un horror frío. Hoy públicamente agradezco toda su labor aunque no fuera un rodaje cómodo.
 Volver a Pedro es reconocer que forma parte de mi vida, es retornar a mi país, a mis raíces con sus miserias y sus grandezas, volver a la casa en la que me crié artísticamente".
 Y posteriormente resaltó el placer del reencuentro con Marisa Paredes y el enfrentarse en un plató con las nuevas generaciones de actores.
 "El cine español tiene futuro en muchos campos".